
NOTAS
Las familias (ellos en musculosa,
ellas en batón) tomaban sidra
sentados en balcones de las cien viviendas.
De lo hondo de los zanjones
venían “uñas de vaca” en flor;
se oxidaban piedras
por ser vaciaderos de ácidos.
La tarde del domingo y fin de año a la vez,
trascurría. En una vereda palpeleña
dos compadres brindaban con cerveza negra.
Al terminar el día
viajaron los parientes, los que habían sido
oreja todo el domingo y año nuevo.
Regresaban a sus lejanías
debajo de arces y fresnos umbrosos en patios terreros
con gorriones de vidrio al atardecer. Cargaban
cierto cansancio y recogimiento de la ciudad.
Los fuegos artificiales
con toses violetas, de pronto
anaranjadas, tan luego celeste o amarillo luz
los habían alegrado entre el humo de estrellitas
y deseos de festejo.
Mañana, hoy, ahora, reinicia el futuro.
Los ómnibus de media y larga distancia
habrían de “partir en hora”. Haría el coche motor
su último viaje al Ramal. Para el comercio
sería un día medio inhábil
porque en los barrios, almacenes y despensitas
atenderán, como atendió el Señor en su puro aniversario
los ruegos de los fieles.
Y a mí siempre me encuentran los abrazos
de las despedidas, donde vaya. Entristezco al recibirlos
porque nadie sabe qué flor tienen adormilada
y con tanta belleza.
La patria es un candil lejano
encendido no se sabe por quién ni cuándo.
Un candil que dibuja llamaradas, episodios,
refucilos, sombras de batallones
larguísimos por el cielo y el piso
de la historia. Un candil que se lleva
balanceando entre sus ruedas, el tiempo.
(Fuente: Tema: Poesía)
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