lunes, 31 de marzo de 2025

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

Vagando
por Venecia
no vi
a Luchino Visconti,
no escuché
el canto del gallo
bataraz,
no
di con el Café
en que Stendhal
se estudiaba la lepra
del anular y el meñique;
deambulando
callejuelas
y pasadizos,
entre aguas y caracoleras,
de no morir en paz
y en cama,
sólo me aturdieron
el barullo de los turistas
y sus oh!, ah!,
la obligada sensatez
que la edificación y el circo
de sigilosos siglos
fueron dejando y quedaron
sin pena ni gracia;
descreído del placer
y los monumentos,
aburrido,
tanguero,
fosforado,
un lugarcillo de horteras
me digo;
dándole kerosén
a las patas,
que tanto me gusta,
caminando
los escondrijos
y escorpieras,
sólo conocí
la exhibición,
la apetencia del pecado,
el presumido histrionismo,
la vulgaridad
de los chiches de Murano
que vienen de Shanghai;
no,
por favor,
no eso de la capitalista expansión,
sí,
la capital de la seda, el azafrán
y los berilos,
no,
bitte, n
sí,
la pretensión del oro
el sexo y el desenfreno del poder,
la posesión,
la guerra
y la mierda diplomática;
sí,
los tejemanejes
de cualquier época
y conveniencia;
aquí,
en la antiquísima
feria de los pescadores,
entre la niebla que no se levanta
y un caniche toy
que histeriquea
desde una ventana
desconchada
con grueso cortinaje,
aquí,
ausente de oriente y del siroco,
del pan caliente en horno frío,
mascando semillas
como lino haya,
y en franca decadencia
el novilunio de noviembre,
aquí,
tan venido de lejos
como cerca
están las cebollas y el boro
de Jáchal,
sus alfalfares agostados,
las uvas moscateles
y los vinos tardíos,
y los rumbos
del no te agrada
pero ha de agradarte,
cabeza gacha
y nervio andante,
cacciatore,
perdón por la palabra,
l'inverno alle porte,
silbo como puedo
Eleanor Rigby,
de puro gaucho que soy,
ciao,
ci vediamo a Gerusalemme,
october 27.

- Inédito -

 

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