Coliseo
Cómo me lastimé, ya no me acuerdo: fue mío tanto tiempo este dolor que perdí la herida que lo había inventado porque nadie conoce la belleza de sus propios ojos hasta que un hombre explica que por ellos Dios creó el marrón. Luego ese mismo hombre dice que vive para tocar las partes más suaves, y con eso insinúa que nuestra superficie puede entenderse por su nivel de satinado. Voy a seguirlo hasta quedar tan áspero por fuera como lo estoy por dentro. No sabría decir dónde empezó la masacre pero sé cómo siento la mía, que convivo con ella y que a veces me sirve para vivir porque soy, como dicen los gladiadores, un hombre enamorado; y el amor es un recordatorio de que sobrevivimos.
Trad. Ezequiel Zaidenwerg Dib
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