El albatros
Por divertirse, aveces, los chicos de la escuela
agarran a otro chico, asmático u obeso,
de anteojos gruesos, gay o simplemente raro,
para darle unos golpes o robarle su almuerzo.
No bien quedan tirados boca abajo, en el patio,
esas criaturas tímidas, rojas como un tomate,
respirando agitadas, llenas de moretones,
comienzan a arrastrarse buscando escapatoria.
¡Qué patéticos son sus esfuerzos inútiles!
¡Cómo ríen los chicos que observan a un costado!
Bajando el pantalón, uno expone sus nalgas;
otro agresor se burla de su hermana y su madre.
No se parece el poeta al chico que es golpeado,
ni a aquel que lo golpea, sino a ambos a la vez:
víctima de sí mismo, abusador de sí,
alas imaginarias le impiden caminar.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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