CAMPANARIO SILENTE lib.1995 selecΩ

AÚN LOS MIMBRES ESTÁN VERDES
Aún los mimbres están verdes
y no es el tiempo conveniente
ni la hora adecuada para que omitas.
Todavía debo ganar la eternidad
y la quietud para mis huesos.
Cuando sea la hora apocalíptica
y deje de ser su amenaza,
deseo fervientemente
quedarme tal cual como me deja una tarde,
con mi zampoña de caña en el pecho
y mi callado a la mano.
Todavía me quedan algunas horas
y nubes que presenciar
Aún falta tiempo para que mi ojo
y mi voz perezca.
Tu me debes, entre tanto, un par de noches,
me adeudas
la ofrenda de tu música soprano y dulce
y el amor a mis tambos y a mis siembras.
Si no lo haces
te irás con una inmensa pena a tus praderas,
con la madeja de tu conciencia enredada
y llena de nudos indesatables.
NO SE PUEDE
No sé pueden contar las estrellas con los dedos
No se puede enfriar al Sol
como si fuera una sopa de espárragos.
No sé puede evitar y de un chasquido
el trabajo febril en un tronco,del picapinos colorado
No sé puede acallar con un gorro de lana pasamontes
a un volcán eruptivo y enojado.
No sé puede frenar la maduración de los maquis
y los manzanos.
No sé puede ignorar por las noches invernales
el trote de los niños en puntillas y descalzos.
No sé puede olvidar el fragor y el roce amado
de los vientres palpitando.
No sé puede talar de un guadañazo inesperado,
un bosque antiguo de coihues y avellanos
No sé puede tronchar la historia feliz y cercana
de haber caminado juntos de la mano
tantos derroteros,
que nos hemos ansiado y extrañado.
Cada hora, cada anochecer,
cada año nuevo, cada sábado.
MI PADRE RELOJERO
¿Sabían que mi padre es relojero?
Sí, relojero.
Dueño y poeta del tiempo infinito
trata de ordenarlo y hacerlo marchar.
Hombre suave como sombra,
mesurado en el hablar, tranquilo y quieto.
Camina lentamente,
parece que le duele pisar hasta la brisa.
Yo diría que es un péndulo cansado
entre el diario sustento del tic-tac.
Llega el alba sonriente como novia
y lo sorprende soñoliento en su faena,
con la levadura del metal enmohecido,
lleno de espirales, de vértigos latentes, empujándole el sueño hacia adentro.
Y sigue caminando y sigue
como el péndulo agotado del reloj
fabricando el tiempo
con rompecabezas de engranajes
con vueltas siderales
minuto a minuto entre sus manos.
¿Verdad que es poderoso, mi padre el relojero forjando el tiempo entre sus dedos?
SI NO ES MUCHO PEDIR
Si no es mucho pedir.
anhelo caminar los bosques sureños no talados
y saltar las piedras de sus ríos,
aunque me empape los zapatos y las bastillas
y se pinten mis calcetines con musgos rojos
y líquenes dorados.
Aguardo con fervor oler los manzanares silvestres
y llenarme los bolsillos con avellanas de Renaico.
Si no es mucho pedir.
Quiero la tierra aromada de hierbas húmedas, donde los duendes conceden todos los deseos
y las promesas no cumplidas,
hundir mi mano en la vertiente
Que enfría la frente y la nuca hirviente,
contar asteroides viandantes y luciérnagas
bajo el rocío de la luna anciana
cuando hila en su telar araucario
luces tenues y relámpagos.
Si no es mucho pedir.
Quiero oir el rumor de los caminos
y sus murmullos de siembras y leyendas.
Espero escuchar con los párpados cerrados
la sinfonía audaz y repentina de los vientos,
el crepitar del horno
y los dardos de lluvia en los tejados.
No importa en que momento...
pero quiero transgredir mis obligaciones cotidianas y concurrir a lugares exactos
donde las sombras descienden
para ocultar las fechorías y zalagardas
de bandurrias y Queltehues enfiestados
donde aún prorrumpe la prole
y los juegos de lobeznos marinos
y profetizan los espejos del tiempo
en el glaciar austral eterno,
donde las estrellas comparten el pan cósmico
en una inmensa mesa azul hasta la madrugada donde las orillas de las imágenes
pierden su diseño original,
su color y sus sonidos.
Si no es mucho pedir.
deseo con ansia y fervor de viajero urgente
tomar descanso al sur del sur
donde, según me han contado,
la memoria y el alma se hallan en devoción
y meditan largo rato
y charlan de ecos montesinos
fantasías de niños y sueños solferinos,
Si no es mucho pedir.
Quiero bajar mi morral peregrinante en mi sur anhelado
mientras tenga vitalidad, buen oido y un par de ojos
Que aunque cansados,
evitan a toda costa los olvidos.
TREPÉ UN RELÁMPAGO
Entonces me dio la gana de subir a un monte Trepé un relámpago en un abrir y cerrar de ojos.
Di un salto con algún esfuerzo, no lo niego
y cabalgué en una nube con destino al sur.
La idea era cosechar castañas, avellanas y piñones
De repente recordé el sabor de una mermelad
de murtilla
y bajé en la copa de una araucaria,
transbordé luego a un pino insigne
y logré pisar las hojas crepitantes
de un eucaliptus algo adulto.
Justo en la orilla norte del Calle Calle.
EL MUNDO AL REVÉS
Ahora les ha dado por hacer filosofía de la historia aunque resulta comprensible
que se haga historia de la filosofía,
pero parece ser que el mundo anda de revés.
Hasta cuando fue posible resultaba lógico entender que la historia fue, es y será propia de los hombres que la historia, como en el tango, vuelve a repetirse
o que la historia no puede reeditarse
por ser unívoca e irrepetible.
Entonces los más sencillos
Que no comprenden estas diatribas
prefieren cultivar las artes y oficios
de las remembranzas.
Dicho más directamente, el arte de los recuerdos: las estepas recuerdan los bosques
y los trinos de pájaros inquietos.
Los hombres del norte
recuerdan a los del sur y vice versa.
Los hermanos separados
recuerdan su par de juegos gemelos
y su primer cigarro.
Las ruinas muralleras
recuerdan cuando eran adobes jóvenes de alguna casa.
La noria recuerda su caudal veloz de napas soterradas.
El huerto recuerda su jardin
de cilantros, tomillos y melones de agua.
El bosque recuerda
su tamaño bisoño y su altura de renuevos.
El monte recuerda sus boldos
sus coihues y queñoas antes del incendio.
La aldea recuerda
a su clérigo casamentero, al profesor y a la partera
La joven recuerda su primer beso
y una flor de pensamiento seco en un libro amarillo
El muchacho recuerda su primer galope en un alazán
y su primera monta genital.
Como los más sencillos
no desean la profunda llaga del olvido.
simplemente
recuerdan el homenaje a lo que fue y a lo sucedido
Si los recuerdos se reiteran o no son repetibles
es cuestión de tradiciones
y de cuentos relatados de memoria,
en una noche invernal junto a los leños en llama
y doce pares de manos estiradas sobre el fuego.
Obra: Campanario Silente 1995/ Cable A Tierra 1999
Ωre RÍOS√2015
(Fuente: Marcelo Sepúlveda Ríos)
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