sábado, 10 de enero de 2026

Juan Antonio Vllacañas (Toledo, España, 1922 - 2001)

 

 

 

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Seguramente tengo frío
y me caliento con mis huesos.
Seguramente tengo hambre
y me alimento de mis dedos.
 
Seguramente soy un pobre
que se conforma con su cuerpo.
Seguramente estoy aquí,
seguramente. Y tengo miedo.
 
Seguramente lo inseguro
es ser amor y carne y alimento.
Seguramente en esta mesa
mi plato está lleno de tiempo.
 
Seguramente vivo, seguramente muero.
Seguramente soy un hombre libre,
seguramente soy un libre preso.
 
Seguramente miro a la esperanza
como un espejo más frente a otro espejo.
Seguramente marcharé algún día.
 
Seguramente vuelvo.
Pero ya no podré, seguramente,
alimentar mi corazón hambriento
 
 
 

INVENCIÓN DE LA PAZ 

 

El compromiso es nuestro,
y hemos de amarnos otra vez.
La guerra sigue en todo el mundo.
 
Ya llevamos pisados kilómetros de muertos
en todas las posturas y un olor a lo mismo.
 
Alguien está matando, luchando al lado de la Muerte,
a favor de la Muerte.
 
Por eso, Tetis, ola, abrázate a mis pies,
ven aquí a acostumbrarte
a ese canto descalzo de las viejas sirenas
del mar ahogado y trágico.
 
Consuélate conmigo,
reposa, así, tus pechos en mis hombros,
tu peso en mis espaldas,
el atlas de tu amor sobre mis músculos.
 
Si tenemos un hijo
no será como todos,
tendrá sólo la forma del gozo y de la idea.
Será un dios nada más.
 
Y alguna vez, terrible y endiablado,
inventará la paz.
 
 
 

REBELIÓN DE UN RECIÉN NACIDO

 

Dios está limitando con mi incredulidad
constantemente.
Y mi incredulidad es tanto Dios, que estoy casi seguro
de poder adorarle.
 
Los hombres me cuentan sus historias,
pobres, tristes, insignificantes...
Los niños nacen
y nacen de algún modo las arañas.
 
Los niños y las arañas tienden a Dios sus redes.
Pero Dios no se rinde, no puede caer en la trampa.
Y sigue pisando redes y niños y arañas con la suavidad del aire,
con la suavidad del aire de un Dios Padre.
 
Y sigue pisando niños y redes como un viento huracanado,
digno hijo del aire.
Mas si llega a los hombres -como llega a los hombres-
la Humanidad es columpio de Dios.
 
Y se columpia Dios. Y arde. Y se columpia Dios. Y arde. Y...
quién sabe, si pidiendo perdón ahora
a cualquier hombre que encuentre por la calle,
Dios dejará de arder en mi incredulidad.
 
¡Quién sabe!
 
***
 
(Fuente: Henderson Espinosa) 

 

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