𝕍𝕚𝕟𝕚𝕝𝕠
De niño me gustaba
mirar el giro de tus surcos
acompañado del frufrú
de la aguja sobre tu piel.
Luego desapareciste, y ya.
Pero con olor a canciones idas,
a historias trágicas y bellas,
volviste a besar mis oídos;
porque siempre hubo algo
inalcanzable y hermoso
escondido en tu superficie...
Como una mano que agita
cortinas de seda por ahí,
justo detrás de la canción
que ahora escucho, por ahí;
como el susurro que acoge
la dulce iteración inaudita.
𝔽𝕚𝕔𝕦𝕤
Fuiste testigo de mi infancia en Barranco.
Crecí con el bajo continuo de tus hojas,
azotadas por el viento y las tiernas cuculíes.
Bajo tu sombra besé alguna vez primera.
En tu grueso tronco pintado de blanco
--cortesía del municipio de Barranco—
escribí el nombre de un amor imposible.
(...)
Hoy camino bajo tu sombra refrescante:
todo se ha ido menos tu oscuro rumor,
el olor anciano de tus raíces... De noche,
la zurita chilla desde una rama enloquecida.
Y en tus hojas se enreda la luz moribunda.
𝔹𝕠𝕤ó𝕟
El objeto esencial forma parte de nosotros.
Su spin completo pulsa las vueltas de la vida.
Mi corazón, mi cráneo, mi páncreas andan
como locos zigzagueando eternidades
desde que el vacío se reveló como pleno:
No el silencio, no la nada, no esto o aquello.
Sólo el dulce girar de los bosones allí-allá,
sólo el amor de los objetos mínimos
que nos revelan dulces ciertos secretos.
(Fuente: Lab De Poesía)
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