
Discurso desde la sombra
No tu piel, justo con esa textura y luz
Sino aquello que la usa por cosmético
No tu nariz – ser o no ser hermosa
Sino aquello para lo cual espía
No tu boca, no tus labios, no sus ajustes
Sino el hacedor del tubo digestivo
No tus pechos
Porque son diversión y aplazamiento
No tus partes sexuales, tus recompensas ofrecidas
Cuya naturaleza es la de una flor
Técnicamente peligrosa
No las redes de tu voz, tu donaire, tu compás
Tu droga de un millón de microseñales
Sino el propósito.
La piedra sobrenatural en el sol.
El ojo fiero
Del halcón, tras su capucha
Domado y hecho
A sus propias mistificaciones
Y a los dedos de los hombres.
(Fuente: Daniel Edgardo Petasne)
No hay comentarios:
Publicar un comentario