viernes, 2 de enero de 2026

Paco Urondo (Santa Fé, Argentina, 1930 - Mendoza, 1976)

 

 

Paco Urondo de eternacadencia.com.ar 

 

 

La pura verdad 

 

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.
 
Después de todo y de pensarlo bien,
no tengo motivos para quejarme o protestar:
 
Siempre he vivido en la gloria:
nada importante me ha faltado.
 
Es cierto que nunca quise imposibles;
enamorado de las cosas de este mundo
con inconsciencia y dolor y miedo y apremio.
 
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría;
tuve sueños espantosos
y buenos amores, ligeros y culpables.
 
Me avergüenza verme cubierto de pretensiones;
una gallina torpe, melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
 
Los impulsos mordieron mi juventud
y ahora, sin darme cuenta,
voy iniciando una madurez equilibrada,
capaz de enloquecer a cualquiera o aburrir de golpe.
 
Mis errores han sido olvidados definitivamente;
mi memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño
y los malos sentimientos.
 
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado para siempre;
sé que futuro y memoria se vengarán algún día.
 
Pasaré desapercibido, con falsa humildad,
como la Cenicienta,
aunque algunos me recuerden con cariño
o descubran mi zapatito y también vayan muriendo.
 
No descarto la posibilidad de la fama y del dinero;
las bajas pasiones y la inclemencia.
 
La crueldad no me asusta
y siempre viví deslumbrado por el puro alcohol,
el libro bien escrito, la carne perfecta.
 
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
 
Sé que llegaré a ver la revolución,
el salto temido y acariciado,
golpeando a la puerta de nuestra desidia.
 
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor,
esta fatalidad que quieta no sirve y se corrompe.
 
Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada
y enemiga y cercana.
 
Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida
 
Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.
 
Estar hablando, sostener esta victoria, este puño;
saludar, despedirme.
 
Sin jactancias
puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.
 
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(Fuente: Darío Aranda) 

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