MOTIVOS DE OTOÑO IV
En ningún sitio luz ni sonido:
casi toca el suelo,
tan bajo pende, el firmamento.
El espíritu sufre angustiado,
la mente vaga a ciegas...
Oh, Dios, manda una estrella
y una voz, ¡aunque sea de un pájaro nocturno!
Y ANTE MÍ TE DETENDRÁS
en las estrellas, resplandecientes, incomprensibles,
en las flores, serás secreta, aromática…
Ante mí, ángel, te presentarás
¡oh felicidad y alegría!
¡oh felicidad y eterna alegría,
Como un vampiro sobre mí te detendrás,
¡oh felicidad y tristeza!
¡oh felicidad y tristeza, y desgracia!
Yo no vivo: yo ardo. Inconciliables
dos almas rivalizan en mi pecho:
un alma de ángel y otra de demonio. En mí
respiran fuego y su ardor me abrasa.
Y arden las dos con llamas, donde toco
aun en la piedra, oigo latir ambos corazones…
Siempre los dos, en todos sitios, obsesivamente
con rostros enemigos se consumen hasta hacerme brasas.
Detrás de mí el viento, a donde vaya,
mis huellas con ceniza cubrirá. ¿Quién podrá conocerlas?
Solitario, yo no vivo, ¡ardo!, y mi rastro
será ceniza en el sombrío infinito.
(Fuente: Henderson Espinosa)
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