Patagonia
hecha de jarcias robadas al naufragio
entre grosellas y menucos fijados al silencio
donde se pintan las cabras
para verlas en la nieve.
En esta tierra donde la vista no alcanza
para ir más allá de los llanos y las conquistas
donde los ricos viven
por los paisanos muertos.
Esta pampa sin sombra
que evapora la sangre
y asesina a las vírgenes
que ya jamás serán.
No hay iglesias de piedra
ni campanas, ni alondras
sólo cruces clavadas cada tanto en el polvo;
sobre la madera oscura una línea salada
de las lágrimas secas que lloraron sin luto
y sin poder esperar.
Cada tanto muy lejos
la luz de la distancia
es un micro de línea que cruza hacia la nada;
entre los viajeros seguro
alguien huye de un crimen
o de una oscura insanía
o de un desdichado amor.
Ni derecha ni izquierda en la gigantesca pampa:
uno cae en sus redes;
vértigo inmóvil, la mañana no alcanza,
siempre hay humo y silencio, siempre
un diablo de azúcar
que deviene en el vino y que demora el hambre
en carne roja y fuego. La muerte
podría ser la mirada
de esta gente de pueblo
que no sabe del mar.
Hace frío en las noches y se abrasan los días,
en la inmóvil textura de sus labios leñosos
un ciervo fue atrapado por los cuernos y herido
por el alambre oxidado que limita un canal.
Los hombres del micro bajan
lo sujetan con cueros, cortan los alambres y luego
lo liberan para
que huya a su hermosura
a su leche de mirtos y de cardos
y a sus primaverales crías. Nada
es más ni menos
que el momento y la ausencia
con que intento y no puedo
olvidarme tu cara a través de los vientos
y el polvo del camino.
Sobre el asfalto roto el micro destartalado
avanza hacia el futuro;
entre una parada y otra
de este mundo escondido
en la noche sin sueño aprendo
el olor sin luz del equipaje
la mordaza caliente de las armas
las pestes suaves de las mantas y frazadas.
Al cruzar una loma más allá de Sarmiento
se me hace imposible el poder regresar
y ahí es cuando se sabe que ya todo está dado:
que no queda en la pampa
nada más que esperar
fFuente: Alicia Elena Maffei)
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