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Manchan a la salmuera
de odios y ecos
con la irascible cruz,
la tómbola,
el Dow Jones en los acorazados,
los tomahawk a punto de estallar
si el miedo abre las puertas,
si débil se avisora la costa solidaria
de la que un día zarparon
los hijos con el sol tostado del misterio.
Aquí late más dulce el río en las barrancas,
viaja en el cantor un insurgente llano
al que no alcanza a herir
el post o el reel que anega las pupilas
con terabytes y views domesticadas.
Vuela desde el Waraira
hasta el confín andino o el tepuy
el amarillo pecho del Turpial,
y más allá se hermanan los quetzales,
guardabarrancos, cóndor, guacamayas,
por que no hay cielo impropio
en nuestra casa,
aunque persista el alevoso dardo
en detener la gracia, el canto,
la bandada elevándose hacia el viento.
La última frontera es la palabra,
lo sabe quien blande su arsenal,
quien la ponzoña curte
e iguala sus miserias al sueño de los justos;
viejos escuchas, en tanta confusión
ciegan las venas que han de nutrir el alma.
Buscan tornar grilete
este latir azul,
este collar extenso del caribe,
esta memoria.
(Fuente: Poetas cubanos)
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