martes, 6 de enero de 2026

Oscar Vicente Conde (Buenos Aires, 1947)

 

 

 

OTRO SUBURBIO

 

En la penumbra
de los espejos ciegos
se refleja el silencio
como un estilete impuro
rosas negras
en las antesalas
donde esperan los recluidos
un mural susurra pobreza
 
pies pequeños
se hieren en la tierra hosca
manos ajadas
espantan las moscas de los labios
 
el cielo abre su boca maligna
para alimentar su ego
y nadie lo impide
no hay monumentos
ni banderas
ni mercaderes ofreciendo milagros
el humo blanco recorre las calles
como amo y señor
alguien se desangra sin remedio
 
las gargantas mudas
los ojos ciegos
los oídos desatentos
 
y ese olor que lacera
 
y esos hombres que miran desde la distancia
para no involucrarse
 

 

Óscar Aguado (España, 1977)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y barba 

 

"Magia"

 

El seis de enero de 1985
mis padres me dejaron bajo la cama
un estuche de latón
con su goma, sacapuntas y lapicero
sin que nadie lo viera
ni siquiera mis padres
tan atentos esa noche
sin que ni mis padres ni yo lo viéramos
Don Melchor
tras beber agua del grifo
dejó bajo mi cama
una pelusilla
que me dio la virtud de jugar,
de inventar juegos
El seis de enero de 1986
mis padres me dejaron bajo la cama
un balón de reglamento
y un monopoly
sin que nadie escuchara sus pasos
ni siquiera mis padres
tan sigilosos aquella noche
sin que ni mis padres ni yo escucháramos sus pasos
Don Gaspar tras beber vino blanco del grifo
dejó bajo mi cama
en forma de calcetín con agujeros
la capacidad de amar sin límite
El seis de enero de 1987
mis padres me dejaron bajo la cama
un ordenador personal
y unos guantes de lana
sin que nadie se percatara de su presencia
ni siquiera mis padres tan ocupados esa noche
sin que ni mis padres ni yo nos percatásemos de su presencia
Don Baltasar
tras beber tequila del grifo
e ir chocándose con todos los muebles de la casa
dejó bajo mi cama
un lapicero viejo con la punta rota
que me ofreció el don de la poesía
Nunca se lo conté a mis padres
y nunca conté a los reyes magos
que esa misma noche
recibía regalos por partida doble
Nunca se lo conté a los reyes magos
porque nunca se hubieran creído que mis padres, 
en realidad, existían.
 
 
 
Óscar Aguado nació la Nochebuena del 77. Su primer libro se llamó El arco iris de un anticuario. Después vino Yo fui el negro que escribió la Biblia y ganó el premio José Hierro....Editorial Gato Encerrado
 

 

(Fuente: Adriana Hoyos) 

Li-Young Lee (Yakarta, Indonesia, 1957)

 

 

 

 

 


TODO SOBRE LOS PÁJAROS



Ni uno de ellos dijo nunca tu nombre.
Dejá de poner palabras en boca de los pájaros.
Semillas quieren.
¿Qué van a hacer con palabras,
lágrimas de miel teofánicas,
escupitajos metafísicos, sangre sacrificial, bálsamo
endógeno, alcanfor y mirra, palabras?
Una dieta así de evanescente sólo les haría
preguntarse por qué nacieron
y por qué mueren.
Un régimen tan dulce, salado y amargo,
tan liminal, que al siguiente minuto
van a estar construyendo templos aéreos
y altares abovedados cerca del sol. Después,
se van a olvidar de lo que era dormir
y van a empezar a escribir historias de sus tribus,
haciendo la crónica de sus conquistas y derrotas,
la construcción de sus ciudades,
los años que fueron extranjeros en su propio país,
los años que fueron extranjeros en tierra extranjera,
las expulsiones aladas y los regresos en vuelo.
Después van a predicar
el principal fin de las alas y el reinado del amor.
Todo porque pusiste palabras en sus bocas.
Dejá de poner ideas en sus cabezas.
Sos vos quien quiere conocer el origen de los números, no ellos.
Sos vos quien no puede encontrar su rumbo a casa, no ellos.
Sos vos quien sigue y sigue olvidando su primer idioma
cada día, quien deja que lo no dicho crezca
entre vos y tu madre cada año.
Sos vos quien perdió las primeras canciones que te enseñó.
No los pájaros.
Pueden pasar la mayor parte del día en el cielo
pero cada tarde se acuerdan
de volver a la tierra.
Ni uno solo de ellos se perdió nunca en lo alto.
Sos vos quien siguió a los muertos hasta allá.
Y cuando se quedaron arriba, fuiste vos
quien volvió sólo tres cuartas partes del camino.
Y ahora no entendés cómo vivir en el tiempo
o cómo estar en un cuerpo pesado de murmullos y zumbidos,
en una tierra llena de fuego, atravesada por el deseo.
Sos vos. No los pájaros.
Nunca se trató de los pájaros.

Versión de Tom Maver
 

 

(Fuente: Marian Jacob) 

Daniel Freidemberg (Resistencia, Chaco, 1945)

 

 

Abril (XI)

 

Hubo otra noche (otras noches), tus pasos,
la sombra móvil del cuerpo en los muros.
*Pocas pala*, escribiste, *bras*, las imágenes
dejaban paso a lo que llamabas *las cosas*
y ellas, las cosas, se dejaban nombrar
de a trozos, de a ratos, y después tornaban
a su lenguaje de no ser más que cosas.
Deseosa bestia de sentido, golpeás
tu mala conciencia contra vos: *como quien
vuelve de una guerra*, escribiste, y no hay guerra
de la que alguien vuelva, fue entonces fácil
poner juntas seis letras, *guerra*, poner
pie en tierra firme, las cosas
como residuos de lo que fue el mundo, duraban
como por milagro. Bello el silencio
                                                 de las cosas, golpeás
su duración, cada una en su pequeño tono, y no basta.
*Pero no*, gritó el pájaro, *es que nada basta:
tus golpes se dicen nada más a sí mismos. Golpeá.*
…..
De “En la resaca”
(Palabras, oraciones o frases entre asteriscos: en el libro, en bastardilla).

 

Robert Rivas (Búffalo, EEUU)

 

 

EL ANGST 

 

 

  Existe el Angst

  No hay manera de saber más

acerca de su identidad

  Parece tener raíces

raíces reacias a la extracción,

raíces que ahondan en el humus profundo de la carne

que llegan adonde nadie llega

con el fino haz de su consciencia.


  No es posible alquilarlo, ni venderlo

  Es algo que se sabe desde muy temprano


  La pregunta es si se puede convivirlo

  O si hay que esperar que se duerma,

ser inefable.


  El Angst se desplaza con una sigilosa fluidez

pero no es desplazable

  (No se sale caminando y se deja el Angst

tirado)


 Se desliza por los compartimientos 

cuerpomentales

con su sustancia

inaprehensible, inapresable,

incoercible, ingobernable


  ¿Cómo ha aprendido a estrangular

esa serpiente sapiente, agitarnos la sangre,

retorcernos el pecho, extraernos el aire?


  Si uno fuese un río

tal vez la corriente podría llevárselo

  Si uno fuese una nube

tal vez se iría volando


  Conoce su territorio

que casualmente es el 'mío',

pero no se sabe qué busca

ese Angst silencioso,

esa bestia callada.


  A veces me he preguntado

si el Angst resulta ser, de todas, la única parte inmortal

que portamos.

  (Y si se presenta como enviada de la verdad.)


  A veces me pregunto

si el Angst desaparecerá en la muerte,

o si acaso es su mensajero y representante.


  O, dicho de otra manera, 

si un día lo aniquilará la paz de la muerte,

o si será, la misma muerte,

la aniquiladora aniquilada.

 

(Fuente: Idiomas Olvidados) 

 

Yolanda Pantin (Caracas, Venezuela, 10 de octubre de 1954)

 

 

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𝘠 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢𝘳 𝘦𝘴𝘢 𝘢𝘭𝘰𝘯𝘥𝘳𝘢 𝘥𝘰𝘳𝘢𝘥𝘢
𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘱𝘦𝘤𝘩𝘰.
Celia Ortiz 
 
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SI uno está en su cuarto e imagina
que silencios y puertas,
cercanías de tales aldabas rozan
algo más que tu angustia,
tu voraz ausencia de cálidas alondras.
Si uno mira el techo,
el horizonte: paisaje despoblado.
Resto donde priva
sequedad y más silencio. Podríamos pensar, me cuelo del infierno. Hay rendijas
del grueso del miedo. Somos el abismo,
la raya del fuego, el punto que resiste
en el vacío.
.
De: «𝘊𝘢𝘴𝘢 𝘰 𝘭𝘰𝘣𝘰» (1981)


(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

A WEALTH OF FINES GIFTS
& ACCESORIES
 
 
 
El Tyson
apareció
con oreja podrida,
tras el alambrado
que echaron abajo
los malandras
en sus correrías
de robos, vandalismo
riñas de perros y gallos.
 
De poco,
estudiándome,
mórbido y grotesco
paso de ballet.
 
Sólo un ojo desconfiaba,
el otro
roto
por piedra, dentellada o metal.
 
Garrapatal vivo,
viva sarna,
rajado.
Ni un ladrido
o gimoteo,
pit bull de sangre,
en aquella siesta
de torrentes solares,
de clementes chicharras
y precavidos jotes.
 
Y de a poquísimo,
mis manos temblorosas,
un plato de comida,
agua,
y una cola que no pudo
despegarse el alquitrán.
 
Y el ocaso
lo engulló
entre los cerros
y chañares,
y mi corazón murió
otro poco,
como un mal bordado
a mano y sin aguja.


- Inédito -