LA BELLEZA
LA BELLEZA
Mes yeux, mes larges yeux aux clartés éternelles!
Baudelaire
Diosa perpetua, solitaria esquiva
de cuyos ojos una luz emana
que las cosas preserva, que los años
en atónita magia restablece:
catervas mil de adoradores ciegos,
en muda imploración, hasta ti llegan,
a recoger de tus sagrados ojos
el rayo que los haga inolvidables.
Sobre la tierra madre, gesticulan
sin sentido aparente, más heroicos
son a tu corazón, y quizás caros
a Dios, que eternos decretarlos quiere.
Con ebriedad de un vino extraterreno,
ellos pasan cantando, y atraviesan
ciudades temblorosas, y levantan
una tea de lumbre combativa,
que crece en su batalla con el viento.
Belleza: a tus vertientes inmortales
llegarán, por los siglos, peregrinos,
y tú la sed les calmarás apenas,
y más sedientos volverán, buscándote.
Pero, en tanto, una piedra, una semilla,
lentamente se va depositando
allí donde, a resguardo de los días,
un templo se alza, verdadero y fúlgido.
Y quienes de tus ojos esa lumbre
buscaban, penitentes, de rodillas,
recibirán, un día señalado,
el Pan Fundamental, la clave cierta.
EL RÍO DE LOS AÑOS (1964)
/
HOMBRE DE PIE
Ver en sueños a una persona de pie,
es que vendrá a visitarnos.
Creencia popular
Habituado a su mundo desmedido,
se apareció de pie. Me sonreía
desde las lluvias muertas del olvido.
Apaciguado en su manera fría,
avanzaba sin señas ni clamores
en su desventurada cortesía.
Lo coronaban las disueltas flores.
La rosa en el ojal. La mano al pecho;
y ya sin desazón ni sinsabores.
Nada más triste, nada más deshecho
que su antigua galera, que sus guantes,
y nada más temible que su helecho,
que las amargas cosas circundantes
en el estar de su fotografía,
en el bromuro sin remedio de antes.
Su corazón apenas ardería
entre un fondo glacial de escalinatas,
con telones que el tiempo desleía.
Ay, las irrescatables horas gratas,
las tibias cenas, el mantel tendido,
el grillo del hogar, sus serenatas.
Por cálidas memorias sostenido,
tímidamente aventurado, apenas
sobreviviendo a perdición y olvido,
reverdecía el mapa de sus venas
en la piedad del sueño, y retornaba
a sus costumbres altas y serenas.
Hasta que, dolorido, despertaba,
herido, cruento, de la luz del día,
donde el conjuro de la noche acaba.
Y a su país sin salvación volvía.
EL ROSTRO INMARCESIBLE (1944)
/
ESTOY EN LOS HUESOS
Tengo estos huesos hechos a las penas.
Miguel Hernández
Todos me dicen que cambie,
pero yo estoy en los huesos.
Me ajusta como una malla
la piel que me cubre el cuerpo.
El alma, que se me sale,
la vuelvo a meter adentro.
Luces y tinieblas lleva
a sus claros aposentos.
Educada de la vida,
herida de sentimiento,
pujando va por soltarse
por los canales del Tiempo.
Todos me dicen que cambie,
pero yo estoy en los huesos,
las palabras se me pegan
en el sentido más recto,
llenas de tactos y voces
y de rigores escuetos.
Ellas dicen lo que dicen
con el más claro misterio.
Yo las avalo y confirmo
y les alcanzo alimento.
Hambreando de eternidades,
aquí estoy, aquí me quedo.
Todos me dicen que cambie,
pero yo estoy en los huesos.
(Fuente: Cecilia Pontorno)
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