Tu agraciado rostro,
-15 años-,
en esta foto estrujada,
movida,
casi de flecos.
no el sexo inminente,
menos la insurgencia
que enjoyábamos
viendo a Monica Vitti
en aquella noche fugaz
de un cine repleto
en Lomas de Zamora.
Veo
aquella congoja,
tus manos en el intento
de moderar
el bárbaro torrente;
tu piel
de albergues reducida,
tu madre,
el brazo en descarga
y censura,
fiero,
y la hebilla
sangrándote
la espalda,
un pecho sedoso
y los cuatro mantos:
la disipación lunática,
el insomnio granate
que venían
del Psiquiátrico;
tu madre
como tierra inficionada,
barrotes de barbital
y bromuros
apretados a los puños
feroces,
la penitencia,
los arrancones de pelos
y penurias.
Y veo
hoy,
el largo de una sospecha
que fue de miel y eclipses,
calles empedradas
y un tren que te llevaría
a destino y azar neto.
Invierno del 71,
en Temperley,
nudo abierto,
plenitud cerrada.
El Avellaneda Blues
que no debiera,
endecha,
sonaba
y sonaba
más negro que azul,
roja la cabellera
escéptica tal vez,
sin pretensiones ni lujos.
-Inédito-
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