sábado, 10 de octubre de 2026

Armando Arteaga (Piura, Perú, 1952)

 

 

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INDIANMARKET/ 

 

Apestado el mundo, lleno de piojos, vive...
(electrizando sus propias corrientes alternas
& electrocutando el pleno & zafio siglo XX
-los enchufes & los tomacorrientes-
de nuestra áloe & zafarrancha vida mundana)
 
...con él: viene un olor a carne quemada, es un incendio
destruyendo la casa vecina donde surge la fiesta
de esta fotografía idiota persiguiendo cada pentágono
de esta cáscara de piña. La urbe empieza a dormir
 
Aunque todavía es temprano para irme a la cama.
Apagón en la ciudad. Oscuridad total. Se joden todos
mutuamente. Desesperados avanzan los automóviles
en silencio por largas avenidas. Un hombre & una mujer
 
desconocidos, se han quedado atrapados en un ascensor.
Se dan cuenta que nunca han hecho el amor como locos.
Todos están locos, solos, tristes, in-comunicados, alienados.
Se están despedazando entre ellos. La ciudad ha muerto.
 
El nervio creador del urbanismo decae.
La novela es la poesía de los tontos, & tantos muertos
en este cementerio al fondo de la calle, al final del Siglo XX.
Es una buena hora para bajar por las escaleras del edificio
 
A la calle. Hombres tirados muertos en las calles. Horror.
 
Hordas saqueando las tiendas del barrio judío.
Juegos artificiales que danzan y destellan por el cielo
brumoso de Chinatown. Duerme inesperadamente el Downtown.
Duerme el nervio creador de la urbe & el poeta.
 
Y no hay más tiempo para seguir escribiendo esta novela.
Novela negra. Oscuridad rebuscando la miseria de los ghettos
& los suburbios, tugurios blues, o es el lamento de un saxofón.
De un músico negro de jazz que ha tocado toda la noche.
 
Amanece. Hubo saqueos en este barrio periférico y residencial.
Un niño indio cerca del terminal terrestre vende sus pequeñas
baratijas: son panes dulces en la puerta de un supermarket.
El desayuno de otro día me espera con una ducha fría.
 
Indio castor vendiendo chullos & cometas para el invierno.
Sándwich de pavo frío. Y otros poemas de Lennon, & además
poemas nuevos que voy traduciendo -a puchos-
de la joven poesía indio-norteamericana.
 
No vendas nunca tu poema, poeta.
 

Carlo Bertocchi (Torino, 1899 – Bordighera, 1986)

 

 

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¿No estás contento con tu posesión
de los días? ¿Te da miedo perderla?
¿Crees ser más que todo lo que siempre
cambia y es destruido? ¿No te basta
ese poco de sol que aún embiste
tu cuerpo que envejece? Pues observa,
esta mañana han levantado el techo
de la casa del frente. Al descubierto
han quedado las vigas, ya podridas.
Las cambian. Y entretanto, otra vez llueve.
Las recubren de nuevo con las tejas
viejas. Y la pizarra queda en lo alto
del techo, amontonada. Y el sol vuelve
de pronto, brilla en las tejas desnudas,
y tú, en tu corazón, sientes un raro
brío que te conmueve ―y avergüénzate―
de amor a ti, mientras allá en el cielo
un lejanísimo tambor, azul,
redobla por tu libertad, que es un grito que vuela.


[Versión de P. A.
Villa Dolores, 07-X-17]
*
 
Non sei contento del possesso dei giorni?
Temi di perderlo? Credi d’esser da più
di ciò che sempre muta e viene disfatto?
Non ti basta quel po’ di sole che ancora
investe il tuo corpo che invecchia? Guarda,
stamani disfano il tetto della casa di fronte.
Mettono a nudo i correnti, ch’erano marci.
Li mutano. E intanto ripiove. Lesti li ricoprono,
con le tegole vecchie. E i coppi restano,
a mucchi, sul colmigno. E subito il sole
che torna luccica sulle tegole ignude,
e tu ti senti in cuore un di più che ti strugge
―vergógnati― d’amore per te, mientre in cielo
rulla un tamburo lontanissimo, azzurro,
per la tua libertà, che è un grido che vola.
 
CARLO BETOCCHI

[De: “Un passo, un altro passo”, Mondadori, 1967]
 
 

Elizabeth Bishop (EEUU, 1911 - 1979)

 

 

Elizabeth and Alice | The New Yorker 

 

 

Las olas llegan en versos esta hermosa mañana,
ven, por favor, volando.
 
Ven con la punta de cada uno de tus zapatos negros
arrastrando un reflejo de zafiro,
con una negra capa de mariposas y bon-mots,
y solo Dios sabe cuántos ángeles todos encima
de la ancha ala negra de tu sombrero,
ven, por favor, volando
 
Escalando los cielos con natural heroísmo,
por encima de los accidentes, por encima de las películas malignas;
de los taxis y de las injusticias en general,
mientras resuenan las trompetas en tus bellos oídos
que simultáneamente escuchan
una leve música no inventada, apropiada para el ciervo almizclero,
ven, por favor, volando.
 
Ante quien los sombríos museos se comporten
como los corteses pájaros satinados,
ante quien los afables leones echados esperan
en la escalinata de la Biblioteca Pública,
deseosos de alzarse y traspasar cada puerta
hasta las salas de lectura,
ven, por favor, volando.
 
Podemos sentarnos y llorar; podemos ir de compras,
o jugar todo el tiempo a equivocarnos.
 

 
Traducción: Jeannette Clariond
 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

María Clara González De Urbina (Bogotá, Colombia, 1952),

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro 

 

 

PACTO

 

Por si acaso llovizna por tu calle
y quieres secar tu cuerpo
entre mis brazos
 
Por si el silencio te acomete
y recuerdas el lenguaje extraño
que aprendiste a mi lado
 
Por si regresas
a humedecer de lunas los recuerdos
 
Por si el trópico te reclama impaciente
entre sus verdes
 
O por si acaso es de noche en tu morada
dejaré la puerta abierta.
 
— 

(Fuente: Oficio de Poeta)

Pablo Seguí (Córdoba, 1973)

 

 




 

Desde el porche de casa 


“¡Jefe!”, le grito, “¡jefe!”, 

a través de la reja. 

Él arrastra sus bolsas 

cartoneras a pie. 

Se detiene. Le paso 

diez o quince latitas 

de Coca-Cola. “Gracias, 

viejo”, y vuelta a tirar. 

No pude ver su rostro. 

Él tampoco vio el mío. 

 

(Fuente:  

Hermann Bellinghausen (México, 1954)

 

 

Bálsamo sí de mis arterias
Bálsamo no de mis demonios
Cuerda de paso los nervios
Cruda cadena los tendones
Ciega luz de los sentidos
 
Músculo a músculo me desentiendo
del ácido láctico de los caballos dolientes
y la poca azúcar que nos desmaya
La resequedad penetra la piel
las mucosas ay los ojos
cansados de tanto no llorar
 
Uñas hundidas en carne propia
y en carne ajena que sangra
no importa ya el tipo
la sangre derramada
es universal
 
Pon pomada y aceites básicos
en los cuatro puntos cardinales
de las cuatro extremidades
 
En los orificios de la cabeza
deposita nubes que goteen
y saquen a bailar con alegría
las suelas lisas
 
Talco para el sobaco
Polvos alcalinos contra el ácido
jabones y tinturas en las heridas
Miel y sávila cicatrizantes
 
Pasta pastilla pastiche
filtro en la seda
que nuble ligeramente
la calidad de la mirada
 
Si todo es para nada
nada es para todo
Chiqueadores y emplastos hay
Espesuras de tepescohuite
Que mi adormidera te adormezca
 
Poesía Hermann Bellinghausen
 

Armando Freitas Filho. (Río de Janeiro, Brasil, 1940 - 2024)

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 
 
 

SOBRE UNA FOTO DE ANA C. 

 

El verbo serpentear encaja aquí, justo
en todos sus sentidos, y se adhiere
exacto, en el músculo puro y desnudo
que se mueve así, abrasador
a la velocidad de una serpiente o del mercurio:
de cero a cien, cubre el espacio del cuerpo
sin sentir la fuerza de la aceleración
ni el retorno, serpentino, a la inercia
del anillo inicial. En las dos etapas
se ajusta como un guante, se viste solo
de sí mismo, con su piel más fina y definitiva.
 

traducción de María Rosa Maldonado, 

 

(Fuente: Richeliú Richeliú)