sábado, 23 de mayo de 2026

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 13 de noviembre de 1929 - ibidem, 8 de enero de 1990)

 

 

 

 

 

Pandémica y celeste

 

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector –mon semblable,-mon frère!
 
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años!
 
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
 
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goutée a ce mal d’être deux
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
 
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
 
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
 
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
 
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
 
 
(Fuente: Adriana Hoyos) 

Francisco Javier Moreno Camarero (España)

 

 

3 poemas de LA ZURRAMBA 

 


 

 

Nacer contigo

 

Con tus manos firmes,

Conoces el peso del tiempo y de la sangre,

Del trabajo antiguo en noches largas,

Cuando la vida nace entre tus palmas.

Llevan la huella de mil madrugadas,

De secretos guardados en silencio,

Y ese amor que no pide palabras.

 

 

La Amistad

 

No se pide: llega.

Es pacto sin palabra,

Semilla sin siembra.

Abraza en silencio,

Acude en la pena,

Sonríe en la dicha.

Miradas que leen versos,

Verdades que laten

Detrás de cada palabra.

Se guarda sin cadenas,

Camina sin medida,

Permanece en el tiempo.

 

Compañera

 

No eres propiedad,

Ni etiqueta heteropatriarcal.

Tú no eres de nadie,

Eres algo más.

Caricia con ternura,

El abrigo cuando hace frío.

La respuesta en escucha activa,

La luna en la noche,

El sol en el día.

Sin etiquetas marcadas,

Respetando la libertad.

Una relación sana.

Abrazo que arropa la espalda,

Un te quiero sin palabras,

Respetando las pausas.

Linda, libre y salvaje:

Para que todo valga.


 

Francisco Javier Moreno Camarero. La Zurramba. Ed. Cimarrón, 2026

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Olga Orozco (Toay, La Pampa; 17 de marzo de 1920 - Buenos Aires; 15 de agosto de 1999)

 

 

«Quienes rondan la niebla»





 
 
 
Siempre estarán aquí, junto a la niebla,
amargamente intactos en su paciente polvo que la sombra ha invadido,
recorriendo impasibles esa región de pena que se vuelve al poniente,
allá, donde el pájaro de la piedad canta sin cesar sobre la indiferencia 
          del que duerme,
donde el amor reposa su gastado ademán sobre las hierbas cenicientas,
y el olvido es apenas un destello invernal desde otro reino.
Son los seres que fui los que me aguardan,
los que llegan a mí como a la débil hiedra doliente y amarilla que sostiene 
          el verano.
Triste será el sendero para la última hoja demorada,
triste y conocido como la tiniebla.

¡Oh dulce y callada soledad temible!
¡Qué dispersos y fieles hijos de nuestra imagen
nos están conduciendo hacia el amanecer de las colinas!
Están aquí, reunidas alrededor del viento,
la niña clara y cruel de la alegría, coronada de flores polvorientas,
la niña de los sueños, con su tierno cansancio de otro cielo recién 
          abandonado;
la niña de la soledad, buscando entre la lluvia de las alamedas el secreto 
          del tiempo y del relámpago;
la niña de la pena, pálida y silenciosa,
contemplando sus manos que la muerte de un árbol oscurece;
la niña del olvido que llama, llama sin reposo sobre su corazón 
          adormecido,
junto a la niña eterna,
la piadosa y sombría niña de los recuerdos que contempla borrarse 
          una vez más,
bajo los desolados médanos,
la casa abandonada, amada por el grillo y por la enredadera;
y más cerca, como el rumor del musgo en las mejillas de aquella incierta 
          niña de leyenda,
la niña del espanto que escucha, como antaño junto al muro derruido,
las lentas voces de los desaparecidos;
y allí, bajo sus pies,
las fugitivas niñas de la sombra que los atardeceres reconocen,
las mágicas amigas del matorral y de la piedra temerosa.

Yo conozco esos gestos,
esas dóciles máscaras con que la luz recubre cada día sus amargos 
          desiertos.
¡Tanta fatiga inútil entre un golpe de viento y un resplandor 
          de arena pasajera!

No es cierto, sin embargo,
que en el sitio donde el sufriente corazón restituye sus lágrimas 
          al destino terrestre,
palideciendo acaso,
nos espere un gran sueño, pesado, irremediable.

Esperadme, esperadme, inasibles criaturas del rocío,
porque despertaré
y hermoso será subir, bajo idéntico tiempo,
las altas graderías de la ciudad del sol y las tormentas,
y repetir aun, sin desamparo, las radiantes edades que la tierra enamora. 




en Desde lejos, 1946




(Fuente: Descontexto)

 

Roberto Juarroz (Argentina, 1925-1995)

 

 

"Detener la palabra..."

 


 
 
 
Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que puede prescindir de todo nido.

El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita otros
para que las cosas sean
su destino de aire.

La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.
 
 

Roberto Juarroz, incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selec. de Eduardo Milán, Andrés Sánchez Robayna, Blanca Varela y José Ángel Valente).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Charles Baudelaire (París, Francia, 1821 - 1867)

 

 

Los ciegos

Miralos, alma mía; son en verdad horrendos,
muñecos, parecieran; vagamente ridículos;
extraños y terribles, igual que los sonámbulos,
apuntan no sé a dónde sus tenebrosas órbitas.

Sus ojos que la chispa divina ha abandonado
aún se alzan al cielo, como si escrutaran
el horizonte; y nunca los vemos, soñadores,
inclinar la cabeza abrumada hacia el suelo.

Atraviesan así la negrura infinita,
hermana del silencio. ¡Oh ciudad! Mientras vos
cantás, reís, gritás, en torno de nosotros,

rendida ante el placer hasta la atrocidad,
yo me arrastro como ellos, pero más aturdido
me pregunto: ¿Qué buscan los ciegos en el Cielo?
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
  

Charles Baudelaire - Wikipedio

 

viernes, 22 de mayo de 2026

constantino mpolás andreadis (Buenos Aires)

 

 

POEMAS IV - 422

 

y qué es un aforismo
sino el afuera
de un guante
de una mano
desnuda como un guante
que no es un pájaro
sino una hojita seca
que tampoco es un pájaro
ni un guante
ni una mano
y sin embargo vuela
 
16-5-2026
 

Anna Andréyevna Ajmátova (Odesa, 1889 - Moscú, 1966)

 

Puede ser una ilustración 



Estamos tan intoxicados uno del otro
Estamos tan intoxicados uno del otro
Que de improviso podríamos naufragar,
Este paraíso incomparable
Podría convertirse en terrible afección.
Todo se ha aproximado al crimen
Dios nos ha de perdonar
A pesar de la paciencia infinita
Los caminos prohibidos se han cruzado.
Llevamos el paraíso como una cadena bendita
Miramos en él, como en un aljibe insondable,
Más profundo que los libros admirables
Que surgen de pronto y lo contienen todo.
 
De “Réquien” (escrito entre 1935 a 1965=
 
Traductor: Jesús García Gabaldón
 
Está considerada con uno de las máximas representantes de lo que se dio en llamar como la “Edad de Plata” de la poesía rusa. Su tinte político, contrario a las purgas estalinistas, hizo que fuese una obra desconocida para la mayoría, a causa de los peligros que podía suponer para la propia vida de la autora.
El libro en ruso apareció finalmente en Alemania en 1963. No fue publicado en la U.R.S.S. hasta 1987.
 

(Fuente: Festival Internacional de poesía de Bs.As.)