viernes, 18 de septiembre de 2026

Winétt de Rokha (Chile, 1892 - 1951)

 

 

«Cueca del dieciocho»

 




 
 
 
 
En añiles imponderables, cruzados de nubes, allá,
y en encajes de llanto sobre las montañas
se disuelve esta alegría colegiala de vientos, rostros y trigales.
 
El amarillo provincial y desteñido de los barrios
madura en abiertos y floridas banderolas o en damajuanas de respeto:
mi país ha echado el sombrero al aire,
y entre el poncho y el pecho, el puñal parece un pájaro,
un pañuelo y un requiebro.

Glorias que caben en un jarro de canto con yerba-buena.

Celebramos la infancia y los heroicos y apasionados cuarteles,
el Mar del Sur, que es la flor de la República.
 
Y un quitasol de señoras blancas suspira en el pasado.



en Suma y destino, Multitud, 1951


 (Fuente: Descontexto)

Rainer Maria Rilke (Praga, 1875-1926)

 

 

 

 

 

 

 

Elegías del Duino (1912-1922)



Primera Elegía
 
¿Quién, de yo gritar, me oiría desde los órdenes
de los ángeles? Y aun suponiendo que uno de ellos
me acogiera súbitamente junto a su corazón: pereciera yo de su
más fuerte existencia. Pues lo bello no es nada más
que aquel comienzo de lo pavoroso que apenas soportamos aún,
y tanto lo admiramos porque impasible desdeña
destruirnos. Uno cualquiera de los ángeles es pavoroso.
Y entonces me contengo y me trago la llamada seductora,
el señuelo del oscuro sollozar. Ay, ¿de quién podremos,
pues, valernos? Del ángel no, de los hombres no,
y los agudos animales advierten ya
que no es muy confiada nuestra familiaridad
con el mundo interpretado. Nos queda quizá
algún árbol al pie de la cuesta, que día tras día
saludáramos con la mirada; nos queda la calle de ayer
y la consentida fidelidad de una costumbre
que se complació en nosotros y entonces se quedó y no partió.
Oh, y la noche, la noche, cuando el viento repleto de espacio cósmico
nos consume el rostro: a quién no le quedaría ella, la anhelada,
la que desilusiona con suavidad, la de penosa inminencia
para el corazón aislado. ¿Es más leve a los que se aman?
Ay, ellos no hacen más que encubrirse mutuamente su suerte.
¿Aún no lo sabes? Arroja de tus menesterosos brazos el vacío
incorporándolo a los espacios que respiramos; acaso
ocurra que los pájaros
sientan el acrecentado aire con el más íntimo vuelo.
Sí, las primaveras sin duda necesitaban de ti. Algunas
estrellas confiaban en que percibieras su rastro. Una ola
de lo pretérito encrespada se acercaba, o
cuando pasabas de largo ante aquella ventana abierta
un violín se te daba. Todo eso encomendaba una tarea.
Pero, ¿la llevaste a cabo? ¿No te dispersó
cada vez una expectativa, como si todo te anunciara
una amada? (Dónde vas a ponerla a salvo
cuando los grandes pensamientos desconocidos entren
y salgan de tu casa y muy a menudo se queden de noche).
Pero si tal es la cuerda de tu anhelo, canta entonces a las amantes; hace mucho
que su célebre sentimiento no es aún lo bastante inmortal.
A ellas, casi las envidiarías, a las abandonadas, que tú
encontrabas mucho más amantes que las apaciguadas. Comienza
siempre de nuevo la nunca muy lograda alabanza;
piensa: el héroe pervive, aun su ocaso le era
solo pretexto para ser: su último nacimiento.
Pero a las amantes la agotada naturaleza las recoge
de nuevo en sí misma, como si no hubiera dos veces las fuerzas
para crearlas. ¿Es que has pensado lo suficiente
en Gaspara Stampa, en que alguna muchacha
a la que el amado abandonó, siente, con el elevado
ejemplo de esta amante: ojalá fuera yo como ella?
¿No debieran, por fin, estos antiquísimos dolores
volvérsenos más fecundos? ¿No es tiempo de que al amar
nos liberemos de lo amado y estremecidos resistamos:
como la flecha resiste el anhelo de la cuerda, para, recogida en el arrojo,
ser más que ella misma? Pues no queda permanecer en ninguna parte.
Voces, voces. Escucha, corazón mío, como en otro tiempo únicamente
los santos escucharon: la colosal llamada
los elevaba del suelo, pero ellos, imposibles,
permanecían de rodillas sin advertirlo:
Tanto estaban escuchando. No que tú de Dios soportaras
la voz, ni de lejos. Pero escucha el soplo,
el incesante mensaje que se forma de quieto silencio.
Es susurro que ahora viene a ti de quienes murieron jóvenes.
Dondequiera que entraras, en las iglesias de Roma
y Nápoles, ¿no te hablaba, sereno, su destino?
¿O un epitafio no se encomendaba sublime a ti,
como hace poco la placa de Santa María de Formosa?
¿Qué quieren de mí ellos? Con delicadeza debo deshacer
la apariencia de injusticia que a veces obstaculiza un poco
el puro movimiento de sus espíritus.
 
Cierto, es extraño no habitar más la tierra,
dejar de practicar costumbres apenas aprendidas,
no dar la significación del humano porvenir
a las rosas, y a otras cosas especialmente prometedoras;
lo que uno fue en manos infinitamente angustiadas,
no serlo más, y aun el propio nombre
como a juguete roto hacerlo a un lado.
Extraño, no seguir deseando los deseos. Extraño,
ver flotar tan suelto en el espacio
todo aquello que guardaba relación. Y el estar muerto es penoso
y lleno de aprendizaje para percibir poco a poco
un rastro de eternidad. —Pero los vivientes cometen
todos el error de diferenciar con excesiva contundencia.
Los ángeles (se dice) no sabrían a menudo si van
por entre vivos o por entre muertos. La corriente eterna
arrastra siempre consigo todas las edades
a través de ambos reinos y en ambos las acalla. 
 
Finalmente no necesitan ya de nosotros ellos, los temprano arrebatados;
uno se desacostumbra de lo terrenal con suavidad, como se va desprendiendo
de los dulces pechos de la madre. Pero nosotros, que necesitamos
de tan grandes misterios, para quienes muy a menudo brota
del duelo el feliz paso adelante: ¿podríamos nosotros ser sin ellos?
¿Es vana la leyenda de que un día en el lamento por Linos
la audaz música primera penetró la seca rigidez,
y que solo en el espacio empavorecido, del que un adolescente casi divino
salió súbitamente para siempre, el vacío dio en aquella
vibración que ahora nos arrebata y conforta y ayuda?
 

 

Traducción Jorge Mejía Toro
Editorial Universidad de Antioquia (2010)
 

(Fuente: Cecilia Pontorno) 

Samih Al-Qasim (Palestina, 1939 - 2014)

 

 

 

 

 

Persona non grata

 

Aquí el inicio de la carnicería
 
Su final: mi grito lunar.​​ 
 
Sé que mi vidrio puede ser fragmentado por una bala. Apunta bien y trata de asesinarme​​ a mí. Mis pequeños son demasiado jóvenes para la muerte. Fruta verde poco apropiada para tus amos. Apunta bien: mi esposa está a salvo ahora en la cocina. Apunta bien, estoy aquí sólo leyendo​​ Le Fou d`Elsa. Si tu francotirador se encoge dos pulgadas podrá verme: una figura silente junto a la ventana del estudio.​​ 
 
Vengan.​​ 
 
Vengan con todos los horrendos fuegos de su malevolencia.​​ 
 
¡Vengan! Aquí yo tengo una escalera en espiral que une cielo y tierra, un ventilador que falla en la canícula, un tanque que se pasea sobre un vientre embarazado, y aquí tengo mis áridas naciones.​​ 
 
Cráneos coronados por medallas adquiridas por el tipo de cambio de la muerte, zapatos habitados por escorpiones. Oh, un vaso de agria y amarga agua a cambio de mi sangre y lágrimas. He sido herido: mi herida está viva, mi voz está viva, mi silencio está vivo. Inclino mi corazón en señal de respeto. Vengan.​​ 
 
Mi aflicción: el deslumbramiento.​​ 
 
Mi ira: la súplica.​​ 
 
Vengan.​​ 
 
Vengan.​​
El quedarme es mi huida.​​ 
 
Mi muerte es combate.​​ 
 
Juro por el higo y el aceite, por el silencio y el clamor, por la fertilidad y la esterilidad, por la miel y la cicuta, por el brote y la muerte, por la ignorancia y el conocimiento, por el ayer y por el hoy, juro que lucharé.​​ 
 
Seguiré luchando.​​ 
 
Lo haré.​​ 
 
Hasta que nazca la verdad y la mentira se desvanezca
 
Lo haré y lo haré, levantarme y hundirme, andaré y rodearé, soltaré y me abstendré, flotaré y me detendré.
 
¿Qué? ¿Cómo?
 
Así:​​ 
 
con una caída hasta la cima de la muerte,​​ 
 
con potros trotando tras las huellas de la tragicomedia.​​ 
 
Así:
 
tomando una siesta en un asiento de autobús –una inquebrantable celda.​​ 
 
Menstruación con esterilidad, esterilidad con menstruación, dolor y protesta, amor y odio: un idílico baldío.​​ 
 
Caminaré fuera de mi cuerpo, ya no puedo soportarlo.​​ 
 
Buscaré un amigo.​​ 
 
Me apartaré de mis pasos, ya no puedo soportarlo
 
Buscaré un camino.​​ 
 
No hay camino salvo yo
 
y estos son mis pasos.​​ 
 
Mi cuerpo es el siguiente paso.



(Fuente:  Henderson Espinosa)

Jan de Jageer (Buenos Aires, 1959)

 

 

 

 

 

 

llevabas un vestido de seda finísima, tornasolada,
con aquí y allá una pequeña perla, un puñadito de aljófares,
como si apenas llevaras la piel mojada por el rocío del amanecer
cruzas descalza de arenas lunares,
aurora, amor festivo, con un eco
pueblas el exiliado mundo y dejas
en la carne de los días
estela perenne, una llaga velada. 
 
puede incluso que la misma premisa
sea verdad en un idioma, y mentira en otro
– incluso en el “mismo” idioma –
 
Ejemplo: a Ezra Pound le creo, visceralmente,
casi toda la poesía.
 
La prosa,
 casi
     niente,
nulla.
 
zo simpel bloedstollend mooie verzen:
versos escalofriantes
me coagulan
la sangre
en plena vena
 
cuando se dice Pacha Mama, Madre Tierra, Mother Earth –
no es que se honra a la madre,
comparándola con todo el planeta:
muy por el contrario
– como todo el mundo sabe –
se honra al planeta comparándolo con la madre –
 
en cambio, el metal utilizado por los INUIT de Groenlandia
para fabricar herramientas y armas
era proveniente de lluvias de meteoritos –
los mangos, claro está, de hueso o de marfil de morsa o de narval.
 
mors non respectat census?
 
cuanto menos
 tiempo nos queda
          de vida,
más pacientes y largoplacistas nos ponemos:
raro
autometáfora: [Happiness is a warm gun]
si una pistola es un símbolo fálico ,
llamar “pistola” al sexo del hombre
equivale a decir:
un pene es una cosa que
parece una cosa que
parece un pene.
 
la poesía –
embajadora del alarido
en el país del diccionario
o viceversa
representante del decir (o del callar: let the wind speak)
en el reino de la
logorrea y el flatus vocis
 
unos le rezan a Dios
otros le rezan a Alá
otros se quedan callados
y es su forma de rezar
 
 
En Casa de cambio 
 

Carlos morales del coso. (Tarancón, Cuenca, España, 1959)

 

 

Puede ser una imagen de violín 

 

 

El santo lapicero

 

Hay cosas que son como las cosas
Las cosas menudas que ya nadie barre
Y esas cosas invalidas existen también
Nos rozan el hombro
Ciudades dibujan en la breve ventana
Dónde muere el invierno
Agitan el rabo como versos cabríos
Ante nosotros saltan al son de un tromopetin
Y a un lado ponense del vino terco.
 
Con ojos de hambre las cosas te contemplan
Imploran tu licencia por amor de Dios
Tú piedad reclaman con un cuenco vacio
Y te piden su parte el el ágape celeste 
 
Y cuando nos damos cuenta
Cuando atrapar la música soñamos
Y la cabeza volvemos al Santo Lapicero
Las cosas que nos duelen
Los canticos que callan alejanse deprisa
Cual humo por la chimenea
Y en la pierna me dejan su recuerdo
Su cicatriz grabada en una pata de palo


"EL santo lapicero" de Carlos Morales del Coso , un poema de la HEREDAD Antología poética pp 26, dedicado a Ariel Fridman y Ana Segura Anaya, que lo vio nacer .



 

Sara Teasdale ((EEUU, 1884 - 1933)

 

 

 

 


 

 

Un minué de Mozart

 

 Por la habitación en penumbra

el violín dibujaba tramas de sonido

se entrelazaban y enroscaban con levedad

y destellaban en oro contra la oscuridad.

 

Vi como la música se tornaba luz,

pero al detenerse el lazo,

la trama se rompió y el resplandor

quedó ahogado en la ola de la noche.

 

 

version Pablo Queralt.

 

 

A Minuet of Mozart's from Helen of Troy And Other Poems, 1911

 

Across the dimly lighted room
      The violin drew wefts of sound,
      Airily they wove and wound
And glimmered gold against the gloom.

I watched the music turn to light,
      But at the pausing of the bow,
      The web was broken and the glow
Was drowned within the wave of night.



(Fuente: Ivespoetryclub.blogspot.com)

 

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

𝐌𝐮́𝐬𝐢𝐜𝐚

 
¿Qué decía Whitman de los pianos
de la mente? ¿Los mantendría vigilados?
Ahuecaba una sombra con otra sombra
de manera que lo sublime permaneciera
sublime, oculto. 𝑉𝑜𝑠 𝑚𝑒 𝑐𝑜𝑒𝑔𝑖𝑠𝑡𝑖𝑠. Es cierto:
ustedes me obligaron a sepultar mi entendimiento.
Con mi cuerpo hecho un saco de huesos,
¿quién puede amarme? Laudar, magnificar
la musa. No existe la música sin musa.
Pero es ella la mujer que siembra confusión
en el verso. Como en una ópera de Verdi
un aire latino duerme en brazos de la décima
musa griega, falsifica la escena. Hace rato
su sangre coagulada. ¿Quién golpeará las teclas
de su piano? Ah la matemática final de los cuerpos.