
LA BRÚJULA ROTA
Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta
desde un otoño de luto alucinado
desde hoteles y calles y cansancio
de lugares terribles desde la sal al dátil
vuelve otra vez a mí el amor sin geometría
aprieta junto a mí su corazón de pájaro
llora en mi corazón como en un rincón de lástima.
Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta,
cuando se pone triste el alma de los mapas
y se mueren de frío las ventanas,
cuando el verano se asusta de la sangre,
desde el lugar más húmedo del llanto
vienen lentos pordioseros de neblina
caminan por el alma
van en busca de mi propia raíz de agua.
Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta
desde un raro país donde todo es encuentro
donde los tilos huelen a regreso
y caminan dulces viejos con la barba
vuelve hacia mí el amor con lluvia y mariposas
y una pólvora rara que supera al tabaco
y un coñac de misterio que ha engañado a la víspera
y una brújula rota que orienta a la ceniza,
y me lleva al lugar que ha olvidado a la luna
y el otoño es posible
y el amor es posible más allá de los credos.
Toda está bien ahora:
la luz, el heliotropo,
el musgo que ha brotado entre los días;
pero ciertas tardes y noches y mañanas como ésta
cuando mi corazón toma un color de noches perdidas para siempre
y el rocío se acuerda del último crepúsculo
y amanece la espera con su rostro inaudito,
vuelvo otra vez a mí como el río al ahogado
ya no sonríe nadie en los retratos
la desesperación me ladra por la espalda.
(Fuente: airenuestro.com)
Voy a intentarlo.
Voy a salir a caminar para ver y escuchar
y voy a cantar lo que vea y escuche.
No vine a este mundo
para ser consolada.
Vine, como el pájaro rojo, para cantar.
Pero no soy el pájaro rojo, con su penacho de fuego
y el triángulo rojo de su boca
lleno de lengua y de silbidos
soy una mujer cuyo amor se ha desvanecido
que ahora piensa demasiado en las raíces
y en los lugares oscuros
donde todo es simplemente espera.
Pero este también, creo, es un lugar
que Dios observará
hasta que nos levantemos y nos pongamos otra vez de pie y–
pero escuchen. Quédense quietos. ¡Escuchen!
¿Es un pájaro rojo? ¿O algo
dentro mío, está cantando?
El pájaro rojo (Caleta Olivia, 2018)
(Fuente: Life vest under your seat)
El arte de perder no es un arte difícil; tantas cosas parecen colmadas de un propósito de pérdida que cuando se pierden no es muy trágico. Pierdan a diario algo. Acepten la molestia de extraviar el llavero, la pérdida de tiempo. El arte de perder no es un arte difícil. Practiquen perder, luego, más cosas y más rápido: lugares, nombres, dónde era que estaban yendo. Ninguna de estas cosas es demasiado trágica. Perdí el reloj materno. Y miren, se me ha ido la última, o penúltima, casa que tanto amaba. El arte de perder no es un arte difícil. Dos hermosas ciudades, perdí. Y algunos reinos que poseía, dos ríos y un continente. Y aunque, sí, los extraño, no fue una cosa trágica. Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto que amo) no habré dicho una mentira. Es obvio que el arte de perder no es cosa muy difícil aunque parezca a veces (¡escriban!) algo trágico.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
(Fuente: Henderson Espinosa)
(Fuente: Jonio González)