miércoles, 22 de julio de 2026

Alfredo Saldaña (Toledo, España, 1962)

 

 

3 poemas de MALPAÍS

 

 




TRAMPANTOJO

 

 

¿Qué advierte el vigilante

más allá de lo que muestra el paisaje?

 

¿Qué guarda quien protege

el emblema que da nombre

a los desaparecidos?

 

Velar por lo arrancado,

picar para ver

lo que bajo los escombros

aún respira.

 

Agrietar. Punzar. Taladrar.

 

Agujerear hasta dar

un mal paso y encontrarse

en el corazón del aire

con la raíz del sentido.

 

¿Qué golpe de luz,

qué destello en la noche

hará blanco en la belleza?

 

¿Qué realidad oculta la mirada

que en rigor no sea un trampantojo?

 

 

 

HUMEDAD TRAS LA LLUVIA

 

 

No te intrigue lo que encuentres

sino lo que desaparezca cuando mires.

 

Que no sea la palabra que te arrastre

al hueco en que aún respires

el lugar seguro que habías imaginado.

 

Que no sea el tiempo que pase

ni el espacio recorrido

lo que te nombre.

 

Que lo que te nombre

sea la lágrima que caiga,

la humedad tras la lluvia.

 

No seas tú quien camine. Bajo las piedras,

seas tú el sendero que unos pasos tracen cuando avancen.


 

 

 

LA CALLADA

 

 

Si se trata de quebrar la opacidad

a través de lo que callan

los nombres,

 

¿cómo descifrar

el blanco aleteo del pájaro cuando el sol

se da por vencido tras las montañas?

 

Escarbar en el enunciado

hasta desc

    ompon

               erl

        o,

hurgar en él

y abrir un hu eco

para que el silencio respire

y estalle el conflicto

que da nombre a lo real,

prestar una oportunidad a la callada,

ese escenario a tenaza do

por el delirio en el que,

por no haberse afirmado nada,

todo puede ser dicho,

todo,

         es un decir,

    de hecho,

                    se dice.

 

¿Qué margen de sentido

se oculta al caer la noche

en el dobladillo del lenguaje?

 

¿Por qué barrancos se precipita la palabra

cuando con su manto el frío

asuela el territorio de las piedras?




Alfredo Saldaña. Malpaís. Ed. La Isla de Siltolá, 2015

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Nima Hasan (Rafah, Gaza, Palestina,1980)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas, personas sonriendo y bufanda 

 

 

EN LA COLA DEL PAN

 

En la cola
esperamos el producto del trigo,
la sonrisa del panadero empolvado
y la llegada de la hogaza caliente al campo
de batalla
 
En la cola
una joven intenta recordar el significado de
su feminidad
mientras un muchacho canta en el horno
y otro quiere entender el estruendo de la
calle en llamas.
Yo me detengo a la mitad del cuento
y retengo los pájaros de mi cabeza,
no vayan a huir a los árboles.
 
En la cola
una anciana maldice los campos y las
espigas,
recita el nombre de nobles ciudades
y teje con el hilo del hambre
un saco grande de harina
para los defensores de las jaimas.
 
En la cola
tú y yo,
una niña que se muerde las uñas,
un hombre que escupe a la guerra
y una mujer que se pinta los labios bajo el
nicab
–en una ciudad sin agua que lave nuestros
pecados–
desafiamos el infierno por una barra de pan
recién hecha
poco antes de morir.
 
 
____________________________
trad. de Antonio Martínez Castro en "Revista Idearabia", n.º 20, diciembre de 2023. En la imagen, Nima Hasan (Rafah, Gaza, 1980 / Mizna)

 

(Fuente: Jonio González) 

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

PARTÍCULAS DIMINUTAS

 

He visto venir a una poeta
tan cuidadosa su escritura
vacilando, velada, ora atareada
en su rezo, ora moscarda gris
de carne, zumbante, reina
entre moscas. Leyendo a R.C.
me dije: moriré como la Anna
de Tolstoi y estas frases: hoy es
todo repugnante de mirar,
hablaré sin obrar para errar
lo que se debe. Me encerraré
a leerte en un altillo. Mate
laqueado, yerbas aromáticas,
leeré pensando en la mujer
que cava en busca de partículas
diminutas que le den sentido
a sus versos, hojas, hojitas; no
en lo oscuro, algo que sembrado
en lo oscuro le dé un sentido
diverso a la soledad y al silencio.
Cómo es o no es en ella cada cosa.
Cómo era escuchar música,
ver pintura, ser feliz. Cómo es que
hubo años en los que de cada pared
colgaba un Castagnino. Cómo es
que ahora giro y giro, voy,
me detengo, quizás sí, quizás no,
me uno o me aparto del rebaño.
¿Nada hay más allá del instante
en que escribo? ¿Cómo es morir
sin una causa?

 

Gertrud Kolmar (de nacimiento Gertrud Käthe Chodziesner: Berlín, 1894 - 1943)

 

 

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EL ÁNGEL EN EL BOSQUE

 

Dame tu mano, tu mano querida, y ven conmigo,
pues queremos alejarnos de los hombres.
Son mezquinos, ruines, y su mezquina ruindad nos odia
y mortifica.
Sus ojos rondan maliciosos por nuestro rostro y su oído ávido
manosea las palabras de nuestra boca.
Recogen beleño...
Así que huyamos
a los campos soñadores que, gentiles, con flores y hierba,
confortan nuestros pies vagabundos,
al borde del río que, con paciencia, carga sobre su espalda
imponentes fardos, pesados barcos repletos de mercancías,
con los animales del bosque, que no murmuran.
 
Ven.
La niebla del otoño vela y humedece el musgo con brillos
mates, esmeralda.
Ruedan las hojas del haya, tesoro de monedas de bronce dorado.
Por delante de nuestros pasos, llama roja, temblorosa,
salta la ardilla.
Alisos negros, retorcidos, silban junto al pantano
en el resplandor cobrizo del atardecer.
 
Ven.
Porque el sol se ha puesto, se ha acostado en su cueva
y su aliento cálido, rojizo, se apaga.
Ahora se abre una bóveda.
Bajo el arco azul grisáceo entre las coronadas columnas
de los árboles estará el ángel,
alto, esbelto, sin alas.
Su semblante es dolor.
Y su vestido tiene la palidez glacial de las estrellas
que centellean en las noches de invierno.
El que es,
que no habla, no debe, sólo es,
que no conoce maldición alguna ni trae la bendición y que no
peregrina a las ciudades al encuentro de lo que muere:
no nos mira
en su silencio de plata.
Pero nosotros le miramos,
porque somos dos y estamos desamparados.
 
Tal vez
caiga una hoja seca, marrón, sobre su hombro,
resbale.
Nosotros la recogeremos y la guardaremos,
antes de seguir adelante.
 
Ven, amigo mío; conmigo, ven.
La escalera en casa de mi padre es oscura, tortuosa, estrecha,
pero ahora es la casa de la huérfana, y en ella
vive gente extraña.
Llévame.
En la puerta la vieja llave oxidada se resiste
a mis débiles manos.
Ahora chirriando se cierra.
Mírame ahora en la oscuridad, tú, desde hoy mi patria.
Pues tus brazos se erigirán para mí en muros protectores,
y tu corazón será mi aposento y tu ojo mi ventana,
por la que brilla el amanecer.
Y la frente se alza a tu paso.
Tú eres mi casa en cualquier calle del mundo, en cualquier
hondonada, en cualquier colina.
Tú, mi techo, languidecerás conmigo extenuado
bajo el mediodía abrasador, te estremecerás conmigo
cuando azote una tormenta de nieve.
Pasaremos hambre y sed, juntos resistiremos,
juntos un día caeremos al borde del camino, cubierto de polvo,
y lloraremos...
 
 
 
_______________________
En “Mundos”, Acantilado, Barcelona, 2005. Ed. y trad. de Berta Vías Mahou.
Gertrud Kolmar (de nacimiento Gertrud Käthe Chodziesner) nació en Berlín en 1894 en el seno de una familia judía. Creció en el barrio de Charlottenburg y trabajó como maestra. En 1917 publicó su primer libro de poemas, “Gedichte”, con el seudónimo Gertrud Kolmar. Su tercer volumen de poemas, “Die Frau und die Tiere” fue publicado en 1938 pero en noviembre de ese mismo año la edición fue destruida en el transcurso de un pogrom. En julio de 1941 Gertrud fue obligada por el régimen nazi a hacer trabajos forzados en varias fábricas de armamentos. En febrero de 1943 fue deportada a Auschwitz, donde murió, casi con toda seguridad ese mismo año.

 

(Fuente: Jonio González) 

David Ferrez (Motril, España, 1995)

 

 

Vine a Berlín escapando de los tigres. 

 

 



Escapé de los tigres

alimenté a las chinches

comido vivo fui

por las mediocridades.

Bertolt Brecht

 

 

 

Vine a Berlín escapando de los tigres.

Arrastré mi mala orientación

por sus calles hasta Dorotheenstadt.

Te descubro junto a Helene,

haciendo esquina, y los monolitos

apoyados en la tapia del cementerio

ya sin el «sau jud»

que encontró un jardinero

la mañana del 6 de mayo de 1990.

En la parcela se afianzan

los crisantemos de tu vientre.

Cojo un taxi al 125 de Chausseestrasse

pasando por Theater am Schiffbauerdamm

—Robert Wilson dirige Madre coraje

el próximo 6 y 7 de mayo—.

En el apartamento continúan intactos

los daguerrotipos de Marx y Engels,

el retrato de Lenin, sus obras completas,

y el poema de Mao.

Después he descubierto una taberna

—como la isla descubre un náufrago

tendido en su orilla—,

bebo cerveza hasta que despierta,

sigilosa, la noche. Luego he caminado

al hotel pensando que también anochecía en Granada

—pensando que hubiera sido mejor quedarme allí,

leyendo tu poema a los hombres futuros—

pero un manzano en flor me incita

a cometer un crimen en forma de poema.

Aquí me tienes,

frente a nuestra derrota,

escribiendo una misiva sin remitente.

De Berlín queda solo el viento

que paseaba por sus calles.

Hace el mismo frío que en 1956.

Quizá un poco menos.

Por lo demás, poco puedo contarte:

que han talado el chopo verde

de la Karlsplatz;

que en Mitte, Kreuzberg o Friedrichshain

solo se habla la lengua de Shakespeare

y que han caído todos los muros

—salvo el de clase—.

 

 


David Ferrez. Esta casa que soy. Aliar Ediciones, 2026

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Diane di Prima (Estados Unidos, 1934-2020)

 

 

"Menstruación, septiembre 1964"

 

 


 
 
 
 
¿Cómo perdonarte esta sangre
que no había de fluir de nuevo, sino fijarse feliz en mi vientre
para crecer, y hacerse hijo?
Cuando me vuelvo hacia ti de noche, suspiras, y te giras
Cuando me vuelvo hacia ti por la tarde, en la cama,
Donde lees tumbado, me rechazas, diciendo sólo
Hace calor, tengo sueño.
Convocas piquetes, hablas de violencia, provocas la sangre
Pero sólo de mí, sangre hambrienta y sin sembrar
Que debía haber sido otra cosa.
 
 

Diane di Prima, incluido en Beat attitude. Antología de mujeres poetas de la Generación beat (Bartleby editores, Madrid, 2015, trad. y ed. de Annalisa Marí Pegrum).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Gabriel Celaya (País Vasco, 1911 - Madrid, 1991)

 

 

Contraoda del poeta de la Real  Sociedad 

 

Y recuerdo también nuestra triple derrota
en aquellos partidos frente al Barcelona
que si nos ganó, no fue gracias a Platko
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos lo recordamos y quizá más que tú,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados.
 
 
 

Gabriel Celaya - KMK - gipuzkoa

 (Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)