martes, 21 de julio de 2026

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

 

Soy el hecho,
sucedo, otra cosa no soy.
 
Soy un yo
que detesta
su fatal incidencia.
 
No quiero ser el yo
de freudes y lacanes
que inficionaron
hasta la mínima rendija
y no dejan respirar
y que sospecho moribundos
por el simple paso del tiempo
y la repleción.
 
Quizás el yo mueva el átomo
o lo que se cree de él,
quizás sea entraña
y un rincón oculto del páncreas
y no tiranía del cerebro; 
 
y el alma, la palabra
y la conveniencia animal
sean árbol y pestañas.
 
Soy,
tal vez,
la cosa y la no cosa,
y la no cosa del caso soterrado
por academias y sabihondos.
 
No seré
una esquirla del cosmos,
un viento ártico,
un dios incognoscible,
un sofisma
y falsos arrumacos relajantes
ni nada que está fuera de mí,
pendejadas al por mayor.
 
No saco conclusiones,
no las hay,
no aguanto el yo
del tengo, hago y quiero.
 
Hay perros flacos
en este cuarto
donde palpita
la muerte
a falta de otro hueso. 
 

- Inédito -
 

Hermann Bellinghausen (México, 1954)

 

 

 

 

DE BUEN CALIBRE 

 

Cada día los calibres importan menos
Todos matan
Ya no se usan los que sólo herían o ahuyentaban
perdigones, municiones, balitas .22
Si tu calibre no es de los gordos
y sumamente agudos
si no perfora muros
ni parte cabezas en dos
debería estar en un museo
en un puesto de chatarra callejera
o en el compartimento del relojero vienés
Frantz Pfannl
quien inventó en 1914
la pistola kolibrí
calibre 2.7 milímetros
un chiste balístico
 
De cierto empaque en adelante
cualquier explota
sea por dentro como granada intravenosa
sea por fuera como bazuca o mina
o parque de artillería
que atraviese huesos y chalecos
como cuchillo caliente
en mantequilla
 
Qué tanto es tantito
sí los calibres obran
en manos de cobardes
o sicópatas
cerebros lavados
intoxicados
muertos de miedo
de gente que se defiende
u odia con las entrañas
de profesionales bien pagados
que liquidan cualquier objetivo
con sicaria pericia
o la obediencia debida
 
Qué más da el calibre
de las plúmbeas lluvias
que se manda el cielo
misiles de cualquier categoría
atroz en su puta puntería expansiva
 
Qué más si su inteligencia
es humana o de ángel
de circuitos programados
o como a las armas en casa
las carga el diablo
 
Una máquina no es menos sensible
y desapasionada
que los matones los locos las soldadas
pertechades hasta los dientes
como en Gaza
 
Los calibres matan
Es lo único que hacen
Si en alguna parte hay una bala
con tu nombre escrito en ella
tómala muy en cuenta
con ese fuego no se juega
 
 
Poesía Hermann Bellinghausen
 

Guillermo Saavedra (Buenos Aires, 1960)

 

 

VARIACIONES GARUADAS

 

Suelta la noche
el colibrí incansable
de la garúa.
 
***
Lacia garúa:
telegramas del cielo
sobre las casas.
 
***
Los autos chistan
su discreta fritanga
sobre el asfalto.
 
***
Se oye el perfume
de la tierra olvidada:
puré de infancia.
 
***
Se escurre el cielo:
sus hormigas de plata
bailan tip tap. 
 
***
Colmena gris,
el cielo arroja abejas,
plata mojada.
 

Ezra Pound - (Estados Unidos, 1885 - Italia, 1972)

 

 

 

 

 

 

La mujer del mercader del río: una carta

 


Cuando yo todavía llevaba el pelo cortado sobre la frente
jugaba en el portal delantero, recogiendo flores.
Tú viniste con zancos de madera jugando a los caballos,
caminaste junto a mi asiento, jugando con ciruelas azules
y seguimos viviendo en el pueblo de Chokan:
dos niños, sin aversión ni sospecha.
 
Con catorce años me casé con vos, mi señor.
Nunca me reía porque era tímida.
Bajaba la cabeza y miraba a la pared.
Aunque me llamaran mil veces, nunca volvía la cabeza.
 
Con quince años dejé de fruncir el ceño,
deseaba que mi polvo se mezclara con el tuyo
para siempre y para siempre y para siempre.
¿Para qué seguir vigilando?
 
Te fuiste cuando yo tenía dieciseis años,
te fuiste a la lejana Ku-to-yen, junto al río de los remolinos,
y has estado fuera cinco meses.
Los monos hacen un ruido muy triste por ahí arriba.
Cuando te fuiste arrastrabas los pies.
En el portal ahora ha crecido el musgo, musgos
distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!
Los hojas caen pronto este otoño, por culpa del viento.
Las mariposas emparejadas ya amarillean en el agosto
sobre la hierba del jardín del oeste;
me duelen. Me hago vieja.
Si has de venir por los vados del río Kiang,
por favor, házmelo saber de antemano
y yo saldré a recibirte,
iré hasta Cho-fu-sa.
 
Versión de Javier Calvo
 

(Fuente: Alicia Elena Maffei) 

Víctor Coral Cordero (Lima, Perú, 1968)

 

 

POEMA A QUILCA CON CITAS DE PÍNDARO Y CHACHO MARTÍNEZ

 
                                                     𝘌𝘯 𝘓𝘪𝘮𝘢 𝘴ó𝘭𝘰 𝘢𝘮𝘢𝘯𝘦𝘤𝘦 𝘰 𝘴ó𝘭𝘰
                                                     𝘢𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦𝘤𝘦. 𝘕𝘰 𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘥í𝘢.
                                                     𝘊𝘦𝘴á𝘳𝘦𝘰 𝘔𝘢𝘳𝘵í𝘯𝘦𝘻
 
 
Otra vez nos hemos reunido
en torno a una melosa mesa de "Las Rejas":
Josemári recita de memoria a Esther Allison y el chino Broyd
considera en silencio –el gauloises humeante entre sus dedos
de uñas largas –suprimirse del planeta como lo hará
20 años después en un lejano motel de Cleveland - Ohio.
 
De nuevo nos hemos reunido en torno a Juan
con Pancorvo recién llegado del mundo
es decir
de la carpa Grau
adónde ha ido a bailar con el grupo Guinda
y Miguel se ha quedado por allá
en busca de una chica a quien dedicarle un largo y poderoso verso
(Entre las rejas
Kilowatt ha asomado su bella cabeza de rockero andino)
                                                                    Y así íbamos todos
                                                                    despreciando lo que se puede
                                                                    fracasando con fruición
                                                                    en lo que no se puede…
 
Y mientras Juan nos revelaba una vez más
el verdadero origen de Hora Zero
Lucho Luyo y yo hemos considerado
que el país necesita un cambio urgente y radical
así que hemos cambiado las cervezas por el ron...
 
Así he visto que esa noche se acercaba peligrosamente
a la perfección
y por ello mismo la he odiado y he decidido salir del bar
(mi despedida del risueño Pocho Ríos me ha demorado un poco)
a pesar de que –como una aparición– Mary Garay
había llegado de visita
He salido de Las Rejas dejando un olor de cerveza y cigarrillos
tras de mí
con dos millones de intis aún en el bolsillo:
suficiente para comprar un Cienfuegos
y un platillo de rachi con harto rocoto molido
Y cuando cruzaba por Amargura rumbo a Mercaderes
he recordado la cita de Tertuliano –ese tatarabuelo
de los surrealistas– que Pancorvo me dijo antes de irme:
 
𝘾𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙢𝙪𝙧𝙞ó 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙘𝙧𝙪𝙯 𝙮 𝙧𝙚𝙨𝙪𝙘𝙞𝙩ó 𝙖𝙡 𝙩𝙚𝙧𝙘𝙚𝙧 𝙙í𝙖.
𝙇𝙤 𝙘𝙧𝙚𝙤 𝙥𝙤𝙧𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙨 𝙞𝙢𝙥𝙤𝙨𝙞𝙗𝙡𝙚.
 
Y en lugar de sopesar la irracionalidad fabulosa de ese aserto
recordé un antiguo poema mío
tan antiguo como yo ahora pero entonces era joven:
                                Gotas de sangre sobre la vereda rota
                                adónde me llevan esas gotas
                                acaso a un rincón ominoso de esta ciudad
                                donde un cuerpo impregnado de su sombra
                                un cuerpo sin luz que no llegará a ser quien es
                                -cita de Píndaro modificada-
                                repasa hasta los últimos rincones de su vida
                                antes de ser cubierto con una frazada tigre
                                o unos periódicos amarillos
                                donde se puede leer si uno bien se acerca:
 
𝙇𝙖𝙨 𝙘𝙞𝙛𝙧𝙖𝙨 𝙢𝙖𝙘𝙧𝙤𝙚𝙘𝙤𝙣ó𝙢𝙞𝙘𝙖𝙨 𝙨𝙞𝙜𝙪𝙚𝙣 𝙖𝙡 𝙩𝙤𝙥𝙚 𝙚𝙣 𝙨𝙪 𝙖𝙨𝙘𝙚𝙣𝙨𝙤
𝙮 𝙣𝙤𝙨 𝙪𝙗𝙞𝙘𝙖𝙣 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙫𝙖𝙣𝙜𝙪𝙖𝙧𝙙𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙥𝙖í𝙨𝙚𝙨 𝙚𝙣 𝙙𝙚𝙨𝙖𝙧𝙧𝙤𝙡𝙡𝙤...
 
Y así es la poesía
muchos quieren decir lo de adentro
muy pocos buscan mostrar lo de afuera
Y así he caminado por Aldabas
y vuelto sobre mis pasos por Huérfanos
hasta que el alba
ese amigo instantáneo de la vida
como siempre llegó al final de la noche
a extenderme su mano traslúcida
y lavar mis ojos mi voz mi piel
 
Saliendo de Afligidos me ha encontrado el alba
rumbo a Plateros
y he legado mi botella de Cienfuegos a medio acabar
como si de una diadema se tratara
a un habitante de la noche bajo el puente Balta
alguien que me ha dicho de una manera nada pretenciosa:
alto misterio esconde la noche de Lima
pero yo los vendo a 100,000 intis ¿fumas?
Y yo le he preguntado su nombre y me ha dicho:
 
𝙈𝙚 𝙙𝙞𝙘𝙚𝙣 𝘾𝙝𝙞𝙧𝙞 𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙢𝙚 𝙡𝙡𝙖𝙢𝙤 𝙀𝙨𝙩é𝙛𝙖𝙣𝙤
 
y la etimología de su nombre ha revelado más que mil libros sagrados
(Στεφανος: el coronado)
Y he recordado otra vez la cita de Pancorvo –por alguna razón
el rostro de Erika y Martín han cruzado por mi mente–
antes de considerar:
sólo se puede creer en lo imposible
O cambia todo o todo se difumina en humo con el viento
humo de incendios funestos y renovadores
Y antes de abordar un Chino que me acerque a mi buhardilla de Barranco
esta paráfrasis se estrelló una y otra vez contra mis paredes craneales:
Estéfano murió en la vía de Evitamiento
y resucitó en estos versos.
Lo creo
porque es imposible.
 
 
[Víctor Coral. Madrugada del 12 de julio 2025]
 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Osiris Rodríguez Castillos (Montevideo, Uruguay, 21 de Julio 1925 - 1996)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de guitarra 

 

 

CAMINO DE LOS QUILEROS

 

Hay un camino en mi tierra
del pobre que va por pan,
camino de los quileros
por la sierra de Aceguá.
Tal vez, sin ser tan baqueano
cualquiera lo ha de encontrar,
pues tiene el pecho de piedra
pero el corazón de pan.
 
Gurisit'e pierna flaca
Barriguita de melón
Donde hay tanta vaca gorda
No hay ni charque para vos.
Tu bisabuelo hizo patria,
tu abuelo fue servidor,
tu padre carneó una oveja
y está preso por ladrón.
 
Toma café con fariña
y andá guapeando por ahí.
Mañana mate cocido;
pasado, Dios proveerá.
Mañana busco el camino
del pobre que va por pan
Si no me para una bala
pasando te traigo más.
 
Yerba, caña, rapadura,
un rollo'e naco, nomás;
los pobres contrabandeamos
a gatas pa' remediar.
¡Qué gaucho es el tal camino!
Pero duro de pelar.
Camino de los quileros
por la Sierra de Aceguá.
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Vladimir Maiakovski (Baghdati, Georgia, 1893 – Moscú, 1930)

 

 

 



 

EL POETA OBRERO

 

Le gritan al poeta:
"Sería bueno verte trabajar en el taller.
¿Qué son los versos?
¡Vaciedad pura!
Seguro que para trabajar te faltan agallas."
 
Para nosotros, tal vez,
el trabajo es nuestra ocupación preferida.
Yo también soy una fábrica,
y si no tengo chimeneas,
tal vez,
sea peor para mí, más difícil, más doloroso.
Yo sé,
no gusta la frase hueca.
¡Hachar robles, es hacer algo!
Y nosotros,
¿acaso no somos tallistas?
Pescar,
es cosa por cierto muy respetable.
Sacan la red,
y en la red, merluzas.
Pero el trabajo del poeta es más respetable;
pescamos gente viva y no peces.
Trabajar ante el horno,
es trabajo penoso,
y más aún,
templar en el yunque el hierro candente.
Pero,
¿acaso alguien puede acusarnos de holgazanes?
Nosotros pulimos las almas,
con la gubia del verso.
—¿Quién vale más,
el poeta o el técnico,
que conquista para el mundo,
comodidades y objetos?
¡Ambos!
Motores iguales, son sus corazones.
El alma es el mismo móvil astuto.
Somos iguales,
camaradas de la masa obrera,
proletarios de cuerpo y alma.
¡Solos juntos,
remozaremos el universo,
y con marchas iremos cantando!
Nos cuidaremos del diluvio de las frases huecas.
¡Al grano!
¡El trabajo es vivo y nuevo!
A los oradores vacuos, al molino.
¡Que den vuelta la manija de sus discursos!
(1918)
 

 

Traducción Lila Guerrero (Antología poética) 

(Fuente: Cecilia Pontorno)