martes, 15 de septiembre de 2026

Jack London (nacido John Griffith Chaney, San Francisco, EE. UU., 1876-Glen Allen, EE. UU., 1916)

 

 

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MEMORIA

 

Sombrío apuntador de versos olvidados,
Con alas de negra noche,
Robando la luz del día,
¿Por qué has venido
A éste, mi puerto perfecto?
 
Oh, ¿por qué?
 
Oh, ¿por qué?
A éste, mi puerto perfecto,
¿Por qué has venido,
Robando la luz del día,
Con alas de negra noche,
Sombrío apuntador de versos olvidados?
 
 
 
_______________________
en "The Complete Poetry of Jack London", Daniel J. Wichlam, ed., Little Red Tree Publishing, New London, 2007. Versión de Jonio González. En la imagen, Jack London (nacido John Griffith Chaney, San Francisco, EE. UU., 1876-Glen Allen, EE. UU., 1916 / The Independent)
 

MEMORY

 

Grim prompter of forgotten lines
With wings of sable night,
Stealing the light of day,
Why have you come
In this, my perfect port,
 
O why?
 
O why?
In this, my perfect port,
Why have you come
Stealing the light of day
With wings of sable night,
Grim prompter of forgotten lines
 

 

(Fuente: Jonio González) 

José Antonio Mazzotti (Lima, Perú, 22 marzo 1961–Boston, 5 septiembre 2024)

 

 

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Sakra Boccata 

 

21
 

Huele el viento a espuma del Atlántico
La sombra se articula como un rumor extranjero
De campanadas al compás del río
Una extraña picazón le raspa los pies a la ciudad
El Ciego deambula
Preguntando por el otro es el tiempo
       de los Vientos Árticos
Y el Hada Cristalina que toca con su vara erecta
Cuanto en piedra en barro en polvo
Se le tiende y lame
Es el tiempo de la alfombra mágica del último rosal
        el que aún tiene
La yema relumbrante de las cortaduras
Las pasiones secretas y las interrumpidas
Las miradas profundas que por un instante
Arrojan su deseo por la lengua
Es el tiempo es el tiempo —el Hada proclama—
Pidiendo que le rasguen las propias vestiduras
Con las arañas de un pincel
 
Así
Mirábanle y mirábanse alterados
Cubierto el mundo de doradas hojas de crujidos
Y colas acolchadas reventando
 
En la punta las flores encarnadas
Y al centro las agujas retorciéndose
 

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Jordi Doce Chambrelan (Gijón, España, 1967)

 

 

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EN LA DUCHA

 

Ya el agua se despliega por tu cuerpo
con sus redes de espuma y su tenue perfume,
que es el perfume de tu piel desnuda,
de tu piel que revive con el agua
más acá de este día. Desde el vano,
a la confusa luz del despertar
(porque al sueño le cuesta irse a dormir),
te veo enjabonarte muy despacio,
con morosidad casi,
serena en el detalle y la inspección.
Has detenido el tiempo al ignorarlo,
y sólo yo lo advierto,
parado en el umbral que te destaca.
 
Contemplo el agua algodonosa
fluir sin pausa por tus muslos:
dos regueros que llegan al esmalte
y forman un arroyo improvisado.
Van también, con el agua, algún cabello,
las íntimas heridas de la piel
y sus fríos rescoldos.
Se van, como el agua, a ningún sitio,
sin duda reprochando mi insolencia,
mi pie junto a la puerta y este silencio fijo,
que te acoge.
 
Amanece,
y es tu cuerpo también el que amanece
bajo el agua lustral de la complicidad.
No sabías que estoy, y ahora lo sabes,
y te gusta saberlo.
En mis ojos sorprendes un refugio,
la imagen de un deseo que te afirma
(porque el sí que no enlaza no es un sí),
y nada falta en ella,
como en la vida.
 
 
 

REENCUENTRO

 

Ojalá que la noche sea esto únicamente:
la pesada respiración del mar
como un animal torpe y hechizado,
un pañuelo de cuentas negras bajo tu frente,
la dulce sensación de estar a la deriva
contigo, de espaldas a la ciudad,
turbados por el pulso de un amor
que es siempre recomienzo.
 
Así me rindo a la evidencia:
lentamente, el reclamo de las aguas
con que el silencio nos acoge,
sencillo, hospitalario, se desplaza
para dar paso al frágil territorio del tacto
y remediar con él la insuficiencia
con que la soledad y la separación
nos obsequiaron tantos días.
Apenas hay sorpresa en nuestros ojos,
en nuestras bocas poco acostumbradas
al amor. Sólo tú, reencontrado,
recién llegado cuerpo,
podías franquear tan sin esfuerzo
la distancia que lleva a mis sentidos,
podías recibir la plenitud
que en este corazón cansado
dibuja la pasión, el instante más dulce.
 
 
 

AMANECER CON TEJO

 

En sombra, este ramaje
dispone celdas, redecillas,
calladas oquedades
de una penumbra
que la escarcha humedece apenas
con lengua terca y desprendida.
A espaldas de la luz
principiante,
mientras ladran los perros a lo lejos
y el íntimo rumor del aire
aviva los matojos de las lindes,
cuánta noche se anuda aún
en su corteza atenta
como una palabra no dicha,
como una sílaba prohibida
que el alba sólo atina a remedar
con voz y cuerpo largo
de calina.
Grávida, la mañana
desciende, se detiene junto al tronco
como enhebrada a su perfil
negro, fijo,
nocturno,
de dueño que reclama
sin prisa a su lebrel.
 
También sin prisa, yo los miro
absorto en la terraza, con palabras
que el silencio propone
como ciñe el ramaje
esa luz que despierta y, breve, se despereza
tras la primera nube fugitiva.
 
 
 

DESPUÉS DE LA TORMENTA

 

Cuelgan las nubes sobre el día
como una sucia piel curtida
o la panza de un animal
dispuesto para turbios sacrificios
ante los filos de la luz y el frío.
Aún tiemblan los vidrios
con el impacto del pedrisco
y en la aspereza del asfalto
palpita y se deshace
la mínima blancura de los hielos,
como siembra a destiempo
que ni el cuervo siquiera
codiciará.
Pasajera furia
que sobrecoge, súbita, deslizas
en el oído un fondo percusor
sobre el que vuelve a florecer la vida,
feraz como el vapor de los jardines,
mientras arriba
las inquietas puntadas de la luz
abren en la grisalla
la imagen espectral
de un asombro para dubitativos.
 

 

EN LA TERRAZA

 

Suspenso en el polvillo de la luz,
madura el escenario de la tarde,
su armoniosa maraña
(tejados y jardines, el curso del canal
con árboles al fondo,
el parque abandonado)
que implica al que lo mira
en un mapa de ausencias,
donde ceden las formas
al lento escamoteo de sí mismas.
En la frontera ingrávida
que junta día y noche, lo que existe
juega a la inexistencia,
se aventura, tal vez, en el camino
de su disolución. Es una disciplina,
un trato entre el mirar y lo mirado.
Todo aparenta, entonces,
aligerarse, como si en la sombra
latiera aún la levedad del tránsito,
el vuelo irreversible de la luz.
Al fondo, refulgente, la arboleda
destila una vez más esa humedad
que desdibuja el mundo:
coronando sus copas
vuelan los estorninos, se detiene la brisa,
el cielo es un estuario amoratado
que fluye hacia la noche. Todo calla
bajo la fiel marea de la desposesión.
Y éste que ahora se asoma a la terraza,
llevado de la intriga y el asombro,
sabe que en su interior
vuelve a brotar la luz, indescifrable,
lección de permanencia
que enciende la memoria
al apagar el mundo.
 
 
 

ÁRBOL

 

Abro la puerta, y el olor del agua
al horadar la tierra entra en la sala:
lento vapor que liga el aire y deja
una semilla de alegría
en la piel:
pasan las horas,
la lluvia no remite,
la semilla se ha vuelto tallo
y se enrosca en torno a mi cuerpo;
afuera llueve, pero un sol se alza
ante mis ojos, que ya olvidan
el gris vencido de la lluvia:
 
árbol que ofrece luz, no sombra,
bajo sus ramas
sonrío, sin saber por qué sonrío.
 
***************
 
Fuente: Poemas del Alma
 

(Fuente: Oscar Vicente Conde) 

Leonardo Alezones Lau (Venezuela, 1983)

 

 

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LOS VÁMPIROS SIRVEN EL VINO 

 

colgado estoy de mi saco de lágrimas
para volver a pender de un cielo
que va en busca de tan barata cristalería
no me esfuerzo en seguir
al más torturado de sus hijos
y en mi sangre yerra
la tortura de su quimérica viña hecha
aguapié y cáliz
si hoy oro es a
su mudez
de cicatriz
 

(Fuente: El Poeta Del Hongo) 

Pedro Burgos Montero (Puertollano, Ciudad Real, España, 1955)

 

 

POETA

 

Poeta, cuando escribas, no
olvides de poner en la tinta
tu sangre.
No juegues a darle brillo a
las estrellas o a mirar desde
otros horizontes, libérate
de toda seducción fácil,
de toda metáfora fingida.
Sé el peregrino de tus
propios versos, desnúdate,
reza, profundiza en el verbo
como el árbol en la tierra.
 
Poeta, cuando hables de
magia, hazlo ante el espejo
y mira ahí el mundo,
mira ahí el infinito,
todos los colores,
todos los sonidos. 
 
Nonudra. 15.09.2026
 

Louise de Vilmorin (nacida Marie Louise Lévêque de Vilmorin, Verrières-le-Buisson, Francia, 1902-1969)

 

 

 

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ADIÓS

 

Las palabras están dichas, la suerte, echada
De todos los colores, de todas las medidas,
El peligro recoge su ramo,
A los acantilados de la aventura
No volveré nunca más.
Adiós sombrero de capitán,
Adiós alegres madejas de viento,
Estrella Polar, estrella vana,
Un beso hay en el firmamento
De los jardines por donde paseo.
Adiós, barcos dehechos por el día,
La hora esperada ha llegado,
El amor elige mis secretos.
A la torre de las penas perdidas
No subiré nunca más.
 
 
 
_______________________
en "Le Sabe du sablier" (1945), Gallimard, París, 2019. Versión de Sara Conde. Véase también, "Poèmes", con prólogo de André Malraux, Gallimard, París, 1970. En la imagen, Louise de Vilmorin (nacida Marie Louise Lévêque de Vilmorin, Verrières-le-Buisson, Francia, 1902-1969) por Cecil Beaton y por Jean Cocteau.
 
 


ADIEUX

 

Les mots sont dits, les jeux sont faits
Toutes couleurs toutes mesures,
Le danger cueille son bouquet,
Aux falaises de l’aventure
Je ne reviendrai plus jamais.
Adieu chapeau de Capitaine
Adieu gais écheveaux du vent,
Astre du Nord, étoile vaine,
Un baiser est au firmament
Des jardins où je me promène.
Adieu bateaux au jour défaits,
L’heure attendue est bien venue,
L’amour me choisit mes secrets.
À la tour des peines perdues
Je ne monterai plus jamais.
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954)

 

 

 

 

 

 

A veces 

 

A veces
Se dice cuando
no siempre se puede algo
un hábito o costumbre
no muy frecuente
no de todos los días
—tampoco nunca
Se dice cuando de vez en cuando algo
como sentirse triste o solo o feliz o hermosa
sucede como decir cada tanto
un día sí dos no
un día sí tres no
pero no regularmente
no cada dos días
ni cada tres
ni todos los sábados
ni los jueves
ni dos de cada cuatro viernes
sino por ejemplo un viernes
y luego no
y luego, dos semanas o tres más tarde
otra vez
y luego no —cinco días o seis o quince
y luego sí
Suele también suceder
que llegamos a olvidar por un tiempo algo
a alguien
y de pronto lo vemos, pensamos, lo tenemos o recordamos
o echamos
otra vez de menos
después de un tiempo
y después de un tiempo otra vez
y otra vez después de cierto tiempo
O se dice a propósito
de algo que sucede
por lo general en el alma
como un ritmo
o con un cierto ritmo
que por lo general ignoramos
que, más bien, reconocemos
cada vez
y cuando recordamos que cada tanto aparece
que ya van varias veces que aparece y lo reconocemos
entonces decimos que sucede
cada cierto tiempo
cada cierta medida
de un tiempo que desconocemos
como querer cantar o enamorarse
como sucede la lluvia
a veces


En Definicioness mayas
 
 
(Fuente: Eduardo Magoo Nico)