viernes, 27 de marzo de 2026

Francis Ponge (Francia, 1899 - 1988)

 

 

 

 

Los placeres de la puerta

 

Los reyes no tocan las puertas.
 
Ellos no conocen esta dicha: empujar ante sí 
con suavidad o rudeza uno de esos grandes paneles familiares, 
volverse hacia él para colocarlo de nuevo en su lugar, –tener 
entre sus brazos una puerta.
 
…La dicha de empuñar por el vientre, por su nudo de porcelana, 
uno de esos altos obstáculos de una pieza; ese cuerpo a cuerpo 
rápido mediante el cual, detenido el paso un instante, los ojos 
se abren y el cuerpo todo se acomoda a su nuevo apartamento.
 
Con una mano amistosa, él la retiene todavía, antes de empujarla 
decididamente y encerrarse, –de esto, el clic del resorte poderoso 
pero bien aceitado agradablemente lo asegura.
 

[Traducción de Alfredo Silva Estrada]
 

 

(Fuente: La Parada Poética) 

Antonio Arraiz (Barquisimeto, Venezuela, 1903 - EEUU, 1962)

 

 

 

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CANTO A LA REBELDÍA 

 

Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.
 
Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.
 
- Apártate, padre - yo le dije entonces.
 
- Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.
 
En efecto lo era. Él no lo creía.
Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.
 
- Apártate, Padre, - le grité de nuevo.
 
- Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
 
- Mucha vida llevo. No te tengo miedo.
 
Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.
 
¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
 
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.
Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
 
me gritó:
 
Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!
 
 
 
 

OFRENDA

 

A los grandes muertos,
al linaje glorioso,
a los que ven más allá de la muerte,
ofrendo.
 
Sitting Bull, águila.
Moctezuma, príncipe.
Netzahualcoyotl, poeta..
Cuauhtemoctzin, tigre.
Caupolicán. Manco Capac,
a los grandes muertos,
a todos ellos
a los que no conozco, a los muertos oscuros
al alma de la raza,
ofrendo.
 
 
 

MONTAÑAS

 

Con el vaso en la mano, mirando las montañas,
le acaricio el lomo a mi perro.
 
Estas montañas nuestras
del interior,
casi olvidadas de tan familiares,
casi invisibles de tan vistas,
no es seguro siquiera que no sean
enseres en un sueño.
 
Estas montañas hoscas
que se adelgazan,
que se ensimisman en nosotros.
 
Ya sólo acaso una manera
de la voz,
del paso,
del gesto.
 
 
(Fuente: Henderson Espinosa) 
 

Luis Ramos de la Torre (España, 1956)

 

 

4 poemas de ABRIR LA TIERRA 

 

  


 

 

 

CUALQUIER muerte desconoce su identidad.

Cualquier asesinado es uno de nosotros.

De todos nosotros.

Campos López, Hortensio.

Campos Rodríguez, José.

Campos Teijeiro, Estrella…

“Mi querido papá:

-escribía alguien-

En los últimos momentos de la vida

le dirijo esta carta

para darle el último adiós…”



Cela Arias, Estrella.

Cela Gómez, Marcial.

Cela Míguez, Ramiro.



“No siento el morirme,

sólo siento dejar

a su hija, esposa ideal,

buena compañera, la mejor madre,

persona jamás de hacer daño alguno

a nadie…

Nunca creí que en este mundo

hubiese gente tan ruin,

porque le sacan la vida

a la gente que más vale, a la mejor…”

Díaz Díaz, Manuel.

Díaz Diéguez, Manuela.

Díaz Doval, Francisco.



La lista de reclusos es atroz,

inmensa,

y desde la caligrafía del recuerdo hoy llena

las paredes escritas de una celda.



Alonso González, Consuelo.

García Nuñez, Ramón…:

Fusilados.

Y como siempre ocurre,

como dicta natura, al tercer día,

allí nadie resucitó.





………………………………………………………..





 

Y A pesar de seguir abrazando la vida,

un nuevo día

era siempre un día triste.

La aurora seca y el agua caliente

teñida de malta y herida.

Teñida de dolor,

ya de mañana,

en aquel coro de pavor y de hambre.



Desayuno de rabia e impotencia.

La carencia adherida a un bollo oscuro,

único pan de pena hiriente

hasta las siete de la tarde.

Horas de espera cruel, de vacío.



Sed y miedo de vergüenza,

y hedor.

Y el tiempo sin alimento tenaz,

como una losa, siempre en contra.





………………………………………………………………






AÚN en los diarios

hay demasiados huecos por cerrar,

hilvanes sueltos,

rodelas enredadas adrede entre las palabras.



Decir asesinato a secas

es nombrar solo,

de manera puntual,

la muerte violenta,

la poda de la vida a manos de otro,

normalmente emboscado e intrigante.

Decir, sin más,

asesinato,

es definir de repente una opción

que utiliza el poder,

larva de espinos,

y esconde sus intenciones con estrategias

avaladas, pongamos,

por cierta superioridad.



La muerte

de aquellos inocentes “paseados”

en los años treinta, no fue

sólo eso que suena al nombrar

únicamente asesinato.

Al nombrar sólo asesinato,

sin ningún atributo,

se olvida el subterfugio,

se esconden los ardides

de quienes planificaron la acción.

Lo de entonces

fue un proceso pensado

y ejecutado,

contra aquellos tiempos de luz,

contra un posible espacio

para una cultura mejor.



Una encendida decisión,

un carámbano de odios planeado al detalle,

para acabar con la alegría,

para borrar un modo

de pensar y de vivir, al que aún,

a pesar nuestro,

le está costando mucho izarse.



Pongamos, claramente,

que nombrar asesinato, es hablar

más bien de asesinamiento,

o ejecución,

de fusilamiento brutal premeditado.



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COMO una niebla que caldea y sobrecoge,

y casi sin darnos cuenta,

los muertos

siguen en vigilia rondando

en las cenizas de esta vieja casa

que llamamos mundo.

Ya sea

entre los huecos blancos de un poema,

ya entre la greda de una frase por decir.



Considerar la fuerza de su entrega,

secreta luz de savia, es algo más

que un recuerdo crucial o una nostalgia.



Nunca sabremos por qué, pero siempre,

sobre todo en verano

en tiempo de vencejos,

–y así como sucede con las caracolas–

por las tardes parece que desde el campo llegan

extraños rumores sagrados

que siguen alegrándonos la vida.





 

Luis Ramos de la Torre. Abrir la tierra. Ed. Lastura, 2025

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Robert Frost (San Francisco, EE.UU., 1874 - Boston, EE.UU.,1963)

 

 

Robert Frost – Revelación 

 

 

EL MONTÓN DE LEÑA

 

Caminando por la marisma helada un día gris,
Me detuve y dije: «Voy a volverme desde aquí.
No; seguiré adelante… y ya veremos».
La dura nieve me frenaba, salvo allí
Donde de vez en cuando un pie la hendía.
El paisaje era todo líneas rectas de árboles altos y delgados
Demasiado iguales para tomarlos como referencia
Y decir con certeza que estaba donde estaba
Oen cualquier otro sitio. Simplemente me encontraba lejos de casa.
Un pajarillo voló ante mí. Se cuidó muy mucho
De interponer un árbol entre él y yo cuando se posó.
Y no dijo palabra para hacerme saber quién era,
Tan tonto como para pensar lo que pensaba.
Pensaba que andaba yo tras él por una pluma…
La blanca de su cola; como quien toma
Cuanto se dice como referido a su persona.
Una sola volada de través le habría sacado de su error.
Había allí además un rimero de leña por el cual
Le olvidé y permití que su nimio temor
Se lo llevara lejos del camino que habría seguido yo
Sin tan siquiera desearle las buenas noches.
Se fue tras del montón a efectuar su última parada.
Eran haces de madera de arce, bien cortada y rajada
Y apilada… y medida: cuatro por cuatro por ocho.
Y no alcanzaba a ver ningún otro a su semejanza
Ni tampoco rodadas de trineo en la nieve del año, por las
inmediaciones.
Y era más viejo, desde luego, que la corta del presente año
O incluso la del año pasado o la del anterior.
La leña estaba gris, y la corteza, abarquillada y desprendiéndose,
Y el montón como hundido. Las clemátides
Se le enroscaban todo alrededor como cordeles en un fardo.
Lo que le sostenía, empero, por un lado era un árbol
Todavía en desarrollo, y por el otro una estaca y puntal,
Estos a punto de vencerse. Pensé que sólo alguien,
Trabajador en casa ajena, requerido por nuevos quehaceres,
Podía olvidar así la obra de sus manos
En la que puso lo mejor de sí mismo, el trabajo del hacha,
Y abandonarla allí, lejos de un llar donde se aprovechara,
Para que calentase el cenagal helado lo mejor que pudiera
Con la morosa combustión sin humo de las decadencias.
 

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Diego Brando (Córdoba, 1987)

 

 

 

MOSCA POSADA SOBRE UN VASO ROTO



*

Entre tomar aire y exhalar

la totalidad del mundo. Como furias,

mastines detrás de una presa demasiado

veloz. Ruidos de fondo, frecuencias,

llovizna. La presencia sobre lo que

no existe, pero ocupa la mente.

Voracidad y una inquietud de mármol.

O como un cuadro que no se comprende.

*

Darse cuenta de vivir en el error puede traer

fantasmas del pasado, una acumulación de pesadillas,

la seguridad de haber conducido a la familia al lado oscuro

del río. No se comprende el mundo desde el silencio

y tampoco se lo imagina sin sus cadáveres. Aquí la piel                     

al calor de la arena, las disculpas y el anzuelo en busca

de un pez que lleve la carnada al fondo; y que el paisaje

se disipe como quien grita desde un puente, tierra

en movimiento por el discurrir de los insectos. Buscaba

la noche y apareció el desierto, manos en la arena, huesos.

*

Una incertidumbre diferente cada día,

la del extranjero que visita sitios en donde un edificio,

un lago y una autopista pueden resultar extraños;

así la punzada de una lanza en mi costado.

Suena todo alrededor, aunque solo sea silencio o aire

en donde se medite una alternativa a las palabras,

al bosque alrededor del barro. Y bajo la parra el rayo

quemando cada hueso que da su cara al sol, la intermitencia

de los insectos. Aquí la verdad solapada, una evidencia,

cabras que aparecen en sueños, la pesadez del mundo.

*

Aquí la maleza sostiene

árboles, distantes aunque cercanos

como gacelas que atrae la mente.

En todo su esplendor el delirio

parte de un recuerdo;

y en la sangre y en el sudor brotan

pensamientos que de ser ciertos

darían miedo. Si ustedes tan solo vieran,

es como si se creara de nuevo el mundo.

*

Mosca posada sobre un

vaso roto y el vacío

de la mente, una pulsión

hacia lo perfecto e inacabado.

Y detrás plantas, un limonero,

reptiles del período Triásico,

en una selva donde

desperdigados los objetos

causan esplendor, bestias

púrpuras. Y la obsolescencia del ser,

sus miasmas y su comprensión

de lo sensible hasta despertar

a los gritos o en silencio.

Abiertas las compuertas, puede

venir fría el agua y traer calma

o escalofríos de música pagana,

aunque el sol agriete la piel

y el barro y den las horas

su mueca de víspera, su canto.

*

¿Qué voz oír cuando

el aire es frío

y la niebla un animal?

.

En los pliegues

de la noche

se ilumina el día,

.

astros penden

y la luz

que deviene sangre

.

es lo opaco del viento

en donde

aparece un hombre,

.

y en sus pupilas

la forma del mundo

en donde todo fuego cabe.

*

Hubo aquí belleza y telas que envolvieron árboles

y hombres percutidos por el frío; y dentro de nosotros

las melodías del cangrejo en su vuelta a las aguas,

al borde mismo de los acantilados y sus rocas, voces

que hicieron de la mente su morada, el acto de una

intuición hecha a medida de lo alucinado. Llantos

en ceremonias de sal, puras de tanto detenerse

contra el suelo a esperar el ocaso, su desborde.

*

Después de (disculpas) haber dejado

la casa y la psiquis de mis seres queridos

hechas escombros y (también) polvo,

tengo el deseo de construir. Aunque

el presente sea polvo y escombros

y el futuro un agua de río que corre

a trasmano de los campos y el ganado,

la idea en mi cabeza surge reluciente.

Porque hasta aquí llegué (disculpen)

a rastras y no de una forma al menos

elegante; hubo errores, un manicomio

repleto de fantasmas, (hubo, señores) realmente

calamidades y formas de morir.

Y quiero, con el fervor de quien decide

qué hacer de ahora en más, dar el salto.

(Cerca se escucha la risa de las aves).

Porque hay un comienzo y un final y en medio

una montaña (disculpen) de cadáveres.

*

Hojas que el viento trajo

hasta la sombra de un árbol

mueren como perlas en el fondo

de un mar iluminado.

Y el correr de la arena

hacia la playa trae

el color confuso de los peces;

joyas que el sol muestra

ante la aparición de las estrellas.

Mundo que no comprendo y amo.

***

Los poemas presentados pertenecen al libro Un cuadro que no se comprende, Diego Brando (Vilnius Editora, 2025)

 

(Fuente: Música rara) 

Nahui Olin (Carmen Mondragón (México, 1893

 

 

Nahui Olin — AWARE Mujeres artistas / Femmes artistas 

 

 

 Óptica cerebral:

 

Bajo la mortaja de las leyes humanas, duerme la masa mundial de mujeres, en silencio eterno, en inercia de muerte, y bajo la mortaja de nieve

son la Iztatzihuatl,
en su belleza impasible,
en su masa enorme,
en su boca sellada
por nieves perpetuas,
por leyes humanas.

Más dentro de la enorme mole, que aparentemente duerme, y sólo belleza revela a los ojos humanos, existe una fuerza dinámica que acumula de instante en instante una potencia tremenda de rebeldías, que pondrán en actividad su alma encerrada, en nieves perpetuas, en leyes humanas de feroz tiranía. Y la mortaja fría del Itzatzihuatl se tornará en los atardeceres en manto teñido de sangre roja, en grito intenso de libertad, y bajo frío y cruel aprisionamiento ahogaron su voz; pero su espíritu de independiente fuerza, no conoce leyes, ni admite que puedan existir para regirlo o sujetarlo bajo la mortaja de nieve donde duerme la Iztatzihuatl en su inercia, en nieves perpetuas.

 

 (Fuente: malba.com.ar)

María del Carmen Colombo (Argentina, 1950)

 

 

"Ofelia empleada en una carnicería..."

 

 


 
 
 
 
Ofelia empleada
en una carnicería
frágil entendimiento
como la vida del dueño
su decrépito padre

Eso dicen las clientas
que andan —según ellas—
seguras porque sus padres
ya no las siguen

cuando escuchan los gritos
vacunos de Ofelia:
padre/ por qué/no me ayudas

"Frías espectadoras
siempre lejos de casa
nuestro drama no es: eso decimos
en voz baja
como el viento a las huellas
no es, no es, no
Eco
del eco de una vida
esa mujer atada
como una res

al padre
carnicero
nuestro drama no es"

Y sus miembros sintieron
esta marcha temprana de la ausencia
hasta gemir y suspirar
eternamente por ser
adoptada,
                amor
amor recuerdas
cuando juntos
cruzamos el umbral
el uno para el otro
y el otro para
pero juntos
¿lo recuerdas?

Ah unidad
tus alas sobre la cima
del abismo
¿pero es que nunca
han visto
en el blanco mostrador de un espejo
su imagen res trozada
balbuceando no entiendo
lo que hago
no puedo, hilar nada con
nada?,

ilegible, ilegible
me dijo Él
tus pies son demasiado grandes
y manos de muchacho
no hacen juego
con el cuello tan corto
tu boca garabato
un yo tan débil, ah,
me dijo el omnisciente
¡mamarracho!

Carniceros fetichistas,
¿esto querían para mí?

Pura miel de cuidados
leche pura por mis ojos corre
antigua diosa madre, ten piedad

"Y si dieras la espalda como nosotras?
Nuestro camino es limpio
seguro como una playa... No hay piedras
tibias por el sol, ni arbustos donde descansar
pero tampoco sombras. Lejos de casa
nuestro drama no es —repite con nosotras—
como el viento a las huellas
como el viento a las huellas..."

                ¿Gracias, entonces? ¿Arrivederchi, adío,
                entonces...? ¿Buenas noches, dulces señoras,
                good night, ladies, good night?
 
 

María del Carmen Colombo en Bestiario sentimental, incluido en Poetas argentinas (1940-1960) (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006, ed. de Irene Gruss).


 (Fuente: Asamblea de palabras)