viernes, 12 de junio de 2026

Giuseppe Ungaretti

 

 

A la memoria

 

                        Locvizza, 30 de septiembre de 1916
 
 
Se llamaba
Mohamed Shab
 
Descendiente
de emires nómades
se suicida
porque se quedó sin
Patria
 
Por amor a Francia
se cambió el nombre
 
Se puso Marcel
pero no era francés
ni tampoco sabía ya
vivir
en las tiendas de los suyos
donde se escucha la cantilena
del Corán
saboreando un café
 
Y no supo
derramar
el canto
de su abandono
 
Lo acompañé
junto con la encargada de la pensión
donde vivíamos
en París
en el nro 5 de la rue des Carmes
callejón empinado y sórdido
 
Reposa
en el camposanto de Ivry
suburbio donde parece
siempre
ser el día
de
desmontar la feria
 
Y quizás yo sea el único
que sabe todavía
que esa persona
alguna vez existió
 

Traducción: Jan de Jager

 

Lauren Mendinueta (Barranquilla, Colombia, 1977)

 

 

UN POEMA DE DEL TIEMPO, UN PASO

 





Si fuera posible




Quiero una página en blanco para escribirte un poema de amor,

un espacio limpio en el que el pasado no haya puesto su mano.

Para escribirlo necesitaré toda la mala memoria de la que dispongo,

y la mirada sesgada que te dediqué la primera vez que te vi.

Será un poema soleado, lleno de pájaros

y con un árbol para que te recargues.

Se parecerá mucho a mis primeros versos,

tendrá la inocencia de las lecturas infantiles

y la insolencia de creerme poeta.

En él te nombraré con todas las palabras dulces que no usé antes

y seré capaz de llevarte en brazos.

En mi poema no habrá ayer ni mañana,

caminaremos en el espacio claro y manso del ahora.

Mejor si es en verso libre para que no sientas que quiero atraparte,

y mejor aún si entre sus líneas deseas que te atrape.

Hay un poema de amor que quiero escribir

para celebrar tu espléndida compañía,

un poema como mar, como bosque, como acantilado,

un poema isla única en el que jamás nos separaremos.




Lauren Mendinueta

Del tiempo, un paso


Prólogo de Nuno Júdice


Difacil

 

                 (Fuente: Papeles de Pablo Müller) 

Jesse Lee Kercheval (Fonatainebleau, Francia, 1956 / Vive en EEUU)

 

 

Aprender a pensar igual que una montaña

El caos es fácil:
¿acaso no escuchás por todas partes
ese triste zumbido de las vidas que se ahogan?
La verdadera tarea,
que no es una tarea para la escuela,
consiste en aferrarse a nuestros hijos,
nuestras más diminutas posesiones,
y no dejarlos que se sumen
a las desapariciones
rutilantes?

Soy la mujer
cuyo trabajo
es proteger
una de esas vidas
que acaba de llegarme,
en hacer de mi amor
un balcón con la baranda altísima
que no pueda saltar
nadie que busque abandonar este universo
por otro.

¿Y qué otra cosa es una vida
sino una burbuja
que flota?
Y si se revienta,
cuidado con los pedacitos rojos.
Rezo porque mi hija
permanezca en la tierra,
la ato con las vistosas
cintitas del amor,
del grosor de las enredaderas.

Si me imagino a Dios
pienso que debe ser una persona con un trabajo
tan difícil como la maternidad.
Un cartero que,
escrupulosamente
y con cariño,
se ocupa de que la tarjeta de cumpleaños,
el billete doblado,
la muñeca del mundo,
el futuro esplendoroso,
lleguen a la casa
del nene
que se peló los codos
de esperar.

Así que basta de saltar,
para arriba
y para abajo,
quiero hacer de mi cuerpo
una pirámide menor,
aprender a pensar
igual que una montaña.
Mi amor por mi hija:
una rebanada bien gruesa de pan;
una cabaña de madera;
una mascota que justifica
lo gastado en mantenerla;
una mantita
de lana bien gruesa;
así de fuerte, así de duradero.
 
 Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
 

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jueves, 11 de junio de 2026

BarnabéLaye (Porto Novo, Benin, 11 junio 1941)

 

 

 

 


 
Esta es la tierra
En el ojo del ciclón
Vencido por la mala vida
la malaria
La extrema enfermedad 
 
Esta es la tierra
Clavada en el silencio
Las botas y los Kalashnikov 
 
El país
En agonía
La espada sobre la cabeza
Como un cuchillo 
 
El país
En la camisola de los malos sueños
Perdida la vergüenza
Sin miedo y sin esperanza
*
Esta es la tierra
En la pendiente oscura del mundo
Con la nostalgia
Al centro del corazón
De los tiempos pasados
Tiempo de soles impetuosos
Tiempo de imperios y de reyes
Tiempo de epopeyas y de las Amazonas
*
 
Les hablo de un país
En camino desde hace tanto
Cazador en el bosque de los sueños
Siempre en camino con la muerte
Incansable buscador de sueños
Dónde, dónde va
*
 
El crepúsculo cae sobre el país
Como un sol que muere
Como la luz que agoniza
Y nuestros ojos no saben ya leer
Los augurios en el vuelo de las aves
 
(Traducción: Luisa Futoransky, argentina)
 
Requiem pour un pays assassiné / Réquiem para un país asesinado (1999) Saint-Ouen: La guêpe cartonnière / Tipos Editores, 2010, pp. 51-54
 

(Fuente: Óscar Limache) 

Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, 1937 - París, 2005)

 

 

Juan José Saer - Octubre en Tostado 

 

 
En uno que se moría
mi propia muerte no vi,
pero en fiebre y geometría
se me fue pasando el día
y ahora me velan a mí...
 
 
(Fuente: Dolores Reyes) 
 

Marie Howe (Rochester, Nueva York, EEUU, 1950)

 

 

EL BUEN LADRÓN

 

 

 

MUERTE, LA ÚLTIMA VISITA


Al escuchar un apagado gruñido en tu garganta, vas a saber
                                                [que empezó.
No tiene nada que preguntarte. Sólo tiene algo para decir y 
va a hablar en tu propia lengua.

Con el brazo cerrado en torno a vos, va a agarrarte tanto
                                        [tiempo como quisiste. 
Sólo que esta vez va a durar el tiempo suficiente. No va a ceder. 
Con tu cara enterrada en su hombro oscuro, vas a oler barro y
                                        [pelo y agua.

Vas a sentir el gusto del pezón agrio de tu madre, de tu verga
                                           [salada favorita
y vas a tragarte una palabra que creíste que ibas a escupir una
                                              [vez y listo.
Por los ojos cerrados a medias vas a notar que su sombra se ve
                                               [como la tuya,

encajan a la perfección. Podrías llorar agradecido. Va a
                                               [agarrarte
como más te gusta, de manera tan fuerte y rápida como un
                                      [cachetazo en tu cara,
o de manera tan dulce y lenta que vas a gritar dámelo dámelo
                                      [hasta que lo haga.

Nada va a alcanzar nunca esta hondura. Nada va a apretar
                                      [nunca tan fuerte.
Por fin (las nenas están aplaudiendo, están gritando) alguien
                                                    [ajustó
el cordón de tu bolso de gimnasia hasta dejarlo bien cerrado y
                                             [tirante. Por fin
alguien ató el cordón de tu zapato de modo que nunca se va a
                                                [desatar.
Todavía mientras entrás en eso, todavía mientras empezás a
                                          [sentir el freno,
vas a silbar asombrado por entre los restos de tus dientes oh,
                                                     [jesús

oh, mi amor, oh, madre santa, nada nada nada se sintió nunca
                                                [tan bien.



DESDE NINGÚN LUGAR


Creo que el mar es un maestro inútil, que se lanza y cae 
sin que el clima importe, mientras que nuestras vidas son más
                                                 [bien lagos

que se abren en una constante y confusa primavera. Escuchá, 
llega un día que decís lo que todo el invierno

tuve intención de preguntar, y un crujido retumba y hace eco 
donde el hielo parecía sólido, dispersando a los patos

y dejándonos medio muertos de miedo. En Vermont, soñaste 
que desde la cima de una colina y a través de un barranco

veías luces tan familiares que podrían haber sido las nuestras 
que brillaran volviendo del futuro.

Y al despertar caminaste hasta ahí, hasta el lugar verdadero, 
y, como sólo se veían árboles, volviste desolado

con un presagio en el que ambos llegamos a creer.
Sin embargo, esta mañana, descendió un día amable, desde
                                            [ningún lugar,

y, al preparar el café del modo acostumbrado, tomando las
                                                  [medidas
con la cuchara de madera, me acordé,

así es como ocurren las cosas, taza a taza, un gesto familiar 
detrás de otro, ¿qué más podemos saber de la seguridad

o de lo fructífero? Caminamos con pasos delicados en 
un deshielo tan lento como febrero, vadeando corrientes

que nos sorprenden con su repentino calor. Acordate, 
la semana pasada todavía te levantabas silbando en busca de
                                                 [un pájaro

que milagrosamente había escapado de su jaula, y mirá, hoy, 
una golondrina vino a asentarse detrás de este desagüe
                                                [alquilado,

apretaba una rama del doble de su tamaño en el pico,
                                            [tambaleándose
por el peso, de manera tan delicada, tan precaria, según parece

desde acá, sosteniendo en su boca todo lo que sabe de la
                                             [esperanza.



DISCULPA


Las sombras volvieron, rodeando la habitación como luces de
                                                      [faros.
Es por esto que te dejo, repentino octubre, las hojas que se
                                                     [queman,
un choque de bicicleta y portazos en la cocina, los chicos que se
                                                     [alborotan
en el bosque del fondo.

Mi madre, parada junto al horno, levantó la cuchara, dispuesta 
a hacer una pregunta, como mi padre, la última semana de su
                                                  [vida, que
andaba de una habitación a otra casi satisfecho, pero en busca
                                                     [de algo
una cosa más que no alcanzaba a recordar.

Sin embargo, todo esto fue hace años. Anoche, en un sueño, mi
                                                       [padre
se negaba a representar al Rey Lear. Se había casado con otra. 
Ella estaba entre bastidores, envuelta en un viejo abrigo de
                                              [tweed, mirando
su reloj. Ya los hechos se disimulan.

Incluso ahora, que me deseás, mi madre revuelve el asunto 
dentro de la sopa caliente mientras la boca de mi padre se
                                                       [cierra,

los ciento nueve años que hay entre ellos dos se alejan
                                                 [caminando
como un hombre que golpeó a la puerta equivocada.


Los chicos, que cruzan la calle detrás de él, haciendo ruidos
                                           [suaves y toscos,
crecen hasta que las zapatillas aprietan. Mi hermano ya lleva 
su aspecto nervioso. Están quemando las hojas. El año que
                                         [viene, incluso eso
va a ser ilegal.


Entendelo, te amo, incluso cuando me alejo de vos de este
                                                    [modo,
tropezando sin aliento por una calle opaca que se desvanece,
                                                     [atrás
de un hombre que mira de reojo los números de las casas,
                              confundido, a punto de decir

algo que casi llego a escuchar.



GRETEL, DESDE UN REPENTINO CLARO DEL BOSQUE


No había camino de vuelta entonces, te acordás, lo decidimos, 
sino hacia adelante, hacia lo profundo de un bosque

de un verde tan oscuro, tan ensordecedor con el canto de los
                                                    [pájaros                     
que me tapé los oídos.

Y esa alta campanada en la noche,
¿eran las estrellas en realidad o alguna música

que se metía en nuestras cabezas como un sueño? 
Creo que debíamos estar muy cansados.

Creo que una parte desprendida de mal modo 
al inicio tuvo que ser lo que nos dejó tan hambrientos

volvimos a un camino que ya no estaba 
y nos perdimos el uno al otro, mientras mirábamos.

Dije tu nombre una y otra vez 
y sin embargo no viniste.

De noche, les tuve miedo a los perros negros 
y muchas veces te soñé cerca de mí,

pero aun entonces siempre estabas bajando 
por el denso pasillo de árboles.

A la luz del día, cada árbol se convertía en vos. 
Y, disimulando, besé mi camino a través
del bosque, hasta que dejé de disimular 
y caí, al fin, acá.

Acá también hay padrastros y pan 
que leva y tantas otras personas

que tal vez no me encuentres al principio. Dicen 
tu nombre cuando lo digo.

Sin embargo, yo me acuerdo de vos antes de que te
                                      [transformaras

en una historia. A veces, siento una espina en el pie 

y no hay espina. Me dicen,
no sin amabilidad, que acá no tendría que imaginar nada.

Sin embargo, creo que todavía estás vivo.
Quiero hablarte del tamaño de la bruja

y de lo linda que es. Quiero contarte
que los cuchillos de la cocina sólo se ven amigables,

tienen vida propia,
y decirte que no deberías sentir culpa,

no por el pan que comimos y pensamos 
que derrochábamos, no por haber vuelto solo,

y que recuerdo cómo nuestras sombras caminaban 
siempre delante de nosotros, y eso daba una pista,


y también hay otras pistas
que parecen un sueño, pero no lo son,

y que tengo cada día 
menos miedo.



CARTA A MI HERMANA


Llevábamos una vida en la superficie.
¿Cómo podría haber imaginado yo tu habitación oscura?

Te cuento que dormía entre los brazos del haya de los
                                               [escalones,
adonde ni siquiera la luz adormecedora de la cocina 
podía llegar temblando.

Sin embargo, esto también es ficción.

Dormía con miedo. Entonces, además 
la bestia se agazapaba frente a mi puerta 
gimiendo

y, es verdad, a veces 
te entregué a él.

Discúlpame por las circunstancias de mi vida.

Nadie nos contó esto, 
no existe esa cosa de la familia.

De todos modos, hoy me llega tu voz 
intencionalmente a través del cable

y yo, todavía con más edad que vos, 
contesto.

Tal vez éste sea el amor que conseguimos.
Y, si con nuestras palabras la casa de cristal se resquebraja 
y cae,

hablando de este modo nos mantenemos a resguardo 
mientras las esquirlas se ciernen sobre nuestras singulares
                                                [vidas.



PENA


Entonces ahora tiene nuestra completa atención y nos
                                           [reestablecemos.
La tomamos en nuestras manos como una soga, agradecidos y
                                                [atados,
libres de esperar que ocurra. Ya está acá, exactamente 
como imaginábamos.

Si el hombre murió, si la enfermedad del chico tuvo un
                                               [repentino
cambio, si la casa se incendió en mitad de la noche 
en invierno, hay por lo menos una clase de interrupción que va 
a tomarse como paz.

Ahora, cuando hablamos, lo hacemos muy seriamente y,
                                              [cuando
tocamos, lo hacemos con nuestros propios dedos y, cuando
                                                [oímos,
lo hacemos con nuestros grandes ojos que miraron una cosa 
y no parpadearon.


Ya no hay ningún motivo para desconfiar de nosotros. Cuando
                                                [se aleje,
va a alejarse como el verano y vamos a recordarla como una
                                                [pausa
en medio de algo que pareció tan implacable como la lluvia que
                                               [se acerca
y vamos a lamentarnos al ver que se va.


(Del libro homónimo, 
Postales Japonesas,
Editora, 2021)
Marie Howe


(Traducción de Salvador Biedma)
  -Edición no bilingüe)


Marie Howe nació en Rochester, Nueva York, Estados Unidos, en 1950. Fue la mayor de nueve hermanos en una familia católica. Es una destacada poeta estadounidense, reconocida por su estilo directo y emotivo que explora el duelo, la cotidianidad y la espiritualidad. Fue Poeta Laureada de Nueva York (2012-2014) y es famosa por obras como What the Living Do, escrita tras la muerte de su hermano por sida, en 1998, su segundo libro de poemas. Su poesía aborda la pérdida, el amor, la vida cotidiana y la experiencia humana con un tono conversacional. Howe es autora de New and Selected Poems (WW Norton, 2024), ganador del Premio Pulitzer de Poesía 2025. Ha sido preseleccionada para el Premio Nacional del Libro. Obras destacadas:  Su primer libro, El buen ladrón, fue elegido por Margaret Atwood en 1988 para aparecer como parte de The National Poetry Series. En 1994, Howe estuvo a cargo con Michael Klein de In the Company of my Solitude (En compañía de mi soledad), una antología de testimonios y ensayos relacionados con el sida. Además publicó:  The Kingdom of Ordinary Time  (WW Norton, 2009), finalista del Premio Literario del Los Angeles Times ;[El reino del tiempo ordinario), de 2008, y Magdalene, de 2017, preseleccionada para el National Book Award. Fue poeta laureada del estado de Nueva York entre 2012 y 2014, y recibió otras importantes distinciones. Actualmente se dedica a la docencia universitaria.


(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites)

 

Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940 - Barcelona, 1985):

 

 

 


 

Unas bolitas de mercurio

                                                       a Susana Cerdá
 
 
Cuando la pasión se hace fuerte, pero muy fuerte,
El cielo monta su gatillo
Y entonces estamos perdidos
Mi muy querida
Más, tal vez, nos valdría…
¡Oh, no, nada nos valdría!
(Salvo este gustito de perecer en el intento)
Porque la cuestión es nuestro galimatías adrede.
Claro: no hay cuestión.
Aunque (jamás escribir aunque)
¿Por qué no hay cuestión?
No me preguntes, querida
Ya estoy un poco harto de tus preguntas
¡Aunque!
Igual te amo al calor del diálogo
Y, y no nos entendemos
Prefiero tus pies de monja sobre la boca
“Del que no sabe pensar”
Yo
Electrizantes pies de monja
Cada uno de tus hermosos pensamientos
Los tiraré a la basura
¡Aunque!
Porque siempre estaré a tu lado
Millones de lados
Una sola mujer
¿Dónde estás, paradisíaca?
 
************
 
 
Envuelto en una paz apocalíptica
el tipo miraba la cocina,
las hornallas, el fuego encendido:
la cocina, empapelada ciertamente
con hojas o páginas
de diarios y revistas.
Él no había merecido la estrella de la mañana,
eso es claro, y no era (ni siquiera)
el primogénito de la muerte.
La vida pasaba como un lago.
Las orillas tensas, el centro mudo.
Agua ciega, pobre y cercada.
Aquel que ayer nomás decía
tomaba ahora mate eternamente
y leía novelas de vampiros.
Televisión y fármacos: la perfección
quedó en anhelo.
Renacerá el amor con la próxima guerra.
Y en un entonces sin entonces,
con un Dios pifio que siempre tarda,
entonces se apoyará en sus muletas
y abrirá el pico como una gaviota
y derribará las puertas del paraíso,
antesala del infierno.
 

(Fuente: Cecilia Pontorno)