martes, 24 de marzo de 2026

Guillaume Apollinaire (Roma, 26 agosto 1880–París, 9 noviembre 1918)

 

 

A Jean Cocteau: y otros poemas (Colección Abracadabra, 2026) 

 

 

Los jóvenes y los muy feroces van a «entender» a Guillaume Apollinaire.

Ezra Pound

 

Apollinaire fue el primero en saber cómo ir más allá de imitar a los simbolistas y, poco a poco, aportar algo diferente. Sacaba lo que necesitaba, sin parecerse jamás a ellos, de aquellos que podían ser una fuente, y así se convirtió en él mismo.

Pierre Reverdy


 ​​​​​

Nota preliminar, A Jean Cocteau (y otros poemas)

La obra poética de Guillaume Apollinaire es bastante diversa, oscilando entre la tradición y una modernidad deliberada — por no decir extrema.

Esta antología, sin embargo, reúne los poemas que más me gustan de Apollinaire. El común denominador de todos ellos es que se trata de un momento de transición de su obra (del paso de la tradición a la modernidad, obras como Alcools, Le Guetteur mélancolique), donde el poeta recurre a pausas versales, espacios en blanco, economía visual y omisión de puntuaciones. Finalmente, todos aportes para la poesía moderna que no desbocan o pulverizan tanto el género literario (como hizo más tarde en Calligrammes).

Esto es algo que señala muy bien Pierre Reverdy en L’Information en 1918 tras la muerte del poeta, texto que decidí traducir y presentar en esta edición en materia de prólogo.

Apollinaire recurre a lo que llamaríamos imágenes de violencia, con el fin de subvertir el mundo aceptado, el mundo de la realidad, y sustituirlo por el mundo del poema, que fonéticamente fluye por sí solo, abriendo y entrecerrándose entre rimas (niché / perché – tombeau / chapeau) y aliteraciones (vécu / Amérique).

Luego llegan otros extremos, o mejor dicho, otras artes, más visuales que musicales. Creo que Pierre Reverdy acierta en concluir: “Hoy podemos juzgar, sin prejuicios, que es en estas dos manifestaciones de su talento que debemos elegir lo que quedará de él, más allá de él y más allá de nosotros mismos”.

Juan Arabia

 

 

CUERNOS DE CAZA

 

Nuestra historia es noble y trágica
Como la máscara de un tirano
Ningún drama accidental o mágico
Ningún detalle insignificante
Hace que nuestro amor resulte patético

Y Thomas de Quincey tomando
El dulce y casto veneno del opio
Soñaba con su pobre Ana
Pero pasemos pasemos ya que todo pasa
Aunque a menudo vuelva hacia atrás

Los recuerdos son cuernos de caza
Cuyo sonido muere en el aire

 

CORS DE CHASSE

 

Notre histoire est noble et tragique
Comme le masque d’un tyran
Nul drame hasardeux ou magique
Aucun détail indifférent
Ne rend notre amour pathétique

Et Thomas de Quincey buvant
L’opium poison doux et chaste
À sa pauvre Anne allait rêvant
Passons passons puisque tout passe
Je me retournerai souvent

Les souvenirs sont cors de chasse
Dont meurt le bruit parmi le vent

 

LA GRENOUILLÈRE

 

En el borde de la isla vemos
Las canoas vacías que chocan entre sí
Y ahora
Ni los domingos ni los días de la semana
Se pasean los pintores ni Maupassant
En sus canoas con los brazos desnudos junto a tetonas
                                  Tontas como piedras
Pequeños barcos cuánto me apenan
En el borde de la isla

   

LA GRENOUILLÈRE

 

Au bord de l’île on voit
Les canots vides qui s’entre-cognent
Et maintenant
Ni le dimanche ni les jours de la semaine
Ni les peintres ni Maupassant ne se promènent
Bras nus sur leurs canots avec des femmes à grosses poitrines
                                  Et bêtes comme chou
Petits bateaux vous me faites bien de la peine
Au bord de l’île

   

HOTEL

 

Mi habitación tiene forma de jaula
El sol pasa su brazo por la ventana
Pero yo que quiero fumar para crear espejismos
Enciendo mi cigarrillo con el fuego del día
Yo no quiero trabajar quiero fumar

   

HÔTEL

 

Ma chambre a la forme d’une cage
Le soleil passe son bras par la fenêtre
Mais moi qui veux fumer pour faire des mirages
J’allume au feu du jour ma cigarette
Je ne veux pas travailler je veux fumer

   

A JEAN COCTEAU

 

El pequeño dios egipcio
Que enviaste a mi esposa
Se encuentra ahora entre
Los dioses negros y sus cantatas

En silencio se alzan en coro
Los escucho tengo buen oído
Este coro de dioses me conmueve
Y quiero transcribirlo a la perfección

Mi querido Cocteau ven a verme
Ahora estoy en las colonias
Estoy allí mañana y noche protegido
Por los dioses de mis Mauritanias

Y qué más puedo decirte
Me leerás el jeroglífico
Y las dos A que he leído bien
Con las que adorna sus hombros

Hablaremos de tus proyectos
De Egipto y de Asia y de todos
Los dioses nuestros súbditos
Nosotros los reyes de la poesía

   

À JEAN COCTEAU

 

L’Égyptiaque petit dieu
Qu’à ma femme vous envoyâtes
Se dresse à présent au milieu
Des dieux nègres et leurs cantates

Muettes s’élèvent en chœur
Je les entends j’ai fine oreille
Ce chœur des dieux touche mon cœur
Je veux le transcrire à merveille

Mon cher Cocteau venez me voir
C’est maintenant aux Colonies
J’y suis le matin et le soir
Protégé par les dieux de mes Mauritanies

Et que vous dirais-je de plus
Vous me lirez l’hiéroglyphe
Et les deux A que j’ai bien lus
Dont les épaules il s’attife

Nous parlerons de vos projets
De l’Égypte ou bien de l’Asie
Et de tous les dieux nos sujets
A nous rois de la poésie

   

 

(Fuente: Buenos Aires Poetry)   

   


 

Luis Ramos de la Torre (España, 1956)

 

 

BENDITA 

 

  


I

 

BENDITA la casa que acoge la tierra en que se alza la hura silente del TOPO.

La arena, el cimiento que alienta y aviva la horrible rutina y la huella de un tiempo culpable y voraz. La tristeza, el destierro insondable de la claridad herida y en ascuas. La parábola amarga de la sombra obsesiva. La angustia en su yermo doliente gota a gota servido. Su cruz.

Bendito lo oscuro alumbrando en su trémulo sol.

TOPOS, irremediablemente, TOPOS. Abnegados TOPOS.

Manuel Piosa Rosado, El Lirio o Quemachozas,

Miguelico, el Perdiz, el furtivo, Miguel Villarejo.

El TOPO no agrede, no araña es quietud aprendida, la-tencia; no tiene la mirada aviesa que siempre mantienen los grandes traidores a las causas nobles. Busca, necesita, proclama ser libre de nuevo, evitar los estragos de un des-tierro sombrío, de una desazón que ahoga y maniata. Mie-do y aliento que crece y se alivia en el sordo latido de esa herida continua que escribe en el aire.

Manuel Serrano Ruiz, El Anarquista Solitario.

Manuel Corral Ortiz, El Topo Azul.

Bendita la tierra, su esencia cómplice, austera y salvadora, El frío manso de la piedra que avienta y labra su agitada intemperie. La libélula de agua inscrita en el sílice. El abrazo





Luis Ramos de la Torre. Abrir la tierra. Ed. Lastura, 2025

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Mohammed El-Kurd (Palestina, 1998)

 

 

 

 

"Nacidos el día de la Nakba"

 


 
 
 
Tu crueldad reescribió mi autobiografía
en versos viscerales
cuchillas en la lengua,
una boca preñada de
truenos.

Tu crueldad me dijo que siguiera
adelante,
que mirara,
que escuchara.

Nací en el cincuenta aniversario de la Nakba
de una madre que recogía aceitunas
e higos
y otros versículos del Corán,
watteeni wazzaytoon (1).
Mi nombre: una bomba en una habitación blanca,
una sospecha que camina
en un aeropuerto,
política sin elección.

Nací en el cincuenta aniversario de la Nakba.
Afuera de la sala del hospital:
protestas, hule quemado,
rostros kufiyados y cuerpos desnudos,
piedras arrojadas a los tanques,
tanques rotulados de banderas estadounidenses,
tierra
que huele a gas lacrimógeno, cielos cubiertos de
balas revestidas de goma,
unos cuantos cadáveres baleados, muertos
número de muertos en un titular.

Mi hermana
y yo
nacimos.

El nacimiento dura más que la muerte.
En Palestina la muerte es súbita,
instantánea,
constante,
ocurre entre respiros.

Nací entre poemas
en el cincuenta aniversario.
Los cantos de liberación que se oían fuera de la sala del hospital
le dijeron a mi madre
empuja.

(1) Corán, 95:1: "Por los higos y las aceitunas".
 
 

Mohammed el-Kurd en Rifqa (2021), incluido en Periódico de poesía (12 de mayo de 2025, UNAM, México).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 

 

Néstor Perlongher (Avellaneda, Buenos Aires, 1949 - Brasil, 1992)

 

 

File:Néstor Perlongher (1988).jpg - Wikimedia Commons 

 

 

Cadáveres

 

Bajo las matas
En los pajonales
Sobre los puentes
En los canales
Hay Cadáveres

En la trilla de un tren que nunca se detiene
En la estela de un barco que naufraga
En una olilla, que se desvanece
En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
Hay Cadáveres

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay Cadáveres

En lo preciso de esta ausencia
En lo que raya esa palabra
En su divina presencia
Comandante, en su raya
Hay Cadáveres

En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja por la
ventana del barquillo con bebito a cuestas
En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada
En el garrapiñero que se empana
En la pana, en la paja, ahí
Hay Cadáveres

Precisamente ahí, y en esa richa
de la que deshilacha, y
en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y
en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso
en la que no se dice que se sepa...
Hay Cadáveres

Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía, disimuladamente, al
espejuelo, en la
correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas arriba
de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin embargo, en
esa c... que, cómo se escribía? c... de qué?, más,
Con Todo
Sobretodo
Hay Cadáveres

En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la menea de la que
se lagarta en esa yedra, inerme en el despanzurrar de la que no se abriga,
apenas, sino con un saquito, y en potiche de saquitos, y figurines
anteriores, modas pasadas como mejas muertas de las que
Hay Cadáveres

Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano: en la colilla
de los pantalones que se enchastran, símilmente; en el ribete de la cola
del tapado de seda de la novia, que no
se casa
porque su novio ha....................!
Hay Cadáveres

En ese golpe bajo, en la bajez
de esa mofleta, en el disfraz
ambiguo de ese buitre, la zeta de
esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad
Hay Cadáveres

Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las
campesinas
agasajan sus fiolos, en los
fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como
a escondidas, con la bombacha llena; en la humedad de esas bolsitas,
bolas, que se apisonan al movimiento de
de los de
Hay Cadáveres

Parece remanido: en la manea
de esos gauchos, en el pelaje de
esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo
de ese gaucho, el olor a matorra de ese juiz
Hay Cadáveres

Ay, en el quejido de esa corista que vendía 'estrellas federales'
Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,
Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con una botella
de whisky 'Russo' llena de vidrio en los breteles, en
ésos, tan delgados,
Hay Cadáveres

En la finura de la modistilla que atara cintas de un buraco hubiere
En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza
las uñas salitrosas, en las mismas
cutículas que ella abre, como en una toilette;
en el tocador, tan ...indeciso..., que
clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y en los
cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza que se
derrumba, oui
Hay Cadáveres

Yes, en el estuche de alcanfor del pecho de esa
¡bonita profesora!
Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita pro /> Verrufas, alforranas (de teflón). macanos muermos: cuando sin... acribi-
lla, acrisola, ángeles minados de peces espadas, millas acneicas, o sólo
adolescentes, doloridas del dedo de un puntapié en las várices, torreja
de ubre, percal crispado, romo clít...
Hay Cadáveres

En el país donde se juega el molinero
En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado, y donde
todas las Ocupaciones tienen nombre...
En las regiones donde una piruja voltea su zorrito de banlon, la hueles
desde lejos, desde antaño
Hay Cadáveres

En la provincia donde no se dice la verdad
En los locales donde no se cuenta una mentira
-Esto no sale de acá-
En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en la
bragueta del que orina -esto no va a parar aquí-, contra los
azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y Esmeraldas,
Hay Cadáveres

Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,
los caciques le hacen un enema,
le abren el c... para sacarle el chico,
el marido se queda con la nena,
pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada,
de un camarín donde...
Hay Cadáveres

Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella era una oveja
hecha rabona, donde la perra
la cagó, donde la puerca
dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos almizclados,
lo sedujo,
Hay Cadáveres

Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre
un bombachón de muñequera, como en
cáliz borboteante -los retazos
de argolla flotaban en la 'Solución Humectante' (método agua
por agua),
ella se lo tenía que contar:
Hay Cadáveres

El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,
La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,
La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,
La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados:
Hay Cadáveres

La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas
La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una 'calada'
El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos
Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape
de una Kombi,
Hay Cadáveres

La despeinada, cuyo rodete se ha raído
por culpa de tanto 'rayito de sol', tanto 'clarito';
La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;
La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de
un taxi;
La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse para no ver lo que veía:
Hay Cadáveres

La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacha pasándole un
buen punto;
la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien
discreto que no mostrara nada
-y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase-; la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse táctilmente en los telares -y daba esa textura acompasada... lila...
La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas
Hay Cadáveres

La que hace años que no ve una pija
La que se la imagina, como aterciopelada, en un cuna (o cuña)
Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta
donde los
vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le tomaron
los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una profeso-
ra...)
Hay Cadáveres

Era ver contra toda evidencia
Era callar contra todo silencio
Era manifestar contra todo acto
Contra toda lambida era chupar
Hay Cadáveres

Era: 'No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan
cuenta'
O- 'No le vayas a contar que los vimos porque a ver si se lo toma
a pecho'
Acaso: 'No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta'
Aún: 'Hoy asaltaron a una vaca'
'Cuando lo veas hace de cuenta que no te diste cuenta de nada
...y listo'
Hay Cadáveres

Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello
Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas
Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo,
como una corbata se avizora, pinche de plata, así
Hay Cadáveres

En el campo
En el campo
En la casa
En la Caza
Ahí
Hay Cadáveres

En el decaer de esta escritura
En el borroneo de esas inscripciones
En el difuminar de estas leyendas
En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de
la liga,
En ese puño elástico,
Hay Cadáveres

Decir 'en' no es una maravilla?
Una pretensión de centramiento′?
Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward
muere al amanecer, y descompuesto de
El Túnel
Hay Cadáveres

Un área donde principales fosas?
Un loro donde aristas enjauladas?
Un pabellón de lolas pajareras?
Una pepa, trincada, en el cubismo
de superficie frívola...?
Hay Cadáveres

Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste
a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo cruzaba la calle, una
viejita se cayó, por una biela, y los carruajes que pasaban, con esos
crepés tan anticuados (ya preciso, te dije, de otro pantalón blanco),
vos crees que se iban a detener, Fernando? Imagina...
Hay Cadáveres

Estamos hartas de esta reiteración, y llenas
de esta reiteración estamos.
Las damiselas italianas
pierden la tapita del Luis XV en La Boca!
Las 'modelos' del partido polaco-
no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en
La Matanza!
Cholas baratas y envidiosas -cuya catinga no compite- en
Quilines!
Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda! Barracas!
Hay Cadáveres

Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es colimba!
Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
Y la que paya, si callase!
La que bordona, arpona!
Ni a la vitrolera, que es botona!
Ni al lustrabotas, cachafaz!
Ni a la que hace el género 'volante'!
NI
Hay Cadáveres

Féretros alegóricos!
Sótanos metafóricos!
Pocillos metonímicos!
Ex-plícito!
Hay Cadáveres

Ejercicios
Campañas
Consorcios
Condominios
Contractus
Hay Cadáveres

Yermos o Luengos
Pozzis o Westerleys
Rouges o Sombras
Tablas o Pliegues
Hay Cadáveres

-Todo esto no viene así nomás
-Por qué no?
-No me digas que los vas a contar
-No te parece?
-Cuándo te recibiste?
-Militaba?
-Hay Cadáveres?

Saliste Sola
Con el Fresquito de la Noche
Cuando te Sorprendieron los Relámpagos
No Llevaste un Saquito
Y
Hay Cadáveres

Se entiende? Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres

Yo soy aquél que ayer nomás…
Ella es la que…
Veíase el arpa…
En alfombrada sala...
Villegas o
Hay Cadáveres

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


No hay nadie? pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay Cadáveres.
 

File:Néstor Perlongher (1988).jpg - Wikimedia Commons

 

 

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib) 

lunes, 23 de marzo de 2026

Alejandro Daniel Michelena (Uruguay, 1947)

 

 

A 50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN ARGENTINA, CON SU SECUELA DE TERROR Y RETROCESO, COMPARTO MI POEMA DEDICADO A LA MEMORIA DE LOS DESAPARECIDOS 
 
 

DEL EXILIO INTERIOR

 

“A mi hermano José Enrique,
y a todos los desaparecidos”
 
 
Fueron largos años
de la noche del alma,
pero no de la etérea
                                 inapresable
sino de la concreta
la sangrante.
 
Somos aquellos
que nos recuperamos
del cortante silbido
de sirenas
de la sombría amenaza.
 
Y aquí estamos
todavía
enteros y en pie,
pero al igual que todo lo que late
debimos pagar caro el privilegio
de permanecer.
 
El gran frío ni nos mató
                                       ni nos perdió
y las llagas están los
testimonios
estas marcas
                                imborrables (tal vez).
Lentamente fue
amaneciendo
y en esa aumentativa
claridad
nosotros los testigos
dijimos las palabras
posibles:
 
              por los amigos
visitantes de círculos
del más concreto infierno,
por aquellos que no lo soportaron,
por el hermano
que desapareció en la noche y bruma
de una ciudad cercana.
 
Nosotros que
ni siquiera rodamos
como nuevos ulises
peregrinando por lejanas tierras,
los que nunca dejamos
de rechazar lo oscuro
de oponerle
las pequeñas lámparas
todavía a nuestro alcance.
 
Nosotros
como rocas
crucificados en un mar de espanto
resistimos del modo
                                  que pudimos
a pesar de los miedos
mirando hacia delante.
 
 
Alejandro Michelena
 

Yolanda Pantin (Caracas, Venezuela, 19 de octubre de 1955)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

 

Glaciar Perito Moreno 

 

.
El poema ha caído como un bloque estrepitoso de hielo.
 
Aquí crecen arbustos de hojas ralas
y hay ovejas que pastan
 
en suaves desplazamientos;
 
parecieran no moverse, pero avanzan
sobre la tierra.
 
Yo pensaba acerca del sentido
frente al paisaje,
 
una manía tan infantil
como hurgarse la nariz
 
hasta hacerla sangrar.
 
Fue un momento de estupefacción
poética: una masa de frío que se alzaba
 
setenta metros sobre nosotras.
 
Queríamos tener ante el glaciar
una certeza de impotencia.
 
No es que fuéramos nada,
es que el ruido de la mole al desprenderse
 
retumbaba
como un corazón abierto.
 
.
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971- Barcelona, 2026)

 

 

/ De "Krakatoa" 

 

 

Hija del pastizal (backpacker version)
 
 

A veces miro y está nevando sobre un parque
industrial, sobre el perro que custodia un hotel
bombardeado, sobre las plantaciones de arroz

controladas por puestos de vigilancia que se suceden
del otro lado de la ventanilla
del micro; y si puedo patear

debajo del asiento, y pateo, siempre espero encontrarte
dentro de mi mochila. Esa soy yo, leyendo

cómo irme, cómo fotografiarme
tomando este café con leche en otro highlight
de la carretera, en otro de mis hits
secretos. Una nota

en el diario dice: "dentro de poco

voy a llegar a un lugar igual a
éste, pero mucho
mejor; y mucho más lejano".


Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971), Krakatoa, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2012

 

(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible)