domingo, 17 de mayo de 2026

Omar Khayyam (Nishapur, Irán, 1048 - 1131)

 

 

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CINCO CUARTETAS

-
 
¿Dónde irá ese jinete que en la tarde ha pasado?
¿Al bosque? ¿Al llano? ¿Dónde? ... ¡No sé! ¿Cómo estaré
Mañana? ¿Encima o bajo la tierra acostado?
No sé… 
 
***
El cielo es a manera de una copa volcada
Bajo la cual, a tientas, van filósofo y sabio.
Todo el amor agota, gozando con tu amada,
Cual se dan jarra y copa su sangre labio a labio.
 
***
Caeremos en la senda del amor, pisoteados
Por el Destino. ¡Oh niña que la embriaguez me das!
Ven ahora a ofrecérmela en tus labios amados,
Que pronto será un poco de polvo y nada más.
 
***
Más allá de la tierra y lo infinito,
El cielo y el infierno perseguí,
Hasta que me anunció un solemne grito:
El cielo y el infierno están en ti.
 
***
Tuve sueño y me dijo la cordura: Las rosas
De la dicha en el sueño no acostumbran abrir.
¡Resístete a ese hermano de la muerte! ¡Alza el vaso!
Tienes la eternidad para dormir.
 
…..
Omar Khayyam
Por Leopoldo Lugones.
-
“He puesto en verso, que no he traducido porque ignoro su lengua original, cuarenta y cinco de aquellos pensamientos que son, cada uno, una estrofa: adecuación castellana de varios textos confrontados entre sí”, escribió Lugones en “El collar de zafiros”, prologando la edición de sus traducciones --¿o reescrituras?--, en formato de cuarteta y que, un siglo después, acaba de reeditar Barnacle. El libro incluye una extensa e ilustrativa “Advertencia al lector”, de hecho un ensayo, de Alberto Cisnero, devoto coleccionista de las versiones que de las Rubaiyat se publicaron hasta ahora en nuestra lengua.
 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Darío Amaral (Rocha, Uruguay, 1974)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas, barba y personas sonriendo 

 

 

PA(T)RIA DE BIBLIOTECA (hexadecasílabos)



“Concebí al paraíso como una suerte de biblioteca.” (Borges)
 
 
Haz de polvo conjugando verbos del saber silente,
anaqueles ponderando glifos que un olvido augura;
códices que murmuran ecos de un latín omnisciente.
Penitencia de encumbradas páginas y arquitectura
de altas cúpulas amparando un arca sin testamento.
 
Polillas del hastío adoctrinan acerca la carcoma,
lámpara átona que asoma su iris al ángelus frío;
índices y pergaminos, bríos de un escriba en coma
que exhuma un aroma a ruina, cuero, lignina y desvío
a pixeles y silicio de un neotestamento...
 
Biblioteca paria, ultrajada por la aurora efímera
de sintaxis donde el bit impera y la red no se acalla;
fé sin espera, cartógrafo sin más atlas, metralla
de salva alelada, zumo turbio y virtual del sediento.
 
Mas, quien arriesga colar el alma por tu leve hendidura,
ágora de fervores y un alma mater sin censura;
donde quietud y logos pulsan musas de ruiseñores:
cánticos que perdurarán sobre la cima del viento.
 
Junto al imperio fatuo de ese otro tiempo inadvertido,
Ovidio y Virgilio sueñan postrados en la penumbra,
ansían, como encumbran, para sí, un más alto cometido
en el sinsentido de hombre de hojalata que se herrumbra,
bajo una lluvia de algoritmos y astros sin firmamento.
 

 

(Fuente: Revista La Hormiga) 

César Calvo .(Lima, Perú, 26 de julio de 1940 - Lima, 18 de agosto del 2000)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas y traje 

 

VENID A VER EL CUARTO DEL POETA


 
Venid a ver el cuarto del poeta.
Desde la calle
hasta mi corazón
hay cincuenta peldaños de pobreza.
Subidlos.
A la izquierda.
Si encontráis a mi madre en el camino,
cosiendo su ternura a mi tristeza,
preguntadle
por el amado cuarto del poeta.
 
Si encontráis a Evelina
contemplando morir la primavera,
preguntadle
por mi alma
y también por el cuarto del poeta.
 
Y si encontráis llorando a la alegría
océanos y océanos de arena,
preguntadle
por todos
y llegaréis al cuarto del poeta:
una silla, una lámpara,
un tintero de sangre, otro de ausencia,
las arañas tejiendo sordos ruidos
empolvados de lágrimas ajenas,
y un papel donde el tiempo
reclina tenazmente la cabeza.
Venid a ver el cuarto del poeta.
 
Salid a ver el cuarto del poeta.
Desde mi corazón
hasta los otros
hay cincuenta peldaños de paciencia.
 
¡Voladlos, compañeros!
(si no me halláis
entonces
preguntadme
dónde estoy encendiendo las hogueras.)
------------------------
 
(Fuente: Poemas bajo la tierra. Ed. Cuadernos Trimestrales de Poesía,1961).
Imagen: César Calvo. DR familia del poeta.
 

(Fuente: Feria virtual del libro de Cajamatca,  Perú) 

Diane Wakoski (Whittier, California, EEUU, 3 agosto 1937)

 

 

 

 

MI PROBLEMA

 

Mi problema
es que tengo el espíritu de Gertrude Stein
pero la personalidad de Alice B. Toklas;
irregulares, grandes
y pedregosas ideas
pero
lo único que puedo hacer
es bordar los dibujos de Picasso
y hornear dulce de hachís.
Soy pobre
y no tengo mucho para decir
normalmente me toman por
la secretaria
de alguien.
 

 

(Fuente: Buenos Aires Poetry) 

John Dos Passos Coggin (EEUU)

 

 Hermann Goering en América, un poema de John Dos Passos Coggin



Hermann Goering en América

 

Mejillas encendidas, ojos turbios de vino, el chaleco de cuero

vencido por sus rituales excesos. Enseguida supe que era su fantasma,

sentado como cualquier otro viajero en el metro de Washington.

 

En su cuello la esvástica azul zafiro, montada

en un sol dorado sobre un ciervo de doce puntas, las iniciales

del maestro cazador en letras góticas proclaman «nazi» a gritos.

 

¿Estaba soñando? Él sonreía mientras todo el vagón admiraba sus galas:

los hombres se fijaban en sus gemelos de oro, los niños tocaban sus anillos,

ignorantes de su nombre y legado, pero seguros de que pertenecía a la realeza.

 

Entregado a la farsa ante las cámaras, es el elegido de los selfies del día.

Sin preguntas, solo glamour; sin remordimientos, solo el presente dorado.

Próxima parada: Smithsonian. Su abrigo gris perla avanzó, ondulante

 

como carpa circense envolviendo el cuerpo de rinoceronte, oropeles

con sonido metálico a su paso por el National Mall atraen a la multitud mientras

alardea y se rinde tributo: su infancia jugando al caballero en el castillo

 

inmerso en las profundidades del bosque melancólico de los cuentos alemanes;

su Gran Guerra, persiguiendo el valor en el aire, combate tras combate, matando

a veintidós a cambio de su Pour le Mérite, la cruz azul esmaltada

 

con águilas doradas, antes de retirarse a un charco de champán;

sus victorias junto a Hitler, convocando a los grandes de la Luftwaffe

pese a la jauría de rivales hambrientos de poder,

 

luego refugiado en su finca de caza, trenes de juguete y leones domesticados,

un yate a motor, el botín de arte saqueado, y el resto de las cosas que creía merecer

por haber nacido bávaro, de perfectos ojos azules y un linaje emparentado

 

con Goethe y Bismarck. ¿Estaba soñando? Chicos desfilando

con sus dagas; chicas luciendo sus anillos; hombres y mujeres sobrios condenando

la farsa del juicio en Núremberg. El mal, bruñido por un maestro joyero.

 

Antes de su siguiente acto, tras el coñac, los cigarros y la morfina, Goering

me tomó del brazo y me arrastró con su voz de seda roja: Sí, sueñas.

La democracia es un sueño. Como la escarlatina que conocí de niño, pasará.

 

(Traducción de Rosa Bautista Cordero)

 

 

Hermann Goering in America

 

Cherry cheeks, wine-drunk eyes, his leather vest bulging

from his ritual gluttony. I knew at once it was his ghost

seated like any other commuter on the Washington metro.

 

His collar pin screamed Nazi: its blue sapphire swastika,

mounted on a golden sun above a twelve-point golden stag,

and the master hunter’s initials in ornate Gothic lettering.

 

Did I dream it all? He beamed as the whole car admired his finery.

Men eyeing his gold cufflinks. Children touching his gold rings.

Ignorant of his name and legacy but confident he was royalty.

 

He monkeyed for the cameras, the darling of the day’s selfies.

No questions, just glamour. No remorse, just the gilded present.

Next stop: Smithsonian. On came his pearl gray coat, billowing

 

like a circus tent around his rhino frame, overstuffed pendants

spilling onto the National Mall, drawing a crowd as he staged

a tribute to himself: his boyhood playing knight in his castle,

 

nestled in the brooding forest wilderness of German fairy tales;

his Great War, chasing valor in the sky in dogfight after dogfight,

killing twenty-two and winning the Blue Max, its enamel cross

 

and its golden eagles, then backstroking in a pool of champagne;

his victories at the right hand of Hitler, summoning greatness

from the Luftwaffe despite his backstabbing rivals for power,

 

then retreating to his hunting estate, his toy trains and pet lions,

his motor yacht, his hoard of looted art, and the rest of the menagerie

that was the birthright of a Bavarian with perfect blue eyes and bloodlines

 

traced to Goethe and Bismarck. Did I dream? American boys parading

his daggers. Girls flashing his rings. Sober men and women condemning

the mistrial at Nuremberg. Faded evil burnished by a master jeweler.

 

Before his next show, after his cognac, cigars, and morphine, Goering

took my arm and pulled me toward his red silk voice: Yes, you dream.

Democracy is a dream. Like the scarlet fever I knew as a boy, it will pass.



(Fuente: zendalibros.com)

 

Carlos Núñez (Buenos Aires, 1955)

 

 

Arte Poética

 

Juntando palabras podría llorar.
Las diría en español
sobre mis muertos,
las lloraría
como si fueran un monte húmedo
donde el día nunca se termina.
En algún momento
sólo seríamos vos y yo
llorando y bebiendo
sin saber cómo volver a casa.
Por nada
puedo llorar y
por nada sé
que ya nunca podré escribir
el mejor verso de mi vida.
Me quemo con la luz de las estrellas
y maldigo las diásporas
y al río por donde flotan los jóvenes
que murieron ahogados, asesinados;
maldigo no ser uno de ellos en la correntada brutal
con el cuerpo azul e inflado.
Nada más soy el que junta palabras.
Y en tus labios
una solapa oscura
una fuente de adiós.
 

María Lanese (Ripalimosani, Italia, 1945) Reside en Rosario Argentina

 

 

5 poemas 5


 Obra de Catherine Murphy

 

 

EL CIELO

Día tras día
mudo quehacer del mundo 
girar sin pausa.

El calor sube
disipa la neblina
el sol acoge.

En el espacio
el vuelo del pájaro
es transparencia.

En el ocaso
la paz en los colores
recogimiento.

No es otra cosa
que sombra de la tierra
la noche oscura.

Matriz del mito 
enigmas en el azul 
constelaciones.

Sale sin prisa
a despejar tinieblas
sola… la luna.

Acopio de luz
totalmente prestada
sombra en reverso. 

Luna que es guía
de mujeres que esperan
alumbramientos.

Mirar el cielo
confiarse a las estrellas
deseando su luz. 

Cerrar los ojos.  
ahondar en lo sagrado
abrirse adentro.

Siempre en alerta
entregada la noche
al negro abismo.
                                                         Como la piedra
                                                         resiste a la conquista
                                                         el infinito.



Obra de Catherine Murphy
LA TARDE

De albor envueltos
aura entre los álamos
es como existir.

Verdes contrastes
serenidad de la luz
melancolía.

Bruma en espera
el paisaje entornado
invita a callar.

Rastros… memorias
indicios en las hierbas
revelaciones.

Crujir de matas
trinos, alas, quimeras
¿serán sus voces?

Trazas del fuego
inquietud y recuerdos
en las cenizas.  

Colar desdichas
tarea de las dudas
y el atardecer.

Dolor en fuga
es prodigio esta lluvia
sabiendo caer.


Obra de Catherine Murphy
 
LA NOCHE

Luz entre nubes
danzar de las siluetas
hacia la aurora.

Abrir lo escuro
resistiendo al deseo
de permanecer.

Ulula el ave
en vuelo solitario
señal del búho. 

Como los cercos
orientar nuestros pasos
hacia el llamado.

La luciérnaga 
la tela de la araña
brillan sin saber 

La flor nocturna
que perfuma en tinieblas
de día no es. 
 
Vivir la noche 
acomodar el sueño
y la soledad.

Velar las sombras
detrás de los párpados
fuera del tiempo.



Obra de Catherine Murphy
LA MAÑANA

Canto del gallo
amanecer en calma
a un nuevo sol.

Dejar la casa
sembrar, verter semillas
pausado… crecer.

En la hendidura
sujetar las raíces
esperar la luz.

Sobre los tallos
vestigios del rocío
todo en ascenso.

Penetrar suave
de la linfa en las ramas
es poder nutrir.

La flor se anuncia
en la punta del brote
hay silencio aún.

Frutos por venir
esperan en la quietud
así aguardar.

Como en la lengua
si es posible florecer
caerán palabras.


Obra de Catherine Murphy
 
 
ESCRIBIR

Las primeras sílabas
son un salto en el vacío.

Escribimos

es un modo posible
de vivir en llamas
de andar al ritmo   
en que abreva en sordina
la palabra justa.

Esperar confiados
es un acto de fe
que nos aleja
de la seducción
de producir sin pausa.

Consumir 
nos consume sin pausa.

Solo el tiempo
                 sin pausa 
                              se consuma.
 


María Lanese
(Ripalimosani, Italia, 1945)
Reside en Rosario Argentina 
POETA/PSICOANALISTA/CANTANTE
de El pulso en la piedra, Mora Barnacle, 2025
para leer + en BONDI DEPOETAS
+ en EL INFINITO VIAJAR

 

 

 

 

(Fuente: Emma Gunst)