domingo, 8 de marzo de 2026

Diego Maquieira (Santiago de Chile, 10 julio 1951)

 

 

«La primera cruzada»






 
 
Durante el ataque de represalia milenarista
la primera cruzada de terror
que nos caía del cielo era como un témpano,
nos polvéabamos a un enjambre de clonas,
de a varias adentro de los Harrier
orgíandonos en la cubierta de mármol;
porque nuestro portaviones Cittá Felice
era como la planta de una catedral
de mil yardas que recordaba la Vía Flaminia.
De veras los aguardábamos muy bebidos
dándonos baños calientes enfriados con nieve
y chupando de una tina de uvas rosadas.
Cuando ma mientras los cazas Phantom de Ratzi
nos lanzaban sus cabezas de combate aéreo
con sus espoletas de proximidad de impacto
más hoscas que un anillo de ocho diodos luz
y a tan delirantes distancias del mar
que ni veíamos de dónde venía la muerte.
Era una alegría vernos las caras choqueadas
la cubierta era un coliseo de sangre
y sólo contábamos los vivos, los Balthus
y los que aún gozaban en el fasto de la belleza.
Porque nunca pasó por el mar una muerte
que se celebrara como la de Gaetano Stampa:
nuestro santo en responso al misil daño
que le atravesó le pecho mientras besaba
a su clona Pácula en medio del portaviones,
regocijado se metió la mano aún vivo
y les zampó a saco de vuelta el corazón.
Nunca hubo tan grande desdén en una matanza
ni a los aliados hunos se les sopló por radar
que les íbamos a subir el mar a los Phantom
hasta ahogarlos en el firmamento,
porque el mar empezó a subir hasta el cielo
donde las alas no les servían ni de remos.



en Los Sea Harrier, 1984

(Fuente: Descontexto)

 

FT Prince (Gran Bretaña, 1912-2003)

 

 

"El baño de los soldados"

 


 
 
 
 
El mar, en la tarde, por la arena avanza.
A la luz del poniente la libertad contemplo
de un grupo de mis soldados que, desvestidos
para bañarse, gritan y corren en el aire cálido.
Su carne, desgastada por el oficio de la guerra, revive,
y, contemplándolos, trato de hallarle a esto algún sentido.

Patético es, ahora, todo. El cuerpo que era rudo,
recio y ávido, en acción o en reposo repugnante,
todo hervor, sudor y suciedad, todo fuerza animal
y animal vencimiento, por el dolor y la fatiga, al fin,
frágil y luminoso se volvió. Pobre animal desnudo y ahorquillado
consciente de sus deseos y necesidades, de la carne que se levanta y cae,
yérguese en el aire tibio, tras el ajetreo gozando
la delicia de su desnudez, y, mientras las frías olas
sus espumeantes lenguas dejan a sus pies, olvida
su aversión a la guerra, la terrible pulsación que pone en marcha
esa máquina de muerte y esclavitud
por la que cada esclavo hace esclavos a otros, y se encuentra
recordando su vieja libertad en un juego
en el que, burlándose de sí mismo, cómicamente el miedo y el pudor remeda.

Juega el soldado con la muerte y la animalidad,
y yo, leyendo en las sombras de su pálida carne, veo
aquel tema de un dibujo de Miguel Ángel en el que aparecen
unos soldados, en mitad de su baño interrumpidos
por alguna salida del enemigo: un episodio
de las guerras de Pisa con Florencia. Recuerdo cómo los muestra
con sus musculosos miembros emergiendo del agua
y sobre los hombros vueltas las cabezas, aprestándose a la matanza
con olvido de sus cuerpos, que estaban desnudos,
y afanándose por ceñirse y usar las armas, que yacían allí.
Y recuerdo también otra escena, en la que el artista
—¿era, acaso, Antonio Pollaioulo?—,
esbozando macilentos cuerpos sobre un siniestro fondo rojo,
plasmó una batalla desnuda: esparrancados guerreros que, hundidos
en el suelo los dedos de sus pies, acuchillaban al enemigo
y daban muerte al hombre, al desnudo hermano que, caído,
mostraba los dientes en la mueca de sus contraídos labios.
Tratábase de italianos que conocían la tristeza y deshonor de la guerra,
y la mostraban suspendida, en la desnudez, un tema,
por la experiencia confirmado, del extremo horrible de la guerra
bajo un cielo donde hasta el aire está empapado
de Lachrimae Christi. Y esa furia y amargura, esos golpes,
ese odio de los muertos, ¿qué podría ser
sino, indirecta o brutalmente, un comentario
de la Crucifixión? Pues el cuadro arde
en indignación y lástima y desesperación y amor, por veces,
porque es el anverso de la escena
en que cuelga Cristo asesinado, desnudo, sobre la Cruz.
Quiero decir
que es la explicación de su furor.
Y nosotros también sentimos la amargura y lástima que incitan
al pensamiento y horror en esta guerra. Mas ya la
noche empieza, noche de la mente: ¿quién, hoy día, es de nuestros pecados sabedor?
Con todo, en cada acto humano nuestra sangre participa
y debiéramos saber lo que nadie ha comprendido todavía, y es
que algún gran amor sobre cuanto hacemos está,
y que él nos ha impulsado a esta furia, pues tan pocos
todo el terror de ese amor soportar pueden:
el terror de ese amor nos echó, volteándonos, en este surco
que ha fertilizado nuestra sangre...
                                                       Mas ya mis soldados se secan
para vestirse, toman sus camisas y de su desnudez
el temor y la vergüenza olvidan.
Porque amar es terrible, preferimos
la libertad de nuestros crímenes. Mas al aspirar el aire oscuro
siento un extraño deleite que me colma,
una gratitud, como si el mal mismo fuera bello;
y beso la herida en el pensamiento, mientras, en el poniente,
contemplo la enrojecida raya que pudo
del pecho de Cristo haber brotado.
 
 

FT Prince, incluido en Antología de poetas ingleses modernos  (Editorial Gredos, Madrid, 1963, trad. de Jesús Pardo).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Isaías Garde (Buenos Aires, 1961)

 

 

 

 

 

Café bar Amazonas

 


Dos mujeres escualo
toman
en la vidriera
del Amazonas
algo turbio
y rojizo en altos vasos
 
/En rigor
tomaron algo así
alguna vez
tomaron algo ahí
dos mujeres escualo
en la vidriera
del Amazonas
al solo efecto
de aparecer
tanto después
en esta falsa endecha
muy corregida
tan corregida/
 
Entonces:
 
Dos mujeres escualo
toman en altos vasos
algo turbio y rojizo
en la vidriera
del Amazonas
 
 
https://isaiasgarde.blogspot.com/.../cafe-bar-amazonas.html 
 

Ana Gracia (La Plata)

 

 

 

 

Qué mujer soy
o quiero ser
La de pollera larga
sin bombacha
la de falda corta
y ropa superpuesta
La de colgantes
colores baile caderas
La que viste de negro
su delgadez
Puedo ser esta o aquella
pero que nadie diga
qué es Ser Mujer
aplaudiendo un modo
Si una mujer
lo hace
lo dice
lo piensa
es cosa de mujeres
Si una mujer
lo grita
lo lleva
lo canta
es cosa de mujeres
Aquí y siempre
mujeres con rodete
o pelo suelto
caído sobre los pechos
mujeres canosas
teñidas desteñidas
con arrugas
o estiramientos
con vellos
o depiladas
Siempre
de cualquier forma
es cosa de mujeres

 

Jorge Teillier .(Lautaro, Chile, 24 de junio de 1935 - Viña del Mar, 22 de abril de 1996)

 

 

 

 

CON EL SOL DE LOS AVELLANOS 

 

 
No creí nunca
Que vería brillar de nuevo a Venus
Sobre los techos lejanos del Regimiento
Ni que en la mañana
Reverdecieran los pasos de la infancia
Bajo esos pinos donde las ovejas lamen tiernamente el sol,
Ni que una voz adolescente
Me preguntara cómo se llaman las estrellas
A las que nunca me he preocupado
de dar nombre.
Tú eres el mediodía misterioso
Del silencio de parque
Donde vemos luchar a un niño hace años
con un ganso,
Allí el sol al abandonar los avellanos
Nos deja los relatos
De los muertos que amamos
Y se me reveló tu presencia
Con el mismo resplandor
Del hacha con que el amigo corta leña.
Alguien pasa silbando
Una canción que habla de nosotros.
Nunca me has preguntado qué será
de nosotros:
Sólo me has preguntado el nombre de una estrella.
Junto a ti he sido quien debiera haber sido.
 
 
.
De: «𝘗𝘢𝘳𝘢 𝘶𝘯 𝘱𝘶𝘦𝘣𝘭𝘰 𝘧𝘢𝘯𝘵𝘢𝘴𝘮𝘢» (1978)
Jorge Octavio Teillier Sandoval fue un poeta chileno 🇨🇱


(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951)

 

 

 

 

 

ORACIÓN

 

Para mis días pido,
Señor de los naufragios,
no agua para la sed, sino la sed,
no sueños sino ganas de soñar.
Para las noches,
toda la oscuridad que sea necesaria
para ahogar mi propia oscuridad.
 
 
En  'Para otros es el cielo'
 

 

(Fuente: Un oficio peligroso) 

Li Bai (China, 701 - 762)

 

 

 

 

«Despedida allende la garganta del Jing Men»

Traducción de Ricardo Silva-Santisteban
 






Cruzamos distantes del Jing Men
para llegar a la comarca de Chu.
Las montañas se extinguen en hoscas planicies,
el río penetra entre vastas estepas.
Cae la luna: espejo que navega por el cielo;
se alzan las nubes: torres nadando por el mar.
Hondo sentimiento el de las aguas del terruño natal,
a través de diez mil leguas, despiden a mi barca.




en Vallejo & Co., 16 de marzo de 2015


(Fuente: Descontexto)