jueves, 14 de mayo de 2026

Francisco López Merino (La Plata, 1904 - Ibídem, 1928)

 

 

EL ÚLTIMO SONETO AL OTOÑO

 

Donde la hoja verde era pureza
hay otra hoja que, muriendo, brilla.
Discurre por la atmósfera amarilla
el fantasma del sueño y la tristeza.
 
Dorada paz de la naturaleza
hecha de renovada maravilla:
arquitectura frágil y sencilla.
La eternidad, dentro del alma, empieza.
 
Olvídanse la hora y el instante,
pues se detiene sin rumor el día
en un mismo matiz alucinante.
 
Pasa en callado vuelo un viento interno
y aviva el pensamiento que dormía
más allá de la tarde y del invierno.
 
*
 

EL OTOÑO Y LOS NIÑOS

 

Amaneció la calle toda dorada; el viento
con su mano invisible desprendió hoja por hoja.
Las estrellas oyeron acaso su lamento
y la aurora habrá sido, por lo mismo, más roja.
 
Los niños que se inician en el abecedario
al ver así la calle creyeron que era un sueño.
El sol sobre las hojas hacía el oro más vario
y era una fantasía tanto oro sin dueño.
 
Con sus manos pequeñas recogieron el blando
tesoro que los hombres indiferentes pisan.
Se fueron a la escuela dulcemente, pensando
que los sueños más bellos a veces se realizan...
 
 
(Fuente: César Cantoni) 

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Vive en San Juan, Argentina)

 

 

 

Esos pavirreales
de plumas truchas,
y bosta seca:
el actor y el actorzuelo,
ídem en femenino
o lo que fuera,
al autor culo fruncido,
al mentor
que todas se las sabe,
al coach,
al confuciano,
al sensei,
al "todo bien"
y al sensor,
el científico
de cogote cruzado
con su manual
y su ecuación
"fundamental",
viera;
el sorete barrabrava
y el trapito
que rompe y chorea,
el culo sucio del rico
y del pobre que lo imita,
esa caterva
de celebreties
que se la da
de solidaria
con autistas,
desheredados de la tierra,
la polución
y desastre ambiental,
y no sé qué guerra,
eso sí, seleccionada,
de las que el mundo
es proclive desde siempre,
esos famosos
y lo que no,
y se cagan en todos;
los pelotudos
de la selfie y las redes,
los pelotudos
que se las creen,
la clase política,
judicial,
legislativa
y presidencial,
sin excepciones,
que gorgotea
en los chiqueros
de los poderes estatales,
con su "el que se fue
tiene la culpa",
los hdp de merenderos
que lloran
y se guardan los vueltos,
los deportistas
"que vienen de abajo"
pero viven de arriba
y se hacen los palomos
y son cocodrilos,
la runfla del puterío VIP
y del otro,
a ellos,
y a los que Ud. se le ocurra.
¡Larga vida!
¡Himnos y laureles!
¡Carros triunfales
y biografías en letras doradas!

- Inédito -

 

Joaquín Pasos (Granada, Nicaragua, 14 mayo 1914–Managua, 20 enero 1947)

 

 

 

 



LOS INDIOS VIEJOS

 

Los hombres viejos, muy viejos, están sentados
junto a sus cabras, junto a sus pequeños animales mansos.
Los hombres viejos están sentados junto a un río
que siempre va despacio.
Ante ellos el aire detiene su marcha,
el viento pasa, contemplándolos,
los toca con cuidado
para no desbaratarles sus corazones de ceniza.
 
Los hombres viejos sacan al campo sus pecados,
este en su único trabajo.
Los sueltan durante el día, pasan el día olvidando,
y en la tarde salen a lazarlos
para dormir con ellos calentándose.
 
 
Poemas de un joven (1962)
En: Saúl Ibargoyen y Jorge Boccanera
Poesía rebelde en Latinoamérica (1978)
México: Editores Mexicanos Unidos, 1979, p. 246

 (Fuente: Óscar Limache)

Janós Pilinszky .(Budapest, Hungría, 25 de noviembre de 1921 – Budapest, 27 de mayo de 1981)

 

 

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Apócrifo 

 

Todo será abandonado entonces.
El silencio de los cielos será separado y
para siempre separados
los campos desechos del mundo en ruinas,
y separado el silencio de las jaulas
de los perros.
En el aire una multitud de pájaros huyendo.
Y veremos el sol saliente
mudo como un párpado enloquecido
y calmado como una bestia vigilante.
Pero manteniendo la vigía en el destierro
porque esa noche no puedo dormir,
agitado como miles de hojas,
cuando la noche cae yo hablo como el árbol:
¿Conocen los años que pasan volando,
los años sobre los campos arrugados?
¿Conocen las arrugas de lo efímero,
comprenden mis carcomidas manos?
¿Conocen el nombre de la orfandad?
¿Y conocen qué dolor
aplasta la eterna oscuridad
con pezuñas partidas, con patas palmeadas?
¿Conocen la noche, el frío, el hueco,
la cabeza volteada y doblegada del preso,
conocen los abrevaderos helados,
la tortura del abismo?
El sol se postró. Ramas de árboles ennegreciéndose
en el infra-rojo del cielo iracundo.
Entonces me voy. Un hombre está caminando
en silencio frente a la destrucción.
No tiene más que su sombra.
Y un bastón. Y su atuendo de prisión.
.
2
!Y para esto aprendí a caminar! Para estos
amargos y tardíos pasos.
El ocaso vendrá y la noche se petrificará
sobre mí con su lodo. Debajo
de los párpados cerrados
sigo guardando esto que pasa volando,
estos arbolitos febriles y sus ramitas.
Hoja por hoja el pequeño y caluroso bosque.
Alguna vez el Paraíso estuvo aquí.
A punto del sueño el dolor se renueva:
¡Escuchar sus árboles gigantes!
Hogar, finalmente quería llegar a casa,
llegar como llegó él en la Biblia.
Mi horripilante sombra en el patio.
El silencio carcomido, padres envejecidos
en la casa.
Y ya vienen, me están llamando, los pobres
ya están llorando, y me abrazan tropezando.
El antiguo orden me recoge de nuevo.
Y pongo mis codos en las estrellas ventosas –
Si tan sólo pudiera hablar contigo
por esta vez,
a quien tanto amé. Año tras año,
pero no me cansaba de repetir
lo que un niño llora en el espacio
entre las hendiduras,
la casi desfallecida esperanza
de que regreso y te encuentro.
Tu cercanía me palpita en la garganta.
Y estoy agitado como una bestia salvaje.
Yo no hablo tus palabras,
El habla humana. Viven pájaros
que ahora huyen descorazonados
bajo el cielo,
bajo el cielo encendido.
Tablas huérfanas clavadas en un campo ardiente,
y jaulas inamovibles en llamas.
Yo no entiendo el habla humana.
Y no hablo tu idioma.
¡Mi voz es más apátrida que la palabra!
No tengo palabra.
Su horrible carga
se precipita por el aire,
el cuerpo de una torre emite sonidos.
Estás en ningún lado. Qué vacío
está el mundo.
Una silla de jardín y un camastro
que se quedó afuera.
Entre las piedras afiladas mi sombra
hace ruido.
Y estoy cansado. Y sobresalgo de la tierra.
.
3
Dios ve que estoy parado bajo el sol.
Él ve mi sombra en la piedra y en la cerca.
Él ve mi sombra parada en la prensa
sin aire, sin respiro.
Para entonces ya soy como la piedra;
un pliegue muerto, mil dibujos de ranuras,
un buen puñado de escombros
es para entonces el rostro de las creaturas.
Y en lugar de lágrimas, las arrugas
en los rostros
chorrean, chorrean las fosas vacías.
.
(1956)
 
(Traducción: Beatriz Tejada y Nelli Kasza)

(Fuente: Grover González Gallardo Poeśía)

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

 

 

 


BRINDIS AJENO

 

Vengo de beberme el vino que vivieron otros y volcaron en las copas pretéritas, quiero cambiar mis labios.

Llego muy tarde al brindis, esta época es la botella más barata del estante, una legión de pies va llegando descalza, tambaleándose, con tambores de guerra y un mal olor muy nuestro.

No sé llorar mi llanto, lloro mejor los otros, vamos, salud, bebamos, el silencio también causa adicción.

***

LA MOSCA Y EL MÁSTIL

 

Vengo de ver banderas disfrazadas envolviendo cabezas de patriotas, hay un perro durmiendo en cada puño alzado, si levanto una pierna la cola me delata.

Estoy seguro de que dudo un poco, del árbol de la ciencia cuelgan nidos de trapo, se inclina el horizonte como el perfil de alguien palpándose la muela.

Tu himno tiene caries, patriota, abre bien esa boca y extraerás el trofeo con dolor, no quiero que me salven ni salvarte, hay una mosca épica en la cima del mástil.

***

FANTASMA DE LA LENGUA

 

Cuando se rompió el brazo de mi madre
ya nunca fui capaz de pronunciar
el nombre de ese hueso.

Después de que operasen a mi padre
en aquel mediodía de cuchillos,
se me olvidó la parte intervenida.

Desde que mis amigos pierden órganos,
balbuceo al tratar de enumerarlos.

Y ahora me sucede eso de ahí,
justo ahí,
donde te lo señalo con el dedo
como un ruido lejano.

Iré extraviando así cada palabra
hasta quedar sin léxico ni cuerpo,
fantasma de la lengua,
puro yo nadie.

***

AMOR, MOSCAS, ETCÉTERA

 

Por ejemplo unos versos
de amor, moscas y muerte,
ese trío sagrado a su manera.
La muerte es demasiado
para cualquier principio, no podemos
empezar por la muerte
aunque se debería.

Las moscas también son
asunto metafísico,
conquistan la mirada
a fuerza de ser feas.
Vuelan así nomás,
no más que cualquier mosca,
sin grandes narrativas
ni pretensiones aerodinámicas.
No aspiran al poema,
por eso lo merecen.

¿Y el amor? Ah, el amor. Eso quería
decir sólo: Ah. Eso.
Vuela, te mata y nace.
Te zumba su canción. No tiene
desviaciones, es su propio sentido.
Poemas de amor todos
o ninguno.

Te lo juro, mi amor,
me muero poco a poco
por tu lengua. Te escucho
hablar de lo que nos importa.
Tan feo y trascendente.
Rabiosamente vivo.
El amor, este amor
detrás de nuestra oreja.

—————————————

Autor: Andrés Neuman. Título: Vengo de ver. Editorial: La Bella Varsovia.

BIO

Andrés Neuman (1977) nació y pasó su infancia en Buenos Aires. Hijo de músicos argentinos exiliados, se trasladó con su familia a Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura latinoamericana. Dedicado a la poesía desde sus inicios, es autor, entre otros, de los poemarios El tobogánMística abajoNo sé por quéVivir de oído (La Bella Varsovia, 2018), Isla con madre (La Bella Varsovia, 2023) y la antología Casa fugaz: Poesía 1998-2018 (La Bella Varsovia, 2020). Recibió los premios Federico García Lorca, Antonio Carvajal e Hiperión de Poesía. Fue finalista del Premio Herralde con su primera novela, Bariloche, a la que le siguieron La vida en las ventanasUna vez ArgentinaEl viajero del siglo (Premio Alfaguara y Premio de la Crítica), Hablar solosFractura y Umbilical. Ha publicado libros de cuentos, como Alumbramiento o Hacerse el muerto; el diccionario satírico Barbarismos; el diario de viaje por Latinoamérica Cómo viajar sin ver; y el tratado de cuerpos no canónicos Anatomía sensible. Obtuvo el Firecracker Award for Fiction, otorgado por la comunidad de revistas, editoriales independientes y librerías de EEUU, y la Mención Especial del jurado del Independent Foreign Fiction Prize, antecesor del Booker International. Formó parte de la lista Bogotá-39 y fue seleccionado por la revista británica Granta entre los mejores nuevos narradores en español. Sus libros están traducidos a 25 lenguas.


(Fuente: Zenda libros) 

Miguel Hernández (Orihuela, España, 1910-Alicante, España, 1942)

 

 

«Canción primera»


 


 
 
 
Se ha retirado el campo
al ver abalanzarse
crispadamente al hombre.

¡Qué abismo entre el olivo
y el hombre se descubre!

El animal que canta:
el animal que puede
llorar y echar raíces,
rememoró sus garras.

Garras que revestía
de suavidad y flores,
pero que, al fin, desnuda
en toda su crueldad.

Crepitan en mis manos.
Aparta de ellas, hijo.
Estoy dispuesto a hundirlas,
dispuesto a proyectarlas
sobre tu carne leve.

He regresado al tigre.
Aparta, o te destrozo.

Hoy el amor es muerte,
y el hombre acecha al hombre.


(Fuente: Descontexto)

 

Javier Heraud * (Lima, 19 de enero de 1942 - Madre de Dios, 15 de mayo de 1963)

 

 

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KRISHNA O LOS DESEOS

 


A. C. B., interminable amigo.
Keshava, ¿con qué objeto mataría
a los míos? No deseo la victoria,
los reinos ni los placeres.
 
I
No deseo la victoria.
La victoria es siempre pasajera,
no queda después sino la muerte,
el regocijo, el gozo falso de la vida:
una hierba caída sobre el hombro,
un refugio que aguarda su retorno,
un escondido llanto después de la
batalla y la victoria.
Un vaso palpitante,
un cuerpo en perpetuo movimiento,
un cenicero vacío eternamente
son más efímeros que la victoria,
efímera y vana, cansada y agotante.
Difícil es remar a remo suelto,
difícil llenar el vaso lleno,
difícil cambiar el tiempo ajeno.
No deseo la victoria ni la muerte,
no deseo la derrota ni la vida,
sólo deseo el árbol y su sombra,
la vida con su muerte.
 
II
No deseo los reinos.
Un reino es siempre mensurable:
tantos metros y distancias,
tantos bueyes y caballos lo
separan de otros reinos pasajeros.
No deseo ningún reino:
mi único reino es mi corazón cantando,
es mi corazón hablando,
mi único reino es mi corazón llorando,
es mi corazón mojado:
mi reino es mi seco corazón (ya lo dije)
mi corazón es el único reino
indivisible,
el único reino que nunca nos traiciona,
mi reino y mi corazón,
(ya tengo el corazón)
no deseo los reinos si tengo mi
pecho y mi garganta,
no deseo los valles ni los reinos.
 
III
No deseo los placeres.
No existe el placer sino la duda,
no existe el placer sino la muerte,
no existe el placer sino la vida.
(El mar lavará mi espíritu en las arenas,
lo lava todos los días en el recuerdo,
lo ha lavado con palabras,
el mar no es un placer sino una vida).
El mar es el reino de la soledad y el naufragio.
 
IV
No deseo sino la vida,
no deseo sino la muerte.
 
V
Descansar en el valle
que baña el río todas las tardes,
en las arenas que cubre el mar
todas las noches,
en el viento que sopla en los ojos,
en la vida que alienta ya sin fuego,
en la muerte que respira el aire lleno,
en mi corazón que vive y muere diariamente.
 
 
*(Lima, 19 de enero de 1942 - Madre de Dios, 15 de mayo de 1963). Poeta peruano. Premio El Poeta Joven del Perú compartido con César Calvo por su libro ”El Viaje”. Premio de Poesía Juegos Florales de la Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1960, por su libro “Estación Reunida”. En 1960 publica su primer libro: “El río”.
 
(Fuente: Feria virtual del libro de Cajamarca, Perú)