viernes, 22 de mayo de 2026

José Sbarra -(Buenos Aires, 1950 - 1996)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y barba 

 

 

Los pterodáctilos  

 

1
En la era más estrambótica de la Tierra, los pterodáctilos fueron los únicos seres capaces de construir parejas absolutamente fieles.
En el caso de que muriese uno de los integrantes, el otro no formaba una nueva unión.
Si el pterodáctilo sobrevivía, dedicaba el resto de su existencia a deambular por los sitios frecuentados con su pterodáctila. Y realizaba este peregrinaje sin comer ni beber. Sin ir en búsqueda de otra compañera.
Poco a poco iba debilitándose hasta que moría, preferiblemente en el exacto lugar en el que había caído su pterodáctila.
 
2
Ella lo ama. Volar hambrientos, pero juntos, le parece una fascinante aventura. Ama su coraje. Ama la paciencia de su vuelo sobre los volcanes. Lo considera un valiente. Ella lo ama. Ama que se olvide de comer por atrapar una piedra azul. Hay otros pterodáctilos, pero ninguno tiene su estrafalaria manera de planear. Ella lo ama. Desde el día en que conoció a ese tonto pterodáctilo nunca se separó de su lado. Por eso él sabe que ella lo ama.
 
3
En la sinfónica turbulencia de la atmósfera, entre nubes doradas, un pterodáctilo vuela junto a su pterodáctila.
Sus ojos antediluvianos son los espejos del fuego en el corazón de los volcanes. Vuelan juntos. Como viajeros elegantes.
¿De qué sirve un pterodáctilo sin su pterodáctila?
Toda la Tierra con sus ardientes temperaturas y con sus inesperados desplazamientos les ordena amarse.
Y sobre la catedral volcánica del planeta, y sin saberlo, los pterodáctilos están amándose.
 
4
De pronto su vuelo se interrumpió. La pterodáctila cayó por un túnel transparente en el aire. Cayó sobre la arena como una roca. Como un meteorito atraído terriblemente por la Tierra...
Estaba en vuelo y el vuelo se detuvo como un amor que dice que no. Un instante de desconcierto y luego la pterodáctila cayó... Transparente en el aire... Cayó sobre la playa.
El pterodáctilo volaba a su lado. Supo el momento preciso en que su pterodáctila cayó. Pero no miró hacia abajo. Negó el vacío. La implacable vertical de la caída.
Miró hacia un costado y hacia otro. No la vio. Se resistió a aceptar lo demasiado obvio. Y no se animó a mirar hacia abajo. Con espanto volvió la cabeza hacia un costado y hacia el otro.
La buscó en todas las posibilidades horizontales de vuelo. Nunca miró hacia abajo.
Aterrizó en la playa.
Caminó con la vista más allá del presente, buscándola lejos. Lejos. Se detuvo sin verla. Intuyó la presencia de una roca nueva sobre la arena. El pterodáctilo cubrió su cara con cuarenta millones de años.
Una tras otra resbalaron sus monumentales lágrimas. En la boca ígnea de los volcanes resonaron sus alaridos. Pero nunca miró hacia el sitio del dolor.
 
5
Vuela. No lo distraen las piedras azules que saltan de los volcanes. Sigue su rumbo. Y su rumbo es buscarla.
Sus retinas sólo reflejan la imagen de ella. Cree verla en el movimiento de una rama o sobre la cresta salvaje de una ola.
No se pregunta por qué se fue. Se pregunta hacia dónde.
Su cabeza de cretáceo no puede concebir un abandono, sólo un extravío.
Es puro volar sin calma, un vivir buscándola para salvarla y salvarse al tiempo que la salva. Sin ella, volar es un acto inútil.
Se tropieza con las nubes y confunde el cielo con el mar. Va de un lado hacia otro, desorientado y torpe. Fatiga tanto el vuelo si se vuela solo. No quiere volar. Quiere querer.
No los unían los proyectos ni la costumbre. Los unía el volar sabiendo que el otro volaba al lado. Los unía ese voltear la cabeza en el mismo instante como para decirse:
¿Ves?, estamos volando.
 
6
Con larval inocencia un pterodáctilo busca a su pterodáctila. Él no sabe nada de la muerte. Sólo sabe planear con ella como dos gigantes remeros del espacio. Sólo sabe que un pterodáctilo y una pterodáctila son un mismo cuerpo. Y ahora a él le falta una parte.
Ella murió una noche en que los cielos eran dorados. Aún está sobre la arena su cadáver fosilizándose, pero él insiste en la búsqueda porque eso no es ella, no es su pterodáctila: le falta el vuelo, la mirada y el olor del amor.
Ignora las leyes de la naturaleza, cree en el reencuentro. Si necesita a su pterodáctila tiene que ser porque en algún sitio ella lo espera.
Vuela chocando contra todas las salientes de la noche. Va una y otra vez por los lugares que conocieron juntos. Desde la orilla de aquel lago vieron la primera lluvia de estrellas, en ese cráter la tuvo entre sus alas. Vuelve al cielo. Insiste en la búsqueda. Es una esperanza en vuelo y condenada.
Desde lo alto de la noche color magenta se lanza en picada. Solitario y en silencio se desploma en ese fragmento de playa que nunca quiso mirar.
*****


 (Fuente: Daniel Rafalovich)

Hugo Mujica (Avellaneda, Buenos Aires, 1942)

 

 

Hugo Mujica 

 

En plena noche



También en plena noche
la nieve
se derrite blanca
 
y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.
 
Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,
la que nos expande
las pupilas.
 
Lo que busca con su bastón
el ciego es la luz, no el camino
 

 

(Fuente: DALEPOESÍA.BLOGSPOT) 

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Vive en San Juan, Argentina)

 

 

"...condenado por mis propios dioses..."
                                           Yorgos Seferis
 
 
 
Lo existente
en lo anterior de lo exterior.
El cambio de potencial
eléctrico
en la fibra nerviosa del calamar.
Cilindroeje.
 
Un equivalente
de multitudes
excitadas e inhibidas.
 
Dificultosa la marcha
en estos páramos
carentes de agua,
desbordados rosales
y rocío bélico.
El verano
muere chupino
y un par de pititorras
se desploma en esta siesta
a fuer de julio en octubre.
No resbala dicha,
perecer de plumas,
pichones y picos trinos. 
 
Lengua demótica
versus el pobre artificio.
Sin embargo,
gloria a lo vivo,
los eslabones exquisitos
y lo histórico interceptado.
 
Per unitatem ad pacem.
 
Terminación presináptica,
intermitencia de vesículas,
receptores específicos,
iónicos el sodio y el potasio.
 
Deambulábamos
jasones argonautas,
fondeábamos en arrecifes
y rocas mortificadas,
brazos y piernas
enloquecidos de calambres,
y el viento
nos arrancaba la cabeza.
No había vellocinos
en nuestras bocas resecas
ni en los huesos no fosfatos.
 
Del nosotros
al disparate del yo,
apenas una legua.
 
inédito 

 

Antidio Cabal (Las Palmas de Gran Canaria, 1925- San José de Costa Rica, 2012)

 

 

EL SOLITARIO SE DA CUENTA DE UNA VERDURA

 

En el mercado están las frutas bajo las moscas,
y la carne del matadero, con el sello municipal,
y la gente dando vueltas, con el dinero,
apenas una lechuga le interesa al corazón.
 
 
 / Del libro "Equipaje"
 

(Fuente: Antonio Jiménez Paz) 

Arthur Cravan (Suiza, 1887 - Océano Atlántico, 1918)

 

 

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ARRE 

 

¿Qué alma disputará mi cuerpo?
Oigo la música:
¿me arrastrará?
Me gusta tanto el baile
y las locuras físicas
que siento con evidencia
que, de haber sido jovencita,
habría acabado mal.
 
Pero desde que estoy sumergido
en la lectura de esta revista ilustrada
juraría no haber visto en mi vida
fotografías más asombrosas:
el océano perezoso meciendo las chimeneas.
Veo en el puerto, sobre el puente de los vapores,
entre mercancías imprecisas,
mezclarse los choferes con los marineros;
cuerpos pulidos como máquinas,
mil objetos de la China,
las modas y las invenciones;
luego, dispuestos a atravesar la ciudad,
en la suavidad de los automóviles,
los poetas y los boxeadores.
 
¿Cuál es esta noche mi error?
¿Que entre tanta tristeza
todo me parece bello?
El dinero que es real,
la paz, las vastas empresas,
los autobuses y las tumbas;
los campos, el deporte, las queridas,
hasta la vida inimitable de los hoteles.
Quisiera estar en Viena y en Calcuta.
 
Tomar todos los trenes y todos los navíos,
fornicar con todas las mujeres y engullir todos los platos.
Mundano, químico, puta, borracho, músico, obrero, pintor, acróbata, actor;
viejo, niño, estafador, granuja, ángel y juerguista; millonario, burgués, cactus, jirafa o cuervo;
cobarde, héroe, negro, mono, Don Juan, rufián, lord, campesino, cazador, industrial,
fauna y flora:
¡soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!
 
¿Qué hacer?
Probaré con el aire libre,
¡quizás ahí podría prescindir
de mi funesta pluralidad!
Y mientras la luna,
más allá de los castaños,
unce sus lebreles
e, igual que un caleidoscopio,
mis abstracciones
elaboran las variaciones
de los acordes
de mi cuerpo,
que mis dedos pegados
a la delicia de mis llaves
absorben frescos síncopes,
bajo mociones inmortales
mis tirantes vibran;
y, peatón ideal
del Palais-Royal,
me embriago de candor
incluso con los malos olores.
 
Repleto de una mezcla
de elefante y de ángel,
lector mío, paseo bajo la luna
tu futuro infortunio,
armado con tanta álgebra
que, sin deseos sensuales,
entreveo, fumadero del beso,
coño, mamada, agua, África y descanso fúnebre,
detrás de las persianas tranquilas,
la calma de los burdeles.
 
Bálsamo, ¡oh mi razón!
Todo París es atroz y odio mi casa.
Los cafés ya están oscuros.
Sólo quedan ¡oh mis histerias!
los claros establos
de los orinales.
 
Ya no puedo seguir quedando fuera.
Ésta es tu cama; sé tonto y duerme.
Pero, último inquilino
que se rasca tristemente los pies,
y, aunque cayendo a medias,
si yo oyese sobre la tierra
retumbar las locomotoras,
¡cuán atentas podrían volverse mis almas!
 
«Todo contra el mundo
hasta el corazón
hasta la vida misma
si valiera la pena morirla».
 
*** 
 
 
Arthur Cravan (seudónimo de Fabien Avenarius Lloyd; 22 de mayo de 1887, Lausana, Suiza - 1918, océano Atlántico) fue un artista multidisciplinar, considerado un precursor del dadaísmo. Era hijo de Otho Holland Lloyd y sobrino político de Oscar Wilde, que se había casado en 1884 con Constance Mary Lloyd, hermana de Otho.
Durante su corta vida, se dedicó al boxeo, la literatura y la poesía, y llevó una vida viajera de bohemio.
Los motivos de la elección del seudónimo de Arthur Cravan son desconocidos, aunque Arthur Rimbaud era su poeta favorito.
Entre 1912 y 1915, en París, fue el editor y único redactor de la revista Maintenant, de la que produjo cinco números. En ella se unían a las críticas literarias y artísticas excentricidades y provocaciones de todo tipo, prefigurando la aparición inminente de lo que sería el movimiento Dadá. El autor "muestra una concepción enteramente nueva de la literatura del arte que corresponde a la que podría ser, en el terreno del gran espectáculo, la del luchador ambulante o el domador. Llevado de su odio a las librerías enrarecidas donde todo se confunde y, aunque nuevo, está lleno de polvo, Cravan empuja delante de sí el stock de ejemplares de Maintenant en un carrito sin toldo: ¡Veinticinco céntimos el ejemplar! La cortísima y limitadísima experiencia en cuestión parece, a distancia, haber ejercido una virtud descongestionante de primer orden. Es imposible no encontrar en ella los signos precursores del Dada, pese a que la solución buscada allí al malestar intelectual escape por un lado completamente diverso.
Se propone rehabilitar el temperamento, en el sentido físico de la palabra, ya no regresión hacia la infancia del hombre, sino hacia la del mundo, la prehistoria, amor al tío, en este caso Oscar Wilde, presentado en sus últimos años como un paquidermo: "Le adoraba porque parecía un gran animal"; para describirse a sí mismo el poeta encuentra estos acentos líricos".
Por ejemplo, después de haber insultado a la pintora Marie Laurencin, pareja de Guillaume Apollinaire, se vio obligado a rectificar y lo hizo en estos términos:
Puesto que yo he dicho: « He aquí una que necesita que se le levanten las faldas y se le meta una gran... en cierto sitio», yo pido simplemente que se debe entender: « He aquí una que necesita que se le levanten las faldas y se le meta una gran astronomía en el Teatro de Variedades»
En cierta ocasión anunció que se suicidaría en público, lo cual concentró un gran número de curiosos a los que, después de acusarlos de voyeuristas, ofreció una conferencia excepcionalmente detallada sobre la entropía.
En 1915, se va de Francia en plena Primera Guerra Mundial y atraviesa Europa con pasaportes falsos. En 1916, llega a Barcelona, en donde volvió a ejercer de boxeador. El 26 de abril de 1916 combate en la Plaza Monumental con el campeón del mundo Jack Johnson, que le dejó KO en el sexto asalto. Si bien lo tuvo a su merced desde el primer instante, Johnson había cobrado dinero por la filmación del combate, estipulando una duración mínima del mismo, por lo que tuvo que esperar al sexto asalto para noquear a Cravan. Según Bertrand Lacarelle, este combate es el primer «happening» de la historia del arte. El 26 de junio, en el Frontón Condal, se enfrentó al francés Franck Hoche. El combate solo duró un asalto, ya que Cravan se presentó borracho y abandonó al cabo de doce minutos.
Invitado en 1917 por Francis Picabia y Marcel Duchamp a dar una conferencia en la Grand Central Gallery sobre los artistas independientes de Francia y de América, Arthur Cravan se embarca para New York. Aparece en la sala titubeante y visiblemente borracho, da un golpe sobre la mesa y empieza a desvestirse. La policía se lo lleva esposado mientras grita manifestando su indignación, según cuenta Henri-Pierre Roché, que asistió a la escena junto a sus amigos Duchamp y Picabia. Al día siguiente, la prensa de Nueva York le hace reproches pero también se muestra comprensiva:
El señor Cravan estaba un poco loco, pero sin duda era también independiente. ¿No era la independencia artística el tema de la conferencia? (The Sun, 20 de abril de 1917).
La revista 391 lanzada por Picabia en enero de 1917 en Barcelona le debe mucho al espíritu de Cravan : su filiación con el movimiento dadaísta empieza a partir de ese momento, aunque Cravan no se adhirió nunca formalmente a esta corriente artística.
En Nueva York conoció a la poetisa Mina Loy, con la que vivió una intensa pero breve pasión. Tomándolo por modelo, Mina comenzó una novela titulada Colossus, que dejó inacabada. La entrada de Estados Unidos en la guerra mundial en noviembre de 1917 empuja a la pareja a marcharse a México, donde se casaron en abril de 1918 en la Ciudad de México, ciudad en la que vivieron un tiempo, siempre acuciados por las estrecheces económicas. Al quedar Loy embarazada, la pareja decidió abandonar México en busca de una nueva vida en Argentina. Arthur Cravan desapareció en 1918, en algún lugar del Golfo de México, durante su travesía por el Atlántico rumbo a la Argentina. Su cuerpo nunca fue encontrado. Se cree que dicho barco naufragó por una tormenta y Cravan murió ahogado. Loy volvió a Europa para tener a la hija de ambos, que nació en abril de 1919.
 
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

José García Alonso (León, España, 1962)

 

 

Malos tiempos 

 




No detiene la pobreza su reclutamiento

los días festivos, toma conciencia

de nuestro desaliento, sabe de la miseria

a la que nos condena la obediencia.


Acatamos el exterminio y acabamos

por convertirlo en necesidad.


José García Alonso (Inédito)

 

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Pablo Iráculis (España)

 

 

Y más

 


 

 

circundando la ciudad

en lugar de murallas medievales

centros comerciales

polígonos

gasolineras

ciudades clandestinas

puticlubs

vertederos

y más

y más

y más esclavitud

en cualquiera de sus innumerables formas

 

 

 Pablo Iráculis. Dime Cuánto

 

(Fuente: Cultura y anarquismo)