jueves, 11 de junio de 2026

Juan L. Orttiz (Puerto Ruiz, Argentina, 1896-Paraná, 1978)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro 

 

A ORILLA DE UN RÍO 

 

A la orilla del río
un niño solo
con su perro.
 
A la orilla del río
dos soledades
tímidas
que se abrazan.
 
¿Qué mar oscuro,
qué mar oscuro,
los rodea,
cuando el agua es de cielo
que llega danzando
hasta las gramillas?
 
A la orilla del río
dos vidas solas
que se abrazan.
 
Solos, solos, quedaron
cerca del rancho.
La madre fue por algo.
 
El mundo era una crecida
nocturna.
¿Por qué el hambre y las piedras
y las palabras duras?
 
Y había enredaderas
que se miraban,
y sombras de sauces,
que se iban,
y ramas que quedaban…
 
Solos de pronto, solos,
ante la extraña noche
que subía y los rodeaba:
del vago, del profundo
terror igual,
surgió el desesperado
anhelo de un calor
que los flotara.
 
A la orilla del río
dos soledades puras
confundidas
sobre una isla efímera
de amor desesperado.
 
El animal temblaba.
¿De qué alegría
temblaba?
 
El niño casi lloraba.
¿De qué alegría
casi lloraba?
 
A la orilla del río
un niño solo
con su perro.
 
 

AH, LOS CREPÚSCULOS DE ALLÁ...

 

Ah, los crepúsculos de allá. Iguales a los de acá.
La misma tristeza primaveral, límpida.
Y los grillos, los grillos...
 
Y la brisa, casi el viento,
con la misma melancolía, de qué agua invasora?
en las islas de los follajes.
 
 
 

AH, MIS AMIGOS, HABLÁIS DE RIMAS...

 

Ah, mis amigos, habláis de rimas
y habláis finamente de los crecimientos libres...
en la seda fantástica os dan las hadas de los leños
con sus suplicios de tísicas
sobresaltadas
de alas...
 
Pero habéis pensado
que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio
de crecida,
desnudo casi bajo las agujas del cielo?
 
Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo
del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde “la división”,
despedido del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus
             juegos
con el pan que él amasa y que debe recibir a veces
en un insulto de piedra?
 
Habéis pensado, mis amigos,
que es una red de sangre la que os salva del vacío,
en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,
de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,
a no ser una escritura de vidrio?
 
Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,
y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el
secreto…
Y sé que a veces halláis la melodía más difícil
que duerme en aquellos que mueren de silencio,
corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…
Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la
poesía
igual que en un capullo...
 
No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del
amor…
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Inocencio Mamani (Puno, Perú, 2 de diciembre de 1904 – Arequipa, 30 de noviembre de 1990) .

 

 

 

Puede ser una imagen de texto 

 

 

LOS LEKECHOS (*) 

 

.
Dicen que los lekechos a la orilla del lago,
Con ojos inyectados de sangre,
Buscan, llorando su palomita ausente.
Desmayados, como si fueran a morir
Los picos verdes y los ojitos colorados
Se preguntan por la borrachera de ayer
Y por la mañana y la de hoy...
¡lekechito! ¡lekechito! ¿Para qué te emborrachaste?
Hasta tus patitas se llenaron de barro
Ah, pero ten cuidado: no sea que como el búho
Pierdas la partida,
Que por cantar al corazón de la noche
Ahora grita como una gallineta.
Viejo pajarito del alba!
Todos los días
En los cocales del valle
Estás llorando
Sin respetar el vientre de tu hembra...
No te alucines pues,
Y sé blanco como la gaviota al medio día!
.
(*) El lequecho, también conocido como liq'ichu, es un ave zancuda típica de la región altoandina de Sudamérica. Muy respetada en la cultura local, actúa como un "centinela natural" gracias a su canto de alerta.
.
(Traducción: Antonio Colca y Omar Aramayo)
.

LEKECHUQUNAS 

.

Kochapatapi lekechuqunas
Yawar cchara ñawintin
Wakaspa maskkanqu chinqaska urpisitunta
Kayna ppunchay qqaya tuta
Machananqumanta tapunaqunqo
Musfaspa wañunata jina
Puqa ñawisituntin komer achurunaqunaka
Lekechituy lekechitu imapajtaj machayqurkanki
Chkisituykiqunapas tturo junttallañan qaskian
Allinta kawakuy – chaymantataj
Puquy puquy jina
Qajniykita atipachiquaj
Wajhacchaquspa kapariy
Ojj wallpita jina
Chaupi tutaj sonkonta takisajniskaykipi
Sapa ppunchay
Wakaskianki quqaj wallinqunapi
Pachasuttiyaypaj machu phesqkitun
Warmiykej wijsantapas mana yupaychaspa
Ama ari yupata machaycho
Ichaka yuraj qaquy
Chaupi ppunchay keulla jina
 
 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía) 
 

Dietmar von Aist (Austria, ca 1115–ca 1171)

 

 

 

"Duerme, mi prenda querida..."

 


 
 
 
Duerme, mi prenda querida,
nos despertarán enseguida.
Un pajarito muy bonito
ha llegado a la rama del tilo.

Dormido me había tan suavemente,
ahora, niña, me dices que despierte.
Amor sin dolor ser no podría,
lo que mandes hago, amiga mía.

La mujer entonces llora:
«tú cabalgas y me dejas sola.
Cuándo vendrás a mí de nuevo.
Ay, contigo llevas mi contento».
 
 

Dietmar von Aist, incluido en Antología esencial de la poesía alemana (Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2004, ed. y trad. de José Luis Reina Palazón).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 

 

Corina Oproae (Făgăraș, Transilvania, Rumania, 1973)

 

 

CÓMO ENTERRAR AL PADRE EN UN POEMA 

 






CÓMO ENTERRAR AL PADRE EN UN POEMA






con Silvia Goldman



ELIGES un lugar del bosque


lo haces antes de comenzar

a pensar el poema


imaginas el bosque

hasta que los árboles

con sus raíces y troncos y ramas

se vuelven reales

hasta que nada en él

es imaginado


alargas el camino hacia el lugar

como si masticaras flores blancas

de acacia

memorias de lo real

que miras con ojos desorbitados

en tus pesadillas


sabes que el bosque existe

así que te detienes y lo contemplas

mientras subes la colina

con ese broche incandescente

que llamamos sol

en la base del cráneo


sientes la temperatura del cuerpo

en ascenso

tu estado de agregación

en peligro


respiras hondo

y echas a correr

hasta que tu mano toca

el primer árbol


crees que ha llegado el momento

de comenzar a pensar el poema

pero él se te muestra ya a medio hacer


(la tumba que has venido a cavar

busca alrededor su pedazo de tierra)


el poema

se ha estado pensando

desde el instante en que elegiste


el lugar del bosque

ahora se muestra impaciente

busca el camino hacia el sentido

cobra forma y su voz retumba clara

como un grito en una sala de disección


dice

un padre es un padre


y tú asientes

y dices


sí este poema es sobre un padre


sí este poema es sobre una tumba

donde enterrar el cuerpo de un padre


y mientras pronuncias la frase

brota un padre en cada árbol que miras

y se abraza al tronco

y tú puedes alargar la mano

y tocarlo


(por poco que intervengas

la tumba se cavará en el lugar adecuado

y en el tono adecuado)


el padre se desvanece

como un muñeco de nieve

el poema tirita de frío

es un paciente sedado

en un quirófano

que repite en voz alta


un padre es un padre


un padre es un padre


y su voz mece a una hija

que escribe un poema que es una tumba en un bosque


sincronizas tu voz

con el poema y dices


un padre que abraza a un árbol es un padre

un padre que se derrite como la nieve mientras abraza

a un árbol es un padre

un padre que escarba la tierra como un ciervo es un padre


y comprendes

que no es el padre ni la nieve ni el ciervo

quien acude al poema

que es el poema mismo

quien decide

cuándo el padre desaparece

cuándo la nieve se derrite

o si el ciervo asoma


que es el poema mismo el que hace

que las astas atraviesen los nombres

o que tan solo claven su punta en la vocal

de algún pronombre que agoniza


(no hay ni lugar ni tono adecuado

y la tumba se cava a sí misma en el único lugar posible)


como si quisieras demostrar que confías

en lo que el poema sugiere

te preparas por si el ciervo regresa

a patear las consonantes que cubren

la piedra y el musgo de la desmemoria


el poema encuentra su coherencia

y tú entras en este mismo verso

a hurtadillas

deslizas en la mano de esa hija

siempre extraviada en el bosque

el puñado de tierra que llevas contigo a todas partes

y escuchas cómo lo arroja

sobre el cuerpo del padre y murmura


este poema es una tumba


este poema es una tumba


este poema es una tumba




Corina Oproae

Cómo enterrar al padre en un poema


Tusquets

(Fuente: Papeles de Pablo Müller) 

 

Una Marson (Jamaica, 1905 - 1965)

 

 

La alegría de las montañas

Hermosas y cercanas
a mi corazón
son las montañas y colinas
que se yerguen en la llanura
de Kingston
para adornar St. Andrew
y se alzan
hacia el cielo.

Hermosas y puras
son las nubes errantes
que flotan a la tierra
para darte su amor y sus caricias
al quedarse dormidas
en tus brazos
mientras los delicados rayos rosas
del sol cuando se pone
te encantan
con su hechizo

Gratos y bendecidos
los ojos de mi gente
que pueden levantarse
a mirar esta gloria
impoluta, intocada
por la mano del hombre.
Alabado sea Él
que pone ante nosotros
este banquete de alegrías
este festín de deleites
que inspiran y bendicen
cada hora
de cada día.
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
  

Una Marson: A pioneering journalist, activist and poet — Google Arts &  Culture


 

miércoles, 10 de junio de 2026

Noémia de Sousa (Maputo, Mozambique, 1926 - Portugal, 2002)

 

 

«Lección»

Sin datos del traductor
 




 
 
Le enseñaron en la misión, 
cuando era pequeñito:
«Somos todos hijos de Dios; cada hombre 
es hermano de otro hombre».

Le dijeron esto en la misión, 
cuando era pequeñito.
Naturalmente, 
no se quedó siempre niño:
creció, aprendió a contar y a leer 
y comenzó a conocer 
mejor a esta mujer vendida 
que es la vida 
de todos los desgraciados.

Y entonces, una vez, inocentemente, 
vio y a un hombre y le dijo: «Hermano»,
pero el hombre pálido le fulminó duramente 
con sus ojos llenos de odio 
y le respondió: «Negro».



en Sangre negro, 2001


 (Fuente: Descontexto)

Eduardo Casar (México, 1952)

 

 



Darle a la sangre - Eduardo Casar


 

 

CONJURO Y CONTIGO

 

Hoy me toca ser viento. Ten cuidado.
Refuerza tus ventanas con maderas y con golpes firmes.
Con las maderas dibuja la inicial de mi nombre.
Dicen que si lo haces arrojarás hacia la paz,
lejos del estremecimiento,
al portador del nombre que dibujas
con maderas apuntalando tus ventanas.
Dicen que no hay más eficaz conjuro
que enfrentar consigo mismo a quien ataca.

Dicen que es eficaz, pero no sirve.

Sabré encontrar resquicios
para llegar hasta tu pecho.

Y mañana me tocará ser agua.
Ten cuidado.
Porque mañana es muy probable
que nazca dentro de ti
una sed peligrosa y es verano.




DARLE A LA SANGRE

Darle a la sangre un ritmo.
Darle a la sangre voz y viento.
Darle a la sangre el golpe cierto de la sombra.
(Cuando juegues a estar solo
nadie saldrá a decirte
no lo estás,
estoy contigo,
aquí estamos sobre el pasto
mirando la luz herida
los dos)
Darle a la sangre voz y viento,
intemperie y sótano al mismo tiempo.
Darle a la sangre el ritmo de la plata derretida,
intervalos de gota y catarata
entre las venas y los huesos blancos.
Darle a la sangre paciencia
hasta hacer de la piel
una sombra que brille.




DEJA QUE EN TU SUEÑO

Deja que en tu sueño sucedan
imágenes del agua
en nombre de un alfabeto
que nadie más entienda.
Despierta en nombre
de la noche que acaba.
Mírame para quitarme
la ceguera.
Deja que caiga por amor al sol
la tela que te cubre.
Deja sólo las sombras
de tu cuerpo.
En el nombre del mar,
por un inmenso amor
al bosque que se mueve,
acércate desnuda.

Suelta en mi nombre tu cabellera recogida.

Muévete por amor.




ESCRIBIENDO EN GERUNDIO

Entre otras cosas
para enriquecerse con los otros, juntos,
al juntar las palabras y formar escaleras y puentes levadizos
que unan habitaciones desconocidas antes.

Para transitar por todas las resonancias posibles
y estropear los usos automáticos, buenos, del lenguaje.

Para ponerse sombras, y sobras, y redobles
debajo de las tapas craneana y torácica,
encenderse los centros y los flancos.

Para que la relatividad deje de ser teoría
y se aparezca Hegel en las noches.

Para perderle el miedo a los disfraces y a las voces distintas.

Al escribir el mundo se incorpora
y lo que parecía inorgánico se organiza y se tensa,
y los sentidos intensifican los radios de sus arcos perceptivos.

Escribir es también revolverse, entrecruzarse con los aspavientos
y abrir encrucijadas donde estaba el silencio enterradito y quieto.

Defenderse de lo definitivo, embriagarse, ver las fotos de lado.

Es cobrar importancia y malgastarla.




PASODOBLE

La vida es un pasillo estrecho
donde nos encontramos frente a frente.

Tu vientre contra el mío.

Yo trato de llegar
al sitio desde el que tú partiste.
Tú tratas de pasar,
para encontrar mi punto de partida.
Mis brazos cómo quieren ayudarte:
te empujan como el mar hacia mi espalda.
Tus brazos tratan de ganar orillas
cada uno por un lado de mi cuerpo.
Me agrando como el mar: tú te le opones
y la humedad te multiplica bosque
que sólo se atraviesa como incendio.

No cabemos los dos en este mundo
y nos vamos a otro largamente.




ENTRE TU SANGRE

Irse así, tras de ti para encontrarte
y encontrarte dormida
y encontrarse
con que en tu sueño apresas
al fantasma que te mira,
a la piedra lanzada hacia tu cara,
a la piedra que se disuelve
y vela desde dentro
el esquema asombrado
de tu sueño de arena,
de tu sueño de danza
en una playa oscura.
Saber que para quien alrededor
de ti camina
no hay caminos
ni atajos ocultos como flores en la nieve
y que entonces irse tras de ti,
de noche, entre tu sangre,
es hundirse en tu cuerpo lentamente,
es andar en el aire caminando,
es que tu boca despierte cada noche
para cada noche perderse nuevamente,
es salir a solas de tu cuerpo,
a mediodía y sin que tú lo adviertas,
para cada noche perderse nuevamente.




EPITAFIO

Y allí, bajo la tierra,
el árbol ramifica otro follaje,
dúctil y penetrante,
como dotado de una
voluntad de silencio.

No es el viento el que mueve
ese ramaje interno.
Es la humedad y es otra lentitud,
serpiente multiplicada y armoniosa
bajo la oscuridad compacta de otro cielo.

También ese bosque
caminaremos juntos.

 

 

**

 

 

Eduardo Casar

Nació en el Distrito Federal de México en 1952. Doctor en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesor de tiempo completo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde tiene una antigüedad de 44 años.  Ha publicado: Noción de travesía (poemas), ediciones Mester, en 1981; Son cerca de cien años (poemas), UNAM, 1989; Caserías (poemas), UNAM, 1993; Mar privado (poemas), Conaculta-Instituto de Cultura de Aguascalientes, 1994; Las aventuras de Buscoso Busquiento (cuentos para niños), en colaboración con Alma Velasco, Grijalbo-Conaculta, en 1994; Amaneceres del Husar (novela), Alfaguara, en 1996; Parva natura (poemas) Plan C editores/ Conaculta, en 2006; Habitado por dioses personales (poemas), Calamus/INBA, en 2006; Ontología personal (poemas), Conaculta, 2008; Grandes maniobras en miniatura (poemas), Gobierno del Estado de México, 2009, Para qué sirve Paul Ricoeur en crítica y creación literarias (teoría literaria), Universidad Iberoamericana, 2011; Unos poemas envozados (poemas), Colección Voz Viva de México, UNAM, 2012; Vibraciones a 500 metros, Parentalia ediciones, 2013. Fue profesor de la Escuela de Escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México), durante 21 años. Condujo el programa Hacia el filo de la noche, en Radio UNAM, durante 5 años. Condujo el programa radiofónico Voces interiores, de Conaculta durante 13 años. Es co-conductor del programa de televisión “La dichosa palabra”, transmitido por el canal 22, desde hace 17 años. Es autor del guión de la película Gertrudis, filmada en 1990, dirigida por Ernesto Medina. Recibió, por un trabajo colectivo, el Premio Nacional de Ensayo Literario “José Revueltas”, en 1976. Recibió el primer lugar en el género de poesía en el Certamen Internacional de Literatura Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz, en 2009. Recibió el Premio Universidad Nacional 2015 en el campo de creación artística y e

 

(Fuente: tresorillas.com)