viernes, 4 de septiembre de 2026

Carmen Boullosa (Ciudad de México, 1954)

 

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas y personas sonriendo 

 

 

 

La salvaja, fragmento.

 

El fuego,
otra vez fuego,
el fuego junto a la lumbre,
en el piso,
subiendo por los sillones,
cruzando las ventanas,
y tras él el fuego,
 
solamente el fuego.
El fuego otra vez,
¿No lo ven?
¡No lo ven! Es el fuego.
Les parezco una mujer sentada.
Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también,
la falda cedió sus hilos,
ardiendo los dejó caer...
 
Quiero vestirme.
El fuego. No tengo más que el fuego:
Soy la desnuda, la que no tiene encantos.
Quiero vestirme.
 
Quemo mis vestidos.
Mil cabellos están vencidos también por el calor,
mis pestañas, mis ojos;
mi saliva, un día intacta,
también te espera rendida, vencida, humillada,
doblada, hincada,
herida como el vapor,
como el vapor aislada,
ahogada en tu espera.
Quiero vestirme.
No hay animal con el que pueda compararme,
desnuda estoy como el ganso o el lirio,
no hay planta con la que pueda compararme,
quemada estoy, quemándome,
impaciente,
interminablemente.
¡Que me ayuden los asnos!
¡Que acudan a mi ayuda
los cerdos o las garzas,
los ruiseñores o las cañas de azúcar!
¡Nada puede ayudarme!
¡Vencida estoy por ti,
por ti fui por mí abandonada!

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Günter Grass (Dánzig, Alemania, 16 octubre 1927‒Lübeck, 13 abril 2015)

 

 

 

 




NARCISO

 

 
¿Adónde llevar de paseo
al perro faldero
sin correa?
 
Araña la puerta,
se mea en el parqué
hasta que me reflejo.
 
Qué guapo soy.
Eso dice mi perro, que me es fiel.
Los dos somos bobos... pero inmortales.
 
(Traducción: Miguel Sáenz)
Cinco decenios (2001)
Buenos Aires: Editorial Alfaguara, 2003, p. 24

 

(Fuente: Óscar Limache) 

Daniel Martínez (Allen, Río Negro, Argentina, 1963)

 

 
















Perros en la noche


Perros en la noche
solo perros

el resto no dice nada
que se calle
hasta el último recuerdo

ustedes no
son la compañía que quiero
animales nocturnos que saben como yo
que hay más seres
que están del otro lado de la soledad
lejos como la distancia
hasta esta luna que aparece
iluminando todo
perdonando tanta oscuridad

perros en la noche
ladridos como puñales en la sangre
que corren lentamente
dolorosamente despacio

soy alguien
a pesar de todo
en este momento soy quién quiero ser
quien debo ser

quisiera morirme un día así

estoy vivo
al filo de la vida
atrapado
en un sueño extraño y misterioso
realidad cruda indomesticada
sin velos sin trampas
sin mentiras generosas
solo con la verdad posible
mordiendo cada minuto
abrazado por una vez
a la certeza de la existencia

un ruego
nada más que un ruego
que mi palabra silenciosa
este a la altura
de la música
de estos perros en la noche

[inédito]


---
Foto: Gentileza del autor

 

(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible) 

Gabriel Reches (Buenos Aires, 1968)

 

 

 

 

 

COREOGRAFÍA

 

Este álamo de veinte metros.
parece más firme desde el último temporal.
Involuntaria la brisa
desprende una hoja amarillenta
 
Arriba ensimismadas
en su propia concepción del espacio
las nubes restituyen al ojo
de las dimensiones
una idea más aproximada.
 
     "Antes de morir
      lo que cae baila una danza
      y todo en mí se mueve sin gobierno"
 
La hoja que cae no es cualquiera.
Es solo ella, que ya no
se asienta irritada por los nutrientes.
Se ha vuelto individualidad. 
 
Apenas toca el suelo
levanto su cuerpo, aunque casi amarilla
todavía tersa
de superficie flexible
a causa de la vida que hasta recién albergaba
 
      "Abre los brazos que
       voy cayendo hacia ti
       Bailemos antes de morir"
 
La brisa es ahora más intensa.
de la copa se desprenden muchas hojas iguales
Nadie estará para observar
ni formas ni trayecto .
Entonces, qué habrá sucedido.
.....

 

(Fuente: Daniel Fredemberg) 

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de texto 

 

 

OBRA OCULTA

 

en la construcción de la casa
no ha intervenido nadie
 
ni el pródigo incapaz
de abrir la mano
ni el poeta
en busca del verso
con que acatar sin culpa
ni el simulador
que oculta la evidencia
tras una mueca de ira
 
y sin embargo
ves sus muros alzarse
sobre cimientos
de sangre y sueños
y al caer la noche restos
de memoria
derrotada
___________________
J. G., inédito
Foto: de Liliana Lavarello

 (Fuente: Alicia Silva Rey)

Vicente Andrés Estellés (Valencia, España, 1924 - 1993)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de La Sagrada Familia 

 

 

 

PLAYA EN SETIEMBRE

(Fragmento)
 
V
Labios, carnívoros labios mordiendo tanto corazón,
desgarrando tanto corazón, furiosos pájaros,
en la brisa caliente como la arena donde se derrama
el cuerpo —yacija donde fermenta el deseo, después el agrio
grito de gaviota sola, perdida por el arenal,
vecino ya de la aspereza de los maizales, grito como uñas
arañando en un vidrio, cruelmente—, agosto denso.
Sube un vaho de horno desde la arena, siento
como si la arena hubiese entrado en mí por los poros,
la siento crujir, terrible, entre los huesos. Las sienes
muelen la arena, lentas; parece que la humedad
me hincha los huesos de la cabeza desmesuradamente:
con ella parece crecerme toda la calavera
como por una inminencia gigante. Un estupor,
una savia caliente corre por todos los huesos
deteniéndose en el rostro —petrificado, atónito,
cara al cielo o al silencio—, oh cuerpo, oh vida, oh tú,
súbitamente absorbido, desucado, seco de pronto.
 
I
Hay el arado, amarillento, con una amarillez de hueso,
y hay el cráneo del asno entre las brozas tiernas
y hay una lejanía de sábanas secándose,
hay una barca en la arena, hay otras cosas, Françoise.
Hay pisadas también, espaciadas y graves,
hay la señal de unas nalgas alegres y pequeñas,
y soledad, Françoise, más soledad aún.
Hay también la cama metálica, hay la habitación
por horas, hay la virgen con unos ojos grandes por el pánico,
y desnuda, en un rincón, mirando avanzar al hombre:
hay la virtud, Françoise, y la virginidad,
y el invierno, en la playa, y hay los cristales, tan sucios,
y hay las sábanas, grasientas, rasgadas con las uñas,
y hay los barcos, Françoise, con nombres prestigiosos,
en el agua lenta y triste y aceitosa del puerto.
Hay dos barcos daneses cargando mandarina.
 
 
 

LOS AMANTES

                                                         La carne quiere carne.
                                                                         Ausías March
 
 
«No había en Valencia dos amantes como nosotros.
Ferozmente nos amábamos desde la mañana a la noche.
Todo lo recuerdo mientras vas tendiendo la ropa.
Han pasado años, muchos años; han pasado muchas cosas.
De pronto aún me coge aquel viento o el amor
y rodamos por tierra entre abrazos y besos.
No comprendemos el amor como una costumbre amable,
como una costumbre pacífica de cumplimiento y telas
(y que nos perdone el casto señor López Picó).
Se despierta, de pronto, como un viejo huracán
y nos tumba en tierra a los dos, nos junta, nos empuja.
Yo deseaba, a veces, un amor educado
y en marcha el tocadiscos, negligentemente besándote,
ahora un hombro, y después el pezón de una oreja.
Nuestro amor es un amor brusco y salvaje,
y tenemos la nostalgia amarga de la tierra,
de ir a revolcones entre besos y arañazos.
¡Qué queréis que haga! Elemental, ya lo sé.
Ignoramos el Petrarca e ignoramos muchas cosas.
Las Estances de Riba y las Rimas de Bécquer.
Después, tumbados en tierra de cualquier manera,
comprendemos que somos bárbaros, y que eso no debe ser,
que no estamos en la edad, y todo esto y lo otro.
 
No había en Valencia dos amantes como nosotros,
porque amantes como nosotros son paridos bien pocos».
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Jan de Jager (Buenos Aires, 1959)

 

 

 

 

 

 

"Mistaken identity"  

 

Al año y medio me raptaron de mi cunita

y me cambiaron por otro

A los cinco me raptaron de mi cama

y me volvieron a cambiar.

A los catorce me lo hicieron

otra vez.

Soy otro, y otro, otra vez otro.

A veces me pregunto/ qué será de aquellos.