domingo, 13 de septiembre de 2026

Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, España, 1957)

 

 

LA POESÍA HA CAÍDO EN DESGRACIA 

 

 



 

 

 

La poesía ha caído en desgracia y las salamandras azules del mediodía entran en la ruina de sus vasijas ceremoniales con los ojos desorbitados por el sol de la muerte.

 

 

Toda necesidad ha desaparecido, la olorosa cebada en las alacenas vacías, el arca con las semillas de sésamo.

 

 

Todo lo que ha arrastrado el viento sobre la tierra húmeda había sido hermoso en la voz de mi padre, la suave hierba del dialecto y la agonía de los petirrojos en el avellano.

 

 

Ninguno de nosotros ha sido escogido por la verdad, otros fueron los días destinados a la belleza, otros los pasos del eremita que caminaba en la nieve, digno en la desolación como un árbol sagrado.

 

 

Hemos entrado en el silencio, ya no hay nadie tras los hayedos blancos, pero a veces el corazón todavía escucha los celestes cuclillos del invierno, el ruido vivo de la muerte frente a las ventanas cerradas.

 

 

Ahora, aún jóvenes, soportamos la mudez ante las jaulas de la sabiduría.


 


Juan Carlos Mestre. La desobediencia de las palabras. Bartleby Ed. 2024

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Isaac Felipe Azofeifa (Santo Domingo, Costa Rica, 11 de abril de 1909 - San José, 3 de abril de 1997)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 

 

OH, TEMPESTAD DE FORMAS 

 

.
Oh, tempestad, a dónde, a dónde
me conduces, lleno de ti,
girando en el vacío, arrebatado por tu cruel ventura.
 
Yo quiero descansar, pero me avienta tu pulmón de violencia,
me arrebata tu vértigo, a dónde, a dónde
me conduces.
 
Sobre tu móvil lomo avanzo, retrocedo, giro sobre mí mismo,
todas las cosas que conozco y recuerdo
se precipitan en tu vórtice.
 
Ah, los pequeños animales que ahora están pegados a la tierra,
que tu ímpetu ignoran, tu dominio, tu posesión voraz del hombre.
 
Esta cima conquisto cada día, esta región de vendavales,
este mundo infinito donde nada subsiste y todo permanece.
 
Participo de este poder creador de seres, en sí mismo sin límites,
me hundo en la pasión paridora del cosmos, me deseo, me elijo,
desafío, asciendo entre castigos y catástrofes, y en lo alto,
pongo mi libertad, la tuya, la de todos, la del mundo infinito.
 
Oh, tempestad de formas!
Que la estéril rutina no me encadene a su vil gramática,
a su camino donde las estatuas ya son blancas vacas muertas,
y los paseantes se saludan -qué tal, qué tal-, mientras adulan
el pasado, y escupen juicios hacia el presente sin futuro,
hasta que el día es una alberca de peces muertos y agua inmóvil.
 
Dame la llama interior, dame la rebelión, dame lo real,
dame la puerta abierta hacia los otros,
dame aceptar activamente,
libremente vivir aún lo que es necesario.
Oh, aventura!
 
De tus manos espero seguir recibiendo el bien perfecto
de la súbita iluminación del rayo,
de la ilusión que se derrumba como un muro.
Dame vivir heroicamente,
aunque este reto sea tan pequeño que cabe
toda mi libertad en la forma interior de este verso.
 
.
De: «𝘝𝘪𝘨𝘪𝘭𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘱𝘪𝘦 𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦» (1962)
Isaac Felipe Azofeifa Bolaños fue un poeta costarricense 🇨🇷

 

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía) 

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948 - Las Palmas de Gran Canaria, España, 2014)

 

 

Mutis 

 

 



 
 
 
Era más romántico quizá cuando
arañaba la piedra
y decía por ejemplo, cantando
desde la sombra a las sombras,
asombrado de mi propio silencio,
por ejemplo: "hay
que arar el invierno
y hay surcos, y hombres en la nieve"
Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
y empiezo a dudar que sea cierta
la inmensa tragedia
de la literatura.


En El que no ve, Ediciones de la Banda de Moebius, Madrid, 1980

Vía Romanticismo y Verdad

 

(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible) 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

ÉGLOGA XII

 

"...la sonora escama del carbono..."
                           Gutierre de Cetina
                                       (1520- 1557)
 
 
Entrañadas de violencia,
prieta la onda estival,
abatidas sobre los purullos
cenicientos y sus pétalos indigentes,
perra preñada
y cabales actos,
contorsión de la víctima
a gris medida
y ubérrima vertebración
del calor,
se multiplican las chicharras
en el sentido de lo que ello es.
O fue. 
 
Potente río de oro
sin agua
y nombres invadidos
de objetos y trapecistas sin red.
 
Trastabillan
el desenfreno del ojo
y los pájaros
que se precipitan
cabeza abajo,
sin aire y sin piernas
en la ardiente greda.
 
Tréboles moribundos,
disneicas campanillas azules,
amarilla cebada
que esperan
gotas de riego.
 
Sol: animal sucio
y raíces de sal.
Ni bermellón,
ni alameda,
ni púrpura enjoyada.
 
Rayos que irrumpen.
Resuellos,
vegetación al borde
de la chamusquina,
bullaranga del olvido,
poca nieve
que no baja de la montaña.
Fealdad rubia,
advertencia no habitada,
fin que sueña dagas
y pulsos apagados.
 
La lluvia
no es admitida
en estos vastos rigores
y sus columnas aciagas.
Llueve la lluvia
que viene del Atacama,
Llueven polvaredales
y espinas,
más allá del zonda
que se prosterna
en la oscura invalidez
de la piedra.
 
Promiscua la sed,
negligente el incesto,
tormentosa la paz
y fustigado torrente desértico,
atlántica la espuma
del cardo azul
y la roja diadema del rosal.
 
¿Hay tentaciones
o sólo púas
en el visible pero negado
frescor del alba?
 
¿Mensaje secreto?
 
¿Desdichas hay
en el pico del zorzal,
pavor en esa ringlera
de jabatos
que cruza la ruta,
pretextos insondables
de los chulengos
y sus pretendidas ceremonias
proteicas?
 
¿Será verdad
que el terremoto
acecha en febrero
como quien no vive
y vivaz vive para nada?
 
Nada se empapa de rocío;
avenidas sudorosas de chañares
y alpatacos,
cactos echados como peste,
mulas moribundas panza arriba
hasta que los jotes
le arranquen los ojos
y mueran por el culo vaciado?
 
Un reptil
serpentea y se agobia,
sagaz la presencia,
interrogantes las péndulas
y la gracia que asesinan
el látigo dudoso
y el hambre que cuesta saciar.
 
Y encimado a la cordillera,
el sólido epitafio:
azafranadas laderas
que la sequía
opone
al desvelo y la obstinación.
 
Cielo:
miles de satélites,
metal y plástico,
cálculo y determinación,
despojos temporales,
acechanza del reviente.

- Inédito-
 

Alejandro Michelena. (Uruguay, 1947)

 

 

Puede ser arte 

 

 

PRAXIS CONCRETA

 
 
"Ante un viejo tomo de El Capital, y
revisando Con usura de Ezra Pound"
 
Esta melancolía
de la tarde
que muere.
 
Pero no la originada
en un mero tic
romántico.
Porque resulta
que
junto a la tarde
cae también un largo desaliento:
 
ese de la rutina
cotidiana
con salario impuntual
y con deudas impagas.
 
En la otra cara de la
moneda:
acumular de manera incesante
con el más y más
como divisa.
 
Por detrás de las meras
apariencias:
el lobo de la usura
como nunca pecando
contra natura.
 
Sigue siendo entonces bien
certera
aquella vieja tesis:
que la base económica incide
en nuestros más selectos
sentimientos.
 
 

Nota: este poema forma parte de mi libro OTROS RITUALES (Civiles Iletrados, Montevideo, 2016).
Imagen: Célebre mural de Antonio Berni, "La manifestación"
 

José Pulido (Venezuela, 1945 / Reside en Génova)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y personas sonriendo 


 

TÚ, ANNE SEXTON

 


Les cuento:
Cada poema de esa mujer es como hacer el amor
con el Monte Vesubio
-Nunca hice el amor con el Monte Vesubio
-Pregúntale a Pompeya
 
Es como hacer el amor con María Magdalena y que te descubran los apóstoles
Es como hacer el amor con una hoguera y descubrir que nuestras
equivocaciones masculinas son un bosque de leña seca
 
La golondrina denunciada como bruja se estrella contra los moteles de viajar
y su canto estremece a todos los dioses virgenes que una vez soñaron con el
origen de la mujer
 
El ruiseñor revienta su dulce pecho bien afinado contra los camiones de los
bomberos y sus plumas flotan hasta las llamas que florean en torno a Juana
de Arco
Cada poema suyo es como hacer el amor con Juana de Arco en medio de las
Llamas: lector excitado borracho embriagado de whisky barato peor que
gasolina
 
Una golondrina que se estrela
a cada rato contra la tierra quizás contra el macadan
y el canto intacto y tan delicada ella de su carne de ella y la calle sangra 
 
El ruiseñor estrellándose contra la piedra recién hecha
y su canto no se rompe ni se pierde: voz divina para besar almohadas
creyendo que ella está en una cama y si abres los ojos dirás que leer un poema
de ella es amanecer en una camilla de la morgue con su voz cortándote
desde el pecho hacia abajo mal cosido
 
Viendo esa sonrisa y ese cuerpo y tales maneras
cualquier mujer podía apartar su novio, su hermano, su marido
de la trayectoria de questa golondrina
que se estrella sin perder su música
y esa boca agraciada es un maravilloso cementerio
En su boca, inclusive, podemos apagarnos
 

 

Un poema escrito en el 2021. La fotografía es de Rollie McKenna 

Javier Heraud (Lima, Perú, 19 de enero de 1942 -bPuerto Maldonado, Madre de Dios,15 de mayo de 1963)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

 

 

Tú quisiste descansar
en tierra muerta y en olvido.
Creías poder vivir solo
en el mar, o en los montes.
Luego supiste que la vida
es soledad entre los hombres
y soledad entre los valles.
Que los días que circulaban
en tu pecho sólo eran muestras
de dolor entre tu llanto. Pobre
amigo. No sabías nada ni llorabas nada.
Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y árboles.
 
Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reír de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tiránica vestimenta.
Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
Y uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.
 
 
(Fuente: En Amor Arte)