domingo, 16 de agosto de 2026

Alberto Girri (Buenos Aires, Argentina, 1919-1991)

 

 

EL SUEÑO

 

Tu voluntad, tu agitado lenguaje,
Desplegándose con furia
Llenan la mente, pudren gota a gota
La protegida esfera de la vigilia.
Y en lo que escondes me descubro,
Me descubro el corazón arbitrario
Uniendo lo deseado a lo conquistado.
Oh signos, boca alzada en el vacío,
Atroz madeja del instante, repatriación
Donde no basta el sufrir y ni siquiera basta
La aparente utilidad de la plegaria,
El inesperado fracaso del sentido,
Dura flor moviendo cada acto
Y el pecado a solas que es el no sentido.
 
Pero sigue en tu clara alquimia
Y sé dentro de mí lo que no cambia
Como en la conciencia inmutable de Dios
Eres lo finito, lo que cambia,
Memoria de lo que Dios crea
Oh sueño, taciturno préstamo.
 
 
_________________________
de "El tiempo que destruye" (1950), en "Poemas 1946-1952", Brújula, Buenos Aires, 1970. En la imagen, Alberto Girri (Buenos Aires, Argentina, 1919-1991) por Susana Mulé.
 

(Fuente: Jonio González) 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

 

¿Y si la vida
fue un pulido nacimiento
y no baba y placenta,
airosas de sus testimonios
y fidedignas cóleras de la nada?
 
¿Y si
esto no alcanza,
y los infortunios
son risas y rescates
de ayes
como quien regresa
a una patria
que extinguida arde
y renacida sucumbe
a la piedra y la llama?
 
¿Y si
el cuarzo
y la entusiasta
cadena del carbono
se hacen trizas
para gloria de la duda
y la perfecta ceniza
de los cuerpos,
para que la victoria
cante derrotas
a quién le plazca?

- Inédito -

 

Jules Laforgue (Montevideo, 1860-París, 1887)

 

 

 

 

 

 

PARA EL LIBRO DEL AMOR

 

Mañana puedo morir y aún no he amado.
Jamás mis labios rozaron unos labios de mujer,
Ninguna me entregó en su mirada el alma,
Ninguna me estrechó contra su extasiado corazón.
 
Ha sido mi vida un continuo penar, por toda la naturaleza,
Por los seres, por el viento, las flores, el firmamento ,
Sufrir por todos mis nervios, minuciosamente,
Sufrir por no tener un alma aún lo bastante pura.
 
¡Desprecié el amor y maté la carne!
¡Loco de orgullo, inflexible me mantuve ante la vida!
Y, solo, sobre esa Tierra al Instinto sometida,
Al Instinto desafiaba con amargo rictus.
 
Por doquier, en los salones, en el teatro en la iglesia,
Antes esos hombres fríos, los más grandes, los más esbeltos,
Y esas mujeres de ojos dulces, celosos y altivos
Cuya alma exquisita redoraríamos castamente,
 
Pensaba: ¡Mira en lo que ha quedado todo! ¡Escuchaba
Los estertores del inmundo apareamiento de los brutos!
¡Tantas abyecciones para un acceso de tres minutos!
¡Hombres, corrección! ¡Mujeres, seguid con vuestras zalamerías!
 
 
 

A UN CRANEO QUE HABÍA PERDIDO SU MANDIBULA INFERIOR

 

¡Hermano! -¿Dónde vivías? ¿En qué siglo? ¿Cómo?
¿Qué vivió el cerebro alojado en esta caja?
¿El infinito? ¿La locura? ¿O el limitado pensamiento
Que permite al hombre pasar y morir sin asombro alguno?
 
Casi todo el mundo, cierto es, fatalmente sigue todo,
Sin soñar más allí del círculo que explota.
El tan conocido y recto sendero del instinto,
También lo seguiste tú – hasta el postrer instante.
 
 
¡Ah, ese instante lo es todo!¡Es la hora solemne
En que, en un supremo y despavorido salto, partiste
Maravillados tus ojos de lejanos paraísos!
 
¡Oh! Tu vida es bien poco, ¡Ve! ¡Por muy negra que fuera!
Hermano, creíste ascender al eterno festín
y ¿quiéN puede despertar tus traicionados átomos?
 
 

RESIGNACIÓN

 

Como necio parásito de un planeta oscuro,
en la infinidad sonora de clamores eternos,
aquí, lugar cualquiera, he nacido y vivo,
y sólo es mi deseo que se sepa y se detenga todo.
Que por un grito perdido en la tormenta
los océanos callen de pronto el aullido de sus olas,
que por traer flores a mi tumba
los soles en masa dejen su Verbena.
¡Pobre corazón ingenuo! Rómpete, no eres nada.
Muchos otros murieron con ansias iguales
y la tierra siguió en su silencio.
Todo es duro, descorazonado, superior a ti.
Sufre, ama, espera siempre y baila
sin nunca exigir ese Porqué universal.
 
 

 

CISTERNA SECA

 

Cobarde vi cómo el Arte partía, mi último dios;
ya no me estrecha lo Bello con su inmortal delirio,
siento que he perdido, pues con Él echó a volar
el éxtasis que aplaca a veces los viejos deseos.
Treinta siglos de hastío pesan en mi espalda
y concentran sobre mí su llanto y su culpa.
Nuestras manos olvidaron el trabajo que consuela.
No hay día en que no piense, miedoso, en la muerte.
Sordo a la ilusión de las multitudes,
me arrastro abatido hacia parajes lejanos,
todo acabó para mí, nada más espero.
¡Pero lates aún, deshecho corazón pobre!
¡Ah, si como antaño al menos lograra
el llorar que tanto bien hace a los niños!
 
 
 

LA ESFINGE

 

En las estepas del desierto, a la hora en que el apagado cielo
al jaguar adormecido incita a buscar el frescor,
con los ojos en el horizonte mudo, vasto, sin fin,
hundidos hasta los senos en la arena, una esfinge en cuclillas sueña.
 
A sus pies, sin embargo, muriendo como el oleaje,
un pueblo de hormigas negro y atareado se agita.
vive, ama, va, y luego lentamente pasa
bajo esa mirada sin cesar en el horizonte clavada.
 
Y ese pueblo ya no existe. El sol escarlata
allá abajo tranquilo se oculta, en un resplandor dorado,
luego, el aliento de la tarde, tibio y delicado,
dispersa esos despojos. La gran esfinge sigue soñando.
 
 
 

OTRA ENDECHA DE LORD PIERROT

 

¡La que debe ponerme al tanto de la Mujer!
Primero le diremos, con mi aire menos frío:
«La suma de los ángulos de un triángulo, alma mía,
«Es igual a dos rectos.»
 
Y si le sale el grito: «¡Dios de Dios! ¡cómo te amo!
—»Dios va a reconocer a los suyos.» O picada en lo más vivo:
—»Mis teclas tienen corazón, serás mi único tema.»
Yo: «Todo es relativo.»
 
Y con sus ojos todos, ¡vamos! sintiéndose de más banal:
«¡Ah! tú no me amas; tantos otros tienen celos!»
Yo, con una mirada que se embala al Inconsciente:
«Gracias, no está mal; ¿y usted?»
 
—»¡Juguemos al más fiel!» —»¡Para qué, Naturaleza!»
«¡A que el que pierde gana!» Vamos, otra canción:
—»¡Ah! tú vas a cansarte primero, estoy segura…»
—»Después de usted, por favor.»
 
Si, en fin, por una noche, ella muere en mis libros,
Dulce; fingiendo no creerles ya a mis ojos,
Tendré un: «Ah bien, pero, teníamos De Qué vivir!»
«¿Entonces era en serio?»
 
 

RELAMPAGO DE ABISMO

 

Me hallaba en una torre en medio de los astros.
Un vértigo, de pronto. ¡En un rayo, sin velos,
Escrutaba, temblando de pánico, de espanto,
El enigma del Cosmos en todo su estupor!
¿Todo está solo? ¿Dónde estoy? ¿A dónde rueda
El bloque que me arrastra? ¡Puedo morir, partir,
Sin saber nada! ¡Hablad! ¡Oh rabia, el tiempo vuela
Sin vuelta atrás! ¡Parad, parad! ¿Y disfrutar?
¡Pues que todo lo ignoro! Llegó mi hora tal vez:
No sé. Yo me encontraba en la noche, y nací.
¿Por qué? ¿Y el universo? ¿A dónde -va? Que el cura
Es sólo un hombre. Nada sabemos. ¡Dios, asómate,
Testigo eterno, muéstrate! Habla, ¿por qué la vida?
Todo calla. El espacio no tiene alma. ¡Esperad!
¡No quiero morir, astros! ¡Soy una inteligencia!
¡Ah, volver a ser nada irremediablemente!
 
 
 

LAMENTO PROPICIATORIO AL INCONSCIENTE

 

¡Oh Ley, que sois porque Sois,
Que el retiro sea Vuestro Nombre!
 
-¡Ellas! ¿Arrastrarse hacia ellas en adoración?
¿O que sobre su miseria humana me revuelque?
¡Ella me ama, infinitamente! ¡No, de ocasión!
¡Si no fuera a mí, amaría infinitamente a otro!
 
¡Que vuestra inconsciente voluntad
Se haga en la eternidad!
 
En el órgano que entre aflicciones se castiga,
¿Estar inerte, veranos enteros, bajo las vidrieras, lánguido
Morir de un contacto con la Eucaristía,
Introducirse un crucifijo afilado y desnudo en el corazón?
 
¡Que de vuestra comunión nos venga
Nuestra cotidiana sabiduría!
 
-¡Oh cruzados de mi sangre! ¡Transportar las ciudades!
¡Bendecir la Pascua universal, sin salarios!
¿Morir en la Montaña, y que la Humanidad,
En edades de oro incesantes, lleve mi imagen en escapularios?
 
¡Perdonad nuestras ofensas, nuestros gritos,
Como si desde siempre estuvieran escritos!
 
Crucificar el infinito en lienzos como
Un pañuelo, y que digan: «¡Oh, enmudeció el ideal!»
¡Formularlo Todo! ¡Decir el Hombre en fugas sin fin!
Ser el alma de las artes en zonas, ¿qué más quieres?
 
No, nada: liberadnos del Pensamiento,
Lepra original, insensata embriaguez,
 
Almadía del Mal y del Exilio;
Que así sea.

***

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Vicente Quirarte (México, 1954 - 2026)

 

 

«Encuentro con la nieve»



(1954-2026)

a Nelson De Vega 

 
 
Nevó toda la noche y amanece
la tierra inmaculada.
Quién pudiera decir que bajo el manto
prepara su verdor la primavera.
Si la pureza existe,
qué semejante es a la nieve:
hoja blanca cedida por el mundo
para probar que nada permanece.




en El ángel es vampiro, 1991





Fuente: Descontexto)


 

Mariano Blatt (Buenos Aires, 1983)

 

 

 

 

 
 
estaban tirando
papelitos de locura
así que todos íbamos caminando entre
papelitos de locura
algunos papelitos de locura
estaban escritos
pero otros no
simplemente
estaban en blanco
después de un rato
llegamos al barrio
nos subimos a las bicis
y a medida que pasaba el tiempo
pasaba también el paisaje
por adelante de mí
ahora
por ejemplo
pasaba una casa de tejas rojas
y piedras a la vista en el frente
una casa tipo chalet
según se dice
lo loco es que yo ya no estaba en la bici
estaba sentado en la vereda
y la calle giraba como cuando gira el mundo
pero en cámara rápida
lo lindo es que así pasaban las estaciones
y la casa tipo chalet también
estaba ahí
otoño casa chalet invierno casa chalet
verano casa chalet primavera casa chalet
árbol con hojas verdes
árbol con hojas amarillas
árbol sin hojas
después
despacito
caía el sol
y en la vereda se prendían otros fuegos
que iban iluminándonos las caras
y cuando salva le daba mecha
y cuando nahuel le daba mecha
y cuando kevin preguntaba si tiraba
siiiiiii, tiiiiiira
y cuando kevin le daba mecha
y cuando brian escribía en la pared
“briam”
y cuando elías me miraba de reojo
la vida era entonces una cosa real
porque pasaba una parte adentro mío
y otra un poco más afuera
justo arriba de la cabeza
como un tubito de luz amarillo
que a veces crecía
y a veces se achicaba
hasta casi casi desaparecer
y cuando elías caía con una birra helada
porque las guardaba en el freezer del kiosco
era una botella de quilmes con escarchitas en el cuello
que yo acariciaba
con la yemas de los dedos
esa imagen
se sostuvo
un instante
recién
acá
dibujada
en un papelito de locura
que me encontré
en el bolsillo de atrás
así que quiero levantar
esta tarde mi voz
para dar las gracias
al estado
por haber planeado alguna vez construir una autopista
expropiar todos estos terrenos
y después nunca más construir ninguna autopista
miren cómo quedó la calle donado:
y quiero dar las gracias
también
a elías
por guardar siempre las cervezas en el freezer del kiosco
por usar esas remeras
por tener unos brazos como los que tiene
sin pedir nunca nada a cambio
y quiero dar las gracias
por eso alzo mi voz
a salva
por jugar tan bien al fútbol
y por ser mi amigo
y quiero agradecer
una vez más a dios
que hizo
como todos sabemos
todo
y que hizo
como todos sabemos
nada.

 

(Fuente: En Amor Arte) 

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

 

𝐀𝐥𝐯𝐞́𝐨𝐥𝐨
 
 
Era de escribir alvéolo: pequeña
cavidad, celda, reducto, lecho.
Resiste hoy allí, en su vientre,una
última pasión, espacio de la cosa
a la que se redujo su existencia,
oro su prosa. Véalo: vinoso mar
de la ilusión donde gestó poemas
para que su cuerpo bebiera infinita
mente 𝑖𝑙 𝑐𝑎𝑙𝑑𝑜 de Ungaretti. ¿Una
persona detrás del poema? ¿Uno
que desesperó hablando raramente
de dioses y alvéolos, conchas
vacías de almejas? Piénselo: un
amasijo de líneas arrojadas al
voleo, ondulaciones de los vapores
terrestres, ¿Quasimodo o Ungaretti?
¿Qué átomos irían a tener la fiebre
del cerebro egipcio? ¿Cuál rugiendo,
siseando, remontó la rigidez
de mi cuerpo, me concedió estas
formas envejecidas de cifrar
la maraña inescrutable
que genera la cosa? ¿Al
véolo?

 

José Carlos Becerra (Villahermosa, Tabasco, México, 21 de mayo de 1936 - Brindisi, Italia; 27 de mayo de 1970)

 

 

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible. 

 

 

Ritmo de viaje 

.

Este cuerpo que yo acaricio lentamente extendiendo la noche,
este cuerpo donde yo he penetrado en
mi propia distancia,
en mi sofocamiento de sombra.
 
Este vientre donde el amor abarca
a la noche,
estos senos donde la luz altera los signos,
este cuerpo al que ahora me entrelazo,
este cuerpo al que ahora me solicito.
 
Este cuerpo conmigo se traspone, se vence,
se lleva consigo a la noche y sus altares,
sus caminos ardiendo por su propia señal,
su oleaje, sus costas encendidas…
 
Esta mujer donde la noche descifra
sus juegos ocultos,
este amor al que no debemos llamar amor sino adentro de sus aguas.
Este amor, este amor,
este instante donde el infinito es la obra
de los que se aman,
de aquellos que llegan al estanque de cada caricia como buzos sagrados.
Este ritmo, este ritmo de viaje,
esta navegación entre la bruma,
todo lleva consigo su bandera extraviada,
 
su aurora boreal...
.
De: «𝘙𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴» (1967)
.
 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)