domingo, 21 de junio de 2026

Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel Nepantla, 1651​-México, 1695)

 

 

Primero sueño, vv.  210 - 233 

 

Este, pues, miembro rey y centro vivo
de espíritus vitales,
con su asociado respirante fuelle
—pulmón, que imán del viento es atractivo,
que en movimientos nunca desiguales,
o comprimiendo ya, o ya dilatando
el musculoso, claro arcaduz blando,
hace que en él resuelle
el que le circunscribe fresco ambiente
que impele ya caliente,
y él venga su expulsión haciendo activo,
pequeños robos al calor nativo,
algún tiempo llorados,
nunca recuperados,
si ahora no sentidos de su dueño
(que, repetido, no hay robo pequeño)—;
éstos, pues, de mayor, como ya digo,
excepción, uno y otro fiel testigo,
la vida aseguraban,
mientras con mudas voces impugnaban
la información, callados, los sentidos,
con no replicar sólo defendidos;
y la lengua que, torpe, enmudecía,
con no poder hablar los desmentía.
 

Sor Juana Inés de la Cruz Portrait Wearing Her Medallion

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib) 

sábado, 20 de junio de 2026

Tulio Mora (Huancayo, Perú, 1948)

 

 


 

EL LEGADO DE MI PADRE - III CUADRO

 

Entre tantos hijos y nietos,
con los ojos
asombrados del sendero
por el que ya estaba ingresando,
sé que me reconoció
porque me llamó con la mano
como cuando me reclamaba
unas monedas para el trigo de sus palomas.
 
Algo quiso salir del mudo nudo
de su pecho rendido y no pude oírle
o ya roncaba el adiós a penas
porque él se estaba adentrando
en una pampa donde miles de caballos galopaban
atronando la tierra
y dejando la imborrable sombra
de una quieta velocidad.
 
No podía ser eso todo ―despedirme
de mi padre sin saber qué consejo o secreto
quería revelarme―,
así que en ese momento le besé en la mejilla
y acercándome al oído
le dije en todo este tiempo no hemos hecho otra cosa
que repetir, repetir, repetir tu apellido,
en muy alta voz,
hasta que Mora nos devuelva Amor en las olas
que frotan las piedras con impetuoso rugir.
 
¿Alguien puede legarnos mejor regalo
que la sonoridad del único sentimiento
que anima al mundo?
 
Y entonces cerró los ojos
siguiendo el rastro de los caballos.
 
 
Aquí sobra la eternidad 2000-2011 (2012)
Lima: Fondo Editorial Cultura Peruana, 2012, p. 22
 

(Fuente: Óscar Limache) 

Juan L Ortiz (Puerto Ruiz, Argentina, 1896-Paraná, 1978)

 

 

Juan L. Ortiz - Pesada luz 

 

 

Fui al río 

 

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
—¿Era yo el que regresaba?—
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!
 

"El ángel inclinado" 1937
 

 

(Fuente: Natalia Schapiro) 

Gilberte H. Dallas (nacida Gilberte Herschtel, Pougues-les-Eaux, Francia, 1918-París, Francia, 1960)

 

 

Puede ser una imagen de texto que dice "s+ G. G.H. .H.Dallas H. Dallas ALPHABET DE SOLEILS Đ. Poésie 52" 

 

UN POEMA

 

Las colombinas de ébano acechan a la moribunda
devorada por la lluvia
Las calles la aprietan
la abrazan
Ella camina por la jungla de hormigón
Extiende su cuerpo como una frase descolorida.
Vacila la que podría haber sido mi madre
Vacila la madre que no tiene vientre,
en su lugar, mis ojos muy abiertos,
dos ojos inmensos dos bellotas secas
Injerto de muerte
Pobre madre estéril acunas en tu carne
Mis ojos de niña perdida
Mis ojos como una hierba que mastica el terror
Mis ojos de figurante lúcida
¡Pobre andrajo de sal!
Mis ojos de barro y de luz
Y tú caminas, caminas devorada por la lluvia,
y me buscas,
a mí que estoy ahí, incrustada en ti.
 
 
 
_____________________
en "Alphabets de Soleils", Editions Seghers, París, 1952. Versión de Eduardo Conde. Véase también: Pierre Seghers, "Poètes maudits d'aujourd'hui: 1946-1970", Editions Seghers, París, 1972. En la imagen, Gilberte H. Dallas (nacida Gilberte Herschtel, Pougues-les-Eaux, Francia, 1918-París, Francia, 1960)
 
 


Les ancolies d’ébène guettent la mourante
dévorée par la pluie
Les rues la serrent
l’enlacent
Elle marche dans la jungle de béton
Elle tend son corps comme une phrase délavée.
Elle titube celle qui aurait pu être ma mère
Elle titube la mère qui n’a pas de ventre,
En sa place mes yeux agrandis,
Deux yeux immenses deux glands desséchés
Greffe de la mort
Pauvre mère stérile berce dans ta chair
Mes yeux d’enfant perdu
Mes yeux comme une herbe qui mâche l’épouvante
Mes yeux d’extra lucide
Pauvre loque de sel !
Mes yeux de boue et de lumière
Et toi tu marches, tu marches dévorée de pluie,
et me cherches,
Moi qui suis là, incrustée en toi.
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Mario Arteca (La Plata, 1960)

 

 

 

 

 
FUNERALES DE ESTADO
 

2.
“…los peronistas / se convirtieron en los mejores
eclipses de sí mismos.”
Rafael Espinosa
 
 
Pero el amor no era lo suyo. La ropa, a la soga.
La soga, al cuello. El cuello, a la corbata.
La corbata, al ropero. Y así. Todos los días
salvamos del desastre personal a un número
impreciso de desdichados, con sólo poner
en marcha el conteo previo de las asociaciones.
Parece un juego donde nadie desaparece
y, sin embargo, a veces sucede. La forma
en que un coche surge a contramano
a toda velocidad por una cortada desierta,
con varios pasajeros adentro, y donde sólo
uno de ellos grita mi nombre para que despierte
del sueño de ser nombrado, aunque ninguno
de los ocupantes se dé por enterado. Esos tipos
no conocieron nada que haya desordenado
alguna vez sus cabellos ya raleados. Como
si el campo de elección fuera la tradición
de voces largadas sin destino que recoja
una simple llamada perdida, haciendo suyo
el nombre propio que no le corresponde. 
 
16 de junio de 2021
 

(Fuente: Alicia Silva Rey) 

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba, 26 de Enero 1954)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 
 
Ritornello (a mi padre)
 
 

Íbamos esa tarde hacia el centro, en el pueblo.
En el brillo de otoño, mi padre es un hombre
que va pensativo, que avanza sereno, con el pelo
retinto y los ojos brillantes. El silencio es su virtud.
Alguno quizás le ha soltado la mano, para hacer
que heredáramos tanta nostalgia. Lo recuerdo
esa tarde y después otra tarde desgranando maíz,
siento ruido de granos cayendo en la lata. Esta
vez me pidió que tuviera paciencia, se le nublan
los ojos. Es el humo, me ha dicho, no he logrado
que el tiraje mejore y ha venido el invierno.
Tiene miedo, lo descubro esa tarde. Es tu madre,
me dice. ¿Sanará?, le pregunto. Sanará, me
responde, y se queda en silencio. Yo
quisiera pedirle que me cuente la historia
del amigo lejano, que hagamos la cena,
pero él se levanta. No puedo hacer nada si no
está aquí tu madre, es cuestión de mujeres
los hijos, la casa. Son cuestiones del hombre
no saber hacer nada. Un día serás grande,
tendrás un marido, sabrás lo que pasa. Pero
yo no sabía, iba sola en el mundo con mi mano
en su mano. No sabía que tendría dos hijas,
que las hijas buscarían un padre, que otro
hombre les daría su moneda de sangre. Han
pasado los años, el invierno ha llegado, se
recuerda la escarcha, puedo ver crisantemos
desde el porche de la casa, una calle de tierra,
la vereda gastada, los zapatos del color
de los ojos, brillando. El piloto, el abrigo
que llevaba mi padre, la corbata…, yo
retengo esas cosas pequeñas, esos mínimos
datos, los preservo de todo, las cuestiones
privadas que se dicen a nadie, las palabras
de siempre: ya sabrás lo que pasa.

 

Lao Zi / Lao Tsé (China, 571 a C)

 

 

(El libro del Tao)

VIII (XLV)

 

La gran perfección parece imperfecta,

mas su eficiencia no sufre merma.

La gran plenitud parece vacía,

mas su eficiencia nunca se agota.

Lo más recto (1) parece curvo;

el mayor dialéctico parece tartaja.

El más diestro parece torpe;

lo más completo parece insuficiente.

La agitación triunfa del frío,

el reposo vence al calor.

Quien conoce la reposada quietud,

puede llegar a ser señor del mundo.

 

 

X (XLVII)

 

Sin salir de su propia casa,

Puedes conocer el mundo.

Sin mirar por la ventana,

puedes conocer el dao del cielo.

Cuanto más lejos vayas,

más menguado será tu saber.

Por eso el sabio conoce sin viajar,

distingue sin mirar (2),

realiza su obra sin actuar.

 

XIII (L)

 

Vive el hombre entre la vida y la muerte;

de diez, tres (probabilidades) tiene de sobrevivir,

de diez, tres (posibilidades) tiene de perecer,

y tres también son las (posibilidades) de que perezca

el que se esfuerza por sobrevivir (3).

¿Cuál es de ello la ocasión?

Porque se aferran a la vida.

Tengo oído decir que quien sabe guardar su vida,

no ha de menester evitar rinocerontes y tigres cuando camina por los montes,

ni portar armas y coraza en el campo de batalla.

El rinoceronte no halla en él lugar donde cornear,

ni el tigre donde clavar sus garras,

ni las armas donde aplicar su filo.

¿Cuál es de ello la ocasión?

Porque no hay en él lugar para la muerte.

 

XXVI (LXIII)

 

Actúa sin actuar,

ocúpate en no ocuparte en nada,

saborea lo que no tiene sabor.

Ten por grande lo pequeño y por mucho lo poco,

responde con la virtud a los que mal te quieren.

Intenta lo difícil en lo fácil,

realiza lo grande en lo menudo.

Las cosas difíciles del mundo comienzan por lo fácil,

y las cosas grandes del mundo por lo menudo empiezan.

Por eso el sabio nunca realiza cosas grandes,

y así es como puede llevar a cabo grandes cosas.

Quien promete a la ligera por fuerza gozará de escaso crédito,

quien juzga todo fácil por fuerza hallará todo difícil,

de ahí que el sabio tenga todo por difícil,

y así nunca tropieza con dificultades.

 

XXXI (LXXXXI)

 

Las palabras verdaderas no son gratas,

las palabras gratas no son verdaderas.

El saber no es erudición,

el erudito nada sabe.

El bien no es lo mucho,

lo mucho no es bueno (4).

El bueno no acumula,

obra enteramente para los otros,

y posee cada vez más;

lo da todo a los demás,

y cada vez más tiene.

De ahí el dao del cielo:

traer provecho y no daño;

y el dao del hombre:

actuar y no contender.

 

XXXVI (LXXI)

 

Conocer es no conocer,

he ahí lo más excelente.

No conocer es conocer,

he ahí el mal mayor.

El sabio libre se halla del mal,

porque lo padece.

Lo padece,

y por eso del mal está libre.

 

XLVI (II)

 

En el mundo todos saben por qué lo bello es bello,

y así aparece lo feo.

Todos saben lo que es bueno,

y entonces aparece lo que no es bueno.

Ser (you) y no-ser (wu) se engendran mutuamente,

Difícil y fácil se producen mutuamente,

Largo y corto se forman mutuamente,

alto y bajo se colman mutuamente,

sentido y sonido se armonizan mutuamente,

delante y detrás se siguen mutuamente,

es una ley constante (heng).

Por eso el sabio se acomoda en el no-acatuar (wu wei),

ejercita la enseñanza sin palabras.

Desarrollándose por sí mismos los seres todos,

y no tienen comienzo;

ayúdales (el sabio) a crecer,

mas no se tiene por su bienhechor;

triunfa en su empeño,

más no se atribuye mérito alguno.

Justamente porque no se atribuye el mérito,

el mérito nunca le abandona.

 

XLIX (V)

 

El cielo y la tierra no tienen benevolencia,

para ellos los seres sólo son perros de paja (5).

El sabio no tiene benevolencia,

para él las gentes del pueblo sólo son perros de paja.

El espacio entre cielo y tierra,

¿no semeja acaso un fuelle?

Vacío y nunca se agota;

cuanto más se mueve, más sale de él.

Si mucho aprendes, pronto te verás en mal trance (6),

más vale conservar el vacío interior (7).

 

LXVIII (XXIII)

 

Ser parco en palabras es acorde con la naturaleza.

Un viento furioso no sopla toda una mañana,

una lluvia violenta no dura todo el día.

¿Quién hace todo esto?

Si el cielo y la tierra no pueden durar largo tiempo,

¡menos ha de poder el hombre!

Por eso quien se empeña en el dao, únese al dao;

quien en la virtud se empeña, a la virtud se une;

quien se empeña en abandonar, se une a ese abandono.

Quienes se unen a la virtud,

también obtendrán el dao.

 

LXXXIII (XXIX)

 

Si alguien desea ganar el mundo y en ello se empeña,

bien veo que no saldrá con su intento.

El mundo,

instrumento mágico,

que no se puede manejar.

Si lo manejas fracasas,

y lo pierdes si lo aferras.

Las cosas, unas veces van delante y otras detrás;

soplan suaves a veces, otras con violencia;

a veces fuertes, a veces débiles,

a veces crecen vigorosas, otras veces decaen (8).

Por eso el sabio rechaza el exceso,

rechaza lo grande,

rechaza el lujo.

 

1. zhi, derecho. No debe confundirse con yi, recto, justo.

2. Otra posible traducción sería: “aunque no se muestra a los demás, es de todos elogiado”.

3. Shi you san (“los trece”) son las cuatro extremidades y los nueve orificios del cuerpo humano. Otra posible traducción de toda esta primera parte del capítulo sería: Salir es nacer,/entrar es morir./Al nacer, los trece pertenecen a la vida,/cuando se muerte, los trece pertenecen a la muerte./Mas los hombres se aferran a la vida,/hacen trabajar sus trece que van camino de la muerte.

4. Estas dos líneas, de gran carga ideológica y trasfondo social, no aparecían en ninguna de las versiones hasta ahora conocidas. También cabe otra interpretación, y entonces la traducción sería: “El hombre bueno no alardea,/el que alardea no es bueno”.

5. En la antigua China se usaban perros de paja (chuo gou) en las ceremonias de ofrendas y sacrificios. Una vez concluida la ceremonia, los perros de paja se arrojaban al fuego como objetos sin valor alguno. V. Comentario por capítulos.

6. Otra posible traducción: “Cuanto más conocemos, más rápido nos empobrecemos”. En el sentido de que más pobre se hace nosotros el dao.

7. zhong (“vacío interior”) es el mismo carácter empleado por los confucianos para designar el “medio dorado”, pero aquí significa el vacío interior simbolizado por el fuelle.

8. Para traducir estas cuatro líneas hemos seguido el texto A.

Traducción, prólogo y notas: IÑAKI PRECIADO YDOETA

Lao Zi. Barcelona. Alfaguara. 1996. Págs. 93, 97, 103, 129, 139, 149, 169, 175, 213, 223.

 

(Fuente:  La Mecánica Celeste)