martes, 12 de mayo de 2026

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Vive en san Juan, Argentina)

 

 

"...exactas, con un tono triunfal de doxología..."
                                                          Gabriel Miró.
 
 
No
me abochornan
los museos,
la gracia del mármol
ni las monstruosas
pilas de libros,
opúsculos
y huevadas.
 
Ya no Buonarroti,
F.Bacon,
Brecht,
o ese pelele
de Warhol.
 
Ya no Kurosawa,
Fritz Lang
o Billy Wilder.
 
Ya no
de ya no. 
 
No zozobro
en medio de universidades
y saberes populares.
Me refugio
de los estantes con papeles
y macanas,
respiro su hundimiento
y apago
el velo morado
del alma y el cuerpo.
¿Qué son, qué?
¿Qué lo invisible
y qué lo que sangra?
 
Sólo me engaña
la disposición de las palabras
que se menjunjan humildes
y en secreto orden y desorden.
Una y otra vez,
al divino botón,
contra el aburrimiento
criminal
del planeta
que muere
tan feroz como desgraciado,
tan engreído
y destroyer,
y vea,
tan amigable, no vea. 
 
Que viva el animal
incompleto que hay en mí,
vivan sus garras crueles
y bondadosas,
vivan los dientes
que comen
filamentos y piedras;
un animal
con navajas,
ácidos,
incoherencias
y una gota torpe
de agua bendita.

- Inédito -

 

Fernando Kofman (Posadas, Misiones, 1947)

 

 

 

 

ACABO DE DEJAR ESE CEMENTERIO

 

Acabo de dejar ese
cementerio en Entre Ríos.
Lápidas centenarias, piedras
negras y grises, con nombres
judíos enfrentando el mediodía.
 
Me alejo de él. Camino hacia
un campo poblado de parvas
de heno. El sol las hace brillar.
Simulan pequeñas casas.
Pero cuanto más me aproximo
es sólo heno, hierbas,
que el viento, tal vez
hará rebotar en el camino rural.
 
No lejos de allí vive
mi pariente. Recluido
en una casa de madera.
Refugiado hace muchos años.
Resistiendo todo entorno social.
Con sus libros y su taller
de carpintería. Pulir sillas
o mesas, dice que le
encuentra sentido.
 
El cielo de pronto se
vuelve gris. Me apresuro
a entrar en la casa.
La lluvia comienza a caer.
*
 
 

EL HENO

 

Antes de viajar
a Entre Ríos,
quedó en mí una imagen
de la novela “La náusea”.
Allí la pequeña Lucienne
es violada y asesinada.
 
Un día antes, en un
periódico, comentaban
que un turista había
visto un cuerpo flotando
en Puerto Madero.
Nadie se inquietó
por el hallazgo.
 
Mientras veo a mi
pariente, reuniendo objetos
en su taller, asocio
estas muertes
con la docilidad de
las parvas. El heno
es como los cuerpos.
Vulnerable, frágil,
sometido a todo
tipo de caprichos.
*
 
 

CAMINOS RURALES

 

Estos caminos rurales,
poblados de guijarros,
sólo nos dejan inquietud.
Abundan ciertos pájaros,
abundan árboles retorcidos;
inesperadamente, aparece
una cafetera herrumbrada,
una foto vieja, color sepia,
cortada.
 
Mi pequeño portafolio
alberga una novela,
un periódico, tarjetas
con direcciones. Pero
estos caminos, cuando
uno los transita, dejan
una pregunta por el sentido.
Porque aquí no hay sentido.
Sólo suma de indicios
y objetos. Y algo que
alcanzo a entender
 
que se muestra satisfactorio:
el devenir, porque él sabe
que no tiene límites. 
***
 
La Carta de Oliver, 2025 
 
(Fuente: César Cantoni) 
 

Néstor Perlongher (Avellaneda, Buenos Aires, 1949 - Brasil, 1992)

 

 

File:Néstor Perlongher (1988).jpg - Wikimedia Commons 

 

Antología poética


de Austria-Hungría (Buenos Aires, Tierra Baldía, 1980)

 

Canción de amor para los nazis en Baviera

 

Marlene Dietrich

cantaba en Londres una canción entre la guerra:

Oh no no no es cierto que me quieras

Oh no no no es cierto que me quieras

Sólo quieres a tu padre, Nelson, que murió en Trafalgar

y ese amor es sospechoso, Nelson

porque tu papá

era nazi!

Era el apogeo de la aliadofilia

debajo de las mesas aplastábamos soldados alemanes

pero yo estaba sentada junto a ti, Nelson

que eras un agente nazi

Y me dabas puntapiés

 

Oh no no no es cierto que me quieras

Ay ay ay me dabas puntapiés

 

Ceremoniosamente me pedías perdón

posabas una estola de visón sobre mis hombros

y nos íbamos a hacer

el amor a mi buhardilla

pero tú descubrías a Ana Frank en los huecos

y la cremabas, Nelson, oh

 

Oh no no no es cierto que me quieras

Ay ay ay me dabas puntapiés

Heil heil heil eres un agente nazi

 

Más acá o más allá de esta historieta

estaba tu pistola de soldado de Rommel

ardiendo como arena en el desierto

un camello extenuado que llegaba al oasis

de mi orto u ocaso o crepúsculo que me languidecía

y yo sentía el movimiento de tu svástica en mis tripas

oh oh oh

 

El cadáver

 

Por qué no entré por el pasillo?

Qué tenía que hacer en esa noche

a las 20.25, hora en que ella entró,

por Casanova

donde rueda el rodete?

Por qué a él?

entre casillas de ojos viscosos,

de piel fina

y esas manchitas en la cara

que aparecieron cuando ella, eh

por un alfiler que dejó su peluquera,

empezó a pudrirse, eh

por una hebilla de su pelo

en la memoria de su pueblo

Y si ella

se empezara a desvanecer, digamos

a deshacerse

qué diré del pasillo, entonces?

Por qué no?

entre cervatillos de ojos pringosos,

y anhelantes

agazapados en las chapas, torvos

dulces en su melosidad de peronistas

si ese tubo?

Y qué de su cureña y dos millones

de personas detrás

con paso lento

cuando las 20.25 se paraban las radios

yo negándome a entrar

por el pasillo

reticente acaso?

como digna?

Por él,

por sus agitados ademanes

de miseria

entre su cuerpo y el cuerpo yacente

de Eva, hurtado luego,

depositado en Punta del Este

o en Italia o en el seno del río

Y la historia de los veinticinco cajones

 

Vamos, no juegues con ella, con su muerte

déjame pasar, anda, no ves que ya está muerta!

Y qué había en el fondo de esos pasillos

sino su olor a orquídeas descompuestas,

a mortajas,

arañazos del embalsamador en los tejidos

 

Y si no nos tomáramos tan a pecho su muerte, digo?

si no nos riéramos entre las colas

de los pasillos y las bolas

las olas donde nosotras

no quisimos entrar

en esa noche de veinte horas

en la inmortalidad

donde ella entraba

por ese pasillo con olor a flores viejas

y perfumes chillones

esa deseada sordidez

nosotras

siguiéndola detrás de la cureña?

entre la multitud

que emergía desde las bocas de los pasillos

dando voces de pánico

 

Y yo le pregunté si eso era una manifestación o un entierro

Un entierro, me dijo

entonces vendría solo

ya que yo no quería entrar por el pasillo

para ver a sus patas en la mesa de luz,

despabilando

Acaso pensé en la manicura que le aplicó el esmalte Revlon?

O en las miradas de las muchachas comunistas,

húmedas sí, pero ya hartas

de tanta pérdida de tiempo:

ellas hubieran entrado por el pasillo de inmediato

y no se hubieran quedado vagando por las adyacencias

temiendo la mirada de un dios ciego

Una actriz –así dicen–

que se fue de Los Toldos con un cantor de tangos

conoce en un temblor al General, y lo seduce

ella con sus maneras de princesa ordinaria

por un largo pasillo

muerta ya

Y yo

por temor a un olvido

intrascendente, a un hurto

debo negarme a seguir su cureña por las plazas?

a empalagarme con la transparencia de su cuerpo?

a entrar, vamos por ese pasillo donde muere

en su féretro?

 

Si él no me hubiera dicho entonces que está solo,

que un amigo mayor le plancha las camisas

y que precisaría, vamos, una ayuda

allá, en Isidro

donde los terrenos son más baratos que la vida

lotes precarios, si, anegadizos

cerca de San Vicente (ella

no toleraba viajar a San Vicente

quiso escapar de la comitiva más de una vez

y Pocho la retuvo tomándola del brazo)

 

Ese deseo de no morir?

es cierto?

en lugar de quedarse ahí

en ese pasillo

entre sus fauces amarillas y halitosas

en su dolor de despertar

ahí, donde reposa,

robada luego,

oculta en un arcón marino,

en los galeones de la bahía de Tortuga

(hundidos)

 

Como en un juego, ya

es que no quiero entrar a esa sombría

convalecencia, umbría

–en los tobillos carbonizados

que guarda su hermana en una marmita de cristal–

para no perder la honra, ahí

en ese pasillo

la dudosa bondad

en ese entierro

 

de Alambres (Buenos Aires, Último Reino, 1987)

 

MME. S.2

Ataviada de pencas, de gladíolos: cómo fustigas, madre, esas escenas

de oseznos acaramelados, esas mieles amargas: cómo blandes

el plumero de espuma: y las arañas: cómo

espantas con tu ácido bretel el fijo bruto: fija, remacha y muele:

muletillas de madre parapléxica: pelvis acochambrado, bombachones

de esmirna: es esa madre la que en el espejo se insinúa ofreciendo

las galas de una noche de esmirna y bacarat: fija y demarca: muda

la madre que se ofrece mudándose en amante al plumereo, despiole y despilfarro: ese

desplume

de la madre que corre las gasas de los vasos de whisky en la mesa

ratona: madre y corre: cercena y garabato: y gorgotea:

pende del

cuello de la madre una ajorca de sangre, sangre púbica, de plomos

y pillastres: sangre pesada por esas facturas y esas cremas que

comimos de más en la mesita de luz en la penumbra de nuestras

muelles bodas: ese borlazgo: si tomabas mis bolas como frutas de un

elixir enhiesto y denodado: pendorchos de un glacé que te endulzaba:

pero era demasiado matarte: dulcemente: haciéndome comer de esos

pelillos tiesos que tiernos se agazapan en el enroque altivo de mis

muslos, y que se encaracolan cuando lames con tu boca de madre las

cavernas del orto, del ocaso: las cuevas;

y yo, te penetraba?

pude acaso pararme como un macho ebrio de goznes, de tequilas mustio,

informe, almibararme, penetrar tus blonduras de madre que se ofrece,

como un altar, al hijo — menor y amanerado? adoptar tus alambres de

abanico, tus joyas que al descuido dejabas tintinear sobre la mesa,

entre los vasos de ginebra, indecorosamente pringados de ese rouge

arcaico de tus labias?

cual lobezno lascivo, pude, alzarme,

tras tus enaguas, y lamer tus senos, como tú me lamías los pezones

y dejabas babeante en las tetillas — que parecían titilar —

el ronroneo

de tu saliva rumorosa? el bretel de tus dientes?

pude madre?

como un galán en ruinas que sorprende a su novia entre

las toscas braguetas de los estibadores, en los muelles, cuando

laxa desova, en los botones, la perfidia a él guardada? ese lugar

secreto y púbico? cómo entonces tomé esa agarradera, esos tapires

incrustados con mangos de magnolia, aterciopeladamente sospechosos;

y sosteniendo con mi mismo miembro la espuma escancorosa de tu sexo,

descargar en tu testa? Sonreías borlada entre las gotas de semen de

los estibadores que en el muelle te tomaban de atrás y muellemente:

te agarré: qué creías?

 

(Fuente: poesíaon.wixsite.com) 

 

Andréi Andreyevich Voznesenski (Moscú, Rusia, 1933 - 2020)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

No olvides

 

En alguna parte un hombre se pone sus cortos,
su camisilla azul de listas,
sus jeans;
un hombre se pone
su chaqueta en la que hay un botón
que dice COUNTRY FIRST,
y sobre su chaqueta, su sobretodo.
Sobre su sobretodo,
tras desempolvarlo, se pone su automóvil,
y sobre éste se pone su garaje
(apenas justo para su carro),
sobre éste el patio de su apartamento,
y luego se asegura él mismo contra el muro del patio.
Entonces se pone a su esposa,
y después de ésta la próxima,
y luego la próxima,
y sobre esa se pone su subdivisión
y sobre esa su condado
y como un caballero se abrocha
las fronteras de su país;
y con su testa oscilando,
se coloca el globo completo.
 
Entonces viste el negro cosmos
y se abotona con las estrellas.
Cuelga la vía láctea sobre un hombro,
y tras ésta algún secreto más allá.
 
Mira en rededor:
De súbito
en la vecindad de la constelación de Libra
recuerda que olvidó su reloj.
Su tic-tac debe estar sonando en algún sitio
(Por si solo)
El hombre se quita los países,
el mar,
los océanos,
el automóvil, y el sobretodo.
Él no es nada sin el Tiempo.
 
Desnudo permanece en su balcón
y grita a los transeúntes:
"Por amor de Dios, no olviden su reloj!"
 
 

La nariz

 

La nariz crece durante toda la vida de uno
(de fuentes científicas)
 
Ayer me dijo mi doctor:
"Usted puede ser muy diestro, sin embargo
Su hocico está helado."
Así que no salgas al frío,
Nariz!
 
En mi, en ti, en los monjes capuchinos,
De acuerdo a reconocidas leyes médicas
Implacables como relojes, sin pausa
Triunfalmente crecen las narices.
 
Durante la noche crecen ellas
En cada ciudadano, alto o bajo,
En porteros, ministros, ricos y pobres,
Currucuteando sin parar como búhos,
Heladas y fuera de forma,
Brutalmente golpeadas por un boxeador
O suciamente aplastadas por una puerta,
Y aquellas de nuestras féminas vecinas
Como brocas son astutamente atornilladas
En más de un cerrojo.
 
Gogol esa mística alma inquieta,
Intuitivamente percibió su rol.
 
Mi buen amigo Buggins se embriagó: en su sueño
Parecía que, como aguja de iglesia
Rompiendo a través de lavabos y candelabros,
Perforando y despertando llamativos cielorrasos,
Empalando cada piso como
Recibos en un suncho,
 
Más arriba y más arriba
 
ascendía
su nariz.
"¿Qué significaría eso?" se preguntó a la siguiente mañana.
"Una advertencia," dije yo, "de un día nefasto: parece
Como si fueran a llamarte a cuentas."
El 30 el pobre Buggins fue capturado y hecho preso.
 
Por qué, O Creador de las Narices, por qué
Nuestras narices se prolongan, y nuestras vidas se acortan,
¿Por qué durante la noche estas protuberancias carnosas,
como vampiros o bombas de succión,
Nos drenan hasta la resequedad?
 
Reportan que los Esquimales,
Besan con su nariz.
Entre nosotros eso no ha sido comprendido.
 
 

Naturaleza muerta

 

Ahora, con tus palmas sobre mis paletillas,
Abracémonos:
Deja que sólo exista el aliento de tus labios en mi rostro,
Sólo, a nuestras espaldas, el zambullir de oleadas.
 
Nuestras espaldas, que como dos conchas brillan a la luz de luna,
Atrás de nosotros están cerradas;
Aquí yacemos acurrucados, oyendo frente a frente,
Como un doble signo o como una fórmula gemela de la vida.
 
En el viento necio del mundo entero
Nuestros hombros de la intemperie nos escudan
La calma que ahora juntos alcanzamos,
Como una llama asida entre ambas manos.
 
¿Tiene cada célula un alma dentro de ella?
Si es así, abre de golpe todas tus pequeñas puertas,
Y todas tus almas aletearán como el jilguero
En las jaulas de mis poros.
 
Nada oculto está que no haya de ser conocido.
Ni aun por la tormenta de befas nos veremos
Separados de este abrazo, y abandonados
Como conchas mudas olvidadizas del mar.
 
Entre tanto, Oh carga de molestia y tensión,
Yaz sobre las conchas de nuestras espaldas en un gran montón:
Lo que no hará más que prensarnos aún más, uno con otro.
 
Estamos dormidos.
 
 
(Fuente: Henderson Espinosa) 
 

Víctor Jara (Chile, 1932 -1973)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro 

 

 

Vientos del pueblo 

 

De nuevo quieren manchar
mi patria con sangre obrera
los que hablan de libertad
y tienen las manos negras.
 
Los que quieren dividir
a la madre de sus hijos
y quieren reconstruir
la cruz que arrastrara Cristo.
 
Quieren ocultar la infamia
que legaron desde siglos,
pero el color de asesinos
no borrarán de su cara.
 
Ya fueron miles y miles
los que entregaron su sangre
y en caudales generosos
multiplicaron los panes.
 
Ahora quiero vivir
junto a mi hijo y mi hermano
la primavera que todos
vamos construyendo a diario.
 
No me asusta la amenaza,
patrones de la miseria,
la estrella de la esperanza
continuará siendo nuestra.
 
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
 
Así cantará el poeta
mientras el alma me suene
por los caminos del pueblo
desde ahora y para siempre".
 

 (Fuente: Sociedad Poética)

Lucas Margarit (Buenos Aires, 1966)

 

 

 

 

de "Telesio. Brevissimo tratado sobre el asombro"

 

 

si pongo una célula en un calidoscopio
se desintegra para ser el átomo del destierro
 
en un calidoscopio
una célula azul como el cielo que protege el límite
entre el aire y el viento
y entre la selva y la pradera
 
cuando Telesio observa a través de esos cristales
con borde de óxido
se desintegra la célula para aparecer
nuevamente entre el fuego y su naturaleza
 
ahí, en ese linde estaba la razón
entre la niebla y su templanza
. . . .
dejo sobre la mesa
semillas, semillas rotas
de limón, de manzanas que se pudrieron
en el bolsillo.
en la mesa las semillas
de mirto y de sésamo como
flores que verán el mundo y la ciudad caer
y quebrarse y pudrirse
sobre las hojas secas y los huesos de un pájaro
. . . .
UNO es el número de la desesperanza.
el número que reúne la imagen de dios
con la figura del agua
es la cantidad de océanos unidos debajo de las islas y de los
/bosques
el número que has elegido para triturar y recobrar
no es el siete que se desploma como un cuerpo de madreselva
ni es el otoño donde se reúnen todos los acueductos de tu
/infierno
es siempre el uno,
cuando ya no podemos creer en la mañana
ni en la última pesadilla de un sol alumbrando esa mañana
es el número más opaco de la cristiandad y del mundo natural
de los mortales
*
"Telesio. Brevissimo tratado sobre el asombro", de Lucas Margarit/ Leteo Editora, Buenos Aires, 2021.

(Fuente: Alicia Silva Rey)

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

 

Los cuatro caballos
que en San Marcos
se corren del desgaire
piafan mansitos
en esa gris fachada de la basílica,
no apta y apta
para deslumbrar. 
 
Cuatro,
que no sé de dónde provienen
y por permanencia obligada
son venecianos.
 
Tal vez Verrocchio,
me dice a las apuradas
un gitano,
que parece y no lo es. 
 
Oro y magnificencia
trunca de chamanes
que en enojosas
ceremonias
se abstrajeron
de la meditación
dudosa del sabio
y la ciega patada doble
del burro. 
 
"In ditto zorno
la verzene Maria
fo annonciata
da l'angel Gabriel",
¿sobre el destino de tanta
edificación, cálculo
y congoja de vejigas?
¿sobre los falsos conceptos,
tejedurías artísticas
y risas
que hoy
suponemos
verdaderas
y cómodos repetimos
ciertas?
 
Un firulais
se rasca los picotones
de pulgas
bajo los pórfidos
y de cola a la Piazzetta.
 
Las palomas abruman,
los hoteles están caros
y en las apretujadas callejas
musulmanes y negros
ofrecen porros y baratijas
mientras el sol se pone
como quien va para Turín
y qué no sabe adónde va,
en las tibias tardes
de este octubre
que enmudecieron
las campanas,
apagadas de bullanga
y sombras. 
 
Nadie bate la justa
ni la tiene. 
 
Sí, claro,
aquí
lo fascinante
a cuestas
de la apatía,
el anfiteatro de ricachones
y locos,
y la ambición
cargada de piedras
viejas
y tremendamente atractivas.

 

Inédito