sábado, 29 de agosto de 2026

Osvaldo Bayer

 

 

Poseo anteojos de sabio,
cerebro de ignorante,
sexo de hombre,
alma de mujer,
impulso de mercader,
bolsillo de poeta.
 
De todos los que conozco
soy el único libre,
el único poeta,
el único artista.


(Fuente: En Amor Arte)

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

harto
de las taras
y la censura digital
aunque
en ella abrevamos
escribiré
el gran breviario
del mundo
en lenguas muertas
afilada fuga
y dialecto piamontés
en extinción
 
viva el caballo blanco
de san martín
y el enemigo
exterior
que pompeyo trogo
usurpaba
de las pinturas no figurativas

- Inédito -

 

Patricia Ratto (Tandil, 1962)

 

 

HIJOS DEL PODER

(esto no es un poema)
 
 
yo no veo
vos no ves
él y ella tampoco,
pero, en Tandil,
los hijos del poder
hacen fiestas
y se toman sus licencias
para cosas que
nosotros, los comunes,
no podemos
ni queremos.
 
En Tandil, los hijos del poder
hacen estallar, en sus fiestas,
por fuera de las normas,
fuegos de artificio.
Impunemente, hacen estallar
-porque se les da la gana
a los hijos del poder-
hasta que sangran
los oídos
de los terneros
(no es una metáfora
lo que estoy diciendo:
es, literalmente, sangre
saliendo de las orejas
de las pobres bestias).
 
Las otras bestias,
las que de ninguna manera son pobres,
ríen, ante el espectáculo,
con sus risas torcidas
de poderosos.
Estruendos, luminarias, sangre
que nosotros no vimos
pero alguien vio.
Y después contó:
 
En Tandil, los hijos del poder
castigan perros
en sus fiestas oscuras,
aprietan con sus manos
los brazos de las muchachas
que dicen que no
e intentan conducirlas
a la fuerza
a donde las muchachas,
de nuevo diciendo no,
gritando no,
no quieren ir.
 
En Tandil, los hijos del poder
cuentan con avidez
el dinero ganado
con la gran venta de entradas
de sus fiestas torcidas.
Tamaño espectáculo
los complace hasta el éxtasis
y les estampa en el rostro
ese rictus de risa.
Insultan, descaradamente,
a los oficiales de justicia
que levantan las actas
de lo que, a todas luces,
se ve turbio y no está bien.
“No se molesten que
acá no va a pasar nada”,
gritan, entre risotadas,
los hijos del poder.
 
Mientras tanto, en Tandil,
la maldita costumbre
de mirar hacia otro lado
se apoltrona, con parsimonia,
en sillones confortables:
¿Viste qué pintadito
está el castillo Morisco?
¿Viste qué lindos
los dinosaurios de chapa,
las flores de chapa,
que pusieron?
¿Y la piedra de cartón que casi
casi parece real?
¿Por qué no recordar
-también, de paso-
que hemos logrado
el inefable récord
de tener el salame
más largo del mundo?
Los hijos del poder ya van
a pagar las multas,
tan malos muchachos no son
después de todo,
locura de juventud…
Y algo habrán hecho,
por su parte,
esas chicas,
esos terneros,
esos perros,
esos inspectores.
 
En Tandil, hay miedo
y silencio
y gorriones al pie de los eucaliptos
como papelitos oscuros abollados.
¿No habrá llegado el momento
-me pregunto,
casi con desesperación-
de abrir los ojos?
 
Yo los abrí
y veo:
los moretones en el brazo
de la muchacha
que cuenta y llora,
el lomo llagado del perro,
la sangre, ahora seca,
en el pelaje tibio
de las orejas de los terneros.
 
Yo veo, con miedo,
no lo voy a negar,
¡si sólo tengo,
para enfrentar todo esto,
un puñado de palabras!
Pero, así y todo, veo.
¿Y vos? ¿Vos ves?
 
Mientras escribo
alguien, presurosamente,
barre los pájaros muertos
y los mete en una bolsa
negra de consorcio.
Como dije al comienzo
esto no es un poema
y, ahora, sin temor
a equivocarme, agrego:
ESTO ES UN DOLOR.


(Fuente: En Amor Arte)
 

Maurice Maeterlinck (Bélgica, 1862 - Francia, 1949)

 

 

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Hay femenil temblor en mi alma...

 

Hay femenil temblor en mi alma.
Ved lo que hice, Señor:
De mis manos, lirios de mi alma,
De mis ojos, cielos de amor.
 
La palma y el anillo he extraviado
-¡Perdón, Señor, por mi humildad!
Por la oración que os he rezado
-Flor en un búcaro- ¡piedad!
 
Piedad del labio por su mal;
Piedad por mi profunda pena...
Plantad en el charco un rosal;
Sembrad las fiebres de azucenas.
 
De las palomas, siento el vuelo
Que anubla de mi cielo el tul...
¡Piedad por el lirio del velo
Que me rodea de un gesto azul!
 
Horas sombrías
 
Ved antiguos deseos que pasan,
Aun sueños de hombres cansados,
Aun ensueños que fracasan;
¡Días de esperanza pasados!
 
¡Hoy mismo huyamos de su asedio!
No se ve más estrella alguna;
Hay sólo hielo sobre el tedio
Y un lienzo azul bajo la luna.
 
¡Y aun llanto preso en trampa aleve
Ved a los enfermos sin fuego
Ya los corderos pacer nieve;
¡Piedad, Señor! ¡Oye mi ruego!
 
Yo, espero algo de despertar
Y que el ensueño haya pasado;
Y en mis manos la luz solar
Porque la luna la has helado.
 
Lo busqué treinta años, hermanas...
 
Lo busqué treinta años, hermanas,
¿Dónde se escondió?
Y marchó treinta años, hermanas,
y siempre me huyó.
 
Yo marché treinta años, hermanas,
Ya no tengo paz!
El estaba en todo, ¡oh hermanas!,
Y ya no está más. ..
 
La hora es triste, muy triste, hermanas;
Desnudáos los pies;
Ya la noche muere, ¡hermanas!
Yo muero a mi vez...
 
Bien jóvenes sois, hermanas;
Mi bastón tomad,
E id lejos, muy lejos, hermanas,
Y siempre buscad...
 

Versión de Edmundo Bianchi
 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Zbigniew Herbert (Lvov, Polonia, 1924-Varsovia, Polonia, 1998)

 

 

 Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas

 

 

PARÁBOLA DE LOS EMIGRANTES RUSOS

 

Sucedió en el año veinte
o quizá en el veintiuno
hasta nosotros vinieron
emigrantes rusos
muy altos rubios
de ojos soñadores
y con mujeres de ensueño
cuando cruzaban por el mercado
decíamos -aves de paso
iban a los bailes de los terratenientes
a su alrededor se susurraba -qué joyas
pero cuando las luces de la fiesta se apagaban
la gente quedaba desvalida
los grises periódicos permanecían callados
y sólo el juego del solitario se apiadaba de ellos
tras las ventanas enmudecían las guitarras
e incluso pálidos se tornaban los ojos negros
al atardecer a sus estaciones de origen
los transportaba un samovar con silbato
un par de años más tarde se hablaba
sólo del trío
del que enloqueció
del que se colgó
y de aquella a la que acudían los hombres
los demás vivieron apartados
y poco a poco se convirtieron en ceniza
Esta parábola refiere Mikolaj
quien comprende la perentoriedad de la historia
para asustarme quiero decir para persuadirme
 
 
_________________________
en "Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas", Hiperión, Madrid, 1993. Trad. de Xaviero Ballester. Véase también "Poesía completa", Lumen, Barcelona, 2012. Ed. y trad. de Xaverio Ballester. En la imagen, Zbigniew Herbert (Lvov, Polonia, 1924-Varsovia, Polonia, 1998) por Renate Von Mangoldt, 1976.
 

(Fuente: Jonio González) 

Jorge Medina Vidal (Uruguay, 1925-2008)

 

 

"Mi mano ha visto"

 


 
 
 
 
Puedes decirme:
—Noche—
y es un árbol frontero que sostiene
una extraña Galaxia,
o es un hombre que vino
de no sé dónde
hacia un patio de viento,
un guerrillero.

Puedes decirme:
—Luna—
y es el tic-tac que va
de casa en casa,
y es la danza de aquellos
los muchachos
que se pierde
y se pierde,
en las colinas
y es lo ausente.

Puedes decirme:
—Césped—
y son pasos del sitio incandescente,
hacia los tercos naceres
y morires
donde acaso despertemos
sonrientes.

Pero tú no me dices la caldera-poema
ni la gata-poema
ni el bisturí-poema
ni la cárcel-poema
ni las ferias-poema.
Eres un laurel rosa en tierra de ladrones.

Están entre los frutos con vocación de muertos.

Nosotros no te amamos,

y la amada lejanía es como un brote de bambú

y en ella esta esperanza.

¿Haberte conocido es cara o cruz?

Muéstrame el verdadero.

Yo lo canté, permíteme escribirlo.

No puedo ser extraño
y haces esto,
mi agobiado refugio entre los gritos
que no dejan aquí
su llaga.

Sobre la valla ciega los veo
sin tu sombra,
trabajando trabajos asoleados.

—Las manos de los santos es lo único que veo.
 
 

Jorge Medina Vidal, incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selec. de Eduardo Milán, Andrés Sánchez Robayna, Blanca Varela y José Ángel Valente).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

María Paz Guerrero (Bogotá, Colombia 1982)

 

 

Esto se reza

Esto se reza, se calienta. Son lentes.

Como unos chorros.

Pero también soplos, paloma.

Impulso.

Como si tú y yo escribimos juntos estos impulsos.

Unos locos atados por pupilas que transitan por canales nerviosos. Entra.

Como un loco que escucha. El día y canaliza.

Pero tú no canalizas. Tú te esmeras.

Unas bolas. Unas masas. Unos remolinos. Juntos. Esos remolinos. Untados. De Vida.

Me armo de una teoría para poder.

Me compongo una teoría para existir en el cuerpo que es

y me duplica
se resiste y se intensifica

fuego.

Uso una teoría pa’ decir pa’l llano pa’ pararte y sentarte pa’ pararte y sentarte.

Me apoyo en una teoría para entender por qué cuando hago hago y por qué hago, así como hago.

Una teoría para que el cante cante.
 
 



(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)