lunes, 31 de agosto de 2026

Fayad Jamis ( Zacatecas, México, 1930 -- La Habama, Cuba, 1988)

 

 

«En un barquito de papel»




 
 
 
 
En un barquito de papel va a naufragar el cielo gris de la tarde
barquito cargado de caramelos de mutilados y bandidos
Eso ocurrirá en el estanque del Jardín de Luxemburgo
cuando un anciano se siente a leer su periódico
Lástima que los avaros los cuarteles permanezcan en la tierra
las estatuas de Grandes Generales las estatuas de Reyes
los fabricantes de ataúdes
Sobre la tierra donde las cañas y el trigo relampaguean.

Tú no vendrás a decirme vámonos ya es hora
o he ahí la espuma negra y rosada del naufragio
Nuestros huesos deben esperar
que las crisálidas los cubran
aquí en este mundo de ventanas rotas
Las corbatas fueron inventadas para ahorcar
los perros no han venido sólo para ladrar
sino para ver en las tinieblas
 
De cada naufragio salta una roca
para el mundo por venir



21 de mayo de 1952



(Fuente: Descontexto)

 

Mariana Amato (Buenos Aires / Reside en EEUU)

 

 



ASTILLAS

 

Las personas desplazadas
sabemos que la tierra natal
es arena movediza,
un sueño que vuelve
apenas en destellos
a los que nos aferramos
sin ver que al tirar de sus hilos
destejemos lo poco que queda
de su dibujo siempre cambiante,
irregular.
En "Recuerdos de un viaje a Lituania",
Jonas Mekas deja que la luz
de esos destellos hable
su lengua descompuesta.
Los rostros familiares se reencuentran
con su juego cromático
de semejanzas y diferencias
en torno a una mujer
ajada y persistente como una piedra.
Por la mañana, la familia entera desayuna
frente a una mesa redonda de madera
tan maciza que parece
atraer el mundo hacia su centro.
Las astillas dispersas del destierro
olvidan por un momento su fractura
en ese desayuno circular.
Los comensales hablan, ríen.
No sé qué comen
salvo que en cada plato
hay un huevo blanco.
 
 

ENTRE ELIPSE Y ELIPSIS

 
La fórmula geométrica del huevo
comienza y termina
con un signo de pregunta.
El huevo habita en la intersección
entre elipse y elipsis.
Elipse:
grafía de la sugerencia.
Elipsis:
el huevo es la ostensible
omisión del origen.
“Haya luz”:
la única interrupción posible
del círculo vicioso
entre huevo y gallina,
entre causa y consecuencia,
es la creación.
De la nada:
la luz
fue la primera creación terrestre.
El huevo es la detención
imposible del tiempo
en un silencio de calcio.
La fórmula geométrica del huevo
comienza y termina
con un signo de pregunta.
 
 
 

EN EL PATIO

 

Aquí están
un niño y tres niñas
alrededor de su madre
con sus ropas de salir
primaverales
mirando hacia este lado de la cámara
su punto ciego
donde esperamos
el abuelo Pedro, mamá, la tía,
mi hermano, yo, los primos;
donde espera el poema
hecho de nuditos que el futuro florece.
Aquí están bajo el sol
en el patio de la casa chorizo
donde la abuela lituana
le pasaba huevos sobre los ojos a mi abuela
rodeados de plantas
y de sombras de plantas
cayendo sobre las superficies
como animales cansados
o babosas oblicuas lamiendo las paredes.
El tiempo sella su pasaje
en esos dibujos oscuros
que se ciernen sobre la familia retratada:
diagonales esquivas que se deshacen
unas en otras,
espadas que afilan sus lenguas turbias
sobre la cabeza benévola de mi bisabuela,
ramitas erizadas
borrachas de sábado y primavera,
la sombra del toldo una piscina de negrura
horadando la tarde.
Y sobre todas las cosas
la luz del sol ofrenda su tibio vaivén
y su caricia incendia a esta profana familia
inmortalizada sonriéndole al futuro
día a día, año a año
hasta que un día los ojos de la abuela
sólo ven sombras.
 
 

UN CUADRO DE MATISSE 

 

En la pared de ese cuarto en tránsito,
junto a la cama de los abrigos,
había un cuadro de Matisse.
Ni claro ni oscuro,
el fondo azul fundía día y noche,
cielo y mar, desgarro y éxtasis.
Una amalgama salpicada de estrellas
que también eran pájaros o islas
pero por sobre todas las cosas
eran agujeros clavados
en el corazón de una caída.
De esa red de vacíos
pendía una silueta negra:
una sombra bailando contra el viento,
acariciando casi enamorada
el aire del descenso hasta el final.
En su pecho un círculo rojo,
alfiler florecido al calor del sol.
A mí me daba miedo ese cuadro.
 
 

LA MEMORIA DE LA CARNE

 

Mi abuelo se apagó muy lentamente
y hasta el último minuto, cuando ya no era más
que una amalgama de huesos y tejidos,
algo en él se negaba a morir.
Había perdido casi todo lo humano.
Ya no sabía hablar, y quién sabe
qué entendía de lo que decíamos,
si nos escuchaba.
Apenas caminaba,
con pasos imposiblemente cortos,
como un Aquiles emperrado en ahondar,
hueco a hueco,
la distancia infinitesimal entre él
y la tortuga, entre él y la meta.
Miraba siempre un horizonte
guardado como un pliegue dentro de sus ojos.
Comía sin parar,
la boca entreabierta y concentrada en su tarea,
una ventana
al precario presente de los sentidos.
No sé qué mecanismo, desnudo y riguroso,
se obstinaba en vivir.
La memoria de la carne
pulsaba, anterior a las palabras.
En esta foto de su juventud también se ve:
una alegría obscena, descarada,
brillándole en los dientes y apretando,
desde dentro, la camisa.
***************
Fuente: Ditroika Revista de Poesía
 

(Fuente: Oscar Vicente Conde) 

Javier Calderón Luna (Sevilla, 1997)

 

 

Padre tú conoces
todas las técnicas de pesca
yo pecador
quisiera ser
pescador de nombres
echar las redes al fondo del mar
y sacarlas llenas de palabras
que vengan a ayudarme más poetas
porque son tantas que mis redes se rompen 
 
una vez pescador quisiera también
las dotes del pescadero
limpiar el nombre de significado
desescarnar el significante
y sacar dos lomos limpios de espinas 
 
padre quédate tú con las espinas
enséñame después
a devolver con vida los peces al mar.

 

(Fuente: En Amor Arte) 

Daniel Quintero (Buenos Aires, 1957)

 

 

 

Puede ser una imagen de pesca, anzuelo y caña de pescar 

 

 

 

Resistir
como cemento
la casa
materna
las veredas
tachos
de basura
orinar
la madrugada
que los
perros
ladran
si se
escribe
demasiado
que no hay
lectores
verbos
crueles
que lo
único que
te
queda
es la
poesía
y seguí
escribiendo
así
y vas a
ver
lo que
te
va
a pasar
ingratitudes
sobran
latitudes
también
viajo
viejo
ya
subo
las cumbres
hueco
los fondos
malcrio
a mis
vecinos
todos
reaccionarios
uno peor
que
otro
se van
sin
decir
nada de
las cosas
como
morir
un poco
debajo
de
este
exprimidor
donde
sale jugo
de pomelo
frío
el blues
del
espanto
dales sol
y te
comerán
la luz.
 

Alfredo Rescia (Leones, Córdoba)

 

 

 

 

 

 

Otra es la noche
que miramos.
 
Tienen otro tiempo
las estrellas.
 
Y extrañamos
los viejos astros.
 
Han caído cielos.
 
Tormentas
que aturden nuestra cabeza.
 
Y entre siniestros
de cajas negras,
 
buscamos
los días azules
que huyeran hacia él corazón
 

Pablo Delgado (Córdoba, 1978)

 

 

«Detenidos desaparecidos»

 




 


 
 
No confundan.
Nosotros fuimos naturaleza muerta 
en el territorio de Chile.
Allegados permanentes 
y cruzados de amor bajo las espigas.
Nos hacíamos el injerto para sabernos, 
pero la piel nos acusaba.

Rozadas las muñecas al fervor del gentío, 
nada nos era candoroso, ni siquiera nuestras sombras
que de ti y de mí nos buscaban.

Fuimos proclives en la hora nuestra, 
hasta silabarios de tantas preguntas nos prodigaron 
para seguir de poste en poste, 
de muro en muro, como suponiendo 
que tanta fábula era necesaria.

Lo fortuito era devastado y las consignas 
resignadas al diluvio en la cavidad del estadio, circo, 
manusterio o fogón en el recinto donde fuimos 
coludidos a marchar al son de las fisgas 
que basaron nuestros cuerpos.

Se supo al fin, nos llamaron por nuestros nombres.
M254, H247.
Libres por falta de méritos.




en Revista La Mancha 15/UNO, julio 2010



(Fuente: Descontexto)

 

Pia Tafdrup (Copenhague, Dinamarca, 29 de mayo de 1952)

 

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 

 

La mano de mi madre 

.

Me baño en la quieta luz de una gota
y recuerdo cómo llegué a ser:
Un lapicero puesto en la mano,
la fresca mano de mi madre sobre la mía, cálida.
- Y así nos pusimos a escribir
entrando y saliendo de corales,
un alfabeto submarino de arcos y puntas,
de caracoles espirales, de estrellas marinas,
de blandientes tentáculos de pulpos,
de grutas y formaciones rocosas.
Letras que con sus cilios se abrían paso
vertiginosamente entre lo blanco.
Palabras como lenguados aleteando
y enterrándose en la arenav o anémonas oscilantes con sus cientos de hilos
en un quieto y único movimiento.
Frases como cardúmenes
que se hicieron de aletas y ascendían
y también de alas que en compás
se agitaban,
palpitando como mi sangre que a tientas
golpeaba estrellas contra el cielo nocturno del corazón;
fue cuando vi que su mano había soltado
la mía,
que yo hacía mucho, escribiendo, me había desasido de ella.
.
De: «𝘓𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘣𝘢𝘭𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘛𝘢𝘳𝘬𝘰𝘷𝘴𝘬𝘪» (2006)
(Traducción: Tomas Boberg y Renato Sandoval)
 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)