sábado, 11 de julio de 2026

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

ÉGLOGA VI

 

Así, de repente,
la luz se vuelve
a sus neutrales conjeturas.
Algo no diferenciado en el espacio
espumajea, echa miradas de verano
a las vanas clasificaciones
y lo próximo sentimental,
a la expectativa más pequeña visible
representada en su propio excurso.
 
Incoherencia del ojo,
pejerrey que ronca. 
 
Se balancean muy fríos
los yuyales que antaño
husmeaba el perro cazador
y de parabienes retozaban los gorriones saltarines.
 
Agua de huesos, agua en rudimento,
y la cosa apenas pulmonada
en cuanto cosa y anticosa apetecible,
¿masa mineral? ¿transición de reflejo salino?
 
Invierno,
moneda de tres caras,
retuerce de a pellizcotes
al gordo gusano
que en septiembre brotará
malparido por la reja del arado
desprovisto de piedad.
 
Julio al destello del día:
julio exento mutable,
el apetescente sello,
la desnudez diversa,
anhelo,
no frustrado ungüento.
 
No hay aquí
rastros que entrañen futuro,
ni líneas tortuosas dentro
del enemigo celaje. 
 
Junio casi vegetativo.
Julio pater patriae,
Agosto albayalde.
 
Estoicos jumes,
amarradas las raíces
en el sustento salitral.
Trueque olvidado del otoño.
136 fragmentos distinguen
la convicción objetiva
del tamarindo
que orilla el río,
desleído su misérrimo
cauce desértico.
 
Nieve, sólo nieve, que no hay.
nieve oblicua,
punción que segrega
la sequía y el fin.
 
Natura naturata.
 
La perfumada jarilla,
el perspicaz tomillo silvestre,
el chinchil de alta montaña,
el sermo rastrero
de tallo tóxico
y hojas medicinales,
se achaparran
ante la inconmensurable
contracción de las escarchas,
y cuanto mayor sea
la topología invernal
menor será la grasa del ónix.
Y como traída de óvalos rosados,
 
seca,
la presencia urticante
de insectos se aligera,
y los humildes acaecimientos
del planeta
semejan ruinas sin piedras ni cal,
pero en ellas está la fuerza del brote
y la savia molecular desafiante.
 
Fulgor irradia el tronco verde
de una brea que asoma su cuerpo
y amarillas flores
desde un barranco,
sobre el vallecito
de peñascos volcánicos
afilados como navajas,
nada iguala su obstinación
y delicada entereza.
 
Invierno
en el rabillo del ojo
y en las noticias
que hablan de muertos y migrantes,
invierno
en la negra piel del carbono
que contamina
para siempre el mar
y los carros triunfales que lo surcan
y empobrecen;
invierno,
la funesta extinción de las ideaciones plotinas.
De lo uno y de lo vario,
lo que hay de terrible,
reconocido como tal
y lo absoluto predecible.
Por un lado, aridez,
por el otro, vidrio contrario.
Gris y crujiente
discurrir en el rapsódico menjunje:
ser único y paciente:
unívoco juicio
de todo lo creado
y no por ello verdadero.
 
Todo permanece
en la finitud que inventa
la razón que a cada paso
decae y se derrumba.
Todo volátil, riente y sufriente,
todo, y de aquello que sirve
a sus fines y embelecos:
el profundísimo genoma
exterioriza sus barnices descriptivos
que los dioses baldados
obligaron a resplandecer
como en azul sopor lunar.
No como testimonio
sino como goce corto
y muy complejo ventral.
 
Un par de moscas
se arriman a una bosta de burro
cuando entibia la siesta,
y mugen sordos los tunducos
su gutural acomodamiento de crías
en sus traicioneras cuevas.
 
Junio en pedrería julia,
afecciones de agosto.
 
En cuestión de horas
la aflicción del ocaso
llevará luto a la verruga terrestre,
a regiones en aparente inmovilidad y trampas.
¿Dónde? ¿Exhibición de números
y oposiciones decentes aún?
¿Dónde y cuándo el terremoto
que encabrita las rocas
y ejerce su mandato imperial?
¿La cal viva, el azufre, el cuarzo,
el bicho palito cuyano
fronterizo a lo inorgánico,
los espárragos que crecerán
y semillarán en las acequias decembrinas
lo sabrán?
 
Invierno de a pedazos,
leche cuajada,
meridiano 70 secándose
en las correrías de la memoria
que nunca será fidedigna,
relleno erudito
sacudiéndose la perdición química
de los cerros, hondonadas y desfiladeros,
leucemia desempaquetada
fuera de toda unidad aglutinante,
que falta no hace.
 
Una perdiz providencial
picotea entre las tunas,
una pititorra hiperquinética
anticipa el nido
que acogerá los huevos
en octubre,
estudia, prueba,
explora, se va.
 
Y como Virgilio ineludible,
y como Garcilaso recargado,
la serena y cruel opulencia
de misma estirpe y escaso mérito,
acueductos largamente celebrados,
histeria del clonazepam, lápida anecdótica. 
 
 
Héctor Giuliano
- Inédito-

 

Gustavo Garcés (1957 - 2026)

 

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas, personas sonriendo y anteojos 

 

 

 

El Burro
Bajo el sol de marzo
junto al mar
el burro agoniza
 
no sabemos
si la muerte
lo apremia
 
hay pájaros
y nubes
y mujeres con cestos
repletos de legumbres
 
tal vez un ángel
lo espera
se le acercan
las lagartijas
y la sombra del pino
 
está próximo
a entrar por el espejo
y a que le crezcan
alas
 
giran los buitres"
 

 

(Fuente: Carlos Andrés) 

Magda Portal (Barranco, Lima, Perú, 27 de mayo de 1900 — Lima, 11 de julio de 1989)

 

 

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GRACIA PLENA 

 

 
¡Cómo tiemblas en mi alma,
cómo tensas mi joven piel rosada,
cómo me agitas toda y tremes, cómo
jadeas en tu encierro de carne deslumbrada!
 
y lates, y golpeas y emocionas,
corazón, nervio, ala inquieta,
verdadera y tangible carne clara,
con voluntad, entre mi carne quieta.
¡Dios mío! Cómo vibra, cómo tiembla,
como golpean sus nudillos llenos
de impaciencia la puerta
cerrada de mi vientre y mis senos…
 
Me asombra, yo que vengo de tan lejos,
golpeándome los lados de la frente
y dando tumbos contra la pared,
me asombra cómo de repente
te introdujiste tan al fondo de
esta carne dura, impenitente,
y la ablandaste y la obligaste a ser
tu cálida prisión
que pronto has de romper…
 
¡Dios mío! Y yo le he dado gota a gota,
la miel del interior de mi colmena,
su celeste sabor llena su boca,
toda su carne está en mi alma llena.
 
    ¡Dios mío! y yo le mezo, y yo le canto,
     en su urna de carne rosada, que
     de sostenerle y abrazarle tanto,
     siento dolor…
 
.
De: «Á𝘯𝘪𝘮𝘢 𝘢𝘣𝘴𝘰𝘳𝘵𝘢» (1920 - 1924)
 
María Magdalena Julia del Portal Moreno fue una poeta peruana 🇵🇪

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Guillermo Saavedra (Buenos Aires, 1960)

 

 

VARIACIONES MENGUANTES

 

La mosca azul
que fabrica la noche
come la luna.
 
***
Luna mordida
por la mosca del cielo,
mengua que mengua.
 
***
La mosca hambrienta
que se come la luna
vuela y es noche.
 
***
Luna cortada,
anochecida mengua,
ala de mosca.
 
***
Vamos menguando
en la noche amoscada
de luna rota.
 

Pedro Burgos Montero (Puertollano, Ciudad Real, España, 1955)

 

 

 

El poeta está ahí, donde
tú estás pensando. Y el poema lo sabe. Va en
su busca. A veces se entrecruzan.
Hay momentos de agua, de
aroma a tierra virgen, y el
poeta los capta, los anuncia,
mientras el poema se diluye
o danza.
Es acaso inevitable con-
fundir al poeta con el
poema. De ahí tanto poema
in/aceptable y tantos, tantos
poetas hueros.
 

Cassiano Ricardo (São José dos Campos, Brasil, 1895-Río de Janeiro, Brasil, 1974)

 

 

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ES TARDE, ES MUY TARDE

 

I
Todas las horas se
resumen en un minuto.
Los pies me quedan juntos,
conciliados.
Todos mis caminos
se encuentran en uno solo.
Y quedo desnudo de tiempo,
desnudo de espacio.
Quedo siendo yo, solo yo.
Entonces acepto la hora,
la única entre todas
(en el mundo colectivo)
que sería solo mía.
Terriblemente mía.
Más que la de haber nacido.
Más que la del amor.
Atravieso el horizonte
de mis pies con la tierra.
Hago mi horizonte.
Mi propia noche.
Mi autorretrato.
Quedo siendo yo, solo yo.
Ved bien que soy yo.
Pero ahora ya es tarde.
***
 
II
Gasté mi futuro
en cosas que no hice.
La tarde es casi humana
cuando en mí reposa. La tarde
atrozmente adornada
de colores, aún arde;
sin embargo, ya no me engaña.
Es tarde. Es muy tarde.
Habría solo un remedio.
Era el haber prestado
más atención a la vida.
Era haber consultado
más veces el reloj.
Era el haberte querido
más de lo que te quise.
Pero gasté mi futuro
en cosas que no hice.
Es tarde. Es muy tarde.
 
 
_________________________
de "Um dia depois do outro" (1947), en "Palimpsesto", n.º 27, 2012. Trad. de Pablo del Barco. En la imagen, Cassiano Ricardo (São José dos Campos, Brasil, 1895-Río de Janeiro, Brasil, 1974 / Prefeitura de São José dos Campos)

 

(Fuente: Jonio González) 

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

 

 

LABRAR

 

ha venido a la cantera
de donde salía el mármol
que otros esculpían
la cama está deshecha
cubierta de polvo y astillas
entre las sábanas
dibujos destinados
a convertirse en cuerpos
 
¿y si abandonara su cuerpo
por un rato?
¿y si se entregara
al lecho de infancia
poblado de dibujos inútiles
arena en el vacío
espejos
en los que se reflejaba
un otro heroico
inminente?
 
pero ¿y si las manos
el rostro
que esculpirán otros
fueran como una confesión
hecha en los rincones
un argumento
para la inquietud del alma?
ha venido a la cantera:
un furor de lajas y cinceles
lo recibe
 
todo lo interrumpe la materia
***
 
 

LÁZARO 

 

el verso que te arranca
del sueño
balbucea tópicos
por la mañana 
 
resucitar a medianoche
no es lo mismo
que hacerlo con el día:
el sol desnuda las cicatrices
arranca la hiedra
que embellece el muro
de que alardea
la guarida del sentido 
 
quien amanezca contigo
no imaginará un milagro
al ver que abres los ojos
 
 
____________________
J. G., en "Historia del visitante", Ediciones En Danza, Buenos Aires, 2019.