miércoles, 19 de agosto de 2026

Eduardo Álvarez Tuñón (Buenos Aires, 1957)

 

 

Es vana la quietud y es inútil la fuga

por Pedro Donangelo - agosto 16, 2026 
 


 

 

 

El elegido    

«...conosco i segni dell´antica fiamma..»
(Purgatorio, XXX, 46- 48 )    


Es vana la quietud y es inútil la fuga:  
Cuando alguien ama, una ciudad se acerca. 
La anuncian los aromas de la noche y la espera. 
Quien recorre sus calles lo hace en busca de un rostro. 
Son eternas las vísperas si atraviesas su puerta. 
No querías volver. Te sientes viejo 
y ya la lluvia bendice tu retorno. 
Es vana la quietud y es inútil la fuga.
Los árboles lo dicen a tu paso: 
Amas a esa mujer porque la has visto
en un lugar de la tierra en donde nadie ha muerto
y envidias nuestras ramas que pueden darle sombra. 
Una ciudad se acerca. No apartes este cáliz.
Interrumpe tu viaje, que son bellos los miedos
y si no la recorres ella desaparece. 
No amarás un color porque alguien lo ha visto.
Nada ha de conmoverte cuando caiga la tarde.
Recuerda el signo de la antigua llama: 
De nuevo una mujer y una ciudad.
Los árboles lo dicen a tu paso:
No es el amor que vuelve. 
Es obra de los días y los vientos.
Te han elegido.
Han querido enseñarte lo que sintió la piedra de viejas catedrales
cuando alguien la apartó de aquél secreto río
y vio su soledad transformada en un templo.

EDUARDO ÁLVAREZ TUÑÓN (1957, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: JotDown | Festival de poesía de Buenos Aires
Fotografía: Carolina Clerici

 

(Fuente: El poeta ocasional) 

Francisco Luis Bernárdez (Buenos Aires, 1900 - 1978)

 

 

SONETO DEL AMOR UNITIVO y otros sonetos 

 

 

  

 

 

 

Soneto del amor unitivo


 
 Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas,
 
que nuestros argumentos y razones
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y proporciones.
 
En el tablero de la vida vemos
empeñados a dos que conocemos,
a pesar de que no diferenciamos,
 
en un juego amoroso que sabemos
sin ganador, porque los dos perdemos,
sin perdedor, porque los dos ganamos.
 
 
 
 Soneto a la doncella lejana


 
 Inaccesible al viento que suspira
por apagar la luz de su cabello,
inaccesible al pálido destello
de la estrella lejana que la mira.
 
Inaccesible al agua que delira
por llegar a la orilla de su cuello,
inaccesible al sol y a todo aquello
que alrededor de su persona gira,
 
la doncella en su mundo de diamante
inclina la cabeza lentamente
para escuchar en el remoto mundo:
 
el eco de un latido muy distante,
la resonancia de una voz ausente
y el sonido de un paso vagabundo.
 
 
 
Soneto lejano


 
Bello sería el río de mi canto,
que arrastra por el mundo su corriente,
si dicho canto no naciera en cuanto
el río se separa de la fuente.
 
Bello sería el silencioso llanto
de la estrella en la noche de mi frente
si dicha estrella no distara tanto
de quien le da la luz resplandeciente.
 
Bello sería el árbol de mi vida
si la raíz de amor lo sostuviera
sin estar alejada y escondida.
 
Bello sería el viento que me nombra
si la voz que me llama no estuviera
perdida en la distancia y en la sombra.
 
 
 
Soneto interior


 
 Aquí donde la tierra es menos tierra,
donde el agua es el agua del olvido,
donde el aire es un aire sin sonido
y donde el fuego ya no mueve guerra;
 
Aquí donde la tierra se destierra,
donde el agua carece de sentido,
donde el aire prefiere estar dormido
y donde el fuego su pasión encierra;
 
el hombre de mirada pensativa
substituye las cosas de su casa;
la tierra, con su carne fugitiva,
 
el aire, con el aire de su aliento,
el agua, con su propio sentimiento,
el fuego, con el fuego que lo abrasa.

 
 
 
 
Soneto al Niño Dios


 
 Te llamé con la voz del sentimiento
antes de la primera desventura,
te busqué con la luz, aún obscura,
que despuntaba en el entendimiento.
 
Pero siempre, Señor, sin fundamento.
Pero nunca, Señor, con fe segura,
 
porque la luz aquella no era pura
y aquella voz se la llevaba el viento.
 
Fue necesario que muriera el día,
que viniera la noche, que callara
la voz y que cesara la alegría,
 
para que yo te descubriera, para
que la desolación del alma mía
en el llanto del Niño te encontrara.
 
 

 Francisco Luis Bernárdez 

 

Francisco Luis Bernárdez nació en Buenos Aires, en 1900, y murió en la misma ciudad, en 1978. Hijo de padres españoles, viajó a los veinte años, a la patria de sus ancestros. Allí ejerció el periodismo en Vigo, como redactor de "Pueblo gallego", donde se relacionó con figuras como Valle Inclán, los hermanos Machado y Juan Ramón Jiménez. Retornó a su país natal, donde desempeñó actividades literarias  en la Revista "Martín Fierro", e integró, desde 1928, el grupo de la revista "Criterio". En 1925, vio la luz su obra "Alcántara", año en que lo galardonan con el tercer premio del concurso literario de la Municipalidad de Buenos Aires. En esta época funda la revista "Libra", en colaboración con Leopoldo Marechal, de quien era íntimo amigo.Integró, junto a notables figuras, como Jorge Luis Borges, Ricardo Güiraldes y Conrado Nalé Roxlo, entre otros, el grupo "Florida", perteneciente a la corriente del ultraísmo; estética de la que pposteriormente se aleja. Una larga enfermedad le obliga a guardar reposo a partir de 1930, y recién en 1935, se conoce otro de sus poemas: "El Buque", de carácter intimista. A partir de entonces, su obra es sumamente prolífica, destacándose: "Cielo sin tierra" (1937), "La ciudad sin Laura" (inspirado en su esposa, y escrito en 1938); "Poemas elementales" (1942), "Poemas de carne y hueso" (1943) -por estos dos últimos libros se le concede el Premio Nacional de liteeratura.-, "El Ruiseñor" (1945), "Las estrellas" (1947), "El ángel de la guarda" (1949), "Poemas Nacionales" (1949), "La flor" (1951), "El arca" (1954) y "Poemas de cada día" (1963) y La copa de agua (1963). Bernárdez es uno de los muy escasos poetas argentinos que asumió el catolicismo en su creación.

 

(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites) 

 

Muna Lee (Raymond, EE.UU., 1895-San Juan, Puerto Rico, 1965)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y sombrero 

 

 

NOTAS AL PIE II. COSECHA

 

He sembrado mi pensamiento como si fuese una semilla.
Brotó una hierba venenosa.
Volví a sembrar mi pensamiento: una flor puede ser el aguamiel.
Mi pensamiento es duro y frío;
La tierra es estéril y vieja:
¿Y si crecieran caléndulas y convirtieran la tierra en oro?
***
 
 

NOTAS AL PIE IX

 

He vencido aquello que me entristecía—
El rencor la angustia el remordimiento.
Sí, lo he vencido. Y sin embargo —y sin embargo—
El arrullo de las palomas hará que me vuelva loca.
 
 
 
_______________________
en "A Pan-American Life: Selected Poetry and Prose of Muna Lee", Jonathan Coe ed., University of Wiscosin Press, Madison, Wiscosin, 2004. Versiones de J. G. En la imagen, Muna Lee (Raymond, EE.UU., 1895-San Juan, Puerto Rico, 1965 / University of Wisconsin Press). 
 
 

FOOTNOTES II. HARVEST

 

I sowed my thought like seed.
Up sprang a noxious weed.
I shall sow my thought again: a flower may be the meed.
My thought is hard and cold;
The soil is worn and old:
What if marybuds should rise and turn the earth to gold?
***
 
 

FOOTNOTES IX

 

Now have I conquered that which made me sad —
The bitterness and anguish and regret.
Yea, I have conquered it. And yet — and yet —
The moaning of the doves will drive me mad.
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Marosa di Giorgio (Salto, Uruguay, 1932 - Montevideo, 2004)

 

 

 

 
 
 
Un jardín arde en la penumbra.
La liebre todavía tibia es alzada
como un niño, la oruga recibe el
nombre de hermana y las flores
exhalan un perfume espeso,
mezcla de azúcar y sombra.
Allí la ternura no consuela, se inclina.
Se acerca a lo que tiembla
y se descompone, lava la herida,
envuelve el cuerpo, demora la caída
como si la canción pudiera
suspenderla.
Es una voz baja casi maternal
y sin embargo feroz.
Toca aquello que debería rechazarse
y lo vuelve próximo.
Entre lo vegetal y lo humano,
entre la carne y su sombra,
no hay frontera firme
apenas un latido compartido.
El barro respira.
La mano no retrocede.
Y en ese gesto de acunar
lo que duele,
lo extraño empieza a latir
como parte de una misma materia
vulnerable y luminosa.

 

(Fuente: En Amor Arte) 

Cecilia Pontorno Mainero (La Plata, 1979)

 

  

MUESTRA DE POEMAS DE CECILIA PONTORNO - Hurlingham Post 


 

 

UNA RESERVA DE BISONTES EN KENTUCKY

 

No me da lo mismo sentarme a la derecha que a la izquierda.
Después de unos minutos, el cuello empieza a doler de una manera vergonzosa.
No muy lejos de allí, se mezcla el olor de las lavandas con el marlboro en mi mano.
Otros son los hilos de hierro caliente que digitan el destino.
No de caucho, como tus ojos, siempre tus ojos, viles y ciegos.
No voy a pedir perdón, no en mi casa de arena.
No. 
 
Que vengan los amantes con sus muñecas rotas, haremos una orgía
de preguntas.
Desvelados sobre la mesa, envueltos en vodka puro, enajenados, de espaldas
a la muerte, ese pájaro rojo sobre la boca, gimiendo barbaridades.
Mi carcelero.
 
En algún lugar de este ataúd dejé la parte más viva de mi cuerpo.
Una reserva de bisontes en Kentucky.
Pienso defender lo poco que queda: una buena impresión por la mañana,
la cabeza humeante en una mesa para autopsias.
Deberías verme, condenada como los pájaros del trópico, a la brutalidad de los hombres.
Un pantano sería una escena grotesca de no ser por los turistas. 
 
A veces converso envuelta en correas de cuero, en un lugar hipnótico para las mujeres como yo,
de acento brusco y demasiadas especulaciones.
La condena es evidente.
 
Luego, como animales inútiles, volverán a las grandes toneladas de excremento
en la comodidad de sus casas.
 
Lugares como este nacerán de entre los muertos.
 

 

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000)

 

 

Dos poemas 

 


 
 
 
 
Rasgo fugaz
 

Lo que está debajo de la línea
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.

Pero un tablón de andamio,
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea,
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.


Fresno
 

Arrodíllate, Fresno: serás ejecutado;
profusas, humildes ramínculas,
tajeadas cortecitas, apagada flor,
retorcido recato
vedan tu médula corrupta
y sabotea lo natural la justicia.
Ya lo cantaban los azahares desde el alba:
“muerte a quien no da vigor
al amo de la renta sometida.
Te enmascaras Fresno, y simulas
tejerte en la bondad de las horas
que pasan; tienes astucia.
Pero la exhibición productiva
te arrasará. Lo simple caducará”.
¿Mienten, cantando, los azahares
desde el alba?

 Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: Oliva, 1993, por Claudia del Río, op. cit.

 

(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible) 

Eduardo Magoo Nico (Buenos Aires, 1956)

 

 

LA TERRAZA 

 

 

LA TERRAZA

 

Ojazos de vaca, los que me miran
abundantemente, ahora.
Yo supe detalles y formas.
Cada vez que perdía el habla
ponía punto, a veces coma
para evitar lagunas silenciosas.
Los ruidos de adentro
no se corresponden con el sibilino fluir
de los lenguajes extranjeros.
La boca abierta piensa.
Había palabras y gradaciones de grises
en los escalones que subían a mi terraza.
Flores de nácar y no me olvides,
alegrías del hogar.
¡Ansia de inspirar y de espirar
de una vez y para siempre!
(Un paréntesis, puntual).
Porque tanta pena y bruma
nos quiebra el alma,
algo redondo y brillante como el sol
nos hace falta.
 
 
Foto: Alejandro Pi-hué