domingo, 28 de junio de 2026

Gwendolyn Brooks (Topeka, Kansas, EEUU, 1917 - Chicago, 2000)

 

 

SOMOS FANTÁSTICOS DE VERDAD

 


 
 
 
 
Jugadores de billar
Las siete en el bar The Golden Shovel
 

Somos fantásticos de verdad. Nosotros 
Dejamos la escuela. Nosotros

Merodeamos de noche. Nosotros 
golpeamos directamente. Nosotros

Cantamos al pecado. Nosotros 
rebajamos la ginebra. Nosotros

Jazz en junio. Nosotros 
Morimos pronto.



Construcción de cocineta
 

Estamos hechos de horas sin lágrimas y el plan involuntario, 
Atenuados y grises. «Sueño» suena vertiginoso, sin la fuerza 
De «renta», «alimentar a una esposa», «satisfacer a un hombre».

Pero podría un sueño ser burlado a través de los humos de 
     cebolla
Su blanca y violeta, lucha con patatas fritas 
Y la basura de ayer madurando en la sala,
Revolotear o cantar un aria por estas habitaciones
Incluso si estábamos dispuestos a que esto entrara, 
había tiempo de calentarlo, mantenerlo muy limpio, 
Anticipar un mensaje, ¿empezamos?

Fantaseamos. ¡Pero no es así! ¡Ni por un minuto! 
Como el Número Cinco ya está fuera del baño, 
Pensamos en agua tibia, esperamos meternos en ella.



Una canción en el jardín delantero
 

Me he quedado en el jardín delantero toda mi vida.
Quiero echar un vistazo a la parte de atrás
Agreste y desatendida donde crece la mala hierba hambrienta.
Una niña hastiada de una rosa.

Quiero ir al jardín de atrás ahora 
Y tal vez por el callejón,
Donde juegan los niños necesitados.
Quiero pasar un buen día hoy.

Ellos hacen algunas cosas maravillosas.
Tienen un entretenimiento maravilloso.
Mi madre se burla, pero yo digo que está bien 
Como no tiene que irse a las nueve menos cuarto.
Mi madre dice que Johnnie Mae 
Será una mala mujer de mayor.
Que tarde o temprano se llevarán a George a la Cárcel 
(Era invierno y vendió nuestra puerta trasera).
Pero está bien. Honestamente lo digo.
Y también me gustaría ser una mala mujer,
Y usar las provocadoras medias de encaje negro nocturno
Y pasear por las calles con pintura en la cara.



La balada de Rudolph Reed
 

Rudolph Reed era de roble.
Su esposa también era de roble.
Y sus dos buenas chicas y su buen hombrecito 
Se volvieron de roble mientras crecían.

«No tengo hambre de bayas.
No tengo hambre de pan.
Pero tengo hambre, mucha hambre de una casa 
Donde en la noche un hombre en la cama

»Nunca pueda oír el yeso 
Revolviéndolo como si sintiera dolor.
Nunca pueda escuchar las cucarachas 
Cayendo como lluvia gruesa.

»Donde nunca la esposa y los niños necesiten 
Ir parpadeando a través de la oscuridad.
Donde cada habitación de muchas habitaciones 
Esté llena de espacio.

»Oh, que mi casa pueda tener este u oeste,
O norte o sur detrás de ella.
Todo lo que sé es que la descubriré,
Y lucharé por ella cuando la encuentre».

Llenó su solicitud
en una calle de una blancura amarga.
Pues Rudolph Reed era más de roble 
Que otros en la nación.

La mirada fija y firme del agente 
Corroída en una sonrisa.
¿Por qué tú, viejo negro, maldito viejo pesado,
Mueves a tu familia aquí?

Rudolph Reed apenas esbozó una sonrisa,
Apenas articuló una maldición,
Pero se mudó a su Casa. Con su pequeña y oscura esposa,
Y sus pequeños tres hijos oscuros.

Un vecino miraría con ojos de sorpresa 
Apretujados contra una rendija.
Pero los Rudolph Reed y sus tres niños 
Estaban demasiado contentos para darse cuenta.

¿Por qué no estaban seguros en su propio hogar 
Con ventanas por todas partes
Y una hermosa escalera
Y un patio en frente para flores y un patio atrás para pasto?

En la primera noche, una roca, grande como dos puños.
En la segunda, una roca tan grande como tres.
Pero Rudolph Reed apenas articuló una maldición.
(Pues como hombre podía ser de roble).
La tercera noche, un estallido plateado de vidrio.
La paciencia sufría por aguantar.
Pero él miró y ¡he aquí! Un poco de sangre de la pequeña Mabel 
que manchaba su mirada tan pura.

Entonces subió nuestro Rudolph Reed
Y apretó la mano de su esposa,
Y fue a la puerta con un treinta y cuatro
Y un cuchillo de carnicero bestial.

Corrió como un loco por la noche.
Y las palabras en su boca apestaban.
En el momento de herir al primer hombre blanco 
Ya había dejado de pensar.

En el momento en que hirió al cuarto hombre blanco 
Rudolph Reed estaba muerto.
Sus vecinos se reunieron y patearon su cadáver.
«Negro de mierda» dijeron sus vecinos.

La pequeña Mabel gimió toda la noche 
Por culparse a sí misma de ser la causa.
Su madre con ojos de roble no hizo nada 
Salvo cambiar la gasa ensangrentada.



Langston Hughes

              es pura gloria.

Es hospitalario.
Sin embargo, se agarra a su derecho de girar libremente.

Tiene un largo alcance,
Un discurso fuerte,
Miedos remediadores 
Lágrimas musculares.

Sostiene la horticultura 
En el ojo del buitre,
Enfermiza profesión.
En la Compresión,
En lodo y sangre y muerte súbita,
En la respiración 
Del holocausto él 
Es timonel, hacha, faro.
¡Observa
A uno inquieto en el tiempo exótico! Siempre,
Hasta que el aire se cure de su fiebre.


(Del libro: Antología de poetas
laureados estadounidenses-1937-2018-;
Vaso Roto, 2019,Ed.no bilingüe)

Gwendolyn Brooks


(Traducción: Luis Alberto Ambroggio)





Gwendolyn Brooks nació en Topeka, Kansas, en 1917, y creció en Chicago, donde vivió hasta su muerte acaecida  en el año 2000. Se la considera una de las poetas más reconocidas, influyentes y leídas del siglo xx, y fue la primera entre las afroamericanas en ganar un Premio Pulitzer, con su poemario Annie Alien (1949). También fue la primera mujer negra nombrada Consultora de Poesía para la Biblioteca del Congreso (Poeta Laureada), en concreto para el periodo 1985-1986. Muchos de los textos de Brooks expresan una conciencia y una militancia política, reflejando su activismo en el movimiento por los derechos civiles de los años sesenta y las décadas siguientes. Brooks publicó más de veinte libros de poesía, entre ellos Bronzeville Boys and Girls (1956), The Bean Eaters (i960), Selected Poems (1963), We Real Cool (1966), The Wall (1967), In the Mecca (1968), Riot (1969), Family Pictures (1970), The World of Gwendolyn Brooks (1971), Aloneness (1971), Aurora (1972), Beckonings (1975), To Disembark (1981), The Near-Johannesburg Boy and Other Poems (1986), Blacks (1987), Winnie (1988), Children Coming Home (1991). También escribió varios libros en prosa, incluyendo su única novela Maud Martha (1953), en la que resalta el desafío de ser humano, la autobiografía Report from Part One: An Autobiography (1972), A Capsule Course in Black Poetry Writing (1975), Primer for Blacks (1981), Young Poet’s Primer (1981); además de editar las antologías A Broadside Treasury y Jump Bad: A New Chicago Anthology (1971).Entre los reconocimientos que recibió, cabe destacar el Premio de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, la Medalla Frost, el Premio del National Endowment for the Arts, el Premio Shelley Memorial, así como becas de la Academia de Poetas Estadounidenses y de la Fundación Guggenheim. Gwendolyn Brooks Fue honrada por la Universidad de Western Illinois con la creación del Centro Gwendolyn Brooks de Literatura Afroamericana.

 

(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites / ustedleepoesía2.blogspot.com) 

Claudio Rodríguez (Zamora, España, 30 de enero de 1934 - Madrid, 22 de julio de 1999)

 

 

Porque no poseemos

 

                (La mirada)

I

Porque no poseemos,
vemos. La combustión del ojo en esta
hora del día cuando la luz, cruel
de tan veraz, daña
la mirada ya no me trae aquella
sencillez. Ya no sé qué es lo que muere,
qué lo que resucita. Pero miro,
cojo fervor, y la mirada se hace 
beso, ya no sé si de amor o traicionero.
quiere acuñar las cosas,
detener su hosca prisa
de adiós, vestir, cubrir
su feroz desnudez de despedida
con lo que sea: con esa membrana
delicada del aire,
aunque fuera tan sólo
con la sutil ternura
del velo que separa las celdillas
de la granada. Quiere untar su aceite,
denso de juventud y de fatiga,
en tantos goznes luminosos que abre 
la realidad, entrar
dejando allí, en alcobas tan fecundas,
su poso y su despojo,
su nido y su tormenta,
sin poder habitarlas. Qué mirada 
oscura viendo cosas
tan claras. Mira, mira:
allí sube humo, empiezan
a salir de esa fábrica los hombres,
bajos los ojos, baja la cabeza.
Allí está el Tormes con su cielo alto,
niños por las orillas entre escombros
donde escarban gallinas. Mira, mira:
ve cómo ya, aun con muescas y clavijas,
con ceños y asperezas, 
van fluyendo las cosas. Mana, fuente
de rica vena, mi mirada, mi única
salvación, sella, graba,
como en un árbol los enamorados, 
la locura armoniosa de la vida
en tus veloces aguas pasajeras.

II

La misteriosa juventud constante
de lo que existe, su maravillosa
eternidad, hoy llaman
con sus nudillos muy heridos a esta
pupila prisionera. Hacía tiempo
(qué bien sé ahora el porqué) me era lo mismo
ver flor que llaga, cepo que caricia;
pero esta tarde ha puesto al descubierto
mi soledad y miro
con mirada distinta. Compañeros
falsos y taciturnos,
cebados de consignas, si tan ricos
de propaganda, de canción tan pobres;
yo mismo, que fallé, tantas ciudades
con ese medallón de barro seco
de la codicia, tanto
pueblo rapaz al que a mi pesar quiero
me fueron, a hurtadillas,
haciendo mal de ojo y yo seguía
entre los sucios guiños, esperando
un momento. Éste de hoy. Tiembla en el aire
la última luz. Es la hora
en que nuestra mirada
se agracia y se adoncella.
La hora en que, al fin, con toda
la vergüenza en la cara, miro y cambio
mi vida entera por una mirada,
esa que ahora está lejos,
la única que me sirve, por la sola
cosa por la que quiero estos dos ojos:
esa mirada que no tiene dueño.
 

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre – Entreletras

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

 

Zhidao Shei (China)

 

 

«A un año de la muerte de la Dama Keai»

 

Versión de Juan Carlos Villavicencio


 
 
 
Camino los senderos bajo la noche sin estrellas
y recuerdo el rescate de la Dama Keai
secuestrada por las sombras 
más allá del bosque y los jardines del palacio.

Afuera el sonido de la lluvia 
mientas el fuego acariciaba su piel
muy profundo en aquella noche un año atrás 
antes de saber que había partido sola
a buscar un árbol en el acantilado junto al mar.
Algunas velas rodean el espejo roto ante su tumba.




(Fuente: Descontexto)

 

Luis Correa-Díaz (Chile, 1961)

 

 

"Citizenship"

 

 


 
 
 
llegué a ésta que llaman
America, the Beautiful (vine
de otro amor americano)
cuando Bill Clinton recién
estrenaba su nueva vida; juré,
on oath, bajo G. W. Bush
en el 2006 mi allegiance
a los cielos de este país y
nunca me arrepentiré —not
an inch de mi corazón—,
como casi todos, temprano
por la televisión en el 2001
vi caer las Torres Gemelas
y sin querer heredé un 9/11
más; viví la felicidad pura
con Obama —me recordaba
todo que aquí también
la alegría estaba ad portas,
but li we knew, rogaríamos
otra vez por ella, la vida
dependía de eso, 12 años
después en la historia
de esta res pública—, fui
entonces de casa en casa
pidiendo que Hispanics,
African-Americans y quien
faltaba se registraran y fueran
a votar…; seguí la triste
saga de un gigante egoísta
desde que se entusiasmó
con ser the blondest hijo
del sol hasta que su propia
rabia lo apagó y he was
gone justamente with the wind
y bien me iré de esta tierra
o moriré en ella, who really
knows dónde se muere uno
y deja sus huesos, pero ojalá
sea ese día lindo cuando
se diga Madam President
a quien ocupe la Oval Office

to know what you’ll sound like
is worth nothing —Claudia Rankine
 
 

Luis Correa-Díaz, incluido en Liberoamérica (2 de enero de 2021).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Yi Lei (Tianjin, 1951 – Islandia, 2018)

 

 

habitación de soltera iv: autorretrato

 

独身女人的卧室 4: 自画像

  

salgo fea en todas las fotos & se me ven

mejor las ideas en los autorretratos

mezclo doce tipos de pigmento &

lo llamo «color p»

 

lo mejor es el cabello misterioso

los tirabuzones que recuerdan a mi sobrina.

pinto cejas por toda la cara

(ojalá alcance en esta vida

el tamaño de mis cejas)

cejas magníficas, llenas de filosofía

no se preguntan si son o no son

cejas ni gloriosas ni vergonzantes

ni castas ni provocadoras

 

cuelgo el autorretrato &

lo veneraré cada día que pase &

 

tú al final no te mudaste conmigo

 

Traducción de Munir Hachemi 



Yi Lei (Tianjin, 1951 – Islandia, 2018). Hija de un obrero de la metalurgia y una costurera, Yi Lei se convertiría a finales de los ochenta en una de las figuras más importantes de la poesía china contemporánea. Creció en un edificio de trabajadores, en «un apartamento de ladrillo en el que vivíamos, en poco espacio, varias familias». Recibió su formación literaria de su tío, un empleado de una farmacéutica obsesionado con la literatura.

En 1966, a los quince años, durante la Revolución Cultural, su educación formal quedó detenida y la enviaron al campo. Allí se convirtió en periodista para el Ejército de Liberación. Hizo, entre otras cosas, radio. Después de la Revolución Cultural, cuando se reinstauró el sistema académico, estudió Escritura Creativa en la academia Lu Xun y Literatura China en la Universidad de Pekín. En 1991 se mudó a Moscú, donde pasó once años. Murió en 2018, durante un viaje a Islandia.

En 1987 publicó «habitación de soltera»., que fue un acontecimiento tectónico en el mundo literario chino, una pieza ambiciosa en la que un yo poético femenino habla de intimidad y de deseo con una voz propia y fuerte, sirviéndose de una forma que se aproxima a lo coloquial. Todo esto en un momento histórico en el que, en China, no era legal la convivencia fuera del matrimonio. Consta de catorce partes hiladas por un mantra: «& / tú al final no te mudaste conmigo».

«Habitación de soltera» recibió duras críticas del establishment literario y cultural chino. De hecho, el número de Literatura del Pueblo en que fue publicado fue secuestrado y destruido.

Nada de eso impidió que se convirtiera en un himno para les jóvenes poetas de finales de los ochenta. Hoy, el poema ha obtenido amplio reconocimiento y ha sido vertido a varias lenguas. La propia Yi Lei señaló, en vida, su voluntad de que el «tú» literario de la letanía del último verso de cada parte no se tradujera, en las lenguas que flexionan en género, por un tú masculino. A pesar de que el poema surge de una historia de amor real de la poeta, late en él –la propia Yi Lei lo confirmó– la jerarquía del deseo mismo por encima del objeto deseado. Es el canto de una mujer que desea, no tanto un poema de amor sino un poema al deseo, incluso un poema que desea; salir de su habitación, o quedarse, o follar, o bailar, o gritar, o fumarse un cigarro.

El poema tiene ecos de la propia biografía de Yi Lei, cuyo prometido murió de leucemia. Además, la poeta y su mejor amiga convirtieron una oficina al fondo de un pasillo en una especie de cuartito bohemio donde ponían música, invitaban a amigues y bailaban (la pintura de arriba es «El baño turco», que tenían colgada en la pared). Eso le valió un aviso de un cuadro local del Partido, por cosas como bailar, llevar pantalones o dejarse el pelo largo. En 2017, un año antes de morir, dijo en una entrevista: «ese es el tiempo absurdo del que provengo, esas son la tristeza y la rabia que alimentan mi poesía».

 

(Fuente: flornueva.substack.com) 

sábado, 27 de junio de 2026

Fernando Pessoa / Alberto Caeiro (Lisboa, 13 de junio de 1888 - 30 de noviembre de 1935)

 

 

 

Fernando Pessoa (Alberto Caeiro) - Hoy me leyeron a San Franciso De Asís 

 

 

POBRES LAS FLORES QUE FLORECEN EN LOS JARDINES ORDENADOS…

 
 
Pobres las flores que florecen en los jardines ordenados
Parecen tenerle miedo a la policía...
Pero son tan buenas que florecen del mismo modo
Y tienen la misma sonrisa antigua
Que tenían ante la primera mirada del primer hombre
Que las vio aparecer y las tocó levemente
Para ver si hablaban.
…..

por Isaías Garde
 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Gwendolyn MacEwen (Canadá, 1941 - 1987)

 

 

 

 

 

POEMA

 

No está perdido, no para de avanzar,
Astuto e inmenso como el trueno, e igual de oscuro.
Suaves zarpas acarician sus continentes, camina
Entre avenidas de lava y no se cansa.
 
No está perdido, dime ¿cómo puedes perderlo?
¿Perderías la sombra que sigue los pasos del sol?
Se alimenta de montañas, se alimenta de mares,
Cuanto más solo estás, más te ama.
 
No lo rechaces, no lo blasfemes,
No enciendas fósforos en la oscuridad de sus orillas.
Te dejará sin aliento, se alejará de ti.
Lo que está aquí, lo que está contigo ahora, es tuyo.
.....

por Jonio González.
 

(Fuente: Daniel Freidemberg)