lunes, 13 de abril de 2026

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926-Roma, Italia, 1973)

 

 

 

 

 

DESTINO HUMANO

 

Encantado castillo de nubes en el que flotamos...
¿Quién sabe si no viajamos ya así, con ojos vidriosos,
a través de muchos cielos?
Nosotros, desterrados del tiempo
y expulsados del espacio,
nosotros, desarraigados pilotos
a través de la noche.
 
¿Quién sabe si no habremos volado ya en torno a dios,
sin verle, pues rápidos como flechas nos exaltábamos?
¿Quién sabe si ahora no flotamos culpables
porque seguíamos lanzando nuestras semillas,
para continuar existiendo en linajes más oscuros?
 
¿Quién sabe si no estamos muriendo
desde hace ya mucho, mucho tiempo?
La esfera de nubes sube más y más con nosotros.
El aire escaso paraliza ahora nuestras manos.
¿Y si la voz se quebranta y nuestro aliento se detiene?
¿Quedará el encantamiento
para los últimos momentos?
.....

por Cecilia Dreymüller
 
(gracias, Camille Stein)
 
 
(Fuente: Daniel Freidemberg) 
 

Isidoro Blaisten (Concordia, Argentina, 12.01. 1933- 28.08.2004)

 

 


 


LA BRÚJULA ROTA

 

Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta
desde un otoño de luto alucinado
desde hoteles y calles y cansancio
de lugares terribles desde la sal al dátil
vuelve otra vez a mí el amor sin geometría
aprieta junto a mí su corazón de pájaro
llora en mi corazón como en un rincón de lástima.

Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta,
cuando se pone triste el alma de los mapas
y se mueren de frío las ventanas,
cuando el verano se asusta de la sangre,
desde el lugar más húmedo del llanto
vienen lentos pordioseros de neblina
caminan por el alma
van en busca de mi propia raíz de agua.

Ciertas tardes y noches y mañanas como ésta
desde un raro país donde todo es encuentro
donde los tilos huelen a regreso
y caminan dulces viejos con la barba
vuelve hacia mí el amor con lluvia y mariposas
y una pólvora rara que supera al tabaco
y un coñac de misterio que ha engañado a la víspera
y una brújula rota que orienta a la ceniza,
y me lleva al lugar que ha olvidado a la luna
y el otoño es posible
y el amor es posible más allá de los credos.

Toda está bien ahora:
la luz, el heliotropo,
el musgo que ha brotado entre los días;
pero ciertas tardes y noches y mañanas como ésta
cuando mi corazón toma un color de noches perdidas para siempre
y el rocío se acuerda del último crepúsculo
y amanece la espera con su rostro inaudito,
vuelvo otra vez a mí como el río al ahogado
ya no sonríe nadie en los retratos
la desesperación me ladra por la espalda.

 

(Fuente: airenuestro.com) 

Mary Oliver (Maple Heights, Ohio, EEUU, 1935 - Florida, 2019)

 

 

 

 

 

Voy a intentarlo

 

Voy a intentarlo.
Voy a salir a caminar para ver y escuchar
y voy a cantar lo que vea y escuche.
No vine a este mundo
para ser consolada.
Vine, como el pájaro rojo, para cantar.
Pero no soy el pájaro rojo, con su penacho de fuego
y el triángulo rojo de su boca
lleno de lengua y de silbidos
soy una mujer cuyo amor se ha desvanecido
que ahora piensa demasiado en las raíces
y en los lugares oscuros
donde todo es simplemente espera.
Pero este también, creo, es un lugar
que Dios observará
hasta que nos levantemos y nos pongamos otra vez de pie y–
pero escuchen. Quédense quietos. ¡Escuchen!
¿Es un pájaro rojo? ¿O algo
dentro mío, está cantando?


El pájaro rojo (Caleta Olivia, 2018)

 

(Fuente: Life vest under your seat) 

Elise Cowen (Estados Unidos, 1933-1962)

 

 

"Muerte, ya llego..."

 

 


 
 
 
 
Muerte, ya llego
espérame.
Sé que estarás
            en la estación de metro
            cargado de botas de agua, chubasquero, paraguas, pañuelo
y una respuesta sencilla
            para cada significado.
Institución incorruptible,
Atenta aguafiestas de huellas dactilares
Escucha su afirmación:
"Hay una salida entre las coles blancas".
 
 
 

Elise Cowen, incluido en Beat attitude. Antología de mujeres poetas de la Generación beat (Bartleby editores, Madrid, 2015, trad. y ed. de Annalisa Marí Pegrum).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 


 

Elizabeth Bishop (EEUU, 1911 - 1979)

 

 

Un arte

 

El arte de perder no es un arte difícil;
tantas cosas parecen colmadas de un propósito
de pérdida que cuando se pierden no es muy trágico.

Pierdan a diario algo. Acepten la molestia
de extraviar el llavero, la pérdida de tiempo.
El arte de perder no es un arte difícil.

Practiquen perder, luego, más cosas y más rápido:
lugares, nombres, dónde era que estaban yendo.
Ninguna de estas cosas es demasiado trágica.

Perdí el reloj materno. Y miren, se me ha ido
la última, o penúltima, casa que tanto amaba.
El arte de perder no es un arte difícil.

Dos hermosas ciudades, perdí. Y algunos reinos
que poseía, dos ríos y un continente.
Y aunque, sí, los extraño, no fue una cosa trágica.

Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto
que amo) no habré dicho una mentira. Es obvio
que el arte de perder no es cosa muy difícil
aunque parezca a veces (¡escriban!) algo trágico.
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib 
 

Elizabeth and Alice | The New Yorker






 

domingo, 12 de abril de 2026

Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940 - Barcelona, 1985)

 

 

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Unas bolitas de mercurio 

 

                                               a Susana Cerdá
 
 
 
Cuando la pasión se hace fuerte, pero muy fuerte,
El cielo monta su gatillo
Y entonces estamos perdidos
Mi muy querida
Más, tal vez, nos valdría…
¡Oh, no, nada nos valdría!
(Salvo este gustito de perecer en el intento)
Porque la cuestión es nuestro galimatías adrede.
Claro: no hay cuestión.
Aunque (jamás escribir aunque)
¿Por qué no hay cuestión?
No me preguntes, querida
Ya estoy un poco harto de tus preguntas
¡Aunque!
Igual te amo al calor del diálogo
Y, y no nos entendemos
Prefiero tus pies de monja sobre la boca
“Del que no sabe pensar”
Yo
Electrizantes pies de monja
Cada uno de tus hermosos pensamientos
Los tiraré a la basura
¡Aunque!
Porque siempre estaré a tu lado
Millones de lados
Una sola mujer
¿Dónde estás, paradisíaca?
 
Ligeras ganas de introducir pasmado
el remanido pene en la pátina vagina
y adorar luego la bóveda celeste.
Venían los griegos, esos niños inocentes de la peste.
Encendían el fuego y escupían las espinas,
no en un cuarto de hotel, no en éste,
que a manzana huele y a pornoshow deshabitado
por la más linda, por ella,
por la más bella,
por la más trina,
por la joya:
Helena, Helena de Troya,
Madre de Dios y bailarina.
El éxtasis y la dosis y la rima
y una clase de zorrino ensimismado
que igual tendré que dar mañana a pesar del pico.
Me gustaría ser judío
y mañero y transexual como el Espíritu,
y no este zorzal, este aeda marcado,
que huele a horror aunque se disfrace de Cupido.
 
Envuelto en una paz apocalíptica
el tipo miraba la cocina,
las hornallas, el fuego encendido:
la cocina, empapelada ciertamente
con hojas o páginas
de diarios y revistas.
Él no había merecido la estrella de la mañana,
eso es claro, y no era (ni siquiera)
el primogénito de la muerte.
La vida pasaba como un lago.
Las orillas tensas, el centro mudo.
Agua ciega, pobre y cercada.
 
Aquel que ayer nomás decía
tomaba ahora mate eternamente
y leía novelas de vampiros.
Televisión y fármacos: la perfección
quedó en anhelo.
Renacerá el amor con la próxima guerra.
Y en un entonces sin entonces,
con un Dios pifio que siempre tarda,
entonces se apoyará en sus muletas
y abrirá el pico como una gaviota
y derribará las puertas del paraíso,
antesala del infierno.
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Adam Zagajewski (Lviv, Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021)

 

 

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CONVERSACIÓN

 

Allí donde se ve que tal vez de verdad
la Tierra es redonda: una senda estrecha
en medio de campos idílicos más allá de la ciudad,
en el horizonte un trozo de la torre de la iglesia,
cortada sin piedad por una colina lejana,
 
alisos sobre un arroyo turbio,
y en el agua una elodea canadensis
(que es una planta invasora)
y trozos de platos de porcelana,
 
por allí solía pasear con mi padre (mi madre,
claro, no solía hacer largas excursiones),
en otoño o en primavera, cuando los árboles
eran felices por un instante.
 
Sólo ahora, me parece,
estoy muy cerca de encontrar el tono adecuado,
sólo ahora sabría hablar con mis padres,
pero no puedo escuchar sus respuestas.
 
 
 
_____________________________
en "Asimetría", Acantilado, Barcelona, 2017. Trad. del placo de Xavier Farré. En la imagen, Adam Zagajewski (Lviv, Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021) por Elzbieta Lempp.
 
 

ROZMOWA

 

Tam, gdzie widać, że może naprawdę
Ziemia jest okrągła: wąska ścieżka
wśród idyllicznych pól za miastem,
na horyzoncie fragment wieży kościelnej,
bezlitośnie uciętej przez odległe wzgórze,
 
olchy nad mętnym strumieniem,
a w wodzie moczarka kanadyjska
(która jest rośliną inwazyjną)
i porcelanowe skorupy talerzy
 
tam sapcerwalem nieraz z ojcem (mama,
wiadomo, nie chodziła na dłuższe wyprawy),
jesienią lub na wiosnę, gdy drzewa
przez moment były szczęśliwe.
 
Dopiera teraz, wydaje mi sie,
jestem bliski znalezienia właściwego tonu,
dopiero teraz umiałbym rozmawiać z rodzicami—
ale nie mogę usłyszeć odpowiedzi.
 

 

(Fuente: Jonio González)