domingo, 12 de julio de 2026

Pablo Neruda (Parral, 12 de julio de 1904 - Santiago, 23 de septiembre de 1973)



Pablo Neruda — Enchanted Lion Books

 

 

ODA A CÉSAR VALLEJO 

 

.
A la piedra en tu rostro,
Vallejo,
a las arrugas
de las áridas sierras
yo recuerdo en mi canto,
tu frente
gigantesca
sobre tu cuerpo frágil,
el crepúsculo negro
en tus ojos
recién desencerrados,
días aquéllos,
bruscos,
desiguales,
cada hora tenía
ácidos diferentes
o ternuras
remotas,
las llaves
de la vida
temblaban
en la luz polvorienta
de la calle,
tú volvías
de un viaje
lento, bajo la tierra,
y en la altura
de las cicatrizadas cordilleras
yo golpeaba la puertas,
que se abrieran
los muros,
que se desenrollaran
los caminos,
recién llegado de Valparaíso
me embarcaba en Marsella,
la tierra
se cortaba
como un limón fragante
en frescos hemisferios amarillos,
te quedabas
allí, sujeto
a nada,
con tu vida
y tu muerte,
con tu arena
cayendo,
midiéndote
y vaciándote,
en el aire,
en el humo,
en las callejas rotas
del invierno.
 
Era en París, vivías
en los descalabrados
hoteles de los pobres.
España
se desangraba.
Acudíamos.
Y luego
te quedaste
otra vez en el humo
y así cuando
ya no fuiste, de pronto,
no fue la tierra
de las cicatrices,
no fue
la piedra andina
la que tuvo tus huesos,
sino el humo,
la escarcha
de París en invierno.
 
Dos veces desterrado,
hermano mío,
de la tierra y el aire,
de la vida y la muerte,
desterrado
del Perú, de tus ríos,
ausente
de tu arcilla.
No me faltaste en vida,
sino en muerte.
Te busco
gota a gota,
polvo a polvo,
en tu tierra,
amarillo
es tu rostro,
escarpado
es tu rostro,
estás lleno
de viejas pedrerías,
de vasijas
quebradas,
subo
las antiguas
escalinatas,
tal vez
estés perdido,
enredado
entre los hilos de oro,
cubierto
de turquesas,
silencioso,
o tal vez
en tu pueblo,
en tu raza,
grano
de maíz extendido,
semilla
de bandera.
Tal vez, tal vez ahora
transmigres
y regreses,
vienes
al fin
de viaje,
de manera
que un día
te verás en el centro
de tu patria,
insurrecto,
viviente,
cristal de tu cristal, fuego en tu fuego,
rayo de piedra púrpura.
.
De: «𝘖𝘥𝘢𝘴 𝘦𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘢𝘭𝘦𝘴» (1952 - 1954)
.
Pablo Neruda, nacido como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto fue un poeta chileno 🇨🇱


(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Romero Kio Saracho (Río Negro)

 

 

Reinicio mi baile de la mañana. 
No es la mañana. Y el espejo está sucio.
Mi casa estuvo vacía tres meses. Nadie lo tocó, 
sin embargo sus manchas no dejan ver 
el movimiento de mi cuerpo. Las cosas pierden 
su nitidez en la soledad. Algo que no hice nubló 
mi imagen. Algo que no habité la volvió borrosa. 
Algo que no toqué se interpone ahora entre 
mi imagen y mi cuerpo. La soledad de las cosas 
también es eso. Unas manchas construidas en el vacío. 
Una suciedad robando, el deseo de verse en movimiento. 
Bailando. En la mañana, que es mediodía.

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible. 

Susana Slednew (Cnel.Suárez, Pcia de Buenos Aires, 1958)

 

 

e n m i c a s a
no se hablaba del amor perdido
era un secreto
una avalancha de nieve que quedó en Europa
el idioma callado
la hermana lejos
no se hablaba de los fracasos
quedaban ocultos tras lo impecable
 
esos míos queridos
eran expertos en mutaciones del espíritu
jardineros del vacío
altivos monjes con votos de silencio 
 
en mi casa
no se hablaba de lo fallido
lo perfecto nos masticó
.
.
S.S.
En: Poéticas del movimiento (
 

Alberto Boco (Buenos Aires, 1949)

 

 

EL ÁNGEL CONTEMPORÁNEO

 


 
 
 
Colores

“Porque ese cielo azul que todos vemos 
no es cielo ni es azul, ¡lástima grande 
que no sea verdad tanta belleza!” (*) 
Bartolomé Leonardo de Argensola

El sentido de los colores vive pegado 
a la ligereza del capricho
la pasión es rojo blanca la pureza
gris la tarde de lo triste o del aburrimiento
así con tantas cosas…             y lo negro 
siempre lo negro
el color todo es apenas un límite 
la escasez del ojo que no alcanza
ínfimas o enormes vibraciones acaso 
como quienes aman a los ángeles 
aunque nunca los vieron los fabulan 
como esos atributos las pasiones 
con que se han vestido los colores 
tal es el poder de lo invisible
tan cerca como la furia la locura 
las heridas del pesar el amor también 
y las alegrías (eso tan tenue)
en cambio el tiempo flecha incolora 
y los tiempos presentes que acechan 
con los colores del imaginario
el virus de la palabra
y la voz que no se detiene.


(*) Del soneto “A una mujer que se afeitaba [maquillaba] y estaba hermosa”.


Asuntos de la memoria

El ángel ha observado desde lo alto el divagar 
de los peripatéticos mojados en la levedad 
pero ya sin sus alas mira y no soporta
la ligereza que abruma sin poderlo evitar 
y campea por lo nuevo de sí un viento
el vientre 
los huesos
los fluidos de la finitud
le preocupan algunas formas que toma 
un peregrino que repudia
es la tristeza y sus posibles mudanzas 
entonces difunde su mundo celeste
con verba y verbos enigmáticos y olvida 
en el olvidar del apuro que su olvido 
esa proposición diurna
no es el de la oscuridad más fértil 
noche sin luna en el cielo estrellado 
la temible la torre
que fortalece los calibres de lo triste 
y acerca su horizonte y la memoria 
no
su olvido es una luz que ciega
cualquiera mirada para que no vea y crea 
que nada hubo ni pasó en su detrás
que nada espera en su adelante
ni en la pena del penar en el transcurso.



Destellos

Polvo de luz piedra triturada rayo 
vuelto partículas el fuego que alumbra 
la errancia del ángel contemporáneo 
él sabe de su condición material pero 
evoca y está convencido que la luz
los rayos enteros están en su interior 
viven escondidos a la espera
y sostienen con mano de hierro 
la fuerza de su certeza
¿Saben del resplandor vuelto polvo de sal?
¿Han visto —vislumbrado siquiera—
el brillo postrero en los ojos de la mujer de Lot? 
Volver la mirada tiene muchos matices
y el riesgo de no poder ignorar 
las erinias de la repetición

por la cercanía del sol arden sin cesar las alas 
de todo Ícaro y tal vez la imagen en vuelo 
del ángel contemporáneo
si los rayos del mirar de la legión 
vislumbraran el propio padecer
la oscuridad en el sonido de las tripas 
y otra vuelta de la rueda.



Orden terrenal

Él desconoce algunas cosas
el palabreo musical de los poetas 
o las muecas del tahúr
el susurro en los huesos del que hablan 
a escondidas aquellos que meditan
Es que parado en las piedras del planeta 
no está en sus pies la firmeza de la luz 
ahora y aquí ya no es el cielo
y aquella dimensión es un incendio 
un calzado varios números más chico 
en los pies de su corazón radiante 
acaso por eso el ángel contemporáneo 
ve latir un temblor en su mano diestra 
y un paso vacilante que debe sustraer 
a las miradas curiosas de la insidia
¡…y ese ruido! —grita
es el zumbido del enjambre —le responden 
pero el desconcierto no se retira y no puede 
oír la voz que le dicta en su cabeza
entonces ordena que sus querubines 
vuelen en manada y paren el bramido 
que se extingan también los aparatos 
del aire acondicionado.



Crepúsculo angelical

Declina el sol y nadie mira la luz hacia el poniente 
en la gran ciudad se camina veloz por la rush hour
entre turistas de andar cansino que toman fotografías 
con sus aparatos robóticos
pero vos detuviste la mirada en el cielo
el ocaso adivinándolo tal vez en el cambio de los colores 
en alguna sonoridad
en un amarillo final
cierto naranja detrás de animosos ruidos
o el rojo en pos del azul demacrado por los avisos de la noche 
recordaste que a campo abierto te gustaba verlo hundirse
la última rodaja decías
un punto de brillo apagándose y ahora como aquellos 
de la caverna que todo fabulaban por su sombra
vos hiciste igual con los colores y el sonido 
con la pura imagen de la luz pero
bajaste la mirada y el mundo en movimiento 
el azar… otra vez
en las grandes pesadillas y en las grandes urbes la noche 
te dijiste
llega 
cae
nadie mira ni te acompaña 
una piedra sigilosa golpea
raja el cristal de tu callada vidriera.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
Alberto Boco


Alberto Boco nació en la Ciudad de Buenos Aires, República Argentina, en 1949, donde actualmente reside. Ha publicado 10 libros de poemas: “Arcas o pequeñas señales”; Buenos Aires, 1986, Libros de Tierra Firme. “Galería de ecos”, Buenos Aires, 1989, Ediciones Último Reino; “Ausentes con aviso”, Buenos Aires, 1997, Libros de Tierra Firme; “Cartas para Beb”, Buenos Aires, 2007, Edición del Autor. “Riachuelo”, Buenos Aires, 2008, Ediciones de la Quintana; “Malena”, Buenos Aires, 2012, Edición del Autor; “Estación de nosotros”, Buenos Aires, 2014, Buenos Aires Poetry; “Visitas inoportunas”, Buenos Aires, 2014, Editorial El Jardín de las Delicias; “Para un programa de disolución y otros textos”, Buenos Aires, 2016, Ediciones En Danza; “Enigmática gracia de las cosas”, Pinap Ediciones, 2025. Mantiene inéditos 14 volúmenes de poesía (12 libros y 2 plaquetas).


(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites)

 

Salvador García Fernández (Cádiz, España, 1985)

 

 

3 poemas de LA NOCHE DEL NIÑO 

 

 


 

 

LAZARILLO

 

No hay lenguaje humano que traduzca tu bondad.

Todo el amor y egoísmo de tu rastreo

era de un asombro anterior a la palabra.

El niño estaba más cerca de ti que de los hombres,

aunque cuando tú naciste el niño ya se había ido.

Te convertiste en el camino de regreso a casa,

perro-umbral de la infancia.

 

Ahora, cuando la mañana

retira a la carretera

su sábana negra

y deja a la vista

animalitos atropellados

me duelen a través de ti.

 

El limo de tu tiempo de marismas

se tragaba tus carreras,

ibas camino de la isla de mis muertos.

Al llegar cerré tus ojos.

Desde entonces veo menos.

 

 

 

 

PARAÍSO PERDIDO

 

El paraíso siempre está enfrente.

Cuando cruces al otro lado

lo verás en la orilla que dejaste atrás.

 

Un día el mar me dijo que no saldría.

Si alguna vez te atrapa el limbo

de una resaca atlántica

no luches. Esa es la paradoja.

En un instante inesperado oyes un crac

y la grieta se abre. La luz de tu tiempo

se derrama a uno y otro lado.

Ya no estás en ninguna parte.

 

Pensé en dejarme ahí para siempre,

morir desnudo en el mar del que nací

era un cierre demasiado hermoso,

pero la mirada verde que amo

aún nadaba conmigo.

«No es el día de disolver

nuestros nombres en el agua».

 

Entonces vi la orilla imposible

y tuve la primera visión del niño,

pero no estaba en su lugar

sino en la playa del terror climático.

Paraíso paraíso dice el mundo

y cuanto más lo repite menos es mi casa.

 

Cuántas cosas se piensan

cuando se piensa en lo inevitable.

Tanto amor para no saber amar

y tanta fuerza tiene que

no fue nada extraordinario

salir de allí

que el día siguiera

como antes de aquel baño.

 

El destino nunca es el paraíso

sino volver a casa.


 

 

CUANDO HABLO DE MÍ SOY OTRO

 

Tú estás en un lugar que ya no existe

en una noche de Reyes como esta

qué átomos de ti residen en mí—.

O será que el futuro va detrás,

mano invisible me empuja al pasado

y empiezo a distinguirte.

 

El otro, mi niño de amor asilvestrado,

con piedras y visiones sin nostalgia.

La ilusión es negra, bien que lo sabes,

y en nuestro silencio siempre está el mar.

Echaste raíces en otros cuerpos

y te inundó el caudal de lo desconocido.

Llegado el momento comprendiste

que ya nunca serías plenamente feliz.

Ay, pero la ternura cuántas cosquillas me hace

con sus caricias de bondad o deseo.

Casa caliente, campana de risa.

 

Todavía las llamas

seguirán ardiendo en algún lugar

abandonado. Isla de palabras

alambre de la belleza intuitiva

para ser uno más en un mundo de muertos.

Quería decir cuerdos. No. Quise decir muertos.

 

Suplico en el laberinto del tiempo,

yo que soy cuanto pudiste aprender,

cómo saco el cristal de mi garganta

que me impide cantar porque cada amanecer

es un hijo que muere antes de haber nacido.

 



 Salvador García Fernández. La noche del niño. Ed. Huerga & Fierro. 2026

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Su Wu (China, 140 a. C. - 60 a. C.)

 

 

«Un boceto»

 

Versión de Juan Carlos Villavicencio de la traducción de Kenneth Rexroth
 




 
 
 
Nos casaron cuando recogieron
nuestro pelo.* Teníamos apenas veinte
y quince años. Y desde entonces,
nuestro amor nunca se ha visto perturbado.
Esta noche sentimos la antigua alegría
del uno junto al otro, aunque nuestra
felicidad pronto va a terminar.
Recuerdo la larga marcha
que tengo por delante y
salgo a mirar las estrellas
para ver cuánto ha avanzado la noche.
Betelgeuse y Antares
ya se han ido. Es hora
de partir hacia los lejanos
campos de batalla. No hay forma de saber
si volveremos a vernos
alguna vez. Nos abrazamos
y sollozamos, con los rostros
bañados en lágrimas. Adiós, querida.
Guarda las flores de primavera de
tu belleza. Piensa en los días
en que fuimos felices juntos.
Si sobrevivo, volveré.
Si muero, recuérdanos siempre.







* Costumbre china antigua de recoger el cabello de las mujeres como parte del ritual de matrimonio, más que nada. En el caso de los hombres, es señal de que dejaban la infancia.


 

(Fuente: Descontexto) 

Fiama Hasse Pais Brandão (Portugal, 1938-2007)

 

 

 

"Epístola para los amados"

 


 
 
 
 
 
Aún os amo, porque aquí no hay sólo tiempo
y el amor, en el tiempo, es tan intenso y absoluto,
que se desborda del tiempo hacia el no presente.
Habiendo tiempo y no tiempo, yo les confieso ahora
que en parques al poniente aún los estoy amando.
Y no es que les ofrezca hoy alucinados versos,
sino porque de mi tiempo sois dueños, como los poemas
que yo escribo del tiempo al no tiempo, siempre.
 
 
 

Fiama Hasse Pais Brandão en Epístolas e memorandos (1996), incluido en Antología breve de la poesía portuguesa del siglo XX (Instituto Politécnico Nacional, México, 1998, selec. y trad. de Mario Morales Castro).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)