
Y después de haber errado
continuar caminando,
insistir hasta encontrar
el rastro de la imagen
que dé figura
y sentido a la travesía,
aceptar el desafío
que supone descifrar señales
con las que designar utopías,
atravesar la extensión sin fin
de este desierto vacío
y la palabra que lo nombra
para al final
encontrarnos con la nada,
esa callada compañera de viaje
que marca el rumbo
de todos los desposeídos de la tierra,
esa remota posibilidad
que es un instante sin tiempo,
un lugar sin espacio.
Cuando la piel tirite y se estremezca al contacto de otra piel…, afirmar la vida hasta agotarla y que no se reduzca a un espectáculo, afrontarla en toda su intensidad aun a riesgo de perderla y evitar que sean otros los que la representen por nosotros, hasta dar, al romper la noche, con la raíz del aire.
FLORES, PÁJAROS, PIEDRAS
En malpaís,
donde flores y pájaros
comparten con las piedras
los restos abandonados
del naufragio,
aún es posible imaginar
otras formas de existencia
con las que reinventar la vida.
Ahí,
donde teoría y plectro
pueden encontrarse,
trabajar sin descanso
por la generación de rebeldía
y la incesante producción
de escenarios
inéditos de realidad.
LO QUE CALLA LA RAMA
Trastocar la historia
hasta rescatar lo oculto
y dar con lo que aún respira
en las cunetas sin contar,
al margen de las miradas,
las celebraciones y los caminos.
Reventar la palabra
hasta que salte por los aires
y otro mundo florezca
y no seamos nunca más
irreales
a los ojos
de los muertos.
En malpaís
el frío arropa en la noche
a los que aman
arrastrados por el desconsuelo
y la desesperación.
Descomponer relatos
hasta que de nuevo
aflore la existencia
que quedó suspendida
entre vocablos sin carne,
en la raíz del aire.
Revolver ideas,
desordenar imágenes
y escuchar en la noche
al calor del fuego
el vaivén
de una rama
azotada por el viento.
(Fuente: Voces del extremo)
(Fuente: Jonio González)
.

EL SIGUIENTE, POR FAVOR
Siempre demasiado impacientes por el futuro, adquirimos
la mala costumbre de la esperanza.
Siempre hay algo que se acerca; cada día
decimos Hasta entonces,
desde un acantilado observamos cómo se aproxima
la ínfima, nítida y centelleante flota de promesas.
¡Qué lenta es! ¡Y cuánto tiempo pierde
evitando darse prisa!
Y ahí nos tiene, sujetando los tristes tallos
de la decepción, pues, aunque nada frustra
cada gran aproximación, con ostentación de bronce,
cada maroma definida,
con su pendón, y el mascarón con sus tetas doradas
arqueándose hacia nosotros, nunca echa el ancla;
en cuanto se hace presente ya es pasado.
Hasta el final
pensamos que la nave se pondrá al pairo y descargará
todo lo bueno en nuestras vidas, todo lo que nos deben
por esperar tanto y con tanto fervor.
Pero nos equivocamos:
Solo un barco nos busca, desconocido,
de velas negras que remolca un silencio
inmenso y sin pájaros. A su estela
ni nacen ni rompen las aguas.
del libro Poesía reunida, versiones de Damián Alou y Marcelo Cohen.
(Fuente: airenuestro.com)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
(Fuente: Henderson Espinosa)