viernes, 30 de octubre de 2026

Fernanda García Lao (Mendoza, 1966)

 

 

(NO) ME ACUERDO

 


 
 
 
 
1.

No me acuerdo cuándo inauguré la necesidad de la escritura ni cómo era el mundo antes de eso.

2.

No me acuerdo de mi carne, a qué olía el tiempo ni por qué un hospital que se decía español quedaba en Mendoza.


3.

No me acuerdo del viento que nos hacía enloquecer en verano.



5.

No me acuerdo del universo, salvo cuando estoy sola.


7.

No me acuerdo del momento exacto, pero dudé muy temprano de dios y nunca pude recuperarme.


9.

No me acuerdo contra qué limite se formó mi deseo.


10.

No me acuerdo del primer beso que me gustó, sí del que no, sorpresivo hasta la tráquea.


11.

No me acuerdo con la memoria. Lo que sé, me ha sucedido en el cuerpo, lo demás es información. Es decir, versiones.




17.

No me acuerdo del momento exacto en el que tuve tetas ni qué pensé al menstruar. Sí del olor, de la gracia del desborde, del pantalón que lavé en el baño de un bar mientras la fila crecía afuera, inquietante, a los golpes.


19.

No me acuerdo de haber envidiado jamás un pene. Tampoco del primero que vi. Pero la cosa me pareció extraña: una criatura sorda, abisal.


20.

No me acuerdo de las rupturas, cerco bien la tristeza.



29.

No me acuerdo de mi voz cuando era chica ni de la voz de nadie de antes, salvo la de mi madre. El pasado de ella suena todavía en presente.


30.

No me acuerdo de lo que perdí, recordarlo sería caer en la trampa.


31

No me acuerdo cuándo empecé a desobedecer en casa. Pero si algún tumulto había, enseguida sonaba mi nombre.


32.

No me acuerdo cuándo murió la idea del amor. Ahora, sólo un goteo en el estómago.

44.

No me acuerdo cuándo descubrí que todo era una farsa, pero fue liberador. La gente que se proclama verdadera me asusta.


47.

No me acuerdo del amor hasta que lo tengo encima.


60.

No me acuerdo cómo era el mundo, pero aspiro a que no sea igual cuando me vaya, El optimismo me avergüenza.


65.

No me acuerdo de la letra entera, pero escucho una melodía nueva y la retengo: oreja para lo abstracto tengo.


71.

No me acuerdo cuándo comencé a convertir en comedia lo que me hace daño.


78.

No me acuerdo del primer poema que escribí ni del segundo o el tercero, pero si de mi madre preguntando, a ver, qué significa asfódelo. Escribe con palabras que entiendas.


83.

No me acuerdo cuándo empecé a advertir en las caras de los hombres al niño que fueron ni por qué en cada rostro joven veo un futuro roto.



85.

No me acuerdo de ningún diálogo de película, salvo de Buenas noches, señora Vogler. Que duerma bien. Y de los labios sellados de Liv Ullmann.


86.

No me acuerdo qué amé en quien hube amado una vez que pasa el tiempo. Pero sé que el pretérito anterior es perfecto.


105.

No me acuerdo del autor del Me acuerdo primera versión.


107.

No me acuerdo del instante previo a quererte ni en qué momento quedaste tan lejos de mi centro sensible.


126.

No me acuerdo de pensar antes de hablar. Soy dislógica por intuición.


127.


No me acuerdo de la temporada en que fui esposa de alguien, el divorcio borró los sectores felices del emprendimiento.


137.


No me acuerdo del impacto que me causó tu olor en el cuerpo, quedé temblando hasta recién.


141.

No recuerdo cuándo empecé a sospechar de mis personajes, ni el instante en que decidí buscarlos para descartar su existencia.


157.

No me acuerdo de hacerme fácil la existencia. A menudo quiero lo que no hay.


158.

No me acuerdo cómo supe en cuanto te vi que íbamos a besarnos.


159.

No me acuerdo del día en que vivo hasta que se termina.


160,

No me acuerdo del daño que he provocado con la lengua. Olvido sutilmente lo que digo.


178.

No me acuerdo por qué llego tan tarde a mi alma. Vivo fuera de mí. Y luego, enteramente me monto.


211.

No me acuerdo de la última vez que dije te amo y era cierto.



213.

No me acuerdo cuándo pensé que podría sustituirte. Pero lo intenté varias veces. Incluso ensayando una versión más acabada de tu persona sobre alguien que estaba a medias.



214. 

No me acuerdo cuáles son los límites de la forma.


226. 

No me acuerdo de aquel Adagietto sin contemplar la nostalgia. Soy melancólica de oídas.


228.

No me acuerdo si escribo para desfasar la realidad hacia atrás o hacia adelante. Chupo la corteza de lo real hasta dejarla blanda como una seda china.


(Del libro homónimo,
Krikker 71,Ed.,2025)

Fernanda García Lao



Fernanda García Lao nació en Mendoza en 1966. Vivió en España desde 1976 hasta 1993. Es narradora, dramaturga y poeta. Ha escrito y dirigido piezas teatrales que le valieron, entre otros, el premio Antorchas. Publicó las novelas Muerta de hambre, primer premio del Fondo Nacional de las Artes; La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas, Fuera de la jaula y litación Vacuna, los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo, El tormento más puro y Teoría del Tacto (Finalista Premio Tigre Juan, 2024), los poemarios Carnívora y Dolorosa. Ha sido traducida al inglés, al francés y al italiano. Su obra fue publicada en América Latina, España, Francia, Italia y Estados Unidos. En Kriller71 ha publicado Autobiografía con objetos (Colección Poesía, #59).

 

(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites) 

Hermann Bellinghausen (México, 1954)

 

 

OFRENDA EN UN LUGAR COMÚN 

 

La rosa tiene pálidos labios
y mejillas blancas,
muy blancas.
Afecta un arco con gracia
cuando desfallece.
Aún cenicienta,
la rosa es la rosa.
 
Zempazúchil no.
Carece de orden,
sus pétalos bordan una greña confusa
sin rumbo ni garbo.
Sólo sabe una cosa: amarillo, y eso
de milagro.
 
Deja por último
Decirte otra cosa.
 
Zampazúchil no sabe nada de nada
pero en Muertos le toca dar vida.
A la rosa no.
La rosa es la rosa.
_
(a la memoria del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quién tuvo una grandísima cantidad de amigos; yo fui uno más entre ellos).
Hermann Bellinghausen
 

Ezra Pound (Hailey, Idaho, Estados Unidos, 30 de octubre de 1885-Venecia, Italia, 1 de noviembre de 1972)

 

 

 

 

 

El Regreso 

.
Miren, ellos regresan; ah, miren los movimientos Dubitativos, y los pies 
lentos,
 
La dificultad al caminar y la vacilación Incierta.
 
Miren, ellos regresan, uno por uno,
Temerosos, medio despiertos; Como si la nieve dudara
 
Y murmurara en el viento, y a medias se volviera;
 
Estos fueron los "Alados-del-Miedo", Los intocables.
 
Dioses de las sandalias aladas! Vienen con perros plateados, 
Olfateando las huellas del aire!
Hey! Hey!
 
Estos eran los veloces en asediar; 
 
Los rastreadores agudos;
Las almas de sangre.
 
Lentos con la correa, Cazadores pálidos!
 
.
De: «𝘙𝘪𝘱𝘰𝘴𝘵𝘦𝘴» (1912)
.

.The Return /

.

See, they return; ah, see the tentative Movements, and the slow feet,
The trouble in the pace and the uncertain Wavering!
See, they return, one by one, With fear, as half-awakened; As if the snow should hesitate And murmur in the wind,
and half turn back;
These were the "Wing'd-with-Awe," Inviolable.
Gods of the Wingèd shoe! With them the silver hounds, sniffing the trace of air!
Haie! Haie!
These were the swift to harry; These the keen-scented; These were the souls of blood.
Slow on the leash, pallid the leash-men!
 

 

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía) 

Miyó Vestrini (Francia, 1938 - Venezuela, 1991)

 

 

 

 

 

 

Dame, señor,
una muerte que enfurezca.
Una muerte tan ofensiva
como a los que ofendí.
Una muerte que soporte la lluvia
de Santiago de Compostela,
y de paso,
mate a los que me ofendieron.
 
Dame, señor,
esa muerte de la intemperie
que sorprende y tranquiliza.
Haz que esté largando mocos y lágrimas,
suplicando piedad
y deseando muerte ajena.
 
Haz, señor,
que aquel hombre con piel inédita
reconozca en mí al animal de los olivares.
Que su cuerpo pese sobre el mío
y haga dulce
la entrada al fuego.
 
Te prometo haberlo visto todo.
La misma culpa con la que nací,
el mismo furor.
Haz, señor,
que esté escuchando a Vinicio de Moraes
y a María Betania
y prometiendo que mañana,
lunes,
me inscribiré en un curso para aprender brasileño.
 
Que venga la muerte
cuando descubras en mí
alguna oculta intención de poder
y cuando sepas,
por tus informantes,
de mis maniobras para pasar la historia.
Cuando te digan, señor,
que he agotado todos los recursos de la fatiga
sin pedir clemencia,
entonces, señor,
dame duro.
Haz que este golpe que tengo en la frente
por abrir puertas a cabezazos
se ponga
rojo,
latiente,
doloroso.
 
Supongamos, señor,
que eres el big-bang.
Que ningún territorio escapa a tu vigilancia.
Que los hot-dogs son tema de tu predilección.
Que tu deseo de mí es parte obscena
de tu personalidad.
Entonces, señor,
examina mi estómago abultado
por los espaguetis de Portofino
por las favadas del Guernica
por los pasteles de coliflor de mi madre
por los largos tragos de cerveza y ron.
 
Espía, señor, los rostros de mi espejo en el espejo,
yo, la pusilánime astuciosa
la del dedo en el aire
abanicando a la aburrida concurrencia.
 
Podrías venir al cine, señor.
Veríamos Brazil,
La vaquilla,
Un día de campo,
El cartero y Gatsby.
Me escucharías
sacudida por la risa
y el temor.
 
Permíteme, señor,
contemplarme como soy:
el rifle en la mano
la granada en la boca
destripando a la gente que amo.
 
Acuéstate conmigo en la madrugada, señor,
cuando mi respiración es un golpe de piedras
en la corriente del río.
 
Y verás cómo nada,
ni siquiera la leche de tus cantares,
puede darme una muerte que me enfurezca.


(Fuente: En Amor Arte)

J. C. Holmes ( Massachusetts, EEUU, 1926 – Connecticut, 1988)

 

 


DECLARACIONES EN UN INVIERNO PERSONAL

 
                siguiendo a Rimbaud

La perturbación se ha vuelto mi causa secreta.
Envejezco sin gracia, alcanzada una libertad fría.
Anarquía – una ciudad de ventanas ciegas.
Quiero estar en otra parte, ser un extraño en un bar.
Debería tener la astucia de abandonar mientras voy perdiendo.
Cualquier bendición que llegue, llegará demasiado tarde.
Cuando era joven, amaba demasiado el mundo.
Ahora mi espíritu es tan agrio como el vinagre.
La añoranza me ha gastado hasta volverme un hacha sin filo.
Esta tortura tiene su triunfo en una tos.
Trina, trina hasta que llegue la medianoche.
Pero mejor silencio. Mejor silencio y nieve.
~
Traducción Adalber Salas Hernández.
 

(Fuente: Cecilia Pontorno) 

Feliciano Castaño Villar (España)

 

 

La hierba crece 

 






La hierba crece
en plena sequía,
la piedra cae
y la memoria se rompe.





Feliciano Castaño Villar
Cementerio de San Eufrasio, Jaén

(Fuente: Voces del extremo)

 

Juan Larrea (Bilbao, España, 1895-Córdoba, Argentina, 1980)

 

 

 

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PUNTO DE REFERENCIA

 

No a la arena y a su soltura
no a los pies dispuestos a la persecución
no a un techo más cálido que otro
no a la noche perforada detrás de la oreja
no a los guijarros heroicos a las capas de polvo
no a la llamada del oro adulterado de las dudas
no a los adioses a las mentiras a las reconciliaciones
a todo lo que no sea asegurarme
que ni tú ni yo hemos existido nunca
 
 
 
___________________
trad. de Carlos Barral en "Versión celeste", Barral Editores, Barcelona, 1970, con traducciones de Luis Felipe Vivanco, Gerardo Diego, Carlos Barral y el propio Juan Larrea. En la imagen, Juan Larrea (Bilbao, España, 1895-Córdoba, Argentina, 1980 / Abc), izq., y Vicente Huidobro.
 
 

POINT DE REPÈRE

 

Non au sable et à sa souplesse
non aux pieds tout prêts pour la poursuite
non à un toit plus chaud qu'un autre
non à la nuit trouée derrière l'oreille
non aux cailloux héroïques aux couches de poussière
non aux appels de l'or dénaturé des doutes
non aux adieux aux mensonges aux pardons
à tout ce que en soit pas m'assurer
que toi ni moi n'avons jamais existé
 

 

(Fuente: Jonio González)