sábado, 25 de julio de 2026

Amilcar Osorio (Santa Rosa de Cabal, Risaralda, Colombia, 30 de noviembre de 1940 - Jericó, Antioquia , 12 de febrero de 1985)

 

 

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Pasaje

.

Una muchacha se inclina
sus senos inquietos
sus nalgas desiertas
 
el tren pasa exhibiendo
sus vagones de carga
la silueta de los hombres
en los techos veloces
 
recoge la muchacha
algo que ha dejado
caer involuntariamente
una semilla redonda
un anillo un frasco de perfume
las curvas de su cabellera
 
las barcas en la arena
mecidas por los muchachos
que saltan en los mástiles
el tren es un flautista
corriendo apresurado
a la caída de la tarde
 
las nubes se ven por la ventana
descansa sus nalgas la muchacha
—los médanos, las barcas—
en donde saltan los muchachos
 
yergue sus senos agitados
y respira el olor del tren
que viene con el viento vespertino.
.
De: «𝘝𝘢𝘯𝘢 𝘚𝘵𝘢𝘯𝘻𝘢, 𝘥𝘪𝘷á𝘯 𝘴𝘦𝘭𝘦𝘤𝘵𝘰» (1984)

(Fuente: Grover González Gallardo Poesá)
 

Estela Zanlungo (Pcia. de Buenos Aires, 1958)

 

 

 

Vas a mirar el árbol
la copa entre los cables de la luz
la base ancha y oscura
la calle boca arriba
la vereda.
 
Tomá tu tiempo
que el tiempo haga lo suyo.
 
Vas a pararte frente el árbol
sosteniendo una caña
con un gancho en la punta.
 
Vas a subir al segundo peldaño
el mango reclinado sobre el tronco
como un hombre rendido
después de un día largo.
 
Entre el cielo y la tierra
un siseo de ramas soplandote la nuca
y el cuerpo
que ya no está para esos trotes.
 
Vas a arrastrar
un pie y después el otro
la cabeza apretada entre la fronda
el perfume salvaje, como de nuez
el aire
picante en la nariz.
 
Cuanto más alto
más cerca de rodar
más perpendicular a la caída
más a la mano tu codicia
vacilante y redonda en la punta del gancho.
 
Vas a ir acomodando tu cosecha
en el morral
y cuando ya no quepa más
vas a probar seguir subiendo
con el gozo de quien no se conforma.
 
Nunca mires abajo.
 
Vas a soltar la caña
que caerá mullida
como un ala de pájaro o de ángel
que al final es lo mismo.
 
Tocar la tierra firme
después de haber alzado vuelo
es otra forma de volver a casa.
 
Vas a desparramar sobre la mesa
tu osadía
el deseo pendiente de la lengua
la boca haciendo agua hasta los bordes del mantel.
 
Vas a quitar la cáscara
con tu cuchillo de pelar
la fruta
vas a sorber saliva y jugo
que también son lo mismo.
 
Nunca mires abajo.

 

Romero Kio Saracho (Río Negro)

 

 

Post maravilla.

*
 
El aliento de esa avutarda no era rojo.
Sopranos mentales cantaron a mi psiquis melodías gigantes
y todas las cosas nadan en las maravillas de esa flotación.
Una hortensia ampliada me provoca exponiendo sus drenajes.
Sus lianas.
No es la lluvia que se clavaba en mis capas como extranjeros o amonites avistando la tierra
o como un jadeo permanente que no me importó nombrar.
Yo me dejaba explicar entre las huellas de otras aves a la sombra del arco amarillo del deseo.
Mi cuerpo alucinado atendía inolvidables pregones.
Mi boca cambió de domicilio.
Tomé un andén.
Una fractura.
Un fósforo.
Fui a buscar los peldaños azules que insistentemente me abducen de mi cuerpo.
Estoy expandido.
Mi silencio es el hábitat de indolencias y corceles migratorios.
Camino desnudo en las selvas tropicales del lenguaje. ¡Oh! ¡Qué intimidad!
Estoy expandida.
Pronto diré adiós a los polos. A sus magnetismos y a su falta
de deliberación. Estoy
expandida.
La yema de mis sueños no se parece a las tortugas ni al criterio momentáneo con el que alimentaban sus cartílagos de fuego.
Nada cabe ya en el prisma.
Ni en el mundo donde era acuático como un loto.
Ni en la cocina donde quemaba la luz.
Ni en el recuerdo acompasado de las marionetas actuando en la oscuridad.
Estoy expandido precisamente en mi inicio. Atenta a esa llama cuyo resultado será su origen.
Su persistencia.
Mi afirmación. Crucé
la Noche Feliz. Y aquí
no hay avutardas.
Soy yo quien desprende vahos de aliento rojo.
Ellos flotan sobre la escollera de piedra como lenguas olvidadas o etílicas. Relamo el salitre de mi piel. La espuma choca. Choca. ¡Oh! ¡Qué intimidad!
Estoy húmedo. Todo indica
que existo
con el cuerpo. Absuelto
de toda maravilla. Absuelta de todo
milagro.
*
RKS
De Àmsterdam. Pàgina 73.
 

José Emilio Pacheco (México, 1939 - 2014)

 

 

 

 

 

A LOS DIEZ AÑOS 

 

A los diez años creía
que la tierra era de los adultos.
Podían hacer el amor, fumar, beber a su antojo,
ir adonde quisieran.
Sobre todo, aplastarnos con su poder indomable.
 
Ahora sé por larga experiencia el lugar común:
en realidad no hay adultos,
sólo niños envejecidos.
 
Quieren lo que no tienen:
el juguete del otro.
Sienten miedo de todo.
Obedecen siempre a alguien.
No disponen de su existencia.
Lloran por cualquier cosa.
 
Pero no son valientes como lo fueron a los diez años:
lo hacen de noche y en silencio y a solas.
.....
(Fuente: Alberto Romero)

Hasan al-Ghazali (Gaza, Palestina, 2004)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de bufanda y anteojos 

 

 

VENDRÁ EL AGENTE CENSAL

 

Vendrá el agente censal.
Inspeccionará
calles y casas. Y
con un bolígrafo
registrará nuestras pérdidas. Después
se marchará
sin ver mi corazón.
...
Vendrá el agente censal.
Inspeccionará
calles y casas. Después
me dejará para que cuente mis ruinas
con manos sin dedos.
 
 
_____________________
en "The Avery Review", n.º 67, junio de 2024. Traducción del árabe al inglés, Zainab al-Qaisi. Versión del inglés al castellano, Eduardo Conde. En la imagen, Hasan al-Ghazali (Gaza, Palestina, 2004 / Ord&Build)
 
 

THE CENSUS OFFICER WILL COME

 

The census officer will come.
He'll inspect
the streets and houses. And
with a ballpoint pen,
he'll record our losses. Then
depart
without seeing my heart.
...
The census officer will come.
He'll inspect
the streets and houses. Then
leave me to count my ruins
with fingerless hands.
 

(Fuente: Jonio González) 

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

NO AMO OTRA LENGUA

 

No es mi lugar Gaza. No lo es Irán.
Tampoco las tierras polacas
donde naciera mamá. No hablo
otra lengua. No amo otra lengua.
Sé que no hay otra tierra desnuda
como la que está tan expuesta
a los cantos homéricos. Algún día
la encontraré. Pero no es ese mi lugar.
No tengo lugar en este mundo.
Vivo ora en una caverna, ora
en una sala de guardia de hospital.
No en Gaza. No en el Líbano. No en Irán.
Amo sus banderas, víctimas de los mapas,
¿pero veo los rostros de todos aquellos
que están siendo asesinados? ¿Conozco
los nombres de sus mártires? ¿Protegeré
sus sueños y seré el canto de los que no
tienen cantos, allá, aquí, ahora? Amo
sus banderas como amo mis islas
desde niño. Sin embargo seseo, siseo,
balbuceo. Soy el insecto de un poema
que yace, muere, en su letra. Demos
a luz otro país. Demos a luz otra memoria.
Dame a luz otra vez, madre, para que pueda
beber la leche del país donde naciste.
Me abrazo a la arena del Vístula y amo
tu sombra, tus palabras, que convirtieron
al río en una aguja con la que se tejió
mi historia. Amo Gaza. Amo Irán.
Por caminos distintos nos unen lenguajes
distintos. ¿Dónde están mis primeros escritos,
los libros que leíamos? ¿Dónde sino tan lejos
está mi lugar? No hablo otra lengua,
no amo otra lengua.

 

Alberto Caeiro / Fernando Pessoa (Lisboa, Portugal, 1888-1935)

 

 

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ME VOY PARA DENTRO... 

 

Me voy para dentro y cierro la ventana.
Me traen el candelabro y dan las buenas noches.
Y mi voz contenta da las buenas noches.
Ojalá mi vida sea siempre esto:
el día lleno de sol, o suave de lluvia,
o tempestuoso como si se acabara el Mundo,
la tarde suave y las cuadrillas que pasan
contempladas con interés desde la ventana,
la última mirada amiga al sosiego de los árboles,
y después, cerrada la ventana y encendido el candelabro,
sin leer nada ni pensar en nada, ni dormir,
sentir la vida correr por mí como un río por su lecho,
y allá fuera un gran silencio como un dios que duerme.
 
 
 
____________________________
de "O Guardador de Rebanhos" (1914), poema XLIX en "Poemas de Alberto Caeiro, Alberto Corazón Editor, Madrid, 1980. Trad. de Pablo del Barco. La imagen, Fernando Pessoa (Lisboa, Portugal, 1888-1935) en 1928 (Casa Fernando Pessoa)
 
 

 

METO-ME PARA DENTRO...

 

Meto-me para dentro, e fecho a janela.
Trazem o candeeiro e dão as boas noites,
E a minha voz contente dá as boas noites.
Oxalá a minha vida seja sempre isto:
O dia cheio de sol, ou suave de chuva,
Ou tempestuoso como se acabasse o Mundo,
A tarde suave e os ranchos que passam
Fitados com interesse da janela,
O último olhar amigo dado ao sossego das árvores,
E depois, fechada a janela, o candeeiro aceso,
Sem ler nada, nem pensar em nada, nem dormir,
Sentir a vida correr por mim como um rio por seu leito.
E lá fora um grande silêncio como um deus que dorme.

 

(Fuente: Jonio González)