sábado, 19 de septiembre de 2026

José Ángel Cuevas (Chile, 1944)

 

 

«Poema 33»

 

 








desde el Galpón 102 Ejército de Chile
llueve / hay humedad en el espacio negro /
pasan los clase por el patio viejo
cantan / cantan
se oyen los quejidos/ un baño de sangre corre
por mi boca.
Oh, ¿cómo está el mundo allá afuera/ las cosas
de la gente libre?
Desde el Galpón del Ejército de Chile
un fuerte olor a fierro y moho sale de las oficinas gastadas
un trato horroroso
sacan cadáveres, se los llevan
la muerte lo cubre todo.
En el viejo Galpón 102
Ejército de Chile




en Poemas de circunstancia, 
publicados en Diario de Poesía, nº 49, abril de 1999


 (Fuente: Descontexto)

Carlos Núñez (Buenos Aires, 1955)

 

 

 

 

El Puente Nicolás Avellaneda
A la memoria de Elizabeth Bishop
Acá en la vista del puente que cruza el riachuelo
por fin asomado a su vértigo
desde donde se pueden ver los reflejos de la luz
aún en su negrura y
a las bestias alienadas como yo, caminar,
saturadas de ruido y de camiones,
en la bruma, que es como ceniza.
Quise siempre, cuando amanece, atrapar el color que separa
al estrecho riachuelo en su desembocadura, con
el Río de la Plata, tan marrón y gigante como
un ser orgánico que se expande en cada sudestada
y se pierde como un niño en el pequeño oleaje
de sus orillas interminables y falsas. Quise
verte con tus vestidos brillantes y tus anteojos plateados
vengar la monotonía, demoler la pena,
como salida de una jungla mecánica
que no puede doblegarte.
Desde aquí arriba, desde este lugar prohibido,
desatormentar el frío y la llovizna
escuchar los hierros del puerto,
las conversaciones de los rateros, de los ebrios
mezclados con el sonido de las escuelas
con las mujeres volviendo de la feria como
de una nada infinita y conocida.
Ver las sábanas que cuelgan de un balcón
atravesadas por noches de amor
y convertidas en una avenida que se acaba en el viento
y que se olvida.
Que vengas para demostrar
que el agua mantiene su esencia
aunque fluya por las miserables zanjas.
Acá en la vista del puente que cruza el riachuelo
por sobre las casas de chapas y cartón
por sobre los trenes larguísimos que simulan esperanza. Que vengas
desde el agujero redondo de la infancia a
dormirme con un cuento envuelto en tu voz áspera y dulce
capaz de sofocar, como entonces, a los patrulleros y
a los ejércitos de la muerte.
Por favor ahora y acá,
quizás podamos hablar de lo que habla la gente
que me cuentes de tu esposo, (¿si habrá dejado la bebida?)
yo te diré de la mujer de la que te había contado;
que todavía está en Rawson con sentencia y
que me dejó a su hijo y que es maravilloso
y que dibuja en las paredes.
Tranquilamente hablar
quizás necesite sólo eso,
hablar un poco, suspendido
en mitad del aire y del río
a la vista del cielo
por sobre el olor del agua y el gasoil.
 
 
 
El aire es sólo un momento contra el parabrisas 

 

Ediciones Del camino

 

(Fuente: Marcos Herrera) 

Jotamario Arbeláez (Cali, Colombia, 1940)

 

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas, sobretodo y trenca 

 

 

L A E T E R N I D A D D E X-504

 


(En los 5 años de su partida)
 
 
Querido Poe, como te bautizó Gonzaloarango quedándote debiendo el ta, que sobraba.
       La noticia de tu apagón me cayó como un golpe de gracia.
       Estaba frente al Mediterráneo con mi nieta de un año en los brazos recibiendo el sol de la dicha y me desplomé. El momento más amable de mi vida fue eclipsado por el más triste.
      ¿De qué vale pervivir en el mundo si ya no está quien con sus poemas lo creaba, lo cantaba, lo descifraba? El mundo no existe en seco, necesita de la palabra para afirmarse
.
Desde mis 18 años comencé a leer lo que emanaban tus manos y que me contabas que lo ibas leyendo en el duermevela todas las noches de un gran libro con ribetes dorados
      que pasaba solo todas las páginas y acostado ibas copiando a lápiz en una libreta diestra.
      Cuando llegaba a tu cuarto antes de que salieras a trabajar a la Administración de Impuestos, manejando esa inmensa computadora llena de deudores morosos,
       ni tardo ni perezoso me sentaba a tu máquina de escribir recién adquirida donde ya habías pasado a limpio esas percepciones oníricas en lo que siempre creí.
       Tanto que a veces me tendía en tu cama a ver si a mí también se me aparecía el grueso volumen. Pero nanay.
       Y para qué, si era el primer lector deslumbrado de esos Poemas de la Ofensa que fue un libro supremo de la poesía colombiana, por decir lo menos, porque siempre se supo que lo era a la vez de la poesía en español.
       En lugar de procurar imitarte, como hubiera correspondido y como traté de hacerlo más tarde, me zambullía en poemas del absurdo inconsciente a la manera de Tzara, Peret y Prévert, que sólo me viniste a aprobar cuando llegué al Santa Librada College.
       Era un privilegiado con un maestro que sólo me llevaba 8 años, amamantado en Blake, Whitman y Lautréamont. En Poe, Proust, Mann y los poetas de Oriente, la mayoría de cuyos tomos terminé detentando.
 
Me asustaba que tu tema favorito fuera la Muerte, sin percibir entonces que esas saetas que le lazabas eran la forma de conjurarla, lo que te funcionó hasta casi cumplir 90.
      Como lo hizo el otro monje del nadaísmo caleño, Elmo Valencia, quien haciéndose el zen dejó sentado que “nada muere cuando uno muere”. Y se fue a esperarla en el ancianato caleño.
       Donde no resistió que le ofrecieran su primer trabajo, ser el director de su biblioteca.
       Tú habías escrito juguetón como casi siempre que tocabas lo trascendente:
      “Para que nunca me encuentre / la Muerte aquí me le escondo / Si les pregunta por mí / digan que no me conocen”.
       Le supiste hacer los quites a tu manera, escribiendo esos libros que cada vez iban escalando otro cielo. 
 
Aparte de nuestro profeta Gonzalo, quien fundó y desenfundó el nadaísmo,
      como si cada uno fuera llamando al siguiente se fueron yendo, entre los de Medellín Amílcar Osorio, Darío Lemos, Humberto Navarro, Jaime Espinel, Alberto Escobar, el negro Billy, Rosa Girasol, Guillermo Trujillo;
      y entre los de Cali Alfredo Sánchez, Diego León Giraldo, El nadaísta de Cartago, Augusto Hoyos, Elmo Valencia y ahora tú, aunque naciste en Antioquia.
      Los sobrevivientes te lloran: Armando Romero, Jan Arb, Pedro Alcántara y Dukardo H, del nadaismo de Cali; Eduardo Escobar, del de Medellín; Pedro Blas, Álvaro Barrios, Álvaro Medina, Rafael Vega-Jácome del de Barranquilla; Pablus Gallinazo de Santander; Patricia Ariza, Dina Merlini y Dora Franco del de las mujeres.
      Pero el nadaísmo sigue como si no hubiera pasado nada. La nueva juventud está cada vez más sedienta del “inventico”. Y todo el mundo, ahora que no tenemos enemigos visibles, se lamenta de tu partida. Y te aclama como uno de los mejores bardos del mundo.
 
Siempre me protegía tu presencia así estuvieras en otro mapa, como lo hiciste toda la vida invitándome a almorzar y dándome trabajo publicitario y consiguiéndome dormidero hasta que logré acomodar mi esqueleto.
      Que por cierto está tan bien como el tuyo, tal como me dijiste hace 7 días cuando te llamé a despedirme, pues te formuló el médico que dada tu salud podrías vivir 100 años.
Fue cuando me cantaste, al confiarte que iba para la mar de Barcelona a soplar la vela del cumpleaños de mi nieta para luego volver a mi Montaña Mágica en Villa de Leyva a seguir trabajando por el nadaísmo perpetuo: “Te saliste con la tuya”.
      No supe si lo dijiste como un reconocimiento, o como una reconvención.
      Hoy me he prometido aguantar lo que pueda viendo de proyectar lo que queda inédito de tu obra, Entrepiernas, esos tus cuentos rescatados de los Sagrados Archivos. Escritos por la misma época de Los poemas de la ofensa, en los primeros 60s hace 60.
      “La eternidad tiene tiempo de esperarme”, y lo tuvo. Es más, tu eternidad comenzó desde que escribiste esa frase. Lo que significó un mentís al Olvido.
 
Moriste solo, como viviste. Encerrado en tu cuarto de baño, sobre la taza del sanitario exhalaste tu último aliento.
      Con la noticia, frente al océano, al que también tanto cantaste cuando recibías la visita de la ballena y del hijo de la ballena, terminé ahogado en llanto.
      Y recordé tus versos de hace 60 años a los que ahora en su punto final encuentro razón:
      “La Muerte me oculta las recetas del médico, me derrama la leche, me esconde las medias. / Es evidente que la Muerte me persigue. ¿No les parece a ustedes?”
       Aunque frente a tu resistencia corporal y la obra que dejas, no creo que sea para dársela por ganada. Tampoco en este caso ella tendrá predominio. 
 
 
Sept.5-21

 

Annie Dillard (Pittsburgh, EE. UU., 1945-Wellfleet, EE. UU., 2026)

 

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y pelo rubio 

 

 

 

MAÑANAS COMO ÉSTA

 

Domingo. Qué días tan soleados
tenemos todavía. Y yo sola en ellos.
Tan breves— ¡los mejores!
 
Muchas cosas están mal, pero no mis colinas.
He estado pensando en escribir
una carta al presidente de China.
 
Hazlo, hazlo, hazlo, hazlo.
Te lo ruego, te lo ruego,
te lo ruego, te lo ruego.
 
Mañanas como ésta: miro
alrededor, la tierra y el cielo:
no es suficiente para creer—
 
Mañanas como ésta. ¡Qué embriagador
el aire de la mañana! ¡Qué penetrante
y dulce y claro el aire de la mañana!
 
¡Invierno verdadero! ¡El olor de las hogueras!
¡Alubias de dieciocho pulgadas de largo!
Mil millones de oportunidades… ¡Y aquí estoy!
Y aquí me acuesto en la habitación silenciosa
y leo y leo y leo.
Tan fácil… tan fácil… tan fácil.
 
Lagunas en bosques antiguos, cubiertas de hojas.
Dadme el tiempo suficiente en este lugar
y seguro que haré algo hermoso.
 
 
________________________
en "Mornings Like This: Found Poems", HarperCollins, Nueva York, 1995. Versión de Jonio González. En la imagen, Annie Dillard (Pittsburgh, EE. UU., 1945-Wellfleet, EE. UU., 2026 / Hollins University).
 
 

MORNINGS LIKE THIS

 

Sunday. What still sunny days
We have now. And I alone in them.
So brief—our best!
 
So much is wrong, but not my hills.
I have been thinking of writing
A letter to the President of China.
 
Do it, do it, do it, do it.
I beseech you, I beseech you,
I beseech you, I beseech you.
 
Mornings like this: I look
About the earth and the heavens:
There is not enough to believe—
 
Mornings like this. How heady
The morning air! How sharp
And sweet and clear the morning air!
 
Authentic winter! The odor of campfires!
Beans eighteen inches long!
A billion chances—And I am here!
And here I lie in the quiet room
And read and read and read.
So easy—so easy—so easy.
 
Pools in old woods, full of leaves.
Give me time enough in this place
And I will surely make a beautiful thing.
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

TRUEQUE Y MANDATO ASIÁTICO,
EL EMBUDO INEXORABLE
 
 
Son estos los despojos,
el oscuro jadear en la cueva,
el azote de un futuro
que ni siquiera fantaseamos;
subyacemos indefensos,
tercas nucas,
aferrados al macaneo
y las maniobras dilatorias
que conducen el mismo carro
a la misma distinta solución,
candorosos,
morrongos,
pajaritos de un solo corral,
iletrados o letrados al pedo,
en estos extramuros de Súmer
por siempre soterrados.
 
Aquí y allá,
saltando y cabeceando,
en estas ruinas angustiadas
que supimos conseguir.

- Inédito -

 

Cristina Daian (Buenos Aires, 1951)

 

 

FLOR LITERAL

 





hubo uno bigbang
 

hubo uno bigbang, otra Hsichün y llegó Vallejo. y así otros 
siguieron y se unieron en cadena. 
¿habrá una gracia reservada al elegido? 
¿es el mal-decir de un ojo servil al paseo de la luna? 
¿a quién subyuga la imitación del rastro en la ceniza, 
el código sin fuego, la letra vacilante? 
¿y a qué dios pedirle el valor de una renuncia o el secreto? 
ningún santo responde. atisba un verso y agoniza. 
¿otro siglo sería más oportuno para la forma del hombre y 
su remesa ambigua? 
debería ser fácil y breve, como 
“salir de la nada a este bullicio; 
el último minuto se va ensordeciendo y 
pide una palabra que no deshonre”. 
 



miedo
 

miedo. de que no quede trazo / traza con silencio. témperas 
del temperamento / ardides del ardor /
perspectivas del espectro. qué demonios sulfurar 
del sufrir? buscan salideras los poetas del siglo y ven. 
versos que envejecen en la hermosura inicial, y otros 
naciendo siempre al último día. ser del tiempo y a fondo. 
ah, la existencia! la metáfora de la existencia, su acabóse, 
su querer! el lenguaje a tono con el lenguaje. relajarse con 
la cosita del coso o el coso de la cosita. o armarse  
con los revólveres de la ninfa. rompen las testas para dar 
en el blanco. sangran noches los montajes, las monturas 
de altos caballos. sueltan olimpos y quantum 
sobre una enredadera. muriendo 
como buscadores de oro en un río avaro. 
dan ganas de acariciar el dolor, de decir 
aquí está tu pepita, tu sueño dorado.



la poesía

la poesía, en la prosa o en el verso, 
en un relámpago de la mirada sobre un lienzo, una nube, 
sobre los restos gelatinosos de una espina de pescado, 
no cambia el mundo. es, el mundo: la aparición
del recluso, del torturado en la incesante vulgaridad 
de los días y de las tardes y de las noches. 
el encenderse de una antorcha entre los pliegues 
serviles y húmedos de la carne. el salto, el asalto, 
el dragado, la excavación. 
el pasaje del sedimento aceitoso de las razones 
al acto súbito, revelado. no gasta un minuto el estallido 
que da al aroma de las rosas. gasta techos gélidos, ratones, 
escozor. tiempo histórico, memoria.



exijo un límite 
 

exijo un límite. a las que se desmadran sin madre les digo: 
hasta aquí. llegaron lejos; no las pude parar pero esto se 
acabó. me bajan la cabeza y vienen al pie. al de cinco 
dedos y hueso sobresalido. al que patea la pelota, al 
descalzo, al bruto pie que se empolva intuyendo las 
huidas. no me traigan un arrozal, ni un cocotero de playa, 
ni un bosque a la brisa del mar. yo vivo en esta ciudad. 
aplíquense al territorio, bestias lengualargas. no se me 
mueven, no dan un paso más de la alcantarilla ni del 
jacarandá de la avenida. ladren como los perros, críen 
veneno de alta chusma. y ni hablar del sonambulismo por 
las medianeras, esa cosa fantasmagórica, felina, desacorde 
con la real realidad. y al brillo que ostentan de sólo 
pronunciarse se lo meten en el bolsillo. te voy a dar yo 
significante. van a hacer reverberar la tierra, como dios 
manda. la que pisa el pie. las voy a tener cortitas. 
lentejuelas
pa’l  carnaval.



las correspondencias
 

las correspondencias se van gastando, viejo poeta. 
los perfumes, la expansión de cosas infinitas. los símbolos 
se reducen como cabezas cortadas por los jíbaros.
los sentidos no tienen tiempo, no se detienen. 
ninguna materia trasciende la materia en la contemplación. 
acabados y solos. como el mundo. encapsulados como 
los eucaliptus y el mar. tendrías que tutelarnos Ángel 
en lo invisible, aquel del Niño desheredado.
quedamos pocos en el templo que se derrumba. 
los bosques se queman y la mirada de los árboles. los ecos 
y la oscuridad no caben en la certeza, 
en la forma dura, inconfundible, 
de cada palabra. ¿podrás sostener el hilo tembloroso
y maldito, 
sostenerlo 
como una copa de vino ante los insaciables? 



la voz se cansa de sí


la voz se cansa de sí, se aburre en imágenes, en formas de 
representación. espera que la tuerca gire sobre su eje. 
la tuerca es terca, empedernida, adiestrada. agonía. 
siempre el mismo agujero, el mismo torneado giro hacia 
la estancia estable. los mismos trozos de cal caída.
la repetición de la rotura, la tortura del tope invariable, 
los exactos centímetros de la perforación. y todo por 
un poco de belleza. y la misma musiquita. cruel metal. 
otra vez los pájaros, la palabra que intenta derrumbar 
las vigas, los pilares de un viejo edificio. los pájaros, abril,
las gotas siempre iguales de la memoria.

(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026,
Envío de Alberto Cisnero)
 
Cristina Daian


Cristina Daian en primera persona:
Nací en Villa Soldati, CABA, en 1951 y vivo actualmente en el barrio de Boedo. Egresé de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) con el título de Profesora en Letras. Participé de varios Seminarios de Psicoanálisis y de Cine y Psicoanálisis en la EOL (Escuela de Orientación Lacaniana). También participé de talleres de actuación en Timbre 4 (Claudio Tolcachir), Teatro El Cuervo (Pompeyo Audivert), Teatro Calibán (Norman Briski) y en el Centro Cultural del Teatro Gral. San Martín.


(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites)

 

Miguel Méndez Camacho (Cúcuta, Colombia, 1942 - 2026)

 

 

Imagen de “Miguel Méndez Camacho, un grande de la poesía en esta patria del español” - Universidad Externado de Colombia 

 

 

ESCRITO EN LA ESPALDA DE UN ARBOL 

 

No recuerdo si el árbol
daba frutos o sombra,
sólo sé que dio pájaros.
Que era el centro del patio
y de la infancia
que en la madera fácil
tallé tu nombre encima
de un corazón flechado.
Y no recuerdo más:
tanto subió tu nombre con el árbol
que pudiste escaparte
en la primera cosecha que dio pájaros.


(Fuente: La Nave de papel Manizales - Movimiento Poético Internacional)