martes, 5 de mayo de 2026

Celso Emilio Ferreiro (Celanova, España, 1912-Vigo, España, 1979)

 

 

Puede ser una imagen de texto que dice "a" 

 

NO

 

Si dijese que sí,
que todo está muy bien,
que el mundo es perfecto,
que cada cual es cada cual.
Conformidad.
Admiración.
Callar, callar, callar,
y mucha precaución.
Si dijese que acaso
las cosas son así,
porque sí,
eso es,
y no le demos vueltas.
(Si aquel está arriba
y aquel otro abajo
es por culpa de la vida.
Si algunos van de puerta en puerta
con un saco de ceniza a cuestas
es porque son unos estúpidos).
Si dijera que sí...
Entonces sería el momento
de hablar seriamente
de la batalla de flores
en las fiestas del patrón.
 
Pero no.
 
 
______________________
en "Larga noche de piedra/Longa noite de pedra", José Batlló Editor, Barcelona, 1976. Prólogo y traducción del gallego al castellano, Basilio Losada. En la imagen, Celso Emilio Ferreiro (Celanova, España, 1912-Vigo, España, 1979 / Real Academia Galega).
______________________
 
 

NON

 

Si dixese que sí,
que todo está moi ben,
que o mundo está moi bon,
que cada quén é cada quén...
Conformidá.
Ademiración.
Calar, calar, calar,
e moita precaución.
Si dixese que acaso
as cousas son eisí,
porque sí,
veleí,
e non lle demos voltas.
(Si aquel está enriba
e aquel outro embaixo
é por culpa da vida.
Si algúns van de porta en porta
cun saco de cinza ás costas
é porque son unhos docas).
Si dixera que sí...
entón sería o intre
de falar seriamente
da batalla de froles
nas festas do patrón.
 
Pero non.
 
 
 
(Fuente: Jonio González) 
 

Sharon Olds (San Francisco, EEUU, 1942)

 

 

 

 

Desierto


Cuando me acosté, para pasar la noche, en el desierto,
de espaldas, y dormité, y abrí los ojos,
mi mirada se disparó hacia arriba, como si se cayera
en el cielo,
y vi el ojo abierto de la noche, todo
cándido, todo iris de un gris de estrellas iluminadas,
disperso en racimos de brillantes estrellas iluminadas,
disperso en racimos de brillantes pupilas.
Miré, dormité, y cuando mis párpados de alzaban me
desplomaba fuera de la atmósfera,
me zambullía y me sobresaltaba como si me hubiera salteado
un escalón. Me dormía, y me despertaba, y me dormía,
y cada vez que abría los ojos
me caía profundamente en el universo.
Parecía muy poblado, hueco, intrincado, elástico,
no sentía que podía verlo realmente
porque no sabía qué era lo que estaba
viendo. Cuando se abrían mis párpados,
estaba lo real: absoluto,
frío, impersonal, íntimo,
bondadoso sin dulzura, yo remontaba vuelo, mi
velocidad aumentaba a veces a su velocidad, entraba
en otra dimensión, y sin embargo
una a la que pertenecía, como si
no solo la tierra mientras estoy aquí, sino el espacio,
y la muerte, y la existencia sin mí, fueran mi lugar.


 

Gwendolyn Brooks (EEUU, 1917 - 2000)

 

 

 

 

A los jóvenes que quieren morir

 

Siéntate. Inhala. Exhala.
El arma esperará. El lago esperará.
La sustancia amarga en el pequeño hermoso frasco
esperará, esperará:
podrá esperar una semana: y esperará todo abril.
No tienes que morir este día.
La muerte permanecerá,
Te aseguro que la muerte esperará. La muerte
tiene todo el tiempo. La muerte puede
atenderte mañana. O la próxima semana. La muerte está
justo en esta calle, un poco más allá; y es la vecina
más complaciente, está lista para encontrarte
a cada instante.
 
No necesitas morir hoy.
Quédate aquí un poco –pese al despecho, y el
desánimo y el dolor.
Espera a ver lo que depara el mañana.
 
En las tumbas no crece verde que te sirva.
Recuerda, el verde es tu color. Eres la primavera.

 

(Fuente: Larvaria) 

Nicolás Suescún (Bogotá, Colombia, 5 de mayo, 1937-14 de abril, 2017)

 

 

 



LEYENDO A VALLEJO

 

Es una voz que resuena
por encima de este barullo,
este tren que me lleva
no sé dónde,
la oigo resonar angustiada
dentro de mi cabeza,
hoy,
a tantos días de haber nacido,
la voz de un poeta muerto,
y se apagan las voces de los vivos
y los ruidos,
y él me habla de su pieza recóndita
con su silla, su mesa y su butaca,
y de aguaceros y del sol
y del hombre que lo vela,
y postula que es cálida la nieve
y fugaz la tortuga.
 
 
 

JAMÁS TANTOS MUERTOS

 

Jamás tantos muertos
rondaron la casa de los vivos,
jamás tantos vivos
habitaron la casa de los muertos.
 
Nunca se oyeron tantas voces,
nunca tanto silencio,
nunca se fue al traste tanta cosa,
se pudo más y se hizo menos.
 
Siempre es que hemos vivido tanto tiempo
que uno ya se pregunta qué sería de la tierra
sin el peso gravoso de los hombres,
y qué sería de los hombres sin la tierra.
 
Ahora son las diez de un martes o de un muerto
y mi sangre corre, corre la de los vivos
a dieta de sopas de sangre de sabores diversos,
y huesos enlatados, cadáveres en polvo,
todo el corpus delicti de la A a la Z.
 
 
 

LOS PÁJAROS DE COLOMBIA 

 

Animales minoritarios y sin alas
de color azul o rojo,
generalmente con corbata. 
 
Viven y mueren en las altas esferas,
se ganan salarios de miedo
y las elecciones no las pierden nunca.
 
 
 

NO ESPERES NADA

 

No esperes nada
del mañana,
no te sepultes en la esperanza,
piensa:
No veré la luz del nuevo día,
esta es mi última noche.
Y bebe
hasta olvidarlo todo
para volver a olvidarlo,
que ésa sea tu vida,
un vaivén
entre el ser y el no ser.
No esperes nada
del mañana,
húndete en el olvido
para que el nuevo día
sea de verdad un nuevo día,
como si apenas empezara
a dar vueltas el mundo,
como si ir para allá
no fuera venir hacia acá,
como si no girara la tierra,
enloquecida.
 
 
Jamás tantos muertos y otros poemas (2008)
Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2008, pp. 27, 51, 70 y 72
 

(Fuente: Óscar Limache) 

Miguel Ángel Bustos (Buenos Aires, 31 de agosto de 1932 - 20 de junio de 1976 Desasparecido por la dictadura)

 

 

 

 

 

Ante los ojos amanece la nueva carne

 

Volver a Góngora
encontrar piedras y oros.
Ir a San Juan de la Cruz
a la tierra húmeda y oscura.
Piedras y
tierras
negras bocas
paladares paladares.
Vivir con los nuevos
elementos las nuevas
leches los nuevos panes
la nueva herida comida
palabra ojo lengua de Machado.
Dureza y sonido
en la antigua madre claridad.
 

(Fuente: Sociedad Poética)

Sylvia Plath (EEUU, 1932 - Londres, 1963)

 

 

Sylvia Plath - Límite 

 

Monólogo a las tres de la mañana

 

Mejor que se rompa cada fibra,
que la furia se desate
y la sangre lustrosa inunde
el sofá, la alfombra, el piso:
el almanaque de la serpiente anuncia
que vos estás a un millón
de verdes condados de aquí;
mejor eso a quedarme sentada y muda,
retorciéndome bajo el aguijón
de las estrellas, mirando sin ver,
lamentándome, maldiciendo
cada despedida, cada tren que dejé ir,
yo, la gran idiota, la magnánima, arrancada así
de mi único reino
/
 
 

Soy vertical

 

Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol que con sus raíces absorbe
los minerales y el amor maternal de la tierra
para que mis hojas brillen en la primavera,
ni soy la maravilla del jardín frondoso
al que admiran y pintan en extraordinarios colores
sin saber que pronto caerán mis pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y la corola de una flor puede no ser alta, pero deslumbra,
y lo que yo quiero es ser longeva como él y atrevida como ella.
Esta noche, en la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores brindan su perfume fresco.
Yo camino a su alrededor, pero no parecen darse cuenta.
A veces pienso que, cuando duermo,
al apagarse un poco el pensamiento, yo debo ser
exactamente así.
Me resulta más natural cuando me acuesto:
puedo hablarle al cielo cara a cara y servir,
al fin, para algo: cuando ya no me levante
recibiré la caricia de los árboles y las flores tendrán para mí todo el tiempo del mundo.
 
 
Trad. DANIELA CAMOZZI
 
(Fuente: Cecilia Pontorno) 
 

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

No hay mercenarios
en estas maravillas
con que Garcilaso
atascó la bajada a los infiernos
y refregó con albricias
la putrefacción
de los cuerpos deshechos. 
 
Hay otoños en las viñas,
higueras estoicas,
luz que sólo veremos
en este mundo,
frutas podridas
y semillas,
arroyos
como puerta de aire,
y esos álamos,
y aquellos plátanos,
que anuncian
la cal y la sal,
lo hinchado y plano,
y el rojo rincón.
 
Pax tibis Marce evangelista meus. 
 
 
Héctor Giuliano
- Inédito-