P
astoreo irracional
...se producirá mayor cantidad de pasto,
en la misma área, y por tanto se
alimentará un mayor número de cabezas.
André Voisin, Científico.
No sé mi alma
en qué hades del mundo está penando.
Pasto en silencio.
En mi cuartón, apacentado,
aprovecho los metro en redondo.
Como a nadie le importo,
me alejo de la estaca sin los metros de soga.
No crean que me escapo
(porque ya lo viví),
ya no soy un marcado, no soy un manierista,
que al salir de la escena sin el retraimiento
convierte inmolación en detalle de un cuadro.
Se amplía un sarraceno con su bastón de médula,
en la pradera me guía con ajenos cencerros.
Mi Trinidad de estómagos
son ahora el padre y el hijo del espíritu,
lo dijeron en silencio,
como a los desperdicios de las ideologías;
todo ese pienso líquido fue pensado por mí,
vertido en los ríos
por doncellas de viejos intereses,
matarifes de soplos en el pecho.
No sé ahora si mi alma resiste,
quien dijo conducirme no es otro que mi hermano.
Ya no doblan campanas en mi oreja,
porque sabe con quienes me han cruzado.
Cuando cierro los ojos los embisto,
pero me voy de lado.
Yo no sé si mi hambre,
es un hambre de alma,
yo no sé mi alma,
de qué hambre me engaña.
Siento a las consonantes
como los banderines,
que en su hierro caliente me penetran,
porque todos insisten en darme el pedigree,
oigo a las multitudes,
en estadios norteños del Pradesh.
Yo sé ahora mi alma de qué hades me engaña.
He limpiado de hierbas la redonda.
Al comerme los vitros de un libelo,
al mudarme de cuadro,
convertido en pastor,
he vuelto de la especie,
adentro,
muy adentro de la vaca sagrada.
V. el perro
Suena el timbre,
soy el perro de Pavlov,
que ha perdido sus días y sus noches,
buscando por reflejo lo que otros cazaron.
Suena el timbre
y me busco,
hay un olor distinto al de su miedo;
hay nuevos homenajes,
ya no pican las pulgas mis lunares,
no salen a buscarme,
mi paseo está en los sinsabores.
Suena el timbre
y me engañan los no he sido,
hay una luz de arriba,
para una flor de hormona,
para el hijo negado,
para el cebo de asilo.
Suena el timbre
y me asedian las voces de un recreo,
la corriente es el coro,
el actor, es la mano que me da la comida.
Más tarde que temprano
ensayan los músicos del foso,
es una ceremonia sin maestro,
un recuerdo de otro, hay un último día,
hay un perro vecino,
es un país entero.
Suena el timbre,
me aclaman mis bacilos,
y mi rabia expresa gustativa,
nuevas inhibiciones.
Hay un cambio de guardia,
hay una nueva hora,
lo sé por mi saliva.
Me paro y soy más alto,
ya no me dan entrada,
porque saben que siempre
regreso sin un pelo.
Suena el timbre,
y creo que los llamo,
sabios masturbadores,
sentido por sentido.
Un shock en la cabeza de mis antiguos amos
no eran degenerados,
y saben que los huelo.
Ahí viene el corrientazo,
ya oigo la escudilla,
voy a morder la mano.
Suena el timbre,
y creo que no puedo,
trato de concentrarme,
segregaré en silencio
para ser lo que era:
el peregrino Pablo,
el peregrino Pablo
persiguiendo a un cristiano,
el peregrino Pablo convertido,
el peregrino Pablo capturado,
el peregrino Pavlov, pendiente de la puerta.
(Fuente: festivaldepoesíamedellín.org)