lunes, 23 de marzo de 2026

Natasha Lako (Korce, Albania, 1948)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 

TODOS LOS OTOÑOS...

 

Todos los otoños caen las hojas,
en otoño todos los días, cada hora...
Y con la caída de las hojas en el patio
el viento empieza a contar los minutos del año.
La abuela barre las hojas,
barre y barre...
Todos los años presiente que el abuelo ha vuelto,
para sacudir los árboles,
y sentarse al viento.
Las hojas empiezan a perder su color,
las hojas enmudecen,
mientras la abuela barre y barre...
 
 
 
____________________
en "An Elusive Eagle Soars. Anthology of Modern Albanian Poetry", introducción, selección y traducción, Robert Elsie, Forest Books, Londres, 1993. Trad. del inglés al castellano, Jonio González. En la imagen, Natasha Lako (Korce, Albania, 1948 / Radio Televizioni Shqiptar)
 
 
 

The leaves fall every autumn,
in autumn every day, every hour...
And with the fall of leaves in the courtyard
the wind begins to count the minutes of the year.
Grandmother sweeps the leaves,
she sweeps and sweeps...
She senses every year that grandfather is back
to shake the trees
and sit out in the wind.
The leaves begin to lose their colour,
the leaves grow mute,
as grandmother sweeps and sweeps...
 
 
(Fuente: Jonio González) 
 

Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 10.12.1830 – 15.05.1886)

 

 


 

 

LA ESPERANZA ES ESA COSA CON PLUMAS

 

La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona melodías sin palabras,
y no se detiene para nada,
y suena más dulce en el vendaval;
y feroz tendrá que ser la tormenta
que pueda abatir al pajarillo
que a tantos ha dado abrigo.
La he escuchado en la tierra más fría
y en el mar más extraño;
mas nunca en la inclemencia
de mí ha pedido una sola migaja.

 

 

HOPE IS THE THING WITH FEATHERS

 

Hope is the thing with feathers
That perches in the soul,
And sings the tune–without the words,
And never stops at all,
And sweetest in the gale is heard;
And sore must be the storm
That could abash the little bird
That kept so many warm.
I’ve heard it in the chillest land,
And on the strangest sea;
Yet, never, in extremity,
It asked a crumb of me.

 

Eunice Odio (San José, Costa Rica, el 18 de octubre de 1919 - México, 1974)

 

 

 

 

Aprisionada por la espuma

 

I
Aprisionada en cárceles de espuma,
en la medida de tu cuerpo,
no veo pasar la noche,
sólo veo el día
que entra por tus axilas transparentes
y te desnuda.
 
Veo, amor mío,
el lecho donde estamos
y compartimos
las dádivas,
los cielos...
Todo lo que nos negó y afirmó como lo que somos:
mil años de alegría corporal
y materia sin sombra
y palabras
que se dicen diurnamente porque vienen del aire
y hay que oírlas y decirlas
a través de los árboles
y en lo que no se escribe porque aún no se inventa su
nombre;
porque su júbilo
todavía no ha sido descubierto
y las flores de su alrededor
aún no son cosas del viento
(aún no han ido a un invierno ni regresado a la primavera).
 
 
II
Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos,
igual que van los ríos a los pájaros
y ellos al espacio desatado y florido.
 
Vengo de ti a la era
donde todo es de todos:
los que llegan, los que se han ido,
los que aún no han venido,
los que no volverán...
 
Porque eso es tu cuerpo:
un adentro, un afuera compartido
por mí y por el viento,
por el mar y los seres que lo guardan;
por el color y las embestidas del otoño,
y las andanzas del verano
¡que viste cosas silvestres
y es custodio de las abejas
y funde las hierbas en un crisol matutino,
en una prolongación de azucenas.

 

(Fuente: La Parada Poética) 

Ted Hughes (Gran Bretaña, 1930-1998)

 

 

"Novia y novio yacen escondidos durante tres días"

 

 


 
 
 
 
Ella le da los ojos, los encontró
entre escombros, entre algunos escarabajos

Él le da la piel
fue como si la sacara de la nada y la extendiera sobre ella
la timidez y la sorpresa la hacen llorar

Ella ha encontrado manos para él y las encaja en sus muñecas
las manos no salen de su asombro, la están acariciando entera

Él ha ensamblado su columna vertebral, limpió las piezas con cuidado
y las va colocando en un orden perfecto
un puzle sobrehumano, pero él está inspirado
Ella se inclina doblándose de un lado y otro, usándola y riéndose, incrédula

Ahora ella le trae los dos pies, los está conectando
de manera que todo su cuerpo se ilumina

Y él le ha confeccionado una nueva cadera
totalmente equipada y con muelles elásticos, brillantes y engrasados
está puliendo cada parte, ni él mismo se lo acaba de creer

Siguen llevándose mutuamente al sol, descubren que es posible
probar cada primicia a cada paso
Y ahora ella se pone en pie para limar las placas de su cráneo
hasta que las junturas se vuelven invisibles

Y ahora él le conecta la garganta, los pechos y el hoyo del estómago
con un solo cable

Ella le da los dientes, atando sus raíces al carrete de su cuerpo

Él imprime pequeños círculos en la yema de sus dedos

Ella cose su cuerpo con puntadas de seda púrpura y resistente

Él aceita los delicados piñones de su boca

Ella incrusta volutas minuciosas en los pliegues de su nuca

Él ensarta en su sitio el interior de sus muslos

Y así, gimiendo de alegría, con gritos extasiados,
como dos dioses de barro
revolcándose entre la mugre, pero con infinito esmero

se llevan mutuamente a la perfección.
 
 
 

Ted Hughes en Cuervo (1970), incluido en Nayagua. Revista de poesía  (nº 39, junio de 2025,   Fundación Centro de Poesía José Hierro, Getafe, trad. de Jordi Doce).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Pablo Neruda (Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973)

 

 

Explico algunas cosas

 

PREGUNTARÉIS: Y dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?

Os voy a contar todo lo que me pasa.

Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.

Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
                                      Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
                                               Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
                               Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
                                             Hermano, hermano!
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
                        pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.

Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.

Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!

Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!

Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.

Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!
 

Was Pablo Neruda poisoned? Chile awaits new report on the poet's death -  Americas - The Jakarta Post

 

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib) 

domingo, 22 de marzo de 2026

Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971 - Barcelona, 2026)

 

 

1 poema de Aníbal Cristobo 


Los animales viejos


Inmóviles, como ramas secas
al sol, los animales viejos.

Los veo caer, iluminarse
con un rayo antes de la tormenta. Caer
vaciando sus pulmones con
un soplo: lanzan
un aire negro que los quema por dentro.

Cuero mal preparado, ese cuerpo
no ha de llevarlos más: al
arroyo. A las estaciones
buenas.

No quieren, ni
saben pensar en redención. La muerte
no los hace diferentes, apenas
indefensos frente a las moscas y el
polvo. Miran

sin pestañear, pero nadie
los llama, ni elogia sus virtudes. Pasan
los días: por qué
la tierra habría de curarlos? Sería mejor
así? Si en el fuego
las patas se retuercen y

quiebran; cómo saber
que se encuentran a salvo?.-

 

Aníbal Cristobo fue un poeta, traductor y editor nacido en Lanús, Buenos Aires, en septiembre​ de 1971. Entre 1996 y 2001 vivió en Río de Janeiro, Brasil, donde publicó Teste da Iguana (1997), jet-lag (2002), Minaturas kinéticas (2005) y Minha vida como bactéria (2014). En Argentina publicó Krill (2002), Krakatoa (2012) y Una premonición queer (2016), y en España, La ruta de la tos (2018) y El descampado de las urracas (RIL Editores, 2024). Tradujo a diversos autores del inglés y portugués, entre ellos a Gonçalo M. Tavares, Fernando Pessoa, Rae Armantrout, Mary Jo Bang y Edward Hirsch. Pero si Aníbal era conocido por algo era por dirigir desde 2012 la editorial Kriller71, un proyecto fundamental en el ámbito de la poesía publicada en nuestro país durante los últimos años y también en el de la narrativa independiente con la colección Mula Plateada. Gracias a su trabajo, muchos lectores pudimos disfrutar de autores de múltiples nacionalidades traducidos e insertados por primera vez en España. Hablo de nombres estadounidenses como Matthew Dickman, Ron Padgett, Richard Brautigan, Heather Christle, Ted Berrigan, Gary Snyder, Frank O’Hara (del que solo había circulado hasta ese momento por las librerías españolas la mítica edición de Poemas a la hora de comer de DVD), Mary Jo Bang, Ben Lerner, Mary Ruefle o Robin Myers. Hablo también de brasileñas como Ana Martins Marques o Angélica Freitas o de portuguesas como Matilde Campliho por citar unos cuantos de forma rápida. Sigo: hablo del trabajo que hizo con libros de autores latinoamericanos imprescindibles, actuales, como Maricela Guerrero, y ya desaparecidos, como el de Antonio Cisneros. Por llevar a nuestras manos joyas literarias como Se vive y se traduce, ese hermoso diario sobre traducción, escritura y vida de Laura Wittner o ensayos en los que Mario Montalbetti apuntalaba algunas de las ideas más interesantes y destacadas del pensamiento literario, del lenguaje y su función en la propia concepción de “lo poético” en la actualidad. Hablo, en definitiva, de esa galaxia rica y particular que generó y que tanta falta hacía a este lado del océano, en la que la calidad de las traducciones brillaba, a menudo, por encima de las publicadas por el resto. Presentamos, a modo de pequeño homenaje, un poema del autor cuya muerte se confirmó en Barcelona el pasado martes 19 de marzo.

*****

 

(Fuente: Zenda libros) 

 

Víctor Hugo (Besanzón, 1802-París 1885)

 

 

dos poemas que recuerdan a Léopoldine, una de las hijas del poeta, muerta trágicamente a los 18 años, de su libro "Las Contemplaciones" (1856), y tres poemas de su último libro, "El arte de ser abuelo" (1877). 
 
 
 

MAÑANA, AL ALBA…

 

Mañana, al alba, blancos los campos en la aurora,
partiré. Ya lo ves, yo sé que tú me esperas.
Andaré por los bosques, por montañas austeras.
Lejos de ti no puedo estar ya ni una hora.
 
Andaré, pensativo, absorta la mirada,
sin ver nada ni oír lo que afuera murmura,
solo, oscuro, encorvado, con las manos cruzadas,
triste, y para mí el día será la noche oscura.
 
No miraré ni el oro que la tarde derrumba
ni hacia Harfleur los veleros de lejano temblor.
Y cuando haya llegado, pondré sobre tu tumba
ramos de verde acebo y de brezos en flor. 
 
[3 de septiembre de 1847]
 
 
*

DOLOROSAE 

 

Madre, ya quince años que nuestra hija ha muerto;
desde entonces, yo, el padre, y tú, la mujer fuerte,
no hemos estado un día, Dios lo sabe, uno solo
sin perfumar su nombre de amor y de plegaria.
Adoptamos el hábito fantástico y sombrío
de ver su sombra viva en nuestra soledad,
de sentirla pasar y de oírla vagar,
y nos hemos quedado de rodillas llorando.
Persistimos los dos en este dolor dulce,
inclinados sobre ese caro nido de musgo
que arrastró la tormenta con esos dos pichones.
Madre, nunca nos hemos doblado, aun siendo juncos,
ni perdido la mutua bondad uno por otro,
ni reclamado el fin de mi duelo y del tuyo
a aquella cobardía que se llama el olvido.
Sí, desde ese día triste, cuando palidecieron
cielos, campos y flores, la estrella, el alba pura,
los esplendores todos de la naturaleza,
y con estos tres hijos que nos quedan, tesoro
de coraje y de amor que Dios aún nos deja,
hemos sobrellevado fortunas bien diversas,
lo que llaman desdicha, adversidad, tropiezos,
sin temblar, sin ceder, sin odiar los escollos,
dando al duelo del alma, a la ausencia, a la tumba,
a la herida en que sangran el alma o la familia,
a los seres queridos muertos, a nuestra hija,
a los padres partidos hacia un mundo mejor,
nuestro llanto, y sonriendo a todo otro dolor.
 
[Marine-Terrace, agosto 1855]
 
*
 
 

JEANNE HACE SU ENTRADA

 

Jeanne habla; ella se dice muchas cosas que ignora;
envía al mar que gruñe, a la selva sonora,
a la nube, a las flores, a los nidos, al cielo,
a la naturaleza sin fin, su canturreo,
 
todo un discurso, acaso profundo, que concluye
con su sonrisa, un alma por donde un sueño fluye,
indistinto murmullo, vago, oscuro, nublado…
Dios, el buen viejo abuelo, oye maravillado.
*
 
 

TOMARÉ DE LA MANO…

 

Tomaré de la mano a estos dos pequeñitos;
amo los bosques, donde hay cervatos y corzos
y los manchados ciervos van tras las ciervas blancas
y en la sombra, asustados por las ramas, se frenan,
pues las bestias se llenan de tal emanación
que aun el temblor del fresco follaje les da miedo. 
 
Hay esto de profundo en los árboles, muestran
que el edén solo es cierto, que las almas se encuentran,
que fuera de los nidos y el amor, todo es vano;
Teócrito a menudo, en el zarzal divino
creyó oír a la ménade caminar suavemente.
Es aquí donde haré yo mi lento paseo
con mis dos chiquilines. Escucharé a su turno
lo que George aconseja a Jeanne, su dulce amor,
y lo que Jeanne a Georges le enseña. Cual patriarca
al que llevan los niños, arreglaré mi marcha
al tiempo que les tomen sus juegos y meriendas,
y a la maravillosa pequeñez de sus pasos.
Recogerán las flores, devorarán las moras.
¡Oh murmullo, este vasto sosiego de la selva!
Abril lleno de aromas viene a calmarlo todo.
No tengo otro negocio aquí abajo que amar.
 
*
 
 

VENTANAS ABIERTAS

 

Oigo voces. Mis párpados sienten la claridad.
En la iglesia Saint-Pierre una campana oscila.
Gritos de los bañistas. ¡Más cerca! ¡No, más lejos!
¡Aquí! ¡No, allá! Los pájaros gorjean, Jeanne también.
Georges la llama. Canto de gallos. Roza un techo
el albañil. Caballos que cruzan la calleja.
Chirrido de una hoz que corta el pasto. Choques.
Ruidos. Dos techadores andan sobre la casa.
Ruidos del puerto. Silba el vapor de las máquinas.
Música militar llega por bocanadas.
Alboroto en el muelle. Voces francesas. Gracias.
Buen día. Adiós. Seguro ya es tarde, porque viene
a cantarme, muy cerca de mí, mi petirrojo.
Estruendo de martillos de una forja, lejanos.
Palmotea el agua. Se oye un vapor que jadea.
Entra al cuarto una mosca. Soplo inmenso del mar.
 
[Guernesey, 1872]
 
 
VICTOR HUGO
Traducciones de Alejandro Bekes.
En: Victor Hugo, “Poesía elegida”,
Losada, Buenos Aires, 2024.
 

(Fuente: Pablo Anadón)