miércoles, 17 de junio de 2026

Claudia Masin (Resistencia, Chaco, 1972)

 

 

 

 

 

El contacto silencioso


 
 

No es el alma. No es una entidad inmaterial, un soplo
que nos llena el cuerpo: es el cuerpo mismo el misterio,
es su compleja miríada de venas,
la sangre que corre a alimentar los órganos,
escondidos como animales prehistóricos en cuevas tan asiladas
que sólo la enfermedad es capaz de entrar en ellas.
El contacto de los otros es lo que sana,
lo que enferma, el sol
alrededor del cual gira el planeta
solitario que somos, capturado en la órbita
de la luz o de la sombra según se acerque
o se retire de nosotros su calor, como si fuéramos
el polvo desprendido de otra existencia, la estela que dejó,
en el nacimiento, la unión indisoluble a la que debimos renuncias
pero siguió insistiendo en cada amor
hacia otro cuerpo. Querías que escribiera palabras que pudieran
hacer lo que hace la música:
andar sobre el silencio sin dañarlo, ser parte
del silencio, de las cosas que no deben ser dichas,
de esas a las que no podemos acercarnos siquiera
sin que escapen. Yo te dije que lo único
que se parece a la música es tocar
y ser tocado, las partículas
que se encuentran y se funden, a veces raspándose,
causándose dolor, desencontrándose, explotando
una dentro de la otra, porque no hay
superficie ni interior: adentro es igual que afuera, adentro cae
el amor o la crueldad que nos damos como en un pozo
del que nada jamás sale. Nos fue dada esa caída
para que en ella chocáramos, un cuerpo contra el otro,
para que no pudiéramos
dejar que no pudiéramos
dejar de causarnos una marca:
nadie está solo una vez que fue marcado, nadie
puede elegir volver a estar intacto.


(Fuente: Life vest under your seat)

 

María Auxiliadora Álvarez (Caracas, Venezuela, 1956)

 

 

 

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Cuerpo

 

Usted nunca ha parido
no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras de río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querida
doctor
NO META LA MANO TAN ADENTRO
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida
y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río.
 
 

 (Fuente: Sociedad Poética)

Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010)

 

 

Tres sonetos y un poema 

 




 
 
Versión (de Versiones sobre el mar)

El mismo mar nos pierde: nos encuentra
y nos pierde con su pulso marino.
Y con su eterno nunca nos despierta
del siempre breve sueño de un camino.
Pero no hay mar: el mar es solo ausencia
en la sílaba mar: pasa el sonido
y queda el hombre frente a un mar que inventa
y pierde entre los pulsos del sentido.
Pulsos del mar que intermitentes traman
su recomienzo siempre suspendido.
Fondo que es forma, superficie y pausas
de un deseo en rompientes que reclaman
perderse por partir o estar partido
y aquí quedarse en un hacer sin causas.


Versión (de Sentimiento de Sí)

Voz que creada de sí, gritando a nada
vuelves a aparecer intercalada
aquí en mi voz grabando tu cadencia:
eco que canta donde me silencia.
Eco que me silencia y me revela.
Eco que es yo, que fuí y que me desvela
habitándome aún con oraciones
que forman mi razón: sus omisiones.
Misión de oír y de escuchar latidos
de tantos muertos que en la voz habitan
(Se repiten en mí cuando los mido
midiendo estas palabras que los citan).
Yo estoy entero aquí, pero partiendo
frases que me dividen y no entiendo.


Versión (de Nueve Lieder)

Will will fulfil the treasure of thy love
Ay, fill it full with wills and my will one...

W.S.

Se vuelve hacia la nada y vuelve a mí
y en mí se vuelve nada este deseo
sed de niebla que niega ser allí
para afirmarse en el aquí que creo.
Pensada sed: nombrándola viví
y ví niebla en los signos donde hoy leo
dos nombres en el nombre que de mí
solo nombra un desear no ser deseo.
Ser sed de hacer que al no cesar saciada
sea saciada en mas sed y crezca haciéndose
como la niebla entera ya colmada
de sí y de luz oulta un mundo yéndose.
Desear ser sed: volverse sed deseada
ser toda sed vivida en sed viviéndose.

Sonetos, (1985-1998)


Versiones sobre el mar

El mismo mar nos pierde; nos encuentra y nos pierde. Tema de las olas: se arman, desobedecen, las crea el viento -¿su amor?- y se derrumban para volver a armarse con restos de olas anteriores, idénticas. Historia de amor: la planicie del mar, el viento que la oprime, y todo se levanta para perderse. Y todo tiende a disolverse contra una línea de aguas eternas y sol dilapidado llamada mar. Mar: abundancia de sinsentido humano. Alegorías: mostrar que desde un fondo de mar, marino, vendría la vida. Marina, salina, inmensidad de fuerzas paralizadas. Heráldica: mar inorgánico, mar vegetal, mar animado, mar que envejece en este cuadro. Y mar inmotivado con sus señales y sus sueños. Y mar inmóvil. ¿O no habría un culto de mar, marino...? ¿Con animales que se nutren de su ausencia abisal...? Nutriéndose de aplicaciones y explicaciones humanas: ¿algo se impregna con sabores humanos?Tus manos: ¿traen sabores de mar prohibidos para evocar la prohibición de amar a una materia que se descompone? Cuerpos y ondulaciones de esos cuerpos marcan su breve descomposición. Y sus formas anuncian nuestra leve recomposición. ¿Amar...? Sí: y en ese mar perderse. Llamar perderse a un extravío: mar amarillo, mar amariconado, la mar. La amarga superficie que nos refleja y nos revela plegándose sobre sí, sobre nos. Nuestra pluralidad: en nuestra singularidad plural construimos el nombre mar y el mar para sumarnos a la menuda sociabilidad de sus playas: arena política y falso mar rozando la desnudez de nuestras pieles politizadas. Pieles politizadas, pechos maternos, ceños paternos, ojos policiales, brazos humanos, mano pesada: indispensable, histórica. Como los cuerpos: piesecillos pulidos por el canto de las arenas -roce social- cuerpos sumidos en algún sueño de perfección, sueños marinos, arena temporal, señuelos de una muerte por derivas solares, cierta y a espaldas siempre del mismo mito. Muñón marino, piel depilada, piel lubricada para la humillación solar, ¿y habría un culto de mar, solar? Hagiografías urbanas: pieles de bronce, sonar del bronce de las pasiones chicas y por la gloria. Fraternidad urbana: ¿humana o mera imitación de un mar igualitario y dependiente? El mar semeja, el mar conduce, el mar identifica, el mar es un Estado de la materia. Y el mar crece con la acumulación de poemas de mar. Pero jamás conocerás tu verdadero mar: lo que difiere de los usos humanos del mar. Ni agua es su solución salina. Solución final: el mar, sin tiempo, acumuló en sus aguas todo el naufragio del universo. Y el mar, sin ti, es el naufragio del universo. Y el mar, sin textos, sería la espuma de un instante. Mirá: el mar, ¿no era el reflejo de a-quel sol entrevisto mientras la olas reventaban contra tu cuerpo atónito...? ¿tras los cristales de la espuma...? ¿bajo su manto azul verdoso que se tornaba espuma, ex-agua...? Tu exigua escritura: ¿verías esa mirada o azul o verde, esa mirada falsa bajo el disfraz verdadero de las espumas...? Impresionante, che. Y oral: todo es ficticio en un poema sobre el poema. Y nada en el poema nada. Y en un poema nadas porque todo es oceánico en un poema de mar. ¡Si el mar es solo intermitencia de los cultos humanos! Y los cultos... ¡Piden que el mar occidental sea el sí de los hombres rendidos a sus orillas! ¡Pueblos en bajamar! ¡Patrias perdidas en lo oceánico, en el o-sea del sentido! Vayámonos, perdámonos así en este o-sea donde no hay mar ni nada: ni vos, ni mar, ni oleadas en tu cuerpo, ni ecos de vagas olas, ni obras que registraron navegaciones interiores, ni vientos que suplieron una apariencia de plenitud. Escuchemos:

hombre
marino
late
tu corazón

y en tu mar padeces el hundimiento de un sueño de intensidad
y en su mar pareces el nacimiento de un sueño de inmensidaddesanudemos:

hombre
marino
late
tu corazón

y su pulso marino te suma y te sume en su mar



sumar:
una extensión inalcanzable
una invención inalcanzable
una intención inalcanzable

el hombre flota sobre sí mismo

flota sobre sí

flota
sobre


Partes del todo, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1986


Rodolfo Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010)
fogwill.com.ar

Foto: Fogwill, 2010 Lucio Ramírez/Eterna Cadencia

 

(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible) 

Calímaco (Colonia griega de Cirene, actual Libia, c.300 a.C.-Alejandría, Egipto, c.240 a.C.)

 

 

«Alguien me contó tu muerte, Heráclito…»

 




 
 
 
 
Alguien me contó tu muerte, Heráclito, y me brotaron lágrimas. Recordé cuántas veces vimos juntos la caída del sol charlando. Y ahora tú, huésped de Halicarnaso, ya no eres sino vieja ceniza. Pero vivirán los ruiseñores de tus cantos y nunca su mano pondrá en ellos Hades, que todo lo arrebata.



en Antología palatina (Epigramas helenísticos), Editorial Gredos, 1978



(Fuente: Descontexto)

 

Pierre Reverdy (Norbona, Francia, 13 de septiembre de 1889 - Abadía de Solesmes, 17 de junio de 1960)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro 

 

 

Horizonte 

 

.
Mi dedo sangra
Con él
Te escribo
El reinado de los viejos reyes se acabó
El ensueño es un jamón
Pesado
Que cuelga del techo
Y la ceniza de tu cigarro
Contiene toda la luz
.
En la curva del camino
Los árboles sangran
El sol asesino
Ensangrienta los pinos
Y a los que pasan por la pradera húmeda
.
La tarde en que se durmió el primer
mochuelo
Yo estaba ebrio
Mis miembros laxos cuelgan ahí
Y el cielo me sostiene
El cielo en que lavo mis ojos
todas las mañanas
.
De: «𝘈𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘱𝘰𝘦𝘮𝘢𝘴» (1916)
(Traducción: César Moro)
.
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

 Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas

 

madre
a la vez hija
calculada pestaña
reproductora institucional
hija de no madre
útero no sumido
¿qué haría otra mujer?
¿qué la duda alguna?
¿adormecer imágenes?
¿hundir lo simultáneo?
¿envolver lo tierno si lo hay?
¿maternalidad y clemencia?
¿qué el bermejo silencio
y el concierto en bajamás?
 
cuerpos incompletos
que se estrujan el zinc
las tripas
la sierva fecunda
del embuste
y la costumbre
 
teta verde
consumiéndose
y repitiéndose
como los venerados
cuernos del poder
el ojo lánguido no jubiloso
entre el acto
el fasto y el pacto
el opio
el fanatismo
la nostalgia
las ganas de no vivir
insignificante

- Inédito -
De "Monoteísmo & Daddy Yankee"

 

César Vallejo (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 - París, 15 de abril de 1938)

 

 

César Vallejo - Trilce, poema LXXV 

 

 

[Poema sin título]



Confianza en el anteojo, no en el ojo;
en la escalera, nunca en el peldaño;
en el ala, no en el ave
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
 
Confianza en la maldad, no en el malvado;
en el vaso, mas nunca en el licor;
en el cadáver, no en el hombre
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
 
Confianza en muchos, pero ya no en uno;
en el cauce, jamás en la corriente;
en los calzones, no en las piernas
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
 
Confianza en la ventana, no en la puerta;
en la madre, mas no en los nueve meses;
en el destino, no en el dado de oro,
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.
 
5 Oct 1937
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En: «Poemas humanos» de César Vallejo.
 

(Fuente: Feria virtual del libro de Cajamarca, Perú)