CINCO POEMAS
(Fuente: Jonio González)
(Fuente: Jonio González)

BARCAS SOBRE EL MARNE
Felicidad del corcho abandonado
a la corriente
que diluye a su alrededor los puentes reflejados
y el plenilunio pálido en el sol:
barcas en el río, ágiles bajo el verano
y un murmullo estancado de ciudad.
Ves a un tiempo los remos y el prado, si el cazador
de mariposas arriba con su red,
la arboleda sobre el muro donde la sangre
de drago se repite en el cinabrio.
Voces sobre el río, estampidos en las orillas,
o rítmico escandir de piraguas
en el ocaso que se filtra
entre las copas de los nogales, mas donde está
la lenta procesión de estaciones
que fue un alba infinita y sin caminos,
dónde la larga espera, cuál es el nombre
del vacío que nos invade.
El sueño es éste: un vasto,
un infinito día que refunde,
entre los diques, casi inmóvil, su resplandor,
y en cada recodo el buen trabajo del hombre,
el mañana velado que no horroriza.
Y otro era el sueño aún, mas su reflejo
inmóvil sobre el agua que huía, bajo el nido
del pendulino, aéreo e inaccesible,
era silencio altísimo en el grito
acorde del mediodía y una mañana
más larga era la tarde; el gran fermento
era vasto reposo.
Aquí…el color
que resiste es el de la rata que ha saltado
entre los juncos o, con su rociada de metal
venenoso, del estornino que desaparece
entre los vapores de la orilla.
Un día más,
repites. Oh, ¿qué repites? ¿Y adónde lleva
esta boca que hormiguea en un chorro
solo?
La tarde es ésta. Ahora podemos
bajar hasta que la Osa se ilumine.
(Barcas dominicales sobre el Marne, en carrera
en el día de tu fiesta.)
traducción de Horacio Armani
(Fuente: Aire Nuestro)
LA ALEGRÍA DE ESCRIBIR
¿Adónde corre, a través del bosque escrito, esta
corza escrita?
¿A beber del agua escrita
que copiará su hocico como papel carbón?
¿Por qué levanta la cabeza, habrá oído algo?
Apoyada en cuatro patas prestadas por la verdad,
por debajo de mis dedos aguza los oídos.
Silencio, esta palabra también susurra sobre el
papel
y retira
las ramas causadas por la palabra «bosque».
Sobre la hoja blanca acechan para saltar
letras que puedan combinarse mal,
frases que acosan
y ante las cuales no habrá salvación.
Hay en una gota de tinta una reserva considerable
de cazadores que apuntan, con un ojo entrecerrado,
preparados para bajar por la empinada pluma,
para cercar a la corza, dispuestos a disparar.
Olvidan que esto no es la vida.
Aquí rigen otras leyes, negro sobre blanco.
Un abrir y cerrar de ojos durará tanto como yo
desee,
permitirá que lo divida en pequeñas eternidades,
llenas de balas detenidas en pleno vuelo.
Si lo ordeno, aquí no sucederá nada para siempre.
En contra de mi voluntad no caerá ni siquiera una
hoja,
ni se doblará una brizna de hierba bajo el punto de
una pezuña.
¿Existe pues un mundo
sobre el que tengo un dominio absoluto?
¿Un tiempo que ato con cadenas de signos?
¿Una existencia incesante a mis órdenes?
La alegría de escribir.
La posibilidad de perpetuar.
La venganza de una mano mortal.
Wislawa Szymborska
Poesía completa
Traducción de Abel Murcia, Gerardo Beltrán y Katarzyna Moloniewicz
Visor
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)
De la naturaleza de las cosas, IV,
1096-1120
Como el que siente sed soñando y no consigue que las aguas apaguen el ardor de sus miembros y busca manantiales pero se esfuerza en vano y siente sed bebiendo en la mitad de un río, así en el amor Venus engaña a los amantes y aun presentes sus cuerpos no se pueden saciar ni arrancan sus caricias nada a los tiernos miembros al errar vacilantes en el cuerpo del otro. Y finalmente cuando entrelazados gozan de la flor de la edad y en el cuerpo se anuncian los placeres y Venus intensamente siembra el campo femenino, entonces mezclan ávidos los cuerpos, las salivas de sus bocas, respiran deseosos, se muerden, y es en vano: no obtienen nada y tampoco pueden abrir ni entremezclar un cuerpo con el otro. Porque eso pareciera que pretenden, tan ávidos los fija en su red Venus mientras la voluptuosa potencia del deseo los derrite. Y al fin el ansia acumulada se expulsa de los nervios: sobreviene una pausa en el violento ardor. Pero enseguida el mismo frenesí vuelve y vuelven ellos a perseguir eso que buscan, sin encontrar la manera de remediar su mal, y ciegos languidecen consumiéndose a causa de su secreta herida.
Traducción de Alejandro Crotto
TRADUCTOR INVITADO: ALEJANDRO CROTTO
Esta semana vamos a leer siete poemas en traducción del poeta, traductor y ensayista argentino Alejandro Crotto (1978). Ale fue mi primer gran amigo en la poesía. Nos conocimos ya no sé si en este milenio o el anterior –en 1999 o 2000–, en una clase de latín de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde quedamos sentados uno al lado del otro por azar. Los dos llevábamos una cantidad a todas luces exagerada de libros de poesía, que cada uno procedió a apilar sobre el pupitre que le había tocado. Al notar que éramos parte de una coreografía involuntaria, nos miramos, nos reímos y nos presentamos. Y si bien ese día la profesora tuvo que amonestarnos varias veces por interrumpir la clase con nuestro parloteo poético, que poco tenía que ver con el latín; y aunque luego los años nos llevaron por caminos distintos–, Ale y yo nunca dejamos de encontrarnos y de hablar el mismo idioma.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)