domingo, 22 de febrero de 2026

Jacobo Fijman (Besarabia, actual Moldavia, 1898 - Buenos Aires, 1970)

 

 

Jacobo Fijman - Yo estaba muerto... 

 

XX

 

Crecen palomas y un reino de corderos;
crecen palomas multiplicadas y un reino de corderos multiplicados.
La manzana es la muerte,
y el vuelo de las palomas crecidas y el reino de los corderos crecidos, 
la vida eterna en
cielos escondida.
Palomas santificadas en la paloma santa
corderos santificados en el cordero santo.
Se hace la luz en las palomas y los corderos.
Caían las manzanas de muerte en muerte sobre el todo y la nada de la vida.
 
J. FIJMAN
 
 
"𝑽𝒂𝒚𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒖𝒆𝒍𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒔𝒐𝒍𝒐, 𝒑𝒆𝒓𝒅𝒊𝒅𝒐 𝒆𝒏 𝒖𝒏 𝒅𝒆𝒔𝒊𝒆𝒓𝒕𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒑𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒊𝒐, 𝒑𝒆𝒓𝒐 𝒂𝒖𝒏 𝒂𝒔í 𝒖𝒏 𝒑𝒐𝒆𝒕𝒂 𝒏𝒐 𝒑𝒖𝒆𝒅𝒆 𝒅𝒆𝒋𝒂𝒓 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒃𝒊𝒓. 𝑯𝒂𝒚 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆𝒈𝒖𝒊𝒓 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒕𝒂𝒓𝒆𝒂, 𝒑𝒐𝒏𝒆𝒓 𝒑𝒂𝒍𝒂𝒃𝒓𝒂𝒔 𝒂 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒍 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒔𝒊𝒆𝒏𝒕𝒆, 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒂𝒛𝒄𝒂 𝒍𝒂 𝒎ú𝒔𝒊𝒄𝒂."

 

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Hugo Ball (Pirmasens, Alemania, 1886-Sant'Abbondio, Suiza, 1927)

 

 

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EL VERDUGO

 

Te pongo a rodar sobre tus rojos manteles.
Pongo manos a la obra: radiante como un maestro carnicero.
Los bancos y las mesas como cuchillos relampagueantes
el enano de la sífilis husmea en los sartenes llenos de cola y jalea.
 
Tu cuerpo es retorcido esplendoroso y brilla como la luna amarilla
tus ojos son pequeñas lunas lascivas
tu boca revienta voluptuosa en la miseria de las judías
tus manos una caracola, que vive en los jardines rojo sangre llenos de uvas y rosas
 
¡Ayuda, Santa María! ¡Brotaron de tu cuerpo los frutos
oh santísima! Me escurre fuego ardiente por las piernas.
Mi pelo una tormenta, mi cerebro la yesca
mis dedos diez ávidos clavos de carpintero
que clavo en los fetiches de la cristiandad.
 
Cuando tu grito de dolor dinamitó fuera del pino tus dientes
bajó un bullicio de oro por entre las vigas del cielo.
Una hostia gigante huía y se detuvo entre montañas de rosas
borboteaba un aleluya entre los miembros de apóstoles y pastores.
 
Entonces danzaban hombres y rameras desnudos en éxtasis desquiciado
 
paganos, turcos, cafres y moros sobretodo
se disiparon los ángeles del círculo terrestre
y llevaron oscuridad y suplicio en un platón centelleante
 
No había ningún capullo materno, ningún ojo inyectado de sangre y sin esperanza
cada alma se abría a la infancia y al milagro.
 
 
 
 

EL SOL.

 

Entre mis párpados avanza un carrito de niño.
Entre mis párpados va un hombre con un caniche.
Un grupo de árboles se torna un fajo de serpientes y silba por el cielo.
 
Una piedra sostiene una charla. Árboles en fuego verde. Islas flotantes.
Temblor y tintineo de conchas y cabeza de pescado como en el fondo del mar.
 
Mis piernas se extienden hasta el horizonte. Cruje una carroza
Muy a lo lejos. Mis botas sobresalen por encima el horizonte como torres
De una ciudad que se hunde. Soy el gigante Goliat. Queso de cabra digiero.
 
Soy un ternerito de mamut. Me olfatean los verdes erizos de pasto.
La hierba tiende sables y puentes y arcoíris verdes sobre mi barriga.
Mis orejas son conchas gigantes rosadas, bien abiertas. Mi cuerpo se hincha
Con los ruidos que quedaron presos adentro.
 
Escucho los balidos
Del inmenso Pan. Escucho la música bermeja del sol. Él permanece arriba
A la izquierda. Bermellón caen sus rasgones hacia la noche del mundo.
 
Cuando desciende aplasta la ciudad y las torres de la iglesia
Y todos los jardines colmados de crocus y jacintos, y habrá un sonido semejante
a las tonterías que disparan las trompetas de niños.
 
Pero hay en el aire un ventarrón de púrpura, yema de amarillo
y verde botella. Bamboleos, que un puño naranja aferra en largos hilos,
y un cantar de cuellos de ave que retozan por las ramas.
Un andamiaje muy tierno de banderas infantiles.
 
Mañana el sol será cargado en un vehículo de ruedas enormes
Y conducido a la galería de arte Caspari. Un negro cabeza de toro
Con la nuca abultada, nariz chata y paso amplio, llevará cincuenta
Asnos blancos y chispeantes, que tiran del carro en la construcción de las pirámides.
 
Se agolparán muchos países de colores sanguíneos.
Nanas y nodrizas,
Enfermos en ascensores, una grulla con zancos, dos bailarinas de San Vito.
 
Un señor con corbata de moño de seda y un guardia de rojos olores.
No puedo sostenerme: estoy lleno de dicha. Los marcos de las ventanas
Revientan. Cuelga una niñera de una ventana hasta el ombligo.
 
No puedo ayudarme: los domos se revientan con fugas de los órganos. Quiero
crear un nuevo sol. Quiero chocar los dos uno con otro
cual cimbales y alcanzarle la mano a mi dama. Nos esfumaremos
en una litera violeta sobre los techos de nuestra ciudad solamarilla
cual pantallas de papel de seda en la ventisca.
 

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Alejandro Crotto (Buenos Aires, 1978)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas, barba y personas sonriendo 

 

EN EL DESPACHO DE LOS GRANDES GUIONISTAS

 

A nuestra izquierda hay uno. Acaba justo
de levantar los ojos persiguiendo
la mejor andadura de la escena
que acelere un final. Para entender
el temple de esos ojos que ahora bajan
directos a la página, sepamos
que el anillo de oro en su derecha
por el lado de adentro lleva escrito:
“Si el palacio fue injusto en los cimientos
se transforma de a poco en una cárcel”.
 

 

 

(Fuente: Daniel Rafalovich) 

Antonio Machado (Sevilla, España, 1875-Colliure, Francia, 22 de febrero de 1939)

 

 

 

CAMPO

 

La tarde está muriendo
como un hogar humilde que se apaga.
Allá, sobre los montes,
quedan algunas brasas.
Y ese árbol roto en el camino blanco
hace llorar de lástima.
Dos ramas en el tronco herido, y una
hoja marchita y negra en cada rama.
¿Lloras?... Entre los álamos de oro,
lejos, la sombra del amor te aguarda.
 
 
 
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de "Soledades, galerías y otros poemas" (1907) en "Poesías completas", Espasa-Calpe, Madrid, 1940. En la imagen, Antonio Machado (Sevilla, España, 1875-Colliure, Francia, 22 de febrero de 1939 / Ministerio de Cultura)
 

 

(Fuente: Jonio González) 

César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892-París, Francia, 1938)

 

 

César Vallejo - Trilce, poema LXXV 

 

 

LA VOZ DEL ESPEJO

 


Así pasa la vida, como raro espejismo.
La rosa azul que alumbra y da el ser al cardo!
junto al dogma del fardo
matador, el sofisma del Bien y la Razón!
 
Se ha cogido, al acaso, lo que rozó la mano;
los perfumes volaron, y entre ellos se ha sentido
el moho que a mitad de la ruta ha crecido
en el manzano seco de la muerta Ilusión.
 
Así pasa la vida,
con cánticos aleves de agostada bacante.
Yo voy todo azorado, adelante... adelante,
rezongando mi marcha funeral.
 
Van al pie de brahmánicos elefantes reales,
y al sórdido abejeo de un hervor mercurial
parejas que alzan brindis esculpidos en roca
y olvidados crepúsculos una cruz en la boca.
 
Así pasa la vida, vasta orquesta de Esfinges
que arrojan al vacío su marcha funeral.
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(La voz del espejo, integra la sección Truenos de Los Heraldos Negros).
 

(Fuente: Feria virtual del libro de Cajamarca, Perú) 

Sara Gallardo (Buenos Aires, Argentina, 1931-1988)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y bufanda 

 

FLORES BLANCAS

 

Flores blancas llovieron sobre Buenos Aires la noche en que nació 
Juan Arias. Las vieron muchos, las olieron menos. Que fuera porque él 
nacía, quién pudo saberlo. Ni su madre, que no las vio, aparte de morir 
enseguida.
Alguien en un departamento solitario las pudo ver bajando por la 
noche. Se dijo ¿quién nace? o ¿quién muere? Nada más.
Ya está dicho, nació Juan Arias. De su vida poco puede agregarse. 
Rico, hubiera hecho papel de caballero. Pero fue pobre. Era considerado 
un tonto, aunque de gran belleza.
En la vejez le dieron el trabajo que juzgó más apropiado a su persona: 
ubicar autos en la Diagonal. Lo hacía con cuidado, como todo.
Murió allí, una noche. Suavemente, a pesar de la lluvia.
 
 
 
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en "El país del humo", Sudamericana, Buenos Aires, 1977. En la imagen, Sara Gallardo (Buenos Aires, Argentina, 1931-1988) por Sara Facio, 1973
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Thomas Stearn Eliot (Missouri, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965)

 

 

 

 

ANIMULA

 

«Brota de la mano de Dios, el alma sencilla»
a un liso mundo de luces cambiantes y ruido,
a lo luminoso, oscuro, seco o húmedo, helado o tibio;
moviéndose entre las patas de mesas y de sillas,
subiendo o cayendo, agarrándose a besos y juguetes,
avanzando osadamente, alarmándose de repente,
retirándose al rincón de brazo y rodilla,
empeñada en ser tranquilizada, complacida,
en la fragante brillantez del árbol de Navidad,
complacida en el viento, la luz del sol y el mar;
estudia los soleados arabescos del suelo
y los ciervos que corren en torno a una bandeja de plata;
confunde lo real y lo fantástico,
contenta con naipes y reyes y reinas,
lo que hacen las hadas y lo que dicen los criados.
La pesada carga del alma creciente
me desconcierta y me molesta más cada día;
semana tras semana, me molesta y desconcierta más
con los imperativos de «es y parece»
y debe y no debe, deseo y dominio.
El dolor de vivir y la droga de los sueños
enroscan a la pequeña alma en el asiento de junto a la ventana
detrás de la Enciclopedia Británica.
Sale de la mano del tiempo, el alma sencilla
indecisa y egoísta, malograda, tullida,
incapaz de seguir adelante o retirarse,
temiendo la cálida realidad, lo bueno ofrecido,
negando el importunar de la sangre,
sombra de sus propias sombras, espectro en su propia tiniebla,
dejando papeles desordenados en un cuarto polvoriento;
viviendo por primera vez en el silencio después del viático.
 
Rezad por Gutiérrez, ávido de velocidad y fuerza,
por Boudin, estallado en pedazos,
por este que hizo una gran fortuna,
y aquel que se fue por su lado.
Rezad por Floret, muerto por el podenco entre los tejos,
rezad por nosotros ahora y en la hora de nuestro nacimiento.
…..

por José María Valverde
 

 

(Fuente: Daniel Freidemberg)