(Fuente: Juan Cristóbal Mac Lean)
(Fuente: Jonio González)
Estaba triste el piano en el concierto, olvidado en su frac sepulturero, y luego abrió la boca, su boca de ballena: entró el pianista al piano volando como un cuervo, algo pasó como si cayera una piedra de plata o una mano a un estanque escondido: resbaló la dulzura como la luvia sobre una campana, cayo la luz al fondo de una casa cerrada, una esmeralda recorrió el abismo y sonó el mar, la noche, las praderas, la gota del rocío, el altísimo trueno, cantó la arquitectura de la rosa, rodó el silencio al leche de la aurora. Así nació la música del piano que moría subió la vestidura de la náyade del catafalco y de su dentadura hasta que en el olvido cayó el piano, el pianista y el concierto, y todo fue sonido, torrencial elemento, sistema puro, claro campanario. Entonces volvió el hombre del árbol de la musica. Bajó volando como cuervo perdido o caballero loco: cerró su boca de ballena el piano y él anduvo hacia atrás, hacia el silencio.
/fr. 23
lo repentino lo accidental como aquella tarde calle abajo o aquel reflejo
desencadenando tensión entre azar y rechazo dándose el error con
geometría de finitud o poema llamamiento o nada salvo solo la sagrada
y aquello en que te empeñabas fue borrándose dando lugar a otras sustancias
a otras perennidades adónde entonces lo ignoto lo que henchía ?
no decir lugar no decir hasta dónde hasta dónde sino dilatarse hacia
lo interior huida o regreso preparar un acomodo donde corola o cornisa
donde pecho entre callar y callar
Carmen Crespo
Desterro
Ediciones Contrabando
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)