ALARGANDO LA PALABRA MORIRSE
llegar a esta edad no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
apuñalarle de frente o por la espalda.
dispararle, envenenarle, estrangularle
con una cuerda, con un cable o con tus propias
manos.
diferentes maneras de matar a un hombre,
pero si lo que deseas es que ese hombre sufra,
pero que sufra de verdad, que sufra como tú,
entonces déjalo, déjalo
que se muera, que se muera
de viejo.
PAÑUELOS DE PAPEL
felices los normales, esos seres extraños,
los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho,
un hijo delincuente,
una casa en ninguna parte,
una enfermedad desconocida.
Roberto Fernández Retamar
el chichi
les echaba migas de pan y granos de arroz a las palomas.
sus gatos esperaban en el alféizar de la ventana.
cuando las palomas se acercaban a picotear,
los gatos saltaban a por ellas
y se las comían enteras, plumas incluidas.
cuando los gatos estaban tan gordos
que ya no podían saltar desde el alféizar de la ventana,
el chichi,
con la misma hacha
con la que su madre quiso matar al maestro de la escuela tras su llegada de cuba, honesto batalón rodríguez, que era natural de cudillero, fijó su residencia en gijón, donando al ayuntamiento fondos para la fundación que lleva su nombre y que proporcionaba educación a niños necesitados.,
les cortaba el pescuezo.
¡hey, hombre!, me dice cuando me ve por la calle. ¡hey, hombre!,
y me ofrece un paquete de kleenex por el módico precio de mi voluntad,
y entonces recuerdo algo
que todos, o casi todos, parecemos haber olvidado:
que los pañuelos de papel también sirven
para secarse
las lágrimas.
Poema
Es un edificio de ladrillo rojo.
Las ventanas aún conservan los marcos de madera.
Nunca dispusieron de cristales que los críos pudiéramos romper.
Es un edificio de ladrillo rojo, deshabitado. Mejor dicho:
nunca terminaron de construirlo, nunca estuvo habitado.
En su azotea, sin embargo, anidan las gaviotas comunes,
en el portal paren las gatas callejeras,
también, por temporadas, en una habitación del tercer piso,
dormía el poeta.
Dormía allí siempre que se escapaba de la casa de su padre.
Dormía en el suelo,
encima de una manta,
tapado con otra,
de almohada su ropa.
Van a derruirlo. El edificio. Y no tardando mucho.
Los obreros han terminado ya de colocar los andamios.
Van a demolerlo. Y está bien que así sea.
Disfrutaré de mejores vistas. Construirán otro más pequeño.
Vendrán familias a ocuparlo. Habrá
madres,
luces,
en las ventanas,
hasta es posible, solo posible,
que en la habitación del tercer piso en que yo dormía,
duerma pronto
otro niño.
Que tengas una buena noche
Suelo salir a despedirla al descansillo. Cada noche.
Cuando sale a ganarse nuestro pan con el sudor de su frente.
En una mano lleva la bolsa, o bolsas, de la basura.
En la otra, o bajo el brazo, los dos periódicos del bar.
Suelo salir a despedirla al descansillo. Cada noche.
Cuando sale a ganarse nuestro pan con el sudor de su frente.
Le arreglo el pelo. Le coloco bien el cuello del abrigo.
La beso en los labios. Que tengas una buena noche, le digo.
Mientras baja por la escalera, aún le recuerdo: Si necesitas algo,
me llamas. No importa qué hora sea. Me llamas.
Aguardo, todavía, a que desaparezca su espalda
desaparezca, también, de la pared, la sombra de su espalda…
A que se apague la luz
abajo, en el zaguán, se escuche un portazo. Solo entonces
entro en casa
cierro la puerta.
Los hombres del saco
a ciertos niños, como a nuestras madres rojas, antes de vendernos,
nos cortan el pelo al rape, como si tuviéramos liendres.
a ciertos niños, como a los nativos norteamericanos, antes de vendernos,
nos cortan el pelo al rape, como si tuviéramos piojos,
se nos prohíbe, además, hablar en la lengua de nuestros antepasados.
a ciertos niños, como también a los caballos, antes de vendernos,
nos miran la dentadura y nos cuentan los dientes,
CALENDARIO
está llena de rayas.
la pared.
rayas verticales.
cada raya es un día.
un día que ha pasado.
que he pasado preso.
por las mañanas,
lo primero que hago
al levantarme de la piltra
es acercarme a esa pared
y preguntarle:
DOWN
quien escriba su historia heredará la tierra del verbo, suyo será el significado total.
MAHMUD DARWIX
este poema está dedicado a elena castillo
elena tiene una hija con el síndrome
de down:
mongólica, vaya.
es el ser que más quiero en este mundo,
pero te juro que a veces llega a agotarme.
hasta hace un año o dos
era insoportable, hiperactiva...
tirándolo todo,
rompiéndolo todo,
poniéndose en peligro ella...
llamando a gritos la mitad del tiempo...
y pegándome,
tirándome del pelo,
pellizcándome,
escupiéndome la comida encima,
entorpeciendo todo lo que le hacía:
vestirla,
lavarla,
cambiarla,
darle de comer...
ensuciándose adrede
y haciendo cochinadas que ni te cuento...
mi madre decía:
esto no puede ser, esta niña está endemoniada...
mis amigos no comprendían por qué no la tiraba por la ventana...
la gente decía que la culpa era mía por consentirle demasiado...
la psicóloga del colegio pensaba
que la culpa la tenía yo por no prestarle la suficiente atención,
y hasta hizo correr la voz de que la maltrataba.
¿y su padre? porque tendría un padre, ¿no?
él pasaba de todo,
seguía con su vida de siempre:
saliendo mucho,
gastando mucho,
a su aire,
fingiendo no darse cuenta de las necesidades de eva
ni de mi agotamiento,
que yo entonces no daba más que
para dormirme encima de las sillas
cuando tenía un momento libre...
y él tan contento y feliz
pensando que ese era mi estado natural...
daba igual que tuviese fiebre
o la pierna rota
o amenazas de aborto...
¿y se cumplieron?
¿el qué?
las amenazas de aborto.
sí, tuve seis...
pero ya te digo:
perdí incluso el derecho a ponerme enferma.
podía darme de baja en el trabajo, pero en lo otro
no...
creo que las broncas entre su padre y yo la afectaron negativa
mente.
es hipersensible...
y mi tristeza de entonces, mi falta de ánimo...
yo lo hacía todo, trataba de atenderla bien,
pero me faltaba alegría.
creo que lo mejor que hice fue cogerla y marcharme de casa.
¿y ahora qué? ¿cómo lo llevas?
hombre, esto ya no es lo que era, afortunadamente.
ya tiene ocho años
y es más autónoma
y a medida que se va dando cuenta de las cosas
y que comprende las situaciones
y que encuentra recursos para entretenerse sola,
se empieza a comportar mejor.
cada día que pasa se puede razonar más con ella,
negociar.
se expresa mejor,
y se va volviendo más dulce, más mimosa...
la gente ya empieza a decirme que es un cielo.
ahora creo que lo he hecho bastante bien
como madre.
pero sigue exigiendo mucha atención.
y, además, no quiero desaprovechar sus posibilidades.
ya lee bastante bien,
y habla bien,
a ver si pronto aprender a escribir.
es muy bonita, ¿sabes?
nunca pensé que fuera a ser así.
pero está muy sola y me reclama.
normal, ¿no?
ESQUELAS
mi abuela
tiene la manía
de sentarse a leer
las esquelas del periódico
todos los días
después de fregar
los cacharros de la comida.
las repasa una y otra vez,
como si estuviera estudiando
para un examen,
y hay veces
que no puede evitar
que se le escape
un suspiro de alivio
al comprobar
que ni su nombre
ni sus apellidos
están escritos
en ninguna de ellas,
aunque luego
siempre te diga:
llegar a esta edad
no se lo deseo
ni a mi peor enemigo.
David González nació en San Andrés de los Tacones, 1964. Poeta y narrador español. Su obra poética incluye varios títulos, entre los que se encuentran: Nebraska no sirve para nada (1995), El demonio te coma las orejas (1997), Ley de vida (1998), Sparrings (2000), entre muchos otros.
(Fuente: León Félix Batista)