“Después de todo, ¿quién recuerda a los armenios?”
Así interpelaba Hitler a sus oficiales más íntimos, dos días antes de la invasión a Polonia de 1939.
LE DIREMOS A DIOS
Si ocurriera que no pudiésemos soportar
esta despareja lucha y drenados
de fuerzas y agonizantes
cayéramos al suelo de la muerte para no levantarnos
y el gran crimen terminase
con los últimos ojos Armenios
cerrándose sin ver un día victorioso,
déjanos jurar que cuando encontremos
a Dios en su paraíso ofreciendo consuelo
para enmendar nuestra pena,
déjanos jurar que rehusaremos
diciendo No, envíanos de vuelta al infierno.
Elegimos el infierno. Me hiciste conocerlo bien.
Conserva tu paraíso para los Turcos.
*
El
24 de abril de 1915, ya en marcha la Gran Guerra, el imperio otomano
iniciaba el genocidio contra el pueblo armenio. Miles y miles de
familias fueron enviadas a atravesar el desierto sirio. Abandonadas, a
la deriva, sin agua ni alimentos. Condenadas a marchar hacia la muerte.
Sus pertenencias fueron robadas, así como todos los bienes de la
comunidad. Se realizaron ahorcamientos públicos, se abusó de mujeres y
menores y se secuestró para experimentación médica. Sus intelectuales
fueron ejecutados tratando de borrar la cultura armenia. Una red de 25
campos de concentración se extendió por el territorio y cientos de fosas
comunes escondían los cuerpos. Pueblos enteros incinerados y familias
en cuevas eran asfixiadas con humo en una especie de presagio de las
cámaras de gas. Se estima que 1.5 millones de personas fueron asesinadas
entre 1915 y 1923. El Estado turco aún hoy niega el genocidio
Vahan
Tekeyan, uno de los pocos poetas sobrevivientes de la masacre, que
vivió exiliado en Egipto hasta su muerte, escribió en 1917:
(Fuente: Jorge Montero)
