EL TRABAJO MÁS SOLITARIO DEL MUNDO
THE LONELIEST JOB IN THE WORLD
(Fuente: Jonio González)
(Fuente: Jonio González)
(Fuente: Daniel Freidemberg)
(Fuente: Jonio González)
(Fuente: Gabriel Pantoja)
Enrique Marchant Díaz nació en Santiago de Chile el 30 de octubre de 1960. Estudió Pedagogía en Castellano y se tituló de profesor en 1982. Además de la docencia, ha trabajado en diversas editoriales como editor y corrector de textos.
Ha publicado seis libros: Divina herejía (poemario), Terminal (poemario), 101 adivinanzas chilenas para niños y niñas (Editorial Catalonia), 101 adivinanzas universales para niños y niñas (Editorial Catalonia), 101 haikús para niños y niñas (Editorial Catalonia), Los pueblos de la memoria (narrativa testimonial, publicación financiada por la I. Municipalidad de Montepatria, Chile).
Ha obtenido primeros lugares y menciones honrosas en diversos concursos internacionales de narrativa y poesía (Argentina, Paraguay, Perú, México, Uruguay, Venezuela, Colombia, Australia, entre otros).
Bestia profunda
Aún mis días son restos de enormes muebles viejos.
Pablo de Rokha
En esta hora de serpientes acechando
mis noches son cantos de espantapájaros
No veo la salida a la cumbre de mis salvaciones
solo esta esperanza venenosa
Muevo mi esqueleto hacia las tumbas recién inauguradas
y encierro mi cadáver en las mazmorras del olvido
Cubro mis oídos con arena, pero un agua turbia se cuela
por sus ínfimos rincones y puedo escuchar al mar agonizante
No soy capaz de levantarme de este lecho
y de salir al mundo con su tumulto desquiciado
Me sumo en el abismo de mis tristezas
en la cueva mortal de mis culpas
y canto una misa destemplada a la muerte
que se niega a abandonarme
Mi cuerpo cataléptico yace entre mandrágoras y estiércol
mi voz grita muda a una bestia inexistente
y mi piel se deshoja sin sentido ni cura
Gólgota
me escupen y me escupen
me encierran en el clóset
de la sala de clases del colegio católico
Me pegan
me pegan al pasar
y vuelven a escupir sobre mi sangre negra
Paso por las catorce estaciones
de la muerte
soy crucificado
medio muerto
y enterrado en el patio
pero no resucito
no resucito
mis carnes se corrompen
mis huesos se corroen
mis ojos se van hacia adentro
“¡Sepulcros blanqueados!”, les grito
pero nadie me escucha
nadie me escucha
porque ya no tengo voz ni boca ni laringe
nadie me escucha en esta puta penumbra
de este puto atardecer
y todos se burlan
de mi cuerpo
mi cuerpo esmirriado, estupefacto
mi cuerpo esquelético, grotesco
pudriéndose en estos pastos
de la cancha de fútbol
del reputado colegio católico.
Pájaro invernal
Un jilguero abre sus ojos a la aurora
bajo las hojas congeladas de este invierno repentino
Cobija sus crías muertas e intenta alimentarlas
con pequeñas lombrices
pero los pichones no retornan de su tren oscuro
se sumen en la negrura
El ave finalmente agita sus alas
quiebra el canto
y se pierde en un horizonte destemplado
El hombre roca
A Pablo de Rokha, poeta de la estridencia
Conozco al hombre roca
un toro bravío vociferando su desgracia
una montaña de rebeliones
que claman por la justicia de los pueblos
una boca y una lengua ávidas de cazuelas
humitas longanizas empanadas
para brindar por el universo y agradecer sus placeres
Conozco al hombre roca
que no acepta un no como respuesta
y cuyo quejido llega hasta más allá
de la cordillera de los Andes
que conjura a la luna y desafía eclipses
que vacía su bilis ante los quiebres de la libertad
que ama a su mujer en las luces y en las sombras
que se emborracha de cuecas y sirillas
Conozco al hombre roca
que vende sus escritos escatológicos
a punta de insultos, patadas y puñetes
que ama a las mujeres ariscas y tozudas
bellas en sus formas y duras de rostro
que adora ídolos utópicos
derrumbados por la avaricia de los poderosos
que acaricia a sus hijos con manos descomunales y callosas
pero con la ternura de un potro solitario recién parido
Al hombre que calza su gorra su abrigo sus anteojos
con elegancia pueblerina de pobre soberbio
que me canta de ultratumba
una melodía destemplada
invitándome a descubrir toda la aspereza
de las cosas de este mundo
para pulirlas con la más irrestricta vocación
de militante de la vida
la única que tenemos y que no se repetirá
en las oscuras dimensiones del olvido
Alsinas
Amo estos autobuses, las alsinas, Alsinas Graells Sur.
Mis amigos poetas, que adoran mucho el tren
aunque viajan en coche casi siempre,
consideran exótica mi opción.
No las estimo porque
ya circularan en mi infancia. Amo el tiempo que en ellas
me espera por perder. Me gusta la pobreza
de su palco elevado,
las cortinillas rígidas de sol, la perspectiva dad
por las curvas enésimas. Me gusta mi abandono.
Incluso amo su olor. Huelen como debió de oler, supongo,
la humildad obligada de los exploradores,
huelen como el fular
del penúltimo hippy de este mundo,
huelen a japonesas estudiantes,
a pulcros pensionistas muy enjutos.
Recuerdo que unos chicos de Marruecos
se descalzaron ―venían muy cansados―
en una contorsión de baobabs
y una joven de piel de chocolate,
con medias de panal, merendó un huevo duro
a lo Robert de Niro, diablesca,
y colocó en la rejilla del asiento
con mucha parsimonia
su craquelada cáscara.
Se adentran como rojas lombrices pertinaces
en las profundas plazas de los pueblos,
bordean cien barrancos, bordean deslumbrantes
marejadas de plástico tensado,
la línea de las playas para pobres,
almendrales, pinares, viñas nuevas,
cortijadas ariscas, ramblas desoladoras,
desiertos sin glamour goytisoliano
y aldeas no encontrables
por ningún talentoso anglosajón.
Con su mucosidad de gasolinas
va tosiendo el motor. Esta nave nodriza
tan bronca y nauseabunda
nos acaba acunando como a enormes bebés.
Nuestro viaje contiene cáscaras de aventura,
nanas para mayores, semisueños no escritos,
fábulas de segunda.
Por eso amo estos rojos
autobuses, las alsinas del sur.
Viajan los argonautas (sus bisnietos)
de incógnito en sus rutas, y el camino parece
todavía un camino.
Aurora Luque
en
Años de Trece Meses
13 autoras de la poesía actual en lengua española.
Piedad Bonnett, Isla Correyero, Blanca Andreú, Maite Pérez Larumbe, Aurora Luque, Asunción Escribano, Isabel Bono, Luisa Castro, Pilar Adón, Raquel Lanseros, Ioana Gruia, Berta García Faet, Rosa Barbel
Compilación de Francisco Javier Irazoki
Demipage
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)