lunes, 13 de julio de 2026

Coriolan Ardouin (Petit-Trou-de-Nippes, Haití, 11 diciembre 1812–Port-au-Prince, 12 julio 1835)

 

 

 


 

A IGNACE NAU 

 

I
Amigo mío, cuando truena
cuando el relámpago se deslumbra en nuestros ojos
y que una oscuridad profunda
confunde la tierra con los cielos,
bajo las nubes que los vela
no centellea ninguna estrella
y las aves no tienen más voces
el trueno explota en los árboles. 
 
II
¡Amigo! Cuando el trueno se levanta
los ríos espumosos del mar
se lanzan sobre el arenal
o quieren romperse en el aire.
Mientras no cese la tormenta,
jamás la góndola riendo
al ruido de los remos se ha deslizado
sobre el océano revuelto. 
 
III
¡Ah! Cuando el dolor como un cáncer nos roe
cuando el dardo de las preocupaciones,
¡ay! en nuestros corazones, se tira
y que nuestro futuro en un pálido lejano
se oscurece ante nuestros ojos o vacila incierto
esperamos que nos brille un rayo de esperanza
y, poetas, suframos en la sombra y el silencio!
 
 
(Traducción: Gahston Saint-Fleur, haitiano)
 
En: Palabras de una isla / Paroles d’une île. Primera antología poética de República Dominicana y Haití. Première anthologie poétique de la République Dominicaine el Haití (2012)
Selección / Sélection: Gahston Saint-Fleur / Basilio Belliard
Santo Domingo: Ediciones de Cultura, 2012, pp. 67-68
 

(Fuente: Óscar Limache) 

Miguel Hernández (Orihuela, España, 1910-cárcel de Alicante, 1942)

 

 

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CANCIÓN PRIMERA

 

Se ha retirado el campo
al ver abalanzarse
crispadamente al hombre.
 
¡Qué abismo entre el olivo
y el hombre se descubre!
 
El animal que canta:
el animal que puede
llorar y echar raíces,
rememoró sus garras.
 
Garras que revestía
de suavidad y flores,
pero que, al fin, desnuda
en toda su crueldad.
 
Crepitan en mis manos.
Aparta de ellas, hijo.
Estoy dispuesto a hundirlas,
dispuesto a proyectarlas
sobre tu carne leve.
 
He regresado al tigre.
Aparta o te destrozo.
 
Hoy el amor es muerte,
y el hombre acecha al hombre.
 
 
 
____________________
de "El hombre acecha" (1939) en "Cancionero y romancero de ausencias. El hombre acecha. Últimos poemas", Losada, Buenos Aires, 1963. En la imagen, Miguel Hernández (Orihuela, España, 1910-cárcel de Alicante, 1942) junto a su esposa, Josefina Manresa, Jaén, abril de 1937 (biblioteca virtual Miguel de Cervantes).
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Claudia Dabi (Chivilcoy, Buenos Aires)

 

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SIMULACIÓN 

 

Los zapatos ampollados
el camino grita cardos
cuántas veces habré muerto
castrados esqueletos dicen la verdad
despierto cada día
pero he dejado de vivir
mi conciencia
lleva demasiado tiempo migrando
no temo por mis órganos inexistentes
mi sangre desaparecida
entre datos de probabilidad
renderizados espejos
manipuladas fotografías
anomalía de la realidad
universo que procesa
solo lo que mi ojo quiere ver
mundo que solo existe
si un ojo observador lo demanda
videojuego no divino que devino
de códigos sin ejecutar
vacío, las piedras aprenden
a atravesarse sin hacer ruido
nada es sólido,
el hierro recuerda que fue humo
la materia es un hueco
de memoria fluctuante
mi conciencia lleva un hilo
atado a un escenario
la puerta resuelve si existo del otro lado
la realidad es un telón
que aprende mi respiración
no soy quien parpadea,
es mi conciencia
nodo expectante dentro de un sistema
que decide qué mostrar
un espacio previamente diseñado
para mí.
Por eso me pregunto
cuántas veces morí
cuántos hijos he parido
¿en verdad son ellos luz?
¿y el doble abrazo amoroso,
dos campos que se repelen?
quiénes fueron mis hermanos
cuántas horas lloré en vano
cuántos siglos lleva jugando
mi conciencia inmortal
a ser un cuerpo. 
 
            Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina

 

John Clare (Inglaterra, 1793 - 1864)

 

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EL AMOR VIVE MÁS ALLÁ DE LA TUMBA

 

El amor vive más allá de la tumba,
De la tierra que se desvanece como una sombra.
Yo amo en los abismos,
Pues el fiel y verdadero amor
Yace en un sueño eterno;
La felicidad de las suaves noches
Llora en la víspera del rocío,
Donde el amor jamás es reproche.
Lo he visto en las flores,
Y en la ansiosa gota de lluvia
Sobre la tierra de verdes horas,
Y en el cielo con su inmortal azul.
 
Lo he oído en la primavera,
Cuando la luz certera,
Cálida y amable,
Flota sobre las alas del ángel,
Trayendo amor y música en el aire.
¿Y dónde está la voz,
Tan joven, tan hermosa, tan radiante,
Que envuelve el encuentro de los amantes?
El amor vive más allá de la tumba,
De la tierra, las flores y la sombra,
Yo amo sus torturas,
Sus jóvenes y fieles tersuras.
 
 
 

EL SECRETO

 

Yo te amaba, jamás declaré mi pasión,
Ni al principio, luego incorrecto,
Tu eres mi amor en cada aspecto,
Mi melodía en cada canción.
 
Y cuando vi un rostro extraño
Donde la belleza celebró su reclamo,
Sentí la gracia del hombre,
El ser de tu nombre.
 
Y todos los encantos del rostro y la voz
Que en otros suelo apreciar,
Son sólo el despojo inmortal
De lo que sentía por ti.
 
 
 

AMOR Y SOLEDAD

 

Odio el bullicio y el frenesí del hombre,
que me hizo y me hace cuanto daño puede;
libre del mundo deseo estar preso
con mi sombra por única compaña,
y ver en soledad el fuego de los astros,
mundos que sin cesar al Juicio avanzan.
 
Oh, llevadme a la oscuridad más aislada,
el lugar adorado, donde en sosiego pueda
contemplar las caléndulas más hermosas
y su verdor apretado que estalla en oro.
Adiós a la poesía y al deseo,
borradme del mundo, mas dejadme
la voz de una mujer, que con su melodía
regocije y se apiade del corazón.

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 10.12.1830 – 15.05.1886)

 

 

Emily Dickinson - La gloria es eso radiante y trágico... (J1660) 

 

 
Tráeme la puesta del sol en una copa
 
 

Versión: Isaias Garde
 
/
Tráeme la puesta del sol en una copa,
examina los frascos de la mañana
y dime cuánto rocío hay;
y dime hasta dónde se movió la mañana,
dime a qué hora duerme el tejedor-
que urdió la amplitud del azul.
Consígname cuántas notas componen
el nuevo éxtasis del petirrojo
entre las ramas asombradas-
cuántos viajes emprende la tortuga-
cuántas copas comparten las abejas,
libertinas del rocío.
Y también, quién alzó los pilares del arco iris,
y quién conduce las dóciles esferas
con cuerdas de azul flexible.
Qué dedos sujetan las estalactitas-
quién lleva las cuentas de la noche,
para saber si alguno queda en deuda.
Quién construyó esta cabaña
y cerró sus ventanas de tal modo
que mi espíritu no es capaz de ver.
Quién me permitirá salir, algún día de fiesta,
breve pompa,
con aparejos de vuelo.
 

(Fuente: Alicia Silva Rey) 

Amanda Berenguer (Montevideo, Uruguay, 1921 - 2010)

 

 

 

 

PAISAJE

 

Una estrella suicida, una luz mala,
cuelga, desnuda, desde el cielo raso.
Su cerrada corona acaso sangra.
Acaso su reinado es este instante.
Crecido el mar debajo de la cama
arrastra los zapatos con mis pasos finales.
Sacan los árboles vivos
un esqueleto mío del espejo.
En el techo los pájaros que vuelan
de mis ojos brillan fijamente.
Acaso no esté sola para siempre.
La mesa cruje bajo el peso usado
de las hojas secas. Un viento adentro
cierra la puerta y la ventana y abre
de pronto, entre cadáveres, la noche.
También mi corazón. Ya voy, tinieblas.

 

(Fuente: La Parada Poética) 

Takarai Kikaku (宝井其角, Edo, actual Tokio, 1661-1707)

 

 

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SEIS HAIKUS

 

Cada mañana
¿será la misma alondra
sobre el cielo de mi lecho?
**
El niño ciego
guiado por su madre
frente al cerezo en flor.
**
¡Ah, la luna llena!
en el suelo de paja se dibuja
la sombra de un pino.
**
“Es mía”, pienso
y la nieve me parece ligera
en mi sombrero de paja.
**
Los vagabundos:
cielo y tierra en verano
son su ropaje.
**
¡Mira los gorriones!
en el papel de las puertas corredizas,
sombras en las ramas de bambú.
 
 
 
__________________________
en “Siete poetas del haiku”, Universidad del Valle, Programa Editorial Central, Cali, 2005. Ed. y trad., Juan Manuel Cuartas Restrepo. La imagen, retrato imaginario de Takarai Kikaku (宝井其角, Edo, actual Tokio, 1661-1707), por Utagawa Kunisada, 1861 (detalle)
También llamado Enomoto Kikaku, fue hijo de un médico, recibió una sólida formación académica y, a los quince años, entró en la escuela de Basho. Fue uno de los discípulos más cercanos del maestro, y, con Ransetsu y Kyorai, encabezó el grupo de sus diez discípulos más reconocidos. Fundador de la escuela de haiku Edo-za, se decantó por una poesía de inspiración urbana que ponía énfasis en la novedad, el humor y los recursos retóricos. (Fuente: Satori Ediciones.) 
 
(Fuente: Jonio González)