RECUERDO DE TREVI
Súbitamente aparecida en la mañana
de febrero sonreía la joven
Primavera. La Ciudad entera temblaba
de asombro ante la risa repentina.
Se alegraba en la fuente el travertino
Papal. Y de lo alto del gran monumento
A todas partes se difundía con la espera
del agua un sutil hormigueo plateado.
Pero cuando ella pasó (¡recibí solo una
mirada y casi sentí un inmortal deleite!)
hizo la fuente un alto murmullo
y de los hombros vastos de Neptuno
se elevó, con un claro rumor de alas,
un vuelo de palomas hacia el cielo.
AL IDEAL
Sos la luz límpida y tranquila
donde el mal de los espíritus que huyen
se pierde, así como hojas al viento
se perdía el dictamen de la Sibila.
Sos la fuente que brilla y canta
en el alba y llama a los que esperan a sus aguas:
ellos se acercan como abejas ardientes
al lirio que la miel más pura destila.
Pero yo no puedo ver tu luz
soberana, ahora que un beso cruel
estos párpados dañados agrava.
No puedo beber de tu fuente piadosa,
ahora que un beso cruel entristece
esta boca que tanto te anhelaba.
SED NON SATIATUS
Ya no más en los grises ojos sin brillo
el destello de juventud me sonríe.
Mi bárbara y fuerte juventud
en brazos de mujeres se destruye.
Alto gritando en vano mi cohorte
a las armas me llama y al combate,
a mí que en el ocio mi hermosa suerte
olvido en voluptuosidades traidoras y dementes.
Algo como un tóxico suave ahora asciende
por cada arteria, una larga debilidad me enerva;
y ya no me quedan fuerzas para luchar,
como cuando, frente al viento del noroeste,
me embestía la estrofa ebria y arrogante
que al comienzo declara: “¡Oh mar, oh mar, oh mar!”
II
Ah, bellos cuerpos de mujeres enroscadas
con los anillos de una ágil serpiente blanca,
Aún no logro de sus lazos
Librar mi flanco satisfecho.
Hermosos senos de punta alerta y florecientes
donde al alba mi cabeza agotada reposa
cuando en supremos abatimientos
de placer me endurezco y deshago;
espaldas felinas por cuyos surcos trepo
en ritmo con mis dedos melodiosos
como sobre los nervios de una lira,
dientes a cuya fácil mordedura me entrego,
bocas que sangran más de una herida,
porque dulce es por ustedes marchitarme.
LA IMAGEN
¡Horrible tristeza de la carne inmunda,
cuando la llama del deseo en el hielo
del disgusto se apaga y ningún velo
de amor la inerte desnudez circunda!
(Surgís, entonces, en el alma profunda,
oh Imagen pura. Al igual que sobre el tallo
el fúnebre asfódelo esbelto se pliega,
sobre el cuello inclinás tu dorada cabeza).
¡Inmensa tristeza de la carne bruta
cuando en el pecho tenue el corazón se agita,
solitario y lejano como dentro de una tumba!
(Y vos mirás, siempre mirás, oh silenciosa
Imagen, pura como la leche,
con tus suaves ojos de paloma).
LA QUIMERA
Cumque anima cruor.
Cuando, furia de amor, en laberintos
de rosa la bellísima Quimera
conducía sedientos en hileras
blancos efebos cautivos hacia sus cabellos,
Reían ellos teñidos con su sangre
por la uñas y el beso de la bestia ardiente;
y luego en la llama de esa gran cabellera
se desvanecían como lánguidos jacintos.
Así, oh Sueño mío, en tus tristes auroras
espíritus huidos de mi corazón
emergen a la vez y luchan con estrépito.
Devotos siguen su ciega suerte;
y oyendo de cerca el ruido de la Muerte,
ríen ebrios de alegría y de dolor.
Extraído de: Gabriele D’Annunzio, Canto Novo - Intermezzo, Fratelli Treves, 1896. Versiones de ADRIÁN BOLLINI.
GABRIELE
D'ANNUNZIO (Pescara, 12 de marzo de 1863-Gardone Riviera, 1 de marzo de
1938), fue un novelista, poeta, dramaturgo, periodista, militar y
político italiano. Junto a Giovanni Pascoli y Giosuè Carducci, ocupa un
lugar primordial en la poesía italiana de finales del siglo XIX y
principios del XX. Asociado al simbolismo, al decadentismo y al
esteticismo europeos, D’Annunzio llegó a ser en vida el poeta más
célebre de Italia, recibiendo el epíteto de “Il Vate”. Su participación
en la Gran Guerra lo convirtió en héroe nacional. Fue un ferviente
promotor del ultranacionalismo y creador de la efímera Regencia italiana
de Carnaro, de la cual se autoproclamó Duce. Derrotado por las fuerzas
italianas luego de los enfrentamientos de la denominada Navidad
Sangrienta de 1920, se retiró a su casa a orillas del lago de Garda,
donde pasó los restantes años de su vida escribiendo. Entre sus obras
poéticas destacadas se cuentan Canto nuevo (1882), Poema Paradisíaco
(1893) y Alcíone (1903).
ADRIÁN BOLLINI. Nació
en 1988 en Bragado, Provincia de Buenos Aires. Poeta y traductor.
Publicó por Alción Editora (Córdoba) los libros de poesía Escritos de
Dédalo, Sísifo y Pandora (2009), Ascética de Heuzek (2015) y Poesía
genealógica 2006-2021 (2022). Tradujo a Paul Valéry, Ezra Pound, Roger
Gilbert-Lecomte, Dino Campana, Charles Cros, Germain Nouveau, Tristan
Corbière y Robert Frost, entre otros. Administra junto a los hermanos
Guillermo y Andrés Romero von Zeschau el sitio web Navis fracta –
Literatura y Arte.
(Fuente: alpialdelapalabra.blogspot.com)