martes, 18 de agosto de 2026

Luis Aranoski (Buenos Aires, 1962)

 

 

 

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I. EL RETORNO

 

Reaparece con lo mismo de siempre,
cual elogio a la milanga,
el señor presidente,
premio Nobel de Los Andes de Austria en su caída.
 
Mientras tanto, en una cabalgata infernal,
a ningún cielo:
el empleo, los ingresos, la corrupción,
la pobreza y el futuro de la economía
son la punta del deshielo.
Algo preocupante para millones de argentinos,
y para el país todo.
 
Para quienes saben de música,
Arnold Schönberg es un poroto
en esta dodecafónica y abismal sinfonía.
 
"Ver el futuro es como repetir el pasado"
pesa.
Regresan los fantasmas de siempre,
y los que dijeron combatir
se convirtieron en la misma bosta,
pero como vampiros en su ceguera,
mientras se cuelgan de las papas calientes
en una ópera decadente,
con visión a 30 años:
"cuando la Argentina vuelva a ser grande".
Y mis cenizas, o apenas los huesos,
ya sean el olvido.
 
 

II. EL PRONTUARIO

 

Para terminar este prontuario de palabras:
 
¿Qué decir ante el peso poderoso
de un outsider bajo los influjos del insider?
¿Las biblias evangélicas?
¿El "agarrá la pala"?
¿Los temores kukas?
 
En el plato está servido,
cual obra shakespeareana,
el veneno del fracaso.
También espero la extinción
de toda tu maldita tropa.
 
Será cosa de aguantar y ver
cómo entrelazan lenguas...
porque al final
de nuevo
nada.
 
 

III. EL NECROLOGIO

 

Murieron Sacco y Vanzetti.
Murieron miles de obreros por la nada
y la revolución encíclica de la muerte.
De la traición.
Murió la tierra entera.
 
El humus.
La basura cósmica.
La chatarra espacial en las venas de tus estrellas.
 
Murió Jesús.
Biondi.
Olmedo.
Mataron a Petete en los recuerdos.
Mataron al pingüino emborrachándolo con uvas negras.
 
Murió mi celular y mi rígido.
Mueren todos.
Se van todos y quedan los mismos.
 
Murió la economía.
Tu casa.
Tu verde.
Tu abrazo de amor.
 
Murieron miles de hijos de mil putas
y miles de niños cabizbajos del hambre,
del pasado,
del olvido,
de la miseria.
 
Murió la represión y el dolor.
Sigue la represión y el dolor.
Sigue el olvido con vestido nuevo.
 
Murió Brian Epstein.
Lennon.
Harrison.
Garrison y el Garrahan.
 
Murieron varios pibes en hospitales.
Murió "Perón o Muerte".
La tercera posición.
Los montos.
El ERP.
 
Aún viven los milicos.
Los ratis vivos.
El sistema que te pudre.
 
Murió mi amigo Romanelli.
Murió el gaucho.
El sindicalista.
El parrillero de la esquina.
 
Murió la concha y la lora.
 
 
 

IV. LO QUE QUEDA

 

No murió el alma de las cosas.
El beso de tus hijos.
La alegría de aquel gol.
El brindis por brindar.
 
Y por sobre todas las cosas,
lo que todavía no murió
es
 
*** 
 
ESTA!!!
Junto a Piltrafa nuestro San Martín del punk. Con todo respeto
 

María Sol Morais (Canals, Córdoba, 1987)

 

 

10 poemas 10 

 


Obra de Aron Wiesenfeld

 
SECUELA

Quitarle a un pez el anzuelo
que le atravesó todo el cuerpo
y devolverlo al mar.

¿Vivirá?




Obra de Aron Wiesenfeld

NUNCA NEVÓ EN CANALS

Conocimos la nieve
en junio de 1996
y así quedamos,
cada uno,
con su muñeco de trapo en la mano,
enceguecidos por el frío,
sobreviviendo entre techos pueblerinos,
alrededor de un ferrocarril,
donde nunca más
pasó un tren.


Obra de Aron Wiesenfeld
 
 
DAMOS SALA

Vas a tener 9 años 
recién cumplidos, 
se te va a acercar una monja,
te va a decir: “Dios se lleva a su jardín
las mejores flores”. Luego,
sonará por todos lados: 
los buenos mueren, los buenos
mueren. 
Vas a tener 12 y otra vez la muerte
respirándote cerca, 
tan cerca que grabarás a fuego 
su aliento agrio,
se te meterá adentro,
cuestionándote la fe,
la vida, 
el sentido.
Te van a decir
tantas cosas, te vas a decir
tantas cosas. Nadie te va decir: 
“preparate chiquita”, 
“esto recién comienza”, 
“empezaste temprano”, además
de la muerte de tu padre y de tu madre,
de la idea de familia, de todo lo que creías
seguro, verás morir
seres amados, tuyos y de tus amigos,
morirás vos misma, una y otra vez,
conocerás el eterno poema de Perlongher 
y descubrirás cadáveres 
por todos lados, la muerte
será parte de la escena, a veces
protagonista principal,
doble de riesgo,
telón de fondo, entonces, la vida
burdamente absurda, 
se matará de risa en tu cara,
tanto, 
que te hará reír,
llorando incluso, a carcajadas,
reirás.


CÍCLICA

La mesa era redonda,
es redonda, quiero decir,
sigue existiendo,
la tiene uno de mis hermanos.
Guarda en su interior
dos tablas,
se abre al medio,
despliega sus alas,
se agranda y queda ovalada.
Cuando dejamos de ser seis
ya no fue necesaria su extensión,
quedó redonda,
circular, como el uroboros
y nunca sabés bien
si el ciclo termina
o está por comenzar.


Obra de Aron Wiesenfeld
 
 
EN EL NOMBRE DE ELLA

Rezábamos
todas las noches
como rutina de iniciación,
tus dedos en mi frente 
sellaban,
mansamente una cruz
de arriba abajo,
de sien a sien,
tapada por un flequillo
intacto
donde perdura
la bendición.


‘The Last Stop’ de Aron Wiesenfeld

 

 

SUEÑO RECURRENTE I

¿Alguna vez soñaste 
que eras chico
y el auto se ponía en marcha
con vos adentro?
A mí me pasaba seguido.
Mi viejo decía: “esperame acá,
no le abras a nadie, ya vuelvo”,
pero no alcanzaba a poner un pie en la despensa,
que el Duna avanzaba sin pausa,
mientras mi voz se estrellaba contra el vidrio
y él corría detrás.
El escenario no cambiaba,
la esquina con la casona vieja,
el bulevar,
el ferrocarril de fondo
y el veredón siendo testigo principal.
Con el tiempo, la desesperación,
como un relámpago,
se fue desvaneciendo,
pero yo seguía ahí, atrapada
como un pájaro en una jaula rodante,
pasando por esa esquina
sin parar, viendo a mi padre
achicarse a la distancia, en la vereda.
Un día, aún sin ser mayor de edad,
parece que aprendí a conducir,
esquivaba otros autos,
pasaba a saludarlo y nos decíamos,
ventanilla y bulevar mediante,
lo mucho que nos extrañábamos.
Nunca supe cuándo pactamos
encontrarnos siempre
en la misma estación,
pero recuerdo esa fiesta,
la pista de patinaje,
el trozo de brea
y mi cuerpo cayendo.
Tenía 6 o 7 años, una muñeca
fracturada, expuesta
y un padre sosteniéndome la mano.
En el quirófano,
mientras las hormigas coloradas
trepaban por mis venas
sin dejarme decir “uno”,
los médicos contaron hasta tres.
Desperté aturdida bajo una luz incandescente,
una puerta gigante se abría,
y el que entraba, era él.
Durante años
pensé que así sería mi muerte,
una luz brillante,
una puerta abierta y ellos,
esperándome del otro lado.
Ahora que creo en otras cosas,
y ya no lo busco en ferrocarriles,
ni en bulevares,
basta un motor encendido,
cualquier Duna pasando por alguna calle,
para que me suba a esa ruta invisible
donde la complicidad
es apenas un guiño
entre dos sombras que se cruzan,
dos destellos que se miran de reojo
y quedan ardiendo,
inalcanzables y unidos,
para siempre.


Obra de Aron Wiesenfeld
 
AHONDAR

Con la misma prisa 
con la que el reflejo del cielo
desaparece en un charco, 
lo que brilla en la superficie se oxida
y aunque todo lo profundo ama el disfraz, 
es necesario tocar fondo de vez en cuando,
rozar la médula del agua, 
bucear las oscuridades, allí 
donde el silencio guarda todos sus fósiles,
aprender del camuflaje de los peces, 
llorar como ellos
sin que nadie se dé cuenta.


Obra de Aron Wiesenfeld
VÍCTIMA

Estoy acá,
no me fui,
no voy a irme,
seré tu sombra y tu luz,
regaré tus plantas,
pondré tu canción favorita,
te haré bailar,
me olvidarás como a aquel paraguas,
te mojaré entera,
morirás de frío,
te enfermaré, luego
te llevaré a la cama,
pondré paños fríos en tu frente,
te abrigaré,
prepararé té de jengibre, miel y limón,
cocinaré para ti,
te alimentaré,
me alimentarás,
me acostaré a tu lado,
te abrazaré,
nunca más
estarás sola.


Obra de Aron Wiesenfeld
 
 
TIEMPO ORGÁNICO

Así como no hay error
en la oruga
ni en la mariposa,
ningún fruto cae
fuera de estación.
La aceptación es un pasillo oscuro, 
sinuoso,
lleno de espinas,
laberíntico, que desemboca
inevitablemente 
en un campo florido. 
El jardín sabe de espera.
Hasta el dolor más hondo 
madura
cuando la rama lo suelta.



Obra de Aron Wiesenfeld
 
 
REALIDAD PARALELA

Madre, madre,
vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida.

I

En una realidad paralela
el 30 de junio
del año 2000
me atendés el teléfono,
confirmás la remisión
de la enfermedad,
volvés al pueblo,
la raíz se expande
ramificando el linaje,
cobijás con tejidos coloridos
los nuevos frutos,
hasta que la vida
siguiendo su curso,
te encuentra un día
acostada en tu cama,
rodeada de nietos,
escuchando de sus voces
los cuentos que antes les leías
y una brisa suave entra por el balcón,
te envuelve,
te duerme,
te lleva,
mientras entibio tus manos
con esa gratitud
de haber gozado
la vida que nos dimos.

II

En una realidad paralela
desciendo livianamente,
caigo,
soy alivio,
lluevo.

La casa profunda, 2025




María Sol Morais 
(Canals, Córdoba, 1987)
Reside en Córdoba 
POETA/LICENCIADA EN TRABAJO SOCIAL/
NUMERÓLOGA/ASTRÓLOGA
de La casa profunda, (edición de autora), 2025 
Arte de tapa Joaquin Bonetto
Contratapa de Jorge L. Carranza

 

 

 

(Fuente: Emma Gunst) 

Alfredo Rescia (Leones, Córdoba)

 

 

 

 

 

 

RECADOS 

 

11
A quien es.
A quien soy.
 
No lo dejan ser.
 
Mas
Arado el corazón
como Cartago.
 
El sueño
sigue ardiendo.
 
Oh, Marcia.
El amor
que atraviesa los siglos
está poblado de cantos.
 
12
Regresa Marcia.
Los días
tierra de amargas hierbas.
 
Y en las noches
el vino con especias,
trae sueños
que se repiten
como las lluvias de diciembre.
 
¿Deberé pensar
en un soplo de los dioses?
 
Oh, Marcia.
Mi corazón
es una tea en llamas.
 
Por qué
tienes que partir
como las aves.
 
Como ellas
te haces lejana.
 
13
Quién
desata los nudos.
 
Quién
en el ahora,
tiene en su mano
la hoja verde
y su ceniza.
 
Acaso el sueño
es la luz
de un Dios sin nombre.
 
Alta
es su palabra.
 
Los renglones torcídos
nuestras voces.
 
Ah.
Tu boca encienda.
 
Quien
sin ayer ni mañana,
mira
la rosa viva,
y su yerta ceniza.
 
14
Lo dice Roma.
 
No habrá
indulgencia en la espada.
 
Escarmiento
a quien mire
más allá de su sombra.
 
Ay,
de quien
siga los pasos de Espartaco.
 
Vía Apia.
Vía Cruces.
 
Oh, Marcia.
El sueño más grande
es no tener cadenas.
 
15.
Grito del sur.
 
Blancos pañuelos.
 
Amargo
como las aguas del Tirreno
el venidero día.
 
Las altas nieves
del dolor.
 
El cuerpo
pozo de tormento.
 
A cara o cruz
por un sueño.
 
Oh, Marcia.
Algo en mi corazón
se hiela como los trigales.
 
El precio
de todo
fue todo
 
16
Cómo callar.
 
Sopla el tramontano
entre los pinos.
 
Y aviva
las brasas de los sueños.
 
Oh, Marcia.
No sea en vano
el llamado de los horizontes.
 

Reizl Zhijlinsky, o Rajzel Zychlinski (Gabin, Polonia, 1910-Concord, EE. UU., 2001)

 

 

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DIOS OCULTÓ SU ROSTRO

 

Dios ocultó su rostro.
 
Todos los caminos llevaron a la muerte
todos los caminos.
 
Todos los vientos respiraban traición
todos los vientos.
 
En todas las puertas ladraron perros furiosos
en todas las puertas.
 
Todas las aguas se rieron de nosotros
todas las aguas.
 
Todas las noches engordaron con nuestro pavor
todas las noches.
 
Y los cielos estaban desnudos y vacíos
todos los cielos.
 
Dios escondió su rostro.
 
 
 
_______________________
en “El resplandor de la palabra judía”, Arte y Papel, Buenos Aires, 1996. Ed. y trad. del yiddish, Eliahu Toker. Véase también "In nomine Auschwitz", Carlos Morales del Coso, ed., Citma-Última Línea, Málaga-Madrid, 2022. En la imagen, Reizl Zhijlinsky, o Rajzel Zychlinski (Gabin, Polonia, 1910-Concord, EE. UU., 2001 / Zchor
 

(Fuente: Jonio González) 

Kenneth Rexroth (South Bend, Indiana, EEUU, 22 diciembre 1905–Santa Bárbara, California, 6 junio 1982)

 

 

Puede ser una imagen de texto que dice "อ POESIA Poesía norteamericana: Kenneth Rexroth agosto 16, 16,2026" 

 

Algunos poemas de "Los poemas de amor de Marichiko" (Unbudha ediciones, 2025), de Kenneth Rexroth. Introducción y traducción de Gastón Navarro. Gracias, Alí Calderón.
***
 
 
 
VIII
Un solo rayo al amanecer,
la dicha de nuestro amor
es incomprensible.
No hay sol que brille allí, ni
luna, ni estrella, ni relámpago,
ni siquiera una lámpara.
Todas las cosas son incandescentes
con el amor que enciende el mundo entero. 
 
XI
El uguisu canta en los árboles en flor.
Las ranas cantan en los juncos verdes.
En todos lados el mismo llamado
de un ser a otro ser.
Las nubes sombrías se mecen en el vacío.
Los botes pesqueros se mecen en la marea.
Las velas se los llevan mar adentro
pero las sogas, tejidas como antes,
con el pelo de sus mujeres,
los traen de vuelta
surcando sus reflejos sobre las verdes profundidades
hasta los puertos del amor.
 
XIII
Tendida en el prado, abierta a vos
bajo el sol del mediodía,
una bruma difusa oculta a medias
los pétalos de mi rosa.
 
XXI
La luna llena de primavera
se eleva desde el vacío,
y desplaza la red
de estrellas, una esfera de cristal puro
sobre terciopelo pálido, engastada con gemas.
 
XXV
Tu lengua late y se mueve
adentro mío, y yo me ahueco
y ardo con luz
arremolinada, como al interior
de una vasta perla que se expande.
 
XXVIII
La primavera se adelantó este año.
Laureles, ciruelos, duraznos,
almendros, mimosas:
todos florecen a la vez. Bajo la
luna, la noche huele a tu cuerpo.
 
XXXIII
Mientras nos despertamos para hacer el amor,
después de una larga noche,
no puedo olvidar
el crepúsculo perfumado dentro del
triángulo de mi vello negro.
 
XLII
¿Cuántas vidas pasaron
desde que entré por primera vez
en el torrente del amor,
para descubrir por fin que no hay orilla?
Y sin embargo, sé que volveré a entrar
una y otra vez.
 
XXXI
Algún día
todo lo que queda
de nuestras mentes enardecidas,
todo el mundo urdido por nuestro amor,
su origen y su muerte,
quedará reducido a seis pulgadas de ceniza.
 
LII
Alguna vez brillé
como una montaña nevada.
Ahora estoy perdida,
como una flecha disparada en la oscuridad.
Se marchó y debo aprender
a vivir sola,
a dormir sola, como un ermitaño
hundido en lo profundo del bosque.
Aprenderé a andar
sola, como el unicornio.
***
 

(Fuente: círculodepoesía / Vía Diego Roel) 

Marianne Moore (Estados Unidos, 1887-1972)

 

 

"Silencio"

 

 


 
 
 
 
Mi padre solía decir:
“La gente superior no hace largas visitas,
hay que enseñarles la tumba de Longfellow
o las flores de vidrio de Harvard.
Seguros de ellos mismos como el gato—
que pone en privado su presa,
la cola floja del ratón colgada
de su boca—
como un cordón de zapato—
Algunas veces gozan de soledad,
y pueden privarse de las palabras
por palabras que los han deleitado.
El sentimiento profundo siempre se muestra en silencio;
no en silencio, sino represión”.
Ni fue insincero al decir: “Hagan de mi casa su posada”.
Posadas no son residencias.
 
 

Marianne Moore, incluido en Antología de la poesía norteamericana (Fundación editorial El perro y la rana, Venezuela, 2007, selec. de Ernesto Cardenal, trad. de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal).
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 

 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

"... tierno llora su ternura de ternero mamón..."
Alain Delon en Córcega, reportaje para Paris Match,1963)
 
 
Las tapas
que encierran
este conjunto poemagógico
es primor
y melocotón en almíbar.
 
Luces venecianas
del Tintoretto
y traslación corta
de san Marcos,
esa masa
que gira y se detiene,
esos torácicos huesos
evanescentes,
¿almas?
¿bubones?
¿pinceladas que no pudo borrar?
¿engaños ópticos destinados al futuro?
¿chapucería?
¿firuletes cuasi barrocos?
¿acantos y leones muy siglo XV?
 
En fin,
intentos capciosos
en cartopapel amarillento
que se expulsan con este humo
de un cigarro
que compré en Isla Alberdi,
Paraguay,
allá en los albores del 90.
Prólogo pulsea
la primera página,
bonarda en el jarro
y mortadela entre pan y pan,
un adelanto
escrito por un amigo de la infancia
con un poco más de ideas
que un alfajor.
 
¿Los poemas?
Pues, no sé si así se llaman,
pobrísimos,
ni sonetos ni madrigales,
ni yámbicos,
no revestidos de esa gravedad
romana
que en Hispania o Antioquía
eran sello, laurel y púrpura.
 
Desmadrados
los ojetitos.
 
Yo sufro,
yo sonrío,
yo leo a mi astrólogo
y él me cobra dos dólares
la sesión,
yo amo y no hallo
una frase de barrio y corralón.
 
Yo y yo = yo = yo y yo.
 
Yo estresado y transitivo,
lloriqueo cual pueblerino,
cosillas comunes,
aburrimiento dominical,
ecumenismo que W. Benjamin
diseminó por ahí,
sin esmerarse
en góndolas, piazzettas y canales.

- Inédito -