viernes, 19 de junio de 2026

Efraín Huerta (Silao, México, 1914-Ciudad de México, México, 1982 )

 

 

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LA EDAD DE NIEBLA

 

La palabra resbala.
Palabra sin edad, en huida.
Desnudez en el cielo.
Rosas tibias en la vertiente
suave y violeta del destierro.
Cuerpo de niebla
en divino altorrelieve.
Ojos grises, vecinos
de todos los inviernos.
Soberbia rebelión de las mayúsculas
cuando el nuevo convenio
entre las tempestades
y el subsuelo.
Entre el espanto del deseo
y el sabor a manzana de los senos.
Las sirenas ancianas,
para la angustia del naufragio
paren robustos ángeles
con cara de martirio
y sexo de cristal.
Y el sueño en el umbral
de la niebla. La voz
se quiebra en cuanto
principia a ser mi voz.
Tengo en mi biografía
capítulos de espectro apuñalado.
Momentos de cadáver
de estatua. Segundos
de un amor que no es el mío.
 
 
_____________________
de "Absoluto amor" (1935) en "Poesía completa", Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, tercera edición corregida y ampliada, 2014. En la imagen, Efraín Huerta (Silao, México, 1914-Ciudad de México, México, 1982 / Ómnibus)
 

(Fuente: Jonio González) 

Cristina Peri Rossi (Montevideo, Uruguay, 1941)

 

 

«La bacante»

 




 
 
Allí, escondida en las habitaciones.
Ah, conozco sus gestos antiguos
la belleza de los muebles
el perfume que flota en su sofá
y su ira
que despedaza algunas porcelanas.
Husmea las flores encamadas
las estruja nerviosamente
—esa belleza la provoca—
las rasga las lanza lejos
caen los doseles sobre el lecho
se pasea febril por las habitaciones
está desnuda y nada la sacia
abre cajones sin sentido
enciende el fuego en la chimenea
regaña a las criadas
y al fin, temible, con el hocico temblando,
se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo.





en Amores iguales, 2002

 

(Fuente: Descontexto) 

Andrés Carranque de Ríos (España, 1902-1936)

 

 

"Miserere en la prisión"

 


 
 
 
 
Me quedará el recuerdo de mis albas serenas
como bíblico encanto de mis horas solemnes.
Y allá en mi tarde amiga, sin el amor que espero,
por mis jardines muertos caminaré doliente.

Serenidad de ocaso. ¡Oh, tarde pastoral
que iluminas mi celda en un rojo que muere!
Están las rosas secas en mis otoños trágicos,
y en un coro de sombras se canta Miserere.

Me quedará el recuerdo de mis albas nostálgicas.
Cenizas de otro tiempo que mis horas contienen
en esas emociones de los oros ya pálidos.
Y entre todos los oros, me quedará tu nombre.
 
 

Andrés Carranque de Ríos en Nómada (1923), incluido en Obra completa (Ediciones del imán, Madrid, 1998, ed. de José Luis Fortea).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 

 

Pablo Neruda (Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973)

 

 

Oda al hígado

Modesto,
organizado
amigo,
trabajador
profundo,
déjame darte el ala
de mi canto,
el golpe
de aire,
el salto
de mi oda:
ella nace
de tu invisible
máquina,
ella vuela
desde tu infatigable
y encerrado molino,
entraña
delicada
y poderosa,
siempre
viva y oscura.
Mientras
el corazón suena y atrae
la partitura de la mandolina,
allí adentro
tú filtras
y repartes,
separas
y divides,
multiplicas
y engrasas,
subes
y recoges
los hilos y los gramos
de la vida, los últimos
licores,
las íntimas esencias.

Víscera
submarina,
medidor
de la sangre,
midiendo y trasvasando
en tu escondida
cámara
de alquimista.
Amarillo
es tu sistema
de hidrografía roja,
buzo
de la más peligrosa
profundidad del hombre,
allí escondido
siempre,
sempiterno,
en la usina,
silencioso.
Y todo
sentimiento
o estímulo
creció en tu maquinaria,
recibió alguna gota
de tu elaboración
infatigable,
al amor agregaste
fuego o melancolía,
una pequeña
célula equivocada
o una fibra
gastada en tu trabajo
y el aviador se equivoca de cielo,
el tenor se derrumba en un silbido,
al astrónomo se le pierde un planeta.

Cómo brillan arriba
los hechiceros ojos
de la rosa,
los labios
del clavel
matutino!
Cómo ríe
en el río
la doncella!
Y abajo
el filtro y la balanza,
la delicada química
del hígado,
la bodega
de los cambios sutiles:
nadie
lo ve o lo canta,
pero,
cuando envejece
o desgasta su mortero,
los ojos de la rosa se acabaron,
el clavel marchitó su dentadura
y la doncella no cantó en el río.

Austera parte
o todo
de mi mismo,
abuelo
del corazón,
molino
de energía:
te canto
y temo
como si fueras juez,
metro,
fiel implacable,
y si no puedo
entregarme amarrado a la pureza,
si el excesivo
manjar
o el vino hereditario de mi patria
pretendieron
perturbar mi salud
o el equilibrio de mi poesía,
de ti,
monarca oscuro,
distribuidor de mieles y venenos,
regulador de sales,
de ti espero justicia:
Amo la vida: Cúmpleme! Trabaja!
No detengas mi canto.
 

Pablo Neruda (1960) - Photographic print for sale

(Fuente: Ezequiel Zaidemwerg Dib)

 

jueves, 18 de junio de 2026

Jorge Enrique Adoum (Ambato, Ecuador, 29 junio 1926-Quito, 3 julio 2009)

 

 



ECUADOR

 

1. La geografía
 
Es un país irreal limitado por sí mismo,
partido por una línea imaginaria
y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide.
Si no, cómo podría la extranjera retratarse
pierniabierta sobre mi patria como sobre un espejo,
la línea justo bajo el sexo
y al reverso: “Greetings from la mitad del mundo”.
(Niños, grandes ojos rodeados
de esqueleto, y un indio que se llora
montañas de siglos tras de un burro.)
 
 
2. La memoria
 
Cariada el alma, duele en el nervio de la raíz
ese pasillo, y yo, perro de Pavlov, voy de un salto
a sentarme en la puerta de la hojalatería
(allí siempre era de día) a husmear la calle
por la que me fui a volver y me siguen pegando.
Cuando no se tiene patria todavía sino
esa tristura irremediable debajo del orgullo,
patria es el bolsillo de la memoria de donde
saco esto: la indiada amazorcada en la borrachera
de la misa y desgranada a puntapiés el domingo de tarde,
el cementerio a donde acompañé a tanto compañero
de la escuela a repasar las tablas de la ley: esto,
trozos de un animal antiguo, esto me basta, reconstruyo
íntegro el tórrido patriótico paleolítico folklórico,
las cuarteaduras de la república, la greda consuetudinaria
en que resbalamos a gusto. (Tú también, huesito
de dinosaurio, tu tobillo por donde estás atada
a mí, gran descuartizada, y tu otro tobillo
por donde estás atada, porque yo soy tu destierro).
Y la canción con que arrullan al asesinado
para que se muera sin decir nada
y con que hacen sufrir al perro
para ver cómo se llena su glándula.
De gana. Por puro experimento.
 
 
3. La historia
 
Nadie eligió a la iguana: saurios
periodos militares: primer lunes
de la tierra donde el pleistoceno es todavía
ese futuro de que habla el bolchevique.
Cuando atraca la Beagle, el cuadrumano autóctono
aún no se ha enterado de que ha vencido a Dios
y se asusta, se persigna con sal, arrepentido:
“Solo el buitre tiene razón”. (La tortuga,
con su tristeza histórica, sigue arrastrando
su pereza caparazón a cuestas).
                                                                   Islas de volcán
y bestia, datos de Darwin.
                                               Una fauna
lenta hambrienta lo persigue en el paisaje
hambriento: solo el buitre gobierna.
                                                                                 “Acosado
por propalar rumores falsos sobre la selección
de las especies y la supervivencia del más fuerte.”
 
Hablaba de los compañeros desterrados.
 
 
 
Curriculum mortis (1968)
En: Poesía hasta hoy 1949-2008 II
Quito: Ediciones Archipiélago, 2008, pp. 737-741
 

(Fuente: Óscar Limache) 

Geoffrey Hill (Bromsgrove, Worcestershire, Inglaterra, 18 junio 1932‒Cambridge, 30 junio 2016)

 

 

 

EL MUCHACHO SALTARÍN 

 

1.
He aquí el muchacho saltarín, el muchacho
que salta mientras hablo.
 
Está a sus anchas en el camino real,
a oídos de la casa alta, su ciego
alero, los árboles; conozco este lugar.
 
La senda, en gruesas líneas fuera del campo de visión,
se acaba en cualquier parte pero no en Lyonnesse,
aunque es de Lyonnesse de donde he de traerte,
 
por huertos tenebrosos, a través de las lomas
de tojo de la antigua tierra comunal
devuelta en todas partes al futuro de la memoria.
 
2.
Brinca porque siente una seria
alegría al brincar. Los ojos de la chica
 
tienen vedado el paso, o bien ella
está a un paso, a cubierto, y nosotros,
sin saber cómo, debemos saberlo.
 
Apuesto que idolatra su cabeza plebeya
de balín, sus aladas zapatillas de lona
de nuevo Hermes, su abollado casco de juguete
 
sujeto con elásticos. Está ganando
una guerra justa y trascendental
contra la gravedad.
 
3.
Tal vez sea un caso de levitación. Yo
podría hacerlo. Dar a su nuevo cuerpo
mi remembranza. Tales incidentes ocurren.
 
4.
Sigue saltando, saltarín; el muchacho que fui
grita vamos.
 
XIII
¿Qué vidas que se esconden en Dios? ¿De quién?
¿Quién puede decir ahora lo que ha tomado, o dónde,
o cómo, o si es que fue recibido:
cuán abandonado, despojado, arraigado, tamizado, diseminado por todas partes,
podrido en tierra vegetal, aceptado
como concreto civil, bloques
de cemento reforzables:
vertido en el Danubio, el Rhin, el Vístula, cubierto
con el lodo Báltico y Póntico:
cometido in absentia para la solemne elevación,
Trauermusik, musique funèbre, música
fúnebre, para hombres y mujeres,
voces repicando a capella,
hechas para coros con dos cuerdas, metales congregados,
intérpretes elegidos alzando trompetas barrocas,
como sopladores de cristal, invenciones
de un orden superior?
 
 

CANCIÓN DE SEPTIEMBRE

 

Indeseado pudiste haber sido, intocable
no eras. Ni olvidado
ni pasado por alto en el momento correcto.
 
Como era estimado, moriste. Las cosas marchaban,
suficientes, hacia ese fin.
Tanto Zyklon y piel, terror
patentado, tanto llanto de rutina.
 
(He hecho
una elegía a mí mismo
es cierto)
 
Septiembre engorda en las viñas. Las rosas
se descascaran desde las paredes. El humo
de fuegos inofensivos llega hasta mis ojos.
Esto es demasiado. Esto es más que suficiente
 
***
 
(Fuente: Henderson Espinosa) 
 

Onésimo Silveira (Mindelo, Cabo Verde, 10 febrero 1935– São Vicente, 29 abril 2021)

 

 

 

 

 

UN POEMA DIFERENTE

 

 
La gente de las islas quiere un poema diferente
Para la gente de las islas:
Un poema sin gemidos de hombres desterrados
En la quietud de su existencia;
Un poema sin criaturas que se alimenten
De la leche negra de las horas abortadas
Un poema sin madres que miren
El cuadro de sus hijos sin madre...
La gente de las islas quiere un poema diferente
Para la gente de las islas:
Un poema sin brazos a la espera de trabajo
Ni bocas a la espera de pan
Un poema sin barcos cargados de gente
Camino hacia el sur
Un poema sin palabras estranguladas
Entre las rejas del silencio...
La gente de las islas quiere un poema diferente
Para la gente de las islas:
Un poema con savia naciendo en el corazón del ORIGEN
Un poema con batuque y chabeta y badias de Santa Catarina
¡Un poema con bamboleo de caderas y carcajadas de marfil!
La gente de las islas quiere un poema diferente
Para la gente de las islas:
¡Un poema sin hombres que pierdan la gracia del mar
Y la ilusión de los puntos cardinales!


UM POEMA DIFERENTE

 

O povo das Ilhas quer um poema diferente
Para o povo das Ilhas:
Um poema sem gemidos de homens desterrados
Na quietação da sua existência;
Um poema sem crianças que se alimentem
Do leite negro das horas abortadas
Um poema sem mães olhando
O quadro dos seus filhos sem mãe...
O povo das Ilhas quer um poema diferente
Para o povo das Ilhas:
Um poema sem braços à espera de trabalho
Nem bocas à espera de pão
Um poema sem barcos lastrados de gente
A caminho do Sul
Um poema sem palavras estranguladas
Nas grades do silêncio...
O povo das Ilhas quer um poema diferente
para o povo das Ilhas:
Um poema com seiva nascendo no coração da ORIGEM
Um poema com batuque e tchabéta e badias de Santa Catarina
Um poema com saracoteio d’ancas e gargalhadas de marfim!
O povo das Ilhas quer um poema diferente
Para o povo das Ilhas:
Um poema sem homens que percam a graça do mar
E a fantasia dos pontos cardeais!
 
 

A DIFFERENT POEM 

 

The people of the islands want a different poem
For the people of the islands;
A poem without exiles complaining
In the calm of their existence;
A poem without children nourished
On the black milk of aborted time
A poem without mothers gazing
At the vision of their sons, motherless.
The people of the islands want a different poem
For the people of the islands:
A poem without arms in need of work
Nor mouths in need of bread
A poem without boats ballasted with people
On the road to the South
A poem without words choked by the harrows of silence.
The people of the islands want a different poem
For the people of the islands:
A poem with sap rising in the heart of the BEGINNING
A poem with Batuque and tchabeta and the badias of St. Catherine,
A poem with shaking hips and laughing ivory.
The people of the islands want a different poem
For the people of the islands:
A poem without men who lose the seas’ grace
and the fantasy of a main compass points.

(Traducción: Óscar Limache, peruano)
 
En: The Penguin Book of Modern African Poetry (1963)
Edited by Gerald Moore and Ulli Beier
Harmondsworth, Middlesex, England: Penguin Books, 1998, p. [47]
 

(Fuente: Óscar Limache)