sábado, 31 de octubre de 2026

Héctor Ciocchini​​ (La Plata, 1922 - 2005)

 

 

 

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Héctor Ciocchini​​ (1922).​​ Padre de María Clara, secuestrada y desaparecida en La Plata desde el 16 de septiembre de 1976. Premio Konex 1996. Profesor en Letras. Entre sus publicaciones se destacan:​​ Temas de crítica y estilo​​ (1960),​​ Los trabajos de Anfión​​ (1969),​​ El sendero y los días​​ (1973),​​ Monstruos y maravillas​​ (Con Luigi Volta, 1992) y​​ Homenaje a John Keats​​ (1995). Falleció en 2005.
Círculo de Poesía. Revista Electrónica de Literatura comparte algunos poemas de "Herbolario" (Torres Agüero, 1982). La reseña es de Laura Rosato. Gracias, Alí Calderón, por difundir la obra de este autor injustamente olvidado. 
 
 
***
 
Junto a las tierras de las demoliciones
las nuevas catacumbas, olor fluvial de túneles.
Aún no se ha disipado
la intimidad de cuartos y escaleras
que dibujan los muros.
La nueva fundación huele a brea
y en el carmín fosforescente parten
como adioses los barcos
grávidos del ancho aliento de la vida.
Se obstina entre alambradas la bella enredadera.
En su fresca salud
los obreros como árboles magníficos
banquetean con su pobre comida.
La luz color azogue los protege.
Un cónsul romano
se asoma por un postigo entreabierto.
Se recluye la majestad del nacimiento
y acepta el destino
de una nueva salud imperturbable.
***
 
Todo está​​ por decirse
porque unos dedos invisibles dibujan
con un pincel oscuro
la humedad, el íntimo secreto
de las plantas.
Quisiera tomarte de la mano
y desaparecer de todo recuerdo,
volver a la humedad de la tierra,
hundirme para siempre
en un delicado olvido vegetal.
Algunas finísimas ventanas nos vieron,
alguna última lumbre brilló
en una herrería abandonada
para que se incendiara
una luz que no conocemos.
Para que el ser que nos habita devorara
unos fosforescentes lodos;
y nos dijera que nuestra muerte camina
gozosa hacia un pueblo
de deslumbrante exploración.
***
 

(Fuente: Diego Roel) 

José María Arguedas (Andahuaylas, Perú, 1911-Lima, 1969)

 

 

 

 

Temblor 

 













 
 
Dicen que tiembla la sombra de mi pueblo;
está temblando porque ha tocado la triste sombra del corazón
de las mujeres.
¡No tiembles, dolor, dolor!
¡La sombra de los cóndores se acerca!
-¿A qué viene la sombra?
¿Viene en nombre de las montañas sagradas
o a nombre de la sangre de Jesús?
-No tiembles; no estés temblando;
no es sangre; no son montañas;
es el resplandor del Sol que llega a la pluma de los
Cóndores
-Tengo miedo, padre mío.
El Sol quema; quema al ganado; quema las sementeras.
Dicen que en los cerros lejanos
que en los bosques sin fin,
una hambrienta serpiente,
serpiente diosa, hijo del Sol, dorada,
está buscando hombres.
-No es el Sol, es el corazón del Sol,
su resplandor,
su poderoso su alegre resplandor,
que viene en la sombra de los ojos de los cóndores.
No es el Sol, es una luz.
¡Levántate, ponte de pie; recibe ese ojo sin límites!
Tiembla con su luz;
sacúdete como los árboles de la gran selva,
empieza a gritar.
Formen una sola sombra, hombres, hombres de mi pueblo;
todos juntos
tiemblen con la luz que llega.
Beban la sangre áurea de la serpiente dios.
La sangre ardiente llega al ojo de los cóndores,
carga los cielos, los hace danzar,
desatarse y parir, crear.
Crea tú, padre mío, vida;
hombre, semejante mío, querido.


José María Arguedas (Andahuaylas, Perú, 1911-Lima, 1969), en Poetas Peruanos

Información en la página Poetas Peruanos: Katatay [quechua]-Temblor [castellano] se publicó por primera vez en el número 2 de la revista Kachkaniraimi (Lima, 1966) y en el número 39-40 de Alcor (Asunción, 1966).

Foto: Fernando Silva Santiesteban/RPP Noticias


Katatay

Yactay puyus katatachkan
warmikunapa llaki puyu songonwan tupaykuspa.
¡Ama katataychu, llaki,
kunturpa sombranmi hamuykuchkan!
—Imapaqmi hamun chay sombra
aukikunapa sutinpichu
icha Jesus yawarninpa kamachisganchu.
Manchakunin, taytallay.
—Ama katataychu;
manan yawarchu
manan auki wamanichu; Intipa kancharayninmi kuntur rapranpi hamuchkan.
—Manchakunin, taytay.
Intiqa kañanmi, uywuakunata, kausayta.
Orqokunapis, may sacha sachakunapis
yarqasqa machaqway, Intip churin.
—Manan Intichu, sonqonpa kusiy, qapaq kanchariynillanmi
kunturpa sombra ñawimpi hamuchkan.
Manan Intichu; kanchariynillanmi.
¡Sayay, sayariy! Chay mana chanin kunturpa ñawinta
chaskiy; katatay paywan.
Hatun yunka sachakuna hina, kuyuy,
qapariyta kachaykuy.
¡Huñunakuychik, llaqtay runa
kanchiriywan katataychik!
Amaru yawarta upyaychik;
rauraq yawarqa kunturpa ñawinman chayanmi,
cieluta huntanmi tusuchinmi,
qaparichinmi, chay qori yawar.
Paqariy, taytay, vida, runachallay runa,
ancha kuyana.

 

(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible) 

Leonardo Alezones Lau (Venezuela, 1983)

 

 

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SONETO DE CANON INVIDENTE 

 

volver a esa gracia tal cesa apacible
tal se hace de alguna brisa consumada
y queda para después una vez que saldada
se canta a razón de lo bello y terrible 
 
de mi espejo retorna hecha ilegible
glosa lo que se le ha devuelto en mirada
repetida como la más dulce estocada
y clamando que todo ángel será horrible
 
me es punible que allí se vaya y venga
sometida al canon de tristísima era
florecida venganza enfrenta su arenga
 
esboza para su ojo el albor de fiera
a las que debe todo aquello que sostenga
¡oh! alero y soplo donde desgarro fuera

 

(Fuente: Word Poetyry Movement) 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

En las aguas
de Heráclito
sólo flotan
eslóganes,
bitcoins
y psicofármacos truchos.
 
Ordenación superior
a impulso
de alma seca
y disuasión gramatical.

- Inédito -
 

Rainer María Rilke .(Praga, 4 de diciembre de 1875 - Raroña, Suiza, 29 de diciembre de 1926)

 

 

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Día de otoño 

 

Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares,
y suelta los vientos por las llanuras.
 
Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.
 
No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.
.
De: «𝘌𝘭 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘪𝘮𝘢́𝘨𝘦𝘯𝘦𝘴» (1906)
.
(Traducción: Adrian Kovacsics)
.
René Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke fue un poeta austriaco 🇦🇹

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Alejandra Boero (Rafaela, Santa Fe, 1968)

 

 

 

 

 

SEMA

 

Mi respiración se aquieta
en las notas del ney.
 
Giro en compases de noche
y silencio.
 
Me dejo caer.
 
Mis pies rotan
y mis manos,
suspendidas,
se afinan.
 
Niego la gravedad.
 
Sostengo un cuerpo que,
a la altura del amor,
se abisma en otra música,
se realiza en otro tiempo.
 
***
 

OUD

 

Yo que vos no iría tras las huellas​​
de un árbol que se infecta.​​ 
 
El aire que respira este bosque​​
perfuma mi cuerpo lacerado.​​ 
 
Debo atravesar este sendero​​
de ramas que crujen,​​
de cortezas fisuradas,​​
de naturaleza que exige​​
una libra de savia​​ 
a las comisuras de la herida.​​ 
 
Miro los troncos abiertos.​​ 
 
Supuran.​​
Conozco el precio de lo bello,​​
la putrefacción de la vida.
 

 

 

En "Otomana" Unbudha editorial 2025 

 

(Fuente: Diego Roel) 

John Keats (Londres, 1795 - Roma, 1821)

 

 

John Keats | The Poetry Foundation 

 

 

BIENVENIDA ALEGRÍA, BIENVENIDO PESAR...

 

Bien venida alegría, bien venido pesar,
la hierba del Leteo y de Hermes la pluma:
vengan hoy y mañana,
que los quiero lo mismo.
Me gusta ver semblantes tristes en tiempo claro
y alguna alegre risa oír entre los truenos;
 
bello y feo me gustan:
dulces prados, con llamas ocultas en su verde,
y un reírse zumbón ante una maravilla;
ante una pantomima, un rostro grave;
doblar a muerto y alegre repique;
el juego de algún niño con una calavera;
mañana pura y barco naufragado;
las sombras de la noche besando a madreselvas;
sierpes silbando entre encarnadas rosas;
Cleopatra con regios atavíos
y el áspid en el seno;
la música de danza y la música triste,
juntas las dos, prudente y loca;
musas resplandecientes, musas pálidas;
el sombrío Saturno y el saludable Momo:
risa y suspiro y nueva risa…
 
¡Oh, qué dulzura, el sufrimiento!
Musas resplandecientes, musas pálidas,
de vuestro rostro alzad el velo,
que pueda veros y que escriba
sobre el día y la noche
a un tiempo; que se apague
mi sed de dulces penas;
ramas de tejo sean mi refugio,
entrelazadas con el mirto nuevo,
y pinos y limeros florecidos,
y mi lecho la hierba de una fosa.
 
 
 

LA CAÍDA DE HIPERIÓN, Sueño

 

Tienen los locos sueños donde traman
elíseos de una secta. Y el salvaje
vislumbra desde el sueño más profundo
lo celestial. Es lástima que no hayan
transcrito en una hoja o en vitela
las sombras de esa lengua melodiosa
y sin laurel transcurran, sueñen, mueran.
 
Pues sólo la Poesía dice el sueño,
con hermosas palabras salvar puede
a la Imaginación del negro encanto
y el mudo sortilegio. ¿Quién que vive
dirá: "no eres poeta si no escribes
tus sueños"? Pues todo aquel que tenga alma
tendrá también visiones y hablará
de ellas si en su lengua es bien criado.
 
Si el sueño que propongo lo es de un loco
o un poeta tan sólo se sabrá
cuando mi mano repose en la tumba.
Soñé que en un lugar estaba donde
palmera, haya, mirto, sicomoro
y plátano y laurel formaban bóvedas
cerca de manantiales cuya voz
refrescaba mi oído y donde el tacto
de un perfume me hablaba de las rosas.
 
Vi un árbol de boscaje recubierto
por parras, campanillas, grandes flores
 
 
 

ESTA MANO VIVIENTE

 

Esta mano viviente, ahora tibia y capaz
De agarrar firmemente, si estuviera fría
Y en el silencio helado de la tumba,
De tal modo hechizaría tus días y congelaría tus sueños
Que desearías tu propio corazón secar de sangre
Para que en mis venas roja vida corriera otra vez,
Y tú aquietar tu consciencia —la ves, aquí esta—
La sostengo frente a ti.
 

(Fuente: Henderson Espinosa)