domingo, 10 de mayo de 2026

Sharon Olds (San Francisco, EEUU, 1942)

 

 

 

 

TRUCOS

 
Mi madre
la maga
consigue que aparezcan
huevos en la mano.
 
Mis ovarios
aparecen en su mano, negros como higos
y como dedos arrugados de tanto lavar
 
Cierra su mano,
y al abrirla
no hay nada.
 
Se saca de los oídos bufandas de seda
de todos los colores, joyas de su boca,
leche de sus pezones. Mi madre la desnuda
maga sube al escenario
y despliega sus trucos.
 
Se saca los ojos.
Sus vacías cuencas
se llenan de aceite que rezuma,
de whisky y heces.
De sus narices
extrae rollos de pergamino
que se incendian.
 
En la escena final
lentamente se saca a mi padre
del coño y lo coloca
sobre un sombrero de copa
donde desaparece.
 
Creo que puede convertir cualquier cosa
en nada, ella es un hueco en el espacio,
es la mejor, la perfecta maga. 
 
Todo esto
lo acabo de sacar de mi boca aquí mismo
ante tus ojos.


(Fuente: Larvaria)

Daniel Ballester (Buenos Aires)

 

 

 

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Escribo sobre el ruido de la púa en un tocadiscos de la D-2, en la "Docta" de 1975.
Escribo sobre el anillo de alpaca que una muchacha cordobesa le regaló a Soledad Silveyra.
Escribo sobre Felisberto Hernández tocando el piano antes de que la leucemia lo volviera silencio.
Escribo sobre Blackie, sus anteojos eternos, su sonrisa de batalla.
Escribo sobre los lunes, esa fecha maldita donde la muerte elige a los suyos.
Escribo sobre la puerta de una casa en Santa Fe y Laprida y lo que pasa cuando me detengo frente a ella.
 
Escribo porque esta noche, en algún lugar de Buenos Aires, alguien podrá un disco de jazz y yo, desde mi humedad fantasma, creeré que Katy lo escucha.
Escribo sobre que somos chicos que nos volvemos grandes, y algunos en grandes hijos de puta.
Escribo sobre un tango que habla y una canción que enmudece.
Escribo sobre la piel de una mujer que no deja de acariciarme.
 
Escribo sobre la luz del atardecer en Villa Urquiza, sobre los aeropuertos en la madrugada, sobre el vértigo de quien se va y la ternura de quien se queda, sobre el exilio que me dejó esa cicatriz visible, sobre las manos de mis abuelas cuando hacían café o enderezaban su silla de ruedas, sobre la textura de una piedra en la playa de la Barra da Lagoa, sobre la primera vez que escuché a Spinetta, sobre el susurro que nadie escucha ante de salir al aire, sobre el olor a tinta litográfica en las Oficinas del CIC. 
 
Escribo sobre la tumba de Borges algo que nadie leerá, salvo que sueñe que vino a visitarla.
 

Matías José Morales (Talca, Chile, 1988)

 

Magneto, la sangre contiene metales y otros poemas

 

 

Más de lo mismo

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Ella lo sigue.
Él barre un jardín ajeno.
Ella le da un toque.
Él pedalea en subida.
Ella declara que le gusta.
Él lava su cabello con agua fría en pleno invierno.
Ella comparte todos los intereses.
Él baila con la mente mientras cocina
su única comida diaria.
Ella abre la pestaña de incógnito y busca pornografía:
su hijo duerme cerca, en una cama pequeña.
Él llora y la luna lo mira extasiada.

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Bob esponja

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¿Qué cuentas, caracola?
¿Requisitos o números primos:
cuadrados que componen
círculos en las mejillas de Heidi?
Dime, caracola. De seguro
tienes secretos en tu ropa interior.
Tal vez algunas teorías sobre el origen
de la basura o el destino del semen
los fines de semana. ¿Ya no me hablas?
¿Qué será? ¿Será que no soy redondo?
¿Que tengo agujeros de bala?
¿Que mis paletas se ven desde lejos
las noches en el fondo del mar?
¿Y si te digo que te pudras para sentirte útil
según las algas? ¿Me dirías que te odio
o me darías las gracias?

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Ayer pasé por tu casa

(Steven Wilson remiz)

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Un corsario busca nudes de enanos
sentado junto a la piscina.
Hace calor y no es verano, es trágico.
Una mujer toma sol junto a él y piensa
en las grandes montañas de los Andes.
La niebla arrastra peces sin escamas
pero con sueños de progreso.
No saben que sobre ellos una estrella
se masturba excitada por las puntas
de un puñal que entra y sale.
En el agua flota un cuerpo bocabajo
y a nadie le importa, la ceguera
viene incluida en el plan básico.
Es un thriller con muerto y todo.
Podría ser una obra adulta, pero no.

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Trap acústico bajo la higuera

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Escúchame, esto es importante:
mis problemas
los entierro en el desierto.

Alfombras persas los envuelven
al igual que el vómito morado
envuelve a los promiscuos de nuca
con el pavimento.

No me pidas favores
que la virgen cumple
a inválidos bajo semáforos.

«Descansa en pis» dijiste junto a la higuera
en San Juan, y lo supe altiro:
mis órganos se caen del sueño.

Tú lo sabes por el sonido sintético
de nubes/pétalos
manipulando teclados que generan
atmósferas cómodas
para los amantes de Vangelis.

Así que disfrútalo, verme sufrir
es tu derecho de nacimiento.

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Entre Bresson y terapias:
cierre comillas

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El corazón que apareció en la pared
formado por agujeros de taladro, parece invitar
a la siguiente reflexión:

otoño es tener sexo con rosas.

Fue hace dos semanas, iba camino
al hospital y vi que golpeaban fuerte a un caballo
que me recordó al burro Baltasar.

Pensé en decir algo, pero vamos
soy un poeta flotando entre orificios
que, sin ser penetrados, la modernidad perdona

y hasta
condecora.

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Sibilinos

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Cántico de ballenas muertas
sobre la tierra, eso tenemos:

polvo que desea plumero.

Aquella noche comimos algo crudo
luego subimos el cerro y desde ahí

vimos el fondo del océano.
Lo recuerdo perfecto, esqueletos

sillas rotas, presión sonora.

Al amanecer dentro de un frasco
de vidrio guardé tus gemidos

para en caso de emergencia
romperlo con el martillo.

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Magneto, la sangre
contiene metales

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Te quise ver a la hora del sol.
Te quise ver rodando por la maleza.
Te quise ver llegar a la curtiembre en una misión
suicida que busca el rescate de mi piel.
También muy seguido te quise ver.
Y todo eso no es más que una anécdota, un detalle
que cuelga junto a cumas y cadenas.
Ni siquiera es mi mayor tragedia, porque cuando el poeta
despierta con proyectos de entrepierna, los deja
en el patio trasero de la felicidad y debe tirar
las cosas de la mesa para escribir con el cogote
a cualquier hora si el poema desnudo se presenta.

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Vida y muerte de un ser
que solo sirve a su propio interés

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Día viernes, el calor es suficiente
para derretir algo y cumplir su fantasía:

ser el chorro de agua que recorre tu cara.

Recuerdo haber leído que los insectos
muertos en la higuera, son absorbidos por ella.

De este modo, los frutos
saben a cadáver de abeja.

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Rituales nocturnos de la realeza

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Cuando la cereza explotó
por la radiación del microondas, me di cuenta
que nunca —ni aunque me expandiera]
sobre el todo como Tetsuo
en la parte final de Akira, o ese lenguado
sorbeteando el suelo del poema
escrito por Watanabe— llenaría espacio
vacío dentro.

Las cosas se dan o no, y nada tiene que ver eso
con unas cuantas piedras
sobre la mesa, ni el humo de vela
al mostrar el camino a seguir
entre dimensiones.

El juego consiste
en correr de noche
por el bosque.

Tenemos un trato:
tú apuntas y disparas

………………………………yo te hago feliz.

 

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Lombrices, caracoles
y otros animales de cuerpo blando

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Hundirte en un mar de objetivos
no serviría para encontrarme.

Ya me fui.

Recuerdo decías que el litoral central
se recreaba al vernos, y no tuve valor para responder

que si bien hay millones de metros cúbicos
con arena bajo nosotros, también hay mucha distancia

para que, según los mapas, seamos playa.

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Matías José Morales.
 Talca, Chile, 1988. Es poeta, plomero y psicólogo. Ha colaborado con diversas revistas de poesía. Ha publicado Polución Nocturna, 2021.

 

(Fuente: Poesía.uc.edu.ve) 

Rainer Maria Rilke (Praga, 1875 - Val-Mont, Suiza, 1926),

 

 

 

 

 
 
¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.
 
Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!

 

(Fuente: Las cuatro esquinas, una intesección literaria) 

Gerardo Gambolini (Buenos Aires, 1955)

 

 

Deriva


Estás en Cadaqués, recién huérfano
entre cuerpos de gin y de cerveza
boreales, enrojecidos
y vas a Châtelet
y ponés la leche y la manteca
en el alféizar de Stalingrad
y te rendís ante Anouk, cuyo nombre
es imponente
y cruzás el frío de Hamburgo
y el frío inútil de Oslo

Estás en el Parque Centenario
acumulando libros
golpeando una bolsa delante de un espejo
mudándote a Flores, a Núñez
al frente abismal
de una familia
el concierto de liturgias
y de planes, el póker de amigos
las cenas en el tiempo
acantilado contra las noches

Estás en la aldea de provincia
comprás una sierra, una tupí
hacés la mesa, la escalera
las ventanas de tu casa y traducís
escritores de una isla
cuando los chicos duermen
juntás las ramas secas
de pino y de acacia para el fuego
para el invierno que corta
al caer la tarde

Estás en el Parque de los Patricios
los días se encadenan repetidos
solamente lo efímero
es variado, les cocinás cuando vienen
limpiás el departamento
buscás compañía en ocasiones
y en algún momento
vas a morir
haciendo lo mismo
simulando una dirección.

(Fuente: Campo de maniobras)

 

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Vive en San Juan, Argentina)

 

 

Mi viejo
murió
el 18 de junio del 73.
 
Él era sereno
y mi vieja sirvienta
en las Piletas Olímpicas de Ezeiza,
yo, morguero en el Policlínico
del Barrio Uno. 
 
Esa noche fueron
tomadas militarmente,
dijeron,
por el Coronel Osinde
y un grupo de matones,
en silencio, con rabia y con armas,
y no como afirman los historiadores
al día siguiente.
 
El 20,
ya sepultado
don Giuseppe,
estalló el volcán:
una rubia
se agarraba la cara
lavada en reguero de sangre
que se derramaba sobre el pecho,
una bala perdida
mató al Chicho Caledonius,
mi querido firulais,
no así al Landrú
que se salvó
de patas correr,
un negrazo del SMATA
que ostentaba
una escopeta caño recortado
y un manojo de cadenas
con cuajarones y pelos pegados
le pidió agua caliente para el mate
a mi vieja que todavía lloraba,
el palco a 50 metros era un desastre,
Cirila, la burra de mi vecina doña Filo,
rebuznaba de terror por los disparos,
allí cerca, atado con alambres a los eucaliptos,
un jovencito desgreñado
lucía desventrado a tiros
como quien quiere decir algo
y se atraganta;
y muchas cosas más
que ya nadie le da pelota,
excepto para aprovechamiento
y ventaja.
 
Mi viejo
murió
de epitelioma broncógeno,
ese término médico
con que especifica el cáncer de pulmones
pero que no puede explicar sus dos años
en un campo de trabajos forzados
en una fábrica de caucho,
en Alemania,
ahí, en el límite polaco,
donde hoy,
sobre la autopista A14,
vuelan a la nada
raudos automotores
que van de sur a norte
y viceversa.
 

- Inédito -

 

Sebastián Jorgi (Nació Lanús, Buenos Aires en 1942)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas y ajedrez 


SEPIA

 

Era una casita blanca
con un ventanal al jardín
Tango de Daniel Álvarez
 
 
De tanto andar por la Poesía últimamente
Empecinado he logrado al fin llegar a casa
un camino largo y sinuoso cruzando siglos
abismal
con el alma maltrecha y fuera de control
la ligustrina está desprolija y el jardín ausente de malvones
la puerta entreabierta… me asomo al patio ya en sepia
la enredadera transpira rocío con una boca que gesticula
parece reconocerme porque sus ramas esbozan una sonrisa
me cuenta rumores y secretos que afloran de un arcón desvencijado
el amor furtivo del tío Andrea Matea con la vecina nueva
el piso era una llamarada cuando bailaban boggie boggie
aquella noche de carnaval del 52
un rato fugados…todo era verdad…
con un niño azorado al que le gustaban las travesuras
las cintas de amor… catalogado muchacho triste y solitario
un pibe que traigo hoy bajo la camisa a cuadros
y el pantalón vaquero tratando de no hacer ruido
no vaya a ser que algún fantasma me encierre para siempre
vengo portando el sueño de darle forma al recuerdo
con una carta que escribí hace mucho tiempo
y con la más cara de las pretensiones:
lucir orgulloso el disfraz fingiendo ser poeta
 
 
 
Poeta, dramaturgo y novelista. De precoz talento, fue premiado a los 14 años en Canal 7 y se formó en las históricas peñas del Tortoni y el Café Nacional. Destacado periodista en medios como “La Nación”, “Reuters” y “Télam”, obtuvo el Premio Pen Club en 1981 y distinciones en Europa y América. Es Profesor de Literatura y Licenciado en Periodismo; cursó Doctrina Social bajo la supervisión de Jorge Bergoglio y ha sido docente en el “Mariano Acosta” y profesor visitante en universidades del exterior.
 

(Fuente: Festival internacional de Poesía de Buenos Aires)