jueves, 19 de marzo de 2026

Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936-Las Palmas de Gran Canaria, España, 2023)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de taza de café 

 

 

LA CENA

 

Mi abuelo se sentó a la mesa con su muerto al lado.
No levanté los ojos de la sopa:
sabía que él también estaba muerto.
Mi madre tampoco levantó los ojos
a pesar de estar tan muerta como él.
Pero el muerto más muerto era Jacinto el ciego,
que no tenía ojos para ver la sopa.
Y peor aún era el caso de Donata,
que no tenía sopa para meter los ojos.
Mi abuelo se levantó, entonces, de la mesa
y nos dejó solos con su muerto
(un muerto sin ojos y sin sopa,
un terrible muerto hecho todo de bocas y de huesos).
Lo miré al soslayo, ya sin pizca de apetito,
y deduje que era un muerto que buscaba nombre.
Le puse el nombre de mi abuelo.
Mi madre protestó y le puso el nombre de mi padre.
Mi padre protestó y le puso el nombre de su hermano.
A Donata y a Jacinto se los tuvo en cuenta
cuando llamaron al muerto con mi nombre.
 
Fue cuando pregunté:
—¿Es necesario que los muertos tengan nombre?
¿Por qué meter los ojos en la sopa?
¿Hay que sentar los muertos a la mesa?
 
Mi padre respondió al momento:
—Conviene darles un carnoso nombre
donde poder pegarles la mordida;
ellos se pasan el tiempo con la boca seca
raspando con sus dientes nuestros platos.
Si no tuvieran nombre, ¿cómo poder llamarlos
y cómo poder, si queremos, despedirlos?
—Es muy justo sentarlos a la mesa
—añadió mi madre sonriendo
y cortando el pan en rebanadas.
Nadie puede negar que tienen boca y, por tanto, hambre;
y manos y, por tanto, ganas;
y huecos, enormes huecos fríos que llenar.
Ellos también han de poner sus huesos en la mesa.
 
Jacinto el ciego le sirvió más jugo al muerto
y mi madre le arrimó toda la sopa
mientras Donata, solícita, decía
¡Buen apetito! en italiano.
 
Fue cuando pregunté de nuevo:
—¿Todo se hace en nombre de los muertos?
—Manuel, ¡cállate y come!
 
 
_____________________________
en "Vivir es eso", Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, La Habana, 1968. Véase también Luis Suardíaz y David Chericán, eds., "La generación de los años cincuenta. Antología poética", Letras Cubanas, La Habana, 1984. En la imagen, Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936-Las Palmas de Gran Canaria, España, 2023 / Cibercuba)
 

(Fuente: Jonio González) 

Zbigniew Herbert (Polonia, 1924/1998):

 

 

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En la ciudad estalló la epidemia

 

En la ciudad estalló la epidemia
del instinto de conservación
como monóxido de carbono impregna casas templos mercados
envenena los pozos cubre de moho el pan las estructuras de la mente
la prueba de la existencia del monstruo son sus víctimas
no es evidencia directa pero alcanza.
 
**
 
 

Reporte desde el paraíso 

 

En el paraíso, la semana de trabajo es de treinta horas
los salarios aumentan y los precios bajan
y el trabajo manual no cansa por la falta de gravedad
al principio iba a ser diferente: pura luz, música, abstracción
pero no pudieron separar bien el alma del cuerpo
y empezamos a llegar con una gota de grasa, una hebra de músculo
y hubo que enfrentar las consecuencias
de mezclar un grano de absoluto con un grano de materia
la contemplación de dios es sólo para los cien por ciento pneuma
el resto está pendiente de comunicados sobre milagros e inundaciones
cada sábado al mediodía suenan las sirenas
y de las fábricas salen fumando los proletarios celestes
con sus alas bajo el brazo como violines.
 
 
 
 
Traducción de Susana Slednew 
 

Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971 - 2026)

 

 

 

Aníbal Cristobo: vibrar de las algas en el río - La Libélula Vaga 

 

 

KRILL (UNA PERLA)

 
 
En el fondo
quise ser el galán de ultramar, cantando
en el navío hundido – con los ojos
 
ardiendo por el gas verde
y el milagro del pulpo. El balbuceo
de la descompresión
cambió mi suerte, mi habilidad
 
por el pánico
de las escenas finales. De nada
 
valió
mi traje azul varsovia
mi peinado de francotirador. “Esta
canción – raya
atravesando la penumbra – se llama perla
de las profundidades, y dice
así.”
 
*


(Fuente: Alejandro Méndez)

 

Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926 - Ciudad de México; 19 de marzo de 1999)

 

 

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.
 
 
Canonicemos a Las Putas. Santoral
del sábado: Bety, Lola, Margot, vírgenes perpetuas, 
reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracia, 
manantiales de generosidad.
 
Das el placer, oh puta redentora del mundo,
y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos.
No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras
y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.
No engañas a nadie, eres honesta, íntegra, perfecta; anticipas tu precio, te enseñas;
no discriminas a los viejos, a los criminales,
a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas
de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho
del que no tiene reposo.
 
Has educado tu boca y tus manos, tus músculos y tu piel, tus vísceras y tu alma. Sabes vestir y desvestirte, acostarte, moverte. Eres precisa en el ritmo, exacta en el gemido, dócil a las maneras del amor.
 
Eres la libertad y el equilibrio; no sujetas ni detienes a nadie; no sometes a los recuerdos ni a la espera. Eres pura presencia, fluidez, perpetuidad.
 
En el lugar en que oficias a la verdad y a la belleza de la vida, ya sea el burdel elegante,
la casa discreta o el camastro de la pobreza, eres lo mismo que una lámpara y un vaso
de agua y un pan.
 
Oh puta amiga, amante, amada, recodo de este día de siempre, te reconozco, te canonizo
a un lado de los hipócritas y los perversos,
te doy todo mi dinero, te corono con hojas de yerba y me dispongo a aprender de ti todo el tiempo.
.
De: «𝘈𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘱𝘰𝘦𝘮𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘠𝘶𝘳𝘪𝘢» (1967)
Jaime Sabines Gutiérrez fue un poeta mexicano 🇲🇽

 

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía) 

José Kozer (La Habana, Cuba, 1940. Radicado en EE.UU. desde 1960)

 

 

 

 

 

REINO

 

La ducha, la furia de las aguas, el jabón de tocador, las mismas
Furias con sus caretas negras,
el ojo resplandeciente de buey
tumultuoso de las aguas, los
ojos rasgados de un gris
inalterable de las Furias, y
tener que pasarme todo el día
sentado en un sillón, pámpanos
y calas, una hormiga rubia se
desenreda en los pámpanos, el
colibrí se queda mirando (atónito)
la jalde frigidez que su mirada
asalta en las calas, calas y
pámpanos de la tela que reviste
hace dos décadas la butaca donde
paso el día sentado entre unos
libros titubeando, me dejo llevar
de una vez por todas al diablo
por la somnolencia, pido un
café cargado para seguir leyendo
a Martín Adán, a Balzac, sobre
Zukofsky, madre que me parió,
cuánto libro quedará sin leer
aquí en casa. Y el poeta peruano
del bello apellido (Víctor) Coral
(vc, marca registrada) que me
escribe los otros días para
decirme que me considera un
asceta de la escritura (volontiers)
eso me marca, ahora sí que sí,
ni modo, me he de volver un
asceta (no se puede quedar mal
con los amigos): me quedan unos
años para arribar a la otra orilla
donde se juntan a diario, sotto
voce, los tremendos Berryman,
Duncan, Olson, Creeley, el
antisemita de Spicer, et. al.,
anacoretas que no anacoberos
de la escritura. Leo a uno, paso
a otro, soy el jetudo que a salto
de mata se inmiscuye colándose
en un velorio donde no lo han
llamado ni le darán vela: oigo,
remedo, apenas presto atención
(yo tengo velocidad) y sin
embargo, anoto (copio) rebobino,
bovino de unas letras ajenas que
reconvierto a mi manera, en el
fondo sé que estoy también
matando la madeja (suelta) del
tiempo: escribo, y me deshilacho.
Son historias de espanto
(alcoholismo, narcomanía,
pobreza, verse pisoteado por los
carreristas de la poesía, cuántos
nombres desaparecerán, llenaríamos
cuadernos de incontables páginas
con sus nombres, nos saltan a la
torera para luego la hist. de la lit.
acogernos con bombos y platillos,
su madre): y todo por dejar un par
de grumos (sueltos) cochina histeria
de unos gruñidos, mejor o peor
atados. ¿Habráse visto? ¿A qué?
Y no poder vivir, no haber vivido
con otro destino, ¿qué me pasó?
¿En qué berenjenal de ascuas
fulgurantes me metí? Sácame,
madre, de estas trastiendas, estos
patios interiores dentro de patios
concéntricos interiores, el vestigio
y la letra cuarteados de unos tanteos
en rededor de un núcleo hueco. Ser
a última hora de feliz naturaleza.
Adagio entre las inconmensurables
pitanzas de la escrita letra. Amor,
una canción, sí cómo no, y un jamón.
Sácame, sácame en andas, a tientas,
bien tapado, a como sea, y vea yo la
luz del día que se avecina, de dril
cien trajeado, cuello y corbata ancha,
nudo doble: gozón de pueblo rural
bailando fino con gozona maja y
vistosa un recio danzón que nos
lleve (sombras) de la mano a un
patio interior, donde en silla de
guano o de hierro blanco forjado
(al rojo vivo) hagamos impertérritos
la jugada (jugarreta que intentamos
hacerle a la Muerte) del acoplamiento,
rígido (yo) (tú) undosa.
 

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Aníbal Cristobo (Buenos Aires, 1971 - 2026)

 

 

ANÍBAL CRISTOBO: NUESTRO OBJETIVO, COMO EL DE CUALQUIER OTRA GUERRILLA, NO  PUEDE SER OTRO QUE EL DISOLVERNOS. - Vallejo & Co. | Revista Cultural -  POESÍA - FOTOGRAFÍA - NARRATIVA - CINE - 

 

Hija del pastizal (hipersomnia)

 

Nuestra vida conjunta sólo falla
cuando estamos despiertos: me hablás
de amor, y una fisura –apenas
un relámpago en la placa de rayos
equis- te detiene
a la altura del quinto metacarpo, justo
tras el acantilado de tu cama. Afeitado, me explicás el procedimiento
como si detallaras un menú. Tenés las credenciales
listas, lo que hiciste por mí; el diagnóstico
en el bolsillo izquierdo de la bata –al salir
de la ducha.
Los parpados pesados, otra
vez
no puedo responderte:
dejo que me confundas con las llaves del coche.
Debe ser oficial: los cortes
en el brazo, mirando a cámara, dentro
de la pecera. Las zonas conflictivas resaltadas en rojo.
Cada noche imagino que me acuesto con vos –como un
faquir- te recuerdo
en un punto distinto de mi espalda.-
 

(Fuente: La Libélula Vaga, vía Alicia Silva Rey) 

Adélia Prado (Divinópolis, Minas Gerais, Brasil, 1935)

 

 

 

 

ANTES DEL NOMBRE 

 

No me importa la palabra, esta cosa común.
Lo que quiero es el espléndido caos de donde emerge la sintaxis,
los sitios oscuros donde nace el “de”, el “además”,
el “el”, el “aunque” y el “que”, esta incomprensible
muleta que me apoya.
Quien entiende el lenguaje entiende Dios
cuyo Hijo es Verbo. Muere quien entiende.
La palabra es disfraz de una cosa más grave, sordomuda,
fue inventada para ser callada.
En momentos de gracia, infrecuentísimos,
se puede agarrarla: un pez vivo con la mano.
Puro susto y terror.
.....

por María Sevlever
en PoesíaNo 
 

(Fuente: Daniel Freidemberg