miércoles, 11 de febrero de 2026

Pablo Anania (Rosario, Santa Fe, 1942)

 

 

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Ella, Atenea 

 

¿Habré de oír su voz
en la próxima batalla?
Hoy veo su sombra,
no su cuerpo real
todavía sino
una de sus sombras
en el agua, ¿a tiempo
aún de redimirnos?
Ella. Visible.
Allí con transparencia.
No sin nombre
pero donde
ninguna criatura
podría hoy
proyectar su sombra.
Allí, aguas arriba
de la historia
universal, en lo
profundo del Tritón,
criada por el propio
río, donde no siempre
parece posible desearla.
En las aguas del río de plata
cristalino, el río de la noche
más larga, que a su paso
en el tiempo recoge
la infinita suciedad
de un pensamiento asesino.
¿Ella, la invencible
Atenea, su río,
ella misma con ella
en la hondonada,
a solas con la huella
del río en su cuerpo
y en el alma?
¿Son los designios
del agua los que guían
su suerte o es ella,
la que navega
sobre la piel del río,
desplegadas las velas,
y toma su fuerza
de los vientos
para ya descabezar
al que pretenda ultrajarla?
¿Lo absoluto contrario
del poema no escrito todavía,
del pensamiento que nos ciega?
¿Ella, poeta y magistrada
soberana de una vida posible?
Con su cuerpo en las sombras
representa la escena brutal
de quienes yacen sin vida
en lo más profundo
del atormentado cauce.
Ellas, las que allí yacen
son, hemos de decir lo cierto,
las que lo han perdido todo.
Restos de ellas, las Hespérides
de Emily -raptadas, violadas,
en silencio- que en un largo
verano de su vida pasada
recogieron los frutos
de esas vidas redondas.
Frutos de esas vidas
redondas recogieron,
frutos que hoy se hinchan
en sus vientres maternos
hasta convertir en hambre
su manera de ser.
¿Habrá de vencer ella
en la próxima batalla,
devolverles algo
de su destruida identidad?
¿Será vencida nuevamente?
¿Y pese a ello seguirá
su río Tritón nutriendo
nuestro río de plata?
¿Continuará a cuestas
el río con su sombra
y con otras porque esas,
sus hijas, el agua
misma, el agua, el país,
este río, la ceguera
insensible de sus gentes,
no darán todavía
respuesta a la pena
y el naufragio?
¿O habremos de oír
la misma réplica
que otro poeta anticipara
al decir que la historia
sólo puede ser
escrita en la derrota?
 

(Fuente: Presente griego)


Donna Masini (Nueva York, EE. UU., 1954 )

 

 

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MI PADRE ME ENSEÑA A JUGAR AL SOLITARIO

 

junto a la ventana de la habitación del hospital. Es muy tarde
y no permite que hagamos trampas. Las cartas se deslizan por su tambaleante bandeja,
las filas ordenadas caen unas sobre otras,
con una mano cada vez más débil le da la vuelta a la única carta
que no encaja en ningún sitio. No pudimos terminar.
Espera, dije, casi lo hemos conseguido. Él negó con la cabeza.
Suerte, azar. Falta de habilidad. No hay voluntad. Ni jactancia. No hay tiempo
para empezar una nueva partida. Dejé a mi padre saludando desde su ventana.
Días más tarde compré una baraja, barajé las rígidas cartas, las coloqué
como él me había enseñado y -¿suerte de principiante?- gané.
¿Puede alguien ganar una partida que juega solo? No hace falta poner
cara de póquer ante uno mismo. No me digas, dijo, yo también acabo de ganar.
Mi padre es un bromista. Bruno, nuestro vecino, solía decir:
qué gracioso eres. Así que no es de extrañar lo que me enseñó:
cuando terminas no te queda nada en la mano.
 
 
__________________________
publicado en Poem-a-Day el 26 de marzo de 2025 por The Academy of American Poets / poets.org. Versión de Jonio González. En la imagen, Donna Masini (Nueva York, EE. UU., 1954 / Hunter College). Véase donnamasini.com
 
 
 

MY FATHER TEACHES ME TO PLAY SOLITAIRE

 

by the window of the hospital room. So late in the day
and he won't let us cheat. Cards slipping on his rickety tray,
the orderly rows collapsing into one another,
his hand diminishing, he turns over the one card
that won't fit anywhere. We couldn't finish.
Wait, I said, we're almost done. He shook his head.
Luck, chance. No skill involved. No will. No bluff. No time
to start a new game. I left my father waving in his window.
Days later I bought a deck, shuffled the stiff cards, set them up
the way he'd shown me, and -beginner's luck?- I won.
Can you win a game you've played alone? No need to display
a poker face to yourself. No kidding, he said, I just won too.
My father's a joker. Bruno, our neighbour used to say,
you're a card. So no surprise what he thaugh me:
when you're done you have nothing in your hand.
 

 

(Fuente: Jonio González) 

Beatriz Vignoli (Rosario, 1965)

 

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El chatarrero 

 

Compro vueltas usadas de la vida,
obsesiones gastadas,
pesadillas viejas compro, señora, señor,
infiernos quemados
por kilo de carbón compro, señora,
odios oxidados pago en efectivo, rencores viejos,
enamoramientos vacíos,
motores de proyectos quemados,
sueños rotos, señora,
por kilo de vidrio compramos al contado,
utopías viejas, ilusiones antiguas,
programas de radio olvidados compramos,
vamos pasando,
recuerdos de juventud, señor, señora,
álbumes de vinilo, discos rayados,
tocadiscos rotos, heladeras vacías,
pago al contado en australes,
¡a hacer limpieza que pasa el chatarrero!
 
 
Beatriz Vignoli (poema fresquito de hoy)
IMAGEN: vitrina de arte correo por Claudia del Río y otros/as artistas, Museo Castagnino, 2025

 

Else Lasker-Schüller (Elberfeld, Alemania, 1869-Jerusalén, 1945)

 

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MI PIANO AZUL

 

Tengo en casa un piano azul
Aunque no sé ninguna nota.
 
Está a la sombra de la puerta del sótano,
Desde que el mundo se enrudeció.
 
Tocan cuatro manos de estrella
-La mujer-luna cantó en la barca-,
Ahora bailan las ratas en el teclado.
 
Rota está la tapa del piano...
Lloro a la muerta azul.
 
Ah, queridos ángeles, abridme
-Comí del pan amargo-
 
A mí con vida la puerta del cielo-
Incluso contra lo prohibido.
 
 
 

OBERTURA

 

Nos separamos en el preludio del amor...
En mi corazón resplandecía aún clara tu palabra,
Y callados fuimos extinguiéndonos en el torbellino urbano,
Bajo el velo de la tarde del turbio septiembre
En un sollozante acorde.
 
Así en la breve obertura de amor
Nos esfumamos de esta tierra
A través de paraísos hasta las puertas del cielo-
 
Y no fueron necesarios los juramentos de amor eterno
Ni los besos del azul y mágico crimen.
 
 
 

SUEÑO TAN EN SILENCIO CONTIGO

 

Siempre vienen por la mañana colores dolientes,
Son como tu alma.
 
Oh, tengo que pensar en ti,
Y por todas partes florecen ojos tan tristes.
 
Y te hablé de grandes estrellas,
Pero tú mirabas a la tierra.
 
Noches crecen de mi cabeza,
No sé a dónde ir.
 
Sueño tan en silencio contigo-
Blanca cuelga ya la seda sobre mis ojos.
 
Por qué no has dejado
La tierra en torno a mí- dilo.

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Liliana Aguilar Orantes (San Juan, Argentina, 1944)

 

 

3 poemas 3


Arte de Polina Osipova

 
 
He visto estamparse en un árbol
la jaula de Alejandra. Justo ahí,
sobre un lapacho en la esquina de casa. 
El viento la incrustó en la masa de hojas y ya no sé
de la masa o la jaula.
Quizás el mal aire volvió a liberarla, 
conmigo dentro.

de Después de las 22, Alción Editora, Córdoba, 2020



Arte de Polina Osipova

DÍA 38

La cuarta parte del todo es un bochorno.
Arremete en noviembre como primavera en estado de extinción.
Loas a los ventiladores de techo.
A los ventiladores.
A los abanicos
y a toda otra posibilidad del aire
en movimiento.
y con rosas o sin ellas
me asumo perdedora de nostalgias.

de Poesía Crónica, Ediciones del Boulevard, Córdoba, 2008



Arte de Polina Osipova
 
 
CANTO XV

Creo en la vida y en lo que más en ella amemos,
en el destino nuestro que escribimos,
y en el camino que escogemos
(porque vivimos).
Creo en la muerte, porque llega
y en el dolor, porque lo veo
aún ciega.
En nada más yo creo.

de Cantos y Poesías, Editorial Sanjuanina, 1964



Liliana Aguilar Orantes
(San Juan, Argentina, 1944)
Reside en Córdoba desde 1966
POETA/NARRADORA/DOCENTE/MÉDICA/PSIQUIATRA
para leer + en ALICIA GALLEGOS POETA
para leer una entrevista en INMEDIACIONES
Lectura de sus poemas por Rolando Revagliatti
en FACEBOOK

 

 

 

 

(Fuente: Emma Gunst) 

Sylvia Plath (EEUU, 1932–1963),

 

 

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Canción de amor de una muchacha loca 

(fragmento) 

 

“Cierro los ojos y el mundo entero cae fulminado;
Abro los párpados y todo vuelve a renacer.
(Seguramente fui yo quien te conformó en mi mente.)
 
Las estrellas salen valseando, vestidas de azul y de rojo,
Y la negrura arbitraria entra galopando:
Cierro los ojos y el mundo entero cae fulminado. (…)
 
Imaginé que volverías, tal y como me dijiste,
Pero crecí y ahora no recuerdo ni tu nombre.
(Seguramente fui yo quien te conformó en mi mente.)
 
Debería haber amado a un pájaro del trueno en vez de a ti;
Ellos, al menos, al llegar la primavera, vuelven a rugir.
Cierro los ojos y el mundo entero cae fulminado.
(Seguramente fui yo quien te conformó en mi mente.)
 
 
(Traducción: Xoán Abeleira). 
 
 
- Sylvia Plath | Fragmento de “Canción de amor de una muchacha loca”
Falleció en Primrose Hill, Reino Unido, el 11 de febrero de 1963
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta a Sylvia Plath (1932–1963), poeta y narradora estadounidense cuya obra -entre la que destacan el poemario Ariel y la novela La campana de cristal- marcó profundamente la literatura del siglo XX. Su vida estuvo atravesada por una gran exigencia intelectual y por una intensa fragilidad emocional. El poema que citamos pertenece a sus primeros años y muestra una de sus constantes: la dificultad de separar lo imaginado de lo vivido. Aquí, cerrar los ojos equivale a destruir el mundo; abrirlos, a reconstruirlo: la realidad se vuelve frágil, moldeada por la emoción. Sin embargo, asoma también un matiz de aprendizaje -«pero crecí», dice-. Leída hoy, Sylvia Plath sigue impresionando por su fuerza, su lucidez y su originalidad.
 

(Fuente: Hermeneuta. Revista cultural) 

Nilton Maa (Lima, Perú, 1988)

 

 

Nilton Maa (@nilton.maalavado) • Facebook 

 

 

TRES ROSAS BLANCAS Y UNA ORACIÓN

 

                                                  A Julia Wong
 
 
La sal que alberga el latido
              que me escuece,
que tiembla bajo el cielo,
en la mañana, aconteciendo
a tu lado, y siempre lejos.
 
La voz herida
Sangra
en
mi
p
a
n
t
a
ll
a,
exprime tus palabras,
y las cuenta, ilusionada;
las observa latir en el dedo,
en el temblor de tus ojos
esperanzados.
 
¿Qué
ilusiones nos quedan?,
cuando el mundo cambiante
ya no gira para nosotros,
cuando caen nuestros pelos
             para esparcirse sobre las
             sábanas
de la cama recién enfriada.
 
Cuando el cuerpo se marchita
y la carne languidece en la ventana,
observando algún tiempo fenecido,
la cruel pulsación de su recuerdo,
esa imagen de algún ser
tan parecido a quien fuiste,
a quien viste escapar
de los espejos de tu alma,
languideces entre los tubos;
ya solo quedan las ramas, sin rastro
                 de pétalos, pues
                 te llevaste las espinas,
                 dejándome las rosas,
tres blancas, una carta,
una oración, y esta enorme congoja
que siento al vibrar de los mensajes,
porque sé que no serán tuyos,
porque sé que ya no volverás.
 
Ahora ojeo los inciensos arder,
mientras recuerdo los ardores de la hibridez,
                   siempre en
                   tus páginas,
haciendo eco el desgarro de la punta
sobre el papel cansado y ojeroso.
¿A qué patria volverá tu recuerdo?
¿En cuántas ciudades dejaste un lamento?
Berlín, Macao, Hong Kong, Almada
y tantos otros, lejanos y cercanos,
tan imposibles como Lima,
nuestra Lima que llama, llameante,
tu escarapela, tu blanquita, tu Lima andina,
ya nos llama.
 

 

(Fuente: Oscar Vicente Conde)