jueves, 13 de agosto de 2026

Stella Díaz Varín (Chile, 1926 - 2000)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y pelo rubio 

 

 

 

Ven de la luz, hijo

 

Que te ciegue la luz, hijo.
Ven de la luz;
desde donde la pupila sueña
y vuelve atormentada,
como un escombro vivo,
como especie de flor, como pájaro.
Carbón de víscera terrestre,
así como víscera de árbol.
 
Deja que se ensañe la luz, hijo,
Desciende como los antiguos ángeles,
como los malos discípulos,
ardiendo en su pasión, desheredados.
Así como las fieras, hijo.
Incomprendidas del río, intocadas
absolutas, tristes.
 
Ese será el día
—presentimiento que no quise,
tú sabes, los conoces—
que tomaré la forma deseada.
 
Ojo de estiércol, húmedo;
aprisionaré tu llama,
tu superficie extraceleste
tu mirada de centro obscuro,
tu trigal;
la tibia voluntad de tu piel
me ayudará y seremos.
 
Nunca antes pudimos.
Yo era como esas pequeñas fuentes secas.
Desciende, hijo, de la luz;
avizora el espacio,
avizora el horizonte.
La curva que deja el corazón de un muerto,
la mano que se esconde,
la mano que nadie quiso acariciar.
 
Seremos.
Tú y yo venidos
irremisiblemente;
unidos como dos tallos jóvenes aún;
queriendo apenas lo que no se nos dio.
Amando
lo que la luz aconseja:
el vértigo, la hondonada, el silencio,
el color de las piedras;
tantas cosas simples y distintas.
Llegaremos a amar la contextura de Dios
tan difusa;
tan perfecta como tus pequeños ídolos.
La madera de Dios
tan bella y roja
como el corazón de los árboles.
Tan bella y roja
como el corazón del veneno.
 
Que te ciegue la luz, hijo.
Que te atormente.
Ven de la luz, inúndate;
ten la luz y desmiente la tiniebla.
Ven, hijo, arrodíllate.
Cree en los amaneceres.
En la luz son más bellos los ojos de Dios.
 
 

Corazón anclado

 

Cómo saber de sí, después de la respuesta.
De todas las respuestas que abarcan el sentido,
cómo es posible entonces el sonido del alba
y la estrella multánime bajo mi cabellera.
¿Podría sustraerse la mirada a la incógnita,
el perfume a la brisa, la paloma al arrullo?
Me dirás que no pienso en emociones profundas,
me dirás lo que digo; que desde los comienzos
del fin, ha sido errante
la maldición del hombre sobre los crucifijos.
 
¿Crees que lo profundo se halla sólo en la roca?
¿No es profunda la ausencia de una alondra a su nido?
Dímelo tú, que tienes por cristal un océano
y un galeote dormido sobre tus ojos muertos.
El rubí diluido de los mares inciertos,
con su plasma sanguíneo,
con sus brazos nervudos como los de un marinero;
el mar; en su deleite de coger mariposas,
en su entraña de cripta de ignoradas noctílucas,
con su terrible espasmo de asesino despierto,
con sus manos de cómplice, porque ¿acaso no crees
que la tierra le envía las almas secuestradas?
Hordas de golondrinas atadas de las alas
para el deleite mágico de sus mil torbellinos,
tristes eunucos muertos para sus bacanales;
para ellos en las verdes orgías de los mares
está escrito el comienzo, y es el fin un misterio.
 
Tuve una vez un barco, galeote pirata,
sus mástiles, bordados de inválidas gaviotas
tatuajes de los tiempos, del destino, del aire,
era el ancla, mi grande corazón de luciérnaga,
y el galeote anclado —mi vida en mar afuera—,
se hundió junto a mis playas como yo solitarias
con sus tatuajes blancos.
Lentas fueron volándose todas las gaviotas,
sólo quedó una pluma dormitando en el mástil.
Y era el venero oscuro de su cuerpo, una duda,
y era corcel de abejas cautivadas y tristes,
y era una sola nota sobre su campo de algas,
y era el tálamo frío de mis noches inciertas.
Era un corcel de espuma deambulando inconsciente,
así inconscientemente como se duerme un niño.
 
Me dirás lo que digo. De tu ironía, siempre
retendré su sonido que se esconde en la tierra:
—que el morir corresponde y el vivir desintegra—
Pero si yo dijera de hoy en adelante
de mis viajes fantasmas en mi barco pirata,
y en mi vieja bitácora de marinero rubio,
atrapara tu estrella rutilante de sales,
duradera en tus sienes, gemebunda en mis labios
no me dirías nada, pirata en tierra firme,
yo sí, diría mucho de tus viajes de invierno.
 
 
 

Albedrío

 

Yo soy la vigilia,
Ustedes
Son los hombres castigados,
Los labradores
De gestos oblicuos
Que al engendrar falsos surcos
La semilla huyó despavorida.
 
Ahora respóndanme
Con una mano enguantada
A flor de corazón.
Cuál es la fecha exacta
Entre Aldebarán y Andrómeda.
El día en que los cuervos
Cosechen lo suyo
Entre las más grandes estampidas
De todos los tiempos. Amén.

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

Zheng Min (郑 敏, Pekín, China, 1920-2022)

 

 

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LAS DORADAS GAVILLAS DE ARROZ

 

Permanecen de pie las doradas gavillas
en el campo otoñal recién segado.
Pienso en tantas madres exhaustas y veo
hermosos rostros envejecidos al atardecer en el camino.
Éste es el día de la cosecha, una luna llena cuelga
sobre imponentes árboles
y en el crepúsculo, montañas distantes
se acercan a mi corazón.
Ninguna estatua podría ser más solemne.
Tanto cansancio acumulado exige
que inclines la cabeza para pensar
la trascendencia del campo otoñal.
Silencio. Silencio. La historia es el lento
arroyo que fluye bajo tus pies.
Y tú permeneces allí mientras tu pensamiento
se vuelve el pensamiento de toda la humanidad.
 
 
_______________________
en "El brillo en las gavillas de arroz. Mujeres poetas de China contemporánea", Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2021. Traducción y edición, Ming Li y Jeannette L. Clariond. En la imagen, Zheng Min (郑 敏, Pekín, China, 1920-2022 / YCWB)

 

(Fuente: Jonio González) 

Cecilia Pontorno Mainero (La Plata, 1979)

 

 

LA OBVIEDAD MÁS LÚCIDA

 

I
Aún cuando nuestro espíritu haya descendido hacia la muerte
y habiendo el instante bello del silencio
encontrado
la dignidad de tu corazón, poesía
 
cierro los ojos como un ciego y espero el fuego del tiempo
aproximarse,
 
así como antes el rosal, la divinidad extendida en la noche,
ahora el vacío en el cuerpo lo devora,
ruborizado humor de los poetas, 
 
ahora es huella, no bosque, y golpe de hacha, rústica rama,
candil lejano,
 
y la palabra ensimismada.
 
Es por eso que la llama se consume,
y de su hiancia ardiente
exclama:
 
no hay poema
hay piedra y fuego
no hay poema
hay la noche
 
y luego del relucir sesgado de las venas
bajo el viento mayor de otoño,
el corazon cenizo aún resuena
 
en forma de tierna
vida oscura.
 
II
Entregar el reposo de la voz, poeta,
haz que tiemble 
 
la última palabra, donde se acunan las hojas del alba
 
donde un concierto de llanto llega
desde las tierras azules del poema,
aún con los lirios diurnos
danzarines,
 
como humildes transeúntes olvidados en el azar del día.
 
Boca desnuda, coronación de exilio,
se yergue la hierba y, a ras del suelo, contempla
su peregrinación
el poeta de los bosques.
 
Si su espasmo declinara, si su velo desistiera
de cubrirle el rostro, desde su estampa curva y silenciosa,
la muerte cantaría su nombre en el oleaje de su sangre,
 
tocaría, acaso, su corazón de vagabundo.
 
Semilla del mundo, el poema.
Cuerpo sediento, la palabra.
 
Sírvanse del vientre del lenguaje,
acérquense a su boca,
sus voces esperan,
 
tomen su nada y su tristeza,
naden en el pantano del poema.
 
Cómanse sus vísceras.
Que viva el poema en sus entrañas.
 
¡Que viva el poema!
 
Que quepa la vida en su pecho frágil,
que rompa las líneas del sino.
 
¡Que viva el poema!
¡Que viva!
 

Néstor Mux (La Plata, 1945)

 

 



 
 
 
 
 
Carta escrita en los primeros días de febrero de 1971

 
       Pequeño Juanpedro mío y nuestro o pequeña Julieta mía y nuestra: no sé por qué un día querrás leer esta carta. No se me ocurre qué te llevará a un cajón del armario para encontrarme; pero sé que un día yo también busqué en las formas del pasado los rostros que tenía mi padre, los gestos con que me aguardó, como yo ahora, pequeño Juanpedro o pequeña Julieta mía, te aguardo. Porque un día llueve, porque un invierno hace demasiado frío, y entre juegos sencillos se te ocurrirá el juego de buscarme y hallar a aquél que en este instante, despiadadamente efímero, quiere decirte cosas y no sabe exactamente cuáles.
 
       Una cosa sí sé y es que dentro de algunos días vendrás a la tierra. Y yo estoy preocupado, verdaderamente preocupado. Porque a veces pierdo el fervor y me viene la idea de que la raza humana ya no tiene remedio, o que sencillamente ya no vale la pena el combate de todos los días, y el pelearse con uno mismo sin darse tregua y dar vueltas y vueltas sobre las mismas cosas sin que uno divise lejanamente ni la más pequeña luz. Esa luz que tienen que ser las armas con que te defenderás en este planeta. Esa luz que estoy obligado a darte. Que estamos obligados a darte.
 
       Otras veces vibro como el verano más caliente cuando me llegan noticias de que en otros pueblos la esperanza está en camino; que existe la dichosa posibilidad de vivir y morir o estrellarse por una vida que muchos dicen que va a ser mejor. O río de alegría cuando descubrimos con tu madre este nombre que vas a llevar, o adivinamos el color de tu pelo, de tus ojos, de tu risa.
 
    Mamasilvia, en cambio, que es mucho más inteligente que yo, no tiene preocupación ni miedo; te acaricia sobre la piel de su barriga hinchada y dice que cuando crezcas sabrás arreglarte. Dice que sabrás encontrarte en el mundo y dice que serás un hombre de verdad o una mujer de verdad. A pesar de eso, Juanpedro o Julieta, me siento inquieto y tengo miedo y estoy contento y estoy feliz. Estoy infinitamente feliz porque estás llegando y tengo miedo.
 
 
Carta a papá y mamá un día después de la muerte de Trompa
 
31 de marzo de 1972
 
        Papá, mamá, ayer tendría que haber estado en casa. Ayer, mis queridos, no fue un día cualquiera, ni fue un viernes más, aunque pueda creerse lo contario. Ayer, el tiempo, el azar o lo que fuese, apagó otro sonido de la casa. El ladrido de Trompa. ¿Se dan cuenta? Y yo no estaba. Jorge, mi hermano, tampoco estaba. Nosotros no estábamos para decirle que su vida (o mejor dicho su muerte) tenía verdadera importancia entre nosotros. Nosotros, entonces, ayer, hacía tiempo que nos habíamos ido. Por nuestro lado buscamos un sitio en el mundo, una mujer, un hijo, un trabajo, un camino que no siempre nos llevó a alguna parte, una manera de vivir, muchas maneras de caerse. Quiero decir que no estábamos. Y quiero decir que él fue el último de nosotros en irse.
 
      Papá, mamá, es ahora como si sintiera necesidad de haber llorado ayer con ustedes. Ayer viernes, cuando a la mañana encontraron, por última vez, su plato con la comida intacta. Y sus ojos abiertos, dolorosamente duros y mansos y sus patas frías que ya hacía tiempo no alcanzaban a los gatos de la noche ni a los ladrones que nunca llegaron. Ayer viernes, que la casa de la calle 66 quedó sin perro, yo tendría que haber estado. Porque fueron muchos los inviernos de lluvia en que Trompa mordisqueaba el agua y le asustaban los truenos y corría por la casa y embarraba los patios. Porque fueron muchos los veranos en que Trompa vigilaba los secretos de la noche, como un oficio primordial e irrenunciable que le hubiésemos impuesto. Porque fueron muchas las siestas, mamá, en que Trompa te enseñó a conversar en silencio, mientras olfateaba tus galletas de la tarde y te miraba quieto, echado a los pies de tu imperdonable soledad, porque nosotros ya no estábamos.
 
       Los imagino ahora, ayer, a ustedes, y los entiendo: confundidos, tratando de hacer algo, tratando de creer que no era cierto. Mientras su pelaje de oro triste se quedaba sin calor, sin brillo, sin pulgas, sin colores; y para su hocico y su gran trompa puntiaguda ya eran inútiles los olores del mundo. Porque Trompa estaba por primera vez inmóvil en nuestra casa, a pesar de los gatos, los ladrones, los veranos, las lluvias del invierno. Y seguramente sus manos, papá y mamá, lo acariciaron largamente y se habrán preguntado si lo habrían traído a la casa en el 58 o en el 59, y vos, papá, habrás respondido entre melancólico y satisfecho, como si acaso eso tuviera laguna importancia: Lo trajimos en el año 58, me acuerdo bien, fue cuando Néstor terminó el colegio.
 
 
Carta a mi maestra

 
        Dónde está? Cómo es usted ahora? Cómo tengo que escribir para encontrarla? Por qué entonces no me enseñó a contestar estas preguntas del corazón?
 
       Es necesario que la encuentre. No sé para qué, pero es necesario. Creo que usted misma me enseñó a recordarla. Con los años de nada me sirvió saber que Mariano Moreno murió en el mar, mientras creía, en medio de su candorosidad, su honradez y su violencia, que de este rincón del mundo podía hacerse una patria verdadera. De nada me sirvió recordar que el Río de la Plata es el más ancho del mundo o el más pequeño, o que si tengo doce naranjas y me como cuatro, me quedan... Todo eso, con los años, no me sirvió para nada. Lo que aún está intacto son sus ojos claros y un poco extranjeros, su insobornable ternura que me enseñaron el paisaje de un ser humano más, pero seguramente más hondo y más cierto. Lo que aún está intacto es una mañana de marzo, con la gran ventana que sabía distraerme y hacerme saltar a la veracidad de un sueño y su mano compartiendo la mía para inventar mi primera palabra en un cuaderno. La primera pura torpeza, distinta a esta torpeza de hoy, con la que trato de encontrarla. Porque pudieron morir en mí sus héroes (tan parecidos, después, a todos los hombres); pudo morir en mí una lámina que pretendía celebrar el día del ahorro, el día de la raza o cualquier otro día de esforzado esplendor, pero no pudo morir el día en que lloré de verdad por primera vez, escondido en el último banco y en la sala de los mapas y debajo de los tilos a los que el azar dela tierra quiso que aprendieran a envejecer en un patio de infancia. Y usted se acercaba, acercaba su corazón sus manos y me enseñaba que los hombres no deben llorar y, por lo mismo, yo lloraba tranquilo, protegido por su clara paciencia.
 
      Pero no: el papel y el lápiz siempre se quedan lejos de la vida y no podré encontrarla. Aunque arranque la hoja del último cuaderno y escriba esta carta y escriba su nombre o recorra las aulas sin luz.
 
Fuente: Cartas íntimas para todos, Néstor Mux, Elepé Ediciones, La Plata, 1974.

 
Néstor Mux nació en La Plata en 1945. Reside en su ciudad natal. Su obra poética publicada incluye los siguientes libros: La patria y el invierno (1965), Nosotros en la tierra (1968), Cartas íntimas para todos (1974), Como quiera que sea (1978), Perros atados (1982), Poemas (1985), Poesía reunida (2000), Papeles a consideración (2004), Disculpas del irascible (2009), Nadie le pide que escriba (2019) y Música imprecisa (2025). En 2009, Cuadernos orquestados, colección de poesía dirigida por Abel Robino, dio a conocer una breve selección de sus poemas con el título Delicada insensatez. Mux obtuvo, entre otras distinciones, el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes (1967), el Primer Premio Promocional de Literatura de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires (1968), el Sello de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Seccional La Plata (1968), la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (1968), el Premio Consagración “Roberto Themis Speroni” de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (1986) y el Premio Consagración de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires (1996). Las cartas incluidas en esta página fueron escritas por Mux en una época en que era viable soñar con un mundo más justo y solidario. Hoy suman a su emotividad y hondura originales, la nostalgia propia del tiempo ido. Por primera vez son publicadas en Internet.
 
Foto: Néstor Mux y su hija Julieta. Fuente: Cartas íntimas para todos, Néstor Mux, Elepé Ediciones, La Plata, 1974. 

 

(Fuente: lospoetasnovanalcielo.blogspot.com)

Romero Kio Saracho (Río Negro)

 

 

Despierto/ Las vidas Woke, importan.



Aunque nacionalidad
nacionalismo/patria
son nociones
que no me importan
hoy quise hacerme
una ciudadanía. Si.
Me dieron ganas.
Y listo. Hoy
me hice Woke.
Ya no ando flojo
de papeles. Tengo
mi certificado
Woke. Soy
intensamente
legal.
Soy Nacido & Criado.
Un N&C Woke.
Si te importa mi género
soy un puma/ Woke.
Y si te diera curiosidad
mi estado civil
estoy/Woke.
Ocupación/ Woke.
¡Ah¡¡Perlongher! ¡Por qué seré tan Woke!
Ojos/ Woke.
Color de piel/ Woke.
Edad/ Woke. Soy
un verdadero Woke. Un Woke
pura raza. Mi árbol
genealógico
lo prueba.
Soy una Veri Woke Pipol.
Es que ser Woke
es mi virus
mental.
Mi cultura.
Mi epidemia.
Mi ideología
de corte colectivista.
Ser Woke es mi agenda.
Mi adoctrinamiento.
Mi debilidad
política.
¡Pero ah! ¡Perlongher
por qué
seré tan Woke!
Amenazo la tradición.
La libre expresión.
Los valores de la familia.
La propiedad.
Y el mérito
individual.
He hecho mucho daño
en mi fatal arrogancia.
Soy esa aberración llamada
justicia
social. Soy un gasto
que otrxs
deben pagar.
La ignorancia
del rol de la condición
de transversalidad.
La impericia
para derivar la demanda de dinero
en equilibrio general
estático y dinámico.
Tengo nula
lógica de mercado.
Soy un burro. Tengo éxito
por insistidor.
Soy una distorsión
de las causas nobles.
Soy moral
productiva
y estéticamente
inferior.
Soy débil emocional.
Tengo miedo. Lloro
porque la cancha
no está inclinada
hacia el igualitarismo.
Soy un hielo en el Sahara.
Una práctica
abyecta. La cabeza
de una misma criatura.
El guion de los últimos
cuarenta años.
¡Por qué
seré tan Woke!
No sé abrazar
esas ideas
de libertad. Yo
no la veo.
No me aferro
al ancla fiscal
ni a la monetaria.
No soy producto
del sinceramiento cambiario
ni me ajusto
a las tarifas. Yo
no quiero recuperar
la parte dorada.
Mi salida es lenta. No viajo
en deflación de dólares
ni salgo al mercado
fácilmente.
Soy
la decadencia.
No represento el pico
de la especie humana.
No me debato
en la próxima sesión
del honorable congreso.
Ni soy la tierra fértil
de la herencia grecorromana.
¡Por qué
seré tan Woke¡
Tengo una cantidad
artificial e infinita
de derechos positivos.
Distorsiono la idea
de la inmigración.
No me animo a pensar
ni escribo
versos propios.
Persisto
en la brecha, persisto
en el error. Sufro
de exceso de pesimismo.
Tengo delirios
Ideológicos.
 
¡Por qué seré
harto
re
Woke!
¿Por qué no podría
hacerme mi ciudadanía? ¿Por qué
no podría disponer de mi cuerpo?
¿Cuál seria
el problema?
Después de todo
formo parte
de una epidemia
una invasión global
de rojitos.
*
r.k.s enero 2025.
 

Alejandra Cortina Cué (Madrid, 2006)

 

 

Mi pecado entró disfrazado de cautela.
No se anunció con fuego ni decreto.
Se filtró.
Ablandó la médula
y aprendió mi nombre antes de que yo aprendiera su hambre.
Me pudrió despacio, con ternura,
hasta que mis huesos dejaron de ser estructura
y se volvieron depósito.
 
Avaritia non satiatur
 
La avaricia nunca se sacia.
Yo tampoco.
 
Aprendí pronto a no esperar.
La esperanza gasta sin pruebas.
Entendí que todo lo que recibo
debo guardarlo, por defensa.
 
Todo lo que recibo, lo acumulo.
Todo lo que toco, lo mido.
Todo lo que amo, lo inventario.


(Fuente: En Amor Arte)

Abdul Had Sadoun (Bagdad, Irak, 13 agosto 1968)

 

 

 

 



 

CERCA DEL TIGRIS

 

“Tus pestañas son ala tierna de mariposa,
Y como roca es mi párpado que no se cierra”.
                                    Canción popular iraquí 
 
 
La víspera de mi llegada
Desde allí donde la dejé
Cerca del Tigris
Pregunta mi madre:
—¿Qué harás, tan lejos, hijo mío?
¿Qué dirás? ¿Te escuchará la gente?
¿Conocen, ellos, nuestra lengua
Nuestro rostro
Nuestro dolor?
¿Sabrán quién eres?
¿Seremos alguien
Para ellos
O quizás
Solo arena lejana
Indiferente?
Cuéntales de mí
Bajo el umbral
De nuestra casa
Siempre aguardando
Tu regreso. 
 
Cuéntales las maravillas
De Sherezada,
De Bagdad
Sus rufianes y pícaros
Sus destrucciones
Y renacimientos
¿O callarás
Olvidando tus palabras
En la nada
De otra vida? 
 
Háblales de las caravanas
Milenarias caravanas
De muertos...
Hijo mío
¿Esconderás la cabeza
Bajo la tierra
Como avestruz
Avergonzado por tanta lágrima? 
 
Cuéntales de aquellas caravanas
Que enterró el tirano
En la arena
Donde murió tu hermano
Donde permanece aún inmóvil
Para la eternidad
Sobre su silla
Cual hoja disecada. 
 
Háblales de tu padre
El tío, nuestra pobre vecina
Su hijo
Háblales también
De la caravana de tanques
De Bush
Demoliendo Bagdad
Definitivamente ciudad de todo
Menos de la paz. 
 
—Madre mía
Escondo la cabeza
Porque sus dedos
Me señalan
Déjame volar
No quiero saber
Nada de guerras
Que se devoran
Unas a otras
Interminables 
 
«Quiero decir
Que nos devoran
Unas tras otras
Interminables».
No
No les hablaré
De nuestras caravanas
Tampoco de ti
Madre mía
He abierto mi frente
Al verano
Y verán mi dolor. 
 
(Traducción: Luis Rafael)
 
Pájaro en la boca y otros poemas (2006)
La Habana: Editorial Arte y Literatura, 2009, pp. 10-12
 

(Fuente: Óscar Limache)