viernes, 28 de agosto de 2026

Alejandro Bekes (Santa Fe, 1959)

 

 

ASÍ HE PASADO POR EL MUNDO y otros poemas

 

 


 
 
 
Así he pasado por el mundo
 

En páginas de libros aún no escritos,
en pétalos que leves se entreabrían
bajo el velado sol de una selva lluviosa,
en los labios desnudos de una mujer dormida
se posaron mis labios.

No se posa la abeja en el estambre
con menos peso. El toronjil, la menta,
el tomillo, en la miel serrana ocultos,
no se insinúan en la boca pura
de una niña con menos insistencia.

Así he pasado por el mundo, 
sin dejar otra huella que la que deja el tiempo
sobre sí mismo. Fui sólo una hebra
volátil del telar de aquella reina
que desteje de noche lo que teje
cada día... La Reina de la Vida. 

Y hermoso es lo que fue si lo miramos
nimbado por el oro fatal de lo perdido.
Más hermoso es aún lo que pudo haber sido
en los pliegues del tiempo, lo que una vez soñamos.
Y aún más hermoso es siempre, aquí en tu casa,
el instante de amor que desearíamos
detener en su vértigo y que pasa.

2016


La mitad en la sombra
 

La mitad de la cara está en la sombra
siempre, la luz no abarca todo el cielo
ni es posible saber lo que te oculta
el pleno mediodía. Sueño o música
o selva oscura o fuga de rapaces
o en el hilo de Ariadna la ilusión
de ser libre algún día –son la prueba
de que tu propia voz esconde al otro
que ríe o que sonríe a tus espaldas
mientras vas por el mundo. No te espantes
de las iridiscencias y matices
del ambiguo crepúsculo en el agua
más transparente. En lo que digo late
un secreto, un secreto, en lo que callo 
asiente su verdad tu ayer sepulto.
La mitad de la voz está en la sombra
siempre. Nadie lo dice nunca todo.
Tampoco yo, que todo te lo digo.


Enero 2026


Arabesco
 

El alto dinoterio escuchaba tu primer arabesco
absorto en las praderas del mioceno,
querido Claude, y la mojada primavera
subía por las venas rígidas de los árboles 
y el futuro se abría en nubes ligeras, deshilvanadas, flotantes.
Allí estaban también los cuadernos y lápices de la felicidad,
la que no necesita explicación, 
porque la dama que esperaba –descalza, grandes ojos
y cintura que anhela como un álamo cuando la luz vacila – 
no tenía un solo nombre sino todos
y mi deseo la llamaba.

No conocía aún la fábula del rey y de sus hijas ciegas 
que encienden en la torre una lámpara vana
y esperan al que nunca vendrá.

Entonces penetré en el hipogeo
y visité a escondidas, solo y temblando,
la voz que me invitaba bajo el lino traslúcido,
el beso del silencio bajo la voz desnuda.


2004-2015


(Inéditos; Gentileza del autor)


La garganta en la roca
 

XIV. Maestra ciruela

Cinco pétalos blancos y en su centro 
los pistilos de oro y madrugada.
Vimos así al ciruelo florecido 
y era todo el ciruelo una flor blanca.
Era todo el ciruelo una flor blanca 
y nuestra huerta entera perfumaba.

Era una maravilla
ver y sentir la flor y su perfume.
Con vientos y con lluvias vino octubre 
y las flores cayeron.

De las mil ciruelitas diminutas 
que al fallecer los pétalos dejaron, 
algunas prosperaron.

Verdes, ya del tamaño de una uva 
pequeña, ayer las vi al sol de la tarde, 
en una tregua de la lluvia.

Nada la vista en ellas imagina 
de la profunda púrpura y dulzura 
que se deshará fresca entre los dientes 
y dejará en los labios un sabor 
parecido al amor.

Nada tienen que hacer, sino dejarse 
vivir, permanecer, bien agarradas 
a las ramas, ocultas en las hojas, 
hasta ponerse dulces y moradas.

Sin esfuerzo, sin maña, sin escuela, 
nada más que con tiempo, 
aprende la ciruela a ser ciruela.


(Del libro:"Un oráculo de agua",
Fénix,2023)



La voz humana
 

Como dos soledades que se tocan 
desde planetas muy lejanos, 
ella v yo hemos hablado por teléfono 
oyendo más la voz que las palabras 
tal vez, como si las palabras 
dijeran menos que la voz, 
como si las palabras fuesen algo 
pero la voz lo fuera todo.

Casi desconocidos, ella y yo
nos hemos casi amado por teléfono,
como dos soledades que se alcanzan
desde planetas muy lejanos,
unidos aun por la distancia,
sin vernos, sin tocarnos, sin olernos,
sólo oyendo esa voz en el teléfono,
como si fuéramos fantasmas
hablándonos desde otro más allá,
como dos almas que habitadas
por densas multitudes de voces implacables
pudieran descansar por un momento
en esa sola voz que no es fantasma,
que no acusa ni miente,
en esa sola voz piadosa,
en esa voz humana resonando en la noche.


(De: "Letras de agua"; 
Pliego de Poesía,OVA
        Ed.Juan Meneguín)

Alejandro Bekes


Alejandro Bekes (Santa Fe, 1959) ha publicado los volúmenes de poesía Camino de la noche (1989), La Argentina y otros poemas (1990), Abrigo contra el ser (Ediciones Río de los Pájaros, 1993),El hombre ausente (Colección Fénix, 2004), Si hoy fuera siempre (2006) y Virgen de proa(Pre-textos, 2015) y Un oráculo de agua (Fénix, 2023). Ha traducido una selección de la Poesía de Nerval, Venus y Adonis, de Shakespeare, Geórgicas de Virgilio, Fábulas de Fedro y la obra completa de Horacio (en cuatro tomos: Odas, Epodos, Sátiras y Epístolas, 2005-2022). Milagro de Ia noche (2019) incluye las traducciones de la Elegía de Thomas Gray y de En Villequier, de Víctor Hugo, con extenso prólogo. Es autor del diccionario de lingüística y teoría literaria Breviario filológico (2013) y de los libros de ensayo Los caminos tortuosos (1998) y Lo intraducibie. Ensayos sobre poesía y traducción (2010) y de un diccionario mixto titulado Breviario Filológico. Ha sido docente titular de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Ha dictado numerosos cursos v conferencias sobre la enseñanza de la lengua materna, la literatura y la traducción. Actualmente coordina el taller de lectura Amaranto”,


(Fuente; La biblioteca de Marcelo Leites)

 

Víctor Cuello (González Caián, Pcia. de Buenos Aires, 1976)

 

 

sábana hueca
un tulipán florece
en tu espalda
 
me rodeaste
naufragaron vértebras
y pantalones
 
mi piedra lame tu agua 
 
es tarde en la mesa
pero nada se consume
 
tus ojos
son mi sudario
 
dale
colgate de mis pupilas
prometo
no dejarte caer
 
 

("Pajarito")
De "Hasta que el fuego diga"
Ediciones "Cardo Azul Buenos Aires 2018"
Director: Omar Cao.

 

(Fuente: Héctor Giuliano) 

Azucena Salpeter (Formosa, 1942)

 

 

 

 

 

 

La escala de Jacob



Bajan con grúas
alef escaleras cuerdas cristales de cuarzo ladrillos de la creación
no les prestamos atención
y olvidan lo que venían a decir
 
sólo el dedo de un niño pregunta
sigue el derrotero de rayas y manchas azules sobre la mesa del cielo de los olivos
 
ellos lavan y cepillan
suben las ruinas en grandes recipientes rotos
a la manera de alas
y el día se vuelve más claro
la mano en estrella del padre bendice
pregunta bendice
recuerda un momento y olvida
 
la rueda de la escala de Jacob gira
el mundo sigue siendo campo minado.

 

(Fuente: Daniel Rafalovich) 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

 

Poco me queda
por decir
de aquellos años,
excepto
que mi amigo
murió atado
a cuatro hierros
en Villa Diamante,
y que salió
en la prensa
como "enfrentamiento".
 
Y que nunca
llegué
a su lado
por terror
y ese maldito paro de colectivos.

- Inédito -
 

Susana Villalba (Buenos Aires, 1957)

 

 

 

 

 

LA PANTERA

 

Matar al animal
requiere un animal
sin sombra.
Vas caminando por un monte
o te parece, no sabés dónde estás;
creés que lo sabías
cuando llegaste.
Ese negro
bien puede ser una pantera
o mujer,
no te das cuenta.
La mirada salvaje te gusta,
no, te calienta.
No, te mira
como quien no comprende
dónde está.
Ya estás perdida,
tendrías que llevarla a tu casa
pero sabés cómo termina:
un animal herido
siempre ataca.
Tendrías que matarla,
ahora,
antes de que sea tarde
o por piedad.
Pero esa mirada es una trampa,
si es pantera
sabe matar mejor
que vos.
Nadie sabe tu nombre
aquí
y ahora él
o mujer te da la espalda.
Pensás en un Remington
liviano
de distancia corta.
Pero nadie escucharía,
Red Hot los distrae,
a vos también.
Y no se mata por la espalda,
lo viste en las películas
o creés en eso.
Matar
es otra cosa.
Ahora te mira y ya sabés,
vas a llevarla a tu casa.
Está tocado por la gracia,
está a la vista
o vos lo ves, no estás segura,
o tiene algo
que creés comprender.
Y sin embargo
sabés cómo termina:
no sabés cómo
te hirió si te quería.
No querés acercarte,
te mira como miran los gatos
cerrando los ojos.
Se apoya en la barra
frente a vos,
los dos están perdidos.
Pensás en el Remington,
nunca tuviste uno.
Matar es otra cosa.
Nadie parece comprenderlo,
el negro tampoco pero ve
que tenés un cigarrillo
en la mano
y otro ardiendo
en el cenicero;
se acerca y lo fuma.
Estás perdida,
creés saber cómo termina
y volvés a equivocarte,
apaga el cigarrillo
y se va.
Ahora nadie
se parece a tu deseo.
Y es que no se parecía.
Una pantera perdida
en su memoria
o forma de mirar
o lo que fuera
que no vas a saber.
Tomás un taxi pensando
demasiada belleza no es el móvil,
es la coartada.
Para matar a una pantera
hay que cerrar los ojos.
 
(de Matar un animal, 1995)
 

(Fuente: Richard Poetus Rojas) 

Diane Wakoski (Whittier, California, EEUU, 3 agosto 1937)

 

 

 

 

 

HISTORIA



Un hombre me preguntó
la historia de mi vida.
Dije
que yo no tenía
historia.
Que todas mis historias eran vidas,
como hongos,
aparentemente sin raíces,
aunque las esporas, microscópicas, que bailan
en la tierra
como mi mano roza tu cara mientras
duermes,
                     ya no son misteriosas;
y recordé que todas mis historias son una sola,
dejando a una mujer con un puñado de plata
que se vuelve luz de luna
desvanece como el aire,
desaparece con el sol,
permaneciendo ella con sus manos abiertas
y la poesía que es música,
una canción que nos ronda a todos
es lo que le queda,
su realidad misteriosamente,
quizá microscópicamente, ida
                                                 para aparecer en otro
terreno pantanoso.
Yo busco al mago que entienda
lo que es invisible
al ojo desnudo,
que lea la poesía como un texto
para una nueva especie de jardín,
que convierta la luz de luna
en un puñado de plata,
en algo sólido y real,
no en ilusión,
no en viejas historias,
no en la vieja versión de la vida,
no en hongos venenosos.
 
Hongos,
comibles,
hermosos,
que dejan caer las esporas
y dan vida
justamente
como nosotros.
La historia de mi vida
es
que continúa.
 
 
Trad. Beth Miller
 

(Fuente: Marcela Machado) 

Miguel Gaya (Buenos Aires, 1953)

 

 

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible. 

 

 

Ulises revisited

 

Ni al mástil, ni cera en los oídos.
Rema sin miedo, no esperes las velas.
Ya no debes temer al tiempo huido,
El único peligro aún te espera. 
 
Las sirenas dormitan en las rocas,
La madera cruje, pero aun resiste.
Nadie sabe la suerte que le toca,
El don de viajar es lo que existe.
 
Cuando quieras volver, no habrá camino
Las olas borrarán hasta el recuerdo
De aquello que tomaste por destino 
 
No hay hogar, pero tampoco sino.
El fin no es ni rápido ni lerdo.
Creías en volver, serás olvido.
 
- Inédito -

 

Ana Sánchez Huéscar (Socuéllamos, Ciudad Real, 1974 / vive en Madrid)

 

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible. 



COMETAS EN LA GARGANTA 

 

2.
Parte una casa por la mitad
–procura que la llave del agua
caiga de tu lado–
derrumba el volante que alza las pestañas,
el Paraíso, el Viento,
almidona la fragancia del almendro
para siempre en tu memoria.
Construye otra casa
–recoge antes los escombros–
y alarga su estructura;
bajo el patio con geranios
guarda el tiempo ya gastado
que no vuelve.
Añade una habitación sin elefante
–el pasado quedará atrapado
en la otra mitad–
y resta los juegos, las risas,
los bolsillos llenos de flores.
Pero deja una ranura
por la que puedas mirar
la luz irrecuperable.
 
.
22.
No me gustan los ojos que matan gorriones.
Si el tiempo no soy yo,
pero cae con mi espera impaciente,
mordaz lanzadera hacia la hora rosa,
hacia el rostro de la luz,
con la sed de un sol ciego,
con la mágica idea de renacer
no en la forma blanca como teoría
sino como realidad,
pero cubre antes la inocencia
para que no duela el dolor,
para que no sangre la sangre,
para que no muera el morir,
y acepta la fragilidad como vestido de noche,
entonces, sabotearé un enigma.
No me gustan los ojos que rompen espejos.
Si la niña crece,
¿con qué tiempo mediré mi estatura,
la dulce corriente de los años cuando son bisiestos?
¿Cómo conseguiré ser pequeña hasta el fin
en el espacio mínimo de un vuelo cósmico,
murciélago, atávico, y mantener mi verdad,
el daño y su duelo, la luz y su brillo?
Intento evitar la caída,
pero, si cuando alcanzo, suelto,
cuando no soy, ¿quién sostiene?
.
 

PASEANDO LIMBOS

 

Un pez suplica agua.
Le falta una extremidad.
.
Es ciego, pero percibe las sombras.
.
La noche resbala en los adoquines
con sus zapatos de tacón.
.
Le sobra una extremidad.
.
Hay una reunión clandestina
de caracolas nocturnas
en la periferia de las farolas.
.
Los altos balcones derriten su calor invertebrado
en las macetas de violetas grises.
.
Sueño o necesidad
del frescor de los estanques
que duerme ebrio de ron
en algún columpio oxidado.
.
Y luego estoy yo,
paseando limbos y tapiando recuerdos
con todos los huesos de mi memoria.
***************
 
Fuente: Revista Vórtice
Literatura Contemporánea
Derechos de autor reservados
2675 [Publicaciones de poetas]
Fotografía de Pepe J. Galanes
 

(Fuente: Oscar Vicente Conde) 

Milan Rufus (Závažná Poruba, Eslovaquia, 10 de diciembre de 1928 — Bratislava, 11 de enero de 2009)

 

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

 

CAMPANAS 

 

Tu también escuchas de vez en cuando
a la muerte golpear el seco látigo
y tratas de adivinar si está lejos
o cerca la tumba.
 
Suena la campana de tu patria.
Un molde. La ira y el amor
fundieron en él tu figura.
Fuente memoria. A tientas
sacias tu sed, y ya que refleja,
lentamente lees de la superficie tu propia cara.
Miras bien, te lavas la suciedad
y te limpias el sudor; lo oscuro de la arcilla,
lo que no has dado y te han robado.
Y así le pides a la patria muerta:
 
Sé paciente. Aguanta bajo mi brazo
y acompáñanos en este tiempo difícil,
como las madres en silencio mueven los labios
cuando el niño dice un poema.
.
De: «𝘊𝘢𝘮𝘱𝘢𝘯𝘢𝘴» (1968)
(Traducción: Pablo Romero)
Milan Rúfus fue un poeta eslovaco 🇸🇰

 

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía) 

Juan Desiderio (Buenos Aires, 1962)

 

 

 

 

 

I
Lugares dedicados al culto del supuesto bienestar.
Antros dedicados al culto del placer y de la vanidad.
Espacios dedicados al culto de la nada y de la línea recta.
Sensores y rayos láser que te mantienen ahí.
Jardines saturados de plantas medicinales.
Hechos reales dedicados a la vanidad de las sombras.
Augurios de buena voluntad dichos en sitios peligrosos.
Pasillos y patios consagrados al laberinto que tiene cada humano en el cerebro.
Escuelas donde se acorta el tiempo, donde se enseña cómo es la superficie.
Iglesias y Templos, donde es necesario perforar la superficie para ir hacia los profundos abismos del Alma.
Garajes y autódromos dedicados al arte de la velocidad, dentro de cuatro chapas.
Supermercados dedicados al arte de una supervivencia impuesta y monitoreada.
Planetas y asteroides dedicados al culto de lo fantástico e irreal que vive en ti.
Teatro de hostilidades, dedicados al culto de los artistas del fracaso propio.
Oficinas oráculos de burócratas intransigentes que dedican su quehacer a ellos mismos.
Barcos artefactos navegantes dedicados a todos los que huyen para cruzar el umbral.
Trenes dedicados a quienes aman los viajes serpenteantes.
Aviones estuches que vuelan llenos de personas dedicado a quienes se trasladan dentro de una burbuja
Camiones dedicados al culto de lo pesado
 
II
Gente normal gritando desaforadamente.
Gente intelectual, negando sus instintos a pleno llanto.
Gente subnormal tramando planes de aniquilación.
Gente humanos ensayando las artes del humor.
Humanos fáciles, vestidos de gris en blanco y negro.
Humanoides temerosos que usan sus cuerpos, desmedidos en músculos.
Humanoide que en tiempo inmemorial, cruzó los dedos al descubrir el fuego.
Humanoides creados telepáticamente por nosotros.
Humanoides Annunnakys esclavos del capitalismo con sus siete aberraciones.
Annunnakys que dejaron sus refugios en pos de una nueva aventura.
Annunnakys Ángeles neutros que viajan de la tierra al cielo.
Ángeles cuyos jardines están hechos de música y color.
Ángeles fragmentos de quienes han sido y son, sabios muertos.
Ángeles que ya no se disuelven y han acercado sus plumas a Dios.
Dioses dedicados como fragmas, a sacrificar a sus hijos para así reverdecer.
Dioses dedicados a la devoción de los imperios.
Homo Sapiens Sapiens Eléctricos grotescos, intentando hacer pie en la nada.
Homo Sapiens Sapiens Digitales en busca de un Alma extraña a sus cuerpos.
Homo Sapiens Sapiens divididos en formas extrañas.
Homo Sapiens cuyos huesos son de cristal.
Homo Sapiens cuyos músculos han sido tejidos por los falsos habitantes de la Pacha Mama.
Homo Sapiens de carne de soja, alimento gourmet para los cerdos.
Sapiens Sapiens cada vez más solos.
Sapiens Sapiens cada vez más alejados del Homo
Sapiens volando sin rumbo, por la Galaxia.

 

Ricardo Zelarayán (Paraná, 1922 - Buenos Aires, 2010)

 

 

 

 

 

SOMBRA QUIETA

 

Una plancha se detuvo junto a un árbol y del suelo brotó una
lluvia de transistores.
Nosotros también nos detenemos, y a veces un poco deslumbrados
nos vamos por ahí... tambaleantes.
Pero la cosa recomienza, y siempre volvemos a ser lo que éramos.
El mobiliario se completa.
Lo que no quiere decir que la silla vuelva a llevarse bien con
la mesa.
Habrá que ver lo que es seguir... Pero que siga, que siga...
sin detenerse.
Y cuando comienza uno a abanicarse a grandes rasgos,
sin sentarse en una silla,
el suelo comienza a anegarse
y se termina por encontrar una rueda de esas en un rincón,
completamente knockout.
Momentos después la rueda recomienza
y hay viento por ahí.
Un viento que acomoda las últimas migajas
(¿por qué habrá siempre últimas, me preguntaba los días pasados
que siempre hay?)
La quiebra del pavimento,
la quiebra de los talones,
la quiebra de las agujas y de los pelos,
de las grúas y de los bancos de la plaza,
tiene que ver con los paraguas que flotan a la deriva
o con los humos que brotan interminablemente de las orejas gastadas.
Una oreja sepulta caballos.
Los cabellos sepultan caballos.
Los caballos insepultos son todos orejeros.
Las orejas se acomodan pero ya no se estacionan durante años en un rostro.
Oreja de plaza,
paraguas insepulto,
rueda demoledora...
Hubo que hacerse un lugarcito y esperar.
La conversación lateral crecía y los rostros se abordaban salvajemente.
Una almohada de cabellos.
Una almohada de caballos.
Orejas por el suelo,
rodillas en la tierra,
y todos los rinconcitos reservados para otras miradas.
Hoy me pregunto por qué de todos lados se vienen caballos
traídos de los pelos o de los cabellos.
Y el porqué de tantos andenes sin rostro definido
para colgarse de cualquier lado.
Una vez fueron tres
y no hubo palacios sino calles zancudas,
y cómo se zancudían
en cualquier sector de cabello
o de espejo incontenible.
¿Por qué contener el agua?
¿Por qué la llama acentuaba su relieve para declinar
y caer en un embudo?
Había que enroscar los cables de las miradas.
!Y pase otro más al frente!
Un frente sin perfil,
un filo iluminado para los que buscan asirse de los bordes.
Ojos vacíos, ventanas vacías y vendaval.
Hay un viejo asunto de cajones
y de muelas del viento.
Un centenar de antenas dopadas
hacen brotar sus frutos por todas partes.
Pero si hay partes no pueden ser todas para asomarse
detrás de una loma,
de debajo del agua,
detrás de una puerta
o simplemente detrás de los párpados.
 

 

(Fuente: Cecilia Pontorno) 

Víctor CoralCordero (Lima, Perú, 1968)

 

 

BAILAR SIN SABER BAILAR

 

𝗦ó𝗹𝗼 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿í𝗮 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀
𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂𝗽𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗯𝗮𝗶𝗹𝗮𝗿.
𝗙. 𝗡𝗶𝗲𝘁𝘇𝘀𝗰𝗵𝗲.
 
Tal vez no saber bailar, sólo bailar. A tu aire, a tu modo, a tu alegría. Hay muchas maneras de hacerlo. Como aquel trío en Bande à part, juvenil y elegante; como el hombre cuasiprimitivo que baila tecno en Ma première brassere… O simplemente bailar sin saber bailar, sin vergüenza. Como la muchacha que amé, atronada, ligera; pero nunca como el que no baila por tristeza. La tristeza es la pérdida del ritmo, la pérdida del mundo.
 
***
De ambos lados de la cortina del ser:
dios y el hombre se aguaitan.
 
Por el mismo agujero negro en la cortina
—algunos lo llaman 𝘳𝘢𝘻ó𝘯.
 
Dios no ve nada;
el hombre ve la Nada.
 
***
Así como la savia
sostiene con verde flujo
las ramas y las hojas del árbol
el ritmo alimenta el poema
enhebra los sonidos
gesta sentidos
e
invisible pero vivo
lleva a su culmen los signos
diseminados sobre la página.
 
***
𝗧𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗹𝗮 𝗼𝘀𝗰𝘂𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘃𝗶𝗮𝗷𝗮
𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝗲𝗹𝗼𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗹𝘂𝘇.
𝗠. 𝗠𝗼𝗻𝘁𝗮𝗹𝗯𝗲𝘁𝘁𝗶.
 
No existe la Poética
sólo poéticas.
 
No la Memoria
sino la cota de recuerdos y olvidos.
 
Nunca única Luz;
más bien luces y sombras
viajando muy juntitas
desde la presencia hacia el olvido.
 
 
(Fuente: Lab De Poesía) 
 

Andrè Breton (Francia, 1896 - 1966)

 

 

Puede ser un dibujo de estudiar 

 

LOS ESCRITOS VUELAN

 

El satén de las páginas que se hojean en los libros modela
una mujer tan hermosa.
Que cuando no se lee se contempla a esa mujer con tristeza
Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que es tan hermosa
Que lo que se va a saber no tiene precio
Esta mujer pasa imperceptiblemente entre un rumor de flores
A veces se vuelve en medio de las estaciones impresas
Para preguntar la hora o mejor aún simula contemplar unas
joyas bien de frente
Como no hacen las criaturas reales
Y el mundo se muere una ruptura se produce en los anillos de aire
Un desgarro en el lugar del corazón
Los diarios de la mañana traen cantantes cuya voz tiene el color de la
arena en las riberas tiernas y peligrosas
Y a veces los de la tarde dan paso a muchachas que conducen
animales encadenados
Pero lo más bello está en el intervalo de ciertas letras
Donde unas manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía
Saquean un nido de blancas golondrinas
Para que llueva siempre
Tan bajo tan bajo que las alas no puedan ya mezclarse
Unas manos por donde se sube hasta unos brazos tan leves
que el vapor de los prados en sus graciosas volutas por
encima de los estanques es su imperfecto espejo
Unos brazos que no se articulan más que con el peligro excepcional de un
cuerpo hecho para el amor
Cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de los matorrales
llenos de velos
Y que sólo tienen de terrestre la inmensa verdad helada de los trineos de
miradas sobre la extensión toda blanca
De lo que no volveré a ver más
A causa de una venda maravillosa
Que es la mía en el juego de la gallina ciega de las heridas


Versión de Manuel Álvarez Ortega.
Pintura: Mujer leyendo de Vincent Van Gogh
 

(Fuente: Henderson Espinosa / Cultura literaria) 

María Gutiérrez (Tenerife, 1957)

 

 

panorama para matar 

 

 



 

 

no mancha la guerra vía satélite

no duele Gaza entullada de miembros

abrasados

cadáveres

cascotes sanguinolentos

ese inocuo exterminio

que sepulta la inocencia

 

desde los miradores con vistas

                        a la limpieza étnica

admira las bombas el nuevo turismo

que sufragará

el parque temático de la vergüenza

 

ese inocuo exterminio en Palestina

no inmuta                            

el infanticidio

ni los ojos del hambre

ni los huesos consumidos

no estremecen

los tanques del estado de bienestar

que asolan la esperanza

 


 


María Gutiérrez. Con permiso del cielo. 2026

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Javier Iáñez Picazo (Granada, España, 1997)

 

 

EN ENTRETENIMIENTO PARA INCENDIOS 

 

 






TELEOLOGÍA DEL ÚLTIMO BESO DURANTE

(Y NO ANTES DE)EL ACCIDENTE


Lo último que hacen todas las víctimas de accidentes de tráfico

antes de morir

es pasar por un roce frío y apresurado

inexacto.

Pasan por la levedad de un beso sobre

la almidonada piel de un airbag que tarda

25 milésimas de segundo en convertirse en cuerpo (o amante).


Cinco veces menos tiempo de lo que tarda en guiñar un ojo

dice Google.

Cinco veces menos tiempo de lo que se tarda en decir adiós

digo yo sin querer.


En nuestros últimos segundos

somos infieles a todo(s) lo(s) demás

en nuestros últimos segundos

con la artificialidad irresistible del nylon

en nuestros últimos segundos


los accidentes de tráfico repiten

los patrones simétricos de un copo de nieve hexagonal.

Allí se esconde un paisaje quebrado de ramificaciones que exhibe

en cada uno de sus seis vértices


estrellas de puntas afiladas como lápices

y en cada uno de sus seis ángulos agudos

agudos y cerrados como el sexo de las tijeras

agazapados

unos labios obtusos y entreabiertos

y una vida que se escapa (o eso dicen)

como escapa el aire del airbag recién hinchado.


Todos los accidentes de coche

son un beso doble seguido de dos estadillos


beso metálico y estallido del gas que se activa 25 milésimas

de segundo

beso acolchado y estallido del cuerpo que desaparece todo

lo demás


Cierra los ojos, aparta tus manos, separa tus labios y traga saliva.

Cosmética del accidente: chapa y pintura.

Beso y capó.

Pum, crash, muack, psst14.

Qué rápido.


_____________________________________

14 No necesariamente en este orden.




Javier Iáñez Picazo

Entretenimiento para incendios


Difácil

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller)