sábado, 8 de agosto de 2026

Dimarys Aguila (Artemisa, Cuba, 1979)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y personas sonriendo 

 

 

 

La última voluntad de Eva

 

Se desliza por la senda del placer.
va en busca de estallidos,
descubre la cima,
el punto exacto.
 
La mano se reduce a una falange,
la falange al tacto...
el tacto es el encuentro
donde obra el subconsciente,
redondea la forma casi perfecta. 
 
El éxtasis llena la mente
de fantasías de burdel
de putas tristes con lencerías caras.
¿Dónde están los hombres con sus limosnas
para vaginas?
Me siento en la puerta de una iglesia.
Abro las piernas,
mientras tanto:
¡hago piedad! 
 
X
Del libro  69 pasos
Warriors Edition, 2023.
 

Zhāng Lín (China)

 

 

«La idea es esa»

 

Traducción de Sebastián Vargas
 




 
 
 
Algunas cosas son grandes desde que nacen, 
por ejemplo el mar.
Algunas cosas son pequeñas a morir, por 
ejemplo una brizna de hierba.
Además, hay algunas cosas
que cuando las conocí ya eran viejas, como el 
lugar donde nací.
Yo voy pasando muy muy lento
de pequeña a grande, por el gradual proceso 
de ir envejeciendo.

Mi vida entera
es como una brizna de hierba
que piensa en el océano
como si volviera al hogar.



Pintura original de Zhu Da


(Fuente: Descontexto)

 

César Seco (Venezuela, 1958)

 

 

PAN LETRADO

 

Aquí el viento habla una lengua de fuego
en cada puerta.
Escucho y me confundo.
Luna tibia mi mujer aquí en las sábanas.
Ventana en la noche alerta.
El viento la lleva de extremo a extremo.
!Cuánto suyo me tiene vivo!
Deparo en pez y la caja en agua.
Aquí ella circula.
Mi ideario. Mi tablita de saltar. Mi sueño.
Sus ojos, su piel atenta.
El pan frágil. El pan.
El pan su cuerpo alía.
Aquí su orilla. Aquí su línea.
El pan de luz.
El pan.
 
 
en Oscuro Ilumina. C.S. 1999. en Poemas selectos, 2026.
 

Laura Devetach (Reconquista, Santa Fe, Argentina, 1936)

 

 

Si viviera en Holanda
yo sería de esa gente
que le va ganando tierra al mar
Si estuviera en el Sahara
ganaría lluvias
cultivando rosas
sobre pausados camellos
que conocen la vivienda de las aguas.
Pero soy de aquí
y soy millones
vibrando en el cansancio elemental
de ganarles nuestra vida
a un puñado de crápulas.


(Fuente: En Amor Arte)
 

Ricardo Zelarayán (Paraná, 1922 - Buenos Aires, 2010)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas 

 

 

 

Mano despierta,
tajo florecido hasta lo demás...
Las afamadas similares adheridas
no comienzan.
Una sonrisa de sandía ata las sábanas,
desgaja las risas,
escupe las semillas del más allá.
Y todo no es todo
porque la crema del bienestar
se reproduce en la orilla.
Y las rompientes desdentadas
simulan pero no disimulan,
porque las mulas zigzaguean una, dos...
Y la rompiente del cuchillo
aparta la mar de puñaladas.
La los la el mi de la tajada del tajo, de la muerte, de la pata de cabra, de la tormenta del diente, de la razón del
mi-porque, ni-si ta-ta-ta-ta...
Mueca del fin,
hamaca del pan,
pan de la urraca,
hurra del mal,
mismis del curro...
Una descansada cara de dado.
Una migaja,
una desplopada,
una derramada.
Sal mi raca raca,
suma, susurro, borde en llamas,
una despierta, una durmiente, una silencio.
La silencio se estrella contra la miga,
la mano que enrolla las sombras,
un ojo simulador,
el humo de la frío.
Un dedo...
dos dedos...
tres dedos hacen la hamaca
y cuatro dedos el pan.
La soga se oculta...
pero la soga no tiene huesos
para arder.
Y sin embargo no bizquea la sal.
Mi estalla
y yo ironiza.
La pan de la papisa.
Ni trampas de bizco,
ni miga de bizcocho.
La lado, la dada.
Un timbre se pega.
El sonido se descalabra
sin ser dicho ni pampa,
ni run,
ni el agua enloquecida del mapa,
derramada sin decir nada.
Por nada,
por la perfil,
por la frente,
por la destornillador.
Sin consultar,
sin un árbol de pro ni de más,
sin una tormenta escapada, famosa de pícara,
que escarba, escarmentada,
la torre, la torre...
Párpado roído,
pararrayos,
papagayo...
Una palabra,
dos palabras,
sin palabras.
A la deriva...
Los anzuelos...
Sobran vidas a la deriva.
A la izquierda comienza
lo que tiene,
lo que es,
sin trabas de ninguna especie.
!Sí! !especie!
¿La luz?
¿Por qué la sombra es luz carbonizada?
Nadie pierde nada.
No se pierde nada con nacer...
No se nace nada con perder.


(Fuente: En Amor Arte)

Alicia Genovese (Buenos Aires, 1953)

 

 

 

 

 

 

Centrar la visión
requiere un equilibrio.
Mi ojo derecho perdió su humor
y no enfoco bien.
Después de la cirugía,
mi ojo izquierdo quedó sin apoyo
en el otro lado del eje.
A lo lejos las plantas
se desdibujan,
hacia abajo las baldosas
parecen moverse.
Es transitorio, me alientan.
Con un ojo solo se podría seguir
pero mi ojo turbio
me dice que insista con él
que el deterioro es un misterio
que la debilidad es una entrega,
una rendición.
Un amigo de cuando vivía en otro país
se sacaba los lentes por costumbre
frente al paisaje nevado
y contaba que veía maravillas.
La luz como una materia
vaciándose a baldes
sobre las cosas.


(Fuente: En Amor Arte)

José María Fonollosa (Barcelona, 1922 - 1991)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro 

 

 

 

 “Carrer de Girona”

 

Es difícil vivir. Es muy difícil.
Parece que los otros nunca saben
lo que deben hacer, decir… Se portan
como actores que ignoran hasta el tema
y lo equivocan y estropean todo.
 
O a lo mejor soy yo quien se ha adentrado
en alguna obra cuyo asunto ignoro
y aquello que hago y digo no concuerda
con la trama que expone la otra gente.
 
Por eso necesito mucho tiempo-
Tengo que reconstruir cada jornada
el mundo que destruyen los demás.
 
Y estudiar cada noche las razones,
por qué las cosas salen de otro modo
a como las tenía bien planeadas.
 
Y debo preparar con gran cuidado
lo que yo haré y diré al día siguiente.
Y lo que harán, dirán, también los otros
según las situaciones que programo.
 
Mas no sucede igual a lo previsto.
Por eso necesito estar a solas.
Necesito estar solo mucho tiempo.
Tengo que reconstruirme cada día
mi mundo, que destruyen los demás.
 
 

Nació en Barcelona el 8 de agosto de 1922-
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta al poeta barcelonés José María Fonollosa (1922–1991), una de las figuras más singulares y, durante mucho tiempo, más injustamente desconocidas de la poesía española del siglo XX. Su obra se apartó de las corrientes dominantes de su época y permaneció prácticamente al margen de los circuitos literarios. Nosotros ofrecemos este poema donde la ciudad se convierte en escenario de una existencia marcada por la incomunicación, la soledad y la dificultad de relacionarse con los demás. Lo tomamos de “Ciudad del hombre: Barcelona”.
 

(Fuente: Hermeneuta. Revista cultural) 

Anna Golubkova (Анна Голубкова, Tver, Rusia, 1973)

 

 

poesía rusa 

 

 

 

Epístola a Tania Zima

 


en esta ciudad siempre está oscuro
siempre hace frío siempre cae la nieve
y se transforma en fango líquido
el asfalto resbaladizo las sombras en las aceras
el espacio infinito lleno de fango
que chapotea tristemente bajo los pies
las miradas desgastadas de los peatones
las ventanas frías de los nuevos edificios
detrás de cada una pasa
la vida completamente igual
en el metro las caras que alguien ha llevado
y pasado a otro a continuación
la complicidad de las sonrisitas
y de las cejas levantadas interrogantes
el hielo delgado no tiene nada que hacer
ante el oscilante paso de la policía
las cuidadas filas de las señales de tráfico
el brillo de los escudos y las porras
y sobre todo esto – el señor dios
con su antidisturbios celestial
que exige con urgencia el cumplimiento
de la constitución bajada de lo alto
y nosotros debemos vivir aquí en algún modo Tania
ser seres humanos tender la mano uno al otro
intentar sacar al menos un minuto
libre del odio
que hace apretar los dientes
que está como un nudo en la garganta
absolutamente insoportable
para siempre encallado en el corazón
puro y bello
que crece continuamente. 
 
 
de Misantropía, Ediciones del Hebreo Errante
traducción de Milagrosa Romero Samper
 

(Fuente: Marcela Machado) 

Néstor Sánchez (Buenos Aires, 1935 - 2003)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro 

 

 

 

Siberia Blues (fragmento)



Empieza con una carga algo repentina de brigada en desuso, 
de guitarreos viudos hace miles de años: cuarto de siglo 
más tarde se hace extranjera pero nostálgica referencia 
a los bajos entonces mal iluminados de Villa Urquiza, en particular 
la franja urbana sin acceso posible para nadie que no hubiera nacido 
en la franja y donde la legendaria barra de Tomasol, la que defendía 
el criterio de frontera, mantuvo a cualquier precio el fuego sagrado 
del ocio: todo esfuerzo embrutece, toda tentativa para incorporarse 
a la caravana del sudor se relaciona con el resto de la ciudad marmota, 
inminente, sacudida por el hollín y los despertadores.
 

 

(Fuente: Daniel Rafalovich) 

Iosif Brodsky (Leningrado, 1940 – Nueva York, 1996)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 

 

 

AB OVO

 

Debía existir, a fin de cuentas, un idioma
en que el vocablo “huevo” fuera reducido
enteramente a O, como los italianos
se acercan con su *uova*, razón por la que Dante
lo imaginó el más sano de los alimentos,
predilección que compartía con sopranos
y con tenores cuyos torsos como peras
representan, bien mirado, el vocablo “ópera”.
Concierne igual a los románticos de cepa,
los alemanes, que comienzan cada verso
como si comenzaran a desayunar,
o a los igualmente engallados matemáticos
que empollan infinitos religiosamente
cuyos límpidos ceros jamás abrirán.
.....

por Julio Trujillo
 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

 

 

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PRECIO 

 

anegado el páramo
el nombrado paga
 
cansado de cada palabra
de cada silencio
con cada silencio paga
con cada palabra
 
paga el desterrado
el olvidado
el que se aleja
 
paga por la distancia
por extraño
paga por la sed y por el agua.

 

(Fuente: Daniel Rafalovich) 

Thomas Lux (Northampton, EE. UU., 1946-Atlanta, EE. UU., 2017)

 

 

 Puede ser una imagen de una o varias personas

 

 

UN DIENTECITO

 

A tu hijita le sale un diente, luego dos,
y cuatro, y cinco, después quiere algo de carne
directamente del hueso. Todo
 
ha terminado: aprenderá ciertas palabras, se enamorará
de cretinos, imbéciles, de un charlatán
seductor camino de la cárcel. Y tú,
 
tu esposa, envejecidos, arruinados
y sin arrepentiros de nada. Hiciste, amaste, los pies
te duelen. Anochece. Tu hija ha crecido.
 
 
____________________
en "New and Selected Poems: 1975-1995", Houghton Mifflin, Boston, 1997. Versión de J. G. En la imagen, Thomas Lux (Northampton, EE. UU., 1946-Atlanta, EE. UU., 2017) por Robert C. Williams
 
 

A LITTLE TOOTH

 

Your baby grows a tooth, then two,
and four, and five, then she wants some meat
directly from the bone. It’s all
 
over: she’ll learn some words, she’ll fall
in love with cretins, dolts, a sweet
talker on his way to jail. And you,
 
your wife, get old, flyblown, and rue
nothing. You did, you loved, your feet
are sore. It’s dusk. Your daughter’s tall.


(Fuente: Jonio González)
 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

 

chupábamos machas
reciencito sacadas
entre las rocas
y barrancos
 
harto pisco y limón
 
la caleta refulgía
bajo el sol de la siesta
 
en la escollera
el baranderío pituco
 
turistas
¡oh! !ah!
...mira, pues...
en Venecia
te dan tres por dos
aburrían las selfies
las remeras "Seattle"
no tienen siquiera un obelisco
los huevones/as sacaban
la lengua o hacían cuernitos
los dedos en v
el puño cerrado
esta noche
me cojo a esa rubia
de la habitación del lado
che bellezza
schöen
corránse
beautiful
mejor es la playa
de Punta Cana
arenas rústicas estas
 
y cuando las olas revolvían
las grandes espumas
manchones empetrolados
basura
mierda de los barcos anclados
que allegaban toneladas
de autos orientales
un lobo de mar hecho llagas
un engrudo indiscernible
que apaga el agua y la vida
 
nos dábamos un chapuzón
braceábamos un rato
y como hormigas a un cadáver
medio tiritando riendo
y exclamando miéchica
nos zampábamos otra botella
un cigarro
 
y la gente en la escollera
desconfiaba de nosotros
quienes serán
¡qué facha!
algo tramarán
cuidado con las mochilas
no sea que se arrimen aquí
v veánlo al más gordo
bajan de las callampas
 
y el ocaso
no demoraba
y el ruiderío de pájaros
que se refugiaban
del inminente peligro
de la noche y las calles
y sus racimos de oscura sagacidad
 
hacíamos un fueguito
mascábamos restos de empanadas
del Jumbo
bebíamos vino barato
bailábamos sin música
- langostas con tiritones
neurológicos-
felices
pero
en aviso por eso de los pacos
y sus jeeps
pero
ya no nos daban pelota
como perros viejos e inofensivos
que se mueven las colas
por costumbre
 
salutíferos nos tendíamos
panza arriba
 
y en esa ventana gloriosa
que el vasto océano
abre a la Polinesia
ese silencio misterioso
y cabal
nunca alcanzado
recordábamos
con sangre en las encías
y no queríamos
aquel helicóptero
que arrojaba bultos contrahechos
a las olas
viraba a tierra
y regresaba rutinario
necesitábamos no creerlo
no esa verdad
 
las luces titileras
de la costanera
clamaban otra cosa
tensas   mustias
 
Valparaíso animoso
daga vegetal
 

- Inédito -

 

Papusza (nacida Bronislawa Wajs, Lublin, Polonia, 1908 o 1910-Inowroclaw, Polonia, 1987)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 

 

A propósito del día de Conmemoración del Holocausto Romaní

 
 

DOS POEMAS

 

Oh, Señor, ¿adónde debo ir?
¿Qué puedo hacer?
¿Dónde puedo hallar
leyendas y canciones?
No voy hacia el bosque,
ya no encuentro ríos.
¡Oh bosque, padre mío,
mi negro padre!
El tiempo de los gitanos errantes
pasó ya hace mucho. Pero yo les veo,
son alegres,
fuertes y claros como el agua.
La oyes
correr cuando quiere hablar.
Pero la pobre no tiene palabras…
…el agua no mira atrás.
Huye, corre, lejos, allá
donde ya nadie la verá
agua que se va.
 
***
 
Nadie me comprende,
sólo el bosque y el río.
Aquello de lo que yo hablo
ha pasado todo ya, todo,
y todas las cosas se han ido con ello...
Y aquellos años de juventud.
 
 
_______________
en “Enterradme de pie. La odisea de los gitanos”, de Isabel Fonseca, Anagrama, Barcelona, 2009. Trad. de José María Álvarez Flórez. En la imagen, Papusza (nacida Bronislawa Wajs, Lublin, Polonia, 1908 o 1910-Inowroclaw, Polonia, 1987 / Instituto Romanò)
Nota: La noche del 2 de agosto de 1944, 4.300 niños, mujeres y hombres gitanos (romaníes, sintis) fueron asesinados en Auschwitz-Birkenau. Se estima que más de quinientos mil gitanos perdieron la vida durante el Holocausto, un genocidio que acabó con la cuarta parte de la población gitana que vivía en Europa por entonces. (Fundación Secretariado Gitano.)
 
(Fuente: Jonio González) 

Bárbara Grande (Huelva, España, 1982)

 

 

LOS ETERNOS 

 




 

Nos une una catástrofe:

la hecatombe de enamorarse.

Una catarsis desastrosa

de la que ambos salimos heridos.

Una tragedia:

la sinopsis definitiva,

el llanto primigenio,

la saliva en la saliva,

la lengua que se despide

con un trago de otra lengua,

la garganta que acoge

un alma que no es suya.

 

Contigo vuelo sin estar contigo.

Cierro los ojos y estás aquí,

pero nadie más te ve;

nadie más lo sabe.

Somos el eterno secreto,

la aventura de un cuarto cerrado,

el beso escondido en un coche.

El segundo que se repite

desbordante.

Cada momento insomne del delirio.

 

Somos eternos.

 

El modelo trágico de un amor puro,

incierto.

Somos el mito.

 

Somos, aquí dentro,

lo perfecto;

allí fuera,

despojos de una sociedad

henchida de tristeza.

 


Bárbara Grande. Vértigo. Ed. La Isla de Siltolá, 2016

 

(Fuente: Voces del extremo) 

e. e. cummings (Cambridge, Estados Unidos, 1894-North Conway, Estados Unidos, 1962)

 

 

«quiero mi cuerpo cuando está con tu cuerpo»

 

Traducción de Alfonso Canales




 
 
 
quiero mi cuerpo cuando está con tu 
cuerpo.    Es algo tan nuevo.
Los músculos mejor y aún más los nervios. 
quiero tu cuerpo. quiero lo que hace, 
quiero sus modos. quiero el tacto de su espina 
dorsal, sus huesos y la palpitante
-lisura-fiel que he de 
otra vez otra y otra 
besar, quiero besarte aquí y allí, 
quiero, lentamente palpar, rozar el vello 
de tu eléctrica piel, y aquel que nace 
sobre la hendida carne... Y grandes ojos migas de amor,

y tal vez quiero el estremecimiento

bajo de mí de ti tan nueva



1925

(Fuente: Descontexto)

 

Christophe Manon (Burdeos, Francia, 1971)

 

 

 PUERTA DEL SOL (Extractos) 

 

 Traducción de Mariano Rolando Andrade

 


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              



Llegado a Perugia, Umbría, Italia, en julio del año de Cristo 2019,
tras las huellas de mis bisabuelos maternos,
con la ayuda de una beca de escritura
otorgada por el Instituto Francés,
de verdad les digo, durante mi estadía,
me vi sobre todo confrontado de forma desastrosa
a la soledad y a la angustia frente a mis propias infamias.
Había superado hacía ya mucho tiempo el meridiano de nuestra vida
y no sé bien lo que esperaba encontrar
en ese viaje lejano. Había partido de París
en un estado de agotamiento y de tensión
que nunca antes había conocido,
tras meses particularmente difíciles y laboriosos.
Partía hacia los infiernos, llevaba todo el mal
que había cometido en mi contra; en mi contra y en contra de los otros.
 Y había llegado a Perugia medianamente afectado,
al término de un largo y penoso periplo,
luego de numerosas vicisitudes,
retrasos de trenes, conexiones perdidas,
líneas ferroviarias cortadas entre Francia e Italia
a raíz de un desprendimiento causado por las inclemencias climáticas.

*

Intentaba escribir, pero al proyecto
para el cual había venido le costaba tomar forma.
Me lanzaba sobre una pista, y la abandonaba enseguida
por temor a perder el poco tiempo del que disponía.
Incluso los libros, los abría y los dejaba con turbación.
Las palabras no llegaban a mi entendimiento,
tropezaba con ellas como con pesadas piedras
que bloqueaban un sendero escarpado.
Se me habían vuelto completamente opacas
y no tenían ninguna resonancia en mi espíritu.
No veía en ellas más que un laberinto
indescifrable de símbolos de los cuales era
incapaz de percibir el significado.
Era como si hubiese sido condenado a errar
solo sin fin en esta ciudad donde vivieron mis ancestros,
como si estuviese perdido en uno de los círculos
del infierno cantado por Dante,
y no en el paraíso.
Estaba muy exaltado.
Caminaba rápido, más rápido que los fantasmas.
Rondaba las calles vestido de cilicio
y la cabeza cubierta de ceniza.
¿Por qué deambular una y otra vez
por caminos difíciles y penosos?

*

La muerte estaba por todas partes a mi alrededor,
y la vida perdida de los muertos que se convierte en la muerte de los vivos.
Eran órganos sexuales con calaveras,
cuerpos con calaveras,
los senos tenían calaveras como pezones.
En todas mis miradas, estaba la muerte.
Torrentes de sangre rezumaban de los muros
y corrían a través de las calles. ¿Por qué tanto pavor?
¿Por qué tantas bajezas?
Me acostaba tarde, embrutecido por el alcohol, me levantaba temprano.
Mis noches, aunque bien breves, eran muy agitadas,
llenas de crímenes y mutilaciones, de orgías de todo tipo,
mi sueño era sin cesar bruscamente
interrumpido. Me daba vuelta y volvía a darme vuelta
de espaldas, de costado, boca abajo,
aferraba mi almohada contra mí
en un abrazo a la vez doloroso y ferviente.
Así incubaba mi desasosiego.
Ya no estaba ni siquiera seguro de haber
conocido el calor de un cuerpo humano contra el mío.
Estaba hundido en este estado, lo recuerdo.

*

Morí en tres ocasiones.
Tres veces mientras recorría
las estrechas calles de Perugia
y atravesaba la Puerta del Sol,
suspendiendo un breve instante mi errancia
para contemplar desde lo alto de las escaleras
en la hora tranquila del crepúsculo el panorama
sobre la ciudad y la campiña circundante,
quedé deslumbrado por bellezas tales
que mi conciencia se desvaneció
fuera de ella misma
a tal punto mi exaltación me había vuelvo sensible
a la gracia y a los esplendores del mundo.
Mi deseo era tan ardiente, mi turbación tan grande,
que tres veces tuve el espíritu quebrado
y fui objeto de un súbito vértigo
que me hizo perder conocimiento ante la vista del cielo
encendido por vivos destellos que se enroscaban
en un torbellino de colores resplandecientes.
Era como si de repente el tiempo
y el espacio ya no tuviesen medida.
Y percibí entonces en mis oídos el eco
lejano de un canto de una inefable dulzura.
Era por así decirlo una lluvia
centelleante de notas de luz parecidas
a los astros que brillan en el firmamento.

*

Los monstruos, los espectros, los cuerpos atormentados y bajo suplicio
habían desaparecido tan bruscamente como habían surgido.
Ya no me sentía asediado por visiones lascivas.
El cielo ya no estaba repleto
de serafines y grifos,
ya no había lucha
entre los ángeles y los demonios.
Incluso los vencejos habían cesado
su vertiginosa coreografía.
Mi corazón latía de nuevo con normalidad.
El clima también había cambiado,
las nubes se habían disipado,
el cielo era ahora invariablemente azul.
El alcohol ya no tenía el mismo efecto.
Permanecía estupefacto, vagamente preocupado.
Sentía una inmensa tristeza,
me sentía profundamente desamparado.
¿Qué había pasado realmente?
¿Qué tempestad se había levantado de tal forma en mí?
¿Qué exaltación?
Una vida cambiante, múltiple, una inmensidad violenta.

*

Pero no creo haber sido víctima
de algún síndrome de Perugia,
un presunto shock estético
que sería en suma el mismo
más o menos que el que experimentó
Stendhal en Florencia cuando
se encontraba de rodillas
en un reclinatorio, la cabeza echada
hacia atrás para contemplar,
en la basilica Santa Croce,
el fresco de la cúpula
de la capilla Niccolini
pintado por Volterrano.
Todo hace pensar más bien
que me había embarcado
demasiado en el camino
que nos conduce directamente
más alla de las lágrimas
hasta la muerte.

*

Porque las distancias creadas
por el tiempo son infranqueables.
Corriendo atrás de fantasmas,
por más familiares que sean,
solo se atrapa viento, en el mejor de los casos.
Había venido sin embargo con mucho amor,
que no me fue de ningún auxilio.
“¿Raíces? Todo el mundo tiene raíces”,
dice William Carlos Williams,
eso no representa el menor interés.
Hay que dejar descansar en paz
a aquellos cuyo recorrido aquí abajo terminó
y no intentar saldar las cuentas del pasado,
bajo riesgo si no de agitar nuestros propios espectros.
Los muertos son insensibles a las historias,
no necesitan ser tranquilizados,
donde están ya nada los concierne.
Eso que removemos,
eso que buscamos obstinadamente,
eso sobre lo que investigamos sin descanso,
no son más que ensoñaciones, frágiles apariencias
desprovistas de cuerpo y de realidad
que solo interesan a los vivos.
Los muertos, ellos, no tienen historias,
al menos, creo,
ya no buscan tenerlas.

*

Solo los vivos reclaman historias
y las palabras que utilizamos
están animadas solo por nuestro deseo
de querer a todo precio despertar a los muertos
por su invocación sonora,
porque tememos ser al final
como ellos indiferentes al impenetrable
desorden de los acontecimientos.
Mantener desde luego el recuerdo,
pero no hay nada que restaurar,
nada de verdad que pueda ser reparado.
¿Conservar un registro, testimoniar? ¿Pero de qué?
En el fondo, las crónicas de los tiempos pasados
quizás solo son escritas para confirmar
nuestro propio sentimiento de existencia.
Y si a veces hacemos un alto,
si estamos tentados a veces
de darnos vuelta un instante
para echar una última mirada hacia atrás
sobre aquellos que amamos,
cuidémonos sobre todo de no permanecer
petrificados por lo que vemos, y procuremos
lo antes posible continuar por el mundo
la trayectoria que nos es asignada.

Extraído de Puerta del Sol, Editorial Yaugurú, Montevideo, 2026.



CHRISTOPHE MANON (Burdeos, 1971) ha publicado una veintena de libros, entre ellos Au nord du futur (Nous, 2016), Jours redoutables (Les Inaperçus, 2017), Testament, d’après F. Villon (Dernier télégramme/Bisou, 2020), Provisoires (Nous, 2022), Signes des temps (éditions Héros-Limite, 2024), Tout disparaîtra (éditions  Sun/Sun con el Museo Albert-Khan, 2024) y Élégies mineures (Nous, 2025). Es autor de una trilogía en Éditions Verdier: Extrêmes et lumineux (2015), Pâture de vent (2019) y Porte du Soleil (2023).
Cuatro de sus libros han sido publicados al español, tres de ellos traducidos por Mariano Rolando Andrade: El idio(s), (Cuadrivio Ediciones, México, 2019, traducción de Daniela Camacho), Testamento (Editorial Leviatán, Argentina, 2022), Al norte del futuro (Escarabajo Editorial, Colombia, 2023) y Puerta del Sol (Editorial Yaugurú, Montevideo, 2026). 
También se han publicado traducciones de sus poemas en las antologías Poblar la intemperie, 20 poetas contemporáneos de Venezuela y Francia (Fundación la Poetaca, Venezuela, 2023) y El gallo y la serpiente. Poesía francesa actual (Círculo de Poesía Ediciones, Mexico, 2023).


MARIANO ROLANDO ANDRADE (Buenos Aires, 1973) ha publicado Los viajes de Rimbaud (Editorial Vinciguerra, 1996), Canciones de los Mares del Sur (Buenos Aires Poetry, 2018), Aristas, relatos en los confines de Europa (Ediciones La Parte Maldita, 2021), Baladas de los Mares del Norte (Editorial Leviatán, 2023) y A pie con Stevenson y Rimbaud (Ediciones La Parte Maldita, 2026).
Como traductor, además de las obras ya mencionadas de Christophe Manon, publicó Poesía Beat (Buenos Aires Poetry, 2017), antología de 40 autores de la Generación Beat.
Como editor, se encargó de la curadoría de Luisa Futoransky: Los años argentinos (Leviatán, 2019), Luisa Futoransky: Los años peregrinos (Leviatán, 2022) y Luisa Futoransky: Los años Leviatán (Leviatán, 2025).

 

(Fuente: alpialdelapalabra) 

Nilda Bulzomi (Buenos Aires)

 

 

 

No ven

 

¿Son acaso como esos cristales
adheridos a los cardos
después de la nevada
que expuestos a una luz amortiguada,
opaca, gris, sin resplandores,
no ven que apenas un destello
se cuele en el aire de este invierno
volverán a ser parte
del ciclo de esta vida que odian
o no entienden?
¿No lo ven?
¿qué tanta es su certeza
de la nada que reciben?
¿qué tanta es su soberbia
de la nada que asegura
la libre nada?
¿No se ven,
expulsados de un cielo
que no les pertenece
por más que el pastor
grite y predique
aquí o en otras tierras
con su lengua soez
que no los habla?
¿O sí los habla
y a pesar de ello
no se ven?
 

Percy Bysshe Shelley (Gran Bretaña, 1792-1822)

 

 

"Oda al cielo"

 

 


                         
 
 
 
                         Coro de espíritus

                          Primer Espíritu

¡Oh techumbre sin nubes del palacio
de la noche! ¡Dorado paraíso
de la luz! ¡Silencioso y vasto espacio
que hoy como ayer relumbras!... ¡Cuanto quiso
el alma y cuanto quiere en ti descansa;
el presente y pasado de la eterna
edad del hombre eres! ¡Lumbre mansa
de su templo y hogar! ¡Cámara interna
de su gran soledad! ¡Bóveda oscura
y dosel sempiterno y transparente
del porvenir, que teje su futura
edad desde la sombra del presente!

Formas gloriosas viven de tu vida
la tierra y la terrena muchedumbre;
las vivientes esferas donde anida
la luz, como la nieve en una cumbre;
la hondura del abismo y el desierto;
las verdes orbes que te surcan suaves;
y los astros que van cual surco abierto
en la espuma del mar tras de las naves;
la helada luna deslumbrada y fría;
y, más allá de tu nocturno velo,
los soles poderosos de alegría
abren su intensa luz a todo el cielo.

¡Como el del mismo Dios tu nombre suena,
oh cielo! En tu mansión secreta habita
la Potencia divina que lo llena,
y es el cristal en donde ve infinita
el hombre su mortal naturaleza.
Una tras otra las generaciones
se arrodillan al pie de tu belleza,
y te brindan, aladas, sus canciones.
Sus efímeros dioses y ellos mismos
pasan igual que un río cuando crece
sin un eco dejar en tus abismos.
Pero tu luz eterna permanece.


                          Segundo Espíritu

No eres sino la cámara primera
del espíritu: en ti pasó su infancia;
y trepó como verde enredadera
a ti su fantasía y su fragancia.
¡Cual débiles insectos que una cueva
de áureas estalactitas llenan, leves,
habitaron en ti; y a ti los lleva
la muerte donde un mundo nuevo mueves
de delicias, que harán tus pobres glorias
palidecer, y parecer pequeño
tu asiento, y sin enjundia tus memorias,
como la sombra inmaterial de un sueño!


                          Tercer Espíritu

¡Paz! ¡El desdén del cielo en ti se goza
al ver tu presunción, átomo ciego!
¿Qué es el azul que tu mirada roza?
¿Quién eres tú para heredar el fuego
de su ámbito vacío? ¿Qué son Marte,
y Sirio, y las estrellas cuyo vuelo
el alma misma de que formas parte
conduce por las órbitas del cielo?
¡Son gotas nada más que el poderoso
corazón de la fiel naturaleza
vierte en venas de luz y de reposo!
No tornes, para verlas, la cabeza.

¿Qué es el cielo? ¡Un volumen de rocío
llenando hasta los bordes la mañana,
y abriendo de delicia y dulce frío
el verde seno de la flor temprana,
que en un mundo reciente se despierta
de constelados soles y de intacta
gracia, que vuela de su tallo abierta
por su órbita infinita y siempre exacta!
iEn tan frágil esfera está encerrado
el cielo innumerable que palpita
de estrellas; y su efímero reinado
brilla trémulamente y se marchita!
 
 

Percy Bysshe Shelley, incluido en Poetas románticos ingleses (BackList, Barcelona, 2010, trad. de Leopoldo Panero).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 

 

Hilda Hilst (Jaú, Brasil, 1930-Campinas, Brasil, 2004)

 

 

Testamento lírico

 

Si quisieran saber si pedí mucho
O si nada pedí, en esta vida,
Sepa, señor, que siempre me perdí

En la niña que fui, tan confundida.

De noche, oía voces y regresos.
La noche a mí me hablaba siempre siempre
De fábulas posibles y de hadas.

El mundo en el balcón. El cielo abierto.
Los castaños dorados y mi espanto
Ante las charlas y las carcajadas.

Yo era una criatura delirante.

No supe defenderme de palabras.
Ni supe hablar de ese dolor, la pena
De no saber decir cosas amantes.

Lo que vivía en mí, siempre callaba.

No soy más que la infancia. Ni pretendo
Ser otra, comedida. Ay, ¡si supieras!
Haber optado por un mundo, éste

Tener rituales, gestos y recuerdos.
Vivir secretamente y en silencio.
Seguir siendo la misma, esquiva y dócil

Querer dejar un testamento lírico

Y escuchar (pese a todo) entre paredes
Un inquietante ruido de sonrisas
Una boca de plumas, murmurante.

No siempre habrá de hablarles un poeta.
Y e incluso si mi voz no fuera oída
Uno de ustedes cuidará (sin duda)

A la niña que fui. Tan confundida.
 
 Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib

File:Hilda Hilst by Fernando Lemos 1.jpg - Wikimedia Commons