domingo, 19 de julio de 2026

Yi Lei (Tianjin, 1951 – Islandia, 2018)

 

 

habitación de soltera vii: solo de domingo

独身女人的卧室 7: 星期日独唱

 

  

nadie sale conmigo los domingos

lo que más miedo me da es el parque:

no me atrevo a ir

 

saco los cuadernos de letras de canciones

& me meto en el baño turco &

me paso el día cantando:

el pelo es do

los ojos re

las orejas mi

la nariz es fa

la cara es sol

la boca es la

el cuerpo entero es si

como en la famosa sentencia de mi primo el mayor:

cantar es un gemido del alma

cantar es un analgésico

hay grandeza en la soledad

(aunque yo no necesito grandeza)

 

ojos cansados en la pared

pelo al aire de mi casa

como un murciélago &

 

tú al final no te mudaste conmigo

 

Traducción de Munir Hachemi 



Yi Lei (Tianjin, 1951 – Islandia, 2018). Hija de un obrero de la metalurgia y una costurera, Yi Lei se convertiría a finales de los ochenta en una de las figuras más importantes de la poesía china contemporánea. Creció en un edificio de trabajadores, en «un apartamento de ladrillo en el que vivíamos, en poco espacio, varias familias». Recibió su formación literaria de su tío, un empleado de una farmacéutica obsesionado con la literatura.

En 1966, a los quince años, durante la Revolución Cultural, su educación formal quedó detenida y la enviaron al campo. Allí se convirtió en periodista para el Ejército de Liberación. Hizo, entre otras cosas, radio. Después de la Revolución Cultural, cuando se reinstauró el sistema académico, estudió Escritura Creativa en la academia Lu Xun y Literatura China en la Universidad de Pekín. En 1991 se mudó a Moscú, donde pasó once años. Murió en 2018, durante un viaje a Islandia.

En 1987 publicó «habitación de soltera»., que fue un acontecimiento tectónico en el mundo literario chino, una pieza ambiciosa en la que un yo poético femenino habla de intimidad y de deseo con una voz propia y fuerte, sirviéndose de una forma que se aproxima a lo coloquial. Todo esto en un momento histórico en el que, en China, no era legal la convivencia fuera del matrimonio. Consta de catorce partes hiladas por un mantra: «& / tú al final no te mudaste conmigo».

«Habitación de soltera» recibió duras críticas del establishment literario y cultural chino. De hecho, el número de Literatura del Pueblo en que fue publicado fue secuestrado y destruido.

Nada de eso impidió que se convirtiera en un himno para les jóvenes poetas de finales de los ochenta. Hoy, el poema ha obtenido amplio reconocimiento y ha sido vertido a varias lenguas. La propia Yi Lei señaló, en vida, su voluntad de que el «tú» literario de la letanía del último verso de cada parte no se tradujera, en las lenguas que flexionan en género, por un tú masculino. A pesar de que el poema surge de una historia de amor real de la poeta, late en él –la propia Yi Lei lo confirmó– la jerarquía del deseo mismo por encima del objeto deseado. Es el canto de una mujer que desea, no tanto un poema de amor sino un poema al deseo, incluso un poema que desea; salir de su habitación, o quedarse, o follar, o bailar, o gritar, o fumarse un cigarro.

El poema tiene ecos de la propia biografía de Yi Lei, cuyo prometido murió de leucemia. Además, la poeta y su mejor amiga convirtieron una oficina al fondo de un pasillo en una especie de cuartito bohemio donde ponían música, invitaban a amigues y bailaban (la pintura de arriba es «El baño turco», que tenían colgada en la pared). Eso le valió un aviso de un cuadro local del Partido, por cosas como bailar, llevar pantalones o dejarse el pelo largo. En 2017, un año antes de morir, dijo en una entrevista: «ese es el tiempo absurdo del que provengo, esas son la tristeza y la rabia que alimentan mi poesía». (Munir Hachemi)

 

(Fuente: flornueva.substack.com) 

 

David Ferrez (Motril, España, 1995)

 

 

 

La ciudad se abre entre los callejones 

 

 



 

 

Donde fuiste feliz alguna vez

no debieras volver jamás.

Félix Grande

La ciudad se abre entre los callejones

que una vez recorrimos.

Al mirarlos, los espejismos se esconden

en la frialdad de los portales.

Vuelvo a sentirme un extranjero.

Camino. Lo sé porque la humedad

de las aceras inunda mis zapatos.

Ahora no llueve. Son las luces navideñas

las que se derraman sobre los charcos.

En el cine de nuestro barrio

reponen esta semana

Últimas tardes con Teresa.

No volveré a verla

por respeto a tu memoria

—y a la de Juan Marsé—.

Llego a nuestra casa,

toco el timbre: una joven chilena

me abre la puerta.

Ha colgado un retrato de Allende

donde colgamos El beso de Klimt.

 

 

 

David Ferrez. Esta casa que soy. Aliar Ediciones, 2026

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Jane Hirshfield (Nueva York, EEUU, 1953)

 

 

 

 

 

EN EL QUINTO DÍA

 

En el quinto día
a los científicos que estudiaban los ríos
les prohibieron hablar
o estudiar los ríos.
 
A los científicos que estudiaron el aire
les dijeron que no hablaran sobre el aire
y los que trabajaban para los agricultores
fueron silenciados,
y los que trabajaban para las abejas.
 
Alguien, desde lo profundo de las Badlands,
comenzó a publicar datos.
 
A los datos se les pidió no hablar
y fueron eliminados.
Los datos, sorprendidos por ser borrados, guardaron silencio.
 
Ahora eran solo los ríos
los que hablaban sobre los ríos
y solo el viento el que hablaba de sus abejas,
mientras los incesantes fácticos brotes de los árboles frutales
continuaron moviéndose hacia su fruto.
 
El silencio habló en voz alta del silencio
y los ríos continuaron hablando
de los ríos, de las piedras y el aire.
 
Atados a la gravedad, sin oídos, sin lengua
los ríos no estudiados continuaron hablando.
 
Conductores de bus, almacenistas,
programadores, maquinistas, contadores
técnicos de laboratorio, biólogos continuaron hablando.
 
Hablaron, al quinto día,
del silencio.
…..

por Cristina Gálvez Martos
 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Juan Luis Martínez (Valparaíso, Chile, 1942-Villa Alemana, Chile, 1993)

 

 

 

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LA PROBABLE E IMPROBABLE DESAPARICIÓN DE UN GATO POR EXTRAVÍO DE SU PROPIA PORCELANA

a R. I. *
 
 
Ubicado sobre la repisa de la habitación
el gato no tiene ni ha tenido otra tarea
que vigilar día y noche su propia porcelana.
El gato supone que su imagen fue atrapada
y no le importa si por Neurosis o Esquizofrenia
observado desde la porcelana el mundo sólo sea
una Pequeña Cosmogonía de representaciones malignas
y el Sentido de la Vida se encuentre reducido ahora
a vigilar día y noche la propia porcelana.
A través de su gato
la porcelana observa y vigila también
el inmaculado color blanco de sí misma,
sabiendo que para él ese color es el símbolo pavoroso
de infinitas reencarnaciones futuras.
Pero la porcelana piensa lo que el gato no piensa
y cree que pudiendo haber atrapado también en ella
la imagen de una Virgen o la imagen de un Buddha
fue ella atrapada por la forma de un gato.
En tanto el gato piensa que si él y la porcelana
no se hubieran atrapado simultáneamente
él no tendría que vigilarla ahora
y ella creería ser La Virgen en la imagen de La Virgen
o alcanzar el Nirvana en la imagen del Buddha.
Y es así como gato y porcelana
se vigilan el uno al otro desde hace mucho tiempo
sabiendo que bastaría la distracción más mínima
para que desaparecieran habitación, repisa, gato y porcelana.
****
* La casa de R.I. en Chartres de Francia tiene las paredes, cielo raso, piso
y muebles cubiertos con fragmentos de porcelana rota).
 
 
_________________________
en "La nueva novela", Ediciones Archivo, Villa Alemana, 1978. Véase también Fundación Juan Luis Martínez; juanluismartinez.cl. En la imagen, Juan Luis Martínez (Valparaíso, Chile, 1942-Villa Alemana, Chile, 1993 / Sociedad de Escritores Chilenos)


(Fuente: Jonio González)
 

Vladímir Mayakovski (Georgia, 1893 - Moscú, 1930)

 

 

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POEMA INCONCLUSO

 

Preludio inacabado de un poema, probablemente escrito poco antes del suicidio de Maiakovski en 1930. Una parte de la estrofa III se repite en la nota de suicidio
 
 
I
¿Me quiere? ¿No me quiere? Retuerzo las manos
y los dedos
destrozados desperdigo.
Así deshojan al adivinar y esparcen
por mayo
corolas de margaritas del camino.
Aunque las canas descubran el peinado y la barba;
aunque abundantes suenen en plata
los años
espero, confío; que jamás llegue
a mí el vergonzoso buen juicio.
 
II
Son las dos
estarás en la cama
O tal vez
tú también andes mal.
No hay prisa,
y con urgencias de telegrama
no tengo
porqué
despertarte y molestar
 
III
El mar se aleja de mí.
El mar se aleja a dormir.
Como dicen, incidente zanjado,
la barca querida varó en lo diario.
Estamos en paz,
y no viene a cuenta un listado
de mutuos dolores, penas y agravios.
 
IV
Son las dos estarás en la cama.
La Vía Láctea es un Osa de plata estelar.
No hay prisa y con urgencias de telegrama
no tengo porqué despertarte y molestar.
Como dicen, incidente zanjado,
la barca querida embarrancó en lo diario.
Estamos en paz y no viene a cuenta un listado
de mutuos dolores penas y agravios.
Mira en el mundo qué paz;
la noche orló de un tributo de estrellas el cielo.
A estas mismas horas te levantas a hablar
a los siglos, la historia y el universo.
 
V
Sé de la fuerza de las palabras, sé de las palabras el rebato.
No son a las que aplauden los palcos.
De palabras tales se desprenden los ataúdes
y sus cuatro patitas de roble sacuden.
A veces la suprimen, no se publica ni imprime,
pero la palabra vuela con las cinchas ceñidas,
tañe los siglos y llegan a rastras los trenes
a lamer las manos encallecidas de la poesía.
Sé de la fuerza de las palabras: parece de memos,
pétalos caídos bajo los tacones de un baile.
Pero el hombre con el alma los labios los huesos…

 

(Fuente: Henderson Espinosa) 

José Pulido (Venezuela, 1945 / Reside en Génova)

 

 

 

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POEMA MUY SENTIDO PARA ANNE CARSON

 


La mujer de Antonio camina así
La mujer de Antonio está cansada de caminar así
 
Antes decían que nadie se cansaba tanto
como un buey, castrado para arar y engordar
era esclavo y comida
un triste modo de acompañar al sol naciente
quizás por eso repetían
¿adónde irá el buey que no are?
y ya lo respondieron: a la carnicería
carne de buey enlatada, rápidas frituras
lento y triste manjar
 
Hablo de esto para recordar
a una mujer cuya voz es una
devolución de los instantes que nunca hemos vivido
 
Los viejos ríos que se pudren nuevos
te llevarán como poemas desbordados
hacia el puente de Paul Celan
y no: no desearás el puente de tu prójimo
aunque sí las palabras
de una mujer cuya poesía tiene
el valor redoblado de un río: la poeta Anne Carson
a quien podría comparar con el faro de Alejandría
con la Biblioteca de Alejandría
con un libro de Homero escondido debajo
de la almohada de Alejandro Magno
su cara es totalmente burlona y pensativa
mascarón de proa, nave cargada
de intensa y bella extravagancia
 
Cuando sean huérfanos sus libros verterán
polen de poesía
y los pichones del dolor la invocarán gritando:
¡Madre!
y hasta los suicidas desistirán
porque la poeta Anne Carson escribe así:
 
“Ya sabes dicen que un carnicero zen hace un solo corte preciso
y el buey entero se derrumba como un puzle”
 

2020 / La Foto es de Peter Vandermeer/Poetry International 

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 - Campo Quijano, Salta, 2004)

 

 

Joaquín Giannuzzi - Tres fotografías en el pasado 

 

 

LLUVIA EN EL JARDÍN

 

He observado el comportamiento de las mariposas
sorprendidas por la lluvia en el jardín.
En vano buscaron refugio bajo las hojas
y en la profundidad de las flores.
Pero una de ellas se elevó
hacia las nubes sombrías
y eligió la muerte en el rayo
perdida la memoria de la especie.
Yo fumaba en la galería, tendido de espaldas;
yo sobrevivía tranquilamente, ensayando
mi oficio de holgazán, mis vacaciones metafísicas,
aunque también pensando
qué clase de muerte, qué modelo de sepulcro
podría convenir a mi exclusiva historia personal,
la especie de pena que me correspondía.
 

En "Señales de una causa personal" 1977 

Ángel Cerviño (España, 1956)

 

 

/.../ por regla general la suerte espera sentada a que el candor se 
duerma / sólo se oye el susurro del hipnotizador / me balanceo como 
monje que copia salmos / supongo que el juego del mundo no se ha 
terminado porque Dios todavía está tratando de entender lo que hizo / 
lo imagino releyendo con mucha concentración un ejemplar manoseado 
de la "Historia del ateísmo en Occidente" de Fritz Mauthner / 
preocupado por la imagen que está dando (como si llevara la túnica 
sudada en los sobacos) / fantaseando con una vida tranquila en cuartos 
de alquiler / y un empleo que consienta y aliente los hábitos del solitario / 
asesino a sueldo o afinador de pianos / ahora la vida vuelve a borbotones / 
como arcadas en un estómago vacío / sigo hablando / farfullando sin parar /.../
 
(Poco Lázaro)

 

Puede ser arte de texto 

Franz Kafka (Praga, Imperio austrohúngaro, 3 de julio de 1883 – Kierling, Austria , 3 de junio de 1924)

 

 

Delante de la ley 

Delante de la ley hay un portero. Ante el portero se presenta un hombre del campo que pide entrar en la ley. Pero el portero dice que por el momento no puede permitirle la entrada. El hombre se queda pensando hasta que le pregunta si le será posible entrar más tarde. “Puede ser”, dice el portero, “pero ahora no”. Dado que la puerta de la ley está, como siempre, abierta, cuando el portero se corre un poco el hombre se agacha para tratar de ver lo que hay adentro. Cuando el portero se da cuenta, se ríe y le dice: “Si tanto te tienta, animate a entrar a pesar de mi prohibición. Pero tené en cuenta que soy poderoso. Y eso que estoy en lo más bajo del escalafón de los porteros. Cada sala tiene un portero más poderoso que el anterior. Al tercero ni siquiera yo me atrevo a mirarlo”.

El hombre del campo no esperaba tantas dificultades: la ley, según piensa, debería ser accesible a cualquiera y en cualquier momento, pero cuando estudia mejor al portero, con su tapado de piel, la nariz puntiaguda, la barba luenga y rala de tártaro, decide que es mejor esperar hasta que se le conceda el permiso de entrada. El portero le entrega un banquito y lo deja sentarse a un costado de la puerta. Ahí se queda sentado días y años. Intenta muchas veces que lo dejen entrar y agota al portero con sus ruegos. De vez en cuando, el portero lo interroga, le pregunta por su tierra y por muchas otras cosas, pero con indiferencia, como hacen los grandes señores; y al final siempre vuelve a decirle que todavía no puede dejarlo entrar. El hombre, que había traído muchas cosas para el viaje, no se guarda ninguna, por más valiosa que sea, para sobornar al portero. Él acepta siempre, pero le dice: “Acepto sólo para que después no creas que se te pasó algo”. 

Durante largos años, el hombre observa al portero casi sin interrupción. Se olvida de los otros porteros, y este primero le parece el único obstáculo para entrar en la ley. Maldice la suerte desgraciada, en los primeros años sin tapujos y a viva voz; después, cuando envejece, apenas refunfuña entre dientes. Se vuelve otra vez un niño, y como tras años de estudio del portero conoce hasta a las pulgas del cuello del tapado, les pide a las pulgas que lo ayuden y convenzan al portero. Al final se le debilita la vista y no sabe si se hace de noche a su alrededor o son sus ojos que lo engañan. Pero ahora distingue en la oscuridad un resplandor que emana, inextinguible, de la puerta de la ley. Ya no le queda mucho tiempo de vida. Antes de morir, toda la experiencia de todo ese tiempo se le concentra en la cabeza en una pregunta que hasta el momento no le había hecho al portero. Le hace una seña, porque ya no puede enderezar el cuerpo, que se le está poniendo rígido. El portero tiene que inclinarse mucho hacia el hombre, porque la diferencia de altura se ha vuelto aún más pronunciada. “¿Y ahora qué más querés saber?”, le pregunta el portero. “Sos insaciable”. “Todo el mundo aspira a la ley”, dice el hombre. “¿Cómo puede ser que en tantos años nadie más haya pedido entrar?”. El portero se da cuenta de que el hombre está en las últimas, y para hacerse escuchar le grita en el oído que se apaga: “Por acá nadie más podía entrar, porque esta entrada estaba reservada sólo para vos. Ahora me voy y la cierro”. 
 
 Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
 

Image courtesy of Wikimedia Commons

 

Yi Sha (China, 1966)

 

 

«Tal vez era su destino»

 

Traducción de Miguel Ángel Petrecca




 
 
 
A las cuatro de la mañana el tren llega a una estación 
una estación pequeña y se detiene tres minutos
Dentro de su compartimiento un hombre 
se sienta en la cama se viste Siente que 
tiene que bajar sí o sí que estos 
son tres minutos que no pueden faltar 
en su viaje Sólo se trata 
de caminar un poco por el andén 
estirar brazos y piernas moverse
Sobre el andén no se ve ni una persona
Hay algo desconocido en la atmósfera
Camina el largo entero de dos vagones 
acelerando su paso lentamente
Suena la chicharra Sube a tiempo 
y le dirige a la empleada
–una chica con permanente–
una sonrisa sin significado Estos 
son tres minutos que no podían faltar 
en su viaje Quizás
realmente era su destino





en Un país mental. 150 poemas chinos contemporáneos
Gog y Magog, 2023


(Fuente: Descontexto) 

Keith Douglas (Gran Bretaña, 1920-1944)

 

 

 

"Vergissmeinnicht"

 

 


 
 
 
 
Pasaron tres semanas. Fuéronse los soldados.
Vueltos a la región de pesadilla
encontramos el sitio aún, y hallamos
al soldado tendido bajo el sol.
La larga boca torva del cañón
hoy le da sombra, mas cuando llegamos,
contra mi tanque disparó aquel día
como la bocamina de un demonio.
Mira. Aquí en el hoyo destrozado
la deshonrada imagen de su novia,
que escribió: Steffi. Vergissmeinnicht
con letra colegial, cursiva y gótica.
Casi con alegría le miramos
humillado, sabiendo que pagó,
befado incluso por su propio armamento,
que sigue duro y bueno mientras él se corrompe.
Pero ella lloraría viendo ahora
cómo sobre su piel vuelan moscas oscuras
y el polvo que ha caído sobre sus ojos secos
y el estómago abierto que parece una cueva.
Porque amante y soldado están aquí mezclados,
que tuvieron tan sólo un cuerpo y corazón.
Y la muerte que quiso matar sólo al soldado
también mortal herida al amante infirió.
 
 

Keith Douglas, incluido en Antología de poetas ingleses modernos  (Editorial Gredos, Madrid, 1963, trad. de Aquilino Duque).


(Fuente: Asamblea de palabras)

 

Lieke Marsman (Bolduque, 1990-París, 2026)

 

 

 

tú eres quien entrevista 

 













 
 
Tú eres quien entrevista. No dices muchas cosas con sentido,
pero haces buenas preguntas (que yo te he dado)
y tienes muy buen aspecto. Cuando me preguntes por mi infancia,
no me sorprenderá que conozcas todos los secretos
que escribí en los márgenes. Yo no te hago ninguna pregunta:
en otro momento, en otro escenario,
seré yo quien te entreviste en tu cabeza. Cuéntame otra vez

sobre tu padre, que recogía grosellas mientras
te enseñaba a quitar las malas hierbas del jardín, te enseñaba sus nombres
las flores, lo que hacen los padres, y cómo estás

aprovechando esas habilidades más adelante en la vida, ahora que
estás arrancando frenéticamente los cardos globosos de tu corazón,

preguntas.

***

Versión de Nicolás López Pérez desde la traducción al inglés de Sophie Collins

/

You are the interviewer




You are the interviewer. You don’t talk much sense,
but you ask good questions (that I’ve given you)
and you look great. When you ask me about my childhood
it will not surprise me that you know all the secrets
I wrote in the margins. I don’t ask you any questions:
at another time, in another scenario,
I’ll be the interviewer in your head. Tell me again

about your father, who would gather gooseberries while he
taught you how to weed the garden, taught you the names of the weeds,
the flowers, what fathers do, and how you’re

making use of these skills later in life, now that
you’re frantically pulling the globe thistles from your heart,

you ask.

/

Jij bent de interviewer

*

Jij bent de interviewer. Je zegt niet veel zinnigs,
maar je stelt goede vragen, die ik je aanreik
en je ziet er mooi uit. Als je me vraagt naar mijn jeugd,
zal het me niet verbazen dat je de geheimen kent
die ik de kantlijn inschoof. Ik stel geen wedervragen:
op een ander tijdstip, in een andere situatie
zal ik de interviewer zijn, in jouw hoofd. Vertel nog eens

over je vader, die van kruisbessen hield, terwijl hij je
leerde schoffelen, het onkruid leerde onderscheiden
van de bloemen, wat vaders doen, waar je

in later leven gretig gebruik van maakt, nu je
haastig de melkdistels je hart uit trekt,

vraag je.
 
 
(Fuente: La comparecencia infinita) 

 

sábado, 18 de julio de 2026

María Zambrano (Vélez-Málaga, Málaga, 22 de abril de 1904 - Madrid, 6 de febrero de 1991

 

 

 

 

 

ANTES DE LA OCULTACIÓN 

 

.
Comencé a cantar entre dientes
por obedecer en la oscuridad absoluta
que no había hasta entonces conocido,
la vieja canción del agua todavía no nacida,
confundida con el gemido de la que nace;
el gemido de la madre que da a luz una
y otra vez para acabar de nacer ella misma,
entremezclado con el vagido de lo que nace,
la vida parturiente. Me sentí acunada por este lloro
que era también canto tan de lejos y en mí,
porque nunca nada era mío del todo.
¿No tendría yo dueño tampoco?
La música no tiene dueño,
pues los que van a ella no la poseen nunca.
Han sido por ella primero poseídos,
después iniciados. Yo no sabía
que una persona pudiera ser así,
al modo de la música, que posee
porque penetra
mientras se desprende de su fuente,
también en una herida.
Se abre la música sólo en algunos lugares
inesperadamente, cuando errante el alma sola,
se siente desfallecer sin dueño.
En esta soledad nadie aparece,
nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última;
el amado sin nombre siquiera.
Alguien me había enamorado allá en la noche,
en una noche sola, en una única noche hasta el alba.
Nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarme.
.
De: «𝘏𝘢𝘤𝘪𝘢 𝘶𝘯 𝘴𝘢𝘣𝘦𝘳 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘮𝘢» (1934)
María Zambrano Alarcón fue una poeta española 🇪🇸

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
 

Claudia Dabi (Chivlcoy, Buenos Aires)

 

 

 

EL NOMBRE DE LA LIBERTAD 

 

Lo acosaron con tejidos de lana, de algodón, lo acosaron con tijeras y cuidados malignos.
La prisión fue de tal invisibilidad y desmesura que resultó imposible imaginar una puerta. Por lo que nunca se distinguió el estar adentro o afuera.
Lo atosigaron con las manos de los pájaros envuelto en una gran estrella movediza.
Lo persiguieron con correas de perro y chispas en los sables del tiempo, lo persiguieron con portones y puertas cerradas amenazando su esperanza.
Lo afeitaron con jabón y migajas de navajas, para pertenecer.
Por las contradicciones del asfalto lo extraviaron entre locuras y exilios.
Con cordones umbilicales lo agobiaron de euforia,
lo acorralaron de encantamiento e hipnosis por los rosados pasillos del erotismo.
Lo abismaron de espumas y aleteos de torre marina en un dato biométrico.
Incautaron su vida con una operatoria de encriptación.
Embalsamaron su suerte con sonrisas de almidón.
Con una acción de avión de guerra lo intimidaron en la neblina de la insurgencia.
Lo alcanzaron las flechas de la hipocresía.
La noche se agotó.
Lo negro se renderizó.
Esqueletos de sombra lo persiguieron a la voz de ámame y seremos libres.
Ceniza que en sus dedos se desangra, asediado por el humo del dolor.
Lo cercenaron con alfiler de cámara y clavos micrófono contra la cruz del algoritmo.
Paranoide voluntariado,
puzle que deglute neuronas de sí mismo,
fragmentado náufrago,
obedientemente ocioso, occiso.
 
             Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina
 
 
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Oscar Malaga (Lima, Perú, 18 de julio de 1946)

 

 

Puede ser un dibujo 

 

 

ELOGIO DEL AMOR 

.

𝘋𝘢𝘳𝘭𝘪𝘯𝘨, 𝘺𝘰𝘶 𝘢𝘳𝘦 𝘸𝘰𝘯𝘥𝘦𝘳𝘧𝘶𝘭 𝘵𝘰𝘯𝘪𝘨𝘩𝘵.
Eric Clapton
 
.
Nadie puede escapar, nos sujeta un sueño.
Los hombres somos tristes, siempre estamos llenos de propósitos.
De eso se trata, susurrar tu nombre
hasta que el mundo esté helado.
No es bueno dormir con el televisor encendido.
Es inquietante pero los cuerpos siempre sonríen.
Me voy a quedar mucho tiempo contigo.
Como una enfermedad que no conoce
la muerte.
Quemo la sombra de todas mis palabras sobre la lejanía de tu mejilla.
Antes de enmudecer te escribo este poema.
Que se vaya tu amor, tu locura, tu luz,
tu espalda plateada.
Que todas esas verdades se escondan ciegas y desnudas
bajo estas palabras que no tienen estribor
ni babor.
Que sean las orillas húmedas y silenciosas
adonde retorne cada noche a esperar
mi nacimiento.
No intentes liberarte.
No se sopla un sueño como una hoja
el viento del otoño.
Llegué a ti cruzando un bosque.
Imaginé un claro, una fuente, una cabaña,
un jardín.
Lo permitido a las aves no lo está
a los hombres.
Tus ojos siguieron tristes. Tu extraña mueca helada.
Pero sucede que los campos de fresas están en flor.
Aúllo buscando mi propio rebaño.
Me gustaría poner un poco de orden
en mi poesía.
𝘊𝘩𝘪𝘤𝘢, 𝘦𝘴𝘵𝘶𝘷𝘪𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘢𝘳𝘢𝘷𝘪𝘭𝘭𝘰𝘴𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦.
.
De: «𝘌𝘭 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘵𝘰𝘭𝘰𝘯𝘥𝘳𝘢𝘥𝘰» (1991)
.
Óscar Guillermo Málaga Gallegos es un poeta peruano 🇵🇪

(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)

Elizabeth Jennings (Boston, Inglaterra, 1926 - Oxford, Inglaterra, 2001)

 

 

 

 

 

UN PÁJARO EN LA CASA

 


Fue una voz amarilla, un escalofrío agudo y estridente en la habitación
Blanca siempre y alta, así la recuerdo,
Blanco el aparador, de blanco crudo la mesa, las tazas, las caras de las muñecas
Y yo tenía cuatro o cinco años. El jardín podría haber estado
A millas de distancia. Nos habían llevado a los verdes
Lechos de espárragos, el césped recién cortado, y su olor
Viene cada verano tras la lluvia cuando regresa el blanco. Nuestro pájaro,
Un canario llamado Pedro, cantaba tras los barrotes. El gato blanco y negro
Se enroscaba y echaba la siesta junto al fuego y el peligro estaba muy lejos.
 
Muy lejos de nosotros. La seguridad era la vida y solo ahora sé
Que las paredes blancas y las hojas luminosas golpeando las ventanas
Son una buena prisión, pero siempre debes
Escapar, volar lejos del amor que no se siente como amor,
Pero nuestro pájaro murió dentro de sus plumas amarillas. El gato
ágilmente lo atrapó, lo sacó a través de los barrotes cuando estábamos fuera
Y no recuerdo lágrimas ni tristeza, solo
recuerdo el ritual, el amarillo cálido de las plumas que pusimos
En un huevo de cartón. Qué sentido de lo oportuno. Cuán lejos, pienso ahora,
Regresa el ritual, del huevo al huevo, del nacimiento a la sepultura, y bajamos
Callados al jardín, dos en una pequeña procesión
Y las altas nubes se inclinaron, y el cielo apartó
Sus cortinas azules. La muerte estaba allí o donde
El sabio gato la hubiera escondido. Ese día enterramos a nuestro pájaro
Sintiendo que era lo apropiado, sin saber que la muerte sería dura
más tarde, oscura, sin forma ni propósito.
Después de mi primera pena verdadera lloré, estaba triste, muy triste, pero ahora.
Libre de terror y de agonía,
El pájaro amarillo canta en mi imaginación y digo
Que el niño es despiadado pero sabio, conoce el propósito del juego.
Y la pena de hace diez años
Contiene ahora un ritual antiguo,
Un paseo hacia el jardín llevando a la muerte en un huevo
Y el cielo cantando, los árboles todavía diciendo adiós
Cuando la muerte no era nada que saber. 
 
 
  . Versión de César Rodríguez de Sepúlveda
..........................................................................

 

A BIRD IN THE HOUSE

 

 
It was a yellow voice, a high, shrill tremble in the nursery
White always and high, I remember it so,
White cupboard, off-white table, mugs, dolls’ faces
And I was four or five. The garden could have been
Miles away. We were taken down to the green
Asparagus beds, the cut lawn, and the smell of it
Comes each Summer after rain when white returns. Our bird,
A canary called Peter, sang behind bars. The black and white cat
Curled and snoozed by the fire and danger was far away.
 
Far away for us. Safety was life and only now do I know
That white walls and lit leaves knocking windows
Are a good prison but always you have
To escape, fly off from love not felt as love,
But our bird died in his yellow feathers. The quick
Cat caught him, tore him through the bars when we were out
And I do not remember tears or sadness, I only
Remember the ritual, the warm yellow feathers we put
In a cardboard egg. What a sense of fitness. How far, I know now,
Ritual goes back, egg to egg, birth to burial and we went
Down the garden softly, two in a small procession,
And the high clouds bent down, the sky pulled aside
Its blue curtains. Death was there or else
Where the wise cat had hidden. That day we buried our bird
With a sense of fitness, not knowing death would be hard
Later, dark, without form or purpose.
After my first true grief I wept, was sad, was dark, but today,
Clear of terror and agony,
The yellow bird sings in my mind and I say
That the child is callous but wise, knows the purpose of play.
And the grief of ten years ago
Now has an ancient rite,
A walk down the garden carrying death in an egg
And the sky singing, the trees still waving farewell
When dying was nothing to know.
 

 

(Fuente: César Rodríguez de Sepúlveda) 

Ánuar Zúñiga Naime (Ciudad de México, 1982)

 

 

«la primera vez que vi fracasar a mi padre…»

 

 

 

 

 

 

la primera vez que vi fracasar a mi padre tenía 8 años

la llanta había reventado

y la carretera parecía una zanja

donde van a morir los animales viejos

no había refacción

mi hermano trazaba círculos en la tierra

con la punta del zapato

y mi padre era la parálisis

:

mi padre sin atreverse

a dejarnos para buscar ayuda

mi padre sin atreverse

a llevarnos con él bajo el sol del desierto

mi padre colgado de una cornisa

sin el valor para soltarse

ni la fuerza para levantar su propio peso

después pasó el batimóvil

como la sombra de un pájaro muy grande

como un pez negro que los científicos nunca habían visto

pasó junto a nosotros y después

un enjambre de patrullas que nunca pudieron alcanzarlo

después el eco de las sirenas y después nada

era de noche cuando otro auto se detuvo a ayudarnos

estábamos un poco deshidratados

y mi padre tenía los ojos rojos

probablemente ese haya sido

el mejor día de mi vida

 

Óscar Hahn (Iquique, Chile, 1938)

 

 

 

 

 

 

REENCARNACIÓN DE LOS CARNICEROS 

 

               Y salió otro caballo, rojo: y al que estaba
               sentado sobre éste, le fue dado quitar de
               la tierra la paz, y hacer que los hombres
               se matasen unos a otros.
                                                   San Juan, Apocalipsis
 
 
Y vi que los carniceros al tercer día,
al tercer día de la tercera noche,
comenzaban a florecer en los cementerios
como brumosos lirios o como líquenes. 
 
Y vi que los carniceros al tercer día,
llenos de tordos que eran ellos mismos,
volaban persiguiéndose, persiguiéndose,
constelados de azufres fosforescentes. 
 
Y vi que los carniceros al tercer día,
rojos como una sangre avergonzada,
jugaban con siete dados hechos de fuego,
pétreos como los dientes del silencio. 
 
Y vi que los perdedores al tercer día,
se reencarnaban en toros, cerdos o carneros
y vegetaban como animales en la tierra
para ser carne de las carnicerías. 
 
Y vi que los carniceros al tercer día,
se están matando entre ellos perpetuamente.
Tened cuidado, señores los carniceros,
con los terceros días de las terceras noches.
.....


(Fuente: Daniel Freidemberg)
 

Daniel Bellón (Cádiz, España, 1963 / Vive en Canarias)

 

 

Tres poemas de “Notas de voz, soldado Yanes, rescatadas de una microtarjeta de memoria” 

 




 

 

Cuando me desperté

una mañana después de un sueño

intranquilo

 

me encontré convertido

en un monstruoso

insecto.

 

Respiré hondo y recordé

que me había quedado dormido

con el equipo de combate

puesto.

 

Mi mono negro de kevlar,

mi exoesqueleto,

mi casco con sus ojos

de visión digital,

mis garras negras

afiladas.

 

Tal vez si sí me haya vuelto un gran insecto.

Un tipo nuevo de hormiga guerrera.

Un soldado del siglo XXI.


 

En nuestro ejército

todos somos iguales

 

y a nadie se le niega

el derecho a una muerte

noble o a una muerte.

 

Seas hombre /mujer /trans,

lo que quieras

siempre que aceptes ser

de los que matan juntos.

 

Una vez dentro del equipo

de combate tu sexo

da igual,

se cae

disuelto en el sudor.

 

Y dan igual tus sueños

tus querencias

tus fantasías

porque al poco

de estar

con nosotros

 

solo hay pesadillas.

 


 

Creo

que se me está acabando el tiempo.

 

Toda mi unidad la componemos veteranos

y creo haber detectado una pauta:

 

no gustamos,

los veteranos.

 

No gusta

saber lo que hemos visto

ni gusta

nuestra profesional

desconfianza

que detectan en los mensajes que cruzamos

y que sabemos que escuchan,

ni el conocimiento que acumulamos.

 

Nuestra obsolescencia está programada

y uno de estos días -—lo he visto antes-—

nos mandarán a una misión sin vuelta.

 

Tal vez

habría

que al fin

perder

el miedo

a que el miedo

nos señale

quién es

el enemigo

verdadero






“La balada de los drones y otros poemas de la Gran Transición” de Daniel Bellón (ediciones El Transbordador, 2021)

 

(Fuente: Voces del extremo)