De «Teatro de sombras. Poemas dispersos» (Ediciones Ramos Generales, 2025)
Teatro de sueños
ALREDEDOR DE LOS SUEÑOS
Teatro de historias
Unipersonal
DICTADURAS
(Fuente: Gilgamesh: Poesía y Poéticas)
(Fuente: Gilgamesh: Poesía y Poéticas)
(Fuente: Carlos Morales del Coso)
(Fuente: Alicia Silva Rey)
(Fuente: Griselda García)
A Gerardo Deniz
I
Por cien florines
ajustamos el flete de la nave,
aunque bien no sabíamos
a qué destinarían en esa inmunda rada
nuestra preciosa carga de ova roja.
Pero con el dinero allí cobrado,
nos fue fácil viajar
de nuevo al cabo de Buena Esperanza
en busca de agapanto.
Así nos despedimos de escarpas verdosas,
de un matadero de ganado rucio al pie de un río
–que en la tarde atraía marrajos al ancón,
donde eran inevitables presas del arroaz–
y de meaucas chirreando sobre pringoso estero,
laguna adentro.
II
He aportado, lo sé, en casi todas las abras.
Entre nidos de mergos,
aun el más inasible risco fue mi proíz.
Nada me inquietó
tanto en mi andanza por los siete mares
como esos pescadores que transportan
a brazo, en angarillas, su botín
arrancado a la mar
como si se tratara de un enfermo.
Río
VIII
Bajan del monte
antes de Todos Santos.
Tordos machos,
morados de tan prietos;
con camisas chillonas
botines y machetes de madera.
Uno de ellos
(la Vieja)
viste como mujer
y otro lleva careta de cartón
y un machete:
es el Negro.
Descontando a la Vieja
de larga trenza
todos los otros bailarines
andan ensombrerados.
La guerra
el violín
y los machetes que se cruzan
arman sones de palo
que van creciendo
a la par que los niños
de altas casas vecinas:
estallado piquete de vilanos
que vuelan de los setos
y, al tiempo que serpean,
desenrollan la cuerda de aquel trompo
puesto a danzar la carrera
(porque este pueblo
está sentado a la orilla del río
y luego como acuclillado al pie
de algún danzante cerro).
Y así pasábamos
de un morro al monte
sin darnos cuenta
(del cerro de la casa
al más lejano del pueblo).
Y luego anochecía.
Oigo un violín que malla.
Veo la cara de el Negro
sus amenazadores
ojos de brasa
perforando la máscara
mirándome precisamente a mí
que echo a correr también
entre mil buscapiés
gritos de espavoridos guajolotes
y perros
que aúllan
al cabo de mi sueño perturbado.
Aquella trashumante pirotecnia
se animaba unos días
antes de Todos Santos.
Y era para nosotros
una estación aparte:
el clima bonancible de una isla.
Flota un olor a pólvora
en el pringoso patio del recuerdo
y en la cocina
(que entrevera en mangana de humarazos
los chámitles
el atole de capulín
el pipián enchilado
y un zacahuil enorme
cocido en horno de barro
y que sabe a jabalí).
(Fuente: círculodepoesía.con)

(Fuente: Sociedad Poética)
LOUISE ALCANZA LO INTANGIBLE
y vive en mis sueños,
en una utopía inventada
amasada como el pan,
con paciencia y lentitud
para contar la historia
cuando ya no esté.
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LOUISE SE TRAGÓ EL PAISAJE Y ESCUPIÓ EL VENENO,
de golpe,
y su historia no acaba nunca,
es cíclica como una noria de feria
y un niño contemplando el fracaso.
Es decir, Louise es inmensa y flota en la lejanía
y una tarde de agosto me pidió que te contara
de dónde vino para escapar de la embaladura.
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LOUISE ES LA LIMPIDEZ, UNA SEÑAL,
el lenguaje vetusto del paisaje.
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SOBRE LA ESCALERA, LOUISE,
y sobre Louise
la creencia de lo corpóreo, lo cotidiano
y el instinto de supervivencia.
Subí la escalera y creí en ella,
pero no puedo hacer que creas tú.
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SI PELAS LA MANDARINA Y CONSIGUES EL EXACTO EJERCICIO,
los mismos movimientos,
una escena que se aproxime,
entonces, tal vez, la mandarina te transporte
al origen.
Una mujer no tiene pene,
how disappointing,
how disappointing.
Sin embargo, la figura cobra sentido
con la delicadeza del corte
sobre la cáscara de la mandarian.
No hablo del resultado final
ni del objeto artístico:
te hablo del proceso,
del gesto poético de las manos.
Vi las manos de Louise y pensé en las manos
de mi abuela,
aunque mi abuela no cortara cáscaras de mandarinas
con un cuchillo ni dibujara figuras sobre las pieles.
Sara Herrera Peralta
El piar de los pájaros y el goteo del agua que cae del techo
La Bella Varsovia
Llora en mi corazón
la lluvia de ahí afuera.
¿Qué es esta desazón
que entra en mi corazón?
¡Dulce lluvia que vaga
por los techos y el suelo,
corazón donde amaga
la lluvia que lo embriaga!
Llora en ti sin razón,
corazón agobiado.
Qué, ¿ninguna traición?
Mi duelo es sin razón.
Es lo peor de esta pena,
sin amor y sin odio,
no saber qué me llena
el corazón de pena.
(traducción de Alejandro Bekes)
El cerebro – es más amplio que el cielo –
colócalos juntos –
contendrá el uno al otro
holgadamente – y tú – también-
El cerebro es más hondo que el mar –
reténlos – azul contra azul –
absorberá el uno al otro –
como la esponja – al balde –
El cerebro es el mismo peso de Dios –
pésalos libra por libra –
se diferenciarán – si pueden diferenciar –
como la sílaba del sonido –
Traducción: Silvina Ocampo
(Fuente: La Mecánica Celeste)
(Fuente: Sociedad Poética)
(Fuente: Buenos Aires Poetry)
Versión: Isaías Garde
Dos cosas de naturaleza opuesta parecen depender
Una de otra, como un hombre depende
De una mujer, el día de la noche, lo imaginado
De lo real. Es este el origen del cambio.
Invierno y primavera, copuladores fríos, se abrazan
Y surgen los detalles el éxtasis.
La música desciende en el silencio como un sentido,
Una pasión que sentimos, no que entendemos.
La mañana y la tarde están entrelazadas
Y norte y sur son una dupla intrínseca
Y sol y lluvia un plural, como dos amantes
Que se alejan unidos en un cuerpo más vivo.
En la soledad las trompetas de la soledad
No son el eco de otra soledad;
Una pequeña cuerda habla por multitud de voces.
El participante participa de aquello que lo modifica.
El niño al tocar toma el carácter de la cosa,
Del cuerpo, que toca. El capitán y sus hombres
Son uno y el marinero y el mar son uno.
Ocupa ese lugar, oh mi compañero, mi camarada, yo mismo,
Hermana y solaz, hermano y deleite.
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Two things of opposite natures seem to depend
On one another, as a man depends
On a woman, day on night, the imagined
On the real. This is the origin of change.
Winter and spring, cold copulars, embrace
And forth the particulars of rapture come.
Music falls on the silence like a sense,
A passion that we feel, not understand.
Morning and afternoon are clasped together
And North and South are an intrinsic couple
And sun and rain a plural, like two lovers
That walk away as one in the greenest body.
In solitude the trumpets of solitude
Are not of another solitude resounding;
A little string speaks for a crowd of voices.
The partaker partakes of that which changes him.
The child that touches takes character from the thing,
The body, it touches. The captain and his men
Are one and the sailor and the sea are one.
Follow after, O my companion, my fellow, my self,
Sister and solace, brother and delight.
En Notas para una ficción suprema
(Fuente: zoonphonanta.blogspot.com)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
(Fuente: Alicia Silva Rey)
(Fuente: alpialdelapalabra.blogspot.com)