TOUCHÉ
El desapego hacia la muerte
es algo que se aprende con los años.
Es natural retarla cuando joven,
sabiéndola lejana y desatenta.
Pero en el tiempo venidero, que es el nuestro,
el desafío se atempera al ver
—sorpresa—
cómo se inclina y recoge el guante.
***
EL QUE SERÁ LLAMADO
Elaboremos ahora que aún estamos a tiempo
un repertorio incandescente de recuerdos.
Seleccionaremos a continuación uno de ellos
en el que nos resulte agradable perdernos,
en el que nos sintamos felices, porque
lo que evoca fue pleno.
Burilémoslo entonces, procuremos
que tenga —entero—
la forma que procede: la de instante.
Memoricemos,
por último, esa nueva versión,
y asegurémonos
de que reconoce nuestra voz y su nombre,
de que acude en efecto
cada vez que lo oye, y nosotros al verlo
lo reconocemos también, sabemos
que será cuando llegue el final
el que querremos
llamar, y que él será, cuando ya no quede
otro tiempo
que su tiempo de instante, el que llamemos.
(Fuente: Carlos Morales del Coso)
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