EL ÚLTIMO SONETO AL OTOÑO
Donde la hoja verde era pureza
hay otra hoja que, muriendo, brilla.
Discurre por la atmósfera amarilla
el fantasma del sueño y la tristeza.
Dorada paz de la naturaleza
hecha de renovada maravilla:
arquitectura frágil y sencilla.
La eternidad, dentro del alma, empieza.
Olvídanse la hora y el instante,
pues se detiene sin rumor el día
en un mismo matiz alucinante.
Pasa en callado vuelo un viento interno
y aviva el pensamiento que dormía
más allá de la tarde y del invierno.
*
EL OTOÑO Y LOS NIÑOS
Amaneció la calle toda dorada; el viento
con su mano invisible desprendió hoja por hoja.
Las estrellas oyeron acaso su lamento
y la aurora habrá sido, por lo mismo, más roja.
Los niños que se inician en el abecedario
al ver así la calle creyeron que era un sueño.
El sol sobre las hojas hacía el oro más vario
y era una fantasía tanto oro sin dueño.
Con sus manos pequeñas recogieron el blando
tesoro que los hombres indiferentes pisan.
Se fueron a la escuela dulcemente, pensando
que los sueños más bellos a veces se realizan...
(Fuente: César Cantoni)
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