miércoles, 13 de mayo de 2026

Murilo Mendes (Juiz de Fora, Minas Gerais 1901-Lisboa, 1975)

 

 

 

 

LAMENTO DEL POETA ACTUAL

 

Me dieron un cuerpo, sólo uno
Para soportar callado
Tantas almas desunidas
Que chocan unas con otras
 
De tan variadas edades;
Una nació mucho antes
De que yo apareciera en el mundo,
Otra nació con este cuerpo,
 
Otra está naciendo ahora,
Hay otras, ya ni sé bien,
Son mis hijas naturales,
Deliran dentro de mí.
 
Quieren cambiar de lugar,
Cada una quiere una cosa,
Ya no tengo más sosiego.
 
Oh Dios, si existes, junta
mis almas desencontradas.
 
 
 

EL TAXI

 

Mi lengua rompió mi pelo delicado
hasta erizarte los huesos
de esas piernas tuyas
que invenciblemente me abrazaron.
Y el hombre del taxi volandero
que arrasaba las calles
buscando un hotel
se fue de los espejos despreció los silbatos los semáforos
eligió otros rumbos y a la puerta de su casa nos puso exactamente.
Ah Erótica mía
recuerdas que bajamos
repletos de música y zumbidos
tú ibas saltando en un zapato mío
yo tenía en el pecho tu suéter de miel.
El señor del taxi
nos trajo dos copas amarillas de ron:
después que bebimos
supo desnudamos con un gesto
de hambre global.
Erótica mía
nos condujo a su cama
de ropas alteradas
periódicos cenizas cuerpo en soledad.
Y así fue Erótica mía
que ejercimos nuestra esgrima inevitable
en aquel territorio
sin noche ni sol.
El señor del taxi observaba la espuma furiosa
que rompía las puertas
y rasgaba la pared.
Nos esperó sentado
en su barco de ruedas
como un almirante
besado por el mar.
 
 
(Fuente: Henderson Espinosa) 
 

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