Deseamos este engaño en que vivimos
III
Deseamos este engaño en que vivimos
como el reflejo en la cueva primitiva
danzamos como si la sangre no fuera nuestra
fuera de los dioses y los mártires
de los pálidos primates que padecen
la lluvia diurna, el tamiz húmedo
la aguda percepción de los sonidos
el rojo tiritar de las serpientes
porque nos domina la danza de los ojos
el tensar cada uno de los músculos
el oler el salitre entre los poros
para no ser vistos en la caza del fiero oso
en la persecución del antílope que cabalga
en la huida rotunda entre las ramas auxiliares
nos hacen creer que los días nos importan
ni el recuerdo de los días tan siquiera
nos merece el movimiento de los labios
es el ruido del susurro y la condena
sordo ruido e impenitente el de las ranas
croando espesas en el lago estigio
riéndose de lo oscuro y de lo vivo
saltando todas al unísono
siendo poderosas arcas de Noé
en el sacrificio de lo dicho, lo escrito
abominamos de nuestros arboles ancestrales
en los que encaramados admirábamos la tierra
sobre la que al final depositaríamos los pasos
al principio temerosos del acoso del tigre
hasta que cobraron la destreza humana
primero para la huida, después para el ataque
esa sangre original que bebimos como alimento
mordiendo los huesos en su médula
rotos por la piedra anónima al nacer
que fue herramienta, arma, inteligencia
nosotros así nos convertimos
en el horrendo despertar del nuevo día
y empezó a contarse desde entonces
para formar parte de la tribu
la oración oculta, la escrita memoria
pero la vida no importa, importa el comercio
el de los cuerpos y las almas
el comercio de la miel en los panales
el de las esdrújulas sombras en verano
el de la soja bajo el confundido viento
el de la niebla sobre la tierra de trigo
el de la cruz que nos convierte
el de los cielos de hielo
el de la gota en la gravedad cautiva
el de la grieta en la tierra
el de los ruidos del cementerio
Alberto Gil-Albert. La historia de las orugas. Ed. de la Era, 2022
(Fuente: Voces del extremo)

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