Claro que me avergüenzo
de estar hecho de lo que me hizo,
de perpetuarlo.
Durante mucho tiempo
confundí la palabra
con «perpetrar»,
y hasta el día de hoy no entiendo bien
la diferencia.
Cuando cayó la bomba,
la nena se elevó
igual que una libélula,
y toda la materia de la que estaba hecha
impactó el cielo raso
y cayó con el techo
otra vez a la tierra.
Los ojos de un morado a puñetazos, dilatados
sobre el cráneo
como ojos de libélula.
Claro que me avergüenzo
de estar hecho
de bomba,
techo,
ala.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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