sábado, 2 de mayo de 2026

Samuel Taylor Coleridge (Gran Bretaña, 1772-1834)

 

 

"Los dolores del sueño"

 


 
 
 
Antes de deponer mis miembros en el lecho
no he llegado a tener costumbre de rezar
doblando las rodillas o moviendo los labios;
sino calladamente, en lentas gradaciones,
mi espíritu dispongo hacia el Amor;
con humilde confianza los párpados entorno,
con una reverente resignación: sin nada
de concebir deseos ni expresar pensamientos,
sólo con un sentido suplicante:
un sentido grabado en toda mi alma
de que soy débil, sí, mas no sin bendiciones,
puesto que en mí, y en tomo de mí, y en todas partes,
están la Eterna Fuerza y la Sabiduría.

Pero anoche recé en voz alta, sí,
con angustia agoniosa, levantándome
con sobresalto de esa multitud demoníaca
de formas y de ideas que me daban tormento:
una morbosa luz, una turba pisándome,
la sensación de un daño intolerable,
¡y a quién desprecié yo, a los únicos fuertes!
¡Una sed de venganza, la voluntad inerme
aún desconcertada, pero aún siempre ardiendo!
¡El deseo mezclado con odio, extrañamente,
aferrándome a objetos odiosos o salvajes!
¡Fantásticas pasiones! ¡Riña enloquecedora!
¡Y vergüenza y terror por encima de todo!
¡Hechos para ocultar, que no estaban ocultos;
de que, todos confusos, no podía saber
si los sufría yo o si los hice yo:
pues todo parecía culpa, remordimiento,
o dolor: igual todo, mío o de los demás,
temor que ahoga vida, vergüenza ahogando el alma!

Dos noches transcurrieron así: el horror nocturno
hacía triste y sordo al día que llegaba.
El sueño, bendición ancha, me parecía
ser la calamidad peor de mi trastorno.
En la tercera noche, cuando mis fuertes gritos
me habían despertado del sueño demoníaco,
abrumado de extraños y locos sufrimientos,
lloré como si hubiera sido un niño pequeño;
y habiendo así amansado con lágrimas mi angustia
suavizándome el ánimo, dije: Tales castigos
debieran aplicarse a las naturalezas
más a fondo manchadas de pecado:
para siempre, de nuevo, levantando en tormenta
el insondable infierno en su interior,
a la vista poniendo sus horribles acciones,
¡para verlas y odiarlas, mas desearlas y hacerlas!
Tal aflicción va bien a personas así,
pero ¿por qué, por qué en mí han de recaer?
Ser amado es lo único que necesito yo,
y a quien amo, de veras le sé amar.

                                                           1803

Samuel Taylor Coleridge, incluido en Poetas románticos ingleses (BackList, Barcelona, 2010, trad. de José María Valverde).


(Fuente: Asamblea de palabras)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario