No hay mercenarios
en estas maravillas
con que Garcilaso
atascó la bajada a los infiernos
y refregó con albricias
la putrefacción
de los cuerpos deshechos.
Hay otoños en las viñas,
higueras estoicas,
luz que sólo veremos
en este mundo,
frutas podridas
y semillas,
arroyos
como puerta de aire,
y esos álamos,
y aquellos plátanos,
que anuncian
la cal y la sal,
lo hinchado y plano,
y el rojo rincón.
Pax tibis Marce evangelista meus.
Héctor Giuliano
- Inédito-
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