viernes, 15 de mayo de 2026

José de Maturana (Buenos Aires, 1884 - Córdoba, 1917)

 

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LAS CASTILLAS

 

Son hermanas de amor, van de la mano
por la estepa del fondo levantino,
llevando en polvoriento pergamino
las memorias del mundo castellano.
 
Son dos hidalgas de un orgullo anciano
que, en los inermes yunques del destino,
firmes, batieron con afán continuo
la vieja cruz del abolengo hispano.
 
¿Viven de ensueños? ¿Cantan añoranzas?
¿No hay un verde racimo de esperanzas
que allá en sus viñas desoladas brote?…
 
¡Tal vez la voz del porvenir les grite,
cuando en bien de otros fueros resucite
con otra adarga olímpica el Quijote!
 
 
 

LAS DOS PRIMAVERAS

 

Rubia y gallarda viene, mostrando en su carruaje
la luz de mil colores y el sol de sus jazmines,
como una blanca Venus de rústicos jardines
a quien las flores todas le rinden vasallaje.
 
La mansa maravilla del campo está en su traje,
y en su cantar de aurora la voz de los violines…
Tiene los hombros griegos. España va en sus crines,
Italia en sus pupilas y el mundo en su homenaje.
 
Tú eres así. Por eso mi potro de conquista
llega a la escalinata del pastoral palacio
con la tristeza errante de mi dolor de artista.
 
Y tras la primavera que tu placer me arroja,
con la altivez de siempre, te ofrezco su topacio
como una mordedura de mi serpiente roja.
 
 
 

EL PAYASO

 

Es el payaso en esta vida,
a quien Dios, destinó a sufrir;
pues tiene que hacer reír,
aunque tenga su alma herida.
Con su sonrisa fingida,
tiene penas que ocultar si el payaso pudiese hablar y contar sus amarguras;
hasta las almas más duras,
podrían con él llorar.
 
Al ver mi cara pintada,
todos ríen con placer;
¡Sin llegar a comprender,
que mi vida es desgraciada!,
si lanzo una carcajada,
todos creen que es de alegría y no comprende su alma impía,
que mientras más riendo estoy,
es un paso más que doy,
en pos de la tumba fría.
 
Cuántos como el alma mía,
cansados ya de llorar,
vendrán al circo a buscar,
en el payaso, su alegría;
¡No me pidáis que me ría,
que de mi risa me espanto,
he reído tanto y tanto,
que ya mi risa es dolor!,
porque este mundo traidor,
me enseñó a reír con llanto.
 
Quizás cuando el payaso muera,
todos lo echen al olvido y de aquel que se han reído,
ni se acordarán siquiera;
cual música pasajera,
que lentamente se va,
ni el recuerdo quedará;
qué contraste de la vida y como de todos se olvidan,
de mí también se olvidarán.
 
Cuando el circo se desliza,
fingiendo aparente, calma;
¡Y mientras lloro con el alma!,
viene a mí rostro la risa,
porque reír es divisa,
¡Sarcasmo estúpido inmundo! y con mi dolor profundo,
Voy siguiendo su destino; porque ese ha sido el camino,
que Dios me trazó en el mundo.
 
Por fin público ilustrado,
que habéis prestado atención,
a esta composición,
que de seguro os habrá enfadado,
por no tener el cuidado,
y decirla sin sentido;
solo un aplauso les pido y quedaré satisfecho,
guardándolo acá en mi pecho,
como un payaso agradecido
 
 
(Fuente: Henderson Espinosa) 
 

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