viernes, 31 de julio de 2026

Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, España, 1923-Thézy Glimont, Francia, 2010)

 

 

 

 

 

Hipérbole del amoroso

 

Te amo tanto que duermo con los ojos abiertos.
Te amo tanto que hablo con los árboles.
Te amo tanto que como ruiseñores.
Te amo tanto que lloro joyas de oro.
Te amo tanto que mi alma tiene trenzas.
Te amo tanto que me olvido del mar.
Te amo tanto que las arañas me sonríen.
Te amo tanto que soy una jirafa.
Te amo tanto que a Dios telefoneo.
Te amo tanto que acabo de nacer.
 
  (Poemas, 1969)
 
 
(Fuente: Oficio de Poeta) 
 

Rosabetty Muñoz (Ancud, Chile, 1960)

 

 

«Expuesta»




 
 
 
 
Prontos a herir se amontonan
en las afueras de mí.
Un ojo sobre otro.
Me voy a ellos con los brazos abiertos
no vaya a ser que no me alcancen.
no vaya a ser que el dolor de sus colmillos
me sea negado para siempre.



en Antología poética de la generación del ochenta
edición de Andrés Morales, Mago editores, 2010 



 (Fuente: Descontexto)

Alfredo Rescia (Leones, Córdoba)

 

 

RECADOS

 


 
 
 
1

En mi villa, entre olivos y mosaicos.
Me pregunto:

Estará mi nombre
en el hablar quedo
de los espías del César.

Mis pasos
en el ojo de la corte.

Amo la vida.
Pero más
amo a Roma.



2

Más veloces
que un auriga
corren los días.

Es momento
de sacudir el alma
como un árbol.

Que caigan los frutos
a mis pies.

Y más allá
de las tapias.

Oh, Marcia.
No cantar
es pasar como una sombra.



7

Ay, de la Roma
en llamas.

De la mano del emperador
nacen los incendios.

De sueños y días
florecen certezas.

Tras el inocente
para darlo a los leones.

Aplausos
para la lira del incendiario.

Avaricia
en las latitudes del fuego.

Ah.
¿Quién lo exprese
sobrevivirá a su palabra?



8

Arroja flores
al mar.

La verdad
es más arrolladora
que un río de montaña.

A punta de espada
se corre del Lacio
al poblador de provincia.

En nuestros silos
sus cosechas.
En nuestros toneles
su vino.

Nuestra
hasta la leña de sus inviernos.

Los banquetes regios
su mar de lágrimas.

Ninguna otra suerte
Marcia.
Que ser
pulgas de la Loba.



9

Y qué es el Cesar.

El dedo índice.

El pulgar
de la muerte.

El odio
más allá de la ceniza.

Oh, Marcia.
Más que sus fiestas
brillan tus ojos.



12

Regresa Marcia.
Los días
tierra de amargas hierbas.

Y en las noches
el vino con especias,
trae sueños
que se repiten
como las lluvias de diciembre.

¿Deberé pensar
en un soplo de los dioses?

Oh, Marcia.
Mi corazón
es una tea en llamas.

Por qué
tienes que partir
como las aves.

Como ellas
te haces lejana



21

Del César
es la ferocidad del mundo.

Su sueño de mármol.
Como el ocaso
se hunda.

Polvo y ceniza.

Humo sus reinos.

Cada pueblo
rey de sus días.

Y el canto
en la más alta rama.

Oh, Marcia.
Lave su boca el César.
Las rojas manos.

Hay luz de estrellas
en nuestros ojos.

Y el soplo de un dios
por linaje.



23

Ay,
de la sumisión.

Nada 
es tu espejo.
No tienes semejanzas.

Cavas y cavas.

En las noches.
El miedo
no cierra los ojos.

Y en el templo.
El dios
de tu corazón,
no es
el dios de sus homilías.

Olvidas
hasta el nombre 
de tus padres.

Ante tu descendencia
te avergüenzas.

Levanta el rostro.

O en el corazón
sentirán el abandono.
(Del libro homónimo,
Barnacle, 2026, Envío
de Alberto Cisnero)

Alfredo Rescia


Alfredo Rescia (Leones, Córdoba). En 1997 obtuvo el Premio Provincial de Literatura y en el año 2000, el Premio Municipal de Literatura “Luis José de Tejeda”. Publicó “Postales de invierno. Cielos de enero” (Barnacle, 2024). El grueso de su obra permanece inédita.


(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites)

 

Cristina de Arteaga (España, 1902-1984)

 

 

 

"Corazón de mujer IV" 

 


 
 
 
 
Deja que apoye en tu hombro mi cabeza,
deja que en ti descanse mi alma de mujer;
pero acércate más. ¡Me da tanta tristeza
la sombra que desciende con el atardecer!...

¿No oyes subir el cauce de la melancolía?
Me parece un presagio de lo que va a cesar...
Ya se asoman las almas a ver morir el día:
es la hora romántica. ¡No la dejes pasar!

Pon tu mano en mis manos, un instante...
Sofoca las palabras que dicen adiós a la ilusión...
Séllala con los besos, lágrimas de tu boca...
¡Y déjame llorar sobre tu corazón!
 

Cristina de Arteaga en Sembrad (1925), incluido en Mujeres del 27. Antología poética (Editorial Planeta, Barcelona, 2022, ed. de José Luis Ferris).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Javier Salvago (Sevilla, España, 1950)

 

 

HAIKUS DE LA FRONTERA 

 

 





A la manera de los poetas tradicionales de haikus

                                                                                 que cantaban a su propia muerte

 

I

 

Toda la vida

temiéndola Y ¿ya está?

¿Esto era todo?

 

 

II

 

Lloran por .

Pero yo de ese sueño me he despertado....

 

 

III

 

Qué lejos todo:

La vida, el mundo, ellos 

Qué lejos yo 





IV

 

¿Hubo una vida

terrenal, fui yo un hombre o fue otro sueño?

 

 

V

 

Al fin, desnudo.

En una caja oscura, se pudre el traje.

 

 

VI

 

Ya no hay frontera, ni despertar. Ahora ya todo es sueño.




 Javier SalvagoUna mala vida la tiene cualquiera. Ediciones de la Isla de Siltolá, 2014

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Ahmed Nour Eldeen Rifaai (Egipto, 1993)

 

 

"Flor de algodón"

 


 
 
 
 
En la orilla del Río Nilo
      Permanezco firme,
                            Como un pilar de luz.

Hablo con el árbol de alcanfor
          Que nada con nosotros,
                               No calmado,
                                        Ni silencioso.

Solo la voz del campo
                  y la Luna brotan en el suelo del cielo,
                                        como flor de algodón.

La hierba es una nube
                   moviéndose despacio.

Luces de Luna reflejadas en mi cara
                       en el espejo del agua.

El río está calmado,
                   mientras mi corazón roto
                   se sumerge en la voz de nuestro río tranquilo.

Irriga mi corazón, haciéndolo correr
                   y latir como un sol brillante en la mañana.

Las olas tocan las curvas de mis pies,
          me inclino para echar un vistazo, veo mi cara.

Mi humor afecta la claridad del río,

            golpeándolo haciendo desaparecer mi rostro
                                       en innumerables círculos.

Por un instante me quedo en un trance,
como un niño risueño acostado en la hierba.

Miro al cielo, la flor de algodón celestial,
en la búsqueda de una estrella que perdió
su camino hacia la a u  s   e    n      c       i        a...
 
 

Ahmed Nour Eldeen Rifaai, incluido en Revista Kametsa (24 de julio de 2021, Perú).

 

(Fuente: Asamblea de palabras) 

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

 

Mi padre, mi madre:
expresión de petroglifos.
 
Superficie que se retuerce,
humo que se eleva manso,
esperanzas raídas,
foso y luces
que rebotan
contra las piedras
y se encogen
para embestir
los nudos ganados
al desierto.
 
¿Qué hubo de sus vidas en mi cabeza?
¿Qué proyección de sus primeras mitades?
¿Qué ceniza mercurial se superpuso?
¿Qué de la vida voraz y la migración?
 
Y aquí están,
en mí,
fuera de sí,
cada mañana,
cada día cuajado:
navajas de injertar,
festín campesino,
membrillos tronchados,
fértiles en angustias
y destino fallido.
 
Fachadas,
comportamientos previsibles,
pero dagas
encimadas
a este mundo que se va,
a esta música chabacana que atruena.
 
Tono neutro:
aburridos, naturales,
curiosos,
enjutos bajo el sol.
 
Y en estos sepulcros
no hay piedad,
sólo flores de papel
deshechas,
el repetido ejercicio
del olvido
y el iracundo y manso pellejo
que fue.
 
Su teorema sensitivo
es el mío.
 

- Inédito -

 

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

DOLENCIA 

 

“𝑉𝑎𝑦𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑗𝑢𝑛𝑡𝑜𝑠, 𝑣𝑜𝑠 𝑦 𝑦𝑜, 𝑝𝑜𝑟 𝑑𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑜𝑠: 𝑣𝑜𝑠 ℎ𝑎𝑐𝑖𝑎 𝑢𝑛𝑎
𝑠𝑒𝑔𝑢𝑛𝑑𝑎 𝑣𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑟𝑜𝑚𝑒𝑡𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑒𝑙 𝑙𝑒𝑛𝑔𝑢𝑎𝑗𝑒” (Mahmoud Darwish).
 
 
Vuelve lo hermético. ¿De dónde trae
su origen lo que no tiene nombre?
¿Cómo acordona su cabeza un olor?
¿Es un recuerdo de la vida anterior?
Enciende un fuego, forma sin forma,
verbo sin tiempo. 
 
La pala en mano. Nadie pregunta.
Excavación en marcha, resplandores.
El vacío es espacio y el agua corporal
espacio-tiempo, materia irreductible
del cerebro. No música. Tu personal
museo. Música disfrazada en la otra orilla.
 
Ningún sonido te envuelve. La mano
diestra prueba y se extravía. Experimenta
un choque secreto y clandestino de vocablos,
origen de un error constitutivo: ¿qué enfermo
sabe en realidad la dolencia que padece? 
 
¿A qué atribuye su insistencia en olvidarse
de sí mismo? Inorgánico el poema. Es ese
un primer sacrificio. La belleza se niega.
 
Olor a pelo quemado. No más señales. 
 
El dolor aletea por los pies, los tobillos,
da pinchazos. Alfileres que se clavan
en plantas, dedos. Perturba el sueño
una llamada, más amarga, más oscura.
 
Es falsa: dura dominación de un culto
impío sobre la naturaleza corporal. Crea
un nombre afectuoso. No el propio.
 
El invierno sisea. Se obstina en ir y venir
moviendo de un monte a la cima su tristeza
cada vez que cae. En la instantaneidad
perece. Hay algo en él que ya no arde. 
 
¿No amó lo suficiente? No puede descifrar
qué está esperando. No se atreve a respirar
 

Eduardo Magoo Nico (Buenos Aires, 1956)

 

 

 

LA FALTA

 

El Oscuro trota sobre las luces del atardecer.
Voces que en susurros muerden
con dientes de vidrio
mi cerebro y su corazón.
Golpeteo de alas de mariposas
y loas en moderato cantabile
de cardenales y jilguerillos.
Hadas y brujas cotillean
con los espíritus de los muertos.
Un trazo largo color humo
se sumerge con el pincel
en un lago rojo desvaído.
Compro libros de plástico
vendo artefactos de cartón.
Me llaman “el cartonero”.
Ella, mujer de fuego.
Yo, hombre de estopa.
Pintaré el fulgor de su mirada autógena
recortando dos agujeros.
Una noche saltaba él,
otra trepaba ella.
Siento amor por el recuerdo.
Los tilos parecían animarse con el viento
agregando su amarillo a las retamas y los aromos.
Un rosado tenue aparece
donde lavé la herida.
Soñaba a veces con ciruelas, quinotos y mandarinas
y me daba un chucho frío al alba.
Al que no le falta algo, le sobra.
De cerca, nadie es normal.
 
 
(Fuente: MAGOOLEFOU.BLOGSPOT.COM)
 

Leoncio Bueno (2 de enero de 1920 - 31 de julio de 2026)

 

 

 

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𝐋𝐚 𝐝𝐢𝐜𝐡𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐢𝐧𝐚𝐦𝐢𝐭𝐞𝐫𝐨𝐬


La violencia es una forma de felicidad.
¿Contra qué se dispara una reventazón?
Contra los privilegios.
Los privilegios constituyen el relajo de los poderosos.
Ganarse la vida en un horno de ladrillos
no es ningún relajo.
Los ladrilleros huelen la felicidad de siglo en siglo
cuando encienden la Revolución.
Un albañil no construye palacios para él,
pero se las arregla para volarlos
y saborear la dicha de los dinamiteros.
 

 

(Fuente: Lab De Poesía) 

Juvencio Valle (Chile, 1900 - 1999)

 

 

 

 

 

ÁRBOL DE PARAÍSO

 

No me dejes caer en la tentación, Margarita
apártame de tus dedos sabios como alfileres,
apártame de la cáscara de tu tronco con flores,
del caballo más dulce, apártame tú que puedes.
 
Líbrame de los viajes de miel al otro mundo
si debajo de un árbol el caballo me espera,
líbrame de los garfios de la montura blanca
de los lomos de nardo de la yegua canela.
 
Que no corran unidas la carrera preciosa,
la manzana del cielo y el puñal de la tierra.
 
No me dejes correr en tus canchas de flores,
que no pise tus hierbas fatales, Margarita,
en tus aguas ocultas que no derrame espumas,
en tus piedras azules que no levante chispas.
 
Desvíame de tus aguas -alcohol en racimo-
de las violetas aguas de tu amapola roja,
de la zarza envolvente y del surco en camino,
de la culebra de oro que en el árbol se enrosca.
 
Desvíame de la flecha, de la curva y la línea,
y del alto y florido columpio de la hoja.
 
Eres árbol de leche, paraíso e higuera,
y estos fuegos alertas quieren quemar tu casa
explorar tus jardines y pisar en tus sedas,
Margarita, levanta tu varilla de gracia
y defiéndeme del avance de la tenaz culebra.
.....


(Fuente: Daniel Freidemberg)
 

Pablo García Casado (España, 1972)

 

 

EL POETA QUE VIVE CONMIGO DE PABLO GARCÍA CASADO EN CADA UNO ES MUCHA GENTE

 





EL POETA QUE VIVE CONMIGO



El poeta que vive conmigo no se encuentra aquí en este momento. El poeta que vive conmigo se ha quedado fuera, está en un bar tomando café, mirando a la gente pasar. El poeta que vive conmigo volverá a casa en mi coche, ocupará el asiento del copiloto, pondrá música, compartimos lista de Spotify. Clave del correo, perfil de Facebook, número de teléfono, grupos de washaps. El poeta que vive conmigo se queda en casa cuando voy al fútbol, cuando voy a trabajar, pero viene a recogerme después y volvemos caminando. El poeta que vive conmigo duerme conmigo y con mi mujer, pero despierta de madrugada y apunta cosas en una libreta naranja. Por la mañana, el poeta y yo revisamos las notas, tachamos, reescribimos, desechamos casi siempre. El poeta que vive conmigo odia la navidad, las fiestas populares, los cumpleaños. El poeta que vive conmigo sigue hablando con Rafi, con Eduardo, con Nacho, con Pedro, con todos los que ya no están aquí. El poeta que vive conmigo piensa en mis hijos a todas horas, los abraza más que yo, sabe perfectamente en qué piensan, qué les preocupa, sabe dónde y con quién pasan las madrugadas. El poeta que vive conmigo me enseñó a hacer el arroz que preparo los sábados para mi familia. La clave está en el pimentón, cucharada y media. Prefiere quedarse en casa cuando salgo con mis amigos, dice que no soporta algunas conversaciones, le cuesta mirar a los ojos a la gente. El poeta que vive conmigo se duerme en las películas de Godard y llora en las de Fellini, sobre todo con Amarcord. También, como yo, adora el verano y las vacaciones, le gusta nadar en el océano, a veces se aleja demasiado de la orilla y le pierdo de vista. No sé el tiempo que vivirá conmigo el poeta que vive conmigo. Algunas mañanas despierto y no está, desaparece días y días sin dejar rastro, pero vuelve con una caja de pastéis de nata. Mis favoritos. Sé que el día menos pensado, el poeta que vive conmigo dejará de vivir conmigo. Y se irá a vivir con alguien más joven, alguien con toda la vida por delante. Y creo que eso estará bien.




Pablo García Casado

Cada uno es mucha gente


Visor

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller)