martes, 28 de julio de 2026

Jorge Luis Arcos (La Habana, Cuba, 4 enero, 1956)

 

 

 



LAS RAZONES DE ULISES

 

El oro de sus ojos me parece tranquilo
Testigos son de un tiempo que no cambia
No conoce las islas ni las altas murallas
Su ámbito es la casa, la majada
Sólo sufre por la ausencia del Héroe
Pero su mirada está intacta
Sólo él puede comprender al huésped
Él es el mediador. El que enciende el fuego
El que alimenta a lo desconocido
Argos vivió para reconocer y morir
Él para ignorar y dar la vida
¡Ah, basto, sencillo porquerizo, tú me salvas!
Tú eres Ítaca, eres el tiempo que no cambia
Para ti no estoy muerto. Soy un mito
Tendré que reencarnar en tu mirada
Dices que soy tu hermano del alma
Miras a Telémaco como un padre amoroso
Y te afliges por la suerte de Penélope
¡Tú eres Odiseo! Yo, su imagen ilusoria
Eres el Padre y el Esposo
Yo no viajé a Troya ni regresé a Ítaca
Sólo atiendo a estos puercos. Soy Pastor 
 
 

ODISEA 

 

Ahora no hay regreso. Ahora
Quédate mirando las estrellas
Extático, demente, suspendido
Como un idiota: estatua
De ti mismo, eternízate
En tu incompletez. Y sufre
Ese espacio, ese tiempo
Que te separa de las islas
No sabes decir luz y ser la luz. Eres
Sin ser la mano, el alma, la mirada. Eres
Tu imagen en un agua suicida
Como el mendigo eterno
Sin un perro que te reconozca para morir
Sin Eumeo
Te temblará la mano con que empuñes el arco
Te faltará el valor de la mirada
Se desdibujará tu cicatriz. Y alguien
Seguirá tejiendo. Y su mano tan firme en la puntada. 
 
 
De los ínferos (1999)
La Habana: Ediciones UNIÓN, 1999, pp. 124 y 125
 

(Fuente: Óscar Limache) 

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