Huele
Otra vez es la hora del ángel.
Hay una calma rara en el jardín
como si atrás de un lienzo
se urdiera un pacto sibilino.
En la noche del Cestrum
un gitano
va destejiendo la negra cabellera
en forma de pequeños
racimos sobre el muro.
Es el momento de contar hasta cien
sin respirar
como abajo del agua,
ahora que el fondo de la tierra
es un caballo que sostiene el aliento
plegado sobre sí
hasta que ya no lo soporta.
Y cuando apague
todas las luces de la casa,
sabés,
vas a entender razones
que mejor no te explico.
Vamos,
erguí tu corazón
por encima de los cables de luz,
y quedate a mirar cómo se eriza
su carne vegetal
desde el tronco leñoso
ceñido a tu montura.
e.z. (inédito)
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