Poemas saturnianos (1867)
RESIGNACIÒN
Con el Ko-Hinnor (1) yo soñaba de niño,
Suntuosidad de Persia y del papado,
Con Sardanápalo, con Heliogábalo (2)
Creaba mi deseo, bajo techumbre de oro,
Entre perfumes y al son de la música,
Harenes infinitos, paraísos carnales.
Ahora, más calmado pero igual de febril,
Sabiendo que en la vida es preciso pactar,
Tuve que refrenar mi preciosa locura,
Sin resignarme, empero, lo bastante.
¡Sea así! Lo grandioso escapa a mi bocado,
Pero lejos de mí, con las heces, lo amable.
Hoy aborrezco igual a la mujer hermosa
Que a la rima asonante o al amigo sensato.
NEVERMORE
Oh recuerdo, recuerdo, ¿qué buscas? El otoño
Por un cielo impreciso hacía volar al tordo,
Mientras el sol lanzaba sus monótonos dardos
Sobre los bosques de oro donde silban los cierzos.
Ella y yo caminábamos, a solas y entre sueños,
Al viento de los sentires, los cabellos al viento.
Volviéndose hacia mí, con ojos conmovidos
“¿Cuàl ha sido tu día más pleno?”, preguntó
Su voz sonora y dulce, de fresco timbre angélico.
Le valió de respuesta mi discreta sonrisa.
Luego, lleno de unción, besé su blanca mano.
¡Qué fragancia transporta la floración primera!
¡Y cómo se propaga, en murmullo adorable,
el primer “sí” que brota de los labios que amamos!
TRES AÑOS DESPUÈS
Tras empujar la puerta angosta y poco firme,
Me he puesto a recorrer el pequeño jardín
Que, tibio, iluminaba el sol de la mañana,
Salpicando las flores con mojados destellos.
Nada ha cambiado. Estaba el pobre cenador
Cubierto por la parra y las sillas de mimbre…
Repetía el surtidor su argentino murmullo
Y el álamo, ya viejo, su sempiterna queja.
Como antes, las rosas palpitan, igual que antes
Se mecen en el viento los orgullosos lirios.
Familiar me resulta cada alondra que cruza.
Hasta hallé en su lugar la estatua de Veleda (3)
Con desconchado yeso, al final de la senda,
Y envuelta en el insulso olor de la reseda.
LAXITUD
A batallas de amor, campo de pluma (4)
Góngora
¡Suavidad, suavidad y suavidad, mi amor!
Pon un poco de calma en tus locos transportes.
Incluso en lo màs alto de su goce, la amante,
El Tranquilo abandono de la hermana tendrá.
Sé lánguida. Acaricia, como si me durmieras,
Que tu mirada acune, igual que tus suspiros.
Mira: el celoso abrazo o espasmo obsesivo,
No valen lo que un beso lento, aunque engañador.
En tu áureo corazón, niña mía, me dices
Que la pasión mayo arbola su olifante.
¡Deja que trompetee a su gusto esa pobre!
Pon tu frente en mi frente y tu mano en mi mano,
Hazme mil juramentos, que romperás mañana,
Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.
MI REITERADO SUEÑO
Tengo a menudo el sueño penetrante y extraño
De una desconocida a la que amo y me ama
Y que no es cada vez ni del todo la misma
Ni distinta del todo, y me ama y me comprende.
Porque ella me comprende y mi alma sin reserva,
Sólo para ella deja de plantearse enigmas,
Para ella. Y el sudor de mi pálida frente,
Sólo ella con su llanto acierta a refrescar.
¿Sus cabellos son rubios, endrinos o rojizos?
No lo sé. Ni su nombre, que es dulce y es sonoro
Como el de las amadas que la Vida exiló.
Su mirada es igual al mirar de una estatua,
Y su voz, tan lejana, grave y tranquila, tiene
Dejos de las que amé y se tragó la muerte.
A UNA MUJER
Te dedico estos versos por la piadosa gracia
De unos ojos, en donde ríe y llora un ensueño.
No quiero que rechace tu alma buena y pura
Estos versos que suben de mi angustia fatal.
Porque ¡ay! la pesadilla odiosa que me traba
No da cuartel y va, celosa, loca, airada,
Aumentando lo mismo que manada de lobos,
Colgada de mi suerte, empapada de sangre.
¡Ay! Sufro, sufro y sufro de tan horrible modo
Que el lamento primero del hombre Adàn no fue
Sino una mansa égloga, con el mío comparado.
Y tus preocupaciones, no serían mucho más
Que raudas golondrinas, volando al crepúsculo,
De un luminoso y tibio día de otoño, mi amor.
LA ANGUSTIA
Nada, Naturaleza, me conmueve de ti,
Ni la tierra nutricia, ni pastoriles ecos sicilianos
De color alborada, ni las pompas del día,
Ni la solemnidad enferma del ocaso.
Yo me río del Arte, del Hombre y su canción,
De versos, templos griegos, puntas en espiral
Que hacia el cielo vacío lanzan las catedrales,
Y con los mismos ojos miro al bueno que al malo.
No creo en Dios tampoco y reniego y abjuro
Del pensar, y respecto a esa vieja ironía
Del Amor, sólo quiero que no me lo menciones.
Asqueado de vivir y con miedo a la muerte,
Como navío al pairo, juguete de las olas,
Aparejo mi alma, rumbo a un naufragio atroz.
AGUAFUERTES
A Francois Copèe
MARINA
Bajo la mirada
De la luna fúnebre,
Palpita y palpita
El sonoro mar,
De pronto un relámpago
Brutal y siniestro
Cruza todo el cielo
En largo zigzag
Y el ronco oleaje
En saltos convulsos
Por los arrecifes
Ruge, viene y va
Y en el firmamento,
Con el temporal,
El trueno retumba
Formidablemente.
EFECTO NOCTURNO
Noche lluviosa. Un cielo que, lívido, recorta
Las negras siluetas de agujas y torres
En una villa gótica que disuelve la niebla.
Planicies. Y un cadalso con rígidos ahorcados,
Mecidos por el ávido pico de las cornejas,
Y bailando en lo oscuro gigas inenarrables,
Mientras sirven de pasto a los lobos sus pies.
Algunos matorrales de espinos y de acebo
Dibujando su horror a diestra y siniestra
Sobre el fuliginoso y abocetado fondo.
Y luego, comparecen tres pálidos cautivos.
Van descalzos, en medio de los fornidos guardianes,
Cuyas picas, cual lanzas al final de una verja,
Contra la lluvia dura y oblicua centellean.
PAISAJES TRISTES
A Catulle Mendès
PUESTAS DE SOL
Una débil luz
Por el campo vierte
Su melancolía
De soles ponientes.
La melancolía
Con su canción mece
Mi alma que se olvida
Con el sol poniente.
Y sueños extraños
Con sol de poniente,
Y rojos espectros
Sin pausa aparecen,
Y se van, lo mismo
Que tras las arenas
Los soles ponientes.
CREPÙSCULO DE UNA TARDE MÌSTICA
En la luz del Crepúsculo, el Recuerdo
Llamea y tiembla contra el horizonte
De la Esperanza y ésta retrocede,
Y cual empalizada se despliega
Muy sigilosa, donde el florecer
-Tulipanes y lirios, ranúnculos y dalias-
Se enreda por la verja, y ya circula
Con cierta ponzoñosa exhalación
De opulentos perfumes. Y tal mal
-Tulipanes y lirios, ranúnculos y dalias-
Anegando mi alma y mis sentidos,
Confunde, en paroxismo colosal,
El lento Atardecer con el Recuerdo.
PASEO SENTIMENTAL
Lanzaba el poniente sus rayos finales
Y mecía el viento pálidos nenúfares;
Los grandes nenúfares junto a los juncales
Lucían tristemente sobre el agua quieta.
Paseando mi pena, solitario erraba
Cercano al estanque, por el saucedal
En que la neblina fingía un enorme
Y desesperado fantasma lechoso
Que llorara con rumor de cercetas
Cuando se llamaban batiendo las alas
En los saucedales, donde erraba solo
Paseando mi pena; el denso sudario
De las sombras supo ahogar los finales
Rayos del poniente en pálidas ondas,
Entre los nenúfares, junto a los juncales,
Los grandes nenúfares sobre el agua quieta.
CANCIÒN DE OTOÑO
La queja sin fin
Del violín
Otoñal
Hiere mi corazón
Con su mayor repetida
Languidez.
Todo agitado
Y pálido
Cuando suena la hora,
Se presenta el recuerdo
De los días del pasado
Y lloro.
Y al viento aciago
Que me arrastra
Me entrego,
Aquí y allá,
Lo mismo que las hojas
Muertas.
CAPRICHOS
LA DALIA
Turgente cortesana, de sombría mirada
Que, como la del buey, se abre despacio,
Tu gran torso reluce como mármol reciente.
Flor grasa y rica, en torno a ti no flota
Aroma alguno y lo bello del cuerpo,
En mate, desarrolla sus notas impecables.
No sientes ni tu carne, ese sabor que, al menos,
Exhalan otras plantas para formar el heno
Y reinas como ídolo insensible al incienso.
Así es la Dalia, reina esplendorosa
Que sin orgullo alza su cabeza inodora
Y sosa entre jazmines incitantes.
1. Ko-Hinnor. Literalmente “montaña de luz” es el nombre de un diamante célebre por su dimensión y rareza que perteneció al Gran Mogol y hoy a la Corona Británica.
2. Sardanápalo y Heliogábalo. Respectivamente emperador romano que introdujo en su reino el culto asirio al sol, y rey asirio, célebre por su amor al lujo y a todos los excesos.
3. Veleda. Divinidad gala.
4. A batallas de amor campo de pluma. En castellano en el original francés y defectuosamente citado verso de Góngora.
Versión española de ANTONIO MARTINEZ SARRIÓN
Ilustrado por GEORGE BARBIER
Poemas saturninos/Fiestas Galantes. Madrid. Ediciones Hiperión. 2011. Págs. 17, 18, 19, 21, 22, 23, 24, 28, 29, 33, 34, 35, 38, 53.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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