BREVES
𝐹𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑡𝑟𝑎́𝑛𝑠𝑖𝑡𝑜
I.
Me acerqué a Gramsci con tanto cuidado
como lo hice con Marx. De la sabiduría
que concede el fuego cuando lame
las entrañas pasé al goce silencioso
de la poesía. El efecto Münchhausen.
Un caballo partido en dos derrama
en aguas su anatomía. No se contiene.
Es agua devastadora la plusvalía.
II.
Allí vas, hombre calvo. ¿Creías estar al margen
del mundo natural? Allí, tu cabeza escalpada
sin habla ni juicio. ¿Qué rige tu escritura?
De tu oído no nace un nombre propio. Es
en otras partes del cuerpo donde echa raíces
la palabra. Vos sos vos y más. Ostra y conejo.
III.
Es en es. Es en fue.
Hay una verdad ayer.
Tengo el don de decir
que aun hoy no entiendo,
no entienden mi lenguaje
En sí, en no, en espera
no se sabe qué. Hablaré
de la estética de la poesía,
sorprenderé al hablar
de la abstracción, del lugar
donde cayó la piedra angular
que hace al lugar
de la arbitrariedad. Alguien
habrá que diga es.
Es un paréntesis.
Y nada más antes de morir.
IV.
Viento: soplá más fuerte contra mi casa
vieja y olvidada. Sacudí las ventanas
de mi mente, levantá la trampilla de la puerta
del perro y dejala caer una y otra vez
aplaudiendo. Quitale al olmo enfermo
de la plaza 25 de agosto las ramas podridas
y ejecutá, viento, bellas octavas sin rima.
Gritá en tu lenguaje algo sobre la tierra macerada
de la infancia y escribí. Escribí con humus
orgánico palabras que no existen en el idioma
castellano pero al oído denuncian: Seelenbangen!
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