Mi padre, mi madre:
expresión de petroglifos.
Superficie que se retuerce,
humo que se eleva manso,
esperanzas raídas,
foso y luces
que rebotan
contra las piedras
y se encogen
para embestir
los nudos ganados
al desierto.
¿Qué hubo de sus vidas en mi cabeza?
¿Qué proyección de sus primeras mitades?
¿Qué ceniza mercurial se superpuso?
¿Qué de la vida voraz y la migración?
Y aquí están,
en mí,
fuera de sí,
cada mañana,
cada día cuajado:
navajas de injertar,
festín campesino,
membrillos tronchados,
fértiles en angustias
y destino fallido.
Fachadas,
comportamientos previsibles,
pero dagas
encimadas
a este mundo que se va,
a esta música chabacana que atruena.
Tono neutro:
aburridos, naturales,
curiosos,
enjutos bajo el sol.
Y en estos sepulcros
no hay piedad,
sólo flores de papel
deshechas,
el repetido ejercicio
del olvido
y el iracundo y manso pellejo
que fue.
Su teorema sensitivo
es el mío.
- Inédito -
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