MUSÉE DES BEAUX ARTS
MUSÉE DES BEAUX ARTS (1940)
(Fuente: Óscar Limache)
(Fuente: Óscar Limache)
(Fuente: Adriana Hoyos)
(Fuente: jamásvolveraverte.blogspot.com)
(Fuente: Oscar Vicente Conde)
(Fuente: Jonio González)
(Fuente: Marcela Machado)

EL AMOR ESTÁ EN LO QUE TENDEMOS
El amor está en lo que tendemos
(puentes, palabras ).
El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).
Y en lo que combatimos
(noche, vacío)
por verdadero amor.
El amor está en cuanto levantamos
(torres, promesas).
En cuanto recogemos y sembramos
(hijos, futuro).
Y en las ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero amor.
LATITUD
No quiero más que estar sobre tu cuerpo
como lagarto al sol los días de tristeza.
Se disuelve en el aire el llanto roto,
al pie de las estatuas
recupera la hiedra
y tu mano me busca
por la piel de tu vientre
donde duermo extendido.
El pensamiento melancólico
se tiende, cuerpo, a tus orillas,
bajo el temblor del párpado, el delgado
fluir de las arterias,
la duración nocturna del latido,
la luminosa latitud del vientre,
a tu costado, cuerpo, a tus orillas,
como animal que vuelve a sus orígenes.
(Fuente: airenuestro.com)
(Fuente: Jonio González)
(Fuente: El poeta ocasional)
ESOS SERES EXTRAÑOS
Llegan las palabras a nuestro encuentro y nos dicen
que la vida ya ha cerrado sus puertas al comercio entre los hombres,
que la gloria y el infierno ya han pasado,
que ya no tenemos tiempo que matar,
que apenas quedan razones para justificar lo que hemos sido.
Llegan las palabras sin que hayamos reclamado su presencia
a nuestro lado y nos recuerdan todos esos aleteos
que habíamos olvidado y que, debido a su ignorancia,
nos hicieron dichosa la existencia.
Llegan las palabras como regresan las olas a la playa
en invierno y se alejan inmediatamente después
llevándose con ellas el vuelo de los pájaros
y la memoria de unos días de sol enterrados en la arena.
Llegan las palabras, rasgan con su violencia azul
la armoniosa cadencia de un mundo innominado
y virgen todavía, el perfil remoto de la lluvia
y la garganta delicada y perfecta de los homicidas del silencio.
Llegan las palabras, esos seres extraños que nos sitúan
en un espacio y un tiempo sin medidas, atraviesan el óxido
de nuestros corazones y de un zarpazo nos arrebatan cuanto fuimos,
todo, las posesiones que tuvimos, aquellas causas que perdimos
y dieron al fin sentido al sueño de nuestras vidas.
Llegan las palabras al atardecer y,
sin hacer ruido, cuidan el regreso del silencio.
Pasas de largo como pasan los años
y al final ves cómo la vida,
ese familiar lejano y apenas conocido
que te hizo diestro en el manejo del idioma
y el comercio con los hombres,
que te enseñó con singular perfección
el poder de la evasiva y el control severo
de las pasiones y los instintos,
que supo reconciliarte
con el orgullo y la miseria
de tu propia naturaleza de ángel caído
y acallar con su silencio las voces y los gestos,
la vida, digo, llega hoy a tu lado
para enseñarte con la serenidad
que el paso del tiempo proporciona
su lección más entrañable,
algo que en realidad ya sabes
pero tiendes a olvidar:
vivir es enloquecer de abundancia y belleza
en un instante y luego, sin desearlo aunque
sin temerlo también, pasar, dejarlo todo, irse.
Dejarlo todo, pasar de largo, irse sin más para después
ser un ir indefinido que vaga sin desplazarse a ninguna parte,
sin rumbo fijo, a la deriva, la sombra de lo que fuimos
en el encuentro con la nada, acumulación de ruina sobre ruina.
Si ante los demás las palabras dicen lo que somos
o el sueño que nos delata distintos y mejores,
si en actuaciones ante un público horrorizado
por la barbarie las palabras nos regalan una existencia
real o imaginada y nos convierten después
en seres sin rostro cuya voz es como un hilo
diluyéndose en el polvo, si como el agrimensor
nos servimos de las palabras para conocer la medida
de lo que nombran y luego arrebatársela de un zarpazo,
así el poema, sabiéndose emplazado con el despertar
de un alumbramiento y una despedida,
dice entre sus líneas el origen y el final de lo que somos
o la fortaleza vana que nos presenta vencidos por la vida.
La belleza: tener el mundo entre las manos y en ese instante
abandonarlo todo, irse sin hacer ruido hacia el silencio.
Alfredo Saldaña. Sanar la herida. Huerga & Fierro Ed. 2025
(Fuente: Voces del extremo)
(Fuente: Asamblea de palabras)
cuando quemas una flor roja entre las piernas se acerca la muerte
te ahogas y vomitas
el miedo a la poesía de la vejez
sobre jardines degradados,
un réptil que te deja sin aliento,
lo sorprendo que me agota con un descaro de una feminidad
[masculina
su vejez es como un trapo que usas tras
un acto homosexual
un trapo contorsionista como la ropa
un trapo que tiras sobre el ano
debilitado por la sangre de las lesbianas
las rubias inmóviles de ojos azules
se besan con las morenas deslumbrantes
justo sobre sus pubis afeitados con la cuchilla
de la maquinilla de afeitar de los hombres
no penséis que si beso las manos de alex
o las manos largas y delgadas
de mi amiga por un instante
solo siento placer
el rincón geométrico de la casa de Antonioni
la cama demasiado grande que atrae como un imán
del silencio sexual
donde se practica el gesto violento de la autodestrucción
sobre una superficie cada vez más grande
el gesto de arrancar la mano que excita el cerebro
y luego escribe
una soledad humilde
y definitiva
en la oscuridad de la noche.
Ángela Marinescu
Me como los versos
Selección, prólogo y traducción de Corina Oproae
Godall Ediciones
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)