El hogar en ruinas
Los queridos elementos se desgastan sin que haya voluntad de restaurarlos
Acrece la inundación de nada viva
por sobre todas las cosas queridas
Y no se avista sino una línea dura
como muralla a no traspasar
“Se viene el agüita” dijo un soldadito en su miseria
Estamos derrotados compañeros
Cómo decirle a ese soldadito que era misma su condición
que la del hombre que, poco más tarde
Iba a enfrentar su última batalla
Estamos derrotados compañeros
Así fue en la conquista de los usurpadores
de nuestras tierras, ríos, cielos y palabras
Estamos derrotados compañeros
Así fue cuando nos quitaron la gran bandera
de un color, o más dos o tres, colores que fueran
enhiesta amistad de arcos iris
Las que nos propinan en telas apagadas y aún todavía
sus destellos, su persistente ondear con los signos reivindicativos
las nunca varia resistencia de los dammés de la terre
aun si su visión fuera nomás que se viene el agüita
porque del soldadito obnubilado sale la profunda verdad de su dicho
se viene el agua es una esperanza aclimatada, silenciosa, callada.
Se viene el agüita, claro decir de qué esperanza.
Varios, hermosos, lucientes
a ser lo que podemos ser sin razzia
de asesinos al paso de las horas y los días
de toda potestad inhumana erguidos
ostentando la bandera del exterminio
cual si fuera una virtud expansiva
que lo es y sigue siendo mientras
entre oídos sordos o a medias receptivos
captan y no captan, reciben o no
Declaran, discursean, parlotean
sin llegar al tuétano de las almas encerradas
en el cuerpo tallado por hondas heridas huecas
Y no reciben, miserables fieras
el grito ahogado que igual se sigue oyendo
en los opacados territorios de este mundo sombrío.
(Fuente: Alicia Silva Rey)
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