ÁNFORAS
IV
Temo que se ha perdido el verbo, fuera del espacio y el tiempo;
en el silencio ancestral, cada uno es vida pura.
A veces recuerdo las lenguas del mundo,
tan vacías,
tan deshabitadas,
con las cuales los hombres pretenden llenar su propia oquedad.
*
EN LA TUMBA DE CLITEMNESTRA
Deslumbrada por esa tierra, me detuve en Micenas.
Esperé renacer en esa tarde griega
mientras la noche caía sobre la tumba de Clitemnestra.
Las gotas de su sangre no imploraron cantos fúnebres.
Aquella espartana habló de pie sobre la tierra.
*
OLIVO EN MICENAS
Un trágico escribió: –Hay un árbol que jamás ha germinado en
tierras de Asia.
Entre ruinas crece el olivo de Micenas.
Cerca de las tumbas reales
engendra frutos para el desvelo.
Cambia soledad por insistencia.
Aquí no hay voces,
hay relatores que adolecen de palabras.
Aquí, el búho se silencia para que amanezca
y la luna ilumine las piedras.
*
LENGUA GRIEGA
Lo dijo el poeta: “Adónde quiera que vaya, Grecia me hiere”.
Todos hablaban la lengua del pueblo:
los cortadores de mármol pentélico,
los isleños arrastrados por la opresión,
las mujeres que servían trigo, nueces y granadas,
y los sepultureros que cantaban invocando a Seferis.
Todos percibieron:
las huellas de los dioses sobre las piedras,
el fuego indefinido de las pasiones
y tantos octubres en la calle de los artesanos.
En La muerte venía del mar . Ed PALABRAVA 2026
(Fuente: César Cantoni)
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