martes, 1 de agosto de 2023

Concepción de Estevarena (España, 1854-1876)

 

Hojas perdidas

 


 
 
Conservo el tallo verde entre mis manos
y ya esparcí las hojas de la flor;
las he visto alejarse, cual se aleja
      la primera ilusión.

Eran hojas de rosas, que aún guardaban
el perfume, la forma y el color,
y, aun siendo así, volaron con el viento,
      y nadie las miró.

He visto en esas hojas el destino
de seres sin hogar y sin amor,
que saben de la noche y nada saben
      de los rayos del sol.

Arrancados del tallo en que nacieran
y arrojados al viento del dolor,
nadie se para a ver si en esos seres
      existe un corazón.
 
 

Concepción de Estevarena, incluido en Antología de poetas españolas. De la generación del 27 al siglo XV (Alba Editorial, Barcelona, 2018).
 
 
(Fuente: Asamblea de palabras)

 

Eunice Odio (Costa Rica, 1919 - México, 1974)

 


 
 
Amado,
Hoy te he buscado
por entre mi ciudad
y tu ciudad extraña,
donde los edificios
no se alegran al sol,
como frutales conchas
y celestes cabañas.
 
Y andaba yo
con un crepúsculo enredado entre la lengua,
con aire de laguna
y ropa de peligro.
 
 
(Fuente: Lab de Poesía)

John Ashbery (EEUU, 1927 - 2017)

 

Una historia de fuego

 

Los escribas se hundieron en su asombro.

No era el expediente jerárquico que se había

abierto al público. Era algo

mucho más maravilloso: una piedrita opaca en el pasto.


Yo casi siempre estoy buscando

temas que analizar para extender mis investigaciones

a climas retrógrados de alienación y majestad meridianas.

Uno de ellos, que se extiende un poco más lejos,

resuena hoy con inusual franqueza:

lo que pienso de la sinceridad

desaliñada que todos habitamos

en algún momento. Retirarse del sol de la tribu

para habitar un remordimiento sin dudas intacto.

 

 

  Traducción de Ezequiel Zaidenwerg




Ezequiel Alemian (Buenos Aires, 1968)

 

De "Anexo Lindsay"



(...)

VI. habiendo concluido su proyecto de vida, consultando si 
no queríamos hacerle más preguntas

un barrio irreconocible a los ojos de la fotografía satelital
después de fumar en el hotel salimos a dar una vuelta por las 
     peatonales vacías
nadie en la ciudad la reconoció
la cámara seguía el dibujo del sendero de los cargadores que 
     subían la montaña santa
nada que midiese menos de un metro cuadrado
él se retrasaba del grupo que iba con la guía, se apoyaba 
     contra alguna pared y revisaba los mensajes de texto que 
     iban entrando en su teléfono 
se sacaba toda la ropa y después se la volvía a poner
con los ojos cerrados y las manos sobre las rodillas respira 
     profundamente mientras imagina una pelota color crema 
     que sube y baja contra el cielo celeste
la historia de un hombre obeso y bien vestido que escucha 
     a alguien silbar en la calle una melodía que le suena 
     oprobiosa, y va y lo abofeteaba, hasta que el otro hace 
     silencio, y semanas más tarde deja de bañarse y empieza a 
     bajar de peso de manera enfermiza
me gustaría caer borracho en una zanja de pastos crecidos 
     por la que corriera agua sucia, y no levantarme hasta 
     después de varias horas, bajo un sol fuertísimo que no me 
     dejara orientar
en una marcha acompañando la llegada de un tractor al koljós 
una pausa, como quien se detiene para dejar que pase una 
     columna de peregrinos, si creyera que la columna de 
     peregrinos en algún momento dejará de pasar 
es algo muy elemental 
me digo que soy capaz de conservar la palabra en la memoria 
     durante los minutos que faltan hasta que recupere mi 
     libreta, pero cuando finalmente la tengo y me siento a 
     escribir comprendo que otra vez la he olvidado
un halcón aferrado a una mujer desnuda vuela sobre un 
     desierto de cactus y pirámides a la luz de la luna
durante años a la deriva
palabras que permanecen en la boca sin llegar a formarse 
     en el océano lingüístico, flotando como ensayos de 
     microorganismos
de otra manera: las pobres, pequeñas aventuras que vivimos
una historia común, de artista viejo, a quien abandonó la 
     imaginación
comprendemos de lo que oímos
que pulverizar significa convertir en polvo
un momento del tiempo que acontecía por un equilibrio 
     general de las partes

(...)

XI. un millonario acelera su auto oscuro y brillante sobre 
puentes y túneles de un mundo impersonal

su hermano está atrapado en un satélite a años luz de distancia
cerca de lago escobar
lo vemos del otro lado del vidrio que da a la calle en un 
     rincón del shopping, aferrando contra su cuerpo el morral 
     donde guarda las remeras con los estampados que nadie 
     jamás podrá descifrar
unos abejorros negros que se nos aferraban a la ropa sin que 
     pudiéramos desprenderlos, horrorizados por el poder 
     mortífero que sabíamos tenían sus picaduras
nos detuvo una familia con varios hijos, y empezaron a 
     hacernos preguntas que no pudimos entender
el concierto se interrumpió cuando el guitarrista cambió su 
     instrumento por un bajo
con su vestido largo y pesadas botas de cuero no lograba 
sostener una taza del café después del almuerzo 
caramelos de menta y barcos en miniatura de chocolate blanco
pienso que la muerte se aproxima rápidamente
y eso me hace sentir bien
pierdo el foco y soy incapaz de concentrar la mirada en 
     cualquier cosa
días en que se me aflojan las piernas y no puedo caminar
días en que duermo como un feto sobre la tierra descompuesta 
     de una playa donde van a dar unas olas grises
sin astros en conjunción
el nivel de realidad de mis fantasías aumenta de manera 
     increíble
una forma de una premonición, un contenido de verdad que 
     nunca antes había experimentado
el paso de un tornado a miles de kilómetros de distancia hizo 
     temblar el castillo de cartas que habíamos armado en el 
     porche
una guerra de imágenes intersectándose en el cielo
como máscaras sin arrugas de rostros sin ojos
un pájaro de dos cabezas alimentando a sus crías
convertidos mis dedos en muñones, por más que insistan 
     para que regrese
nunca en la vida haber viajado
en el sentido del agua
terminarán sus melodías por confluir en un futuro que no ha 
     comenzado a manifestarse

(...)



Anexo Lindsay
,
Caleta Olivia,
Buenos Aires, 2023










Foto: Excursiones
 
(Fuente: Otra Iglesia Es Imposible)

 

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950 - 2018)

 

UN POEMA DE HUMO


 

 

EL RUIDO

 

 

Cuando ya me olvide de estar siempre

a la espera de un

desenfreno, cuando

tome real cuenta de que esto conlleva

graves lesiones cardíacas, el sobresalto,

el timbre que uno creía

estar esperando, la velocidad,

el vértigo que uno creía

desear hasta tal punto,

recién entonces el silencio

será como un útero lleno o una cabeza

llena de algo que no es conocimiento

o las dos cosas llenas o vacías

pero al fin el silencio no aturda, cuando

ya me olvide

de lamer eso con lo que una

creía llenar

el estómago la cabeza el útero el oído, o

simplemente el corazón las manos,

cuando todo o nada se calme

pero me olvide, el silencio

vendrá a mí como un amante

casi perfecto, casi amado,

mi tolerancia será finita o infinita,

la entrega será parcial o

inmediata,

me olvide, cuando por fin olvide,

el silencio será

tan intercambiable

como cualquier persona o cosa,

tan insustituible

como cualquier persona o cosa

tan irremediable como la salud,

esa que soporta o sostiene o sobrevive,

cuando deje, por fin deje

trabajar a la memoria como esas máquinas

que una vez terminado el mundo

siguen funcionando, autómatas, y

el silencio sea

lo que vibra alrededor,

lo que se mueve o ya no se mueve alrededor

de la memoria, lo que ya

no reacciona ni sobresalta

ni obtura el timbre, la sordera, me olvide

de oír

o de esperar el ruido, el vértigo, eso que

creía era la acción, la pasión

el encuentro con algo con alguien que

creía era no era, cuando

me olvide y me duerma o

abra los ojos para descubrir

el sueño o lo que vi, después de todo,

cuando me canse o me desvele,

qué será del silencio

qué será de ese algo de esa nada,

el factor

constante, alucinado que habla que calla

canta.

 

 

 

Irene Gruss

Humo

Antología personal

(Edición con poemas inéditos)

 

Ediciones La Palma

 

(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

 

Tomasz Różycki (Polonia, 1970)

 



Recientemente galardonado con El Premio Wisława Szymborska al mejor libro de poesía publicado en 2022.

Trad. Ada Trzeciakowska

 

ZENTRALER OMNIBUSBANHOF

 

Se te parte el corazón. En un momento
el autobús arranca y tú giras la cabeza
para que no puedan ver cómo
los rasgos de tu rostro se hunden en la ruina.

Ya se podrá reparar. Dentro sólo caerán
más y más cristales del mundo
y de la sal gruesa. De hecho, cabrá allí
todo aquel mundo junto con sus afueras

y los autobuses con sus horarios
e impreso en las arrugas alrededor de los ojos
un intrincado mapa de conexiones. Y en cada
uno de ellos te marcharás. Pero de eso no quería

hablar, no. Simplemente se te parte el corazón.
Y nada, nada. Nada más.

de La mano del apicultor, 2022

 

żeby nie było widać, jak się właśnie
rysy twej twarzy osuną w ruinę.

Już się nie poskleja. Będą tam wpadać
tylko coraz nowe kryształy świata
i grubej soli. Właściwie to zmieści
się tam cały ów świat razem z przedmieściem

i autobusy z ich rozkładem jazdy
i z wdrukowaną w zmarszczki wkoło oczu
misterną mapą połączeń. A w każdym
z nich ty odjeżdżasz. Ale ja nie o tym

chciałem, nie. Po prostu pęka ci serce.
I nic, nic. Nic więcej

z Ręka pszczelarza, 2022

 

(Fuente: Ada Lírica)

 

Günter Kunert (Berlín, Alemania, 1929-Kaisborstel, Alemania, 2019)

 

    CUANDO LA RAZÓN DUERME, APARECEN LOS MONSTRUOS

    Puede ser una imagen de 1 persona y texto

     

     
    Aquí está sentado el hombre, la
    Parte superior del cuerpo apoyada sobre la mesa, la cabeza
    Descansa sobre el lecho de sus brazos,
    Y duerme.
     
    Del oscuro fondo surgen los
    Lémures, batallones de sombríos
    Murciélagos, búhos, seniles y alevosas
    Las caras, revolotean alrededor del durmiente.
    Ojos malvados, garras afiladas, picos duros.
     
    ¡Qué pena que la razón duerma!
     
    Desde las oficinas se arrastran las arañas, ciegos y
    De una blancura burbujeante los ojos, hilan sus telarañas
    En torno a casas, puertas, ventanas. En las tuberías
    Viven medusas, introducen sus blandos
    Tentáculos, a través de los cuartos, en las ollas y
    En las jarras, llenas de curiosidad helada.
    En la calle se desploma uno. Cuando
    Se le abre el tórax, se descubre
    Un corazón seco, del tamaño de una nuez,
    Duro como la madera.
    En las esquinas, perros, su piel de color
    Rosa, cigarrillos entre los dientes romos,
    Y mueven la cola. Cuando el sol sale y
    Se pone, mueven la cola. A las nubes, al viento y
    A la tormenta de granizo les saluda siempre el mismo
    Movimiento de cola.
     
    Bajo los árboles está el pintor, sobre
    Los hombros, cuervos negros. Se les oye
    Graznar, y sus picos como puntas de cuchillo
    Apuntan al ojo del pobre.
    Sobre las manos del músico sobre las
    Teclas negras y blancas corren rápidamente
    Los ciempiés. En el aire que así empieza a
    Sonar, los sonidos del músico apenas molestan,
    Y al compás se balancean los niños,
    Sus piernas pardas y con corteza, arraigadas
    En la tierra con los largos dedos de las raíces.
     
    ¡Qué pena que la razón despierte! (¡Ay si la razón despierta!)
     
    El hombre se despierta y estira
    El cuerpo y extiende los brazos, alza
    La cabeza. Acabado el sueño.
    Con una pluma captura el
    Despierto los monstruos en el papel.
     
    Ahora se retiran a lo irreal,
    Los murciélagos encogen, los búhos
    Llorosos y desnudos, caen al suelo, ruedan
    A las esquinas oscuras, donde se los traga la
    Sombra. Los ojos malvados se cierran,
    Y los picos amenazantes
    Se deshacen como papel quemado
    Que conserva su forma hasta que
    Lo alcanza un soplo.
     
     
    _______________________
    de "Tagwerke, Gedichte, Lieder, Balladen" (Mitteldeutscher, Halle, 1961), en Helmut C. Jacobs, "La dimensión política en la poesía sobre la obra de Goya",
    Actas del Seminario Internacional "Goya en la Literatura, en la Música y en las creaciones audiovisuales", Zaragoza, 2019. Trad. del alemán del propio Jacobs.
    En la imagen, a la izquierda, el capricho n.º 42 de Francisco de Goya, "El sueño de la razón produce monstruos" (Museo Nacional del Prado); a la derecha, Günter Kunert (Berlín, Alemania, 1929-Kaisborstel, Alemania, 2019 / Galerie Ahlers Mangoldt)
     
     
     


    WENN DIE VERNUNFT SCHLÄFT, KOMMEN DIE UNGEHEUER HERVOR
     

    Da sitzt der Mensch, den
    Oberkörper übern Tisch gesunken, der Kopf
    Ruht auf dem Bette seiner Arme,
    Und schläft.
    Aus dem finstren Hintergrund dringen die
    Lemuren, Bataillone schattenhafter
    Fledermäuse, Eulen, greisenhaft und tückisch
    Die Gesichter, flattern um den Schläfer.
    Böse Augen, scharfe Krallen, harte Schnäbel.
    Wehe, es schläft die Vernunft!
    Aus den Ämtern kriechen Spinnen, blind und
    Blasig weiß die Augen, weben ihre Netze
    Um die Häuser, Türen, Fenster. In den Wasserröhren
    Hausen Quallen, strecken ihre weichen
    Fühler durch die Zimmer in die Töpfe und
    Die Kannen, voll von Neugier, eiseskalter.
    Auf der Straße fällt wer um. Wird der
    Brustkorb aufgeschnitten, findet man das
    Herz vertrocknet, nußgroß nur noch,
    Hart wie Holz.
    An den Ecken Hunde, deren Fell von rosa
    Farbe, zwischen stumpfen Zähnen Zigaretten,
    Und sie wedeln. Geht die Sonne auf und
    Unter, wedeln sie. Wolken, Wind und
    Hagelschauer grüßt ein immer gleiches
    Wedeln.
    Unter Bäumen steht der Maler, auf
    Den Schultern schwarze Raben. Krächzen hört
    Man sie, und ihre messerspitzen Schnäbel
    Zielen nach dem Aug’ des Armen.
    Über des Musikers Hände auf den
    Schwarz und weißen Tasten laufen eilig
    Tausendfüßler. In der Weise, die da
    Aufklingt, stören des Musikers Töne wenig nur,
    Und im Takt wiegen sich Kinder,
    Deren Beine braun und rindig, festgewachsen
    In der Erde mit den langen Wurzelzehen.
    Wehe, die Vernunft erwacht!
    Der Mensch wacht auf und streckt
    Den Leib und reckt die Arme, erhebt
    Den Kopf. Zu End der Schlaf.
    Mit einer Feder bannt der
    Erwachte die Ungeheuer aufs Papier.
    Da sinken sie zurück ins Wesenlose,
    Die Fledermäuse schrumpfen ein, die Eulen
    Weinerlich und kahl, fallen zu Boden, rollen
    In die dunklen Ecken, wo sie der
    Schatten schluckt. Die bösen Augen schließen
    Sich, und die drohenden
    Schnäbel zerfallen wie verbranntes Papier,
    Das noch die Form bewahrt bis es ein
    Hauch trifft .
     
    (Fuente: Jonio González)