jueves, 1 de octubre de 2026

José Roberto Cea . (Izalco, Sonsonate, El Salvador, 10 de abril de 1939)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas y anteojos 

 

 

 

Yo, el brujo 

 

 
Yo soy Quirino Vega,
tengo hierbas de pájaros malignos
para falsear candados y memorias.
Tengo, además oraciones que alejan la maldad
y hacen retroceder al enemigo.
 
Yo, Quirino Vega
sé matar a la cal viva pero sufro.
Hace años que he muerto para el ángel,
pero me sobreviven, la Chagia Thispan,
mi mujer
y diez hijos.
Seis hembras ya casadas sin casarse,
y el resto, unos muchachos locos,
alegres como pascuas.
 
Lo que sé, lo heredé de mi padre
él sabia sus cosas…
Tantas sabía que me alcanzó a dejar mucho que vale
por ejemplo, su corazón de codorniz salvaje.
Y ese afán tan limpio, de agua
que no cede en el pantano,
que todo lo del mundo se encuentre en su lugar.
 
El nombre que me puso
según dicen las piedras de coral,
fue para que yo
no perdiese el ánimo
y las espinas no dejaran su huella
en mi memoria,
y las hormigas me trajeran gusanos moribundos,
sapos muertos y cogollos de plantas misteriosas
que harán perder el agua de las pilas…
 
Yo, Quirino Vega,
siempre anduve en camisa de once varas
por decir la verdad a quemarropa
y no hacer uso de platos de lentejas.
 
No sé de palos de ciego, me cayeron.
pero ahí voy, de memoria en memoria,
más querido que el dulce y el dinero
repartiéndome azul, a manos llenas…
Dándome de verdad, completamente
en cada entrega.
Sin dudas tontas, si, pero soberbio…
así somos los brujos de Izalco.
.
De: «𝘛𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤ó𝘥𝘪𝘤𝘦» (1968)
 
 
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía) 

Denise Levertov (Ilford, Reino Unido, 1923-Seattle, EE.UU., 1997)

 

 

 

 

 

VIVO

 

El fuego en las hojas y la hierba
Parece tan verde
Cada verano el último verano.
 
El viento que sopla, las hojas
temblando bajo el sol,
Cada día el último día.
 
Una salamandra roja
Tan fría y tan
Fácil de atrapar, soñadora
 
mueve sus pies delicados
y larga cola. Sostengo
mi mano abierta para que se vaya.
 
Cada minuto el último minuto.
.....

por Juan Domingo Aguilar

 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Mercedes Álvarez (Tandil, Pcia. de Buenos Aires, 1979)

 

 

EL CONTENIDO EN EL AGUA 

 


 
 
 
 
 
Las torres de veinte pisos existen.
Incluso en esta ciudad mediocre
imitamos las maravillas del mundo
en los edificios -música y tragos
donde todo puede comprarse con dinero.
Qué medio tan fantástico es el dinero
que nos permite
trasladarnos en tiempo y espacio
aún sin viajar
más que escasas veinte cuadras.
Sin embargo no te obstines demasiado
en mirar hacia abajo
muchos tuvieron la idea
lo que se ve es demasiado atrayente
unos ojos pasean la tristeza
por encima de las casas de los ricos
de los trajes ya arrugados de los oficinistas alcohólicos.
Más allá una pareja se besa y no hay nostalgia
es lo que es.
Abajo el comienzo de un río
abajo la avenida, el monumento y el cielo
decorado fastuoso.
Pero alguien ya lo dijo:
el deseo de morir es demasiado fuerte
como para satisfacerse con la muerte.



Una planta, para mí, es la naturaleza
una lapicera es una oficina
cuatro paredes una casa
un soldado la guerra.
No sé de dónde me viene
este poder de síntesis.
Si un cantero es una playa en el Caribe
¿para qué viajar
cuando el pie pisa
en una arena todas las arenas?
La religión es una cruz
clavada sobre la cama
la luz es este hilo
que atraviesa la habitación como un rayo.
En el balcón, de mañana,
alimento a una paloma. 



En el fondo
yo odio a las mujeres
no soporto verlas
ir y venir
ir y venir
con sus bolsas de Zara llenas de tuppers
que guardan galletas,
verduras,
la comida de los hijos.
No soporto
su manera de mirar con estoicismo
la cara de la desgracia
de hablar con los vecinos sobrias
de perdonar
la indiferencia absoluta del hijo.
No soporto sus sonrisas
sus visitas a la peluquería
antes de una cita
la crítica
el dolor
la expectativa
la muerte.
Las mujeres despiertan mi misoginia
en las paradas de los semáforos
las veo arrastrar carros con bebés
y sonreír encogiéndose de hombros
por la ausencia del padre.
Las veo mantener la calma los domingos
mientras sus maridos miran
el fútbol por televisión.
Deberían enterrar a las mujeres
lejos de su realidad fabricada
lejos de sus lenguas
y de la inteligencia que no usan
o darles un respiro en Disneylandia
digo yo mientras contesto
los mensajes que a mi ex se le ocurrió escribir
a las tres de la mañana
únicamente porque se sintió solo.



Cada día
dotado de lectura o de inteligencia
puede crear una mente erudita
para eso, sin embargo,
hay que plegar un segundo a otro, pero olvidar
el significado del tiempo.
Cada día puede
construir un pequeño catálogo
una mitología personal hecha de gustos
propios y ajenos
pero ejecutar
el catálogo
es otra cosa
lo mismo que escribir
palabra tras palabra
la complejidad de una vida
lo mismo que filmar
el paisaje, el atardecer, una mano, la guerra.
Hay pocos
de los minutos que pueden vivirse gozosos
por lo general es como la calma transitoria
que da la morfina en medio de un dolor extremo
ese remanso de paz, la luz colándose en la ventana
en medio de las tinieblas
de hecho, a diario es casi nada
quizá por la mañana, a veces. 



Podría ser el claustro
o el refectorio, o la celda
el vaso de metal enlozado donde vertías
dulcemente el vino
el modo en que partías el pan
y se hundían tus dedos en la masa blanda
una forma de tocar que tenía
la simplicidad más absoluta
pero la cualidad intangible del misterio.
Verás
todos caminamos así, como discípulos,
ciegos y sordos, esperando una revelación que no
ocurre
porque la revelación es el pan; el mismo pan blando
donde se hunde
el dedo o el diente
la luz que entraba por la ventana dibujando el contorno
de tu mano
los dedos que conocía bien pero parecían
nuevos en ese momento, puros en la claridad del gesto
porque no hay quizá
otra verdad que el gesto.
El gesto: tu pelo rozando el contorno del cuello en el
abrazo
la palabra comprensible susurrada
la mirada en sombras de la despedida momentánea
la aceptación dolorosa
de que no todo puede ser dicho
y toca callar
en una celda, sobre un vaso, o un plato
o en una habitación, como ahora
donde un hombre roza
el contorno frágil de la existencia
por unos segundos, nada más.


(Del libro homónimo,
Goles Rosa, Mar 
del Plata, 2020) 

Mercedes Álvarez


Mercedes Álvarez es una destacada escritora, socióloga y gestora cultural argentina, nacida en Tandil, provincia de Buenos Aires, en 1979. Su obra transita de manera constante entre la narrativa de ficción y la poesía, caracterizándose por un estilo de gran potencia lírica y honestidad intelectual. Aunque nació en Tandil, vivió su infancia y juventud en la ciudad de Mar del Plata hasta cumplir los diecinueve años. En 1998 decidió trasladarse a España, país donde residió hasta 2006. Durante ese periodo, se radicó en Pamplona y se licenció en Sociología por la Universidad Pública de Navarra. Complementando su formación humanística, realizó también una maestría en Gestión Cultural. Tras su regreso a la Argentina, se estableció en la Ciudad de Buenos Aires y se volcó de lleno a la escritura de ficción, dedicándose por más de una década a producir novelas cortas y cuentos. Su debut editorial ocurrió en España con los libros de relatos Vecinos y Historia de un ladrón, ambos publicados en 2010. A raíz de un fuerte bloqueo creativo con la prosa, Álvarez comenzó a experimentar con la poesía. Esta incursión no solo derivó en la publicación de varios poemarios (como Imitación de los pájaros en 2013), sino que además reconfiguró por completo su manera de abordar la ficción. Su aclamada novela La gota en la piedra (publicada en 2021 por la editorial Mardulce Editora) es el ejemplo más claro de esta fusión, habiendo nacido directamente a partir de sus composiciones en verso. Obra publicada: Narrativa (Novelas y Cuentos): Vecinos (2010), Historia de un ladrón (2010), Saigón (2015), Grow a Lover (2018) y La gota en la piedra (2021).Poesía: Imitación de los pájaros (2013), El cuerpo intacto (plaquette, 2016), Del deterioro (2019) y El contenido en el agua (2020). 


(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites)

 

Sandra Cisneros (Chicago, EE.UU., 1954)

 

 

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ESTOY TAN DEPRIMIDA QUE ME TIRARÍA AL RÍO QUE HAY DETRÁS DE MI CASA, PERO NO LO HARÉ PORQUE TENGO TREINTA Y OCHO AÑOS Y NO DIECIOCHO.

 

Tráeme algo de beber.
Necesito pensar un poco.
Papel. Bolígrafo.
Y me haría falta el hedor
de un buen puro, aunque
brille el sol.
Los mirlos en los árboles.
Los mirlos en mi corazón.
Plumas rotas y alas rígidas.
 
Podría tirarme.
Pero no lo hago.
Podrías matarme.
Pero no lo harás.
 
Los mirlos
se llaman unos a otros.
Las largas horas.
Las largas horas.
Las largas horas.
 
 
 
_______________________
en "Loose Woman: Poems", Vintage Books, Nueva York, 1995. Versión de Jonio González. En la imagen, Sandra Cisneros (Chicago, EE.UU., 1954) por Ulf Anderssen.



I AM SO DEPRESSED I FEEL LIKE JUMPING IN THE RIVER BEHIND MY HOUSE BUT WON'T BECAUSE I'M THIRTY EIGHT AND NOT EIGHTEEN

 
 
Bring me a drink.
I need to think a little.
Paper. Pen.
And I could use the stink
of a good cigar- even
though the sun's out.
The grackles in the trees.
The grackles inside my heart.
Broken feathers and stiff wings.
 
I could jump.
But I don't.
You could kill me.
But you won't.
 
The grackles
calling to each other.
The long hours.
The long hours.
The long hours.

 

(Fuente: Jonio González) 

Juan Carlos Bustriazo Ortiz (Santa Rosa, La Pampa, 1929 - 2010)

 

 

Puede ser una imagen de una o varias personas 

 

 

AGONIAL DOS 

 

esperas que baje el ángel de los alerones sarmentosos el santo de 
cáscaras de los montes overos el ángel de maderas voladoras el santo 
pájaro de lomos endoloridos punzados por el sol de cogote azafrano 
esperas que se te acurruque en el oído y te envihuele y te envihuele 
con tréboles amarillos esperas que baje el ser de rodillas imantadas el 
roedor de las bayas desmoronadas esperas que venga entre zumbidos 
verdes el rumoroso comedor de la leña-de-vaca la ganosa hembra del 
pecho colorado el ángel de pies comidos las muchachas que ríen en las 
tripas a esperas al santo de los ponientes el achicharrado pájaro del 
corazón esperas al ser que mengua el que cordoneará tristes viudos 
vidalitas partidas al ángel violeta para hechizarte la guacha boca al santo 
pájaro de bullonas chauchas el ser que va sembrando como un oculto
 matrero ceremonioso solitario los hijos de los caldenes mori bundos 
ajenados la delación del cuerudo el pistoletazo fragoroso el aullador 
ensartamiento la despedida de la vicenta a dónde irás con este sol más 
allá de las bendiciones más acá de los juramentos más afuera del veladito 
más adentro de las lloronas el ángel con el color de otro aire?
.....

 

(Fuente: Daniel Freidemberg) 

Luis Luchi (Buenos Aires, 1921 - Barcelona, 2000)

 

 

La imagen muestra una persona que lleva un sombrero oscuro tipo boina y una bufanda. Tiene el cabello claro y algo despeinado. El fondo está desenfocado, con formas indistintas que podrían ser vegetación u otros elementos. La imagen está en blanco y negro, y no contiene texto visible. 

 

 

OCTUBRE



Color de pureza en las flores
decisión de revoluciones.
El fresco temblor nocturno
distiende su contraído semblante
y sopla un chorrito de leche
para cortar la oscuridad cerrada.
El cielo tan alto como las estrellas,
la espalda húmeda
por el beso que ha puesto en mis labios
la noche de octubre.
Octubre,
mi mes de besos puestos en mis labios.
Las aromas ya se sienten;
están. Estoy impregnado de Octubres
buenos y malos y sin importancia
Soy Octubre jardín y cambiante,
mi piel es nueva, mi lamento es otro.
Comienzo el año en Octubre
porque soy jardín y cambiante,
Comienzo el año en Octubre sereno.
 
(De Poemas de las calles transversales)
 

(Fuente: Marcela Machado) 

Alfredo Saldaña (Toledo, España, 1962)

 

 

FOSA COMÚN 

 





 

 

Él, que fue en los atardeceres nevados de su patria

la pesadilla de Dios, que horadó como una bestia las ingles

doradas de las cándidas, que sobrevivió en el desastre azul

de una biografía equivocada y arrasó con la lengua

los escenarios atroces de su deseo, hoy es en las miradas

perdidas de los tristes la noche acogedora de su sueño

o su inmortal traición, la precisión del labio que gotea

sangre abyecta, saliva o lava y pasión arrebatada a otro

miembro sin duda más violento, el desencajado de su cuerpo

en el sensacional naufragio de todas las primaveras.

Fue la sombra de nadie reflejada en el sueño de una noche.

¿Será feliz un día junto a ti?, ¿habrá de creer que todo esto

fue solo un castigo ejemplar que su conducta mereció?,

¿verán al fin sus ojos la luz que los cegó?

Estuvo en la tierra, allí besó tus párpados transparentes

y tu perfil de plata. Condenado al silencio pronunció

tu nombre y ya para siempre lo adoró. Pasó, pasó de largo y

tuvo la fuerza un día de un cuerpo hinchado de pasión, más no pudo ser.

Conoció las desgracias de los hombres y entre las desgracias

de los hombres su recuerdo sigue vagando todavía.


 


Alfredo Saldaña. Sanar la herida. Huerga & Fierro Ed. 2025

 

(Fuente: Voces del extremo) 

Carolina Pihelgas (Estonia, 1986)

 

 

 

"Sin límites"

 


 
 
 
 
 
Briznas de hierba en el dorso de la mano, sin límites el cielo,
parece hondo, como en la infancia. Una bandera triste
frente a la casa, ella quisiera que el viento la hiciese reír,
desenrollase sus pliegues y dobleces, alisase las arrugas.
En el camino de vuelta: los contornos del bosque no ocultan
el amor a lo radiante, el tiempo regresa a los umbrales
de los recuerdos, como esas bóvedas de sol que brillan en
el rocío. Nada está perdido. En lo alto de un poste un nido
de cigüeña, en la zanja de la senda el viento ondea por ciudades
de correhuela. El atardecer recorre las riberas aterciopeladas
como si fueran pómulos suaves.
 
 

Carolina Pihelgas, incluido en Revista Kametsa (7 de agosto de 2021, Perú).
 
(Fuente: Asamblea de palabras) 

 

Joaquín O. Giannuzzi (Buenos Aires, 1924 - Salta, 2004)

 

 

 

Lluvia nocturna detrás de la estación de servicio

 

Bajo la lluvia nocturna, una tumba caótica
de cosas abandonadas a sí mismas
que demora en cerrarse. Pero todavía el conjunto
puede volverse creador sobre su propio sueño.
En esta decantación del desorden
una fría suciedad pegajosa, un estado de frontera
de objetos a punto de perder su identidad.
En la inmóvil confusión gotea el agua
silenciosa. Envuelve llantas reventadas,
botellas astilladas, ruinas de plástico, recipientes chupados,
cajones despanzurrados, metales llevados
a un límite de torsión, quebraduras,
andrajos no identificados, asimetrías tornasoladas
por la grasa negra. He aquí una crisis de negación
en esta abandonada degradación intelectual
de criaturas seriadas, nacidas a partir
de la materia martirizada, la idea y el deleite
y que fueron manipuladas, raspadas, roídas, girando
sobre chapas rígidas y correas de transmisión
y en definitiva condenadas por lo monótono.
Pero en aquella derrota humana de las cosas,
en los desperdicios mojados podían descubrirse
figuras creadas a partir de la mezcla,
diseños irreales arrebatados a lo fortuito:
y entre gotas de lluvia y aceite quemado
una intención de belleza y de formas cumplidas
bajo la maloliente oscuridad.
 

Joaquín Giannuzzi - Poema La Desaparición

(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)