jueves, 1 de octubre de 2026

Mercedes Álvarez (Tandil, Pcia. de Buenos Aires, 1979)

 

 

EL CONTENIDO EN EL AGUA 

 


 
 
 
 
 
Las torres de veinte pisos existen.
Incluso en esta ciudad mediocre
imitamos las maravillas del mundo
en los edificios -música y tragos
donde todo puede comprarse con dinero.
Qué medio tan fantástico es el dinero
que nos permite
trasladarnos en tiempo y espacio
aún sin viajar
más que escasas veinte cuadras.
Sin embargo no te obstines demasiado
en mirar hacia abajo
muchos tuvieron la idea
lo que se ve es demasiado atrayente
unos ojos pasean la tristeza
por encima de las casas de los ricos
de los trajes ya arrugados de los oficinistas alcohólicos.
Más allá una pareja se besa y no hay nostalgia
es lo que es.
Abajo el comienzo de un río
abajo la avenida, el monumento y el cielo
decorado fastuoso.
Pero alguien ya lo dijo:
el deseo de morir es demasiado fuerte
como para satisfacerse con la muerte.



Una planta, para mí, es la naturaleza
una lapicera es una oficina
cuatro paredes una casa
un soldado la guerra.
No sé de dónde me viene
este poder de síntesis.
Si un cantero es una playa en el Caribe
¿para qué viajar
cuando el pie pisa
en una arena todas las arenas?
La religión es una cruz
clavada sobre la cama
la luz es este hilo
que atraviesa la habitación como un rayo.
En el balcón, de mañana,
alimento a una paloma. 



En el fondo
yo odio a las mujeres
no soporto verlas
ir y venir
ir y venir
con sus bolsas de Zara llenas de tuppers
que guardan galletas,
verduras,
la comida de los hijos.
No soporto
su manera de mirar con estoicismo
la cara de la desgracia
de hablar con los vecinos sobrias
de perdonar
la indiferencia absoluta del hijo.
No soporto sus sonrisas
sus visitas a la peluquería
antes de una cita
la crítica
el dolor
la expectativa
la muerte.
Las mujeres despiertan mi misoginia
en las paradas de los semáforos
las veo arrastrar carros con bebés
y sonreír encogiéndose de hombros
por la ausencia del padre.
Las veo mantener la calma los domingos
mientras sus maridos miran
el fútbol por televisión.
Deberían enterrar a las mujeres
lejos de su realidad fabricada
lejos de sus lenguas
y de la inteligencia que no usan
o darles un respiro en Disneylandia
digo yo mientras contesto
los mensajes que a mi ex se le ocurrió escribir
a las tres de la mañana
únicamente porque se sintió solo.



Cada día
dotado de lectura o de inteligencia
puede crear una mente erudita
para eso, sin embargo,
hay que plegar un segundo a otro, pero olvidar
el significado del tiempo.
Cada día puede
construir un pequeño catálogo
una mitología personal hecha de gustos
propios y ajenos
pero ejecutar
el catálogo
es otra cosa
lo mismo que escribir
palabra tras palabra
la complejidad de una vida
lo mismo que filmar
el paisaje, el atardecer, una mano, la guerra.
Hay pocos
de los minutos que pueden vivirse gozosos
por lo general es como la calma transitoria
que da la morfina en medio de un dolor extremo
ese remanso de paz, la luz colándose en la ventana
en medio de las tinieblas
de hecho, a diario es casi nada
quizá por la mañana, a veces. 



Podría ser el claustro
o el refectorio, o la celda
el vaso de metal enlozado donde vertías
dulcemente el vino
el modo en que partías el pan
y se hundían tus dedos en la masa blanda
una forma de tocar que tenía
la simplicidad más absoluta
pero la cualidad intangible del misterio.
Verás
todos caminamos así, como discípulos,
ciegos y sordos, esperando una revelación que no
ocurre
porque la revelación es el pan; el mismo pan blando
donde se hunde
el dedo o el diente
la luz que entraba por la ventana dibujando el contorno
de tu mano
los dedos que conocía bien pero parecían
nuevos en ese momento, puros en la claridad del gesto
porque no hay quizá
otra verdad que el gesto.
El gesto: tu pelo rozando el contorno del cuello en el
abrazo
la palabra comprensible susurrada
la mirada en sombras de la despedida momentánea
la aceptación dolorosa
de que no todo puede ser dicho
y toca callar
en una celda, sobre un vaso, o un plato
o en una habitación, como ahora
donde un hombre roza
el contorno frágil de la existencia
por unos segundos, nada más.


(Del libro homónimo,
Goles Rosa, Mar 
del Plata, 2020) 

Mercedes Álvarez


Mercedes Álvarez es una destacada escritora, socióloga y gestora cultural argentina, nacida en Tandil, provincia de Buenos Aires, en 1979. Su obra transita de manera constante entre la narrativa de ficción y la poesía, caracterizándose por un estilo de gran potencia lírica y honestidad intelectual. Aunque nació en Tandil, vivió su infancia y juventud en la ciudad de Mar del Plata hasta cumplir los diecinueve años. En 1998 decidió trasladarse a España, país donde residió hasta 2006. Durante ese periodo, se radicó en Pamplona y se licenció en Sociología por la Universidad Pública de Navarra. Complementando su formación humanística, realizó también una maestría en Gestión Cultural. Tras su regreso a la Argentina, se estableció en la Ciudad de Buenos Aires y se volcó de lleno a la escritura de ficción, dedicándose por más de una década a producir novelas cortas y cuentos. Su debut editorial ocurrió en España con los libros de relatos Vecinos y Historia de un ladrón, ambos publicados en 2010. A raíz de un fuerte bloqueo creativo con la prosa, Álvarez comenzó a experimentar con la poesía. Esta incursión no solo derivó en la publicación de varios poemarios (como Imitación de los pájaros en 2013), sino que además reconfiguró por completo su manera de abordar la ficción. Su aclamada novela La gota en la piedra (publicada en 2021 por la editorial Mardulce Editora) es el ejemplo más claro de esta fusión, habiendo nacido directamente a partir de sus composiciones en verso. Obra publicada: Narrativa (Novelas y Cuentos): Vecinos (2010), Historia de un ladrón (2010), Saigón (2015), Grow a Lover (2018) y La gota en la piedra (2021).Poesía: Imitación de los pájaros (2013), El cuerpo intacto (plaquette, 2016), Del deterioro (2019) y El contenido en el agua (2020). 


(Fuente: La biblioteca de Marcelo Leites)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario