FOSA COMÚN
Él, que fue en los atardeceres nevados de su patria
la pesadilla de Dios, que horadó como una bestia las ingles
doradas de las cándidas, que sobrevivió en el desastre azul
de una biografía equivocada y arrasó con la lengua
los escenarios atroces de su deseo, hoy es en las miradas
perdidas de los tristes la noche acogedora de su sueño
o su inmortal traición, la precisión del labio que gotea
sangre abyecta, saliva o lava y pasión arrebatada a otro
miembro sin duda más violento, el desencajado de su cuerpo
en el sensacional naufragio de todas las primaveras.
Fue la sombra de nadie reflejada en el sueño de una noche.
¿Será feliz un día junto a ti?, ¿habrá de creer que todo esto
fue solo un castigo ejemplar que su conducta mereció?,
¿verán al fin sus ojos la luz que los cegó?
Estuvo en la tierra, allí besó tus párpados transparentes
y tu perfil de plata. Condenado al silencio pronunció
tu nombre y ya para siempre lo adoró. Pasó, pasó de largo y
tuvo la fuerza un día de un cuerpo hinchado de pasión, más no pudo ser.
Conoció las desgracias de los hombres y entre las desgracias
de los hombres su recuerdo sigue vagando todavía.
Alfredo Saldaña. Sanar la herida. Huerga & Fierro Ed. 2025
(Fuente: Voces del extremo)

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