Yo, el brujo
Yo soy Quirino Vega,
tengo hierbas de pájaros malignos
para falsear candados y memorias.
Tengo, además oraciones que alejan la maldad
y hacen retroceder al enemigo.
Yo, Quirino Vega
sé matar a la cal viva pero sufro.
Hace años que he muerto para el ángel,
pero me sobreviven, la Chagia Thispan,
mi mujer
y diez hijos.
Seis hembras ya casadas sin casarse,
y el resto, unos muchachos locos,
alegres como pascuas.
Lo que sé, lo heredé de mi padre
él sabia sus cosas…
Tantas sabía que me alcanzó a dejar mucho que vale
por ejemplo, su corazón de codorniz salvaje.
Y ese afán tan limpio, de agua
que no cede en el pantano,
que todo lo del mundo se encuentre en su lugar.
El nombre que me puso
según dicen las piedras de coral,
fue para que yo
no perdiese el ánimo
y las espinas no dejaran su huella
en mi memoria,
y las hormigas me trajeran gusanos moribundos,
sapos muertos y cogollos de plantas misteriosas
que harán perder el agua de las pilas…
Yo, Quirino Vega,
siempre anduve en camisa de once varas
por decir la verdad a quemarropa
y no hacer uso de platos de lentejas.
No sé de palos de ciego, me cayeron.
pero ahí voy, de memoria en memoria,
más querido que el dulce y el dinero
repartiéndome azul, a manos llenas…
Dándome de verdad, completamente
en cada entrega.
Sin dudas tontas, si, pero soberbio…
así somos los brujos de Izalco.
.
De: «𝘛𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘤ó𝘥𝘪𝘤𝘦» (1968)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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