El sapo y la pelota dorada
Se le cayó en el pozo su pelota dorada y le pidió a un frío sapo que bajara por ella; a cambio, le dio un beso en sus horribles labios: a duras penas él podía creer su suerte. Y al ver que recobraba su forma principesca, tras romperse el hechizo que le hiciera una bruja, supo que nunca más amaría a otro hombre y que, fuera cual fuere, no temería al destino. Pero el rey y la reina, sus padres, ¿qué dirían? La habían prometido a un primo en matrimonio cuyos vastos dominios al reino eran limítrofes, y que solía pasearse en un carro enjoyado. “Nuestra pena, amor mío, parecería a todos irremediable, excepto a ti y a mí: a aquellos que nunca, como un sapo, se han lanzado a un oscuro pozo o han extraviado su pelota dorada”. “¿Qué debemos hacer?”, le preguntó a su amante. Él la besó otra vez, y dijo estas palabras: “¿La magia del amor es menos poderosa en tu corte que en este pozo verde de moho?”
De Robert Graves, Borges dijo, en 1962: “Cada veinte poemas suyos que leo entiendo cinco. Esos cinco me parecen admirables. Deduzco que si los entendiera también hallaría admirables a los otros”. Dieciocho años después, narró así su visita a Graves en Mallorca: “Junto a una gran chimenea, Graves estaba sentado como un rey, o un jefe. Tenía un bebe en los brazos. [Borges y sus acompañantes] se acercaron a saludarlo. Levantó una mano en ademán ceremonioso y cuando la vio quedó absorto en ella. Al ver a María la atrajo hacia él; le besó, primero, la mano, después la cara. No habló; tal vez no oía o no entendía lo que hablaban. Todos parecían felices. La mujer les dijo que Graves, al enterarse de que a Borges le gustaba el poema de Alejandro, lo buscó, lo leyó: está de acuerdo en que es muy hermoso:
A su rey Alejandro habían vuelto un dios la tropa macedonia con estruendoso aplauso y, con hoscos lamentos, el mundo sojuzgado. ¿Quién sino un dios podría sofocar tanto orgullo..?
[Borges] hubiera querido preguntarle por qué lo excluyó de su obra; pero ya no es posible saberlo. Cuando Borges y María se iban, la mujer insistió en que volvieran y se quedaran unos días con ellos. This is heaven, afirmó”.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)


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