jueves, 1 de mayo de 2025

Claudia Dabi (Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina)

 Puede ser una ilustración de 1 persona y texto que dice "Hablar es una necesidad, escuchar es un arte."

 

LA OREJA PRÓFUGA

 

La oreja es el más pequeño de todos los muebles.
Cada uno tiene dos como mesas de luz a los costados de la duda.
Son abismos extraños unidos por un salvoconducto o alcantarilla 
de cartílago inútil.
Pero no voy a fastidiar con su descripción de laberinto.
Pues todos los oídos son sobrenaturales aunque lo ignoren.
Uno echa y echa leña al caldero pero nunca obtiene llama.
El caldero de la necedad vino fallado.
Proposiciones que ponen en serias dudas la realidad.
Atentan contra la verdad, y nada importa.
Las orejas parecen no necesitar amor.
Adentro triple flor sin voz ni melodía.
Las orejas marchan impares
hacia la desaparición entre los árboles
y pierden sus pies
y se posan como empanadas vacías obstinadas
como peces sin alas
sobre el papel secante
que ignora sus talentos extinguidos.
El gestor del rostro inaccesible es el olvido.
Lleva una canción silente color de agua.
Los ojos imbuidos de muerte,
la mirada clausurada.
Solo interesado en lo bonito y fácil
del camino más corto conocido.
Así los hechos vanidosos son más pálidos que los muertos.
No hay nada nuevo en que sobran orejas y falta pasión.
Sin embargo, he presenciado orejas salvar vidas,
sin notarlo siquiera,
ni la oreja ni la vida.
 
 
           Sin prisa sin pausa
Chivilcoy, Buenos Aires, Argentina

Dante Alighieri. (Florencia, Italia, 1265 - Rávena, 1321)

 

Si pudiera aferrarla por las hermosas trenzas
que para mí son látigo y azote;
tomándolas antes de la hora tercera,
con ellas pasaría la tarde y la noche;
y no sería piadoso ni cortés,
sino que haría como el oso cuando juega;
y si el Amor me golpeara con sus trenzas,
yo me vengaría más de mil veces.
Y aún en los ojos, de donde salen las chispas
que me abrazan el corazón, que ya está muerto,
la miraría de cerca y fijamente
para vengarme de su huida;
luego le devolvería con amor la paz.

 

(Fuente: Héctor Giuliano)

Juan Gelman (Buenos Aires, 1930 - México, 2014)

 


Oración de un desocupado 

 

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido.
Te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
¿un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?
 
 
(Fuente: Cecilia Pontorno)

Robert Graves (Inglaterra, 1895- España, 1985)

 Puede ser una imagen de 1 persona


 

El regalo peligroso

 

Antes de cortarme la mano
con el filo del cuchillo que tú me regalaste
(el cuchillo peligroso de tu belleza)
ya debía saber qué hacer:​​
vendar la herida yo mismo
y esconder la sangre de ti. ​​ 
 
Es un cuchillo asesino
como tantas veces me advertiste:
y si yo suplicara piedad​​
o entregara una nota engañosa ​​
al tratar de reparar el daño,​​
terminaría por enterrar el cuchillo en mi garganta.
 
/
 
 

Rara vez, pero ahora

 

La intensidad de un amor feroz como el nuestro
rara vez se encuentra.
Su presencia siempre​​
está libre de juramentos o de promesas.​​
Si no fuéramos así,
si fuéramos como pájaros de plumajes similares​​
enjaulados por la paz cotidiana,
¿podríamos conjurar nuestro incendio salvaje
en la tierra, como ahora lo hacemos? ​​
/
 
 

Licea

 

Todos los lobos del bosque
aúllan por Licea.
Aglomerados
en un círculo cerrado,​​
lenguas del viento.​​ 
 
Una serpiente de plata
enrollada a su cintura,
serpenteando en sus rodillas,
le peina finas trenzas
con un peine fino.​​ 
 
También es como un lobo, pero es mujer,
la miran de cerca,​​
y ella saluda a los lobos,​​
en especial a algunos
a los que muestra su orgullo. ​​ 
 
Los lobos jóvenes gruñen,
se muerden entre ellos,​​
bajo la luz de luna.​​
“¡Bestias, sean sensatas,
yo soy la belleza!”
 
Licea tiene un pie ligero
para dar pasos ondulantes.​​
Sus músculos de arquera
advierten con cuánta firmeza​​
puede tensar las​​ cuerdas.​​ 
 
Le pregunto a Licea,​​
a quien encontré recostada
bajo los pinos
en una madrugada:​​
¿Qué pueden aprender los lobos?​​ 
 
“Apenas aprenden envidia”,​​
contestó Licea.​​
“Envidia y esperanza,
esperanza y disgusto.​​
¿También tú aullarás
en ese círculo de lobos?”
 
Ella hablaba​​ mientras se reía.​​
/
 
 

Un último poema

 

Un último poema, otro más, y otro más que será el último,
¿cuándo dejaré de tomar la pluma​​
hasta que brote sangre de mis uñas,​​
me falte la respiración y tiemble de fiebre,
o bien me envuelva en el manto multicolor
de la Luna que brilla a través de su castillo de cristal?​​
Creo que nunca la escucharé hablar bajito:
Pero es verdad que yo solo escribo para ti
y para mí, solamente; eso, amor, es lo que he hecho.
/
 
Versiones del poeta mexicano Carlos Ramírez Vuelvas.

 

(Fuente: Cecilia Pontorno)

Margaret Walker (Birmingham, Alabama, EE. UU., 1915-Chicago, EE. UU., 1998)

 Puede ser una imagen en blanco y negro de 1 persona, sonriendo y sombrero

 

 

DESDE 1619 *

 

¿Cuántos años he pasado cantando spirituals desde 1619?
¿Cuánto tiempo he pasado glorificando a Dios y gritando aleluyas?
¿Cuánto tiempo he pasado odiada y odiando?
¿Cuánto tiempo he pasado viviendo en un infierno en espera del cielo?
 
¿Cuándo veré a mi hermano llevando otro color en la cara?
¿Cuándo estaré lista para morir en una pelea limpia?
¿Cuándo tendré conciencia de la imperiosa lucha en la que actuar o morir?
¿Cuándo caerán estas costras de mis ojos?
 
¿Qué diré cuando desciendan los días de cólera,
Cuando los dioses del dinero se lleven toda mi vida,
Cuando suene el toque de difuntos
Y la paz sea una bandera extendida de sangre y mugre?
 
¿Cuándo comprenderé a los embaucados y a los tramposos,
sus sueldos de hambre y sus altaneras concesiones a mi orgullo?
¿Cuándo abriré de golpe mi perrera, furiosa perra callejera,
flaca y hambrienta y cansada de mis huesos secos y mis años?
 
 
 
____________________
* Fecha en que llegó a Estados Unidos, en un barco holandés, el primer esclavo negro. (N. del T.)
en “This is My Century: New and Collected Poems”, University of Georgia Press, Georgia, 1988. Versión de Jonio González.
En la imagen, Margaret Walker (Birmingham, Alabama, EE. UU., 1915-Chicago, EE. UU., 1998 / Jackson State University). 
 
 

SINCE 1619

 

How many years since 1619 have I been singing Spirituals?
How long have I been praising God and shouting hallelujahs?
How long have I been hated and hating?
How long have I been living in hell for heaven?
 
When will I see my brother?s face wearing another color?
When will I be ready to die in a honest fight?
When will I be conscious of the struggle ? nor to do or die?
When will these scales fall away from my eyes?
 
What will I say when days of wrath descend
When the money-gods take all my life away;
When the death knell sounds
And peace is a flag of far-flung blood and filth?
 
When will I understand the cheated and the cheaters;
Their paltry pittances and cold concessions to my pride?
When will I burst from my kennel an angry mongrel,
Lean and hungry and tired of my dry bones and years?
 
 
(Fuente: Jonio González)

Nasser Rabah (Gaza, Palestina, 1963)

 Puede ser una imagen de 1 persona y sombrero

 

GAZA: EL POEMA HIZO SU PARTE

 

 
El poema hizo su parte y se marchó. Ya no hay fiesta ni 
celebración de nacimiento. No hay flauta que guíe a quienes 
acuden a la oración del encuentro. No hay nubes con las que 
intercambiar elogios, ni árboles que me llamen con hermosos 
nombres o extiendan mi sombra. Rezo a una ventana: su raíz está 
en mi corazón, y tiende sus ramas sobre mi nostalgia.
El poema hizo su parte y se marchó. En cuanto al verbo, quedó 
para los desdichados que labran un jardín, con sus rosas, sus 
cipreses y vino que inspira a las espigas de las canciones. Pero lo 
dejaron todo y siguieron el rastro del poema hasta el alba. En 
cuanto al significado, aquel espejismo que me seguía, y yo a él, era 
blanco flotando sobre aguas estancadas. Le dije: «Sé», pero no fue. 
Le dije: «No seas», y fue blanco flotando sobre aguas estancadas. En 
su orilla yo miraba mi reflejo y lo negaba, miraba mi reflejo y lo negaba, 
mientras que a mis espaldas cantaban mil gallos…
.....

por Alberto Benjamín López Oliva
 
 
(Fuente: Daniel Freidemberg)

 

Antonio Cisneros (Lima, Perú, 27 de diciembre de 1942 - Lima, 6 de octubre de 2012)

 

 

 

 

CRÓNICA DE LIMA

 

𝘗𝘢𝘳𝘢 𝘤𝘢𝘭𝘮𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘶𝘥𝘢
𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘰𝘳𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴𝘢 𝘤𝘳𝘦𝘤𝘦
𝘢𝘤𝘶é𝘳𝘥𝘢𝘵𝘦, 𝘏𝘦𝘳𝘮𝘦𝘭𝘪𝘯𝘥𝘢,
𝘢𝘤𝘶é𝘳𝘥𝘢𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘮í.
𝘏𝘌𝘙𝘔𝘌𝘓𝘐𝘕𝘋𝘈, 𝘷𝘢𝘭𝘴 𝘤𝘳𝘪𝘰𝘭𝘭𝘰.
 
 
 
 
Aquí están escritos mi nacimiento y matrimonio, y el
día de la muerte
del abuelo Cisneros, del abuelo Campoy.
Aquí, escrito el nacimiento del mejor de mis hijos, varón
y hermoso.
Todos los techos y monumentos recuerdan mis batallas
contra el Rey de los Enanos y los perros
celebran con sus usos la memoria de mis
remordimientos.
(Yo también
harto fui con los vinos innobles sin asomo de vergüenza
o de pudor, maestro fui
en el Ceremonial de las Frituras.)
Oh ciudad
guardada por los cráneos y maneras de los reyes que
fueron
los más torpes -y feos- de su tiempo.
Qué se perdió o ganó
entre estas aguas.
Trato de recordar los nombres de los Héroes, de los
Grandes Traidores.
Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí.
 
Las mañanas son un poco más frías,
pero nunca tendrás la certeza de una nueva estación
-hace casi tres siglos se talaron los bosques y los pastos
fueron muertos por fuego.
El mar está muy cerca,
Hermelinda,
pero nunca tendrás la certeza de sus aguas revueltas, su
presencia habrás de conocerla en el óxido de todas las ventanas,
en los mástiles rotos,
en las ruedas inmóviles,
en el aire color rojo-ladrillo.
Y el mar está muy cerca.
El horizonte es blando y estirado.
Piensa en el mundo
como una media esfera -media naranja, por ejemplo-
sobre cuatro elefantes,
sobre las cuatro columnas de Vulcano.
Y lo demás es niebla.
Una corona blanca y peluda te protege
del espacio exterior.
Has de ver
4 casas del siglo XIX
9 templos de los siglos XVI, XVII, XVIII.
Por 2 soles 50, también, una caverna
donde los nobles obispos y señores -sus esposas, sus
hijos-
dejaron el pellejo.
Los franciscanos -según te dirá el guía-
inspirados en algún oratorio de Roma convirtieron
las robustas costillas en dalias, margaritas, no-me-olvides
-acuérdate, Hermelinda- y en arcos florentinos las tibias
y los cráneos.
(Y el bosque de automóviles como un reptil sin sexo y
sin especie conocida
bajo el semáforo rojo.)
Hay, además un río.
Pregunta por el Río, te dirán que ese año se ha secado.
Alaba sus aguas venideras, guárdales fe.
Sobre las colinas de arena
los Bárbaros del Sur y del Oriente han construido
un campamento más grande que toda la ciudad, y
tienen otros dioses.
(Concerta alguna alianza conveniente.)
Este aire -te dirán-
tiene la propiedad de tornar rojo y ruinoso cualquier
objeto al más breve contacto.
Así,
tus deseos, tus empresas
serán una aguja oxidada
antes de que terminen de asomar los pelos, la cabeza.
Y esa mutación -acuérdate, Hermelinda- no depende de
ninguna voluntad.
El mar se revuelve en los canales del aire,
el mar se revuelve,
es el aire.
No lo podrás ver.
Mas yo estuve en los muelles de Barranco
escogiendo piedras chatas y redondas para tirar al agua.
Y tuve una muchacha de piernas muy delgadas. Y un
oficio. Y esta memoria -flexible como un puente de barcas-
que me amarra
a las cosas que hice
y a las infinitas cosas que no hice,
a mi buena o mala leche, a mis olvidos.
Qué se ganó o perdió
entre estas aguas.
Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí.
 
 
 
(Tomado de Canto ceremonial contra un oso hormiguero, de Antonio Cisneros. Premio Casa de las Américas en un año señero: 1968.)

 

(Fuente: Lab De Poesía)