7 poemas de LA DESOBEDIENCIA DE LAS PALABRAS
TODOS LOS LIBROS LLENOS DE PALABRAS
Y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y llena de nubes la cabeza de todos los mares
y llenos de coronas y puntapiés todos los relojes de arena
y de jirafas molidas todos los pechos condecorados
y todas las manos llenas de verano y caracoles marinos
y todos los dormitorios llenos de manojos de explicaciones
y de pantalones disecados las sillas en todos los prostíbulos
y todos los huecos llenos de público
y todas las camas llenas de electrocutados
y todos los animales llenos de espíritu y pánico
y de feroces gritos los árboles en todos los aserraderos
y todos los tribunales llenos de testimonios
y todos los sueños llenos de sacacorchos
y llenas de chicas todas las estrellas
y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y todas las peceras y todos los pupitres y todas las cenas íntimas
y todos los razonamientos llenos de indudables edificios
y toda la primavera llena de moscas y crisantemos
y llenas todas las iglesias y todos los calcetines y todas las peluquerías
y todas las mujeres llenas de gloria
y llenos también de gloria todos los hombres
y todas las perreras llenas de ángeles
y todas las llaves llenas de puertas
y todos los bazares llenos de ratones
y llenos de barrenderos todos los cuadros
y llenas de estiércol todas las escobas de la patria
y todas las cabezas llenas de radiografías e intríngulis
y llenas de luz todas las subestaciones eléctricas
y llenos de amor todos los manicomios
y todos los cementerios llenos de salvavidas
APOSTILLAS AL DECRETO DE LA PROHIBICIÓN
Lo prohibido no está prohibido para los seres que viven en el cielo
Ni a los hombres que viven en el aire les han sido prohibidas las aguas
No han sido prohibidas las mareas para las mujeres que nadan en el paraíso
Ni el aire ni el agua han sido prohibidos en la tierra donde viven los muertos
Las prohibiciones han sido prohibidas por los elegidos del aire y el agua
Los animales habitan las constelaciones. Los campesinos de la verdad
Remueven los tizones de la prohibición con la madera del pensamiento
No es necesario pronunciar su nombre para que lo prohibido desaparezca
Y queden la tierra y el cielo y las aguas todas libres de prohibición
Todo lo prohibido con latas de pintura. Las representaciones del azar apacible
Todas las prohibiciones abolidas por la prohibición de matar
No es necesario escribir su nombre para que los fragmentos de su lejanía se hagan presentes
Él vive sin prohibición en el agua. Su duración es la tierra y las orillas del cielo
Tú que tienes en la mano una piedra enciéndela como si fuera una antorcha
Tú que tienes en la mano un palo frótalo hasta convertirlo en cosecha del olivo
Porque no dudes que se acercarán a casa los hombres de la prohibición
Los hombres de las devastaciones. Que llegarán a casa los asesinos
Lo que no puede ser prohibido volverá a ser prohibido de otra forma
Tenlo presente, aunque no lo quieras oír, regresa el daño por el camino aprendido
Aquí es donde vive la serpiente. La incorpórea de Wallace Stevens
BERLÍN
Año tras año, cada domingo, hacia mediados de enero
la dialéctica de la espontaneidad se reúne en Berlín con Rosa Luxemburgo.
Acuden los líderes de los pantanos, cantan el himno de los arillos
en las orejas. Han venido los pájaros de Walter Benjamin
a ser definitivamente entendidos este domingo de mediados de enero.
Gloria a los escarnecidos, gloria a los elevados por las madres
que sostuvieron el sencillo universo de la lucha de clases.
Rosa Luxemburgo, vestida de negro y subida a un cajón de madera
habla con vehemencia al cordero y al lobo: No más créditos a la guerra,
no más hechicerías de patria al evangelio de los desesperados.
Año tras año, cada domingo, ángeles envejecidos caídos del infierno
Custodian a los inválidos y a los niños de las negaciones.
Han echado arenques envenenados en el asilo, el orden reina en Berlín.
¿Queda abolida la pena de muerte?
Dicen que hay cadáveres que hablan más alto que las trompetas.
Y los patinadores recogen su cerebro despedazado por un culatazo.
CRÓNICA DE LA EDAD MEDIA
Son los mismos que en la Edad Media tiraban piedras a los leprosos
Una cuadrilla de pendejos que escucha Las Valkirias a todo volumen
Son las mismas carcajadas de Berlín la noche de los cristales rotos
Van a lo mismo que iban en la Edad Media, a tirar piedras a los leprosos
Salen de caza, de mala manera abarrotan con liebres los trenes de mercancías
Cada mirlo de cementerio es una gota de lluvia y el agua ya llega al cuello
Los coros se han puesto en danza, los enamorados de la Tierra se abrazan por última vez
A esta hora, en Belo Horizonte, bajando por la ladera hacia el mar va Bartolomeu Bueno da Silva en busca de oro
Ante estos acontecimientos, Carlos Drummond de Andrade, cuyo corazón no es más grande que el mundo, está melancólico
Hace treinta mil años que las libélulas se han convertido en caballitos del diablo y que los erizos hablan en voz baja
Pero en los cuarteles resoplan las teteras y los oficiales arrancan sus motos
Los cisnes de cuello negro llevan una vida normal lejos de nosotros, los perros levantan la pata sin avergonzarse en cualquier esquina
De acuerdo al historiador Plutarco en época de Julio César cuatro millones de personas fueron vendidas como esclavos
Cuando los relojes comenzaron a girar los mercaderes encontraron la fórmula perfecta
Y los emigrantes y los pelícanos cruzaron el mar de las preocupaciones para alquilar un piso pequeño
Durante varios siglos la dinastía Tang se zampó a treinta y cinco millones de seres humanos
En un milenio la Europa católica acabó con las existencias en todas las excavaciones de sueños
Hace rato que Cristóbal Colón ha regresado de América y la noche de san Bartolomé Catalina de Medici se quita la máscara para saludar a sus príncipes
Durante el invierno siguiente los viajeros llegan a su destino, la quinta sinfonía del opio se extiende por el imperio chino
En los cuarteles resoplan las teteras y los oficiales engrasan sus motos
Todo está a punto para desenterrar a Blanquina March veinte años después de muerta, procesarla por judaizante: condenada, incautación de sus bienes, quemados sus huesos en la hoguera
No son las huellas del lobo que lame la mano del hermano pequeño
Son los mismos que en la Edad Media tiraban piedras a los leprosos
La mancha de Leopoldo Segundo rey de los belgas
Josecito y Adolfo aspirantes al título de peso mosca
Los mismos mal nacidos que arrojan propaganda desde los helicópteros
CONDE DE NIEBLA
Después de un crimen Buda echa alambre en el corral de los halcones
El tiempo de las palabras abandona las linotipias y los billares
Las manchas permanecen en los trapos hasta la proximidad del verano
Las tapicerías los guantes los marfiles del chacal se llenan de pelo dormido
Después de un crimen el viento azota con menos fuerza los letreros
La camioneta con los cazadores entra en las aldeas del siglo XI
En el establo del revólver siguiente los animales nacen más oscuros
Los bueyes hinchados por el miedo fermentan sobre el estiércol
Desde la cantina se divisa la iglesia los cascos vacíos de la cerveza caliente
Después de un crimen los idiotas roban en la última casa del pueblo con peste
Aquí venían a parir las jóvenes campesinas que fecunda el poleo
Abortaban en los orinales, pared con pared, la radio prendida
Amarradas al somier de alambre, deshojadas en los bidones
En las libretas de hule los carniceros maman la lengua del mudo
Encorvados sobre la Luna bajo la gabardina negra del conde de Niebla
Rasgan las medias de nailon trizan los abanicos revientan las yeguas
Los carniceros la camioneta la cerveza caliente del siglo XI
Rapadas en las cunetas cubiertas por las estrellas
Con un tiro en la nuca aparecían las milicianas del 36.
LA HIJA DEL SASTRE
Hoy 18 de julio martes setenta y cinco aniversario del golpe de estado de Caín
En la televisión las locutoras hablan con tranquilidad de los cometas que pasan rozando la Tierra cada diez mil años
Hacia esta misma hora en León ya ha sido detenido el alcalde Miguel Castaño y los pantanos que aún no esperaban lluvias del tiempo futuro han comenzado a llenarse de sangre del tiempo pasado
Donde termina la provincia hay un castillo con su conde y hay un pueblo dividido por dos ríos y no es necesaria ninguna otra información geográfica
Son las tres de la tarde delante de su almacén de coloniales el comerciante Emilio Silva observa dos criaturas que juegan a descargarse oro en los ojos
Son la hija del sastre y el hijo del panadero
La miel entra en los caramelos y los muchachos comienzan a oír la canción de las estrellas que al atardecer se atolondran en la oscuridad
Ella dijo y él dijo y ambos se dijeron no hay ningún otro camino que nos lleve al mar
Los ríos cambian de pie y las aguas regresan a la montaña
La única música es el canto de las abejas camino de los colmenares
Las cosas que pasaban eran casi todas las cosas que pasan en un pueblo que no aparece en las esferas del mundo
En la alameda los fumadores encienden sus cigarrillos para ser vistos desde las estrellas
La Luna le da la mano al Sol y los antepasados siguen con la conversación bajo los cerezos
Nadie supo nunca imaginar algo así
Los árboles marchan sin dirección a tomar el desvío hacia los paisajes del arrepentimiento
Los verdugos dejan de comer tocino, a las fuentes se les seca la boca
Es septiembre y la tarde tiene el color de la uvas, será monja o será fraile preguntan los dedos que abren el capullo de las amapolas
El último día del verano fusilan al alcalde de Villafranca del Bierzo, Antonio Gabelas y los pensamientos que ya no existen dijeron: Será mejor que te calles
La última mirada se da la vuelta en la ventana de la casa de enfrente
Las mujeres no están preparadas para la inquietud, los amantes no están preparados para el remordimiento, los niños no están preparados para la congoja
La voz se lava las manos, la decisión se lava las manos, los caciques se lavan las manos
Ladran los perros de caza, se esconden los perros de caza, su mirada se inclina como la cabeza de un enfermo
El que oíamos cantar se deja de sentir como dedos que se duermen
Aquellos que no conocíamos salen de cualquier parte dispuestos a permanecer para siempre
Y lo que sucede en un lugar comienza también a suceder en otro como si se borrara un sueño
El sastre termina de hilvanar el traje que su compadre ya no podrá recoger
No se sabe dónde lo han llevado y los días que ya no existen volverán a decir: Será mejor que te calles
En abril del 41 Antonio Abella, vecino de Paradaseca, muere en Mauthausen
Y José Mestre desaparece el primero de febrero del 42 en el campo de exterminio de Gusen
Pasan los inviernos y los veranos que ya no existen seguirán repitiendo: Será mejor que te calles
Sesenta y cuatro años después de la insurrección fascista el nieto de Emilio Silva dueño del almacén de coloniales La Preferida en Villafranca del Bierzo encontrará la fosa de su abuelo en una cuneta a la entrada del pueblo de Priaranza
Según el evangelio de Natan Zach, cuando Dios dijo por primera vez hágase la luz, quiso decir que no quería estar a oscuras
La hija del sastre se inclina sobre la máquina, sus puntadas recorren kilómetros y todo camino interminable se hace más pequeño
La noche se llena de lámparas, hablan con las hojas doradas que aún tienen la cocina encendida
El pelirrojo acebo le dice al espino: Será mejor que te calles
Ella dijo y él dijo y ambos se dijeron barrio triste escaparates donde las personas miraban el tiempo el cielo el viento en línea recta de la carretera
El sol vino a acostarse en los retales, el humo volvió a entrar en las chimeneas, la corriente eléctrica regresa a la oscuridad, abre la puerta, salta en el mundo
Se entierran las palabras que esperaban a alguien, se desentierran como niños vivos
Y se va el otoño y regresa la primavera y los cometas pasan rozando la Tierra una vez cada diez mil años.
DE MEMORIA
Los poetas trabajan con la memoria. La ponen a escurrir hasta que ya no cae una gota. Rara vez la planchan. La guardan sin doblar en armarios para los demás invisibles. Algunos se pasan de rosca y la llaman potencia inferior de los sentimientos, como el cernícalo de Aristóteles. Los más pragmáticos la desarman como un mecano y esperan el momento más oportuno para hacer con ella algo oportuno en el lugar menos inoportuno.
La modernidad es amnésica, decía Kafka, cascarrabias donde los hubiera pero con las patas traseras bien asentadas en el pasado. La historia ha sacrificado la mitad del género humano para construir su prestigio sobre la inteligencia del silencio, pero la memoria de la humanidad es el sueño de las víctimas. Y las víctimas hacen algo más que ruido, estruendo hacen las víctimas al entrechocar su ausencia en las zonas donde todo permanece innombrado.
Alto ahí, musas, con la cantaleta: la actitud conservadora es aquella que nos plantea la imitación de un pasado establecido como norma de conducta: yo no escribo para echarle afrecho a los chanchos de domingo de guzmán encaramado en los retablos de Berruguete.
Cuando oigo debatir acerca de las poéticas del silencio me descojono de risa. Andan enredadas unas y otras con el asunto de lo claridoso y la fosforescencia, intentando venderle la moto a los mutilados de la pretensión. Cada individuo tiene autonomía para escribir como le venga en gana, irse por las ramas y no evitar la tentación de conocer algo nuevo. Se sabe que ninguna palabra significa lo mismo dos veces y algo semejante sucede con los imperativos de la memoria que como espinas aún le hacen cosquillas a todo cristo viviente.
Qué preceptiva ni que gaitas. Las brigadas de gramáticos y recaudadores de significados no impondrán de nuevo cartillas militares a los párvulos insumisos. Lo sabemos y nunca estará de más repetirlo: para un prisionero el extraviar de noche su gorra en Auschwitz equivalía a un tiro en la nuca a la mañana siguiente. Ahora si quieres podemos seguir hablando de la hermenéutica, la capacidad de resistencia del saber al concepto de verdad y la herencia por ausencia de la no concordante hermosura que soñaron otros.
Juan Carlos Mestre. La desobediencia de las palabras. Bartleby Ed. 2024

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