miércoles, 30 de septiembre de 2026

Diego Brando (Córdoba, 1987)

 

 

 

 

 
7
 
El cuerpo pide que lo rieguen
como esas plantas al comenzar el verano,
hojas y flores apuntando hacia la tierra.
El pequeño demonio que se posa
sobre la nuca y los brazos deja marcas
que arden al contacto con la lluvia,
y es preciso correr por las avenidas
del pueblo hasta refugiarse
en un pequeño alero de alguna casa ajena.
Somos jóvenes del interior,
vivimos entre la pereza y la insolación,
y correr resulta un acto desesperado.
Pero corremos y miramos quién se adelanta,
quién se queda detrás, y sonreímos.
Encontramos oro en una tierra abandonada.
 
 
De "Frontera" Editorial Vilnius - Noviembre 2016
 

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