martes, 25 de agosto de 2026

Héctor Giuliano (Murazzano, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

En esta tierra
acongojada
y zarzales quemados,
no hay hadas ambarinas
y abrazos de hidras clonales.
 
No hay espacio
ni luces
que vengan del cielo
para apechugar el quebranto.
 
Lloran las cabras,
late la espuela
y el potranco se escuerza,
rechinan los dientes
como orejas que oyen
cerraduras violadas.
Gime el que labura,
espumajea el enfermo,
ladra el perro sin lengua,
come bosta Juan
y bebe orina María,
turbio el arroyo,
ardida la floresta,
los terremotos acechan
desde las profundidades.
 
Y más se agranda el que miente
y tensa la guitarra,
y el bobo corea
la piedra y la encuesta,
y que diga lo contrario
no aprendió de guerras y desfalcos,
connubios y tijeras,
oro latón, bilis por berenjena;
y el tolondro ve sobrevolar
un jote
y cree que trina calandria,
ve los rictus de la hiena
y ve la risa de su mamacita
pero a teta seca y repollo morado.
 
Regazo y regodeo
del que engrasa los piolines
encastillado entre dinero y miseria.
Punto omega
del trono que continúa,
de jodas se arma,
palmadas y promesas aparte,
se cobra con embriones,
niños que vende,
garrapatas gordezuelas;
a él,
nuestro cuero,
el alma,
los botones y pelusas,
el futuro,
el bolsillo y las bagatelas.
 
No hay
"energía de síntesis",
"temporalidad/ eternidad",
"...el que estuviera en jarillas...";
no hay héroes,
no hay esclarecidos o videntes,
comisiones reguladoras,
caudillos que preñan cabezas,
cósmicos rayos que caen de a puñadas
sobre tanto robo,
tanto robado y robarán,
 
La ley se reescribe:
cómplice,
la ley cambia:
embuste,
la ley arranca de cero:
sopa otra vez.

- Inédito -

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario