𝘈𝘭 𝘭𝘢𝘯𝘻𝘢𝘥𝘰𝘳 𝘥𝘦 𝘷𝘢𝘴𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘤𝘦𝘳𝘷𝘦𝘻𝘢.
“Nosotros los poetas malos
somos tan poetas como
Safo, Catulo o Dante.
Sólo que malos.
A diferencia de ustedes,
poetas sumidos en la medianía,
nosotros tomamos en serio el oficio,
como los buenos,
y leemos y estudiamos a poetas fundamentales
(Rubén Darío, Amado Nervo, Pablo Neruda)
que nos hacen mucho daño.
Tampoco compramos poemarios de moda,
en la librería de moda,
para comentarlos ligeramente
en nuestros muros y revistas virtuales
de moda.
¡Jamás!
Nosotros acudimos religiosamente
a la biblioteca del tatarabuelo
—noble poeta justamente olvidado—
que nos legó, además,
la pluma de plata
con que pergeñamos nuestros clásicos
alejandrinos, nuestros sonetos con rima macho
y nuestras sextinas perfectamente intonsas.
Nosotros —escuchen bien pobres mediocres—
sabemos que somos malos,
y lo asumimos con resignación y fortaleza:
tenemos un lugar (inenvidiable)
en el mundo de las letras.
Ustedes
son solo aves de paso grises
apenas destacadas sobre el cielo gris mediocre
de Lima.
Y cuidado,
que en un descuido de esos
que se dan cada mil años
—por un decreto del supremo, sin duda;
nosotros los poetas malos,
a diferencia de ustedes,
somos teístas—,
podemos obtener un puesto entre los grandes
arriba mencionados, o acaso
junto a Garcilaso, Goethe o Coleridge.
Ustedes, pobres oportunistas angurrientos,
sólo confían en el vulgar éxito del presente
y se conforman con la alabanza pagada con vinos
o con favores inconfesables; pero
si una prueba irrefutable hay
de vuestra terrible mediocridad,
es vuestra triste comprensión de lo poético:
‘Todo es político’, piensan,
‘Basta escribir regular y hacerte mucha propaganda’,
sienten de corazón.
¡Alejaos, repulsivas alimañas!
Nosotros los poetas malos
tal vez nunca salgamos en el diario
—ni tradicional ni virtual—;
pero nadie podrá negar nunca
nuestro respeto y amor
por el oficio más prostituido del mundo.
[Respeto excesivo que ha marcado nuestro destino…]"
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