viernes, 16 de agosto de 2024

W. H. Auden (York, Reino Unido, 1907 - Viena, Austria, 1973)

 

Museum voor Fijne Kunsten, Brussel

trad. Jan de Jager
 
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En lo que a sufrimiento hace nunca se equivocaban
Los viejos maestros de la pintura: acabadamente entendían
La humana intrascendencia del dolor; cómo este sucede
Mientras alguno come, otros abren la ventana o se pasean aburridos;
Cómo, cuando los mayores esperan reverente, apasionadamente
El nacimiento milagroso, siempre habrá, deberá haber
Niños que no tengan mayor interés en ese evento y prefieran
Patinar en la laguna congelada, cerca del bosque:
Nunca han olvidado
Que el más terrible martirio deberá llevarse a término
De pronto en algún rincón, algún lugar medio rasca
Donde los perros menean su vida perra y el caballo del torturador
Refriega contra un árbol la grupa inocente.
Verbigracia el Ícaro de Breughel: cómo todo se aparta
Mansamente de ese desastre, el labriego puede
Haber oído el splash, el alarido desplumado,
Pero ese no era para él un fracaso relevante; el sol pronto iba a
Dejar de iluminar esas piernas pálidas que desaparecían en el agua
Verde; la nave, costosa y delicada, que no puede no haber visto
Algo pasmoso, un pibe que caía, cayó súbito del cielo,
Tenía otros compromisos y siguió navegando a su aire.
 
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(Fuente: Alicia Silva Rey)

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