ARTE POÉTICA
No importa. Tus oraciones de la noche, temprano en la mañana siguiente
habrán sido molidas. Allá estará el mortero. Allá estarán tus restos,
molida la orla de tu anhelo,
en fragmentos lo que balbuceabas en la oscuridad
-la mirada en lo alto, dirigida más allá de los techos, perforando la bóveda,
alcanzando el caudal del que quisieras formar parte-. Después
vendrá la tarde, habrás hecho bastante, te ganarás el día,
te ganarás tal vez mirar hacia el torrente sanguíneo del crepúsculo
y otra vez, por la noche, elevarás tus oraciones.
Te escribo con los ojos cerrados.
No ha comenzado aún la creación del mundo,
aún no es día primero. El recuerdo es anticipación,
se adelanta a los dioses demorados que después vendrán.
No hay aquí. No hay allá. Nada hay organizado aún,
antes del comienzo de algún día primero. Se diría tal vez
que son las vísperas. Hay una rara calma.
Es como una rama que ya se quebró y que, sin embargo
respira todavía el aire fresco.
Como una bailarina en el vacío, así se está.
Finales de la noche. Iluminada en velas,
la ciudad sueña con un destino incierto.
Desde alguna ventana se ve una luz pequeña. Desde otra
ha llegado una música. Quizás no sea de aquí,
tal vez viene de lejos, de alguna aldea perdida,
absorta en la memoria que yace bajo una piedra única
entre todas las piedras,
enterrada tal vez bajo la sombra profunda de los bosques
o las alas oscuras de algún pájaro -Los pájaros,
flechas envenenadas
cruzando en diagonal el cielo, veloces, como en ráfagas.
Así ingresa el día, por el ojo que recibe la primera figura
a la que le abre su puerta. A esa primera línea,
a ese dibujo extraído de la noche en que estaba
el ojo se quedará prendado, se quedará prendido como el recién nacido
al pecho del maná. Ah las formas tempranas cuando todo está abierto.
La mañana promete: otro trazo, otro raso, la seda que envuelve de color
lo que antes no había. Porque todo era ausencia de luz y resumía
todas las ausencias de la que fuiste hecho, gorrión,
alto gorrión en vuelo, pájaro de esperanza.
Extraído del prólogo de Todos los lugares se llamaban promesa (Ed. Ruinas Circulares, 2023. Premio Rubén Reches)
“…Este
trabajo, el de Raquel, su esfuerzo, su capacidad de provocar sucesivas
imágenes resplandecientes, está al servicio de una paradoja: un ocaso
que mengua, es decir, que se enciende, que vuelve a encontrar la
energía. Del color melancólico pasa al rojo para hacerse luminoso como
aquel mediodía justo, preciso y clásico, y por eso mismo inabarcable,
del poeta Valéry. Diría yo que lo que hace Raquel -más que decir- es un
trabajo para transformar el adiós, las despedidas, los fines y las
clausuras, el daño irremediable de la edad. Volver fugazmente
comprensible lo que nos da fuerza: la sensación de que somos la parte
pensante del universo inmortal. Nuestra palabra es el ángel de la guarda
de esa presencia nuestra”.
Jorge Aulicino
Extraído de la contratapa de Ángel de la enunciación (Ed Barnacle, 2020)
“…En
un lenguaje poético demoledor, como una lengua-tiempo que enuncia en
todas sus instancias, se tantea en cenizas y se recuenta todo cuanto
ésta acumula: muebles, árboles, seres, espacio y tiempo, hasta articular
la memoria recuperada del fuego. Así una voz desde el futuro revela el
pasado de nuestro presente pues, si la enunciación es lo-que-ya-no-es,
Raquel Jaduszliwer en este libro dice
lo-que-deja-de-ser-y-otra-vez-sucede-al-ser-dicho.
“la
voz; me guardaría la voz/ para plegaria y canto (…) / eterna como no lo
será nada de lo que lamenta.” Y, porque Rilke ya dijo “Todo ángel es
terrible”, también se nos muestra la medida absoluta de la belleza, su
esplendor y su desolación.
Jotaele Andrade
Acerca de Ángel de la enunciación (Ed Barnacle, 2020):
“…El
libro de Raquel Jaduszliwer es un recorrido por aquellas zonas y
círculos secretos que recuperan la voz del ángel, el que sobrevive. El
mensajero que alumbra y crea sombras. Pero también es una reflexión
sobre cada una de las palabras que se dispone sobre el papel, sobre cada
sentido que las cosas oscurecen y olvidan. Hay una historia detrás de
cada poema que resguarda el valor de la memoria y del fragmento y que
busca una palabra que pueda sorprender. Una historia que nos devuelven
esos “animales fabulosos” que lejos de tener o ser una palabra nos
invaden como señales de una poesía en lo deshabitado y en lo nuevo.
Ángel
de la enunciación es un libro donde se recrean los mitos, las herencias
en un teatro de sombras y en la sombra; que limita cada imagen con el
sonido impreciso del mar y del murmullo. Un libro para imaginar durante
la noche”.
Reseñado por Lucas Margarit
Extraído del prólogo de En el bosque (Ed. Modesto Rimba, 2018)
…Una
voz es un paso de gracia entre palabras avanzando. La voz agita el
follaje y sube como un tallo desde la luz diezmada hacia la luz
implacable del desierto que comienza más allá del bosque. No hay amparo
para la voz que emiten estos poemas escritos con la delicadeza de una
ofrenda horadada por la ferocidad del mundo. Hay una línea que condensa
en mi memoria de lectora el aroma de este libro: así será tu alba/
sombra creciente pequeña luz en los peligros del follaje.
Dolores Etchecopar
(Fuente: El poeta ocasional)

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