Día de muertos:
El dolor del viejo tapa el silencio.
Una tersura raya el aire sordo cuando calla de pronto,
interrumpiéndose, y destraba una queja y dos silencios y los tiende
sobre el fuego oloroso de leña.
El albedrío del fuego es caer hacia arriba.
El viejo, ya nadie, fue rama que no terminó en flor ni en fruto.
Y sin embargo, hay un agrado en revivirlo esta noche de México
mientras miro al fuego odiar un corazón de sándalo, y el fuego,
esclavo y rey, me mira mientras odia y se consume.
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