domingo, 11 de agosto de 2024

Hernán Miranda Casanova (Chile, 1941)

 

Curatoría
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ANTES DE QUE LAS MANZANAS MADUREN

 

 
Todo habría de ser una historia de viejos manzanos que desaparecían cada día
y de una ciudad todavía joven que avanzaba peligrosamente en todas las direcciones.
 
Historia edificante,
especial para ser contada a la hora de las sobremesas
o ser dicha desde el púlpito en el sermón
de los domingos.
 
Historia de manzanos
que todavía florecían -blancos- en las primaveras
y que los pájaros carpinteros taladraban
en jornadas interminables
y de ariscos muchachos que robaban agrias manzanas
para luego abandonarlas a medio mascar
a la orilla del camino
y de guardianes que vigilaban a paso enérgico la maduración de las pomas
con escopetas terciadas a la espalda
y los puños hundidos hasta el fondo
en los bolsillos de las chaquetas.
 
Aquí no se habla del aroma de las manzanas maduras
porque él llegaba de todas partes
ni de los sapos que se reunían por millares al venir la noche
y acallaban todo otro rumor
y eran engullidos por parsimoniosos pavos
que luego ocupaban su lugar a la diestra misma en la cabecera de los banquetes.
Pero sólo diremos de los viejos manzanos que iban desapareciendo cada día
ante el paso de las hachas de los leñadores y de una madre que concurría a recoger astillas de manzano
con sus pequeños hijos
para hacer fuegos que entibiaran el hogar.
 
Ah la sabia faena de doblarse en dos
para entresacar astillas de entre las yerbas húmedas.
Ah las tensas inspecciones en busca de ocultas astillas
y los escarabajos importunados en su sueño y las arañas sorprendidas en sus intimidades
y correteadas a pocos centímetros del suelo.
 
Y en aquel hogar no habríamos
de encontrar a la noche rojas manzanas asándose dentro del horno con una pizca de mantequilla
sino doradas chispas que ascendían hacia el negro cielo
y unos niños que sorteaban los fríos del invierno
arrimados a una fogata.
 
El resto es una historia de tensos hilos a plomo
y heridos abiertos en la tierra húmeda
y albañiles acarreando materiales
en pesadas carretillas.
Historia optimista que a otro cabe contar.
 
 
(Fuente: Marcelo Spúlveda Ríos)

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