Cartas a un amigo romano -
Cartas a un amigo romano -
II
¿Cómo va Roma? ¿Mullidos los lechos y corto el sueño?
¿Cómo está César? ¿A qué se dedica? ¿Sigue con sus intrigas?
Siempre con sus intrigas —y con su gula.
Estoy sentado en mi jardín. Arden las teas.
No tengo amor, ni criados, ni amigos.
No hay poderosos ni débiles de este mundo:
sólo el zumbido armonioso de los insectos.
VI
Ya hemos gastado más de media vida.
Me lo decía un viejo esclavo, no lejos de la taberna:
«Sólo se ven ruinas, cuando se mira atrás».
Perspectiva brutal, pero sin duda cierta.
De la montaña vengo, y traigo flores.
Necesito un jarrón para ponerlas en agua…
¿Qué se sabe de Libia o donde fuese, Póstumo,
aquella guerra del desierto? ¿Aún no ha terminado?
VII
¿Recuerdas a la hermana del procónsul, Póstumo?
¿La delgadita con las piernas gordas?
Solías acostarte con ella… Ahora se metió a sacerdotisa,
querido amigo, y con los dioses trata.
Cuando vengas a verme beberemos vino
con pan o con ciruelas; y me pondrás al día.
Haré que te tiendan la cama en el jardín, bajo el cielo,
y te diré los nombres de las constelaciones.
(Trad: Amaya Lacasa & Ramón Buenaventura)
(Fuente: Diego Brando)
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